Hay una frase que me decían mucho cuando era joven y que a medida que ido cumpliendo años me la dicen menos:
- AAAyyy, tú no sabes lo que es la vida.
Menos mal que ya no me lo dicen tanto. Ya me preocupo mucho de no decirla yo a gente que es más joven. Es una frase odiosa, porque todos nos acabamos enterando de lo que es la vida.
A veces, cuando estoy más bajo de moral, me da por pensar sino seré como ese personaje del Marqués de Sade, Justine, que cuantas más barbaridades le hacían, más virtuosa se sentía. El libro es un auténtico mazazo para los que quieren ser hombres de bien: viene a decir que el mundo está lleno de seres corruptos que no cejarán en su empeño de hacer el mal. En fin, no es muy halagüeño ser la representación varonil de Justine, pero es una cuestión de carácter, qué le voy a hacer si yo nací en el Mediterráneo.
Poco a poco voy haciéndome con artimañas para salir más o menos airoso de situaciones similares a otras que me han hecho sucumbir en el pasado, pero bueno, los hombres y mujeres malvados de enfrente, con esos caracteres imprevisibles que tienen, te pueden salir con su maldad por cualquier lado. En lenguaje taurino: muchas veces es inevitable que te pille el toro. De ser así, procura caer de la mejor manera posible y evitando la cornada mortal.
En fin, yo a lo mío. Se trata de disfrutar estos cuatro telediarios. Mejor voy a apagar la tele (que manipulen a otro) y me voy a tomar unas copas con mis amigos.
sábado, junio 16, 2007
viernes, junio 15, 2007
¡Qué tarde me dio ayer un compañero de trabajo!
Cada vez que entraba un negro, un rumano, un marroquí, la misma historia:
-Vaya morro que tienen: no han cotizado nunca a la seguridad social y cada vez que les pasa algo, venga, a Urgencias. No tienen vergüenza.
Yo, cuando la gente enarbola ese tipo de banderas, opto por callarme. Por mucho que les
intentes convencer de lo errado de sus razonamientos, con argumentos y demás, nunca dan su brazo a torcer. Así que dejo que escupan bilis y a otra cosa mariposa.
- Tú te crees estos vagos, sinvergüenzas, que no han dado un palo al agua. Se tendrían que ir a sus países, a ver si ahí les curaban. Vaya cara más dura. En cuanto les duele algo, hala, al hospital.
Ahora es cuando viene la loa a los Estados Unidos.
- En Estados Unidos, tú tienes la sanidad en función de lo que puedes pagar. Si tú tienes un buen seguro médico, pues recibes una buena asistencia sanitaria, y el que no, que se muera en la calle. ¿Tú sabes la cantidad de inmigrantes que tienen en los Estados Unidos? ¡Cientos de miles! Más que ningún sitio ¿Te imaginas si ellos tuvieran cobertura sanitaria universal como aquí en España? ¡Sería el caos!
Sí, como el caos militar que tienen. Estuve a punto de decirle que con destinaran la cuarta parte del gasto militar que tienen en sanidad, tendrían más que suficiente cobertura sanitaria no sólo para todos los EEUU, sino para América entera. Pero yo mutis, esperando a que se terminara su testosterona tranquilamente.
- Nos están robando. Nos están quitando poco a poco la seguridad pagada durante años por todos los españoles.
-Sí, estos inmigrantes van a hacer igual que lo que otros hicieron con la Telefónica. Una cosa mantenida y pagada por todos los españoles durante años, para luego ser vendida por cuatro duros a los amiguetes del ínclito ex presidente del gobierno don José María Aznar López. Vaya estafa, vaya robo. Igualico que el expolio que está haciendo ese pobre bebé con fiebre que trae esa mujer guineana ¡Qué vergüenza!
Le grité. Es que ya me tenía un poco harto.
Cada vez que entraba un negro, un rumano, un marroquí, la misma historia:
-Vaya morro que tienen: no han cotizado nunca a la seguridad social y cada vez que les pasa algo, venga, a Urgencias. No tienen vergüenza.
Yo, cuando la gente enarbola ese tipo de banderas, opto por callarme. Por mucho que les
intentes convencer de lo errado de sus razonamientos, con argumentos y demás, nunca dan su brazo a torcer. Así que dejo que escupan bilis y a otra cosa mariposa.
- Tú te crees estos vagos, sinvergüenzas, que no han dado un palo al agua. Se tendrían que ir a sus países, a ver si ahí les curaban. Vaya cara más dura. En cuanto les duele algo, hala, al hospital.
Ahora es cuando viene la loa a los Estados Unidos.
- En Estados Unidos, tú tienes la sanidad en función de lo que puedes pagar. Si tú tienes un buen seguro médico, pues recibes una buena asistencia sanitaria, y el que no, que se muera en la calle. ¿Tú sabes la cantidad de inmigrantes que tienen en los Estados Unidos? ¡Cientos de miles! Más que ningún sitio ¿Te imaginas si ellos tuvieran cobertura sanitaria universal como aquí en España? ¡Sería el caos!
Sí, como el caos militar que tienen. Estuve a punto de decirle que con destinaran la cuarta parte del gasto militar que tienen en sanidad, tendrían más que suficiente cobertura sanitaria no sólo para todos los EEUU, sino para América entera. Pero yo mutis, esperando a que se terminara su testosterona tranquilamente.
- Nos están robando. Nos están quitando poco a poco la seguridad pagada durante años por todos los españoles.
-Sí, estos inmigrantes van a hacer igual que lo que otros hicieron con la Telefónica. Una cosa mantenida y pagada por todos los españoles durante años, para luego ser vendida por cuatro duros a los amiguetes del ínclito ex presidente del gobierno don José María Aznar López. Vaya estafa, vaya robo. Igualico que el expolio que está haciendo ese pobre bebé con fiebre que trae esa mujer guineana ¡Qué vergüenza!
Le grité. Es que ya me tenía un poco harto.
jueves, junio 14, 2007
Ayer estuve en urgencias con un compañero con el que nunca había coincidido. Un compañero de anillos caídos. Era un tipo menudo, delgado, atravesando el ecuador de la cincuentena. Traía cara de disgusto, pues la planilla horaria que le habían asignado en este mes no era de su agrado, ya que no le permitía hacer un viaje al extranjero de cuatro días para asistir a una boda, según me dijo él. Estaba dispuesto a hacer todo tipo de cambalaches con los compañeros, pero a casi nadie le venía bien su propuesta. En el tiempo que llevaba trabajando apenas trabó amistad con nadie y la gente se muestra renuente a hacer favores a desconocidos. Se pasó la primera hora del turno mirando su planilla a ver cómo arreglaba su asunto y yo agradecí a los cielos que en esa hora no viniera gente a la que atender. Trabajar yo sólo mientras el compi sólo piensa en sus vacaciones puede ser tremendamente penoso en el sitio donde estamos. Nuestro trabajo no es difícil, pero puede llegar a ser muy estresante, por la cantidad de cosas que se tienen que hacer a la vez. Menos mal que en esa primera hora no se dio tal circunstancia.
El hombre venía con cara de disgusto, pero no sólo era por esos días que no podía disfrutar. Era también por nuestro trabajo. A lo largo de la tarde supe porqué.
- Opositor, tú has estudiado, ¿verdad?.
- Sí estuve en la universidad ¿Y tú?
- Sí, claro. Hice económicas.
Había que empezar a conocerse, debía pensar el hombre. Normalmente no digo que soy licenciado. Según en el sitio donde estés puede ser hasta contraproducente. Me he encontrado con gente a la que he notado cierta satisfacción íntima y me ha mirado como diciendo: "ja, ja, tú con tu titulillo de mierda y mira dónde estás" porque compartimos las misma pésimas condiciones contractuales y el mismo pésimo sueldo, sólo que no han estudiado. Peculiaridades de la envidia hispana. Por envidiar, se envidia hasta al pobre.
Transcurrieron las horas y llegó el momento de la pausa. La cara de disgusto, de preguntarse constantemente qué pinto yo allí no se le iba al hombre. Yo ya me maliciaba algo. Y me atreví a preguntarle:
- ¿Dónde trabajabas tú antes?
- Yo era director financiero. Hasta que me echaron. A todo mi departamento, inclusive a las secretarias. Contrataron a gente más joven por un tercio de lo que ganábamos nosotros ¿Tú sabes cuánto ganaba mi secretaria? Cerca de los dos mil euros.
- Que me los dieran a mí.
- Y ahora estoy aquí y fíjate lo que ganamos. Una mierda. Estoy deseando que llegar a los sesenta y jubilarme.
Se pasó lo que quedaba de tarde mirando gráficos de la bolsa por Internet. Las ropas que traía tenían pinta de ser buena calidad. Creo que no mentía: este hombre, por su actitud, su forma de hablar y su aspecto, había vivido tiempos mejores.
- Mi mujer no ha trabajado nunca hasta hace poco. Hemos vivido de lo que yo he ganado toda la vida. He podido acumular un buen patrimonio. Tengo más de dos viviendas.
No me atreví a preguntárselo, pero lo pensé: "¿entonces, qué coño haces trabajando en esta mierda de trabajo temporal?" Pasaba la tarde y al hombre no se le iba el semblante de disgusto.
- Perdona, tú que sabes de economía ¿Cómo es posible que los periódicos no publiquen la bajada generalizada de los sueldos españoles?
- La venida de inmigrantes ha traído una cosa buena y otra mala. Por un lado, ha permitido cierta seguridad de cara al futuro de las pensiones. Por el otro, ha presionado a la baja el sueldo medio de los españoles.
- Sin embargo, eso no es la imagen que transmiten los medios de comunicación. Dicen las estadísticas que somos más ricos.
- Hombre, hay ciertos aspectos de la economía que se camuflan o se ocultan. Es verdad que en términos macroeconómicos estamos mejor. Pero también es cierto que la renta de los españoles es mucho más baja. Eso es irrebatible. Mira, yo he tenido de todo. Coches buenos, grandes viajes... Mi hija está completando la segunda carrera. Las dos las ha hecho en universidades privadas, pagadas a tocateja por su padre. En mi casa no ha faltado de nada. Pero ahora estoy como estoy.
La tarde transcurría tranquila. Yo le intentaba explicar algunos procedimientos del trabajo, dado que había estado más tiempo que él en el puesto, pero era obvio que a él no le interesaban lo más mínimo. Miraba el reloj con frecuencia, era evidente que el tiempo se le hacía eterno. Por fin llegó la hora de la salida. Vinieron nuestros relevos. Él se marchó. Yo me quedé explicando algunos asuntos del trabajo a los compañeros de la noche.
- ¿Qué tal con él? Sabes que es un poco problemático ¿O no, Opo?
- Hombre, la tarde ha estado tranquila. Yo no tengo ninguna queja de él. Pero se nota que no está a gusto aquí.
- Se da muchos aires. Vale que el sueldo es una mierda, que los contratos igual, pero se viene a trabajar y punto y no a hacer que los compañeros trabajen el doble porque tú te niegues a doblar el lomo.
- Ya es que ir de menos a más no cuesta a nadie. El problema es de ir de más a menos.
- Ya Opo, pero ése no es ni tu problema ni el mío.
Me despido y voy al metro. Veo a mi compañero, el economista de los anillos caídos,
al otro lado del andén. No puedo evitar que me venga a la mente otra pregunta maliciosa: "¿Dónde tendrá éste los cochazos de los que presume?" Le digo hasta mañana. Me sonríe. "En el fondo, no debe ser mal tío", pienso yo. Simplemente ha perdido algo el norte. Llego a mi casa. Me pongo Casablanca mientras ceno. Llego a una de sus múltiples secuencias memorables. Un cliente enojado por la actitud distante de Rick se está quejando con un camarero de éste:
- Sepa usted que yo era el director del segundo banco de Amsterdam.
A lo que el camarero le contesta:
- No creo que eso a Rick le interese. Sepa usted que el director del primero trabaja para nosotros de cocinero. Y su padre es el portero.
En fin. Cosas de la economía.
El hombre venía con cara de disgusto, pero no sólo era por esos días que no podía disfrutar. Era también por nuestro trabajo. A lo largo de la tarde supe porqué.
- Opositor, tú has estudiado, ¿verdad?.
- Sí estuve en la universidad ¿Y tú?
- Sí, claro. Hice económicas.
Había que empezar a conocerse, debía pensar el hombre. Normalmente no digo que soy licenciado. Según en el sitio donde estés puede ser hasta contraproducente. Me he encontrado con gente a la que he notado cierta satisfacción íntima y me ha mirado como diciendo: "ja, ja, tú con tu titulillo de mierda y mira dónde estás" porque compartimos las misma pésimas condiciones contractuales y el mismo pésimo sueldo, sólo que no han estudiado. Peculiaridades de la envidia hispana. Por envidiar, se envidia hasta al pobre.
Transcurrieron las horas y llegó el momento de la pausa. La cara de disgusto, de preguntarse constantemente qué pinto yo allí no se le iba al hombre. Yo ya me maliciaba algo. Y me atreví a preguntarle:
- ¿Dónde trabajabas tú antes?
- Yo era director financiero. Hasta que me echaron. A todo mi departamento, inclusive a las secretarias. Contrataron a gente más joven por un tercio de lo que ganábamos nosotros ¿Tú sabes cuánto ganaba mi secretaria? Cerca de los dos mil euros.
- Que me los dieran a mí.
- Y ahora estoy aquí y fíjate lo que ganamos. Una mierda. Estoy deseando que llegar a los sesenta y jubilarme.
Se pasó lo que quedaba de tarde mirando gráficos de la bolsa por Internet. Las ropas que traía tenían pinta de ser buena calidad. Creo que no mentía: este hombre, por su actitud, su forma de hablar y su aspecto, había vivido tiempos mejores.
- Mi mujer no ha trabajado nunca hasta hace poco. Hemos vivido de lo que yo he ganado toda la vida. He podido acumular un buen patrimonio. Tengo más de dos viviendas.
No me atreví a preguntárselo, pero lo pensé: "¿entonces, qué coño haces trabajando en esta mierda de trabajo temporal?" Pasaba la tarde y al hombre no se le iba el semblante de disgusto.
- Perdona, tú que sabes de economía ¿Cómo es posible que los periódicos no publiquen la bajada generalizada de los sueldos españoles?
- La venida de inmigrantes ha traído una cosa buena y otra mala. Por un lado, ha permitido cierta seguridad de cara al futuro de las pensiones. Por el otro, ha presionado a la baja el sueldo medio de los españoles.
- Sin embargo, eso no es la imagen que transmiten los medios de comunicación. Dicen las estadísticas que somos más ricos.
- Hombre, hay ciertos aspectos de la economía que se camuflan o se ocultan. Es verdad que en términos macroeconómicos estamos mejor. Pero también es cierto que la renta de los españoles es mucho más baja. Eso es irrebatible. Mira, yo he tenido de todo. Coches buenos, grandes viajes... Mi hija está completando la segunda carrera. Las dos las ha hecho en universidades privadas, pagadas a tocateja por su padre. En mi casa no ha faltado de nada. Pero ahora estoy como estoy.
La tarde transcurría tranquila. Yo le intentaba explicar algunos procedimientos del trabajo, dado que había estado más tiempo que él en el puesto, pero era obvio que a él no le interesaban lo más mínimo. Miraba el reloj con frecuencia, era evidente que el tiempo se le hacía eterno. Por fin llegó la hora de la salida. Vinieron nuestros relevos. Él se marchó. Yo me quedé explicando algunos asuntos del trabajo a los compañeros de la noche.
- ¿Qué tal con él? Sabes que es un poco problemático ¿O no, Opo?
- Hombre, la tarde ha estado tranquila. Yo no tengo ninguna queja de él. Pero se nota que no está a gusto aquí.
- Se da muchos aires. Vale que el sueldo es una mierda, que los contratos igual, pero se viene a trabajar y punto y no a hacer que los compañeros trabajen el doble porque tú te niegues a doblar el lomo.
- Ya es que ir de menos a más no cuesta a nadie. El problema es de ir de más a menos.
- Ya Opo, pero ése no es ni tu problema ni el mío.
Me despido y voy al metro. Veo a mi compañero, el economista de los anillos caídos,
al otro lado del andén. No puedo evitar que me venga a la mente otra pregunta maliciosa: "¿Dónde tendrá éste los cochazos de los que presume?" Le digo hasta mañana. Me sonríe. "En el fondo, no debe ser mal tío", pienso yo. Simplemente ha perdido algo el norte. Llego a mi casa. Me pongo Casablanca mientras ceno. Llego a una de sus múltiples secuencias memorables. Un cliente enojado por la actitud distante de Rick se está quejando con un camarero de éste:
- Sepa usted que yo era el director del segundo banco de Amsterdam.
A lo que el camarero le contesta:
- No creo que eso a Rick le interese. Sepa usted que el director del primero trabaja para nosotros de cocinero. Y su padre es el portero.
En fin. Cosas de la economía.
Etiquetas:
El señor de los anillos caídos
miércoles, junio 13, 2007
En el pueblo de mi madre llamaban milano a aquél que solía perderse, de carácter melancólico, despistado y distraído. Si habéis visto alguna vez un milano, os admiraréis de él, pues el milano tiene porte majestuoso y vuelo elegante; además cierta tendencia a perderse entre las montañas. Lo que tendré que preguntar a mi amigo veterinario es si los milanos son despistados, melancólicos y distraídos.
Lo bueno que tenía el pueblo es que dejaba a las personas tiempo para pensar. Nada que ver con las ciudades, en que ya nos ocupamos a conciencia en distraernos en nuestro tiempo libre con memeces. En el pueblo no daba lugar a banales distracciones. O se trabajaba o se pensaba. Y se tenía mucho cuidado en pasar más tiempo en lo primero que en lo segundo. Sin embargo, en ese tiempo cabían los milanopersonas, que eran esos hombres que solían tener cierta tendencia a perderse por entre las piedras. Ojo, digo hombres, porque para las mujeres no estaba bien visto perderse y dejar a un lado las labores domésticas. De ahí debe venir la peyorativa frase "eres una perdida"; una mujer jamás sería definida como Milana. Y mucho menos las dirigirían palabras como "milana bonita" como decía a su pájaro Azarías, el determinante personaje de la novela de Delibes "Los santos Inocentes". De ahí debe venir que las mujeres sean tan buenas en cualquier cosa que hacen: han tenido desde siempre terminantemente prohibidas las distracciones.
En la ciudad, no hay lugar ni para los milanos ni para las milanas. No podemos perder el compás de nuestra vida. Yo, en mi infancia, era despistado y milano, pero desgraciadamente el despiste se me fue cuando desaparecieron de mi vida las tardes eternas de verano. Ya no da lugar para pensar. A nosotros, los hombres de ciudad, se nos exige actuar, actuar, reciclarse y reciclarse. No da lugar a la meditación. Es pérdida de tiempo. Es cosa de milanos.
Si tengo una oportunidad, iré a mi pueblo a ver si quedan milanos. No humanos, pues sé que han desaparecido todos. Ire a buscar las aves, por ver si quedan seres que aún tengan el tiempo y la gran suerte de perderse sin que nada les perturbe.
Lo bueno que tenía el pueblo es que dejaba a las personas tiempo para pensar. Nada que ver con las ciudades, en que ya nos ocupamos a conciencia en distraernos en nuestro tiempo libre con memeces. En el pueblo no daba lugar a banales distracciones. O se trabajaba o se pensaba. Y se tenía mucho cuidado en pasar más tiempo en lo primero que en lo segundo. Sin embargo, en ese tiempo cabían los milanopersonas, que eran esos hombres que solían tener cierta tendencia a perderse por entre las piedras. Ojo, digo hombres, porque para las mujeres no estaba bien visto perderse y dejar a un lado las labores domésticas. De ahí debe venir la peyorativa frase "eres una perdida"; una mujer jamás sería definida como Milana. Y mucho menos las dirigirían palabras como "milana bonita" como decía a su pájaro Azarías, el determinante personaje de la novela de Delibes "Los santos Inocentes". De ahí debe venir que las mujeres sean tan buenas en cualquier cosa que hacen: han tenido desde siempre terminantemente prohibidas las distracciones.
En la ciudad, no hay lugar ni para los milanos ni para las milanas. No podemos perder el compás de nuestra vida. Yo, en mi infancia, era despistado y milano, pero desgraciadamente el despiste se me fue cuando desaparecieron de mi vida las tardes eternas de verano. Ya no da lugar para pensar. A nosotros, los hombres de ciudad, se nos exige actuar, actuar, reciclarse y reciclarse. No da lugar a la meditación. Es pérdida de tiempo. Es cosa de milanos.
Si tengo una oportunidad, iré a mi pueblo a ver si quedan milanos. No humanos, pues sé que han desaparecido todos. Ire a buscar las aves, por ver si quedan seres que aún tengan el tiempo y la gran suerte de perderse sin que nada les perturbe.
martes, junio 12, 2007
Esta mañana recibo una llamada de una conocida administración madrileña. He echado en tantas bolsas de trabajo que ni me imaginaba que me fueran a llamar de allí:
-Buenos días. Quería hablar con el señor Opo.
-Soy yo, dígame.
-Verá. Le llamo del Hospital XX. Le ofrecemos un contrato para trabajar como celador. En verano.
-¿Pero hay posibilidades de que me contraten por más tiempo?
-En un principio, el contrato sería de sustituciones en el período vacacional. Señor Opo, no podemos garantizarle más tiempo, al menos, de momento.
- Mire usted, señor. Estoy trabajando en hospital tal, me han llamado de la Universidad cual ofreciendo lo mismo que ustedes. La propia Comunidad de Madrid ha requerido de mis servicios para este verano. Ninguna oferta me ha sido interesante y ahora mismo no tengo intención de dejar el trabajo en el que estoy actualmente, aunque reconozco que también es temporal. Dadas las circunstancias, ¿qué me pueden ofrecer ustedes?
-Hombre tenga en cuenta que usted está en el número 1400 de la lista...
-Ignoro cuál es la razón por la que me han puesto en número tan alto. Lo que sí es cierto es que ahora mismo sólo entraría a trabajar con ustedes si me hacen un contrato de interinidad o mejor aún: un contrato fijo.
-Bueno, ya le digo que eso no se lo podemos hacer. Normalmente ese tipo de contratos no se hacen a gente que está en bolsa de trabajo.
-Ya, sí, lo de siempre. Hay una especie de maldición hacia la gente que está en las bolsas. Lo que yo no entiendo es por qué las llaman "de trabajo", si la mayoría nos pasamos la vida en el paro. En fin, no le entretengo más: estoy dispuesto a escucharles si la oferta que me hacen es de contrato fijo o cuando menos, interino. Muy buenos días.
Y colgué. La ley de la oferta y la demanda. Ahora puedo negociar. No caerá la breva de que hagan lo que les pido. Ojalá desaparezcan, de una vez por todas, "las bolsas de trabajo".
-Buenos días. Quería hablar con el señor Opo.
-Soy yo, dígame.
-Verá. Le llamo del Hospital XX. Le ofrecemos un contrato para trabajar como celador. En verano.
-¿Pero hay posibilidades de que me contraten por más tiempo?
-En un principio, el contrato sería de sustituciones en el período vacacional. Señor Opo, no podemos garantizarle más tiempo, al menos, de momento.
- Mire usted, señor. Estoy trabajando en hospital tal, me han llamado de la Universidad cual ofreciendo lo mismo que ustedes. La propia Comunidad de Madrid ha requerido de mis servicios para este verano. Ninguna oferta me ha sido interesante y ahora mismo no tengo intención de dejar el trabajo en el que estoy actualmente, aunque reconozco que también es temporal. Dadas las circunstancias, ¿qué me pueden ofrecer ustedes?
-Hombre tenga en cuenta que usted está en el número 1400 de la lista...
-Ignoro cuál es la razón por la que me han puesto en número tan alto. Lo que sí es cierto es que ahora mismo sólo entraría a trabajar con ustedes si me hacen un contrato de interinidad o mejor aún: un contrato fijo.
-Bueno, ya le digo que eso no se lo podemos hacer. Normalmente ese tipo de contratos no se hacen a gente que está en bolsa de trabajo.
-Ya, sí, lo de siempre. Hay una especie de maldición hacia la gente que está en las bolsas. Lo que yo no entiendo es por qué las llaman "de trabajo", si la mayoría nos pasamos la vida en el paro. En fin, no le entretengo más: estoy dispuesto a escucharles si la oferta que me hacen es de contrato fijo o cuando menos, interino. Muy buenos días.
Y colgué. La ley de la oferta y la demanda. Ahora puedo negociar. No caerá la breva de que hagan lo que les pido. Ojalá desaparezcan, de una vez por todas, "las bolsas de trabajo".
lunes, junio 11, 2007
Una cosa que hecho de menos de los veranos de mi infancia es la cantidad de tiempo libre del que disponías: para bañarte, para leer tebeos, para jugar a la pelota, para ir con los amigos... El verano era eterno y yo creo que todos echamos de menos esa sensación de eternidad, que en la infancia no era otra cosa que aburrimiento. Fue en verano cuando, en una piscina pública de mi localidad, empecé a leer con afición los tebeos de Mortadelo y Filemón, sin duda, dos de los grandes iconos de la cultura popular.
Los personajes que ha estado dibujando toda la vida Francisco Ibáñez han tenido una importancia capital a la hora de aficionar a la lectura a miles de jóvenes. Ya he dicho en una entrada anterior que hacen muy mal en despreciar ciertos críticos la literatura menor, pues es la antesala de la literatura de más altos vuelos. Sin duda, Mortadelo y Filemón han sido los propiciadores de que muchos de mayores nos hayamos convertido en ávidos lectores. Por eso, mucho cuidado con arremeter con Harry Potter, porque la gran magia que puede hacer es que legión de adultos en el futuro valoren la cultura.
Ahora, para mí, no se pueden comparar los tebeos de Mortadelo con el Potter. No puedo ser objetivo en este punto. Comparando ambas obras, creo que los tebeos de Mortadelo les da varias vueltas a los libros de la anglosajona. Por capacidad inventiva, por talento, por todo. Es una lástima que los latinos siempre perdamos la batalla de la notoriedad frente a los anglosajones. Si Mortadelo hablase inglés, posiblemente Ibáñez coleccionaría Ferraris como lo hace Uderzo.
Por tener, tiene Ibáñez hasta el don de la profecía: en una viñeta muy anterior a los terribles atentados del 11-m , Francisco Ibáñez dibujó un avión incrustado en una de las torres Gemelas. No creo que se deba a que el dibujante sea un nuevo Nostradamus, más bien se debe a que nuestro genial creador a dibujado tanto y de tantas cosas, que no es extraño que sus tebeos hagan extraños guiños con la realidad.
Sirva este pequeño texto de homenaje a tan genial autor y por favor, sigue alegrando los veranos eternos de los niños.
Los personajes que ha estado dibujando toda la vida Francisco Ibáñez han tenido una importancia capital a la hora de aficionar a la lectura a miles de jóvenes. Ya he dicho en una entrada anterior que hacen muy mal en despreciar ciertos críticos la literatura menor, pues es la antesala de la literatura de más altos vuelos. Sin duda, Mortadelo y Filemón han sido los propiciadores de que muchos de mayores nos hayamos convertido en ávidos lectores. Por eso, mucho cuidado con arremeter con Harry Potter, porque la gran magia que puede hacer es que legión de adultos en el futuro valoren la cultura.
Ahora, para mí, no se pueden comparar los tebeos de Mortadelo con el Potter. No puedo ser objetivo en este punto. Comparando ambas obras, creo que los tebeos de Mortadelo les da varias vueltas a los libros de la anglosajona. Por capacidad inventiva, por talento, por todo. Es una lástima que los latinos siempre perdamos la batalla de la notoriedad frente a los anglosajones. Si Mortadelo hablase inglés, posiblemente Ibáñez coleccionaría Ferraris como lo hace Uderzo.
Por tener, tiene Ibáñez hasta el don de la profecía: en una viñeta muy anterior a los terribles atentados del 11-m , Francisco Ibáñez dibujó un avión incrustado en una de las torres Gemelas. No creo que se deba a que el dibujante sea un nuevo Nostradamus, más bien se debe a que nuestro genial creador a dibujado tanto y de tantas cosas, que no es extraño que sus tebeos hagan extraños guiños con la realidad.
Sirva este pequeño texto de homenaje a tan genial autor y por favor, sigue alegrando los veranos eternos de los niños.
domingo, junio 10, 2007
Has vuelto a suspender siete. Tus padres están que trinan. Y tú, que aunque estás disgustado, sólo piensas que hay un montón de muchachas esperándote ahí fuera. Mola el viernes, porque es el día en que comienza el fin de semana. En cambio, el domingo no mola. Te has levantado a las dos, tienes una resaca espantosa y tus padres preguntándote que cuándo te van a dar las notas. Lo peor de todo es cuando sepan que te han quedado siete y es muy probable que el año que viene vuelvas a repetir.
-Todavía no sé cuántas me han quedado.
Mientes como un bellaco y tus padres en el fondo saben que lo haces, pero siempre tienen la esperanza de que esta vez va a ser distinto, que van a recuperar a ese niño que en los primeros cursos de la ESO sacaba en algunas asignaturas sobresalientes y en otras notable. Pero tú, cuando cumpliste quince años, decidiste cambiar de prioridades. El instituto no importaba tanto como una chica de tu pandilla llamada Raquel. Importaba más el calimocho que las matemáticas; las tías valoran más unas buenas Ray-Ban que la clase de lengua. Total, con la música alta apenas se puede hablar nada con las tías. Yy lo interesante que te hacen las gafas aquéllas, ¿eh?
Lo único que te interesa de la biología es cómo perder tu virginidad. Desde que cumpliste quince años, los veranos son mucho más interesantes. y un día, vas en el metro, y ves a una lindísima moza, y sin que te dieras cuenta, el bulto de la entrepierna empezaba a ser mercancía sospechosa. Aunque la viste apenas quince segundos, pues ella se bajaba, estás días y días pensando en ella. Coges la misma línea sin necesidad con la esperanza de volverla a ver. y de tanto pensar y pensar, se ta ha olvidado hacer ese comentario para la clase de filosofía. Otra que cae.
En fin. No es culpa tuya que el cuerpo te esté jugando malas pasadas. No es culpa tuya que las chicas sean tan guapas, huelan tan bien y tengan esas vocecitas tan preciosas, además, tus colegas están igual y tú no ves que sus padres les estén dando tanto la brasa con los estudios.
Eres joven y sólo se vive una vez. Piensas que todo con el tiempo se arreglará. Tus padres insisten en que serás carne de cañón si no terminas el bachiller, pero tú crees que tendrás suerte. Eres inteligente, te dice tu madre. Basta con eso para poder triunfar en la vida, piensas. Para ser programador, por ejemplo. Les dices a tus padres que los mejores programadores no han hecho carrera.
Y siendo eso verdad, y dándote bien la cosa informática, sabes que malgastas tu tiempo delante del ordenador con los videojuegos y enganchado a Internet. Deberías saber que con esos mimbres no se aprende a programar, pero a ti te da igual. El Counter Strike mola mucho y estás pensando quedar con los colegas con los que juegas en red.
Si no lo sabes, te lo diré: perteneces a una de las generaciones españolas que más suerte ha tenido; has tenido una cantidad de tiempo de ocio tremenda y además oferta de actividades amplísima. Afortunadamente, nada te ha faltado y lo has conseguido con facilidad.
Sin embargo, a partir de ahora lo tienes difícil: vas a tener peores contratos y peores sueldos que los de tu padre y tus tíos. No vas a poder emanciparte porque la vivienda está muy cara. Y sabe Dios que otras cosas nos van a quitar a la gente que como tú y como yo somos de la clase baja.
Por de pronto, ya puedes pensar en sacarte esas siete que te han quedado. De acuerdo, las tías están muy buenas, pero todo a su tiempo. No vas a tener más posibilidades de estar con ella sólo por estar pensando ella, aunque sé que es difícil quitártela de la cabeza, como es difícil estudiar sabiendo que los colegas están en la plaza tomándola o al otro lado del ordenador esperándote para otra partidita de Counter Strike.
Por favor, sácate esas siete. Consigue tener una profesión que te permita vivir dignamente. Procura que sea un oficio en el que seas casi imprescindible. Y piensa desde ya en luchar por tus derechos, pues te han quitado mucho y puede que cuando seas mayor compruebes horrorizado que no le puedes los estudios a tus hijos porque esa es otra de las cosas que han arrancado a la clase baja como nosotros.
Ándate con ojo: está en juego tu felicidad.
-Todavía no sé cuántas me han quedado.
Mientes como un bellaco y tus padres en el fondo saben que lo haces, pero siempre tienen la esperanza de que esta vez va a ser distinto, que van a recuperar a ese niño que en los primeros cursos de la ESO sacaba en algunas asignaturas sobresalientes y en otras notable. Pero tú, cuando cumpliste quince años, decidiste cambiar de prioridades. El instituto no importaba tanto como una chica de tu pandilla llamada Raquel. Importaba más el calimocho que las matemáticas; las tías valoran más unas buenas Ray-Ban que la clase de lengua. Total, con la música alta apenas se puede hablar nada con las tías. Yy lo interesante que te hacen las gafas aquéllas, ¿eh?
Lo único que te interesa de la biología es cómo perder tu virginidad. Desde que cumpliste quince años, los veranos son mucho más interesantes. y un día, vas en el metro, y ves a una lindísima moza, y sin que te dieras cuenta, el bulto de la entrepierna empezaba a ser mercancía sospechosa. Aunque la viste apenas quince segundos, pues ella se bajaba, estás días y días pensando en ella. Coges la misma línea sin necesidad con la esperanza de volverla a ver. y de tanto pensar y pensar, se ta ha olvidado hacer ese comentario para la clase de filosofía. Otra que cae.
En fin. No es culpa tuya que el cuerpo te esté jugando malas pasadas. No es culpa tuya que las chicas sean tan guapas, huelan tan bien y tengan esas vocecitas tan preciosas, además, tus colegas están igual y tú no ves que sus padres les estén dando tanto la brasa con los estudios.
Eres joven y sólo se vive una vez. Piensas que todo con el tiempo se arreglará. Tus padres insisten en que serás carne de cañón si no terminas el bachiller, pero tú crees que tendrás suerte. Eres inteligente, te dice tu madre. Basta con eso para poder triunfar en la vida, piensas. Para ser programador, por ejemplo. Les dices a tus padres que los mejores programadores no han hecho carrera.
Y siendo eso verdad, y dándote bien la cosa informática, sabes que malgastas tu tiempo delante del ordenador con los videojuegos y enganchado a Internet. Deberías saber que con esos mimbres no se aprende a programar, pero a ti te da igual. El Counter Strike mola mucho y estás pensando quedar con los colegas con los que juegas en red.
Si no lo sabes, te lo diré: perteneces a una de las generaciones españolas que más suerte ha tenido; has tenido una cantidad de tiempo de ocio tremenda y además oferta de actividades amplísima. Afortunadamente, nada te ha faltado y lo has conseguido con facilidad.
Sin embargo, a partir de ahora lo tienes difícil: vas a tener peores contratos y peores sueldos que los de tu padre y tus tíos. No vas a poder emanciparte porque la vivienda está muy cara. Y sabe Dios que otras cosas nos van a quitar a la gente que como tú y como yo somos de la clase baja.
Por de pronto, ya puedes pensar en sacarte esas siete que te han quedado. De acuerdo, las tías están muy buenas, pero todo a su tiempo. No vas a tener más posibilidades de estar con ella sólo por estar pensando ella, aunque sé que es difícil quitártela de la cabeza, como es difícil estudiar sabiendo que los colegas están en la plaza tomándola o al otro lado del ordenador esperándote para otra partidita de Counter Strike.
Por favor, sácate esas siete. Consigue tener una profesión que te permita vivir dignamente. Procura que sea un oficio en el que seas casi imprescindible. Y piensa desde ya en luchar por tus derechos, pues te han quitado mucho y puede que cuando seas mayor compruebes horrorizado que no le puedes los estudios a tus hijos porque esa es otra de las cosas que han arrancado a la clase baja como nosotros.
Ándate con ojo: está en juego tu felicidad.
sábado, junio 09, 2007
Toda persona que tenga por oficio algo creativo tiene la necesidad de darse publicidad. Una de las herramientas que para este fin se ha utilizado siempre es la vanidad, porque vanidad, aparte de una de las cosas que más matan la convivencia, es además una de los mejores recursos de venta de uno mismo y de sus obras. En este mundo de mercancías, el vive de una habilidad ha de ponerse por las nubes. Vivimos en el mundo de la imagen.
Entre los más vanidosos se encuentran los actores, pintores, escritores y políticos. Los escritores son actores que van o de hombres sabios o de bohemios; los actores dicen que construyen personajes como si fueran escritores de novelas; los pintores hacen política cada vez que exponen obras en las galerías; y los políticos son malos actores, pésimos escritores y a veces no sé si pintan algo. En cualquier caso, las cuatro profesiones tienen en común que suelen ser de gente vanidosa.
Venderse a uno mismo, ésa es la clave para triunfar en la vida. No obstante, la vanidad puede ser muy negativa en la esfera privada; los seres queridos nos conocen muy bien y nos miran con amor, pero también saben de nuestros defectos. No debemos abusar de quienes tan bien nos conocen. Aquí sí que debemos ser humildes.
Pero no debemos olvidar si no queremos perder el norte lo que decía Jacinto Benavente: " El amor propio y la vanidad nos hace creer que nuestros vicios son virtudes y nuestras virtudes, vicios" Se puede llegar a lo patético por ser vanidoso. El ejemplo más claro, el de esas bellezas viejas que a base de botox y bisturí se convierten en Barbies de geriátrico, que diría en una ocurrencia feliz Victoria Beckham. O lo que es peor: en monstruos del lago. Más que del lago, del Spa.
Pese a que hay gente que llega a hacer esa clase de burradas, sin llegar a sus extremos, no está de más nos queramos un poquito para defendernos de lo delirante cotidiano. A veces, cuando estoy muy caído anímicamente, me preocupa cómo mis circunstancias han ido destruyendo poco a poco mi ego; cuanto más necesito tener el ombligo bien brillante para mirarlo, más pelusas aparecen a mi vista. Quizá lo que me venga bien es una pequeña dosis de egocentrismo. Si consigo elevar mi moral, que no me falte mi familia que me diga las cuatro verdades, si es que mis pies se elevan del suelo demasiado o siento ganas de ponerme tetas. Bueno, de esto último, no creo que me entren ganas.
Entre los más vanidosos se encuentran los actores, pintores, escritores y políticos. Los escritores son actores que van o de hombres sabios o de bohemios; los actores dicen que construyen personajes como si fueran escritores de novelas; los pintores hacen política cada vez que exponen obras en las galerías; y los políticos son malos actores, pésimos escritores y a veces no sé si pintan algo. En cualquier caso, las cuatro profesiones tienen en común que suelen ser de gente vanidosa.
Venderse a uno mismo, ésa es la clave para triunfar en la vida. No obstante, la vanidad puede ser muy negativa en la esfera privada; los seres queridos nos conocen muy bien y nos miran con amor, pero también saben de nuestros defectos. No debemos abusar de quienes tan bien nos conocen. Aquí sí que debemos ser humildes.
Pero no debemos olvidar si no queremos perder el norte lo que decía Jacinto Benavente: " El amor propio y la vanidad nos hace creer que nuestros vicios son virtudes y nuestras virtudes, vicios" Se puede llegar a lo patético por ser vanidoso. El ejemplo más claro, el de esas bellezas viejas que a base de botox y bisturí se convierten en Barbies de geriátrico, que diría en una ocurrencia feliz Victoria Beckham. O lo que es peor: en monstruos del lago. Más que del lago, del Spa.
Pese a que hay gente que llega a hacer esa clase de burradas, sin llegar a sus extremos, no está de más nos queramos un poquito para defendernos de lo delirante cotidiano. A veces, cuando estoy muy caído anímicamente, me preocupa cómo mis circunstancias han ido destruyendo poco a poco mi ego; cuanto más necesito tener el ombligo bien brillante para mirarlo, más pelusas aparecen a mi vista. Quizá lo que me venga bien es una pequeña dosis de egocentrismo. Si consigo elevar mi moral, que no me falte mi familia que me diga las cuatro verdades, si es que mis pies se elevan del suelo demasiado o siento ganas de ponerme tetas. Bueno, de esto último, no creo que me entren ganas.
viernes, junio 08, 2007
La historia, la de siempre: un hombre de éxito que lo tenía todo. De repente, todo lo pierde por un arrebato de locura. Esta vez, de la forma más cruel e inhumana posible: matando al ser más inocente del mundo. Su hija. ¿Por qué me es tan familiar esta historia de tragedia? ¿Acaso sabía Alberto que su historia ya estaba escrita? ¿Por qué Alberto no cambió el guión en el último momento, y en vez de sacrificar la vida de su hija hubiera sacrificado ese infernal trabajo suyo en la empresa de seguros Swiss Re?
Las oficinas de la empresa estaban situadas en un moderno rascacielos londinense al que popularmente se conoce como "pepino". No hace mucho, otro alto ejecutivo que trabajaba allí se tiró desde lo alto y se mató. El rascacielos parece un falo. Tal vez sea lo que mejor simboliza la cultura falocéntrica empresarial, que mata y a la vez se devora a sus hijos, una especie de Saturno moderno del que asoma un gran pene de oro macizo. El dios de la pistola de oro.
Alberto Izaga era uno de sus hijos, y en sus años de ejecutivo maduró una insania que dio como resultado una aberración. Él no podía equivocarse en su trabajo, y eso, paradójicamente, hizo que tuviera la mayor equivocación de su vida: seguir trabajando en un sitio donde eso tan humano como el error está prohibido. El no poder errar le deshumanizó y le convirtió en esa bestia que tanto están publicitando las páginas de sucesos. El capitalismo castiga el error con el fracaso, pese a ser el sistema más erróneo de todos los posibles. El capitalismo puede que nos conduzca al error final, es decir, a la destrucción de nuestra civilización. Por de pronto, condujo a Alberto a su propia destrucción personal, haciéndole cometer en su casa el gran error que no podía cometer como ejecutivo. Por cierto, el apartamento está situado en el mismo bloque donde se rodó "Match Point", la película de Woody Allen que trata de un hombre que comete un crimen por continuar con su estatus, su tren de vida fabuloso.
En el fondo Alberto, has hecho lo mismo: has cometido un crimen por continuar con tu estatus, tu tren de vida fabuloso ¿Qué hubiera pasado si te hubieran echado? A mí me han echado más de veinte veces y aquí me tienes, esperando
el siguiente momento de felicidad que sin duda tendré. Y al trabajo, que le den. Tú sin embargo, aunque te describen como una persona risueña y sonriente, dudo que vuelvas a ser feliz. Es más, dudo que en algún momento lo fueras. Es imposible ser feliz pensando en que te puedes equivocar.
Yanira se llamó tu hija. Puede que la matara la esquizofrenia. Yo creo que la mató el dinero, con el que no te puedes equivocar.
Las oficinas de la empresa estaban situadas en un moderno rascacielos londinense al que popularmente se conoce como "pepino". No hace mucho, otro alto ejecutivo que trabajaba allí se tiró desde lo alto y se mató. El rascacielos parece un falo. Tal vez sea lo que mejor simboliza la cultura falocéntrica empresarial, que mata y a la vez se devora a sus hijos, una especie de Saturno moderno del que asoma un gran pene de oro macizo. El dios de la pistola de oro.
Alberto Izaga era uno de sus hijos, y en sus años de ejecutivo maduró una insania que dio como resultado una aberración. Él no podía equivocarse en su trabajo, y eso, paradójicamente, hizo que tuviera la mayor equivocación de su vida: seguir trabajando en un sitio donde eso tan humano como el error está prohibido. El no poder errar le deshumanizó y le convirtió en esa bestia que tanto están publicitando las páginas de sucesos. El capitalismo castiga el error con el fracaso, pese a ser el sistema más erróneo de todos los posibles. El capitalismo puede que nos conduzca al error final, es decir, a la destrucción de nuestra civilización. Por de pronto, condujo a Alberto a su propia destrucción personal, haciéndole cometer en su casa el gran error que no podía cometer como ejecutivo. Por cierto, el apartamento está situado en el mismo bloque donde se rodó "Match Point", la película de Woody Allen que trata de un hombre que comete un crimen por continuar con su estatus, su tren de vida fabuloso.
En el fondo Alberto, has hecho lo mismo: has cometido un crimen por continuar con tu estatus, tu tren de vida fabuloso ¿Qué hubiera pasado si te hubieran echado? A mí me han echado más de veinte veces y aquí me tienes, esperando
el siguiente momento de felicidad que sin duda tendré. Y al trabajo, que le den. Tú sin embargo, aunque te describen como una persona risueña y sonriente, dudo que vuelvas a ser feliz. Es más, dudo que en algún momento lo fueras. Es imposible ser feliz pensando en que te puedes equivocar.
Yanira se llamó tu hija. Puede que la matara la esquizofrenia. Yo creo que la mató el dinero, con el que no te puedes equivocar.
jueves, junio 07, 2007
Caperucita roja era una fábula de transmisión oral que circulaba por Europa. Según la Wikipedia, fue Charles Perrault el primero que recogió la historia en un volumen de cuentos editado en 1697. La historia es de sobra conocida: una niña va por el bosque, se encuentra con el lobo y le salva el leñador.
Siempre me he preguntado si es verdad la interpretación que yo me he dado a mí mismo desde que tenía catorce años y un montón de hormonas corriendo por mi cuerpo: yo pensaba en que la moraleja de esta historia nos venía a decir que las mujeres se tienen que andar con cuidado de con quién se acuestan. El cuento es un pelín machista. Además, no tiene un cuento o similar equivalente en hombres. ¿O tal vez sí, me refiero cuando Ulises, en el canto XII, es atado al mástil para poder escuchar el hipnótico canto de las sirenas? Yo creo que ambas situaciones tienen el mismo mensaje subliminal: cuidadín cuando te acerques a personas de distinto sexo.
Pero ahí acaban las similitudes: mientras que Caperucita es una chica inocente e ingenua a punto de iniciarse en los misterios de la vida, Ulises es un hombre curtido en mil batallas y envuelto en cientos de peripecias. La una no tiene ni idea de con quién se juega los cuartos, y el otro, que sí lo sabe, pide por ello a sus hombres que lo aten a un mástil. Ya estamos con los dos tópicos más generalizados de la literatura: mujer ingenua, hombre bragado y valiente que sabe lo que se cuece.
A mí, que tan interesado adolescente era por el sexo, no se me escapaba la intención del cuento: prevenir a las mujeres que se van a iniciar en ello. El lobo está en el bosque, es lo desconocido, lo misterioso, lo peligroso. En cambio, el leñador es el hijo de la vecina, previsible y de vida vulgar que oferta un porvenir, pues eso: vulgar. No en vano, Caperucita, haciendo caso omiso de las advertencias de su madre, se pone a hablar con el lobo. Porque al igual que Ulises, Caperucita tiene espíritu aventurero.
Siempre han tenido más éxito con las mujeres los hombres que aparentan ser lobos que los que aparentan ser leñadores, me decía yo entonces. Pero claro, yo no podía aparentar lo que no era. Esas cosas siempre acaban mal. Y si no hubiera sido por el leñador, las cosas hubieran acabado muy mal para Caperucita.
Fijáos qué diferencia: mientras Ulises, que consciente de los peligros del canto de las sirenas, decide que la tripulación le ate un mástil, Caperucita, sin embargo, habla con el primero que le pregunta. Qué inconsciente ¡y llevando una caperuza roja!
De todo el mundo es sabido que el color rojo es el color de la pasión; la lujuria se ha representado muchas veces como una mujer con un vestido de ese color. Caperucita no es del todo inocente.
Quizás el único inocente de esta historia sea el leñador. Pero quién sabe. A lo mejor mató al lobo porque era él el que deseaba ser comido.
Siempre me he preguntado si es verdad la interpretación que yo me he dado a mí mismo desde que tenía catorce años y un montón de hormonas corriendo por mi cuerpo: yo pensaba en que la moraleja de esta historia nos venía a decir que las mujeres se tienen que andar con cuidado de con quién se acuestan. El cuento es un pelín machista. Además, no tiene un cuento o similar equivalente en hombres. ¿O tal vez sí, me refiero cuando Ulises, en el canto XII, es atado al mástil para poder escuchar el hipnótico canto de las sirenas? Yo creo que ambas situaciones tienen el mismo mensaje subliminal: cuidadín cuando te acerques a personas de distinto sexo.
Pero ahí acaban las similitudes: mientras que Caperucita es una chica inocente e ingenua a punto de iniciarse en los misterios de la vida, Ulises es un hombre curtido en mil batallas y envuelto en cientos de peripecias. La una no tiene ni idea de con quién se juega los cuartos, y el otro, que sí lo sabe, pide por ello a sus hombres que lo aten a un mástil. Ya estamos con los dos tópicos más generalizados de la literatura: mujer ingenua, hombre bragado y valiente que sabe lo que se cuece.
A mí, que tan interesado adolescente era por el sexo, no se me escapaba la intención del cuento: prevenir a las mujeres que se van a iniciar en ello. El lobo está en el bosque, es lo desconocido, lo misterioso, lo peligroso. En cambio, el leñador es el hijo de la vecina, previsible y de vida vulgar que oferta un porvenir, pues eso: vulgar. No en vano, Caperucita, haciendo caso omiso de las advertencias de su madre, se pone a hablar con el lobo. Porque al igual que Ulises, Caperucita tiene espíritu aventurero.
Siempre han tenido más éxito con las mujeres los hombres que aparentan ser lobos que los que aparentan ser leñadores, me decía yo entonces. Pero claro, yo no podía aparentar lo que no era. Esas cosas siempre acaban mal. Y si no hubiera sido por el leñador, las cosas hubieran acabado muy mal para Caperucita.
Fijáos qué diferencia: mientras Ulises, que consciente de los peligros del canto de las sirenas, decide que la tripulación le ate un mástil, Caperucita, sin embargo, habla con el primero que le pregunta. Qué inconsciente ¡y llevando una caperuza roja!
De todo el mundo es sabido que el color rojo es el color de la pasión; la lujuria se ha representado muchas veces como una mujer con un vestido de ese color. Caperucita no es del todo inocente.
Quizás el único inocente de esta historia sea el leñador. Pero quién sabe. A lo mejor mató al lobo porque era él el que deseaba ser comido.
miércoles, junio 06, 2007
La temporalidad. Pero qué bonito. Nuestro gobierno lucha contra ella con aparente denuedo. "Hagan contratos indefinidos""España, contra el empleo precario""Debemos luchar contra la siniestralidad laboral, que se ceba especialmente con los trabajadores temporales"
Y mientras, en connivencia de los sindicatos... Dentro de todas las administraciones estatales...Miles de trabajadores temporales y cientos de subcontratas. No lo publicará ningún periódico mañana, pues interesa más la disputa sobre el problema etarra que mantienen gobierno y oposición. Sin embargo, sobre el excesivo uso del trabajador temporal mal pagado dentro de la administración pública... De eso, no dirán nada, siendo un grave problema que afecta a cientos de miles de individuos. Tal gravedad no entra en la agenda política de ninguno de los dos grandes partidos.
Con su beneplácito, tanto representantes sindicales como gerencias procuran que todo siga igual. Se escudan en las malas leyes del funcionariado para decirnos a los temporales del estado que es injusta nuestra pretensión de un contrato que se perpetúe en el tiempo de forma indefinida. Según la ley principal del funcionariado, los que quieran ser trabajadores fijos del estado deben entrar mediante procesos en los que primen la igualdad, el mérito y la capacidad. Pues bien, ¿Acaso esas bolsas por las que hemos entrado la mayoría de los temporales no se ajustan a los tres preceptos mencionados? Deslegitiman sin razón nuestra justa pretensión de ser fijos. El temporal típico de la administración pasa por un proceso selectivo por el cual se entra en una lista. Pueden pasar dos cosas: o que tenga la suerte de que el segundo contrato sea de interinidad o que encadene una serie infernal de contratos temporales en los que no tenga derecho ni a vacaciones porque la mayoría de esos contratos sean para cubrir a los fijos en las suyas. En ambos casos, el trabajador temporal ha demostrado a la administración pública su "mérito y capacidad" ¿Alguien en su sano juicio contrataría más de dos veces a alguien o le daría una interinidad si no se hubiera mostrado capaz y trabajador?
Antiguamente, la gente entraba con contratos temporales y finalmente consolidaba el puesto dentro de la administración. Era lógico. Cierto es que eso daba lugar a enchufismo, pero en prevención de ese mal menor, se generó uno que es un mal mucho peor: el de la generalización de la precariedad dentro del propio estado. Por no hablar de la externalización de los servicios, donde la administración permite que se cobren peores sueldos por un mismo trabajo y con condiciones laborales todavía más precarias.
Esto es fruto a una de las viejas ideas del neoliberalismo infame de la escuela de Chicago y demás, los cuales querían un estado débil y barato (todo lo quieren barato). Este concepto del estado fue aplicado con esfuerzo, denuedo y manipulación de la opinión pública tanto por los gobiernos socialistas como por populares. Así estamos hoy.
Aviso de navegantes: nos dicen que los trabajadores españoles tenemos que competir con los chinos y éstos trabajan de lunes a domingo, de doce a dieciocho horas diarias, por menos de cien euros mensuales. ¿De verdad queréis competir por algo así? Si no es así, todos debemos luchar porque, para empezar, sea el propio estado el que genere un empleo digno. Para ello, deben erradicarse el contrato temporal y la subcontratación. El Estado es la empresa española que más recurre al trabajo temporal. No deberíamos permitírselo, por el bien de todos.
Y mientras, en connivencia de los sindicatos... Dentro de todas las administraciones estatales...Miles de trabajadores temporales y cientos de subcontratas. No lo publicará ningún periódico mañana, pues interesa más la disputa sobre el problema etarra que mantienen gobierno y oposición. Sin embargo, sobre el excesivo uso del trabajador temporal mal pagado dentro de la administración pública... De eso, no dirán nada, siendo un grave problema que afecta a cientos de miles de individuos. Tal gravedad no entra en la agenda política de ninguno de los dos grandes partidos.
Con su beneplácito, tanto representantes sindicales como gerencias procuran que todo siga igual. Se escudan en las malas leyes del funcionariado para decirnos a los temporales del estado que es injusta nuestra pretensión de un contrato que se perpetúe en el tiempo de forma indefinida. Según la ley principal del funcionariado, los que quieran ser trabajadores fijos del estado deben entrar mediante procesos en los que primen la igualdad, el mérito y la capacidad. Pues bien, ¿Acaso esas bolsas por las que hemos entrado la mayoría de los temporales no se ajustan a los tres preceptos mencionados? Deslegitiman sin razón nuestra justa pretensión de ser fijos. El temporal típico de la administración pasa por un proceso selectivo por el cual se entra en una lista. Pueden pasar dos cosas: o que tenga la suerte de que el segundo contrato sea de interinidad o que encadene una serie infernal de contratos temporales en los que no tenga derecho ni a vacaciones porque la mayoría de esos contratos sean para cubrir a los fijos en las suyas. En ambos casos, el trabajador temporal ha demostrado a la administración pública su "mérito y capacidad" ¿Alguien en su sano juicio contrataría más de dos veces a alguien o le daría una interinidad si no se hubiera mostrado capaz y trabajador?
Antiguamente, la gente entraba con contratos temporales y finalmente consolidaba el puesto dentro de la administración. Era lógico. Cierto es que eso daba lugar a enchufismo, pero en prevención de ese mal menor, se generó uno que es un mal mucho peor: el de la generalización de la precariedad dentro del propio estado. Por no hablar de la externalización de los servicios, donde la administración permite que se cobren peores sueldos por un mismo trabajo y con condiciones laborales todavía más precarias.
Esto es fruto a una de las viejas ideas del neoliberalismo infame de la escuela de Chicago y demás, los cuales querían un estado débil y barato (todo lo quieren barato). Este concepto del estado fue aplicado con esfuerzo, denuedo y manipulación de la opinión pública tanto por los gobiernos socialistas como por populares. Así estamos hoy.
Aviso de navegantes: nos dicen que los trabajadores españoles tenemos que competir con los chinos y éstos trabajan de lunes a domingo, de doce a dieciocho horas diarias, por menos de cien euros mensuales. ¿De verdad queréis competir por algo así? Si no es así, todos debemos luchar porque, para empezar, sea el propio estado el que genere un empleo digno. Para ello, deben erradicarse el contrato temporal y la subcontratación. El Estado es la empresa española que más recurre al trabajo temporal. No deberíamos permitírselo, por el bien de todos.
martes, junio 05, 2007
A ETA le cuesta mucho el perderse en la noche de los tiempos. Hablando en plata: que se vayan a su casa de una puñetera vez y dejar de recordarnos que existe una cosa llamada nacionalismo que fue la causa fundamental de que el siglo XX fuera el peor de todos los siglos que la humanidad ha vivido.
Todo empezó en el XIX, en Europa, cuando una docena de iluminados de varios países distintos empezaron a decir "qué buena gastronomía hay en mi patria y qué bonitos son los colores de mi bandera" Ya he dicho en alguna ocasión que a los humanos lo estúpido y lo inútil nos mola un montón y la gastronomía es una estupidez y las banderas todavía más. Pues bien: gracias a la gastronomía y las banderas hemos estado dándonos en Europa hasta en el cielo de la boca. Este virus de la estulticia se extendió con rapidez y llegó a una pequeña región del norte de España, donde un fulano joven con una mala mili realizada en otra región de la península ibérica pensó que no se comía mejor en ningún sitio más que en su aldea; para que veamos la importancia de tener un buen rancho en los cuarteles. Ahora sólo le faltaba una bandera que identificara su región.
"¡Oh, vaya, si mi región no tiene bandera! No importa, cogemos la inglesa, la cambiamos los colores y ¡Et voilá! Ya tenemos la bandera de la patria vasca". "Pero no hay nación que no tenga su propio idioma" "No importa. Cogemos las palabrejas que quedan de un idioma que hablaban los aborígenes de aquí, cogemos a unos buenos filólogos que se inventen lo que falte y ya está: toda una lengua vascuence creada de la nada". Igualico que Tolkien. Plas, plas. Gritos, barullo y vítores. Un nuevo ombligo reluciente para mostrar al mundo ¿Alguien quiere más KoKotxas?
"Pero hay un problema. Que los seres inferiores que viven justo al lado de nosotros ( e incluso entre nosotros) no se creen demasiado este fraude de la patria, la raza y la madre que lo parió". "Nos importa un comino. Es nuestro negocio, de lo que vivimos. Corre a los seminarios, manipula a unos cuantos adolescentes de ésos que tienen la cabeza llena de idealismo, y con unos pocos petardos ya verás como estos maketos acaban por creerse lo de la patria vasca y la madre que nos parió"
Total, que esos jóvenes idealistas empezaron a matar a gente durante el franquismo, que era el otro veneno ideológico que por aquí corría de anillo en anillo. Pero de repente... el anciano dictador murió en la cama.
"hostia, y ¿ahora qué hacemos?"
-"Pues yo estoy por terminar la carrera que empecé y ganarme la vida dignamente"
-"Pues yo no sé hacer otra cosa más que matar y matar ¿Con qué me voy a ganar la vida ahora? Paso de barrer o de poner ladrillos. Prefiero seguir matando".
Hasta hoy. Lo bueno de ser terrorista es que tienes contrato fijo y la vida más o menos resuelta por la secta, perdón, por la organización ¡Que se jodan los seres inferiores!
"¡Uffff, qué susto! Por un momento pensé que la tregua iba a ser definitiva. No me veo poniendo ladrillos".
Todo empezó en el XIX, en Europa, cuando una docena de iluminados de varios países distintos empezaron a decir "qué buena gastronomía hay en mi patria y qué bonitos son los colores de mi bandera" Ya he dicho en alguna ocasión que a los humanos lo estúpido y lo inútil nos mola un montón y la gastronomía es una estupidez y las banderas todavía más. Pues bien: gracias a la gastronomía y las banderas hemos estado dándonos en Europa hasta en el cielo de la boca. Este virus de la estulticia se extendió con rapidez y llegó a una pequeña región del norte de España, donde un fulano joven con una mala mili realizada en otra región de la península ibérica pensó que no se comía mejor en ningún sitio más que en su aldea; para que veamos la importancia de tener un buen rancho en los cuarteles. Ahora sólo le faltaba una bandera que identificara su región.
"¡Oh, vaya, si mi región no tiene bandera! No importa, cogemos la inglesa, la cambiamos los colores y ¡Et voilá! Ya tenemos la bandera de la patria vasca". "Pero no hay nación que no tenga su propio idioma" "No importa. Cogemos las palabrejas que quedan de un idioma que hablaban los aborígenes de aquí, cogemos a unos buenos filólogos que se inventen lo que falte y ya está: toda una lengua vascuence creada de la nada". Igualico que Tolkien. Plas, plas. Gritos, barullo y vítores. Un nuevo ombligo reluciente para mostrar al mundo ¿Alguien quiere más KoKotxas?
"Pero hay un problema. Que los seres inferiores que viven justo al lado de nosotros ( e incluso entre nosotros) no se creen demasiado este fraude de la patria, la raza y la madre que lo parió". "Nos importa un comino. Es nuestro negocio, de lo que vivimos. Corre a los seminarios, manipula a unos cuantos adolescentes de ésos que tienen la cabeza llena de idealismo, y con unos pocos petardos ya verás como estos maketos acaban por creerse lo de la patria vasca y la madre que nos parió"
Total, que esos jóvenes idealistas empezaron a matar a gente durante el franquismo, que era el otro veneno ideológico que por aquí corría de anillo en anillo. Pero de repente... el anciano dictador murió en la cama.
"hostia, y ¿ahora qué hacemos?"
-"Pues yo estoy por terminar la carrera que empecé y ganarme la vida dignamente"
-"Pues yo no sé hacer otra cosa más que matar y matar ¿Con qué me voy a ganar la vida ahora? Paso de barrer o de poner ladrillos. Prefiero seguir matando".
Hasta hoy. Lo bueno de ser terrorista es que tienes contrato fijo y la vida más o menos resuelta por la secta, perdón, por la organización ¡Que se jodan los seres inferiores!
"¡Uffff, qué susto! Por un momento pensé que la tregua iba a ser definitiva. No me veo poniendo ladrillos".
Etiquetas:
los ladrillos y las pistolas
lunes, junio 04, 2007

No sé si en vuestras casas tuvisteis una. Yo sí: tuve una lámpara cromada de globos blancos. Para mí uno de los diseños de más éxito en los setenta. Se pueden ver en las películas de aquella época (era tan usual como la botella de J& B que siempre salía en las películas de "si lo justifica el guión tendré que desnudarme") y actualmente en las residencias de verano de algunas familias, las que tuvieron el dinero o la valentía suficiente para construirse una. Sí; en aquella época hubo quien de entre las clases medias-bajas que pudo permitirse este tipo de casas. Hoy en día, tal privilegio queda reservado para las élites. Para todos los demás, un lujo impensable, inclusive con MasterCard.
Pero hubo un tiempo que cuando sustituía el sillón, la nevera, el mueble-licorera o la lámpara que nos ocupa, en vez de mandarlo a la basura, lo mandaban a la segunda residencia. De ahí los mitos de las neveras preobsolescencia planificada que duran cuarenta años o de los sillones de escai que con el calor entran en celo y se vuelven pegajosos. También estaban las lámparas como la mía, globosas, en clara metáfora de los globos que se pillaban los tardojipis españoles, que como el romanticismo, entraron tarde en España.
Pero volvamos al tema que nos ocupa: las lámparas. Sus brazos eran cromados y los globos eran de cristal lacado en blanco. Tenían como requisito imprescindible que al menos uno de ellos no funcionara. Se podía mandar arreglar a la tienda o a un amigo especialmente mañoso, que te la devolvía con todos los globos dando luz, pero por esas oscuridades que a una familia media se le presentan en la vida, inmediatamente dejaba de funcionar otro. Por eso o porque esas lámpara estaban preparadas para darnos una lección de vida, la siguiente: ésta se compone de múltiples esferas: la social, la laboral, la de la salud, la económica, la familiar, la amorosa... todas están unidas al núcleo central que somos nosotros mediante brazos cromados y no todas funcionan bien a la vez. Cuando estás bien de parné te pasa algo con la familia; cuando en el trabajo todo va viento en popa, te deja tu novio o novia, cuando estás podrido de dinero tienes cálculos en el riñón. Vamos, que siempre hay un globo que está fundido. O dos. Si son todos, estás perdido.
En nuestra vida, todos buscamos la luz. A nadie le gusta estar entre tinieblas. Por eso los que tenían lámparas de globos se esforzaban en que todos ellos lucieran, pero eso era prácticamente imposible. Al menos uno tenía que dejar de funcionar. La vida es así, no la he inventado yo, nos cantaría una lámpara en caso de que pudiera.
¿Dónde habrá ido a parar mi lámpara? Nosotros no teníamos un almacén de obsolescencia, o sea, una residencia de verano donde ponerla. Con esa lámpara se ha perdido parte de mi vida ¿Dónde estará?¿Acaso subida al carro de Manolo Escobar?
También desaparecieron de las ciudades las farolas de grandes globos blancos que tanto molestaban a los aficionados a la astronomía. Decían que al irradiar luz por todos los lados, esas farolas impedían ver bien las estrellas. Qué oxímoron: luces que impiden ver (Ya es la última vez que empleo la palabra oxímoron, os lo prometo).
En fin. La moraleja de esta historia es que si tenéis un globo fundido procurad arreglarlo, pero no os preocupéis si a la vez se funde otro. Si sois mañosos, siempre podréis arreglarlo vosotros y si no, siempre tendréis a un familiar o a un amigo que se preste a ayudaros a reparar ese globo roto.
Y a veces os ayudará diciéndoos que lo único que tenéis que hacer es cambiar de bombilla. Que luzcáis mucho.
domingo, junio 03, 2007
Hace tiempo que no me pasaba por el sitio éste. Joder, cuánta mierda izquierdosa. Sí, el mundo va de culo. Para los débiles. Para mí no. Me ha ido muy bien. De puta madre. Teníais que ver el coche que tengo: un Mercedes 63 AMG. Descapotable. Si os lo queréis comprar tenéis que desembolsar 103.000 euros. A mí me lo ha conseguido un colega por bastante menos. En esta vida todo es tener contactos y enchufes y no ser un pringao.
Menudo carrazo. Bisbal tiene uno igual. 418 cv. Lo fundo en la autopista. Por supuesto, me he comprado de esos navegadores que te incluyen los puntos donde la DGT tiene los radares. Cómo estoy flipando con el puto coche. Y más que voy a flipar cuando me quiten en el taller el limitador de velocidad que llevan todos los Mercedes.
Yo quería un coche señor, y lo que siempre tuve claro es que quería un Mercedes. Lo que ya no tenía tan claro es que me lo tuneara Brabus o AMG, que son las principales casas que preparan los Mercedes. Con ellos tienes algo más que un Mercedes. Son una forma de distinción más. Te hacen el carro más exclusivo en el mundo.
Entrar en mi Mercedes es otra historia. Es como entrar en un avión, como dice mi madre. Pero a veces te llevas disgustos. El otro día, unos fulanos que iban en un Ford mierda se saltaron un ceda y me dí con ellos. Mi coche, intacto, con unas pocas rozaduras. Al de ellos se les rompió un intermitente y parte del parachoques. Pero del cabreo que me pillé les dejé además la puerta destrozada con mis botas de punta de acero. Ni se atrevieron a bajar. Hijo de putas, ni os atrevisteis a salir. Les hubiera arrancado la cabeza. Les dejé el coche fino.
En fin, que las cosas me van de puta madre. Estoy mirando casa y no sé en qué zona comprármela. He visto un piso muy señor en el Paseo de la Habana, pero por el mismo precio te compras una casa en la Moraleja. No sé que hacer. Mi madre me insiste mucho en que tenga una casa, que así por lo menos tengo algo en donde meter el dinero que gano.
Lo malo es que con el tren de vida que llevo estoy levantando muchas sospechas. Yo, en teoría, no tengo ingresos y comprarme un chalé en la Moraleja...como que mosquea. En mi familia nunca hemos andado mal de pasta pero tampoco hemos sido ricos. Trabajando para el Estado no te haces rico, y eso que mi viejo hacía trapis. Soy consciente de que el buga abre muchos interrogantes, me consta que mucha gente se pregunta de dónde he sacado la pasta para pagarlo. A ellos se lo voy a decir. No te jode.
En fin tíos, que todavía hay clases. Que no es lo mismo ir a 250 en un buga de diecisiete millones que en un Toledo, que era con coche que tenía antes. Ni mucho menos. Antes era un puto macarra sin un duro. Ahora soy un señor que se para en semáforo de la Castellana y que nota la cara de envidia de los demás conductores. Por mi coche y por mi rusa. Joder, qué buena que está. Viva la madre Rusia.
Copón, si en el fondo sigo siendo un macarra. Y como me gusta.
Por cierto, desgraciado ¿Tú crees que hay alguien que te lea aparte de mí?
Menudo carrazo. Bisbal tiene uno igual. 418 cv. Lo fundo en la autopista. Por supuesto, me he comprado de esos navegadores que te incluyen los puntos donde la DGT tiene los radares. Cómo estoy flipando con el puto coche. Y más que voy a flipar cuando me quiten en el taller el limitador de velocidad que llevan todos los Mercedes.
Yo quería un coche señor, y lo que siempre tuve claro es que quería un Mercedes. Lo que ya no tenía tan claro es que me lo tuneara Brabus o AMG, que son las principales casas que preparan los Mercedes. Con ellos tienes algo más que un Mercedes. Son una forma de distinción más. Te hacen el carro más exclusivo en el mundo.
Entrar en mi Mercedes es otra historia. Es como entrar en un avión, como dice mi madre. Pero a veces te llevas disgustos. El otro día, unos fulanos que iban en un Ford mierda se saltaron un ceda y me dí con ellos. Mi coche, intacto, con unas pocas rozaduras. Al de ellos se les rompió un intermitente y parte del parachoques. Pero del cabreo que me pillé les dejé además la puerta destrozada con mis botas de punta de acero. Ni se atrevieron a bajar. Hijo de putas, ni os atrevisteis a salir. Les hubiera arrancado la cabeza. Les dejé el coche fino.
En fin, que las cosas me van de puta madre. Estoy mirando casa y no sé en qué zona comprármela. He visto un piso muy señor en el Paseo de la Habana, pero por el mismo precio te compras una casa en la Moraleja. No sé que hacer. Mi madre me insiste mucho en que tenga una casa, que así por lo menos tengo algo en donde meter el dinero que gano.
Lo malo es que con el tren de vida que llevo estoy levantando muchas sospechas. Yo, en teoría, no tengo ingresos y comprarme un chalé en la Moraleja...como que mosquea. En mi familia nunca hemos andado mal de pasta pero tampoco hemos sido ricos. Trabajando para el Estado no te haces rico, y eso que mi viejo hacía trapis. Soy consciente de que el buga abre muchos interrogantes, me consta que mucha gente se pregunta de dónde he sacado la pasta para pagarlo. A ellos se lo voy a decir. No te jode.
En fin tíos, que todavía hay clases. Que no es lo mismo ir a 250 en un buga de diecisiete millones que en un Toledo, que era con coche que tenía antes. Ni mucho menos. Antes era un puto macarra sin un duro. Ahora soy un señor que se para en semáforo de la Castellana y que nota la cara de envidia de los demás conductores. Por mi coche y por mi rusa. Joder, qué buena que está. Viva la madre Rusia.
Copón, si en el fondo sigo siendo un macarra. Y como me gusta.
Por cierto, desgraciado ¿Tú crees que hay alguien que te lea aparte de mí?
Etiquetas:
El que es un pringao es un pringao
sábado, junio 02, 2007
Ahora está celebrándose el II festival erótico de Madrid llamado Exposex 07. Más que erótico, porno. Salen hombres y mujeres recauchutados, mineralizados y tuneados con cuero. Las pocas ropas que visten son o de rojo pasión o del negro de la noche. Os preguntaréis si he estado. No. Puedo causar un conflicto en mi hogar. Los telediarios lo han publicitado muy bien, que siempre es más agradable ver a festivos mozos que guerras cruentas en el corazón de África. Por eso me he enterado. El porno distrae al personal y le disuade de pensar tontadas como la globalización, el calentamiento global o estadísticas que revelaran el excesivo enriquecimiento de las élites a costa de la miseria de las clases bajas, que es de lo que deberían hablar los telediarios. Son temas manidos. Prefieren hablar del porno, que es alegría y fiesta. Da igual que esas mozas recauchutadas y esos macizorros de cuerpos esculpidos sean inalcanzables. La fiesta debe seguir y así se lo hemos contado. Viva la mentira y esa rubia de tetas siliconadas te está esperando en el paraíso previo pago de veinte euros la entrada. Tú vas a ser el elegido. Aceptamos tarjeta.
Aguafiestas, me pueden decir muchos. Torquemada del placer me dirán otros. Bueno, yo no digo que no vayáis, total, debe estar entretenido. Pero que sepáis que luego os vais a sentir frustrados, porque ninguna de las bellezones que vais a ver va a ser para vosotros. Exposex es como el escaparate de una pastelería de posguerra: muchos se pararán a ver las delicias, pero casi nadie podrá tenerlas para sí.
Ahora mismo estoy trabajando con una compañera que además de ser muy buena gente tiene medidas de actriz porno. No exagero. Muchos de los que trabajan allí vienen a pelar la hebra con ella y se hinchan como pavos reales ante su presencia. Desde que llevo trabajando en el hospital jamás he visto un desfile así en mi puesto de trabajo. Ella está parapetada detrás de un cristal. A veces pienso si estaré trabajando en una pastelería.
Aguafiestas, me pueden decir muchos. Torquemada del placer me dirán otros. Bueno, yo no digo que no vayáis, total, debe estar entretenido. Pero que sepáis que luego os vais a sentir frustrados, porque ninguna de las bellezones que vais a ver va a ser para vosotros. Exposex es como el escaparate de una pastelería de posguerra: muchos se pararán a ver las delicias, pero casi nadie podrá tenerlas para sí.
Ahora mismo estoy trabajando con una compañera que además de ser muy buena gente tiene medidas de actriz porno. No exagero. Muchos de los que trabajan allí vienen a pelar la hebra con ella y se hinchan como pavos reales ante su presencia. Desde que llevo trabajando en el hospital jamás he visto un desfile así en mi puesto de trabajo. Ella está parapetada detrás de un cristal. A veces pienso si estaré trabajando en una pastelería.
viernes, junio 01, 2007
"Basta ya de pasar por este mundo tan solo mirando, tan solo aceptando lo que se ve, basta ya de ser mero público."
Así empieza la última entrada del blog de Amalur (http://manu-bioblog.blogspot.com/) Un chico joven, estudiante. Demasiado ocupado para poner sobre reflexiones sobre blanco. Demasiado abstraído, tal vez, en la búsqueda de la utopía que otros con veinte años, ni siquiera comenzamos. Amalur sólo ha escrito siete entradas, pero todas ellas están rebosantes de ímpetu, inteligencia y sensibilidad. Todas ellas rezuman amor por la vida y la solidaridad, que es el amor al desconocido.
Su mensaje es viejo, porque es el grito que toda juventud debe hacer en un momento dado. Los jóvenes del 68 lo hicieron, como tantos otros en el pasado. Las revoluciones las empuja el corazón de los que están pidiendo paso, de los que gritan: "Bueno, ya está bien, parad de una vez, no os tomáis el pelo, pero qué os creéis" Revoluciones ha habido muchas y todas han sido necesarias. Cuando se han parado con barbarie, en esos lugares ha después reinado la ruina, la miseria o la pobreza para la inmensa mayoría (aunque nos diga que la cosa está bien por las poquísimas mansiones que hay unos kilómetros más allá de las grandes extensiones de miseria chabolista que dejaron las contrarrevoluciones).
Aunque su mensaje se haya sacado de un viejo escritorio escondido y olvidado en el desván de un viejo idealista, su mensaje trae nuevas noticias. Noticias de que necesitamos el cambio, de que ya está bien de la dictadura del conservadurismo, que por cierto con tanto entusiasmo practican también los gobiernos que se dicen de izquierda. Cuando quieren que nos olvidemos de lo necesario, enterrándonos en una ciénaga entre tinieblas, es cuando necesitamos que los jóvenes se abran (nos abran) camino hacia la luz. Ayudémosles.
Amalur, tu batalla (mi batalla) no es fácil. Europa está cada vez más vieja, caduca y miedosa. Sobre todo tiene miedo a los que no tienen miedo, a los jóvenes como tú. Averigua si esos enemigos que tenemos que son tan grandes son, en realidad, esos tigres de papel que tú y yo sospechamos. Ganémosles, pues no nos queda otra.
Así empieza la última entrada del blog de Amalur (http://manu-bioblog.blogspot.com/) Un chico joven, estudiante. Demasiado ocupado para poner sobre reflexiones sobre blanco. Demasiado abstraído, tal vez, en la búsqueda de la utopía que otros con veinte años, ni siquiera comenzamos. Amalur sólo ha escrito siete entradas, pero todas ellas están rebosantes de ímpetu, inteligencia y sensibilidad. Todas ellas rezuman amor por la vida y la solidaridad, que es el amor al desconocido.
Su mensaje es viejo, porque es el grito que toda juventud debe hacer en un momento dado. Los jóvenes del 68 lo hicieron, como tantos otros en el pasado. Las revoluciones las empuja el corazón de los que están pidiendo paso, de los que gritan: "Bueno, ya está bien, parad de una vez, no os tomáis el pelo, pero qué os creéis" Revoluciones ha habido muchas y todas han sido necesarias. Cuando se han parado con barbarie, en esos lugares ha después reinado la ruina, la miseria o la pobreza para la inmensa mayoría (aunque nos diga que la cosa está bien por las poquísimas mansiones que hay unos kilómetros más allá de las grandes extensiones de miseria chabolista que dejaron las contrarrevoluciones).
Aunque su mensaje se haya sacado de un viejo escritorio escondido y olvidado en el desván de un viejo idealista, su mensaje trae nuevas noticias. Noticias de que necesitamos el cambio, de que ya está bien de la dictadura del conservadurismo, que por cierto con tanto entusiasmo practican también los gobiernos que se dicen de izquierda. Cuando quieren que nos olvidemos de lo necesario, enterrándonos en una ciénaga entre tinieblas, es cuando necesitamos que los jóvenes se abran (nos abran) camino hacia la luz. Ayudémosles.
Amalur, tu batalla (mi batalla) no es fácil. Europa está cada vez más vieja, caduca y miedosa. Sobre todo tiene miedo a los que no tienen miedo, a los jóvenes como tú. Averigua si esos enemigos que tenemos que son tan grandes son, en realidad, esos tigres de papel que tú y yo sospechamos. Ganémosles, pues no nos queda otra.
jueves, mayo 31, 2007
Cuando hay un partido de fútbol, en la calle parece que ha habido un Apocalipsis silencioso que se ha llevado a la humanidad entera, dejando a las construcciones intactas. Todo tiene una calma extraña, que al que la contempla le produce un pavoroso ruido en el cerebro: "demonios, la soledad era ésto." Pero no. De repente, un coro venido de mil sitios diferentes en dolby sorround canta goooooooooool. La culpa de toda esa calma la tienen veintidós chavales en calzoncillos, más otros tres hombres de mirada severa, cuyo único objetivo es que la masa silenciosa no se acuerde de ellos tras acabar el partido.
El hombre masa bebiendo cerveza y comiendo panchitos, para ser más masa todavía. A todos los que vemos deporte nos cansa competir. Reconforta ver que son otros los que lo hacen. Competir cansa, pero ver competir descansa. Una tarde de competición ajena, qué descanso para el espíritu.
Los veintidós que compiten son seres afortunados. Han tenido que pasar por muchas selecciones desde que eran niños hasta llegar allí. También es cierto que han tenido gente que les ha ayudado en esa selección. Muchos que eran igual de buenos que ellos se han quedado por el camino, por no tener padrinos, por un pequeño infortunio que ha cambiado para siempre su destino. La fortuna es la combinación de suerte y de talento, y a veces, ni siquiera hace falta tener este último para poder triunfar.
La gente gusta ver la competición pese a que nos pasamos la vida en crueles procesos de selección, grandes y pequeños. Por eso relaja ver a otros competir, como relaja a los albañiles jubilados ver a otros más jóvenes doblar el lomo.
Un acontecimiento deportivo dado por televisión no es el triunfo de la competición, es el triunfo de la masa que ha dejado de competir entre sí. Ojalá que en este mundo sólo compitieran 22 y los demás estuviéramos viviendo en perfecta armonía para siempre.
El hombre masa bebiendo cerveza y comiendo panchitos, para ser más masa todavía. A todos los que vemos deporte nos cansa competir. Reconforta ver que son otros los que lo hacen. Competir cansa, pero ver competir descansa. Una tarde de competición ajena, qué descanso para el espíritu.
Los veintidós que compiten son seres afortunados. Han tenido que pasar por muchas selecciones desde que eran niños hasta llegar allí. También es cierto que han tenido gente que les ha ayudado en esa selección. Muchos que eran igual de buenos que ellos se han quedado por el camino, por no tener padrinos, por un pequeño infortunio que ha cambiado para siempre su destino. La fortuna es la combinación de suerte y de talento, y a veces, ni siquiera hace falta tener este último para poder triunfar.
La gente gusta ver la competición pese a que nos pasamos la vida en crueles procesos de selección, grandes y pequeños. Por eso relaja ver a otros competir, como relaja a los albañiles jubilados ver a otros más jóvenes doblar el lomo.
Un acontecimiento deportivo dado por televisión no es el triunfo de la competición, es el triunfo de la masa que ha dejado de competir entre sí. Ojalá que en este mundo sólo compitieran 22 y los demás estuviéramos viviendo en perfecta armonía para siempre.
miércoles, mayo 30, 2007
Adiós, madre coraje. Allá se va otro Quijote apaleado. Otro ser humano luchador contra los males de este mundo. Su causa era buena; había que parar una guerra. No obstante, sus gigantes eran verdaderos y no molinos. Se va siendo traicionada e insultada; nadie dijo que los buenos se libren de los insultos y de los palos, o si no que se lo pregunten al jipi carismático que paseó sus harapos hace dos mil años. Los muy buenos y los muy malos tienen algo en común: son, entre los hombres, los que más escupitajos reciben.
No lo olvidemos: luchaba contra una guerra que lleva cientos de miles de muertos y que la arrebató un hijo. Su causa era noble y tal vez por las blancuras de sus actos la llaman radical.
No hay nada más radical para los hombres grises que el color blanco. Ni siquiera el rojo. El blanco deslumbra, repele, ahuyenta a los que se mueven mejor entre las tinieblas y la negrura. Responden escupiendo bilis.
La bondad es muy poderosa, pero también son poderosos sus enemigos. Madre coraje, te retiras cansada, pues has batallado mucho. ¿Ha perdido tu batalla? Mientras, tu gran enemigo, el presidente de tu propio país, llama a los soldados muertos de la guerra de Irak "nueva generación de héroes" Nunca se vio a un verdugo homenajear a sus víctimas. ¿Nos alegramos, Cindy? El verdugo idiota de tu hijo habla muy bien de él.
Luchaste por esa niña que ahora está muriendo junto a manos de un soldado de la misma edad de tu hijo. Luchaste porque ese soldado no tuviera que cometer ese crimen.
Tú eres mujer pero tus enemigos no son hombres: son bestias, los más primitivos entre los monos. Tú eres lo más avanzado de esta civilización, formas parte de lo que puede que nos salve.
Hubo un caballero que murió en la cama. Por favor, evita ese destino, tú que eres ahora mismo de entre los hombres, la que más te pareces a él. Aún te quedan dos salidas por hacer y por nuestro bien, más te vale cambiar las últimas páginas del libro que una vez escribiera un manco.
No lo olvidemos: luchaba contra una guerra que lleva cientos de miles de muertos y que la arrebató un hijo. Su causa era noble y tal vez por las blancuras de sus actos la llaman radical.
No hay nada más radical para los hombres grises que el color blanco. Ni siquiera el rojo. El blanco deslumbra, repele, ahuyenta a los que se mueven mejor entre las tinieblas y la negrura. Responden escupiendo bilis.
La bondad es muy poderosa, pero también son poderosos sus enemigos. Madre coraje, te retiras cansada, pues has batallado mucho. ¿Ha perdido tu batalla? Mientras, tu gran enemigo, el presidente de tu propio país, llama a los soldados muertos de la guerra de Irak "nueva generación de héroes" Nunca se vio a un verdugo homenajear a sus víctimas. ¿Nos alegramos, Cindy? El verdugo idiota de tu hijo habla muy bien de él.
Luchaste por esa niña que ahora está muriendo junto a manos de un soldado de la misma edad de tu hijo. Luchaste porque ese soldado no tuviera que cometer ese crimen.
Tú eres mujer pero tus enemigos no son hombres: son bestias, los más primitivos entre los monos. Tú eres lo más avanzado de esta civilización, formas parte de lo que puede que nos salve.
Hubo un caballero que murió en la cama. Por favor, evita ese destino, tú que eres ahora mismo de entre los hombres, la que más te pareces a él. Aún te quedan dos salidas por hacer y por nuestro bien, más te vale cambiar las últimas páginas del libro que una vez escribiera un manco.
martes, mayo 29, 2007
Este fin de semana ha habido elecciones en España. Se trataba de elegir a los alcaldes y presidentes de diversas comunidades españolas. Concretamente, en Madrid, se disputaban la presidencia de la Comunidad de Madrid y todos los Ayuntamientos que la componen. Ganó el partido conservador. Por goleada. Sus máximos representantes, Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón serán los que nos gobiernen cuatro años más, la una como presidenta de la Comunidad de Madrid y el otro como el alcalde de la ciudad de mayor número de habitantes de toda España. Entre los dos y sus respectivos equipos de gobierno gestionarán la vida de 6008000 habitantes, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).
Se ha producido la gran fiesta de la democracia. En Madrid son más las personas que votan a los conservadores que los que votan a los progresistas. Será porque Madrid está envejeciendo y ya se sabe lo que dice el cconocido aforismo: "quien no es de izquierdas cuando es joven no tiene corazón; quien no es de derechas cuando es viejo no tiene cabeza" Los madrileños, que cada vez somos más viejos, votan con la cabeza a la derecha, ¿Pero qué haremos cuando seamos todavía más viejos y nos deje de funcionar la cabeza, el corazón y todo lo demás?
Me explico: como sabéis, yo trabajo en sanidad, y nuestra triunfante presidenta conservadora, Esperanza Aguirre, está haciendo movimientos en favor de que la sanidad que ahora es pública se convierta en Sanidad privada: de hecho, los nuevos hospitales ya funcionan mediante gestión privada. Las grandes empresas a las que ha concedido la gestión ya son responsables de la contratación del personal no sanitario: Auxiliares administrativos, mozos de logística ¡Hasta auxiliares de enfermería y celadores ¿Pero bueno, acaso estos últimos no se pasan la vida entre enfermos?
El plan es rectilíneo y bien trazado: seguirán después con técnicos de laboratorio, de rayos, para terminar con médicos y enfermeras. Después, empezarán a cobrar por ciertos servicios y antes de darnos cuenta, uno de nuestros mejores activos como ciudadanos, la sanidad pública, pasará a ser privada. Dejaremos de ser pacientes para convertirnos en clientes. Para entonces, estaremos lamentándonos de no tener un buen seguro médico.
Con el tiempo, mucha de la gente que votó por Esperanza Aguirre, thatcheriana confesa y máxima adalid de la sanidad privada, empezarán a tener los achaques propios de la edad y comprobarán con horror que no pueden pagarse las medicinas ni los servicios que antes tuvieron gratis.
Espero que entonces se acuerden de cuando votaron con la cabeza, si es que no la perdieron por culpa de no poder costearse un buen neurólogo.
Se ha producido la gran fiesta de la democracia. En Madrid son más las personas que votan a los conservadores que los que votan a los progresistas. Será porque Madrid está envejeciendo y ya se sabe lo que dice el cconocido aforismo: "quien no es de izquierdas cuando es joven no tiene corazón; quien no es de derechas cuando es viejo no tiene cabeza" Los madrileños, que cada vez somos más viejos, votan con la cabeza a la derecha, ¿Pero qué haremos cuando seamos todavía más viejos y nos deje de funcionar la cabeza, el corazón y todo lo demás?
Me explico: como sabéis, yo trabajo en sanidad, y nuestra triunfante presidenta conservadora, Esperanza Aguirre, está haciendo movimientos en favor de que la sanidad que ahora es pública se convierta en Sanidad privada: de hecho, los nuevos hospitales ya funcionan mediante gestión privada. Las grandes empresas a las que ha concedido la gestión ya son responsables de la contratación del personal no sanitario: Auxiliares administrativos, mozos de logística ¡Hasta auxiliares de enfermería y celadores ¿Pero bueno, acaso estos últimos no se pasan la vida entre enfermos?
El plan es rectilíneo y bien trazado: seguirán después con técnicos de laboratorio, de rayos, para terminar con médicos y enfermeras. Después, empezarán a cobrar por ciertos servicios y antes de darnos cuenta, uno de nuestros mejores activos como ciudadanos, la sanidad pública, pasará a ser privada. Dejaremos de ser pacientes para convertirnos en clientes. Para entonces, estaremos lamentándonos de no tener un buen seguro médico.
Con el tiempo, mucha de la gente que votó por Esperanza Aguirre, thatcheriana confesa y máxima adalid de la sanidad privada, empezarán a tener los achaques propios de la edad y comprobarán con horror que no pueden pagarse las medicinas ni los servicios que antes tuvieron gratis.
Espero que entonces se acuerden de cuando votaron con la cabeza, si es que no la perdieron por culpa de no poder costearse un buen neurólogo.
lunes, mayo 28, 2007
Llega el verano, y si nada lo remedia me lo voy a pasar enterito trabajando en el Hospital, y es algo que me desagrada y mucho, porque el hecho de no poder escaparme siquiera unos días a la playa me deprime un poquito. Sólo tengo una oportunidad: que ese colegio privado con el que he entablado conversaciones me llame para trabajar de profesor y entonces tendré agosto para disfrutar de días de asueto y esparcimiento. Además, así podré dejar atrás la temporalidad que me ofrece el hospital y del hecho de tener que estar siempre a la disposición de ellos, por culpa de esta pésima contratación que hay hoy en día en España.
No me quiero hacer ilusiones, porque cuando uno se las hace se pega unos batacazos tremendos, como cuando te llevas el primer desengaño amoroso. Al fin de al cabo, en la vida hay que mantener a raya la ilusión, que la muy puñetera viene en forma de alas de cera y no estamos para hacer el Ícaro.
LLega el buen tiempo, y parece que el alma se despierta. No pido tanto, acaso unos pocos días para escaparme con mi mujer y poderme bañar en la playa y dar paseos a la caída de la tarde. Me creo hombre de gustos sencillos y no pido tanto.
Qué demonios, a veces me siento afortunado porque yo he vivido eso y hay muchos que no han tenido el privilegio de caminar tranquilos en una playa.
Gracias a la vida, dice la canción. Pues eso, gracias, pero no me prives de esas cosas que una vez tuve.
No me quiero hacer ilusiones, porque cuando uno se las hace se pega unos batacazos tremendos, como cuando te llevas el primer desengaño amoroso. Al fin de al cabo, en la vida hay que mantener a raya la ilusión, que la muy puñetera viene en forma de alas de cera y no estamos para hacer el Ícaro.
LLega el buen tiempo, y parece que el alma se despierta. No pido tanto, acaso unos pocos días para escaparme con mi mujer y poderme bañar en la playa y dar paseos a la caída de la tarde. Me creo hombre de gustos sencillos y no pido tanto.
Qué demonios, a veces me siento afortunado porque yo he vivido eso y hay muchos que no han tenido el privilegio de caminar tranquilos en una playa.
Gracias a la vida, dice la canción. Pues eso, gracias, pero no me prives de esas cosas que una vez tuve.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)