martes, julio 03, 2007

En el verano del noventa y cuatro yo formaba parte de una pandilla en mi pueblo. Éramos una pandilla de chicos y chicas. Unos estaban en sus primeros años de carrera o terminando el instituto y otros empezaban su andadura laboral. En general, ninguno tenía la economía muy boyante, pero ganas de diversión, todas las del mundo. Esa tarde, Roberto llegó con sus colegas en coche desde Coslada. Tenían ganas de pasarlo bien y Roberto les comentó que en el pueblo, con el río y las fiestas de los pueblos cercanos se lo pasaba uno genial.
En el pueblo se sabe todo enseguida, y yo estaba dándome un chapuzón en el río cuando me enteré que Roberto venía. "Joder, qué bien. La última vez que estuve con él fue aquí en Semana Santa. Vaya tío de puta madre" Salí del agua, me sequé, y mientras los demás decidían quedarse para jugar el frontón, yo, que era (y soy) poco de deportes, decidí irme a saludar a Roberto.
-Bueno chicos, que yo me voy a ver al Rober.
Llegué a su casa. Se oía bullicio. "Roberto debe haberse traído a media Coslada" Pensé. LLamé la puerta, pero no me oían "coño, si está abierta"
-Robertoooooo
-Opooooooo
Nos fundimos en un abrazo. En aquella época yo era muy dado a abrazar a la gente, pero la moda del saludo que trinfaba aquel año en el pueblo era el saludo que Will Smith hacía en el "príncipe de Bel-Air" Roberto me presentó a todos sus colegas. Perecían gente maja. En verano y en el pueblo todo el mundo te cae bien.
-¿Y tu hermano César viene?
-Sale del cuartel a las siete. Yo creo que a las nueve ya estará aquí
Les conté que se estaba pensando el ir por la noche a las fiestas de un pueblo llamado Campaspero o quedarnos en el pueblo y tomar unas litronas y unos calomochos.
-¿Vosotros qué queréis hacer?
Nadie contestó. Parecían cansados del viaje.
- Bueno, hay tiempo para decidirse. Si os parece, nos vemos en el bar de Cirilo y allí decidimos lo que hacemos. Nos vemos.
- ¿A qué hora bajaréis a tomarla?
- a las once o así.
Me fui a mi casa. Estuve un rato charlando en la puerta con la familia, mis abuelos, mis tíos, mis primos...Cené y me duché. Yo también estaba cansado, llevaba encima muchas noches sin dormir de fiesta en fiesta, o simplemente, pasando la noche al raso en el frontón. Por el día tampoco paraba. Baños en el río, paseos en bicicleta... Me tendí en la cama. Cuando me desperté eran las once y media o así. Me puse uno vaqueros y un polo (los que tenía limpios) y me dispuse a salir:
-¿ya te vas, hijo?
-Sí, abuela
-¿Esta noche dónde os toca?
-No lo sé, abuela. Lo mismo nos quedamos en el pueblo. Depende de lo que quiera la gente.
Estaba hecho polvo. Me miré en el bolsillo haber si me quedaba algo de dinero. Trescientas pelas. No era suficiente para toda la noche, además, tenía que comprar tabaco. Pero había venido Rober, y sólo se vive una vez. Ya sacaría el dinero aunque fuera de debajo de las piedras.
LLegué al bar y de mi pandilla no había llegado nadie. Estaban mi padre y sus amigos, que después de una buena cena, jugaban a las cartas. "Esta es la mía" pensé yo. Me fui a la barra, pedí un café solo y un paquete de Fortuna. ciento noventa y cinco pelas. Me quedaban ciento cinco para pasar la noche. La cosa está muy malita... Pero tenía que jugar mi baza.
-Papá ¿Me das dinero para salir esta noche?
Mi padre ya me había dado la asignación semanal el fin de semana anterior, pero tal y como entró en mi bolsillo se fue. Sabía que mi padre no jugaba en terreno neutral. Dudó por un instante mientras simulaba no haberme oído. Entonces, se produjo la jugada que cambiaría el resultado del partido.
- Dále al chico para que salga joer, ¿no ves que si no no tiene para ir a Campaspero?
-¿pero vais a ir esta noche a Campaspero?-preguntó mi padre.
-Eeeh, sí.
-Joder, hijo- se echa mano al bolsillo- Anda, toma. A ver si pensamos un poco más en estudiar y menos en juergas.
¡Dos mil pelas! ¡Puta madre! Si es que hay que saber en qué momento pedir las cosas.
Satisfecho por no estar en números rojos, me fui a terminarme el café. Estaba muy ilusionado, pero también hecho polvo, demasiada juerga encima "¿Y si nos quedáramos en el frontón?" Pensé. Llegó mi hermano (siempre fue más dormilón que yo) Llegaron Tomás, Javi, Jorge, César, el hermano de Roberto y Diego. Las chicas, Ruth, Diana, Raquel, Mari luz, Elena... Aquel día no estábamos toda la pandilla. Faltaban mi hermana, mi prima, Almudena, el otro gran Roberto, su hermano Óscar, su hermana Marta...