Hoy que estamos en tiempo de reyes me he acordado de uno de los regalos que le hice a mi chica y que más me gustó hacer:se trata de un reloj Benetton hecho en colaboración con la firma Bulova.
No, no es que ahora la casa Benetton haya decidido patorcinar este Blog, aunque como con la Junta de Andalucía, estoy abierto a todo tipo de propuestas.
Verdaderamente se trataba de un reloj muy bonito; era dorado sin llegar a ser hortera, con un pequeño mapamundi hecho en la esfera con los continentes también en dorado y con los océanos azul oscuro. Era un reloj que gustaba mucho. Mi chica tenía que alargar la muñeca muchas veces porque la gente se lo pedía para fijarse mejor en el reloj. Era realmente precioso.
En un principio, ella se lo ponía sólo en las ocasiones especiales, pero yo le pedí que por favor se lo pusiera todos los días, porque le decía yo que las cosas que regalaba eran para que las usara. Además ella es de natural cuidadosa, y yo sabía que mal trato al reloj no iba a dar. Pero, sin que mi entonces novia hiciera el cafre, el reloj se empezó a deteriorar rápidamente: la pintura dorada se descascarilló y se cayó poco o poco; se veían los cachos blancos de la chapa. El cristal de la esfera empezó a tener rayones hechos como si mi novia la estuviera rozando por las paredes, tanto es así que de los cinco continentes apenas podía verse uno. Y qué decir de al maquinaria. Primero retrasaba diez minutos, después quince y después hasta horas. Mi chica llegó a ponérselo incluso cuando ya estaba inservible para ser utilizado como reloj.
El reloj por el que yo había estado ahorrando tanto tiempo, puesto que mi economía de estudiante estaba muy maltrecha, apenas había durado dos años puesto en la muñeca de mi mujer. Ahora duerme el sueño de los justos en un joyero, aunque dudo que merezca el honor de estar en tal sitio.
Cuando yo compré ese reloj no lo hice sólo por lo bonito que era, si no porque yo quería que ese reloj nos acompañara toda la vida. No soy fetichista, pero pienso que los regalos que te hacen tu amado o amada, por muy insignificantes que sean, deben ser para que pasados muchos años puedas mirar a esos objetos y acordarte de quién te lo regaló cuando se encuentre ausente.
La lástima es que la principio que rige a muchos objetos de hoy en día es el de la "obsolescencia programada". Eso quiere decir que los objetos están hechos de unos materiales con una durabilidad escasa. Tal vez es esa la razón de que mis suegros tengan un móvil con ocho años en perfecto funcionamiento y los modelos que se compraron después sus hijos y nietos apenas duren dos años.
La obsolescencia planificada es un principio inventado por una razón puramente económica. Afecta a todos los objetos cotidianos: ropa, calzado, electrodomésticos, autos, etc. La cosa es que cuanto menos nos duren los objetos, mejor, pues antes los tendremos que sustituir por otros y así las fábricas no tienen caídas de producción. He de reconocer que en parte tienen razón, porque había aquí en España una marca de electródomésticos llamada Kelvinator que los hacía tan buenos, que al final quebró. En la casa del pueblo tenemos un frigorífico de 25 años que todavía congela bien. Con eso os lo digo todo. Desgraciadamente, el premio a su calidad fue la quiebra de la firma que lo fabricó.
Yo compré el Benetton porque era un reloj precioso. Lo hice porque quería regalarle una cosa hermosa a mi chica. Pero desgraciadamente, hizo verdad el tópico de que las manufacturas italianas son de elegante diseño pero de poca calidad. Qué le vamos hacer.
Transcurrido el tiempo le compré otro reloj, esta vez de mejor calidad pero de diseño más feo. Y cuando voy al cajón, y miro el puñetero Benetton, no puedo por menos que maldecir a la mente retorcida que se le ocurrió esa cosa tan mala de la obsolescencia programada.
Dentro de poco, cuando nos compremos un coche, harán como con los Yogures:
"conducir preferentemente hasta marzo de... La empresa fabricante no se responsabiliza de los accidentes ocasionados por la obsolescencia después de la fecha indicada". Ains....
sábado, enero 06, 2007
viernes, enero 05, 2007

Se terminan unas navidades diferentes a las que hemos tenido mi chica y yo estos últimos años. Lo digo porque normalmente entre año nuevo y reyes siempre teníamos una semanita de vacaciones que aprovechábamos para hacer algún viaje a alguna capital de provincias. Este año, como yo tengo que trabajar, nos hemos quedado sin esa pequeña y deliciosa escapada.
Con tantos cambios de trabajo, tanto de ella como míos, rara vez hemos logrado juntar más de una semana para irnos juntos; si no era ella la que tenía que trabajar en verano era yo. O sea, que eso que se tenía antes de un mes de vacaciones ha pasado a la historia para nosotros. Se ha ido al reino de la utopía que tan poco le gusta a algunos y del que tengo previsto hablar largamente en otro artículo.
Claro, que en esto de las vacaciones, lo que peor lo tienen son los japoneses, que apenas tienen una semana al año. Recuerdo que una estudiante japonesa que conocí en la universidad encontraba especialmente gracioso esa costumbre tan española de los puentes. Tenía la impresión de que los españoles nos pasábamos la vida de puente en puente. Yo le contesté que ya que valoraban en su país la saludable costumbre española de la siesta, no estaría de más que tomaran el no menos saludable hábito de los puentes, que vida sólo hay una, y es una pena perder más tiempo de la cuenta en trabajar. Además, el trabajo hay que repartirlo. Eso, por supuesto, no le entró en la cabeza. La mentalidad japonesa es muy diferente a la nuestra. Reconozco que a veces hasta yo mismo me río de mis propias palabras, porque ahora lo que me preocupa es precisamente el exceso de tiempo que estoy sin trabajo. Ironías de la vida.
No obstante, ahora que mi chica tiene vacaciones y yo no, pues me fastidia. Me acuerdo de un viaje que hicimos a Granada después de un fin de año en el que fuimos especialmente felices. Aconsejo a todo el mundo que la visite. Es uno de los lugares más bonitos que os podáis encontrar. Granada está llena de encanto (parezco una agencia de viajes) ¡Qué voy a decir yo que ya no se haya dicho de la Alhambra! No me extraña que Federico García Lorca, siendo de cerca de allí, y viviéndola como él la vivió, tuviera esa sensibilidad tan exacerbada. En Granada es de los pocos sitios en los que parece que sueñas mientras vives o vives mientras sueñas. De hecho, un sueño recurrente mío es que paseo por los jardines de la Alhambra.(Si la Junta de Andalucía o el Ayuntamiento de Granada deciden pagarme algo por esta encendida y muy sincera laudatoria, estaré muy encantado de pasarles mi número de cuenta corriente).
Pese a que aún nos quedan muchas ciudades por visitar, es probable que si no hubiera tenido que volver a trabajar, este año, después de la resaca de fin de año, hubiéramos vuelto a Granada. Tengo añoranza de sus rincones, de sus monumentos, de sus calles y de sus bares. Es de los lugares en los que sientes que merece la pena vivir, tal vez por eso nuestro gran poeta fue tan vitalista y transmitía tanta alegría. Aunque él seguro que me diría que la procesión va por dentro.
Los ingleses han inventaron dos cosas buenas: el fin de semana con dos días de descanso y el turismo. Ambas han mejorado la vida de muchas personas, entre las que me incluyo.
Ahora me quedo con una contradicción, otra más en mi vida: la contradicción de querer tener trabajo pero no querer trabajar para irme de viaje a ver cosas que me hacen sentir más feliz. Con mi chica.
and now For Something Completely Different:
Que me toque la lotería. (Creo que es la quincuagésima vez que lo digo en estas navidades).
jueves, enero 04, 2007

Leo en el periódico gratuito Metro del día de hoy que el gobierno español prepara una ley para poder cerrar páginas Web cuyo contenido sea perjudicial según el criterio de la administración. Por supuesto, la dichosa ley ha sido objeto de críticas por asociación usuarios de Internet y demás guardianes de la libertad actual de la red porque supone legalizar la censura en la red.
La ley que propone el gobierno consiste básicamente en que los órganos competentes puedan cerrar páginas Web sin orden judicial de por medio. Hay también quien ve indicios de inconstitucionalidad; estoy totalmente de acuerdo.
Como he heredado de mi abuela paterna una buena memoria -que no prodigiosa, sino ya estaría yo ahora viviendo felizmente como funcionario fijo- He recordado que hace unos meses leí en Internet otra inquietante noticia: se trataba sobre el silencio mediático de las 25 noticias que se ocultaron en EEUU a lo largo del 2006. El informe de las noticias no publicadas por los grandes medios (FOX TV, ABC, CBS o CNN, periódicos como The New York Times o The Washington Post) ha sido hecho por una institución llamada Proyecto Censurado del Departamento de Sociología de la Universidad de Sonoma State de Santa Cruz, California (esto último me lo ha recordado el google). Una de esas “perlas” informativas ocultadas era la siguiente: que las grandes compañías quieren hacerse con el control de la Internet. Las empresas de telecomunicación AT&T, Comcast y Verizon han hecho valer sus lobbies para que a través de leyes y dictámenes judiciales se cambien las formas de paso a la red. En definitiva: que haya un Internet “de calidad” para el que pueda pagarlo y un Internet “de baja calidad” para el que no pueda pagarlo. Digamos, que lo que quieren estas potentes firmas de Telecomunicaciones norteamericanas es tener control total de la Internet en contenidos y tarifas. Recordemos que toda la gestión de la red es dependiente de un macroservidor que está en los Estados Unidos, o sea, que esa censura y esos servicios de primera y de segunda serían no sólo para los sufridos ciudadanos norteamericanos; sería un mal para todos los ciudadanos del mundo. Viva la globalización.
Pero sigo: leo en otra parte que en Italia ya se ha promulgado una nueva ley para solicitar a los proveedores de servicios de Internet que bloqueen páginas Web de pornografía infantil en un plazo de seis horas desde que les llegue la orden judicial. Bueno, esto, en un principio, no es malo, pues a nadie en su sano juicio le gusta la pornografía con niños, pero, visto lo visto, ¿no queda la sospecha de que esta ley sea la antesala para cerrar otro tipo de Web incómodas? Incómodas no al ciudadano común, sino a las multinacionales y sus lacayos los gobiernos.
Yo no temo que me cierren este chiringuito que me he hecho en el ciberespacio en el que os invito a estar cómodos; soy demasiado insignificante para que se fijen en mi la Telefónica o su siervo el gobierno español, pero temo de verdad que me censuren las cosas que a mi me han hecho más libre (Ya lo dijo Jesús, “la verdad os hará libres” Jn, 8:32). Soy de los que están convencidos de que la llegada de Internet ha traído más libertad de expresión a los pueblos. Gracias a Internet, la prensa tradicional, que es la gran generadora de falsedades, propaganda y manipulación, está de capa caída: los periódicos venden cada vez menos. Miramos los noticiarios de la televisión con recelo. En definitiva, gracias a Internet estamos mejor informados y somos menos manejables. Pero claro, esto inquieta y mucho, a los amos del mundo. Internet se ha convertido en una realidad incómoda. He oído a algunos mentecatos, quizá muy bien pagados, decir que Internet es una gran generadora de mentiras: lo que no te dicen es que Internet también es, hoy por hoy y hasta que lo controlen, la gran generadora de verdades.
No os quepa duda que actuaciones como las del gobierno español o italiano, como las de AT&T, Comcast y Versión no tienen otro objeto el control no de la mentira, sino de la verdad que hoy por hoy todavía corretea feliz por Internet.
Puede que alguien no vea la conexión entre el hecho de que el gobierno español promulgue una ley así con los manejos de los Lobbies de las compañías norteamericanas. Para mí sí la hay.
Debemos estar alerta. Poco a poco y sin darnos cuenta podemos encontrarnos un día en que cuando busquemos en el google, por ejemplo, ideologías, pensamiento, justicia y ley, nos aparezca siempre e invariablemente para todas estas cosas el careto impresentable de Ronald Mc Donald.
miércoles, enero 03, 2007
¿Cuál es la diferencia entre una tragedia y una comedia? Fernando Fernán Gómez lo explicaba muy bien en una conferencia:
-Un hombre se tira por la ventana porque ha pillado a su mujer con otro. Eso es una tragedia.
-Un hombre se tira por la ventana porque ha pillado a su mujer besándose con otro. Menos mal que cae sobre un camión de estiércol, no le pasa nada. El tipo con el que estaba besándose su mujer era un compañero que hace de galán en el taller de teatro aficionado al que está apuntada. Estaban ensallando. Por cierto, el compañero es homosexual. Eso es una comedia.
Esta lección que nos da Fernando Fernán Gómez no es sólo de géneros literarios. Es también una lección de vida. A veces, un mismo acto hecho en contextos diferentes puede tener una significación u otra, se ve de un modo u otro. A veces hay que esperar para no sacar conclusiones precipitadas:
-Un hombre toca el muslo a una mujer. Se trata de Paco Martínez Soria encarnando a un risueño hombre de pueblo en la película “la ciudad no es para mi”.
-Un hombre le toca el muslo a una mujer. Es un jefe de departamento que lleva acosando tres años a una empleada que está a punto de pedir la baja por depresión.
Un mismo gesto, dos contextos diferentes, dos lecturas totalmente distintas. Hay que leer. Y para leer hay que tener la vista en condiciones.
Las líneas que dibujamos en nuestros rostros cuando vemos tragedia o comedia son muy iguales. Lo único que les diferencia es que una la dibujamos con la curvatura hacia arriba y la otra la hacemos con la curvatura hacia abajo. Hacia donde tire la curvatura de la línea depende del entorno, el contexto, los actuantes, la cultura y las consecuencias. De según cómo lo veamos, también.
Al poco de ser elegido Papa, Benedicto XVI criticaba en uno de sus primeros discursos el relativismo imperante de la época actual. Efectivamente, ya no se piensa en blanco y negro como en la Europa fascista en la que sólo había esos dos colores. Tal vez por criarse en aquella época tenga problemas para ver los matices de ciertas cosas, no distinguir la gran paleta de colores con que se dibuja el mundo. El cristal de la lente de su intelecto está sucio de ideas anticuadas. Me cuesta entender, por ejemplo, que a un hombre de su probada inteligencia, no vea con buenos ojos lo importante del uso del profiláctico en los países africanos en los que el SIDA es una plaga de proporciones bíblicas. Con todos mis respetos, si el sumo pontífice ve en el profiláctico sólo un medio de búsqueda de placer sin procreación, está viendo la realidad con los cristales sucios. Tal vez el trono de Pedro no sea el lugar más adecuado para ver todo con claridad. Tal vez el trono de Pedro sea una fábrica de miopes con malas gafas.
Debemos mirar con relatividad para descubrir toda la verdad de las cosas, liberados de prejuicios. Las circunstancias ofrecen matices que si no los valoramos justamente, podemos llegar a equivocarnos con consecuencias fatales. No es lo mismo si vemos una caricia en el banco de un parque que si vislumbramos una caricia en el oscuro almacén de una oficina. Puede que no denunciemos a la policía la caricia en un banco del parque, pues no nos hemos percatado la mirada de terror de la niña y sólo hemos pensado “¡qué bonito, un padre con su hija en el parque! Y que el gemido que hemos oído por parte de la empleada de oficina desde un oscuro almacén sea todo un arco iris en la penumbra y no un acto más de triste sumisión.
Como dice el refranero popular español: “No hay verdad ni mentira, todo depende del cristal con que se mira”
Y para terminar, un drama amoroso:
Un hombre disfruta con la representación del Don Juan Tenorio. Su mujer, que hace de doña Inés, besa con pasión al actor que hace de don Juan Tenorio. Lo que no sabe el hombre es que su mujer está perdidamente enamorada del guapo actor gay con el que comparte protagonismo.
-Un hombre se tira por la ventana porque ha pillado a su mujer con otro. Eso es una tragedia.
-Un hombre se tira por la ventana porque ha pillado a su mujer besándose con otro. Menos mal que cae sobre un camión de estiércol, no le pasa nada. El tipo con el que estaba besándose su mujer era un compañero que hace de galán en el taller de teatro aficionado al que está apuntada. Estaban ensallando. Por cierto, el compañero es homosexual. Eso es una comedia.
Esta lección que nos da Fernando Fernán Gómez no es sólo de géneros literarios. Es también una lección de vida. A veces, un mismo acto hecho en contextos diferentes puede tener una significación u otra, se ve de un modo u otro. A veces hay que esperar para no sacar conclusiones precipitadas:
-Un hombre toca el muslo a una mujer. Se trata de Paco Martínez Soria encarnando a un risueño hombre de pueblo en la película “la ciudad no es para mi”.
-Un hombre le toca el muslo a una mujer. Es un jefe de departamento que lleva acosando tres años a una empleada que está a punto de pedir la baja por depresión.
Un mismo gesto, dos contextos diferentes, dos lecturas totalmente distintas. Hay que leer. Y para leer hay que tener la vista en condiciones.
Las líneas que dibujamos en nuestros rostros cuando vemos tragedia o comedia son muy iguales. Lo único que les diferencia es que una la dibujamos con la curvatura hacia arriba y la otra la hacemos con la curvatura hacia abajo. Hacia donde tire la curvatura de la línea depende del entorno, el contexto, los actuantes, la cultura y las consecuencias. De según cómo lo veamos, también.
Al poco de ser elegido Papa, Benedicto XVI criticaba en uno de sus primeros discursos el relativismo imperante de la época actual. Efectivamente, ya no se piensa en blanco y negro como en la Europa fascista en la que sólo había esos dos colores. Tal vez por criarse en aquella época tenga problemas para ver los matices de ciertas cosas, no distinguir la gran paleta de colores con que se dibuja el mundo. El cristal de la lente de su intelecto está sucio de ideas anticuadas. Me cuesta entender, por ejemplo, que a un hombre de su probada inteligencia, no vea con buenos ojos lo importante del uso del profiláctico en los países africanos en los que el SIDA es una plaga de proporciones bíblicas. Con todos mis respetos, si el sumo pontífice ve en el profiláctico sólo un medio de búsqueda de placer sin procreación, está viendo la realidad con los cristales sucios. Tal vez el trono de Pedro no sea el lugar más adecuado para ver todo con claridad. Tal vez el trono de Pedro sea una fábrica de miopes con malas gafas.
Debemos mirar con relatividad para descubrir toda la verdad de las cosas, liberados de prejuicios. Las circunstancias ofrecen matices que si no los valoramos justamente, podemos llegar a equivocarnos con consecuencias fatales. No es lo mismo si vemos una caricia en el banco de un parque que si vislumbramos una caricia en el oscuro almacén de una oficina. Puede que no denunciemos a la policía la caricia en un banco del parque, pues no nos hemos percatado la mirada de terror de la niña y sólo hemos pensado “¡qué bonito, un padre con su hija en el parque! Y que el gemido que hemos oído por parte de la empleada de oficina desde un oscuro almacén sea todo un arco iris en la penumbra y no un acto más de triste sumisión.
Como dice el refranero popular español: “No hay verdad ni mentira, todo depende del cristal con que se mira”
Y para terminar, un drama amoroso:
Un hombre disfruta con la representación del Don Juan Tenorio. Su mujer, que hace de doña Inés, besa con pasión al actor que hace de don Juan Tenorio. Lo que no sabe el hombre es que su mujer está perdidamente enamorada del guapo actor gay con el que comparte protagonismo.
martes, enero 02, 2007

Hay un personaje genial dentro de los personajes relevantes de los Simpson que es, a mi juicio, de los más grotescos e interesantes de la serie: Montgomery Burns, el tipo más ruin, avaro y miserable que la imaginación de un hombre pueda componer. Nos lo dibujan como una persona anticuada, de un egoísmo retrógrado, de avaricia antigua y literaria. Sin embargo, Montgomery no puede ser más actual, dentro de los parámetros que guían el mundo de hoy. Es más, seguramente, si no fuera por lo burlesco del personaje, muchos teóricos defensores del libre mercado le pondrían como el modelo de empresario. Monty marca el camino a seguir para tener el tan cacareado éxito en la vida.
“lo mío, pa mí” Cantan unos guardianes de su mansión en uno de los episodios de la admirable serie. Es el lema y la meta del anciano codicioso, pero también es la consigna de los actuales amos del mundo. Nunca lo dirán abiertamente, pero el sentido común nos indica que es así. Es más, quieren que todo el mundo participe de esa idea, aunque quizá sea la idea más perjudicial para los que menos tenemos.
Lo cierto es que vivimos en la era de la codicia. Tener más, tener más, tener más. Consumir, consumir, consumir. Sé ambicioso, es bueno para ti y la sociedad. Ten un coche. Mejor, ten tres. La caridad empieza por uno mismo. Supérate para escalar puestos y ganar más dinero. Compra barato. Vende caro. Hasta hace poco, la avaricia, existente desde que hubo el primer hombre con excedentes de grano, siempre tuvo mala fama. Pero ésto ha cambiado. Los hombres de antaño estaban equivocados. Menos mal que llegaron los nuevos caballeros de la orden del neoliberalismo, y decidieron que la codicia y la ambición no tuvieran connotaciones negativas. “La iniciativa privada es motor de desarrollo de la sociedad””Si un individuo mejora, puede hacer mejorar a la sociedad en su conjunto”. Estos lemas no son más que eufemismos cuyo significado verdadero es: “Sé egoísta, my friend”.
Pero tales polvos trajeron estos lodos: nosotros, la mayor parte de la humanidad, cada vez somos más pobres ¿Cómo es posible? -Se preguntan los creyentes más pobres del neocapitalismo- ¡A estas alturas, siendo todos egoístas deberíamos ser todos ricos! ¿Por qué no es así? ¿Será porque en algunas partes del mundo todavía subsiste el socialismo? ¿Será porque todavía quedan reductos del estúpido estado de bienestar? ¿Qué es lo que ha pasado, que la avaricia no funciona como debería? ¿Tal vez sea porque no hemos acabado del todo con la generosidad, las regalías, las dádivas? ¿Si hay pobres todavía es por culpa de los generosos? Entonces, hay que acabar con esta plaga. No nos des peces, enséñanos a pescar. No nos regales la sanidad, nos compraremos un bisturí y nos operaremos nosotros mismos. Debemos ser roñosos, tacaños, miserables, cicateros, interesados, odiosos. Debemos ser egoístas hasta llegar a la locura.
La vertiente optimista de mi entendimiento me dice que el culto al egoísmo inducido por los ricos a varios millones de pobres está decayendo, que ya no se manipula tan bien a la opinión pública como en las década de los ochenta y noventa, que aumenta el número de personas que ya no se creen la mentira propalada por las multinacionales y sus lacayos los gobiernos, ayudados por organizaciones como la Organización Mundial del Comercio y el Fondo Monetario Internacional. En definitiva, que se están derrumbando los pilares de la iglesia de los devotos de la avaricia. Pero mi vertiente pesimista tiene el presentimiento de que todavía tendremos que escuchar y padecer mucha mierda todavía. Un pesimista, si es bienintencionado, debe desear que su adverso pronóstico no se cumpla. Que así sea.
Hoy por hoy, lo que representa el personaje Monty Burns está más vigente que nunca. Su gran mansión está llena de chorradas carísimas cuyo coste muy bien hubiera podido servir para alimentar decenas de aldeas africanas ¿Cuántas mansiones habrá así, llenas de inútiles y carísimos objetos pagados con el sudor de unas pobres trabajadoras asiáticas con horarios infernales? Hay revistas que te enseñan las mansiones de las chorradas, programas de televisión que loan a los que viven en ellas. Los modernos palacios de Versalles. María Antonieta reencarnada en París Hilton. Una se preguntaba por qué el pueblo francés no comía pasteles si no tenía pan. La otra seguramente se pregunta por qué los pobres son tan feos habiendo tantas clínicas de Cirugía estética.
Robin Hood robaba a los ricos para dárselo a los pobres. Monty Banks roba a los pobres para hacerse más rico. Cambiaron los modelos. Que vuelvan a cambiar otra vez.
lunes, enero 01, 2007
He venido de comer de casa de mis suegros. Hoy es día uno y la calle está desierta. Las tiendas y bares cerrados. Ningún coche atraviesa la calle. Parece que la humanidad está prácticamente extinguida y somos mi mujer, su familia y yo los últimos supervivientes. En los parque se pueden ver los restos de la fiesta de anoche: botellas de cristal rotas, vómitos, confetti, cagarrutas y meados. Vaya una resaca deliciosa tendrán algunos. Nosotros decidimos ayer que ya teníamos suficientes nocheviejas de juerga encima. Es la primera vez que me levanto un uno de enero sin resaca y antes de las doce del mediodía.
El uno de enero es raro. No hay prensa, no hay bares, por no haber no hay ni tabaco que fumar, estoy con un mono tremendo. Estamos todos como atontados y pese a la fiesta de reyes, con la sensación que ésto se acaba. Aunque soy de los que dudan del significado de la navidad, siempre los días como hoy no puedo evitar el sentirme triste, a pesar de que todos despotricamos de las comilonas y demás siempre es bonito volver a ser niño, dado que nunca abandonamos del todo ese niño que todos llevamos dentro. A mí de chaval siempre me entraba la pesadumbre de volver al colegio y esa sensación la sigo teniendo de adulto.
Lo bueno que tenemos los españoles es que todavía nos queda la no menos importante fiesta de los reyes. Ahí es cuando acaba realmente la navidad aquí en España.
¿Por qué estaré melancólico hoy? No sé, tal vez aunque despotrique del espíritu consumista y blablablá, siempre dentro de mi estará el niño ilusionado que en su inocencia no quiere ver el lado retorcido de la navidad.
El uno de enero es raro. No hay prensa, no hay bares, por no haber no hay ni tabaco que fumar, estoy con un mono tremendo. Estamos todos como atontados y pese a la fiesta de reyes, con la sensación que ésto se acaba. Aunque soy de los que dudan del significado de la navidad, siempre los días como hoy no puedo evitar el sentirme triste, a pesar de que todos despotricamos de las comilonas y demás siempre es bonito volver a ser niño, dado que nunca abandonamos del todo ese niño que todos llevamos dentro. A mí de chaval siempre me entraba la pesadumbre de volver al colegio y esa sensación la sigo teniendo de adulto.
Lo bueno que tenemos los españoles es que todavía nos queda la no menos importante fiesta de los reyes. Ahí es cuando acaba realmente la navidad aquí en España.
¿Por qué estaré melancólico hoy? No sé, tal vez aunque despotrique del espíritu consumista y blablablá, siempre dentro de mi estará el niño ilusionado que en su inocencia no quiere ver el lado retorcido de la navidad.
domingo, diciembre 31, 2006

Mis suegros tienen una pequeña explotación agrícola con cuarenta olivos. La compraron hace unos treinta años cerca del límite que divide la Comunidad de Madrid con la de la provincia de Toledo. Se la compraron porque, tal vez, la nostalgia de su pueblo andaluz fuera más llevadera en una pequeña parcela para pasar los fines de semana. De hecho, se les iluminan los ojos cada vez que van allí. Mis suegros ya son ancianos, tal vez demasiado para llevar aquello; pero son felices en su pequeño terruño, en su casita, con sus olivos, sus espinacas y su aire limpio.
Pero esa cosa tan bucólica a mi cuñado y a mí nos pone cara de sota de bastos. Esa es la cara que se nos puso cuando nuestras respectivas mujeres nos dijeron:
-El sábado no hagas planes porque tenemos que ir a recoger aceitunas a casa de mis padres.
Pues hala: dos madrileños amantes de la polución a hacer de aceituneros altivos de Jaén.
Siempre que voy a coger aceitunas adonde mis suegros, no sé como los olivos no se ponen a temblar y se les caen las aceitunas solas. Porque desde luego, es para tenernos miedo. Por lo pronto, yo para varear cojo el palo del revés. Es decir, lo cojo por la parte fina y vareo por la parte gorda. Con ello consigo que caigan muchos ramones, que no son rockeros neoyorquinos que se han encaramado a los olivos, sino cómo llama mi suegro a las ramas que caen por pegarles excesivos palos al árbol. Cada rama caída son aceitunas que no tendremos al año siguiente. Varear es un trabajo que requiere de cierta habilidad, cosa que yo no tengo. Si los olivos tuvieran conciencia, seguro que me hacían la zancadilla con las raíces cada vez que paso al lado de ellos.
Y es que donde no hay no se puede sacar: ¡Qué pueden hacer mis suegros con un urbanita que pregunta por el enchufe de la azada! En fin, la ignorancia, que es muy atrevida.
Ante todo, un urbanita cuando va al campo tiene que ser humilde y receptivo para aprender nuevas cosas y confirmar aquello que aprendió en el colegio sobre el medio rural. Por ejemplo, yo aprendí en la escuela que los gallos cantan al amanecer. Efectivamente, un gallo vecino cantó temprano. A las seis. A las seis y media. A las siete. A las ocho. También a las tres. Comprobé no sólo que los gallos cantan al amanecer, sino que también pueden estar un poco zumbados.
El campo tiene también otras cosas buenas: que da hambre y que las cosas saben mucho mejor.
"Venga, a almorzar"dice mi suegra. Un almuerzo consistente en deliciosa y grasienta panceta, delicioso y más grasiento todavía chorizo, mucho pan y mucho vino. Volvemos un ratito a trabajar. "Os traigo unas cervezas, que estaréis sedientos". Cerveza y panchitos. "Venga, que ya es hora de comer". Cocidazo madrileño, bien regado con vino para entonar el cuerpo. Otro ratito más a trabajar. "El café ya está listoooo". Café y excelentes dulces navideños. "Joder, y eso que vine al campo para gastar trabajando parte de lo comido en navidades" Dice mi cuñado."Es que le campo da hambre" Le contesté yo.
Total, que llegó la hora en que los improvisados jornaleros terminamos la jornada. El manto de la noche empezaba a cubrir la parda meseta castellana. Era tiempo de llevar a la almazara el fruto de nuestro esfuerzo para que lo transformaran en ese oro líquido, el aceite, tan valorado por su calidad y tan caro por culpa de los italianos que entraron a saco a por el aceite español.
"joer Manué, pos sí que trae usté jornalero pa tan poca chicha"Le dice el encargado de la almazara a mi suegro. Y mi honrado y honesto Manuel hace ese gesto tan característico suyo de subir los hombro como diciendo "¡y qué quiere que haga!"
El problema de mis suegros es que tratan muy bien a sus peones y así pasa, que los devuelven a casa bien comidos, bien bebidos pero poco trabajados. ¡Si es que no se puede tener a la familia trabajando para ti!
viernes, diciembre 29, 2006
La tele es modelo de comportamiento humano. Nos da tipos en los que basar nuestra conducta. Ahora está de moda el tipo borde y grosero, con una sinceridad tan brutal que pone a las señoras con ansias de redimir a tipos malos. El "Yo soy rebelde porque el mundo me ha hecho asín" que cantara Jeanette. Los tipos más bordes de la tele son House y Risto Mejide. Bravo por decir lo que los demás no nos atrevemos.
Dan un tipo masculino que gusta, tanto a mujeres como a hombres: están por encima del bien y del mal, actúan como jueces y dicen cosas que a los demás nos costaría un "triunfo" decir; yo recuerdo situaciones en las que he dicho tierra trágame, cuando he sido yo la víctima del ataque de la amenaza borde.
Unas veces, no he sido yo la víctima y otras he presenciado cuando lo han sido otros. Yo casi siempre he sentido conmiseración por el atacado, pero casi siempre ha quedado mejor el borde que su víctima. La gente suele estar con el más poderoso. La víctima, enrojecida de vergüenza, queda en el ridículo más espantoso y le está doliendo el guantazo verbal una semana. Es como los documentales de leones: siempre que logra dar la letal dentellada en el cuello a la gacela sientes pena por ella, pero no puedes dejar de pensar: "es ley de vida".
Y mientras el grosero gana puntos socialmente, bien por el miedo infundido por sus invectivas ("no vaya a ser yo el siguiente", piensa el personal) , o bien porque ha sido especialmente ocurrente (sarcasmos, ironías, retruécanos y metáforas puestos al servicio de la peor leche humana), el receptor de bilis se queda como un tonto mirando al sol.
Menos mal que esto de los bordes de la tele, como todo, es una moda pasajera. A lo mejor tiene el beneficio sicológico de una vacuna, es decir, cuando nos topemos con un tipo grosero, nos acordamos de cómo trataba House a sus colaboradores y se nos pasa el cabreo de no ser los únicos maltratados por la testosterona.
Espero que la próxima moda que llegue sea la de los tipos bonachones incapaces también de decir una mentira, pero con educación. Como yo, que no tengo abuela.
Por cierto, otra cosa que tienen el común House y Risto Mejide: que tienen a su servicio un buen nutrido grupo de guionistas.
Feliz año nuevo.Publicar
Dan un tipo masculino que gusta, tanto a mujeres como a hombres: están por encima del bien y del mal, actúan como jueces y dicen cosas que a los demás nos costaría un "triunfo" decir; yo recuerdo situaciones en las que he dicho tierra trágame, cuando he sido yo la víctima del ataque de la amenaza borde.
Unas veces, no he sido yo la víctima y otras he presenciado cuando lo han sido otros. Yo casi siempre he sentido conmiseración por el atacado, pero casi siempre ha quedado mejor el borde que su víctima. La gente suele estar con el más poderoso. La víctima, enrojecida de vergüenza, queda en el ridículo más espantoso y le está doliendo el guantazo verbal una semana. Es como los documentales de leones: siempre que logra dar la letal dentellada en el cuello a la gacela sientes pena por ella, pero no puedes dejar de pensar: "es ley de vida".
Y mientras el grosero gana puntos socialmente, bien por el miedo infundido por sus invectivas ("no vaya a ser yo el siguiente", piensa el personal) , o bien porque ha sido especialmente ocurrente (sarcasmos, ironías, retruécanos y metáforas puestos al servicio de la peor leche humana), el receptor de bilis se queda como un tonto mirando al sol.
Menos mal que esto de los bordes de la tele, como todo, es una moda pasajera. A lo mejor tiene el beneficio sicológico de una vacuna, es decir, cuando nos topemos con un tipo grosero, nos acordamos de cómo trataba House a sus colaboradores y se nos pasa el cabreo de no ser los únicos maltratados por la testosterona.
Espero que la próxima moda que llegue sea la de los tipos bonachones incapaces también de decir una mentira, pero con educación. Como yo, que no tengo abuela.
Por cierto, otra cosa que tienen el común House y Risto Mejide: que tienen a su servicio un buen nutrido grupo de guionistas.
Feliz año nuevo.Publicar
jueves, diciembre 28, 2006

Ayer estuvimos viendo mi chica y yo una película absolutamente genial de Billy Wilder: el crepúsculo de los Dioses.
El argumento de la película trata básicamente de la decadencia de las estrellas del cine mudo, del colapso que produjo en sus vidas la irrupción del cine sonoro. Recuerdo una anécdota que me contaron que le pasó a uno de esos actores: tenía una planta magnífica, pero una voz horrible, y por culpa del sonoro tuvo que dejar de hacer películas; su voz sonaba ridícula en las proyecciones.
La película aborda un problema muy actual: el de reciclarte ante el paso del tiempo. Hay veces que el tiempo pasa como un rodillo sobre tu vida. De repente, lo que se te da bien hacer o con lo que te ganas la vida ya no sirve para esta sociedad absurda.
En el cine español pasó, por ejemplo, con una actriz llamada Nadiuska, que cuando pasó la época del destape y envejeció, quedó tirada como un juguete roto, enloquecida y sin posibilidad de reciclarse. Era muy bella, yo he visto sus películas de la buena época (que no dorada, pues el cine español de entonces daba dividendos, pero era bastante malo) y es una lástima cómo ha acabado.
Pasó también en otras profesiones más humildes, por ejemplo, la de los serenos de Madrid. ¡Cúantos hombre serían jubilados entonces porque ya no había forma de competir con los baratos y funcionales porteros automáticos!
El problema es que con el constante y creciente progreso tecnológico, cada vez mayores capas de población se verán perjudicadas por el efecto "juguetes rotos". Las máquinas hacen todo más rápido, más eficientemente, más barato. Comienza a no necesitarse a la gente para controlar las máquinas, ya que lo hacen inteligentes computadoras. Los actores actuales ya tiemblan ante el progreso del cine virtual (¿Para qué pagar caprichosos y caros actores humanos, si tenemos a manejables y sumisos actores virtuales?). Tiemblan también las humildes cajeras de supermercado, ante la inminente llegada del pago automático por parte de los clientes (ya están funcionando de modo experimental en algunos supermercados) En definitiva: está llegando la sustitución total del trabajo humano, tanto intelectual como físico. Está llegando el momento en que ese 20% de la humanidad que tiene la sartén por el mango no necesite al 80% restante. Bueno, puede que entonces, los juguetes rotos tengamos un momento de regocijo.
A ver cómo se las arreglan para vender mercancía a los pobres juguetes rotos.
miércoles, diciembre 27, 2006
Vuelvo a currar. Otra vez, en el útimo sitio donde me contrataron. Es la enésima que empiezo. Mi certificado de vida laboral, ya lleva, por lo menos, tres hojas. He estado en más trabajos que mi madre, mi padre, mi tío y mi otro tío juntos. A ver si encuentro la estabilidad ya de una vez.
Esta noche soñé que iba a un examen de oposición y que me pillaban copiando. Yo dije que era inocente, pero el tío que me hacía el examen estuvo a un tris de echarme. Mi inconsciente lo fabricó con una buena cara de mala leche. Con todo, dejó que me quedara. No obstante, cuando vi los ejercicios, no me sabía las preguntas y yo dudaba entre marcharme y saber que había suspendido en ese mismo instante o quedarme y saberlo un poco después ¡Vaya sueño espantoso! Continúo. Aunque no tenía intención de copiarme, me encuentro la solución de una de las preguntas en unos papelajos que había en el sitio. Eran de un tío que se lo sabía bien. Me acuerdo que entonces me pregunté que cuándo iba a darse la ocasión en que me encontrara con que no hubiera nadie que supiera más que yo. En ese momento me desperté ¡Me está afectando esto de las oposiciones!
Una profesora del departamento de la universidad en la que yo estaba una vez me dijo que ella empezó a vivir cuando aprobó la plaza, que se había pasado toda su juventud estudiando y preparándose. me confesó que a veces se preguntaba si no había perdido ese tiempo tan importante en la vida de los hombres estudiando. Yo, por supuesto, le contesté que en absoluto, que ella no había perdido el tiempo y que ahora tenía la merecida recompensa. Se lo dije pensando en el calvario de temporalidad en el que todavía hoy estoy sumido.
Hay veces que me dan ganas de mandarlo todo al carajo, pero creo que tengo que seguir luchando. Quiero quitarme de una vez por todas la preocupación por el futuro. Ya sé que en esta vida no hay nada seguro, pero creo que esta inseguridad que ahora estamos viviendo ha sido, en cierta manera, inducida artificiosamente. No está bien eso de jugar con nuestro futuro, como si fuéramos burros atados a carros que trabajan para conseguir una zanahoria inalcanzable.
Cambiando de tema, otra de las cosas buenas que me han pasado hoy es que me llamó mi jefa de la universidad. Me llevaba muy bien con ella. No sabéis lo que se lo agradecí. En fin.
Siempre es bueno que te recuerden en los sitios en los que has estado.
Esta noche soñé que iba a un examen de oposición y que me pillaban copiando. Yo dije que era inocente, pero el tío que me hacía el examen estuvo a un tris de echarme. Mi inconsciente lo fabricó con una buena cara de mala leche. Con todo, dejó que me quedara. No obstante, cuando vi los ejercicios, no me sabía las preguntas y yo dudaba entre marcharme y saber que había suspendido en ese mismo instante o quedarme y saberlo un poco después ¡Vaya sueño espantoso! Continúo. Aunque no tenía intención de copiarme, me encuentro la solución de una de las preguntas en unos papelajos que había en el sitio. Eran de un tío que se lo sabía bien. Me acuerdo que entonces me pregunté que cuándo iba a darse la ocasión en que me encontrara con que no hubiera nadie que supiera más que yo. En ese momento me desperté ¡Me está afectando esto de las oposiciones!
Una profesora del departamento de la universidad en la que yo estaba una vez me dijo que ella empezó a vivir cuando aprobó la plaza, que se había pasado toda su juventud estudiando y preparándose. me confesó que a veces se preguntaba si no había perdido ese tiempo tan importante en la vida de los hombres estudiando. Yo, por supuesto, le contesté que en absoluto, que ella no había perdido el tiempo y que ahora tenía la merecida recompensa. Se lo dije pensando en el calvario de temporalidad en el que todavía hoy estoy sumido.
Hay veces que me dan ganas de mandarlo todo al carajo, pero creo que tengo que seguir luchando. Quiero quitarme de una vez por todas la preocupación por el futuro. Ya sé que en esta vida no hay nada seguro, pero creo que esta inseguridad que ahora estamos viviendo ha sido, en cierta manera, inducida artificiosamente. No está bien eso de jugar con nuestro futuro, como si fuéramos burros atados a carros que trabajan para conseguir una zanahoria inalcanzable.
Cambiando de tema, otra de las cosas buenas que me han pasado hoy es que me llamó mi jefa de la universidad. Me llevaba muy bien con ella. No sabéis lo que se lo agradecí. En fin.
Siempre es bueno que te recuerden en los sitios en los que has estado.
martes, diciembre 26, 2006
Estamos todos contentísimos con mi sobrino. Está grande y rollizo; seguro que saldrá listísimo y espero que lleve la vida más feliz posible.
Qué pena que no se dé cuenta de la mayoría de las celebraciones y risas que tenemos por su causa: celebramos cuando se ríe, cuando se hace caca, cuando eructa. ¡Es el mejor tiempo en la vida de un hombre! Si alguno de nosotros eructara después de comer, nos pondrían de guarros hasta arriba. Si lo hiciéramos, por ejemplo, en la comida de la empresa, significaría la muerte social en nuestro departamento y eliminaríamos para siempre nuestra posibilidad de ascenso. Y por supuesto, a la hora de ir al baño, sólo celebramos nosotros mismos el acto de la defecación; si damos publicidad al importante hecho de que por fin no estamos estreñidos, nos dicen guarros y que si no tenemos de otra cosa mejor de la que hablar. ¡Qué afortunado es mi sobrino!
A lo mejor por eso, vivimos la niñez siendo el centro del universo; en los cumpleaños somos los reyes y son hasta reyes los que nos traen el regalo por navidad. Lo malo es cuando crecemos, que siempre llega alguien que te recuerda lo insignificante que eres para la humanidad: la primera chica o chico que te rechaza, el primer jefe que te trata mal.
Es como si nos cargaran cuando somos pequeños las pilas del autoestima y según va transcurriendo el tiempo, las circunstancias nos las van vaciando. Si hay algo que no es recargable es el ego y las neuronas. Empiezas siendo un dios y acabas siendo un vulgar tornillo de este gran engranaje que es la humanidad.
Yo procuraré que mi sobrino se siga sintiendo un rey, intentaré prevenirle de los peligros que le acechan y sobre todo que, si se encuentra con alguien que no le ama, le persuadiré de que no deje nunca de amarse a sí mismo.
Teniendo yo diez años, hubo un tipo muy bruto amigo de mis padres que me dijo unas palabras que se me quedaron grabadas para siempre:
-"a este niño le quedan por recibir muchas hostias"
¡Qué razón tenía el majadero! Reconozco que me hizo touché. Pero también le agradezco que me hiciera lúcido porque gracias a su crudeza ahora veo menos gigantes y sí muchos más molinos.
Qué pena que no se dé cuenta de la mayoría de las celebraciones y risas que tenemos por su causa: celebramos cuando se ríe, cuando se hace caca, cuando eructa. ¡Es el mejor tiempo en la vida de un hombre! Si alguno de nosotros eructara después de comer, nos pondrían de guarros hasta arriba. Si lo hiciéramos, por ejemplo, en la comida de la empresa, significaría la muerte social en nuestro departamento y eliminaríamos para siempre nuestra posibilidad de ascenso. Y por supuesto, a la hora de ir al baño, sólo celebramos nosotros mismos el acto de la defecación; si damos publicidad al importante hecho de que por fin no estamos estreñidos, nos dicen guarros y que si no tenemos de otra cosa mejor de la que hablar. ¡Qué afortunado es mi sobrino!
A lo mejor por eso, vivimos la niñez siendo el centro del universo; en los cumpleaños somos los reyes y son hasta reyes los que nos traen el regalo por navidad. Lo malo es cuando crecemos, que siempre llega alguien que te recuerda lo insignificante que eres para la humanidad: la primera chica o chico que te rechaza, el primer jefe que te trata mal.
Es como si nos cargaran cuando somos pequeños las pilas del autoestima y según va transcurriendo el tiempo, las circunstancias nos las van vaciando. Si hay algo que no es recargable es el ego y las neuronas. Empiezas siendo un dios y acabas siendo un vulgar tornillo de este gran engranaje que es la humanidad.
Yo procuraré que mi sobrino se siga sintiendo un rey, intentaré prevenirle de los peligros que le acechan y sobre todo que, si se encuentra con alguien que no le ama, le persuadiré de que no deje nunca de amarse a sí mismo.
Teniendo yo diez años, hubo un tipo muy bruto amigo de mis padres que me dijo unas palabras que se me quedaron grabadas para siempre:
-"a este niño le quedan por recibir muchas hostias"
¡Qué razón tenía el majadero! Reconozco que me hizo touché. Pero también le agradezco que me hiciera lúcido porque gracias a su crudeza ahora veo menos gigantes y sí muchos más molinos.
domingo, diciembre 24, 2006

Fundamentalmente, para desenvolvernos en sociedad nos preocupa tener armas. Queremos tener la espada y el puñal necesarios para defendernos en esta loca civilización: me refiero a un físico esplendoroso y a un cociente intelectual destacable.
Lo cierto es que la mayoría de la gente somos físicamente hablando, del montón; no sobresalimos ni por feos ni por guapos. A todos nos gustaría tener un cuerpo excelente, porque es cierto que el ser guapo abre muchas puertas y predispone a la gente a tratar mejor a los que lo son.
Hay uno de esos tontoestudios ( esas cosas que sirven para hablar con los amigos en las barras del bar o para poner en un blog cuando el autor está espeso ese día y no tiene otra cosa más interesante de la que hablar) que los hombres altos suelen tener mejor sueldo y acaparar los mejores puestos de las empresas. Es curioso, pero si me pongo a pensar en las empresas en las que he estado, casi todos los jefes eran muy altos. Me acuerdo que uno de los hombres más altos que he conocido pasó de ser de un reponedor que llegaba a las baldas más recónditas del almacén a ser un alto jefe que imponía con su estatura a los sufridos, bajitos y mal pagados reponedores. Hablo de los altos, porque ser alto es cualidad valoradísima entre las mujeres. Si eres alto y guapo, tienes los dos pasaportes más eficaces para atravesar las fronteras sociales más inexpugnables.
La belleza se usa como medio de selección de los individuos, de forma consciente o inconsciente, por eso vivimos en la era de la imagen y por eso las clínicas de cirugía estética gozan de gran predicamento.
De todos modos, ya he comentado en alguna ocasión que lo que me gusta cuando voy en tren es observar caras, comprobar lo disímiles que somos físicamente y que la "fealdad" me parece más interesante que la belleza: éste tiene la cara como el capitán Haddock, aquél con sus bigotes tiene la misma pinta que un obrero del diecinueve, aquélla tiene los labios finos de la Gioconda, ¡Joder ésa, Cómo se parece a Sabrina!
No sé quien dijo, que con esto de los progresos de la ingeniería genética, podrían llegar a tener todos los hombres y mujeres del futuro, el aspecto de Ken y Barby. ¡Vaya un mundo aburrido!
Cuando no se es guapo ni atractivo, nos quedamos con el consuelo de creernos inteligentes. Por eso, para que no se hunda nuestra autoestima, huímos despavoridos de los test de inteligencia; si uno puede esquivarlos, no los hace, lo malo es que cada vez las empresas recurren a ellos más asiduamente como forma de selección de personal, pese a que están muy cuestionados por ciertos sicólogos y siquiatras; siempre se pone el ejemplo de aquel señor de la selva que sale que es retrasado mental en el test de inteligencia. El test está hecho bajo los patrones educacionales del hombre occidental, y se dice, con toda la razón, que seguramente un hombre occidental, que haya sacado buena nota en el test, puesto en las misma condiciones que el hombre de la selva, se moriría de inanición, porque el conocer las plantas que comer y saber cómo cazar los animales que en ella viven es el test de inteligencia que tiene que pasar el hombre de la selva para sobrevivir.
Uno de los hombres más inteligentes que se recuerdan, el ajedrecista Bobby Fischer, es un auténtico inadaptado social y un verdadero inútil en todo salvo en el ajedrez. Por ser no es ni buena persona. También tenemos el caso contrario de Albert Einstein, que no sólo es uno de los mayores genios de todos los tiempos, sino también era una excelente persona, pacifista (aunque utilizaran sus ideas para hacer la bomba atómica) y comprometida socialmente. En los listos, de todo hay.
En fin, que lo de guapo y lo de listo está relacionado con nuestro deseo de ascenso social. Lo que tenemos que hacer es abolir la pirámide social, prohibir que se acuda a las clínicas de estética por idioteces y, sobre todo, eliminar los departamentos de recursos humanos. Deseo que las potencialidades de todos estén al servicio de todos y no de unos pocos, los que ahora están arriba y que son los nuevos señores feudales. Tal vez no sean los más inteligentes, pero tienen en nómina a los que sí lo son y están casados (o casadas) con aquellas grandes bellezas que se dejan comprar.
sábado, diciembre 23, 2006

Hoy os voy a hablar de un hombre bien hecho pero mal rematado, de un enebrador de palabras, de un hombre de valles y de montañas. Voy a hablar del poeta un poco cansado.
En un lugar recóndito de la Castilla rural de la posguerra nacieron dos mellizos: un niño y una niña. La niña nació bien, el niño, también, Pero con las manos retorcidas. El galeno no sabía el por qué de esa deformidad. Entonces la ciencia no llegaba a tanto como hoy. Se hicieron muchas suposiciones y conjeturas, que me resisto a poner aquí porque cualquiera de la que vosotros penséis es tan válida como las que hizo la poca ciencia que había dejado la guerra.
El niño llegó en una mano con sólo dos dedos y en la otra con los cinco aplastados. Un verdadero trauma para un matrimonio de agricultores de Castilla, que, como tantos otros, sólo contaban con las manos para ganarse el sustento: manos para la azada, para el ordeño, para la guadaña, para amasar el pan. En la rural y vieja Castilla un hombre con malas manos o sin ellas era un hombre perdido para el futuro. Su vástago no tenía bien las fundamentales herramientas del labriego. Desde aquel momento que el pequeño nació, decidieron ponerle a estudiar y que tuviera un futuro con los libros. Iría a la ciudad, pues el pueblo no es lugar para las manos de ese niño.
El niño fue creciendo, y aprendió a querer a los fresnos, los álamos, las golondrinas, los grajos, los jilgueros, los cerros y las piedras de su pueblo. Aprendió a respetar a los ancianos que sentados estaban en las portadas de las casas, a las mujeres con barro hasta las rodillas. Aprendió a querer al sol, la luna y el aire, como diría ese poema de Alberti. Quiso, en definitiva, la tierra que le vio nacer y con la que soñaría tantas veces en la habitación de una gran ciudad que, con su mar de civilización, nunca podría sustituir a un riachuelo rebosante de berros en sus orillas.
Creció y se divirtió con otros niños de su pueblo, que acostumbrados desde siempre a sus manos rotas, nunca le menospreciaron por ello. Demos todo el valor del mundo a este hecho, pues es cosa difícil de conseguir el respeto de los niños, entonces y ahora. Él peleó por ese respeto y se divirtió con los demás zagales. Todos los amigos que tuvo entonces los tiene ahora hoy . Tuvo, sobre todo, el amor de sus dos hermanas y de su hermano, que aún hoy le siguen amando incondicionalmente. Fueron cuatro Abeles y ningún Caín.
Si algo teme el castellano, éso es al mañana, y los padres de ese niño, llevados por el amor pero también por el miedo al porvenir, decidieron que le tocaba a hacer el bachillerato en la ciudad. Eso requería una inversión importante de dinero, aunque pobres, su hijo de manos rotas debía tener un futuro. El niño tenía marcharse a buscar su sostén lejos de una azada. La tarde de antes de la partida, él y sus hermanos lloraron hasta tener los ojos hinchados. Encima de ellos, las golondrinas hacían las últimas acrobacias del verano. No sabía cuándo volvería a verlas. Una madre también lloraba en silencio mientras cosía. Un padre pedía el vino en la taberna con la boca más seca que otras veces.
Pasaron algunos inviernos y cursos, y muchas tardes, el niño subía la vista de los libros porque se acordaba de su pueblo. Más de un suspenso le cayó por culpa de la nostalgia. Pasaron más años todavía y el niño se transformó en un adolescente en el que principiaba la elegancia: era guapo, de dulce caída de ojos. A partir de entonces, ninguna mujer se fijó en sus manos sino en sus ojos. Desde los dieciséis años, cuando iba los veranos a su pueblo, siempre hubo quien le arrancara gemidos a la orilla del río.
Y bueno, ya sabéis como sigue la historia de Don Juan, que de todo hubo y con todas se las vio. Noches y más noches citándose con Venus. En algunas ocasiones, viviendo un vodevil en un armario. Alguna mujer mayor llamándole crápula y sinvergüenza. Por haber, hasta monjas sé que hubo. Pero este Don Juan fue honrado y aunque en muchos lechos estuvo y muchas conquistas hay en su haber, siempre confesó con algo de humildad que nunca conquistó y siempre fue conquistado. Que él siempre cuando salía nunca sabía si iba a acompañar alguien en alguna cama: quienes lo sabían era las mujeres con las que se iba a encontrar aquella noche. No ligamos, nos ligan, siempre me decía, cuando yo tenía dieciocho años y más interesado estaba en el ars amatoria.
Sirva de ejemplo para los que creen que el atractivo pasa por un quirófano. Las manos rotas de un poeta siempre encontraron un pecho ardiente al que tocar.
Terminó sus estudios y se puso a trabajar. LLegó el momento de sentar cabeza y casó con una vasca cosmopolita y burguesa, con la que tuvo dos hijos. Aunque poeta, montó negocios que en un principio fueron bien. Se aficionó a los viajes, a los buenos restaurantes, a la ropa cara. Fue un cuarentón con estilazo y aunque casado, todavía cotizaba en el mercado de los Tenorios. Si os he de ser sincero, no sé si alguna vez cometió infidelidad, pero como no me consta y lengua viperina no tengo, diremos que los suspiros que arrancó entonces fueron hechos en posición vertical y no en horizontal. Salvo a los de su mujer, claro está.
Desgraciadamente, vino la cuesta bajo y sus negocios, como los de tantos otros, quebraron por la crisis de los noventa. Se quedó, como dice la canción de Sabina, "vencido, calvo y tieso". La ciudad que un día conquistara le cerró sus puertas y aunque amaba a su mujer, las cosas comenzaron a ponérsele muy difíciles a ambos, con el agravante de ser personas en una edad mala para que les cojan en alguna empresa. No pudo encontrar trabajo y su pensión por minusvalía no alcanzaba para mantener un hogar. Gracias a que sus hijos estaban en edad de trabajar, pudieron salir adelante. Vendieron su casa, y el dinero que les dieron por ella sólo sirvió para pagar deudas. Otra historia triste de cómo una familia de clase media deviene en clase baja. El resto, ya os lo podéis imaginar: después de la separación, el poeta decidió volver a su pueblo, a la casa donde pasó sus primeros días de manos rotas.
"estos parajes me perteneces,
aquí abrí mis ojos al mundo
a cielo, al sol, a mis afectos,
aquí soñé con ser un pájaro,
soñé con llegar a viejo
y ser grande como mi abuelo..."
Parafraseando una vez más a Sabina: "y sin dejar de ser el mismo el sabio, que para hacer poesía, sólo tenía que mover los labios..."
Nuestro poeta respira los vientos de su pueblo y los transforma en negro sobre blanco. Es un fue, un será, pero lo mejor de todo, es un es. Después de todo lo que ha pasado y de todo lo que ha sufrido, está en el sitio del que nunca se quiso ir.
Lo siento, pero dejo esta historia inconclusa. Si queréis saber más, preguntad en un viejo pueblo de Castilla por un rapsoda de ojos tristes, de manos y vivencias rotas.
viernes, diciembre 22, 2006

Yo, que me defino como persona progresista, tengo como referentes a premios Nobel de Literatura como José Saramago, Gabriel García Márquez, Harold Pinter o Darío Fo; a otros magníficos escritores como Eduardo Galeano y Mario Benedetti, a premios Nobel de la Paz como Rigoberta Menchú o Adolfo Pérez Esquivel; a grandes periodistas como Ignacio Ramonet. Por supuesto, al gran erudito Noam Chomsky y al brillante Michael Moore. La lista puede ser muy larga.
Les quiero imaginar a todos tan virtuosos en su esfera privada como en su vida pública. Pero tal vez no lo sean. Tal vez tengan cuentas pendientes con alguien. No se le puede pedir a un hombre que esté a la altura de sus ideas. Desgraciadamente, parte de la naturaleza humana son los instintos más bajos: la violencia, la mezquindad, la avaricia, la envidia... No sé, porque no les conozco, si están tocados por alguna de las vilezas que definen en parte a los monos más estúpidos de la creación: nosotros los hombres. Intuyo que como personas que son, algo en la trastienda deben de tener.
Esta reflexión me ha venido a la mente porque me acordé ayer por la tarde de una mujer que conocí en mi último trabajo que cumplía todos los requisitos del progresista: apoyaba toda causa sindical, odiaba los combustibles fósiles, creía en la solidaridad humana, odiaba la dictadura de las multinacionales, el consumismo, la explotación humana, odiaba a Bush... Vamos, que tenía sobresaliente cum laude en teoría del humanismo, del progresismo y de la solidaridad. Pero era una progre-humanista de boquilla; era un auténtico bicho en su vida profesional. Su condición de fija le valía para hacer la vida imposible a los compañeros temporales, que entrábamos para hacer sustituciones. No nos quería enseñar el trabajo, prefería pisotearnos diciendo a la jefa lo competente que era ella y lo incompetentes que éramos los demás. En mi caso particular, llegó a insultarme. Le gustaba ridiculizarnos delante de los clientes que venían a la ventanilla. Era grosera, borde y transformaba una mañana tranquila en un verdadero infierno. Era la encarnación del mismo demonio,pero estaba con todas las causas solidarias. Eso sí, pese a que despotricaba de los coches y la contaminación que generaban, se estaba sacando el carné de conducir.
En fin, de verdad que no soy partidario de echarle en cara a nadie sus contradicciones, porque yo también soy contradictorio; todos somos humanos y quizás el ser humano sea el ser más incoherente e irracional de la naturaleza. Hasta una mísera mosca actúa con más lógica que nosotros (donde hay mierda, hay comida, así que ahí que voy), pero cuando me tocan la moral y las contradicciones son muy gordas, sí me gusta hacérselas ver a quién las comete, como hice con esta señora, con la que por cierto, tuve una muy gorda, y puede que sea la causa de que no me llamen.
De hecho, hay gente a la que quiero precisamente por sus contradicciones. Gente cercana a mí que pese a ser ideológicamente opuestos, reaccionarios en algunos casos, les quiero por afinidad personal, porque pese a su ideología quieren las mismas cosas que yo. Les quiero porque quieren que todo el mundo tenga con qué comer y dónde vivir, porque les preocupa la contaminación de los mares y del aire, porque a veces han sido valientes y han salido en defensa del oprimido, porque no les ha cegado la idelogía a la hora de condenar las acciones de determinados poderosos y porque son buenos conmigo y nunca me han negado un abrazo o una sonrisa. Son gente clásica, algunos con fuertes creencias religiosas, pero buenos y alejados de esos ultraderechistas que sólo predican y fomentan la división y el odio.
Hace tiempo que decidí no clasificar a la gente por su ideología. Se es señor o no se es. Da igual que seas de izquierdas o de derechas. No voy a culpar a nadie por sus contradicciones, pues hasta un sabio como Unamuno tuvo las suyas. culparé a aquél que sea un ruin, un malvado o simplemente un sinvergüenza y podréis creer que no seré más o menos misericorde si es de izquierdas o de derechas.
Las ideologías no han acabado: acabarán el día en que se pongan de acuerdo los hombres buenos de una y otra parte para sacar adelante esta pobre y maltrecha civilización. Digo civilización y no digo mundo porque soy de los que creo que los que corremos peligro somos nosotros. El mundo nos sobrevivirá perfectamente, una vez que recicle la basura que hemos dejado.
¿Acaso no tiene moscas y otros bichos para comerse la mierda?
jueves, diciembre 21, 2006

Hoy he comenzado un curso del paro. Hay que hacer cosas productivas, que no todo va a ser dedicarse a escribir en el ciberespacio, actividad por otra parte propia de bohemios, frikis y drogadictos.
El curso es sobre el apasionante mundo de la contabilidad. Un arte para algunos y una ciencia para otros. Yo, de momento,cuando pienso en contabilidad, imagino a un señor haciendo cuentas y más cuentas, de nariz ganchuda, de cuerpo más bien seco de carnes, y nuez prominente, como el que os pongo en la foto. Pienso en uno como el que está junto al risitas al que le ha tocado el especial de las tragaperras. Alguien que calcula hasta el último céntimo, no como yo, que me pierdo con facilidad con los números y me vuelan con facilidad los euros. Espero que cuando lleguemos a la parte de la contabilidad creativa, me expliquen lo del milagro de los panes y los peces, a ver si puedo hacer lo mismo con los euros. No creáis que todo el mundo domina bien esa parte de la contabilidad. Que se lo pregunten si no a los directivos de ENRON o aquí en España, a los del Fórum Filatélico y Afinsa.
Me he apuntado al curso porque en administración, profesionalmente hablando, he tocado todos los palos salvo el de la contabilidad y no quiero que me echen para atrás en una entrevista porque no sé manejar el contaplus, por ejemplo, que me han dicho que es de muy fácil manejo, pero al no haberlo tocado nunca, pues me da reparo el aceptar un empleo habiéndome tirado el farol diciendo que sé dicho programa. Las mentiras tienen patas muy cortas...
Además, creo que hay que saber un poquito de uno de los principales resortes que mueven esta sociedad de mierda: la Economía, porque, por desgracia, mi formación humanística no la valoran en ningún lado. Tanto leer para nada.
Lo malo del curso es que empiezan desde cero el paquete Office, y todas las herramientas que contiene, salvo el Access (jolines, para hacer bases de datos ya tenemos el Excell) las tengo más que requetesabidas. Soy hombre de letras, sí, pero intento estar al tanto de las nuevas tecnlogías, si no, no me tendríais aquí dando a la tecla.
Otra cosa interesante que tiene el curso es que tiene un apartado de prevención de riesgos laborales y eso es una cosa que piden mucho ahora en las empresas.
Vamos, que es completito. Aunque creo que un administrativo el único riesgo laboral que corre en una empresa es que se haga cortecitos en los dedos con los folios o que se le descargue un boli en la camisa buena que le han traído los reyes. O que le pille el jefe jugando al buscaminas. Este último sí que es un riesgo laboral grande.
En cuanto a mis compañeros de clase, de todo hay: desde la niña recién salida del bachillerato que quiere incorporarse a la vida laboral, pasando por las amas de casa que lo que quieren es reincorporarse, hasta los que como yo, que recién han salido de
un trabajo y quieren dejar el paro cuanto antes. Cuanto antes, me refiero a mayo, que es lo que dura el curso.
¡Destino cruel! A mis años y tengo que estar por la mañana estudiando un curso y por la tarde estudianto oposiciones...
miércoles, diciembre 20, 2006

Estamos en tiempo de regalos. "Los niños son los protagonistas" dice el eslogan de una gran firma de comercio. Pero, sin ánimo de aguarle la fiesta a nadie, y menos a las felices criaturas a las que deseo un porvenir lleno de bondades, hoy voy a hablar de la gran pérdida juguetera que hubo en mi vida:
- La del medio casco de mi airgamboys astronauta.
Hubo otras desapariciones, como las pistolas de mis cliks de famóbil vaqueros, la de parte de la segunda chimenea de mi Tente Titanic o las páginas de la Interviú en donde salía Danuta Lato, en un extra verano del 87; pero no fueron tan fatales como la del airgamboys.
El airgamboys astronauta que yo tenía (por cierto, yo creía que era airgamboys buzo) era un caballero blanco de sempiterna sonrisa y pecas (las pecas se distinguían de los ojos en que eran unos puntitos más pequeños y estaban más abajo), guantes y botas plateados para hacer juego con el módulo espacial con el que viajaba y una pistola transparente de colorines que más parecía para echar agua a los marcianos que rayos láser. Este muñeco me lo compró mi madre tras insistirle largamente, porque no podía soportar que mi vecino tuviera el airgamboys submarinista y yo no tuviera ninguno.Los vendían en una mercería del mercado de mi barrio, donde aparte de hilos y lanas para hacer jerséis ochenteros, podías comprar, aparte de los airgamboys, barriguitas, juegos de agua geyper y coches en miniaturas Guisval de diversos colores.
¡Qué feliz era con mi airgamboys recién adquirido! Pasamos buenos momentos juntos. Le montaba y desmontaba el casco, le ponía y le quitaba la pistola. Le ponía en varias posiciones, porque los airgamboys, a diferencia de los cliks de aquel entonces, si podían cambiar de posición manos y piernas.
Pero llegó una fatídica tarde: Procedí a quitarle una vez más la escafandra, una esfera dividida en dos partes. Una de las partes cayó al suelo pegando varios botes. Se perdió en un punto indeterminado del universo. Es decir: entre el tambor de los juguetes y el armario. No volví a ver nunca más la mitad de la escafandra que hacía a mi airgamboys, astronauta.
¡Qué iba a hacer mi airgamboys astronauta sin su escafandra completa! Busqué, busqué y nada encontré. La desesperación nubló mi ánimo y la decepción por mi juguete incompleto hacía mirarle con una mezcla de pena, pero también de rabia. Mi airgamboys no volvería a ser jamás un austronauta.
¿Cómo le iba a mandar yo por esos mundos de Dios sin una escafandra que le proteja de atmósferas malignas, con metano en suspensión, o lo que es peor, con Whisky? No, no podía hacer eso.
Había que hacer algo con mi airgamboys astronauta. Decidí cambiarle de empleo y aprovechando unas telas también compradas por mi madre en la mercería del mercado, le confeccioné un traje para un nuevo trabajo: héte aquí el airgamboys cocinero.
Por desgracia, las telas mal puestas con las que le hice el mandilón y el gorro de cocinero no terminaban de convencerme, así que se me ocurrió una idea:
- Vecino, ¿me cambias este airgamboys cocinero por el airgamboys submarinista?
- Qué dices tío, si el tuyo tiene manchado el ojo con el supergen que le chorrea del gorro que le has hecho.
Nunca se me dieron bien los trabajos manuales. Volví a mi casa y eché el airgamboys cocinero en el tambor donde guárdábamos, entre otras cosas, la muñeca sin ojo, Tiernecito cuello descoyuntado y tres cliks de famóbil sin pistolas, sin brazos y sin
peluca.
Ha habido otras pérdidas en mi vida, pero que me marcaran tanto como la de la media escafandra del airgamboys, ninguna ¡Desapareció en un punto indeterminado del rincón donde yo jugaba como si fuera una moneda de predisgitador! Todavía hoy no sé si fue una señal de las fuerzas sobrenaturales que nos vigilan, o fui testigo de un cambio de dimensión de la escafandra de mi airgamboys, y ahora hay un niño en la dimensión paralela con dos escafandras de airgamboys. O símplemente, que mi madre barrió detrás del rincón, se encontró con la pieza y en lugar de restituirla en su sitio, la tiró a la basura sin más contemplaciones y sin decirme ni mú ¡Qué crueles pueden ser algunas veces las madres!
En fin, ya os he contado uno de los grandes traumas de mi vida. Otro día os contaré la misteriosa desaparición de la segunda chimenea de mi Tente Titanic, que también tiene tela, no os vayáis a creer.
martes, diciembre 19, 2006
Hoy he hecho un examen y es el mejor examen de oposición que he realizado en mucho tiempo. ¡Me sabía todas las preguntas! La lástima es que son nada más que cuatro plazas y no tiene bolsa de empleo. ¡Lástima! Siempre ha habido cuatro o más personas que han sabido más que yo: en el colegio, en el instituto, en la universidad y en las
oposiciones. A ver si en esta oposición no hay cuatro que sepan más que yo. O mejor, en las de profe, que tengo dentro de un año y siete meses.
La cosa de pone difícil: mis compis del último trabajo me han chivado que van a hacer un filtro muy elevado de puntos, y puede que los puntos que yo tengo no sean suficientes. Si no llego al mínimo de puntuación que marquen, me quedo fuera de la bolsa de empleo, puesto que la bolsa actual en la que yo estoy desaparece y con ella, mi posibilidad de trabajar.
¡Dios mío!¿Por qué me lo pones tan difícil? Los de mi penúltimo trabajo,ni se acuerdan de mí para hacerme un huequecillo ¡Si soy bueno y me porto bien!
En fin, siempre me queda la empresa privada, pero como hasta para ser becario te piden un máster, cosa que yo no tengo...Eso sí, tengo cursos para dar y tomar, pero creo que con éso sólo no vale, pues, qué queréis que os diga ¡Uf!
Pero bueno, hay que ser optimistas; todavía me queda mucho paro y he salido de situaciones peores que ésta. Dios aprieta pero no ahoga, etc... ¡Siempre me acuerdo de Dios cuando las cosas se me ponen difíciles! Espero que me perdone éso de ser agnóstico, porque si no, lo llevo crudo.
Bueno, por ahora sólo me queda esperar y seguir estudiando. Seguiremos informando.
oposiciones. A ver si en esta oposición no hay cuatro que sepan más que yo. O mejor, en las de profe, que tengo dentro de un año y siete meses.
La cosa de pone difícil: mis compis del último trabajo me han chivado que van a hacer un filtro muy elevado de puntos, y puede que los puntos que yo tengo no sean suficientes. Si no llego al mínimo de puntuación que marquen, me quedo fuera de la bolsa de empleo, puesto que la bolsa actual en la que yo estoy desaparece y con ella, mi posibilidad de trabajar.
¡Dios mío!¿Por qué me lo pones tan difícil? Los de mi penúltimo trabajo,ni se acuerdan de mí para hacerme un huequecillo ¡Si soy bueno y me porto bien!
En fin, siempre me queda la empresa privada, pero como hasta para ser becario te piden un máster, cosa que yo no tengo...Eso sí, tengo cursos para dar y tomar, pero creo que con éso sólo no vale, pues, qué queréis que os diga ¡Uf!
Pero bueno, hay que ser optimistas; todavía me queda mucho paro y he salido de situaciones peores que ésta. Dios aprieta pero no ahoga, etc... ¡Siempre me acuerdo de Dios cuando las cosas se me ponen difíciles! Espero que me perdone éso de ser agnóstico, porque si no, lo llevo crudo.
Bueno, por ahora sólo me queda esperar y seguir estudiando. Seguiremos informando.
lunes, diciembre 18, 2006
"el umbral de dolor de las familias es muy alto" "las personas de cierta edad compraron las casas con tipos de interés al 16%" Se habrá quedado a gusto.
El que ha dicho tan crueles palabras es D. Pedro Solbes Mira, de profesión, ministro de hacienda español y aspirante a sádico de prostíbulo. Es un hombre que sabe lo que dice; ha ocupado un buen número de puestazos importantes. Es un hombre de talento; le han llamado en dos legislaturas para la cartera de Hacienda . Ha tenido la cartera de asuntos económicos y monetarios de la Unión Europea. Ahí es nada.
Os preguntaréis ¿Cómo puedo yo, pobre y minúsculo parado, poner en entredicho las palabras de tal eminencia gris? Pues porque el señor Solbes ha omitido otras cosas que hacen que piense que nos está comiendo la merienda, y porque una verdad dicha a medias es una mentira de doble fondo. Y basándonos en esto último, el Señor Solbes ha mentido como un bellaco. Sí, es cierto que tenían los de su generación, que por cierto, es la de mis padres, tipos de interés muy altos ,pero aún con intereses tan altos, los pisos se solían pagar de media en diez años ¡CON UN SÓLO SUELDO! Ahora, pese a que los tipos de interés son más bajos, se necesitan dos sueldos y no menos de cuarenta años para pagar una casa normalita en el extrarradio de una gran ciudad. Y no sólo eso: don Pedro Solbes habla desde la seguridad que da ganar más de siete mil euros mensuales y la vivienda (o viviendas, que es posible que tenga más de una o dos) pagada, no como la mayoría de los españoles, que ganan en su mayoría sólo mil, un sueldo a todas luces inconstitucional, porque según el artículo 35 de nuestra constitución :
"1. Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo."
Mil euros es un sueldo inconstitucional, pues no resuelve las necesidades de una familia y encima, las mujeres ganan menos que los hombres, con lo que hay discriminación de sexo. Y el señor Pedro Solbes, que debería ser guardián de nuestros derechos por su condición de máximo servidor público, en lugar de eso, aplaude la resignación y el incumplimiento de nuestros derechos fundamentales. Bravo.
Probablemente, el señor Solbes, cuando deje esta menudencia de la política (para gente como él ser ministro es una menudencia) entrará en algún consejo de administración de alguna megaempresa donde ganará todavía más que de ministro. No la fruslería de 7000 euros mensuales, no. Hablo de los 600000 euros al año, con contrato blindado, que suelen ganar esa gente por decir que la megaempresa debe superar los beneficios del año pasado.
Hubo otro ministro de hacienda, socialista también, que igualmente animó a los españoles con las siguientes palabras: "hay que apretarse el cinturón"
El ministro en cuestión se llamaba Miguel Boyer y poco después de dejar la cartera ministerial, compró para su señora y para él una estupenda casa con deciocho cuartos de baño. Curiosa forma de apretarse el cinturón. Por cierto, ahora es presidente de una gran compañía dedicada al petróleo. Aplaude las líneas de actuación de los gobiernos conservadores, de hecho, se le suele ver en los saraos que organiza el partido conservador de aquí. Las últimas fotos que he visto de él le he encontrado más gordo. Tendrá que aflojarse el cinturón.
¡Pobres de nosotros! Si son los propios socialdemócratas los que dicen y hacen estas cosas...¿Quién defenderá a partir de ahora a las clases bajas?
Nosotros sí que tenemos poderosísimas razones para decir lo que el conde de Romanones:
-¡joder, qué tropa!
El que ha dicho tan crueles palabras es D. Pedro Solbes Mira, de profesión, ministro de hacienda español y aspirante a sádico de prostíbulo. Es un hombre que sabe lo que dice; ha ocupado un buen número de puestazos importantes. Es un hombre de talento; le han llamado en dos legislaturas para la cartera de Hacienda . Ha tenido la cartera de asuntos económicos y monetarios de la Unión Europea. Ahí es nada.
Os preguntaréis ¿Cómo puedo yo, pobre y minúsculo parado, poner en entredicho las palabras de tal eminencia gris? Pues porque el señor Solbes ha omitido otras cosas que hacen que piense que nos está comiendo la merienda, y porque una verdad dicha a medias es una mentira de doble fondo. Y basándonos en esto último, el Señor Solbes ha mentido como un bellaco. Sí, es cierto que tenían los de su generación, que por cierto, es la de mis padres, tipos de interés muy altos ,pero aún con intereses tan altos, los pisos se solían pagar de media en diez años ¡CON UN SÓLO SUELDO! Ahora, pese a que los tipos de interés son más bajos, se necesitan dos sueldos y no menos de cuarenta años para pagar una casa normalita en el extrarradio de una gran ciudad. Y no sólo eso: don Pedro Solbes habla desde la seguridad que da ganar más de siete mil euros mensuales y la vivienda (o viviendas, que es posible que tenga más de una o dos) pagada, no como la mayoría de los españoles, que ganan en su mayoría sólo mil, un sueldo a todas luces inconstitucional, porque según el artículo 35 de nuestra constitución :
"1. Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo."
Mil euros es un sueldo inconstitucional, pues no resuelve las necesidades de una familia y encima, las mujeres ganan menos que los hombres, con lo que hay discriminación de sexo. Y el señor Pedro Solbes, que debería ser guardián de nuestros derechos por su condición de máximo servidor público, en lugar de eso, aplaude la resignación y el incumplimiento de nuestros derechos fundamentales. Bravo.
Probablemente, el señor Solbes, cuando deje esta menudencia de la política (para gente como él ser ministro es una menudencia) entrará en algún consejo de administración de alguna megaempresa donde ganará todavía más que de ministro. No la fruslería de 7000 euros mensuales, no. Hablo de los 600000 euros al año, con contrato blindado, que suelen ganar esa gente por decir que la megaempresa debe superar los beneficios del año pasado.
Hubo otro ministro de hacienda, socialista también, que igualmente animó a los españoles con las siguientes palabras: "hay que apretarse el cinturón"
El ministro en cuestión se llamaba Miguel Boyer y poco después de dejar la cartera ministerial, compró para su señora y para él una estupenda casa con deciocho cuartos de baño. Curiosa forma de apretarse el cinturón. Por cierto, ahora es presidente de una gran compañía dedicada al petróleo. Aplaude las líneas de actuación de los gobiernos conservadores, de hecho, se le suele ver en los saraos que organiza el partido conservador de aquí. Las últimas fotos que he visto de él le he encontrado más gordo. Tendrá que aflojarse el cinturón.
¡Pobres de nosotros! Si son los propios socialdemócratas los que dicen y hacen estas cosas...¿Quién defenderá a partir de ahora a las clases bajas?
Nosotros sí que tenemos poderosísimas razones para decir lo que el conde de Romanones:
-¡joder, qué tropa!
No sé vosotros, pero mi vida es una sucesión de errores de los que no me arrepiento. Situaciones que he provocado, en muchos casos ridículas, unas veces por el exceso de bebida, otras por no sopesar debidamente la situación en la que me veía envuelto, otras por dar prioridad a unas cosas frente a otras. Pero el caso es que, de resultas de todo ésto, me encuentro aquí reflexionando y poniéndolo en negro sobre blanco para vosotros.
Alguna gente piensa que si pudiera reescribir su vida lo haría de otra manera, o que si pudiera dar marcha atrás en la moviola, pues que lo haría para no cometer esa torpeza que parecía insignificante, pero que ha tenido consecuencias desastrosas en su vida. Por ejemplo, en una reunión con compañeros, algo dicho a vuelapluma, sin meditarlo, sin querer hacer daño,y te has granjeado un nuevo grupo de enemigos. No pensaste que les iban a caer tus palabras así de mal, pero al cabo de un tiempo más o menos breve, sufres las consecuencias de unas palabras que no tenían por objetivo el causar dolor o molestia. Crees que éso son cosas de las almorranas y de no las palabras.
Hay quien dice por ahí que somos la suma de nuestros errores y nuestros aciertos, que nuestro conocimiento de la vida depende tanto de los unos como de los otros. Otros llegan más lejos: del error, por muy doloroso que sea el resultado, se aprende más que del acierto.
Como dijo Quevedo: "¿siempre hay que sentir lo que se dice, nunca decir lo que se siente?" Cicerón siempre habló laudatoriamente de la prudencia, pese a que será una de los senadores que más "largaban" en su época (desgraciadamente pagó por ello) y Baltasar Gracián es otro que alabó sobre la prudencia en un libro. Y digo unos pocos ejemplos, porque a lo largo del tiempo han sido muchos que han escrito sobre la prudencia como valor para desenvolverte bien en la vida. Pero, para el que quiere ir más allá no es buena cosa el ser prudente. Ya sabemos que la prudencia es un corsé que viene muy mal para que se produzca la inspiración. Afortunadamente, ni Quevedo, ni Cicerón y casi que ni Gracián fueron prudentes siempre. De haber sido más temerosos, no hubieran salido tan buenos escritores. No es buena cosa para el que quiere vivir , (o vivenciar, como dirían algunos filósofos), paralizarse por la prudencia.
La prudencia, creo, es más cualidad para gobernantes que para el resto de personas, y creo que Gracián pensaba en ellos más que en ningún otro.
Lo que me motivó a escribir este artículo es el pensar que si no fuera por los errores cometidos en mi vida, no hubiera tenido el acierto de estar con mi chica. Digamos que pensé que mis errores habían sido las puertas que yo he tenido que abrir y que finalmente me han conducido al acierto de estar con mi chica. Lo cierto es que ella me quiere pese a mis errores. Pienso que si no hubiéramos cometido "la imprudencia" de unir nuestras vidas, ahora seríamos más infelices.
Ser audaz, o te conduce a un paso adelante o te manda diez pasos atrás, pero no podemos quedarnos en el camino pensando en los golpes que podemos recibir. La vida es un riesgo que debemos de correr. Hay que seguir andando, sí, con un poco de prudencia, vale, pero no dejando que ésta te paralice en tu camino.
Después de todo, nunca nos libraremos de la duda de si es correcto o no lo que hacemos.
Alguna gente piensa que si pudiera reescribir su vida lo haría de otra manera, o que si pudiera dar marcha atrás en la moviola, pues que lo haría para no cometer esa torpeza que parecía insignificante, pero que ha tenido consecuencias desastrosas en su vida. Por ejemplo, en una reunión con compañeros, algo dicho a vuelapluma, sin meditarlo, sin querer hacer daño,y te has granjeado un nuevo grupo de enemigos. No pensaste que les iban a caer tus palabras así de mal, pero al cabo de un tiempo más o menos breve, sufres las consecuencias de unas palabras que no tenían por objetivo el causar dolor o molestia. Crees que éso son cosas de las almorranas y de no las palabras.
Hay quien dice por ahí que somos la suma de nuestros errores y nuestros aciertos, que nuestro conocimiento de la vida depende tanto de los unos como de los otros. Otros llegan más lejos: del error, por muy doloroso que sea el resultado, se aprende más que del acierto.
Como dijo Quevedo: "¿siempre hay que sentir lo que se dice, nunca decir lo que se siente?" Cicerón siempre habló laudatoriamente de la prudencia, pese a que será una de los senadores que más "largaban" en su época (desgraciadamente pagó por ello) y Baltasar Gracián es otro que alabó sobre la prudencia en un libro. Y digo unos pocos ejemplos, porque a lo largo del tiempo han sido muchos que han escrito sobre la prudencia como valor para desenvolverte bien en la vida. Pero, para el que quiere ir más allá no es buena cosa el ser prudente. Ya sabemos que la prudencia es un corsé que viene muy mal para que se produzca la inspiración. Afortunadamente, ni Quevedo, ni Cicerón y casi que ni Gracián fueron prudentes siempre. De haber sido más temerosos, no hubieran salido tan buenos escritores. No es buena cosa para el que quiere vivir , (o vivenciar, como dirían algunos filósofos), paralizarse por la prudencia.
La prudencia, creo, es más cualidad para gobernantes que para el resto de personas, y creo que Gracián pensaba en ellos más que en ningún otro.
Lo que me motivó a escribir este artículo es el pensar que si no fuera por los errores cometidos en mi vida, no hubiera tenido el acierto de estar con mi chica. Digamos que pensé que mis errores habían sido las puertas que yo he tenido que abrir y que finalmente me han conducido al acierto de estar con mi chica. Lo cierto es que ella me quiere pese a mis errores. Pienso que si no hubiéramos cometido "la imprudencia" de unir nuestras vidas, ahora seríamos más infelices.
Ser audaz, o te conduce a un paso adelante o te manda diez pasos atrás, pero no podemos quedarnos en el camino pensando en los golpes que podemos recibir. La vida es un riesgo que debemos de correr. Hay que seguir andando, sí, con un poco de prudencia, vale, pero no dejando que ésta te paralice en tu camino.
Después de todo, nunca nos libraremos de la duda de si es correcto o no lo que hacemos.
domingo, diciembre 17, 2006

Seis comilonas como seis toros Mihura tengo la semana que viene. Cada vez que entro al baño, miro de reojo a la báscula. Hoy hemos decidido ir con la familia a un chino para ver si la comida nos produce descomposición y adelgazamos unos kilitos para entrar con buen pie en las comidas de navidad ¡Vaya manera de comer!
Se comen langostinos como si fueran pipas. Se bebe cerveza y champán en lugar de agua. Parece que no hemos comido en veinte años y los cierto es que la última vez comimos así y en esa cantidad fueron las navidades pasadas ¡Qué horror!
Lo peor es que llegará un momento en que miraremos las ricas preparaciones que tanto tiempo han llevado en la cocina a los aficionados cocineros con una mezcla de reparo y hastío. Los aficionados a los fogones se habrán esforzado al máximo para unos paladares que están ya congestionados de tanta mezcla de sabores y sobresaturados de trabajo. El esfuerzo y el amor puesto por los Paul Bocusse en potencia no tendrá la recompensa merecida de nuestros maltratados estómagos.
Se calcula que los españoles engordaremos de media tres kilos. No importa. Más vale echar carne de más que echarla de menos. Ya los perderemos en enero. Es la primera época en la historia de este país en que la los españoles estamos hartos de comer. En la literatura del siglo de Oro, se hablaba mucho de comida en novelas y teatros, precisamente porque no había. Debemos disfrutar de la bonanza porque nunca sabremos cuándo se va a acabar. Disfrutemos del vino, del que acaso nos privemos por
el cambio climático, disfrutemos del cordero, que tanto ha sido anhelado por nuestros antepasados (Recordad el refrán: de la mar, el mero y de la tierra, el cordero) y disfrutemos del turrón, aunque este año venga más caro por la escasez en la cosecha de avellana. A saber si dentro de unas pocas generaciones dejaremos de tener turrón. Agradezcamos el champán, el pavo, los polvorones y los langostinos, que tan
cerca los tenemos y tan fácil nos ha sido el obtenerlos. Nunca se sabe, a lo mejor, dentro de poco tiempo, deciden hacer con la comida lo que han hecho con la vivienda: ponérnosla por las nubes. Por eso comed, comed, que nunca se sabe.
Hece poco vi un vídeo de una mujer africana que dormía a sus hijos haciéndoles creer que había sopa para cenar. En realidad, en el caldero sólo había piedras y era una artimaña que empleaba la pobre mujer para paliar el dolor de sus hijos por el hambre. Lo que yo daría por compartir con ella y sus hijos mi mesa, que se hartaran de comer como yo.
Por eso, me río de Ferrán Adriá cuando nos ofrece como alternativas gastronómicas las ligeras espumas de zanahoria y demás zarandajas. Quédate, ilustre cocinero, con tan poco saciadores platos, que donde esté el cordero de digestión pesada, que se quiten las espumas que dejan la sensación de no haber comido.
Viva el Almax y vivan los cinturones con un agujero más.
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