lunes, noviembre 12, 2007


Pese a que siempre he sido un voraz lector, jamás he tenido, ni tengo, una gran biblioteca en mi casa. De tal cosa se extraña mucha gente, pues todo aquél que se tenga por culto ha de tener una buena colección de libros. Sin embargo, yo no la tengo, pese a que algo de cultura he conseguido gracias, en primer lugar, al interés de mis padres en que yo estudie, y también gracias a mi predisposición libresca.
No tengo tomos y lomos en mi casa porque yo siempre he acudido a las que el municipio ha puesto al servicio del pueblo. En ellas no me ha sido difícil encontrar a los clásicos, así como obras de consulta y manuales. Prácticamente, en mi vida de estudiante, no he comprado ningún manual . Y todo es debido a que el ayuntamiento de mi municipio puso a mi alcance todos los que necesitaba. Sólo tenía que saber buscar.
Mucha gente presume de poseer veinte, treinta o cuarenta mil volúmenes, en estanterías que invaden prácticamente toda la casa ¿Pero no quedamos en que el saber no ocupa lugar? ¿Para qué tal acumulación , si en las bibliotecas públicas los hay que llevan años esperando al siguiente lector? Muchos montan estanterías en su casa para llenarlas de papel porque los tomos gordos visten muy bien una casa, deslumbran al visitante y el anfitrión se hincha como un pavo real, como si realmente se los hubiera leído todos. Pero no nos engañemos, los libros, al igual que los cuadros, son objetos de colección y sus dueños sólo los quieren por su valor material y porque confieren prestigio social. Dicen que el varón Thyssen no entendía de pintura, pero sí de economía, y que lo segundo primaba más que lo primero en su pinacoteca; igual pasa con las biliotecas. Se puede tener una valiosa colección siendo prácticamente analfabeto.El saber que vale es el que está en la cabeza y no en las estanterías; por muy llenas que éstas ultimas se tengan, tanto da si no se alimentan las neuronas con su contenido.
Alguien dijo que "una casa sin biblioteca es una casa sin dignidad", pero yo lo cambiaría por "un municipio sin bibliotecas es un municipio sin dignidad" porque para mí siempre el bien colectivo siempre ha sido más importante que el bien individual y porque yo he podido satisfacer toda mi curiosidad gracias a la que hay en mi barrio, sin necesidad de gastarme fortunas en libros ni llenar de estanterías mi casa. Decían los egipcios que son los tesoros de los remedios del alma y yo, que lucho contra el feroz individualismo, hago esta loa que sirve de agradecimiento para esos botiquines del espíritu, al alcance de mayores y pequeños, que son esos maravillosos centros públicos del saber.

domingo, noviembre 11, 2007

domingo, noviembre 11, 2007
Después de leer a Machado, muchos podrían creer que Castilla es la tierra de los hombres sin sueños, de los apegados al terruño, de cabezas huecas como los troncos de los álamos muertos que con pena se pueden contemplar si vais por algunos campos de Castilla.
Ayer, un poeta, al que ya dediqué una entrada, fue protagonista de un hecho insólito: presentó un libro en un local prestado por el ayuntamiento de un pueblo de la serranía castelllana y acudió una gran suma de gente a verle. Acompañándole a la lectura de sus poemas estaba, a la guitarra, Fernando, componente del grupo Nuevo Mester de Juglaría, que con su grandeza, tanto física como artística, llenó el acto de sonrisas y de bondad.
Y qué decir del poeta. Un hombre sensible, con el corazón lleno de nostalgia de los campos, de la infancia, de las tradiciones; un progresista que quiere conservar sus raíces y su memoria por contradictorio que esto pueda parecer. Los humanos nos debemos reservar el derecho a vivir con nuestras propias contradicciones. Él, con sus sesenta años recién cumplidos, nos narraba una forma de vida que ya había desaparecido. La que conoció de niño. Nos regaló con una visión de la naturaleza como sólo un niño de pueblo puede hacerlo, imposible para los ojos de un urbanita, que sólo se puede conformar con imaginar. Qué grandioso ver cómo un hombre de sesenta años presenta al niño que fue a un auditorio de gente extraña y adulta, con lo amigos que son la gente de esa condición a juicios de valor y menoscabos subsiguientes.
Pero en contra de lo que sospechaba este humilde opositor, el auditorio enjuiciador escuchaba con respeto al rapsoda y al cantante. Las notas de la guitarra más la voz a veces afligida del poeta causaban una sensación de respeto absoluto sólo mancillado por los insolentes pero afortunadamente amortiguados ruidos de motores que esporádicamente merodeaban maleducados por la sala . Y de repente, el auditorio adulto se volvieron cien mil niños: las lágrimas brotaron, el pulso se aceleró. Un público tan niño como el poeta de la nostalgia se entregó al calor maternal de la poesía. Y fuera del recinto era noviembre y el sábado por la noche ocurrió el acto más insólito de la serranía castellana. Más que encontrarse en una de las curvas de esa sierra a la autoestopista de la curva, fíjese usted. Ayer ví cómo todo un auditorio de castellanos viejos, se convertían en niños escuchando la poesía de la nostalgia. Y quién me dice a mí que no fue una maravilla que ríase usted de fantasmas y aparecidos.

sábado, noviembre 10, 2007

Recuerdo que había unos cromos con los personajes de Hannah Barbera, unas golosinas llamadas Petas Zetas que picaban en la boca, el sabor del Phoskitos de un recreo de cuando tenía ocho años, las bicicross BH verdes y blancas, una sudadera horrible verde y naranja de la marca karhu , la BH de paseo rosa, unos sobres de soldaditos que se llamaban Monta-man, el sabor con esencia de limón de la gaseosa Pitusa que yo bebía en casa de mis abuelos, las cerillas de Fosforera española que se encendían en el terrazo, las galletas María Fontaneda con las que hice una plasta y que luego tiró mi madre por ser una especie de engrudo incomible, la Biblia de mi tío era de las ediciones paulinas, dos Chrysler 180, uno dorado y el otro blanco, el primer diccionario que me regalaron era Kapelusz, mis vaqueros marrones claros Wrangler, el coche que conducía el humorista Pedro Ruiz cuando hacía de taxista era un Renault 9 GTS, que la tapicería del Dyane 6 amarillo de mis tíos era de listas marrones y naranjas, que la primera vez que olí un ambientador de pino fue en el Citroën GS de mi tío Juan, que mi tío Miguel fumó en una cumpleaños cigarrillos Lola, que el 850 se mi tío Mariano llevaba un San Cristobal, que el asador donde se celebró la comunión de mis hermanos y mía se llamaba Manrique, que la tarta que nos pusieron era charlota, el primer cogarrillo que me fumé era Dunhill comprado en Andorra, que rompí tres botellas de Long Jhon, los tebeos que me gustaban eran Don Miki y Copito, el insecticida Raiz que mi abuela echaba cuando había muchas moscas, los puros Don Álvaro que fumaba mi abuelo, las gafas Carrera de mi tío Paco y mi tío Rafa, el balón Tango que le regalaron a mi compañero Jose María, el Palé que sacó Cefa, el Monopoly, juegos reunidos Geyper, tenemos chica nueva en la oficina, se llama Farala y es divina, el spectrum, las cartas de Heraclio Fournier con las que jugábamos al cinquillo, el reloj Casio con calculadora de mi primo miguel, la colonia agua Brava de mi abuelo, la colonia varón Dandy de mi otro abuelo, la maquinilla Wilkinson de mi padre, el polo Benetton de mi hermana, sus cartas de Snoopy, la Super Pop de Henar, el Super López de Gabriel.
Por no hablar de un Simca 1200 verde y luego rojo, Talbot Solara GL blanco, dos televisores y una radio Grundig, una lavadora Agni, un friforífico White westinghause y fognes de Teka.
Vi en el cine una de Popeye en sesión matinal, mi tío volvía de Londres hablando de los Cereales de los desayunos ingleses, el pastel de carne que nos trajo, el sabor de la hostia consagrada, los vaquero gastados y sucios de Tomás, All That She wants, de Ace of base sonaba en la radio cuando, de vuelta a casa de las vacaciones, estaba pensando, cabreado, en las tres de las que tenía que examinarme; diceciséis litros de vino consumidos en menos de tres horas, hacer autoestop porque todos los de tu pueblos ya se han ido, la tercera declincación del latín, yo, mí, me, contigo, las pancetas, las litronas y el calimocho, los juncos, las eras, el medallón de Sara, su desmayo, los capones comprados vivos y matados después por mi abuela, el pan de mollete, los huevos que saben a huevos, el tomate que sabe a tomate y el cordero lechal que sabe a gloria y no a cordero, la emisora de radioaficionado de Julio y Ricardo, la ropa negra de Susana, el potito de Miguel que yo me comí.
De la enciclopedia Tristopedia, datos inútiles, recuerdos emocionados y alguna que otro almacenamiento inútil por un excesivo consumo de publicidad.

jueves, noviembre 08, 2007


»Hízome el cielo, según vosotros decís, hermosa, y de tal manera que, sin ser poderosos a otra cosa, a que me améis os mueve mi hermosura; y, por el amor que me mostráis, decís, y aun queréis, que esté yo obligada a amaros(...)Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos (...)Fuego soy apartado y espada puesta lejos. A los que he enamorado con la vista he desengañado con las palabras. Y si los deseos se sustentan con esperanzas, no habiendo yo dado alguna a Grisóstomo ni a otro alguno, el fin de ninguno dellos bien se puede decir que antes le mató su porfía que mi crueldad. Y si se me hace cargo que eran honestos sus pensamientos(...)¿por qué se ha de culpar mi honesto proceder y recato?
La que habla es Marcela, una pastora que conoció don Quijote al poco de empezar sus aventuras. Cervantes, en la primera parte del libro intercalaba historias, puesto que le pagaban "al peso" y por eso daba a la imprenta todo el material que tenía, que de dineros nuestro genial autor andaba escaso. Lo que ganaría hoy sólo de dar conferencias. Pensemos las fortunas que ganan gente con menos sesera y talento que él. Se equivocó de tiempo nuestro más honrado escritor y tal vez de los más pobres.
Me estoy releyendo el Quijote, y confieso que no me acordaba de la pequeña historia de Marcela que hay intercalada en él. Resumiendo, lo que pasa a Marcela es lo siguiente:
Ella es una mujer hermosa que enamora a todos los que la ven. Pero también es una persona difícil, pues rechaza a todos los que se declaran a ella. Entre ellos, Grisóstomo, que siendo mucho más visceral que el resto, al verse despechado por Marcela, termina por suicidarse. Todos se ponen en contra de Marcela por este hecho, pero ella se defiende con las palabras que he puesto al principio de esta bitácora. Por cierto, Don Quijote dice como colofón que quien se le ocurra agredirla, tendrá que pasar antes por él.
Recordé que en mi adolescencia ha habido alguna Marcela que otra antes de que me llegara mi doña Inés, y recuerdo que me lo tomaba casi tan mal como Grisóstomo "¿Cómo era posible este rechazo? ¡Yo no merezco tal afrenta!¿Por qué él sí y yo no?". Es una lástima que entonces, que ya había leído el episodio de Marcela, no hubiera captado el sentido de la historia, y me hubiera tomado el desengaño amoroso con más flema y menos cabreo. Claro que, cuando tienes diecisiete años, una de las palabras más difíciles de digerir es el "no". "Queremos todo y lo queremos ahora" Que diría Jim Morrison.
Pero Marcela tenía razón. Cervantes, con ella, pone a las mujeres en su sitio. Marcela es un ser libre, que tiene derecho a elegir con quién estar y a rechazar a quien le venga en gana, pues no está obligada por su hermosura. El amar no significa tener derecho a ser amados y lo que ahora es de perogrullo, que las mujeres eligen libremente, en tiempos de Cervantes no lo era tanto, pues se tenía a la mujer como una propiedad más y el libre albedrío era cosa de hombres.
Marcela, al final de su parlamento, anuncia su intención de quedarse para vestir santos para siempre. Pues tú te lo pierdes, hija. El no por sistema nunca fue bueno; ni tanto ni tan calvo. Pero en definitiva, es su elección, con la cual, Cervantes deja al lector con pocos argumentos para la discrepancia. Ni al lector de entonces ni mucho menos al de ahora, testigos como somos de la primera emancipación de la mujer que se ha dado en la historia.

miércoles, noviembre 07, 2007

Últimamente me encuentro un poco cansado y tal vez por eso no escribo los artículos con la misma soltura que antes; creo que es por culpa de mi nueva adicción, que me está quitando la vida poco a poco y amenaza con arruinar mi entendimiento para siempre.
Estoy haciendo un esfuerzo intelectual bastante importante, y eso se nota a la hora de escribir. Estudio a escondidas, y tengo las neuronas tan cansadas que cada vez me cuesta más disimular. Menos mal que ya no las someto a la tensión, como antaño, de morir ahogadas por una ingesta de alcohol excesiva. Muchas murieron en letales baños de fin de semana. Algo hemos ganado, chicas.
Pero debería consultar en Internet si el estudio es causa de asesinato cruel de neuronas. Debe ser así, porque cada día me noto más desneuronado. No debería continuar con esta actitud tan irresponsable de estudiar tanto, pues estoy por la preservación de las especies en vías de extinción, como mis neuronas. Estudiar debería estar prohibido por ley y perseguido por nuestras fuerzas policiales.
Mi hermana es, por culpa del estudio, la oveja negra de la familia. Mira que la dijimos: "No estudies tanto, no estudies tanto" y al final, se ha sacado dos carreras. Además, tiene dos hijos y un brillante porvenir. Su actitud irresponsable ha sido objeto de desvelos por parte de mis padres y de honda preocupación de toda la familia en general. Mi mujer, tres cuartos de lo mismo: media de sobresaliente en la carrera. A pesar de todo, yo la perdoné y con fuerza de voluntad pudo volver al camino recto.
Y ahora que están recuperadas para la sociedad, yo caigo en el nefando vicio. Yo, que no lo he hecho nunca, que siempre me he mantenido apartado, que jamás he caído en la tentación, y eso que me ofrecían a diestro y siniestro: "deberías ponerte. En la biblioteca hay un rincón en el que podrás pasar desapercibido; ya verás como luego te sientes mejor" Me decían mis compañeros de carrera. Yo, sin embargo, nunca cedí, y gracias a eso, pude dejar completo mi equipo neuronal para las orgías de alcohol.
¿Cómo le diré a los míos que he caído en las garras del estudio y el esfuerzo? ¡Con lo que he sido! Mi chica sospecha algo. Si es que soy un iluso...¿Cómo se pueden justificar ante tu pareja las cuarenta o más horas que paso a la semana delante de los libros? Mi chica ve que todas las tardes llego a casa mareado, balbuceando palabras sin sentido. Cada vez es más difícil disimular. Digo que me he tomado unas cervezas con los amigos, pero creo que ya no me cree. Algún día tendré que confesar la verdad. Espero que sepa perdonarme.
Quiero desengancharme, pero no veo cómo. Odio mis apuntes, pero una fuerza poderosa me atrae a ellos. No sé qué hacer. A algunos les han dado el Nobel por esto. No quiero que a mí me pase lo mismo.
¡Quién me iba a decir que con los años iba a acabar así!

martes, noviembre 06, 2007

He visto un anuncio de Peugeot que me ha quitado las ganas de comprarme coches de esa marca para toda la vida. Más o menos vienen a decir que no creamos que van a venir pronto los coches que no anden con derivados del petróleo, que es una utopía. Ya estamos otra vez arremetiendo contra la utopía ¿Qué tiempos son éstos, que no paran de prevenirnos por la tele, la radio, los libros e Internet de tan dañino concepto? ¿Cómo puede ser malo lo que no existe?¿Por qué tienen tanto miedo a la utopía? ¿Temen no vender más coches si son utópicos? Eso me preguntaba yo mientras el anuncio me mostraba la nueva gama de vehículos Diesel que por lo visto desean seguir fabricando muchos años más.
Y mientras, el petróleo se acaba y cuando se termine si será una fantasía que la firma Peugeot siga vendiendo coches. Se estima que queda petróleo para cincuenta años. Entonces, supongo, sí que lamentarán no haber perseguido el realizar unas cuantas ideas necesarias.
Vaya tiempos los que corren en los que los sueños tienen mala prensa y una firma de coches se ríe de ellos. Menos mal que los hombres del XIX no pensaban así. Si no hubieran creído en el progreso ni en la esperanza, ahora estaríamos en casas sin luz, sin música, sin electrodomésticos; ni mucho menos tendríamos coches a la puerta. Y no harían falta las deslocalizaciones a otras latitudes, porque los hombres realistas de esta parte del globo no verían la necesidad de hacer huelga y decidirían seguir trabajando doce horas diarias de lunes a sábado. Y sus hijos también. ¿Qué es eso de escolarizar a los niños? ¡Una utopía!
En el anuncio de Peugeot se presenta a los utópicos como científicos locos y descerebrados a la búsqueda de mecanismos imposibles de los que hay que reírse. Tan locos como Anatole France, que además es tan francés como la firma de coches y que un día dijo: "La utopía es el principio de todo progreso y el diseño de un porvenir mejor". Pero claro, Anatole France nació en 1844, es decir, cuando nacían franceses que soñaban y no se reían de las utopías.
Si en el país de los sueños ya nadie los tiene, no sé yo dónde iremos a parar
¿Alguna idea?

lunes, noviembre 05, 2007


A mí a quien me recuerda es al sheriff de las películas vestido de negro que entra en el saloon y todo el mundo se calla. Hablo de Javier Goméz Bermúdez, un andaluz como aquel otro gran juez, Baltasar Garzón. Va camino de convertirse en otro juez estrella. Andalucía ha tenido buenos hijos poetas, de los mejores que ha dado España; lo que no sabíamos es que iba a ser también la madre de magníficos jueces, porque con sus luces y sus sombras, tanto el uno como el otro han contribuido desde su puesto y con su sapiencia a hacer un mundo mejor. Si García Lorca defendió con su venerable pluma todas las causas perdidas de los inocentes, ellos hicieron que muchos inocentes no perdieran su causa.
Javier Gómez Bermúdez tiene la personalidad de un sheriff del Oeste, así lo pudimos comprobar cuando los malos intentaban subírsele a las barbas. y el juez les paró los pies con una voz potente y grave, además de una de esas miradas que ganan duelos sin disparar un solo tiro. Cuestión de autoridad. Muchos no hubieran podido disimular el temblor de piernas, aún llevando toga. Seguramente, Arturo Pérez Reverte le dedique un artículo, mejor si cabe que éste, pues de gente curtida y fajada es rendido admirador. Vaya si lo es. También le gusta la gente de rostro impenetrable. A este paso, a Gómez Bermúdez le escribe una novela.
Si Yul Brynner levantara la cabeza se la volvería a afeitar en homenaje del justo hombre andaluz; y le echaría una mano con los malos, que desde la sentencia le crecen más al juez que el cabello. Empezando por un tal Pedro J. Ramírez, predicador que lleva años haciendo, diciendo y mintiendo en este poblado lo que le viene la real gana y al que nadie le para los pies porque los feligreses le temen más que le respetan. Y dice en su homilía acerca del juicio (final): "el Génesis atribuye a Salomón un pecado de soberbia, al vincular la exhibición de su sabiduría -siempre es peligroso pasarse de listo, dicho sea con carácter general- con el pecado de Adán y Eva de comer el fruto del árbol prohibido del conocimiento".
-Buena homilía, sí señor- dice uno al salir de misa- Lo que no me ha quedado claro es si hablaba del Sheriff o de sí mismo.
-¿De sí mismo? No te lo crees tú ni borracho.
Mientras, en su despacho, Gómez Bermúdez, mientra ve desde la ventana salir de misa a la gente, sonríe satisfecho por el deber cumplido. Y se pregunta cuánto tiempo le queda de seguir siendo el justo juez. Y cuánto tardarán en llamarle el perro andaluz.

domingo, noviembre 04, 2007

Opina mi querida amiga Almudena que el problema que tenemos algunos bitacoristas (existe blogueros, ¿Pero acaso no es mejor esta palabra que me he inventado?) que escribimos mucho, y creo, Almudena, que el problema no es que escribamos mucho: es que a lo mejor nuestros textos no son lo suficientemente atractivos para los días que corren.
En este mundo ciberespacial y de multimedia, de explosiones, ruidos y colores, cuatro letras puestas con más o menos ingenio no son tan espectaculares como una película de cine, un videoclip o un videojuego. Bueno, en realidad puede llegar a decir mucho más que muchas de estas cosas, pero unas cuantas líneas escritas a vuelapluma las más de las veces, como solemos escribir los "bitacoristas", suelen pasar desapercibidas.
Mi bitácora es la historia de uno que tiene más problemas que algunos pero menos que la gran mayoría de los que pueblan este mundo, y que es feliz pese a que tenga momentos de amargura. Su biografía la pueden contar entre muchos. Como cuando en el colegio alguien empezaba una historia, otro la seguía, otro más sucedía a ése y así toda la clase. Porque la historia que yo cuento es la historia de personas que son iguales que yo en deseos, esperanzas e ilusiones. Son la suma de ilusiones de una clase, de un patio de colegio.
Las bitácoras parecen lo más nuevo del mundo, pero en realidad son lo más viejo, porque es escritura. ¿Qué más da escribir en un papiro que con un teclado de ordenador?
Tal vez por eso hay la sensación de que los blog han envejecido pronto y Almudena se ha cansado de leer y llegará el momento en que yo me canse de escribir, porque después de todo, esto está dedicado a vosotros, mis apreciados lectores.

sábado, noviembre 03, 2007


En la naturaleza no existe la línea recta. Sin embargo, nuestras ciudades están llenas de ellas. Las calles, los edificios, todo. Eso es porque nuestras urbes es el sitio contra natura por excelencia. Pensamos los humanos que nos hemos ido a las ciudades por propia voluntad. En realidad, ha sido la naturaleza la que nos ha desterrado, pues ¿en qué otro sitio podría meter criaturas tan irregulares, dañinas y llenas de imperfecciones?
La línea recta es un artificio que nos hemos creado para generar la ilusión de que somos seres perfectos que vivimos en el mejor de los mundos posibles. Una recta siempre se asocia a un camino a la excelencia y la línea curva se asocia al camino del caos, cuando uno se desvía, vuelve al mismo sitio, da los mismos pasos para alcanzar la ninguna parte. Pero la línea recta no existe. Queremos creer que sí, pero en realidad nos estamos engañando. Dicen que la línea recta en posición horizontal expresa equilibrio, calma, estabilidad; la línea recta vertical sugiere elevación, movimiento ascendente, actividad. En el imperio de la nada en el que vivimos no hay calma, equilibrio, ni mucho menos con estabilidad, que es la cualidad que con los años va ansiando cada vez más gente, pero sí hay actividad y hay elevación, pues cada vez se quiere subir más alto, hacia el cielo, hacia la nada.
En nuestros rascacielos hay elevación y actividad. Son el símbolo máximo de civilización actual y parten de lo inexistente: simbolizan la seguridad quimérica del nuestra civilización y siguen una línea ascendente que se proyecta al vacío; la batalla perdida contra nuestra propia insignificancia, nuestra caducidad, nuestro fin, que no seré yo de los pesimistas que digan que será pronto.
Vamos por la calle mirando hacia el suelo porque en el fondo nos avergonzamos de ser tan ilusos. Las torres que construimos son monumentos a la fantasía del hombre, al desafío de una batalla que sabemos que está perdida: la batalla contra la naturaleza, que sin contemplaciones nos ha encarcelado en las ciudades llenas de líneas rectas que no existen ni existirán jamás.

viernes, noviembre 02, 2007

"La cantidad de idioteces que habré hecho yo para calzarme a una señora"
La frase no es mía. La dijo José Luis de Vilallonga, ese aristócrata y escritor que dijo y escribió mucho y bueno. Lástima que nadie va a visitar su tumba. Una pena. Alguien que ha sido tan exquisito merecería que se comportaran de igual manera con él. Pero claro, la elegancia es una cualidad que distingue a muy pocos. Desde luego, no a sus herederos y allegados.
No imagino a una persona como él haciendo el idiota por una señora, pero él así lo confesó. Yo pensaba que eso era cosa de una persona como yo, plebeya, que me saltaba todas las buenas maneras habidas y por haber y claro, así me iba la cosa. Encima, me emborrachaba. En tal estado es difícil que una mujer te tome en serio, porque las mujeres, aún beodas, saben lo que hacen, y los hombres, muchas veces ni sobrios sabemos lo que hacemos. Parece ser que lo de hacer el tolili para ligar es mal que afecta por igual a todas las clases sociales, como las purgaciones y los piojos, que ayer vieron a Froilán, el hijo de la Infanta, rapado y rascándose la cabeza. Claro, que a lo mejor no tenía piojos; tenía pediculosis, que son los piojos de sangre azul.
El caso es que la idiotez afecta por igual a todas las clases sociales y no podemos por menos que agradecer la confesión de José Luis de Vilallonga. Claro que, don José Luis era un aristócrata raro, tuvo carné del PSOE y todo. Hablo de la transición. Desde entonces, los del PSOE se han aristocratizado un poco. Que se lo digan a Alfonso Guerra, que según Jorge Semprún en los consejos de ministros le hacían servir el desayuno a él solo en vajilla de alpaca. Y se creería elegante, el paria de la tierra.
Hoy es viernes y cien mil muchachos irán por las calles de Madrid y muchos harán el idiota por la raja de una falda. La ciudad será una enorme plaza de toros con cien mil morlacos en la busca de toreras que siempre sabrán cómo acaba la faena. Y serán idiotas por ellas. Como lo fui yo y como lo fue Vilallonga.
Sólo los elegantes serán capaces de reconocerlo algún día. Y los que queremos serlo.

jueves, noviembre 01, 2007

Tenemos otro miembro más en la familia: mi sobrina Beatriz, de la que espero, al igual que de su hermano Daniel, que sean todo lo felices que un ser humano pueda llegar a ser.
En un principio, tenía yo un cierto reparo a que mi hermana y mi cuñado le pusieran Beatriz a la niña. No se lo dije porque no soy quién para decidir el nombre de mi sobrina, pero el nombre de Beatriz me parecía... No sé. No digo que no sea bonito, pero me parecía nombre de fantasma de castillo.
Ahora lo encuentro más apropiado, porque Beatriz rima con una de las palabras más bonitas del diccionario: feliz. No debe ser cosa mala que mi querida niña tenga un amuleto por nombre. Ojalá que con el tiempo la proximidad fonética sea más que una coincidencia y feliz sea la característica principal de ésta pequeña locuela que con mucha osadía ayer abrió los ojos a este mundo y que cuando llora parece que estén sonando las trompetas que anuncian el apocalipsis. Menudos pulmones tiene.
Me está quedando esta entrada muy al estilo de Barrio Sésamo, los lunnys o similar, pero es que he estado con ella y me puesto estupendo y tierno, aunque no se me dan muy bien los niños. Desde luego, no como a mi chica, que tiene una habilidad para tratar con ellos increíble. Mi sobrino Daniel la adora.
Bueno, me voy a soñar un poquito con ese mundo que quiero para esos dos bebés que se lo merecen todo por existir.
Niños, gracias por haber venido.

miércoles, octubre 31, 2007

Los que me seguís sabéis que no suelo hablar mucho de temas de actualidad, pero hoy haré la excepción porque la noticia es de suma importancia:
Ya se conoce la sentencia que condena a los autores del 11-m, y no hay nadie entre ellos que pertenezca o haya pertenecido a ETA, ni los culpables han sido ayudados por miembros de dicha organización. La cruel matanza es obra del terrorismo yihaidista exclusivamente.
Pero en este asunto hay otros culpables que desgraciadamente quedarán impunes: los hipócritas, los cínicos que han querido mentir a la opinión pública por salvar el honor del anterior gobierno conservador. Han demostrado que para ellos es más importante la fama de un gobernante y su equipo que las víctimas del salvaje atentado supieran la verdad.
Es por ello que deberían ser sometidos a vergüenza pública, aunque temo que de ésta saldrán impunes, porque en definitiva, ellos son los que deciden en este país quién cae en desgracia, quién debe ser subido a los altares y quién debe pasar desapercibido. Son servidores de los intereses de los poderosos, esclavos de la codicia y de la mentira. Por un tiempo, ellos serán los que quieran pasar inadvertidos.
Nos ven al pueblo como masa, una montaña de títeres a los que manejar en un guiñol funesto del que se ríen a carcajadas.
¿Y ahora qué, mentirosos? Deberíais cerrar vuestras emisoras, vuestros periódicos, que nunca han servido a la verdad, que han contaminado los cerebros de gentes de bien, que por mucho tiempo han defendido vuestros bulos, ignorantes de vuestras añagazas y vuestras risotadas por saberos tan poderosos.
Antes escuchaba lo que decíais, leía vuestras columnas para que escuchándoos a vosotros, que no sois santos de mi devoción, pudiera hacerme con una opinión más o menos objetiva, fruto de la lectura y la escucha de diferentes fuentes informativas. Ahora me doy cuenta de que era un error, pues la mentira no es el ingrediente más idóneo para conseguir la objetividad.
Que os den, embusteros. A otro perro con ese hueso, que vergüenza debería daros el trabajo que estáis haciendo. Conmigo que no cuenten vuestros anunciantes, pues yo sólo pago verdad, que las mentiras muy bien me las puedo conseguir yo gratis.

martes, octubre 30, 2007

martes, 3 de julio de 2103
Querida hija:
Sé que te encuentras molesta por esas reuniones de empresa en las cuales termináis siempre con aburridos programas virtuales, pero es tu obligación acudir a ellas aunque te resulte penoso el asistir. Yo, cuando trabajaba, también me ponía enferma con esas reuniones, pero una mujer debe atender a sus obligaciones.
A mí también me desconcierta esa costumbre de tener que besar los móviles de todo el mundo nada más entrar en la reunión. Nadie sabe cuándo empezó esa costumbre. Pero si tienes que besarlos, los besas. Recuerda que el movil era el artilugio que utilizaban nuestros antepasados, y la tradición de mimar la telefonía viene porque así lo que estás haciendo es un homenaje a la familia del que lo posee. Sé que los odias por ser símbolo de neoburgueses, pero asquerosa, tienes que vivir en este mundo. Si hay que besar móviles como mandan la tradición, pues se besan. Piensa que antes era peor. Acuérdate las veces que cuenta tu abuela de que la gente se besaba en la cara e incluso se abrazada. Entonces sí que era dura la vida ¡Con la cantidad de gérmenes que tiene un ser humano en la piel! Anoche vi un documental en el que los hombres se ponían unas cosas llamadas corbatas. Un antropólogo dijo que se ponían por si le entraba ganas de ahorcarse a individuo y no tenían nada a mano. Las llamaban también las minisogas . En el fondo no eran tan bárbaros como creíamos. Te recuerdo que el concepto de suicidio como parte de la vida vino bastante después,lo trajeron los amantes de la cienciología del Führer.
Hablando de otra cosa, ten tengo que reprender por una cosa que hiciste en la mesa el otro día en el cumpleaños del pez obispo: te vi ingerir la píldora de banquete a través de la boca ¿Cuándo te ha enseñado eso tu madre? Sabes perfectamente que las píldoras se deben meter por la nariz, que es de mejor gusto. Además, así comes menos y guardas mejor la línea. Comer por la boca es de guarros, de gente incivilizada. No me vale la excusa de que estás en familia. No quiero volver a verte comer por la boca. Además, no quieras acabar como tu primo, que anda por ahí con silla de ruedas,
como si fuera uno de esos delincuentes a punto de atracar una inmobiliaria. Ir en silla de ruedas es cosa de vagabundos y maleantes. Yo no entiendo como tu tía le deja salir con esa facha.
El otro día le tuve que reprender a uno porque al pasar por su lado no me dijo zorra, más que zorra. Ni tan siquiera un "maldita hija de puta" ¿Tú te crees?¡Dónde vamos a ir a parar! Y antes de que se me olvide: te tengo preparados unos cócteles molotov para tirárselos a los tetrapléjicos. Cuando quieras, te pasas por casa, y no me vengas con la excusa de que te dan pena los pobres.
Los jóvenes de ahora no sois como los de antes: entonces sí que se podían hacer guerras nucleares como dios manda.
Con todos mis esputos,
tu madre

lunes, octubre 29, 2007



Mi madre tuvo una temporada una costumbre que me irritaba especialmente: la de vestirme igual que mi hermano. Ahora, los tres años de diferencia que separan mi fecha de nacimiento con la suya no son nada, pero entonces eran suficientes para pedir a mi madre que no me vistiera "como un niño". Entonces yo quería buscar mi singularidad, aún a costa de renunciar a las ofertas que en el comercio textil se encontraba nuestra madre y que aprovechaba para vestir a dos por uno.
Pese a que nuestra progenitora nos ponía según la moda de los ochenta, yo no estaba cómodo con tener que llevar idénticas y estrechas corbatas de cuero , iguales cazadoras sin cuello, mismos mocasines negros con calcetines blancos que hacían daño a la vista de los tratadistas de las buenas maneras. Decía mi madre que apareceríamos muy chulos ante las chavalas. Dijera lo que dijera mi madre, las chicas no veían con buenos ojos que dos machotes se vistieran igual. Por eso el dúo que formaron Pancho y Javi, los galanes adolescentes de Verano Azul duró tan poco: llevaban los mismo petos de fantasía, y así no había quién se los tomara en serio.
Yo quería vestir distinto a mi hermano porque quería resaltar mi individualismo. Entonces no sabía -tal vez lo intuía- que el atuendo es una de las señas de identidad con las que nos presentamos al mundo. Damos información, a veces contradictoria o errónea con nuestro atuendo. Elegimos nuestras prendas de vestir según el estado de ánimo, clase social, poder adquisitivo e incluso nivel cultural. los demás nos juzgarán por el conjunto que presentemos, que además incluirá gestos, inflexión de la voz, modo de andar, etc. Todo ello servirá para que las personas decidan qué hacer con nosotros en cinco segundos: o nos despacharán lo más rápidamente posible o procurarán atraernos a su lado por siempre jamás. La aspiración de todo el que se viste: ser único y despertar la curiosidad y admiración en los demás, sin pasar por excéntrico.
De niño quería tener ropa distinta a la de mi hermano. Craso error. Me arrepiento de haber hecho ascos a la ropa que me compraba mi madre; cada vez que cojo mis actuales pantalones vaqueros, mis zapatillas y una camiseta, me encuentro en la calle a más de cien individuos que llevan prendas idénticas a las mías: el uniforme de paisano universal, y para la oficina, traje y corbata. El arte de sentirse alienado.
Puestos a vestir clavado a alguien, prefiero a mi hermano que a un desconocido. Por lo menos, hay confianza. No como los que vas en el metro que algunos, hasta te miran mal. No será porque no le gusten tus pantalones vaqueros.

domingo, octubre 28, 2007


Ya os dije yo que el otoño me ponía melancólico. Pero es que las circunstancias no ayudan.
Ayer estuve con un viejo amigo cenando. Se había separado de la mujer, con la que había tenido una hija que cumplió los cuatro años el otro día. Están todavía con los incómodos y crueles trámites que conlleva una separación. Él tenía deseos de evasión y la reunión fue muy cordial y divertida. Pero pude columbrar, a través de sus ojos, en su alma, una tristeza vacía de lo vivido en su matrimonio, de aquéllo que fue y que ya no puede ser más, y cómo lamenté su pena que es mi pesadilla, y que se quede en un mal recuerdo nocturno para siempre jamás.
Me enseñó la foto de su hija en la PDA. La niña más guapa que vi en mucho tiempo, de ojos zarcos y cabello de oro, que dirían nuestros poetas del siglo de oro. La niña miraba con dos platos a la cámara, los mismos platos con los que ve las raras evoluciones de sus padres. Me imagino el desconcierto de esa niña, pues los niños saben más de lo que nosotros creemos, al ver que su padre duerme en el sillón y su madre en el lecho que ahora es menos conyugal que nunca. Los ojos de la foto digital eran grandes, asombrados. Podía imaginar perfectamente esa grandeza ocular en gesto de perplejidad, de asombro por ver cómo la foto de papá y mamá en la que aparecen agarrados de la mano está en el suelo, con el cristal roto en mil pedazos ¿Por qué ya no luce en la cómoda como antes? ¿Cúantas veces le dijeron papá y mamá "hija, se te va a romper" cuando quería cogerla? Al final, los que la rompieron fueron ellos.
"Ya no nos comunicábamos" "Éramos dos desconocidos" Me dice mi amigo limpiándose la espuma de cerveza de los labios como si en vez de mi amigo lo fuera de Arturo Pérez Reverte. Y yo pienso tontamente, inocentemente, que no hay nada más fácil que dialogar ¿Qué extraño mecanismo se tiene que romper para que lo fácil se haga difícil? ¿Qué tiene que pasar para el que conoces de toda la vida, a quien amas, se convierta en un desconocido?¿A quién estabas mirando, entonces?
Miré en los muros de la patria mía y no encontré respuestas. Recordé la historia de una amiga de mi chica que se separó del marido "porque no la llevaba de viaje" ¿Y por qué no se lo dijiste? También me vino la memoria de las historias de esos novios viejos que se casan porque "o ya se iban a vivir juntos o se separaban"¿Tiene el mismo valor una cosa que otra? Y entonces no se me ocurrió otra cosa que escribir una entrada en mi bitácora sobre las separaciones, para ver si yo me encontraba respuestas.
Y después de escribirla, me doy cuenta que lo que tengo no son más que preguntas.

sábado, octubre 27, 2007


Muchos nos horrorizamos cuando escuchamos nuestras propias voces reproducidas en aparatos de grabación. Creemos tener una voz preciosa, suave y aterciopelada. Sin embargo, al oírnos tal y como nos oyen los demás nos llevamos un susto de muerte. Como el que me llevé cuando oí esa voz con cierto deje nasal y poco varonil que realmente tengo.
Leyendo, decubrí que nos oímos mejor porque es parte de un mecanismo psicológico para la propia supervivencia: necesitamos creer que somos mejor de lo que somos. La imagen que vemos en el espejo de nosotros mismos es más bonita que la que nos ven los demás, somos peor percha para nuestro vestuario que lo que imaginamos y nuestra voz es menos melodiosa que lo que nos gustaría. Por si fuera poco, esas sentencias filosóficas que decimos cuando estamos borrachos son balbuceos que a nadie interesa ni presta atención. Sin embargo, necesitamos creer que tenemos una voz melodiosa, una excelente percha y que somos los mejores intelectuales del universo que haya producido la ingesta de vino.
"No se ponga estupendo" decía Latino de Híspalis a Max Estrella, cuando éste sentaba cátedra con una probada sapiencia pero poco retribuída. El pobre Max era un hombre que se creía con más autoridad que la que realmente tenía. Era un gran pensador, pero la sociedad que le tocó vivir no había respeto para un hombre como él, aunque se lo mereciera por idealista y porque tenía buen fondo. Quizá era un hombre más para tribuna de cátedra que para las piedras de las calles de Madrid, pero uno no elige donde está. Sólo imagina lo que quiere ser, que es insuficiente.
Gnosti te autv, reza en el frontispicio del templo de Delfos: significa "Conócete a ti mismo". Aparte de las muchas interpretaciones que han dado con el devenir del tiempo gente más ilustre, yo voy a dar la mía: debes saber exactamente quién eres, aunque produzca daño.
Uno de los personajes de la Celestina, Pármeno, tenía un gran gran conflicto interior: el querer ser, y tener que ser el que era. Ese trauma era debido al dolor que causa la consciencia de su propia insignificancia, el no poder ser más y llegar a más. Ese dolor mal llevado provocó que fuera aún peor de lo que era, un villano, un traidor, un ladrón.
Hay que saber sobrellevar el dolor por tomar conciencia de la propia insignificancia, que es un dolor lacerante y daña uno de los mecanismos más fundamentales que tiene el hombre: la autoestima, que es el motor que nos hace progresar y escudo que nos protege de las invectivas, que son esos artificios creados para hundir nuestro ego.
En fin, no me escucho como quisiera ni soy tan guapo e inteligente como creía serlo con dieciséis años. Tampoco me es fácil conseguir cosas que aparentemente están al alcance de mi mano. Qué le vamos a hacer.
Conócete a ti mismo y quiérete a ti mismo. Es lo que me decía esta mañana en el espejo, cuando pensaba que mis ojos azules quizá sean grises y que ayer en la cena, quizá las sentencias que dije eran memeces. Por ponerme estupendo, vaya.

jueves, octubre 25, 2007

Lo cierto es que se sigue paseando con chulería de periferia, orgulloso de tener ya ese minuto de fama canallesca tan soñada, ésa de los campeones de la nada, gloria del parasitismo, de la oferta de anestesia venenosa de almas por el módico precio de ver un anuncio de un crédito de usura rápida. Ahí tenéis al nuevo héroe, al nuevo miembro de la nobleza del estiércol. Camina amagando un puñetazo a un operario de cámara, de ésos que le persiguen como si hubiera descubierto la vacuna contra el SIDA, como si hubiera inventado el coche que no contamina. Pese al amago de agresión, los periodistas le quieren. No es poco el mérito de quien pega a una niña, nos dicen los que nos señalan con su dedo la luna y quieren que veamos un dedo. Ni eso: la roña del dedo. "No se os ocurra jamás mirar a la luna", previenen.
La noticia es que un hombre muerda un perro y la lástima es que la noticia no sea que una niña golpea a un idiota. Puede sentirse orgulloso el idiota, una reportera de Antena 3, con una media de sobresaliente en la carrera, da empujones para estar al lado del iletrado y conseguir una entrevista en exclusiva con él, que tenía preparada su mejor piel de cordero para la ocasión, que con falsa humildad pedía disculpas pero cuya mirada delataba el orgullo del canalla sabedor de que es reina por un día, en su bar, teniendo como cetro un botellín de cerveza y como corona la foto de un plato de calamares. Mientras, a la niña le tienen que ocultar la cara porque en este mundo la vergüenza es cosa de plebeyos, mientras la reinona sonríe graciosa y arrepentida a cámara y sólo le falta mandar un saludo a sus primos de Carabanchel que le estarán viendo.
Me da grima pensar que puede que el siniestro miembro de la nobleza del estiércol haya cobrado por la exclusiva con la periodista del sobresaliente que no sobresale, de esa "pofesional" que debería dedicarse a otra cosa, que no sabe lo que significa decencia, que exhibe a un monstruo que se ha enseñado a desaprender a conciencia. Y menos mal, murmurarán algunos mientras arriman la sardina al ascua, que cuando la criatura fue al colegio no le enseñaron educación para la ciudadanía. En este mundo donde los únicos tronos que enfocan las televisiones son las letrinas, será fácil verle como concursante de Gran Hermano, como un tertuliano de Ana Rosa, o como consorte de Belén Esteban, en una boda en la que el padrino será Poli Díaz y nosotros los pobres menesterosos que les pediremos limosna a la puerta de la iglesia.

miércoles, octubre 24, 2007



Leo un soneto de un tal Fernando de Herrera, poeta semidesconocido del siglo de Oro, el cual resume muy bien mi estado actual:

Subo con tan gran peso quebrantado
por esta alta, empinada, aguda sierra,
que aún no llego a la cumbre, cuando yerra
el pie, y trabuco al fondo despeñado.

Del golpe y de la carga maltratado,
me alzo a pena, y a mi antigua guerra
vuelvo; mas ¿qué me vale? que la tierra
misma me falta al curso acostumbrado.

Pero aunque en el peligro desfallezco,
no desamparo el paso; que antes torno
mil veces a cansarme en este engaño.

Crece el temor, y en la porfía crezco;
y sin cesar, cual rueda vuelve en torno,
así rebuelvo a despeñarme al daño.

Este poema me ha hecho tomar conciencia de que soy Sísifo el Opositor. Mis apuntes son la pesada piedra que tengo que subir colina arriba durante ocho horas diarias o más; tengo delante de mí una montaña muy grande con una ladera muy empinada. Por si fuera poco, si llego a la cima por éste mi más meditado y preparado ascenso, todo apunta a que la piedra volverá a bajar, pues no tengo puntos de méritos al no haber trabajado antes como docente. Lo más probable es que no obtenga nota suficiente para obtener la ansiada plaza fija.
Con la nueva normativa de las oposiciones a secundaria, los que no hemos trabajado nunca nos hemos convertido en Sísifos cuya piedra amenaza volver al valle una y otra vez: sin experiencia, no tenemos trabajo; sin trabajo, no tenemos experiencia. Un pétreo y frío círculo vicioso.
Una ladera que subí hace poco fue una reciente oposición en la que ofertaban siete plazas de auxiliar administrativo: Tuve una excelente puntuación en el examen psicotécnico, pero de nada valió ante los méritos que presentaban los opositores más veteranos. Muchos de ellos tuvieron una puntuación de examen más baja que yo. Sin embargo, para ellos fueron las plazas fijas mientras que yo estoy en el paro. La piedra volvía a estar en donde ni a Heidi se le ocurriría ir.
En mi vida laboral consta que tengo ocho años de experiencia laboral, toda una serranía con sus altibajos. Obligado por las circunstancias he tenido que trabajar donde me salía y no me ha dado tiempo ni he tenido la oportunidad de reunir méritos suficientes para tener trabajo fijo de auxiliar administrativo o de profesor. Qué harto estoy de esta siniestra concavidad.
Yo no estoy en contra de que a la gente que previamente ha trabajado en la administración se le valore su labor previa, pero se está valorando tan desmesuradamente que los que no tenemos experiencia suficiente se nos imposibilita el trabajar, demostrar que podemos ser excelentes profesionales también, una vez repuestos del ataque de piedra.
Si por mí fuera, dividiría las plazas en dos grupos: unas plazas las ofrecería a los alpinistas que se presentaran sin méritos y otras para los que sí los tengan. Así sí que habría igualdad de oportunidades. Tal y como estamos ahora, es una quimera para el que no tiene experiencia laboral acceder a ciertos puestos de la función pública. ¿Hay acaso otro camino para conseguir experiencia que el trabajar?.
De seguir así, seguiremos siendo Sísifos opositores eternamente, que por muchas veces que subamos piedras a la ladera, siempre se nos volverán a caer.
Yo, de verdad, no quiero ser mitológico. Me conformo con ser un vulgar alpinista que sólo estuvo en la cúspide una vez. Eso debería ser suficiente para toda una vida.

martes, octubre 23, 2007


Definitivamente, en Internet hay de todo. Ya hay un portal sobre despedidas de soltero. Un sitio donde la gente puede contar sus aventuras pasadas en esas reuniones. La verdad es que es muy divertida su lectura. De mi despedida yo podría contar allí cómo acabé disfrazado de obispo y que alguien me hizo un estriptís teniendo más pelos en las piernas que yo. No me hagáis entrar en más detalles. Yo hubiera preferido a alguien más depilado, y más...femenino. Por lo demás, mi fiesta de despedida estuvo insuperable. Me lo hicieron pasar en grande. Serán gañanes mis colegas... Ya les daré por lo del tanga de leopardo, ya.
Lo que no se les puede pedir a las fiestas de despedida de soltero es que sean ejercicios de buen gusto, en las cuales los participantes se comporten como damas victorianas a la hora del té. Si las hacen los amigos es para que no te olvides de los tiempos de correrías juveniles que dejas atrás. Por un día, vuelves a ser el no comprometido, el tarado que las lía (en el buen sentido) en plazas y tugurios. Claro que esto no se puede llevar a extremos ni puede ser excusa para ser infiel con tu pareja. Una vez me contó un vecino una tremenda historia de una chica a la que le organizaron una despedida de soltera. El relato de los hechos se lo contó su cuñado, que a su vez se lo contó el compañero de trabajo de la madre del sobrino del jefe donde trabajaba esta chica. A la susodicha no se le ocurrió otra cosa para celebrar su despedida que acostarse con el estríper morenazo que le tocó en suerte y en otros sitios. A los nueve meses, el marido se preguntaba si sería verdad lo del gen recesivo y si tenía antepasados africanos ¿Os creéis que os miento? Preguntadle a mi vecino, que tuvo que acompañar al desgraciado marido a que le hicieran la prueba del ADN y de camino les salió una autoestopista en una curva y como les pillaba de camino... Total, que por un accidente que tuvieron no se pudo hacer finalmente la prueba.
La dirección de la página es la siguiente: http://www.despedidasoltero.com/
Muchos os preguntaréis por qué me ha dado hoy por hablar de despedidas de soltero. Es que unos amigos se casan y eso significa...
¡Fiestuquiiiiiiiiiiiiiii!

lunes, octubre 22, 2007

Hoy, en el metro, vi a un hombre que fue mi jefe. Tenía algunas canas más, pero supe quién era inmediatamente. Sin embargo, él no me reconoció o no quiso reconocerme, y eso que salí de la empresa no hace más de seis años.
Él fue mi capataz bastante tiempo. Era un hombre menudo, con bigote, de trato afable.
Alguna vez comimos juntos en la cafetería. Era de agradable conversación que solía salpimentar con muchas anécdotas, pero no sé si tenía buena memoria. En cualquier caso, yo era uno más a sus órdenes. Un número. Otro trabajador temporal más. Él, sin embargo, está fijo. Entró en la empresa cuando las condiciones contractuales eran bastante mejores que cuando entré yo, cuando lo normal era que si tú eras una persona decente y trabajadora te acabaran haciendo fijo. En cambio, cuando entré junto a otros trescientos temporales más, la moda era (y es) despedir sin más contemplaciones a los trabajadores en cuanto se sacaba del apuro a la empresa. En nuestro caso el apuro se llamaba Euro y la empresa, Fábrica Nacional de Moneda y Timbre.
La FNMT suele tratar muy bien a sus trabajadores. Es de las empresas públicas que mejor paga y por si fuera poco, en navidades regalan una cesta de navidad que ya quisieran muchos "de la calle", como despectivamente suelen decir los operarios de la fábrica. Las cestas de los trabajadores traían whisky de malta, jamón de buena calidad, queso curado y muchas más exquisiteces. Los temporales también teníamos derecho a los buenos salarios y a las cestas de navidad, pero como nuestro propio nombre indicaba, era de forma temporal. En eso, quizá lo más importante, no nos trataba tan bien.
Le quedan pocos meses a mi exjefe para tener su cesta, que más que cesta es cuerno de la abundancia. Como tiene trienios y categoría superior, cobra lo que dos mileuristas, sino más; su máxima preocupación para el año que viene es dónde alquilar el apartamento o si va a ir el resto de las vacaciones a su pueblo o al de la mujer. Yo, por mi parte, no le envidio. Francamente. Envidiar significa desear que a alguien dichoso se le acabe la suerte; yo no quiero que acabe su suerte, pero no hubiera estado de más que él nos hubiera ayudado a los temporales a su cargo a cambiar la nuestra.
Cuando pasó por mi lado me miró a los ojos un breve instante y rápidamente apartó la mirada. Fue un destello en el que pude percibir que mi cara le era conocida ¿Se acordarán los capataces de todos aquéllos a los que tuvo a su cargo? No lo sé.
Como tampoco sé si en ese breve instante que me miró tuvo el más leve remordimiento de conciencia.