He visto un anuncio de Peugeot que me ha quitado las ganas de comprarme coches de esa marca para toda la vida. Más o menos vienen a decir que no creamos que van a venir pronto los coches que no anden con derivados del petróleo, que es una utopía. Ya estamos otra vez arremetiendo contra la utopía ¿Qué tiempos son éstos, que no paran de prevenirnos por la tele, la radio, los libros e Internet de tan dañino concepto? ¿Cómo puede ser malo lo que no existe?¿Por qué tienen tanto miedo a la utopía? ¿Temen no vender más coches si son utópicos? Eso me preguntaba yo mientras el anuncio me mostraba la nueva gama de vehículos Diesel que por lo visto desean seguir fabricando muchos años más.
Y mientras, el petróleo se acaba y cuando se termine si será una fantasía que la firma Peugeot siga vendiendo coches. Se estima que queda petróleo para cincuenta años. Entonces, supongo, sí que lamentarán no haber perseguido el realizar unas cuantas ideas necesarias.
Vaya tiempos los que corren en los que los sueños tienen mala prensa y una firma de coches se ríe de ellos. Menos mal que los hombres del XIX no pensaban así. Si no hubieran creído en el progreso ni en la esperanza, ahora estaríamos en casas sin luz, sin música, sin electrodomésticos; ni mucho menos tendríamos coches a la puerta. Y no harían falta las deslocalizaciones a otras latitudes, porque los hombres realistas de esta parte del globo no verían la necesidad de hacer huelga y decidirían seguir trabajando doce horas diarias de lunes a sábado. Y sus hijos también. ¿Qué es eso de escolarizar a los niños? ¡Una utopía!
En el anuncio de Peugeot se presenta a los utópicos como científicos locos y descerebrados a la búsqueda de mecanismos imposibles de los que hay que reírse. Tan locos como Anatole France, que además es tan francés como la firma de coches y que un día dijo: "La utopía es el principio de todo progreso y el diseño de un porvenir mejor". Pero claro, Anatole France nació en 1844, es decir, cuando nacían franceses que soñaban y no se reían de las utopías.
Si en el país de los sueños ya nadie los tiene, no sé yo dónde iremos a parar
¿Alguna idea?
martes, noviembre 06, 2007
lunes, noviembre 05, 2007

A mí a quien me recuerda es al sheriff de las películas vestido de negro que entra en el saloon y todo el mundo se calla. Hablo de Javier Goméz Bermúdez, un andaluz como aquel otro gran juez, Baltasar Garzón. Va camino de convertirse en otro juez estrella. Andalucía ha tenido buenos hijos poetas, de los mejores que ha dado España; lo que no sabíamos es que iba a ser también la madre de magníficos jueces, porque con sus luces y sus sombras, tanto el uno como el otro han contribuido desde su puesto y con su sapiencia a hacer un mundo mejor. Si García Lorca defendió con su venerable pluma todas las causas perdidas de los inocentes, ellos hicieron que muchos inocentes no perdieran su causa.
Javier Gómez Bermúdez tiene la personalidad de un sheriff del Oeste, así lo pudimos comprobar cuando los malos intentaban subírsele a las barbas. y el juez les paró los pies con una voz potente y grave, además de una de esas miradas que ganan duelos sin disparar un solo tiro. Cuestión de autoridad. Muchos no hubieran podido disimular el temblor de piernas, aún llevando toga. Seguramente, Arturo Pérez Reverte le dedique un artículo, mejor si cabe que éste, pues de gente curtida y fajada es rendido admirador. Vaya si lo es. También le gusta la gente de rostro impenetrable. A este paso, a Gómez Bermúdez le escribe una novela.
Si Yul Brynner levantara la cabeza se la volvería a afeitar en homenaje del justo hombre andaluz; y le echaría una mano con los malos, que desde la sentencia le crecen más al juez que el cabello. Empezando por un tal Pedro J. Ramírez, predicador que lleva años haciendo, diciendo y mintiendo en este poblado lo que le viene la real gana y al que nadie le para los pies porque los feligreses le temen más que le respetan. Y dice en su homilía acerca del juicio (final): "el Génesis atribuye a Salomón un pecado de soberbia, al vincular la exhibición de su sabiduría -siempre es peligroso pasarse de listo, dicho sea con carácter general- con el pecado de Adán y Eva de comer el fruto del árbol prohibido del conocimiento".
-Buena homilía, sí señor- dice uno al salir de misa- Lo que no me ha quedado claro es si hablaba del Sheriff o de sí mismo.
-¿De sí mismo? No te lo crees tú ni borracho.
Mientras, en su despacho, Gómez Bermúdez, mientra ve desde la ventana salir de misa a la gente, sonríe satisfecho por el deber cumplido. Y se pregunta cuánto tiempo le queda de seguir siendo el justo juez. Y cuánto tardarán en llamarle el perro andaluz.
domingo, noviembre 04, 2007
Opina mi querida amiga Almudena que el problema que tenemos algunos bitacoristas (existe blogueros, ¿Pero acaso no es mejor esta palabra que me he inventado?) que escribimos mucho, y creo, Almudena, que el problema no es que escribamos mucho: es que a lo mejor nuestros textos no son lo suficientemente atractivos para los días que corren.
En este mundo ciberespacial y de multimedia, de explosiones, ruidos y colores, cuatro letras puestas con más o menos ingenio no son tan espectaculares como una película de cine, un videoclip o un videojuego. Bueno, en realidad puede llegar a decir mucho más que muchas de estas cosas, pero unas cuantas líneas escritas a vuelapluma las más de las veces, como solemos escribir los "bitacoristas", suelen pasar desapercibidas.
Mi bitácora es la historia de uno que tiene más problemas que algunos pero menos que la gran mayoría de los que pueblan este mundo, y que es feliz pese a que tenga momentos de amargura. Su biografía la pueden contar entre muchos. Como cuando en el colegio alguien empezaba una historia, otro la seguía, otro más sucedía a ése y así toda la clase. Porque la historia que yo cuento es la historia de personas que son iguales que yo en deseos, esperanzas e ilusiones. Son la suma de ilusiones de una clase, de un patio de colegio.
Las bitácoras parecen lo más nuevo del mundo, pero en realidad son lo más viejo, porque es escritura. ¿Qué más da escribir en un papiro que con un teclado de ordenador?
Tal vez por eso hay la sensación de que los blog han envejecido pronto y Almudena se ha cansado de leer y llegará el momento en que yo me canse de escribir, porque después de todo, esto está dedicado a vosotros, mis apreciados lectores.
En este mundo ciberespacial y de multimedia, de explosiones, ruidos y colores, cuatro letras puestas con más o menos ingenio no son tan espectaculares como una película de cine, un videoclip o un videojuego. Bueno, en realidad puede llegar a decir mucho más que muchas de estas cosas, pero unas cuantas líneas escritas a vuelapluma las más de las veces, como solemos escribir los "bitacoristas", suelen pasar desapercibidas.
Mi bitácora es la historia de uno que tiene más problemas que algunos pero menos que la gran mayoría de los que pueblan este mundo, y que es feliz pese a que tenga momentos de amargura. Su biografía la pueden contar entre muchos. Como cuando en el colegio alguien empezaba una historia, otro la seguía, otro más sucedía a ése y así toda la clase. Porque la historia que yo cuento es la historia de personas que son iguales que yo en deseos, esperanzas e ilusiones. Son la suma de ilusiones de una clase, de un patio de colegio.
Las bitácoras parecen lo más nuevo del mundo, pero en realidad son lo más viejo, porque es escritura. ¿Qué más da escribir en un papiro que con un teclado de ordenador?
Tal vez por eso hay la sensación de que los blog han envejecido pronto y Almudena se ha cansado de leer y llegará el momento en que yo me canse de escribir, porque después de todo, esto está dedicado a vosotros, mis apreciados lectores.
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el cansancio de la lectura
sábado, noviembre 03, 2007

En la naturaleza no existe la línea recta. Sin embargo, nuestras ciudades están llenas de ellas. Las calles, los edificios, todo. Eso es porque nuestras urbes es el sitio contra natura por excelencia. Pensamos los humanos que nos hemos ido a las ciudades por propia voluntad. En realidad, ha sido la naturaleza la que nos ha desterrado, pues ¿en qué otro sitio podría meter criaturas tan irregulares, dañinas y llenas de imperfecciones?
La línea recta es un artificio que nos hemos creado para generar la ilusión de que somos seres perfectos que vivimos en el mejor de los mundos posibles. Una recta siempre se asocia a un camino a la excelencia y la línea curva se asocia al camino del caos, cuando uno se desvía, vuelve al mismo sitio, da los mismos pasos para alcanzar la ninguna parte. Pero la línea recta no existe. Queremos creer que sí, pero en realidad nos estamos engañando. Dicen que la línea recta en posición horizontal expresa equilibrio, calma, estabilidad; la línea recta vertical sugiere elevación, movimiento ascendente, actividad. En el imperio de la nada en el que vivimos no hay calma, equilibrio, ni mucho menos con estabilidad, que es la cualidad que con los años va ansiando cada vez más gente, pero sí hay actividad y hay elevación, pues cada vez se quiere subir más alto, hacia el cielo, hacia la nada.
En nuestros rascacielos hay elevación y actividad. Son el símbolo máximo de civilización actual y parten de lo inexistente: simbolizan la seguridad quimérica del nuestra civilización y siguen una línea ascendente que se proyecta al vacío; la batalla perdida contra nuestra propia insignificancia, nuestra caducidad, nuestro fin, que no seré yo de los pesimistas que digan que será pronto.
Vamos por la calle mirando hacia el suelo porque en el fondo nos avergonzamos de ser tan ilusos. Las torres que construimos son monumentos a la fantasía del hombre, al desafío de una batalla que sabemos que está perdida: la batalla contra la naturaleza, que sin contemplaciones nos ha encarcelado en las ciudades llenas de líneas rectas que no existen ni existirán jamás.
viernes, noviembre 02, 2007
"La cantidad de idioteces que habré hecho yo para calzarme a una señora"
La frase no es mía. La dijo José Luis de Vilallonga, ese aristócrata y escritor que dijo y escribió mucho y bueno. Lástima que nadie va a visitar su tumba. Una pena. Alguien que ha sido tan exquisito merecería que se comportaran de igual manera con él. Pero claro, la elegancia es una cualidad que distingue a muy pocos. Desde luego, no a sus herederos y allegados.
No imagino a una persona como él haciendo el idiota por una señora, pero él así lo confesó. Yo pensaba que eso era cosa de una persona como yo, plebeya, que me saltaba todas las buenas maneras habidas y por haber y claro, así me iba la cosa. Encima, me emborrachaba. En tal estado es difícil que una mujer te tome en serio, porque las mujeres, aún beodas, saben lo que hacen, y los hombres, muchas veces ni sobrios sabemos lo que hacemos. Parece ser que lo de hacer el tolili para ligar es mal que afecta por igual a todas las clases sociales, como las purgaciones y los piojos, que ayer vieron a Froilán, el hijo de la Infanta, rapado y rascándose la cabeza. Claro, que a lo mejor no tenía piojos; tenía pediculosis, que son los piojos de sangre azul.
El caso es que la idiotez afecta por igual a todas las clases sociales y no podemos por menos que agradecer la confesión de José Luis de Vilallonga. Claro que, don José Luis era un aristócrata raro, tuvo carné del PSOE y todo. Hablo de la transición. Desde entonces, los del PSOE se han aristocratizado un poco. Que se lo digan a Alfonso Guerra, que según Jorge Semprún en los consejos de ministros le hacían servir el desayuno a él solo en vajilla de alpaca. Y se creería elegante, el paria de la tierra.
Hoy es viernes y cien mil muchachos irán por las calles de Madrid y muchos harán el idiota por la raja de una falda. La ciudad será una enorme plaza de toros con cien mil morlacos en la busca de toreras que siempre sabrán cómo acaba la faena. Y serán idiotas por ellas. Como lo fui yo y como lo fue Vilallonga.
Sólo los elegantes serán capaces de reconocerlo algún día. Y los que queremos serlo.
La frase no es mía. La dijo José Luis de Vilallonga, ese aristócrata y escritor que dijo y escribió mucho y bueno. Lástima que nadie va a visitar su tumba. Una pena. Alguien que ha sido tan exquisito merecería que se comportaran de igual manera con él. Pero claro, la elegancia es una cualidad que distingue a muy pocos. Desde luego, no a sus herederos y allegados.
No imagino a una persona como él haciendo el idiota por una señora, pero él así lo confesó. Yo pensaba que eso era cosa de una persona como yo, plebeya, que me saltaba todas las buenas maneras habidas y por haber y claro, así me iba la cosa. Encima, me emborrachaba. En tal estado es difícil que una mujer te tome en serio, porque las mujeres, aún beodas, saben lo que hacen, y los hombres, muchas veces ni sobrios sabemos lo que hacemos. Parece ser que lo de hacer el tolili para ligar es mal que afecta por igual a todas las clases sociales, como las purgaciones y los piojos, que ayer vieron a Froilán, el hijo de la Infanta, rapado y rascándose la cabeza. Claro, que a lo mejor no tenía piojos; tenía pediculosis, que son los piojos de sangre azul.
El caso es que la idiotez afecta por igual a todas las clases sociales y no podemos por menos que agradecer la confesión de José Luis de Vilallonga. Claro que, don José Luis era un aristócrata raro, tuvo carné del PSOE y todo. Hablo de la transición. Desde entonces, los del PSOE se han aristocratizado un poco. Que se lo digan a Alfonso Guerra, que según Jorge Semprún en los consejos de ministros le hacían servir el desayuno a él solo en vajilla de alpaca. Y se creería elegante, el paria de la tierra.
Hoy es viernes y cien mil muchachos irán por las calles de Madrid y muchos harán el idiota por la raja de una falda. La ciudad será una enorme plaza de toros con cien mil morlacos en la busca de toreras que siempre sabrán cómo acaba la faena. Y serán idiotas por ellas. Como lo fui yo y como lo fue Vilallonga.
Sólo los elegantes serán capaces de reconocerlo algún día. Y los que queremos serlo.
jueves, noviembre 01, 2007
Tenemos otro miembro más en la familia: mi sobrina Beatriz, de la que espero, al igual que de su hermano Daniel, que sean todo lo felices que un ser humano pueda llegar a ser.
En un principio, tenía yo un cierto reparo a que mi hermana y mi cuñado le pusieran Beatriz a la niña. No se lo dije porque no soy quién para decidir el nombre de mi sobrina, pero el nombre de Beatriz me parecía... No sé. No digo que no sea bonito, pero me parecía nombre de fantasma de castillo.
Ahora lo encuentro más apropiado, porque Beatriz rima con una de las palabras más bonitas del diccionario: feliz. No debe ser cosa mala que mi querida niña tenga un amuleto por nombre. Ojalá que con el tiempo la proximidad fonética sea más que una coincidencia y feliz sea la característica principal de ésta pequeña locuela que con mucha osadía ayer abrió los ojos a este mundo y que cuando llora parece que estén sonando las trompetas que anuncian el apocalipsis. Menudos pulmones tiene.
Me está quedando esta entrada muy al estilo de Barrio Sésamo, los lunnys o similar, pero es que he estado con ella y me puesto estupendo y tierno, aunque no se me dan muy bien los niños. Desde luego, no como a mi chica, que tiene una habilidad para tratar con ellos increíble. Mi sobrino Daniel la adora.
Bueno, me voy a soñar un poquito con ese mundo que quiero para esos dos bebés que se lo merecen todo por existir.
Niños, gracias por haber venido.
En un principio, tenía yo un cierto reparo a que mi hermana y mi cuñado le pusieran Beatriz a la niña. No se lo dije porque no soy quién para decidir el nombre de mi sobrina, pero el nombre de Beatriz me parecía... No sé. No digo que no sea bonito, pero me parecía nombre de fantasma de castillo.
Ahora lo encuentro más apropiado, porque Beatriz rima con una de las palabras más bonitas del diccionario: feliz. No debe ser cosa mala que mi querida niña tenga un amuleto por nombre. Ojalá que con el tiempo la proximidad fonética sea más que una coincidencia y feliz sea la característica principal de ésta pequeña locuela que con mucha osadía ayer abrió los ojos a este mundo y que cuando llora parece que estén sonando las trompetas que anuncian el apocalipsis. Menudos pulmones tiene.
Me está quedando esta entrada muy al estilo de Barrio Sésamo, los lunnys o similar, pero es que he estado con ella y me puesto estupendo y tierno, aunque no se me dan muy bien los niños. Desde luego, no como a mi chica, que tiene una habilidad para tratar con ellos increíble. Mi sobrino Daniel la adora.
Bueno, me voy a soñar un poquito con ese mundo que quiero para esos dos bebés que se lo merecen todo por existir.
Niños, gracias por haber venido.
miércoles, octubre 31, 2007
Los que me seguís sabéis que no suelo hablar mucho de temas de actualidad, pero hoy haré la excepción porque la noticia es de suma importancia:
Ya se conoce la sentencia que condena a los autores del 11-m, y no hay nadie entre ellos que pertenezca o haya pertenecido a ETA, ni los culpables han sido ayudados por miembros de dicha organización. La cruel matanza es obra del terrorismo yihaidista exclusivamente.
Pero en este asunto hay otros culpables que desgraciadamente quedarán impunes: los hipócritas, los cínicos que han querido mentir a la opinión pública por salvar el honor del anterior gobierno conservador. Han demostrado que para ellos es más importante la fama de un gobernante y su equipo que las víctimas del salvaje atentado supieran la verdad.
Es por ello que deberían ser sometidos a vergüenza pública, aunque temo que de ésta saldrán impunes, porque en definitiva, ellos son los que deciden en este país quién cae en desgracia, quién debe ser subido a los altares y quién debe pasar desapercibido. Son servidores de los intereses de los poderosos, esclavos de la codicia y de la mentira. Por un tiempo, ellos serán los que quieran pasar inadvertidos.
Nos ven al pueblo como masa, una montaña de títeres a los que manejar en un guiñol funesto del que se ríen a carcajadas.
¿Y ahora qué, mentirosos? Deberíais cerrar vuestras emisoras, vuestros periódicos, que nunca han servido a la verdad, que han contaminado los cerebros de gentes de bien, que por mucho tiempo han defendido vuestros bulos, ignorantes de vuestras añagazas y vuestras risotadas por saberos tan poderosos.
Antes escuchaba lo que decíais, leía vuestras columnas para que escuchándoos a vosotros, que no sois santos de mi devoción, pudiera hacerme con una opinión más o menos objetiva, fruto de la lectura y la escucha de diferentes fuentes informativas. Ahora me doy cuenta de que era un error, pues la mentira no es el ingrediente más idóneo para conseguir la objetividad.
Que os den, embusteros. A otro perro con ese hueso, que vergüenza debería daros el trabajo que estáis haciendo. Conmigo que no cuenten vuestros anunciantes, pues yo sólo pago verdad, que las mentiras muy bien me las puedo conseguir yo gratis.
Ya se conoce la sentencia que condena a los autores del 11-m, y no hay nadie entre ellos que pertenezca o haya pertenecido a ETA, ni los culpables han sido ayudados por miembros de dicha organización. La cruel matanza es obra del terrorismo yihaidista exclusivamente.
Pero en este asunto hay otros culpables que desgraciadamente quedarán impunes: los hipócritas, los cínicos que han querido mentir a la opinión pública por salvar el honor del anterior gobierno conservador. Han demostrado que para ellos es más importante la fama de un gobernante y su equipo que las víctimas del salvaje atentado supieran la verdad.
Es por ello que deberían ser sometidos a vergüenza pública, aunque temo que de ésta saldrán impunes, porque en definitiva, ellos son los que deciden en este país quién cae en desgracia, quién debe ser subido a los altares y quién debe pasar desapercibido. Son servidores de los intereses de los poderosos, esclavos de la codicia y de la mentira. Por un tiempo, ellos serán los que quieran pasar inadvertidos.
Nos ven al pueblo como masa, una montaña de títeres a los que manejar en un guiñol funesto del que se ríen a carcajadas.
¿Y ahora qué, mentirosos? Deberíais cerrar vuestras emisoras, vuestros periódicos, que nunca han servido a la verdad, que han contaminado los cerebros de gentes de bien, que por mucho tiempo han defendido vuestros bulos, ignorantes de vuestras añagazas y vuestras risotadas por saberos tan poderosos.
Antes escuchaba lo que decíais, leía vuestras columnas para que escuchándoos a vosotros, que no sois santos de mi devoción, pudiera hacerme con una opinión más o menos objetiva, fruto de la lectura y la escucha de diferentes fuentes informativas. Ahora me doy cuenta de que era un error, pues la mentira no es el ingrediente más idóneo para conseguir la objetividad.
Que os den, embusteros. A otro perro con ese hueso, que vergüenza debería daros el trabajo que estáis haciendo. Conmigo que no cuenten vuestros anunciantes, pues yo sólo pago verdad, que las mentiras muy bien me las puedo conseguir yo gratis.
martes, octubre 30, 2007
martes, 3 de julio de 2103
Querida hija:
Sé que te encuentras molesta por esas reuniones de empresa en las cuales termináis siempre con aburridos programas virtuales, pero es tu obligación acudir a ellas aunque te resulte penoso el asistir. Yo, cuando trabajaba, también me ponía enferma con esas reuniones, pero una mujer debe atender a sus obligaciones.
A mí también me desconcierta esa costumbre de tener que besar los móviles de todo el mundo nada más entrar en la reunión. Nadie sabe cuándo empezó esa costumbre. Pero si tienes que besarlos, los besas. Recuerda que el movil era el artilugio que utilizaban nuestros antepasados, y la tradición de mimar la telefonía viene porque así lo que estás haciendo es un homenaje a la familia del que lo posee. Sé que los odias por ser símbolo de neoburgueses, pero asquerosa, tienes que vivir en este mundo. Si hay que besar móviles como mandan la tradición, pues se besan. Piensa que antes era peor. Acuérdate las veces que cuenta tu abuela de que la gente se besaba en la cara e incluso se abrazada. Entonces sí que era dura la vida ¡Con la cantidad de gérmenes que tiene un ser humano en la piel! Anoche vi un documental en el que los hombres se ponían unas cosas llamadas corbatas. Un antropólogo dijo que se ponían por si le entraba ganas de ahorcarse a individuo y no tenían nada a mano. Las llamaban también las minisogas . En el fondo no eran tan bárbaros como creíamos. Te recuerdo que el concepto de suicidio como parte de la vida vino bastante después,lo trajeron los amantes de la cienciología del Führer.
Hablando de otra cosa, ten tengo que reprender por una cosa que hiciste en la mesa el otro día en el cumpleaños del pez obispo: te vi ingerir la píldora de banquete a través de la boca ¿Cuándo te ha enseñado eso tu madre? Sabes perfectamente que las píldoras se deben meter por la nariz, que es de mejor gusto. Además, así comes menos y guardas mejor la línea. Comer por la boca es de guarros, de gente incivilizada. No me vale la excusa de que estás en familia. No quiero volver a verte comer por la boca. Además, no quieras acabar como tu primo, que anda por ahí con silla de ruedas,
como si fuera uno de esos delincuentes a punto de atracar una inmobiliaria. Ir en silla de ruedas es cosa de vagabundos y maleantes. Yo no entiendo como tu tía le deja salir con esa facha.
El otro día le tuve que reprender a uno porque al pasar por su lado no me dijo zorra, más que zorra. Ni tan siquiera un "maldita hija de puta" ¿Tú te crees?¡Dónde vamos a ir a parar! Y antes de que se me olvide: te tengo preparados unos cócteles molotov para tirárselos a los tetrapléjicos. Cuando quieras, te pasas por casa, y no me vengas con la excusa de que te dan pena los pobres.
Los jóvenes de ahora no sois como los de antes: entonces sí que se podían hacer guerras nucleares como dios manda.
Con todos mis esputos,
tu madre
Querida hija:
Sé que te encuentras molesta por esas reuniones de empresa en las cuales termináis siempre con aburridos programas virtuales, pero es tu obligación acudir a ellas aunque te resulte penoso el asistir. Yo, cuando trabajaba, también me ponía enferma con esas reuniones, pero una mujer debe atender a sus obligaciones.
A mí también me desconcierta esa costumbre de tener que besar los móviles de todo el mundo nada más entrar en la reunión. Nadie sabe cuándo empezó esa costumbre. Pero si tienes que besarlos, los besas. Recuerda que el movil era el artilugio que utilizaban nuestros antepasados, y la tradición de mimar la telefonía viene porque así lo que estás haciendo es un homenaje a la familia del que lo posee. Sé que los odias por ser símbolo de neoburgueses, pero asquerosa, tienes que vivir en este mundo. Si hay que besar móviles como mandan la tradición, pues se besan. Piensa que antes era peor. Acuérdate las veces que cuenta tu abuela de que la gente se besaba en la cara e incluso se abrazada. Entonces sí que era dura la vida ¡Con la cantidad de gérmenes que tiene un ser humano en la piel! Anoche vi un documental en el que los hombres se ponían unas cosas llamadas corbatas. Un antropólogo dijo que se ponían por si le entraba ganas de ahorcarse a individuo y no tenían nada a mano. Las llamaban también las minisogas . En el fondo no eran tan bárbaros como creíamos. Te recuerdo que el concepto de suicidio como parte de la vida vino bastante después,lo trajeron los amantes de la cienciología del Führer.
Hablando de otra cosa, ten tengo que reprender por una cosa que hiciste en la mesa el otro día en el cumpleaños del pez obispo: te vi ingerir la píldora de banquete a través de la boca ¿Cuándo te ha enseñado eso tu madre? Sabes perfectamente que las píldoras se deben meter por la nariz, que es de mejor gusto. Además, así comes menos y guardas mejor la línea. Comer por la boca es de guarros, de gente incivilizada. No me vale la excusa de que estás en familia. No quiero volver a verte comer por la boca. Además, no quieras acabar como tu primo, que anda por ahí con silla de ruedas,
como si fuera uno de esos delincuentes a punto de atracar una inmobiliaria. Ir en silla de ruedas es cosa de vagabundos y maleantes. Yo no entiendo como tu tía le deja salir con esa facha.
El otro día le tuve que reprender a uno porque al pasar por su lado no me dijo zorra, más que zorra. Ni tan siquiera un "maldita hija de puta" ¿Tú te crees?¡Dónde vamos a ir a parar! Y antes de que se me olvide: te tengo preparados unos cócteles molotov para tirárselos a los tetrapléjicos. Cuando quieras, te pasas por casa, y no me vengas con la excusa de que te dan pena los pobres.
Los jóvenes de ahora no sois como los de antes: entonces sí que se podían hacer guerras nucleares como dios manda.
Con todos mis esputos,
tu madre
lunes, octubre 29, 2007

Mi madre tuvo una temporada una costumbre que me irritaba especialmente: la de vestirme igual que mi hermano. Ahora, los tres años de diferencia que separan mi fecha de nacimiento con la suya no son nada, pero entonces eran suficientes para pedir a mi madre que no me vistiera "como un niño". Entonces yo quería buscar mi singularidad, aún a costa de renunciar a las ofertas que en el comercio textil se encontraba nuestra madre y que aprovechaba para vestir a dos por uno.
Pese a que nuestra progenitora nos ponía según la moda de los ochenta, yo no estaba cómodo con tener que llevar idénticas y estrechas corbatas de cuero , iguales cazadoras sin cuello, mismos mocasines negros con calcetines blancos que hacían daño a la vista de los tratadistas de las buenas maneras. Decía mi madre que apareceríamos muy chulos ante las chavalas. Dijera lo que dijera mi madre, las chicas no veían con buenos ojos que dos machotes se vistieran igual. Por eso el dúo que formaron Pancho y Javi, los galanes adolescentes de Verano Azul duró tan poco: llevaban los mismo petos de fantasía, y así no había quién se los tomara en serio.
Yo quería vestir distinto a mi hermano porque quería resaltar mi individualismo. Entonces no sabía -tal vez lo intuía- que el atuendo es una de las señas de identidad con las que nos presentamos al mundo. Damos información, a veces contradictoria o errónea con nuestro atuendo. Elegimos nuestras prendas de vestir según el estado de ánimo, clase social, poder adquisitivo e incluso nivel cultural. los demás nos juzgarán por el conjunto que presentemos, que además incluirá gestos, inflexión de la voz, modo de andar, etc. Todo ello servirá para que las personas decidan qué hacer con nosotros en cinco segundos: o nos despacharán lo más rápidamente posible o procurarán atraernos a su lado por siempre jamás. La aspiración de todo el que se viste: ser único y despertar la curiosidad y admiración en los demás, sin pasar por excéntrico.
De niño quería tener ropa distinta a la de mi hermano. Craso error. Me arrepiento de haber hecho ascos a la ropa que me compraba mi madre; cada vez que cojo mis actuales pantalones vaqueros, mis zapatillas y una camiseta, me encuentro en la calle a más de cien individuos que llevan prendas idénticas a las mías: el uniforme de paisano universal, y para la oficina, traje y corbata. El arte de sentirse alienado.
Puestos a vestir clavado a alguien, prefiero a mi hermano que a un desconocido. Por lo menos, hay confianza. No como los que vas en el metro que algunos, hasta te miran mal. No será porque no le gusten tus pantalones vaqueros.
domingo, octubre 28, 2007

Ya os dije yo que el otoño me ponía melancólico. Pero es que las circunstancias no ayudan.
Ayer estuve con un viejo amigo cenando. Se había separado de la mujer, con la que había tenido una hija que cumplió los cuatro años el otro día. Están todavía con los incómodos y crueles trámites que conlleva una separación. Él tenía deseos de evasión y la reunión fue muy cordial y divertida. Pero pude columbrar, a través de sus ojos, en su alma, una tristeza vacía de lo vivido en su matrimonio, de aquéllo que fue y que ya no puede ser más, y cómo lamenté su pena que es mi pesadilla, y que se quede en un mal recuerdo nocturno para siempre jamás.
Me enseñó la foto de su hija en la PDA. La niña más guapa que vi en mucho tiempo, de ojos zarcos y cabello de oro, que dirían nuestros poetas del siglo de oro. La niña miraba con dos platos a la cámara, los mismos platos con los que ve las raras evoluciones de sus padres. Me imagino el desconcierto de esa niña, pues los niños saben más de lo que nosotros creemos, al ver que su padre duerme en el sillón y su madre en el lecho que ahora es menos conyugal que nunca. Los ojos de la foto digital eran grandes, asombrados. Podía imaginar perfectamente esa grandeza ocular en gesto de perplejidad, de asombro por ver cómo la foto de papá y mamá en la que aparecen agarrados de la mano está en el suelo, con el cristal roto en mil pedazos ¿Por qué ya no luce en la cómoda como antes? ¿Cúantas veces le dijeron papá y mamá "hija, se te va a romper" cuando quería cogerla? Al final, los que la rompieron fueron ellos.
"Ya no nos comunicábamos" "Éramos dos desconocidos" Me dice mi amigo limpiándose la espuma de cerveza de los labios como si en vez de mi amigo lo fuera de Arturo Pérez Reverte. Y yo pienso tontamente, inocentemente, que no hay nada más fácil que dialogar ¿Qué extraño mecanismo se tiene que romper para que lo fácil se haga difícil? ¿Qué tiene que pasar para el que conoces de toda la vida, a quien amas, se convierta en un desconocido?¿A quién estabas mirando, entonces?
Miré en los muros de la patria mía y no encontré respuestas. Recordé la historia de una amiga de mi chica que se separó del marido "porque no la llevaba de viaje" ¿Y por qué no se lo dijiste? También me vino la memoria de las historias de esos novios viejos que se casan porque "o ya se iban a vivir juntos o se separaban"¿Tiene el mismo valor una cosa que otra? Y entonces no se me ocurrió otra cosa que escribir una entrada en mi bitácora sobre las separaciones, para ver si yo me encontraba respuestas.
Y después de escribirla, me doy cuenta que lo que tengo no son más que preguntas.
sábado, octubre 27, 2007

Muchos nos horrorizamos cuando escuchamos nuestras propias voces reproducidas en aparatos de grabación. Creemos tener una voz preciosa, suave y aterciopelada. Sin embargo, al oírnos tal y como nos oyen los demás nos llevamos un susto de muerte. Como el que me llevé cuando oí esa voz con cierto deje nasal y poco varonil que realmente tengo.
Leyendo, decubrí que nos oímos mejor porque es parte de un mecanismo psicológico para la propia supervivencia: necesitamos creer que somos mejor de lo que somos. La imagen que vemos en el espejo de nosotros mismos es más bonita que la que nos ven los demás, somos peor percha para nuestro vestuario que lo que imaginamos y nuestra voz es menos melodiosa que lo que nos gustaría. Por si fuera poco, esas sentencias filosóficas que decimos cuando estamos borrachos son balbuceos que a nadie interesa ni presta atención. Sin embargo, necesitamos creer que tenemos una voz melodiosa, una excelente percha y que somos los mejores intelectuales del universo que haya producido la ingesta de vino.
"No se ponga estupendo" decía Latino de Híspalis a Max Estrella, cuando éste sentaba cátedra con una probada sapiencia pero poco retribuída. El pobre Max era un hombre que se creía con más autoridad que la que realmente tenía. Era un gran pensador, pero la sociedad que le tocó vivir no había respeto para un hombre como él, aunque se lo mereciera por idealista y porque tenía buen fondo. Quizá era un hombre más para tribuna de cátedra que para las piedras de las calles de Madrid, pero uno no elige donde está. Sólo imagina lo que quiere ser, que es insuficiente.
Gnosti te autv, reza en el frontispicio del templo de Delfos: significa "Conócete a ti mismo". Aparte de las muchas interpretaciones que han dado con el devenir del tiempo gente más ilustre, yo voy a dar la mía: debes saber exactamente quién eres, aunque produzca daño.
Uno de los personajes de la Celestina, Pármeno, tenía un gran gran conflicto interior: el querer ser, y tener que ser el que era. Ese trauma era debido al dolor que causa la consciencia de su propia insignificancia, el no poder ser más y llegar a más. Ese dolor mal llevado provocó que fuera aún peor de lo que era, un villano, un traidor, un ladrón.
Hay que saber sobrellevar el dolor por tomar conciencia de la propia insignificancia, que es un dolor lacerante y daña uno de los mecanismos más fundamentales que tiene el hombre: la autoestima, que es el motor que nos hace progresar y escudo que nos protege de las invectivas, que son esos artificios creados para hundir nuestro ego.
En fin, no me escucho como quisiera ni soy tan guapo e inteligente como creía serlo con dieciséis años. Tampoco me es fácil conseguir cosas que aparentemente están al alcance de mi mano. Qué le vamos a hacer.
Conócete a ti mismo y quiérete a ti mismo. Es lo que me decía esta mañana en el espejo, cuando pensaba que mis ojos azules quizá sean grises y que ayer en la cena, quizá las sentencias que dije eran memeces. Por ponerme estupendo, vaya.
jueves, octubre 25, 2007
Lo cierto es que se sigue paseando con chulería de periferia, orgulloso de tener ya ese minuto de fama canallesca tan soñada, ésa de los campeones de la nada, gloria del parasitismo, de la oferta de anestesia venenosa de almas por el módico precio de ver un anuncio de un crédito de usura rápida. Ahí tenéis al nuevo héroe, al nuevo miembro de la nobleza del estiércol. Camina amagando un puñetazo a un operario de cámara, de ésos que le persiguen como si hubiera descubierto la vacuna contra el SIDA, como si hubiera inventado el coche que no contamina. Pese al amago de agresión, los periodistas le quieren. No es poco el mérito de quien pega a una niña, nos dicen los que nos señalan con su dedo la luna y quieren que veamos un dedo. Ni eso: la roña del dedo. "No se os ocurra jamás mirar a la luna", previenen.
La noticia es que un hombre muerda un perro y la lástima es que la noticia no sea que una niña golpea a un idiota. Puede sentirse orgulloso el idiota, una reportera de Antena 3, con una media de sobresaliente en la carrera, da empujones para estar al lado del iletrado y conseguir una entrevista en exclusiva con él, que tenía preparada su mejor piel de cordero para la ocasión, que con falsa humildad pedía disculpas pero cuya mirada delataba el orgullo del canalla sabedor de que es reina por un día, en su bar, teniendo como cetro un botellín de cerveza y como corona la foto de un plato de calamares. Mientras, a la niña le tienen que ocultar la cara porque en este mundo la vergüenza es cosa de plebeyos, mientras la reinona sonríe graciosa y arrepentida a cámara y sólo le falta mandar un saludo a sus primos de Carabanchel que le estarán viendo.
Me da grima pensar que puede que el siniestro miembro de la nobleza del estiércol haya cobrado por la exclusiva con la periodista del sobresaliente que no sobresale, de esa "pofesional" que debería dedicarse a otra cosa, que no sabe lo que significa decencia, que exhibe a un monstruo que se ha enseñado a desaprender a conciencia. Y menos mal, murmurarán algunos mientras arriman la sardina al ascua, que cuando la criatura fue al colegio no le enseñaron educación para la ciudadanía. En este mundo donde los únicos tronos que enfocan las televisiones son las letrinas, será fácil verle como concursante de Gran Hermano, como un tertuliano de Ana Rosa, o como consorte de Belén Esteban, en una boda en la que el padrino será Poli Díaz y nosotros los pobres menesterosos que les pediremos limosna a la puerta de la iglesia.
La noticia es que un hombre muerda un perro y la lástima es que la noticia no sea que una niña golpea a un idiota. Puede sentirse orgulloso el idiota, una reportera de Antena 3, con una media de sobresaliente en la carrera, da empujones para estar al lado del iletrado y conseguir una entrevista en exclusiva con él, que tenía preparada su mejor piel de cordero para la ocasión, que con falsa humildad pedía disculpas pero cuya mirada delataba el orgullo del canalla sabedor de que es reina por un día, en su bar, teniendo como cetro un botellín de cerveza y como corona la foto de un plato de calamares. Mientras, a la niña le tienen que ocultar la cara porque en este mundo la vergüenza es cosa de plebeyos, mientras la reinona sonríe graciosa y arrepentida a cámara y sólo le falta mandar un saludo a sus primos de Carabanchel que le estarán viendo.
Me da grima pensar que puede que el siniestro miembro de la nobleza del estiércol haya cobrado por la exclusiva con la periodista del sobresaliente que no sobresale, de esa "pofesional" que debería dedicarse a otra cosa, que no sabe lo que significa decencia, que exhibe a un monstruo que se ha enseñado a desaprender a conciencia. Y menos mal, murmurarán algunos mientras arriman la sardina al ascua, que cuando la criatura fue al colegio no le enseñaron educación para la ciudadanía. En este mundo donde los únicos tronos que enfocan las televisiones son las letrinas, será fácil verle como concursante de Gran Hermano, como un tertuliano de Ana Rosa, o como consorte de Belén Esteban, en una boda en la que el padrino será Poli Díaz y nosotros los pobres menesterosos que les pediremos limosna a la puerta de la iglesia.
miércoles, octubre 24, 2007

Leo un soneto de un tal Fernando de Herrera, poeta semidesconocido del siglo de Oro, el cual resume muy bien mi estado actual:
Subo con tan gran peso quebrantado
por esta alta, empinada, aguda sierra,
que aún no llego a la cumbre, cuando yerra
el pie, y trabuco al fondo despeñado.
Del golpe y de la carga maltratado,
me alzo a pena, y a mi antigua guerra
vuelvo; mas ¿qué me vale? que la tierra
misma me falta al curso acostumbrado.
Pero aunque en el peligro desfallezco,
no desamparo el paso; que antes torno
mil veces a cansarme en este engaño.
Crece el temor, y en la porfía crezco;
y sin cesar, cual rueda vuelve en torno,
así rebuelvo a despeñarme al daño.
Este poema me ha hecho tomar conciencia de que soy Sísifo el Opositor. Mis apuntes son la pesada piedra que tengo que subir colina arriba durante ocho horas diarias o más; tengo delante de mí una montaña muy grande con una ladera muy empinada. Por si fuera poco, si llego a la cima por éste mi más meditado y preparado ascenso, todo apunta a que la piedra volverá a bajar, pues no tengo puntos de méritos al no haber trabajado antes como docente. Lo más probable es que no obtenga nota suficiente para obtener la ansiada plaza fija.
Con la nueva normativa de las oposiciones a secundaria, los que no hemos trabajado nunca nos hemos convertido en Sísifos cuya piedra amenaza volver al valle una y otra vez: sin experiencia, no tenemos trabajo; sin trabajo, no tenemos experiencia. Un pétreo y frío círculo vicioso.
Una ladera que subí hace poco fue una reciente oposición en la que ofertaban siete plazas de auxiliar administrativo: Tuve una excelente puntuación en el examen psicotécnico, pero de nada valió ante los méritos que presentaban los opositores más veteranos. Muchos de ellos tuvieron una puntuación de examen más baja que yo. Sin embargo, para ellos fueron las plazas fijas mientras que yo estoy en el paro. La piedra volvía a estar en donde ni a Heidi se le ocurriría ir.
En mi vida laboral consta que tengo ocho años de experiencia laboral, toda una serranía con sus altibajos. Obligado por las circunstancias he tenido que trabajar donde me salía y no me ha dado tiempo ni he tenido la oportunidad de reunir méritos suficientes para tener trabajo fijo de auxiliar administrativo o de profesor. Qué harto estoy de esta siniestra concavidad.
Yo no estoy en contra de que a la gente que previamente ha trabajado en la administración se le valore su labor previa, pero se está valorando tan desmesuradamente que los que no tenemos experiencia suficiente se nos imposibilita el trabajar, demostrar que podemos ser excelentes profesionales también, una vez repuestos del ataque de piedra.
Si por mí fuera, dividiría las plazas en dos grupos: unas plazas las ofrecería a los alpinistas que se presentaran sin méritos y otras para los que sí los tengan. Así sí que habría igualdad de oportunidades. Tal y como estamos ahora, es una quimera para el que no tiene experiencia laboral acceder a ciertos puestos de la función pública. ¿Hay acaso otro camino para conseguir experiencia que el trabajar?.
De seguir así, seguiremos siendo Sísifos opositores eternamente, que por muchas veces que subamos piedras a la ladera, siempre se nos volverán a caer.
Yo, de verdad, no quiero ser mitológico. Me conformo con ser un vulgar alpinista que sólo estuvo en la cúspide una vez. Eso debería ser suficiente para toda una vida.
martes, octubre 23, 2007

Definitivamente, en Internet hay de todo. Ya hay un portal sobre despedidas de soltero. Un sitio donde la gente puede contar sus aventuras pasadas en esas reuniones. La verdad es que es muy divertida su lectura. De mi despedida yo podría contar allí cómo acabé disfrazado de obispo y que alguien me hizo un estriptís teniendo más pelos en las piernas que yo. No me hagáis entrar en más detalles. Yo hubiera preferido a alguien más depilado, y más...femenino. Por lo demás, mi fiesta de despedida estuvo insuperable. Me lo hicieron pasar en grande. Serán gañanes mis colegas... Ya les daré por lo del tanga de leopardo, ya.
Lo que no se les puede pedir a las fiestas de despedida de soltero es que sean ejercicios de buen gusto, en las cuales los participantes se comporten como damas victorianas a la hora del té. Si las hacen los amigos es para que no te olvides de los tiempos de correrías juveniles que dejas atrás. Por un día, vuelves a ser el no comprometido, el tarado que las lía (en el buen sentido) en plazas y tugurios. Claro que esto no se puede llevar a extremos ni puede ser excusa para ser infiel con tu pareja. Una vez me contó un vecino una tremenda historia de una chica a la que le organizaron una despedida de soltera. El relato de los hechos se lo contó su cuñado, que a su vez se lo contó el compañero de trabajo de la madre del sobrino del jefe donde trabajaba esta chica. A la susodicha no se le ocurrió otra cosa para celebrar su despedida que acostarse con el estríper morenazo que le tocó en suerte y en otros sitios. A los nueve meses, el marido se preguntaba si sería verdad lo del gen recesivo y si tenía antepasados africanos ¿Os creéis que os miento? Preguntadle a mi vecino, que tuvo que acompañar al desgraciado marido a que le hicieran la prueba del ADN y de camino les salió una autoestopista en una curva y como les pillaba de camino... Total, que por un accidente que tuvieron no se pudo hacer finalmente la prueba.
La dirección de la página es la siguiente: http://www.despedidasoltero.com/
Muchos os preguntaréis por qué me ha dado hoy por hablar de despedidas de soltero. Es que unos amigos se casan y eso significa...
¡Fiestuquiiiiiiiiiiiiiii!
lunes, octubre 22, 2007
Hoy, en el metro, vi a un hombre que fue mi jefe. Tenía algunas canas más, pero supe quién era inmediatamente. Sin embargo, él no me reconoció o no quiso reconocerme, y eso que salí de la empresa no hace más de seis años.
Él fue mi capataz bastante tiempo. Era un hombre menudo, con bigote, de trato afable.
Alguna vez comimos juntos en la cafetería. Era de agradable conversación que solía salpimentar con muchas anécdotas, pero no sé si tenía buena memoria. En cualquier caso, yo era uno más a sus órdenes. Un número. Otro trabajador temporal más. Él, sin embargo, está fijo. Entró en la empresa cuando las condiciones contractuales eran bastante mejores que cuando entré yo, cuando lo normal era que si tú eras una persona decente y trabajadora te acabaran haciendo fijo. En cambio, cuando entré junto a otros trescientos temporales más, la moda era (y es) despedir sin más contemplaciones a los trabajadores en cuanto se sacaba del apuro a la empresa. En nuestro caso el apuro se llamaba Euro y la empresa, Fábrica Nacional de Moneda y Timbre.
La FNMT suele tratar muy bien a sus trabajadores. Es de las empresas públicas que mejor paga y por si fuera poco, en navidades regalan una cesta de navidad que ya quisieran muchos "de la calle", como despectivamente suelen decir los operarios de la fábrica. Las cestas de los trabajadores traían whisky de malta, jamón de buena calidad, queso curado y muchas más exquisiteces. Los temporales también teníamos derecho a los buenos salarios y a las cestas de navidad, pero como nuestro propio nombre indicaba, era de forma temporal. En eso, quizá lo más importante, no nos trataba tan bien.
Le quedan pocos meses a mi exjefe para tener su cesta, que más que cesta es cuerno de la abundancia. Como tiene trienios y categoría superior, cobra lo que dos mileuristas, sino más; su máxima preocupación para el año que viene es dónde alquilar el apartamento o si va a ir el resto de las vacaciones a su pueblo o al de la mujer. Yo, por mi parte, no le envidio. Francamente. Envidiar significa desear que a alguien dichoso se le acabe la suerte; yo no quiero que acabe su suerte, pero no hubiera estado de más que él nos hubiera ayudado a los temporales a su cargo a cambiar la nuestra.
Cuando pasó por mi lado me miró a los ojos un breve instante y rápidamente apartó la mirada. Fue un destello en el que pude percibir que mi cara le era conocida ¿Se acordarán los capataces de todos aquéllos a los que tuvo a su cargo? No lo sé.
Como tampoco sé si en ese breve instante que me miró tuvo el más leve remordimiento de conciencia.
Él fue mi capataz bastante tiempo. Era un hombre menudo, con bigote, de trato afable.
Alguna vez comimos juntos en la cafetería. Era de agradable conversación que solía salpimentar con muchas anécdotas, pero no sé si tenía buena memoria. En cualquier caso, yo era uno más a sus órdenes. Un número. Otro trabajador temporal más. Él, sin embargo, está fijo. Entró en la empresa cuando las condiciones contractuales eran bastante mejores que cuando entré yo, cuando lo normal era que si tú eras una persona decente y trabajadora te acabaran haciendo fijo. En cambio, cuando entré junto a otros trescientos temporales más, la moda era (y es) despedir sin más contemplaciones a los trabajadores en cuanto se sacaba del apuro a la empresa. En nuestro caso el apuro se llamaba Euro y la empresa, Fábrica Nacional de Moneda y Timbre.
La FNMT suele tratar muy bien a sus trabajadores. Es de las empresas públicas que mejor paga y por si fuera poco, en navidades regalan una cesta de navidad que ya quisieran muchos "de la calle", como despectivamente suelen decir los operarios de la fábrica. Las cestas de los trabajadores traían whisky de malta, jamón de buena calidad, queso curado y muchas más exquisiteces. Los temporales también teníamos derecho a los buenos salarios y a las cestas de navidad, pero como nuestro propio nombre indicaba, era de forma temporal. En eso, quizá lo más importante, no nos trataba tan bien.
Le quedan pocos meses a mi exjefe para tener su cesta, que más que cesta es cuerno de la abundancia. Como tiene trienios y categoría superior, cobra lo que dos mileuristas, sino más; su máxima preocupación para el año que viene es dónde alquilar el apartamento o si va a ir el resto de las vacaciones a su pueblo o al de la mujer. Yo, por mi parte, no le envidio. Francamente. Envidiar significa desear que a alguien dichoso se le acabe la suerte; yo no quiero que acabe su suerte, pero no hubiera estado de más que él nos hubiera ayudado a los temporales a su cargo a cambiar la nuestra.
Cuando pasó por mi lado me miró a los ojos un breve instante y rápidamente apartó la mirada. Fue un destello en el que pude percibir que mi cara le era conocida ¿Se acordarán los capataces de todos aquéllos a los que tuvo a su cargo? No lo sé.
Como tampoco sé si en ese breve instante que me miró tuvo el más leve remordimiento de conciencia.
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Encuentro de un viejo jefe en el metro
domingo, octubre 21, 2007

"Cuando una mariposa aletea las alas en Singapur, en Londres está lloviendo"
Tengo entendido que el gobierno mexicano tiene como fin último privatizar a la enseñanza por consejo del FMI, esa institución que ya tiene en su cuenta una buena cantidad de países arruinados, que tuvo ahogados a los argentinos durante bastante tiempo y que se lleva bien con las dictaduras, siempre que éstas sean de derechas, claro está. También se lleva bien con las democracias, siempre que éstas se comporten como si fueran dictaduras de derecha.
La mariposa del neoliberalismo hace tiempo que batió sus alas. Tenía forma de hombre calvo y gris con gafas de pasta. El viento que trajo era especialmente nocivo, por lo contaminado de ideas y de gases tóxicos. El mundo lleva intoxicado ya bastante tiempo. Empezó a batir sus alas en 1950. Qué curioso que es la década en la que todos los científicos marcan como el comienzo de la cuesta abajo del gran deterioro medioambiental. Las ideas van por el aire y desde entonces ambas cosas están muy contaminadas.
Ahora se está dando un revisionismo histórico que quiere reinterpretar los grandes mitos de la izquierda. El ejemplo más claro es la infamante editorial de el País contra la memoria del Ché. ¿Cuándo llegarán los tiempos en los cuales podamos enmendar la plana al señor calvo y gris más a su diabólica escuela de Chicago? Lo tiene bien merecido pese a que aún hay quien todavía llora su muerte, pese a que una inmensa mayoría sobrevivimos en el viento de desgracia debido a su aleteo mentiroso de elogio a los avariciosos.
Le pido al gobierno mexicano que no toque los libros de los niños. Que no deje que se vuelen las hojas de los cuadernos arrastradas por el viento infecto creado por el aletear de una mariposa. Para aprender a leer, mi abuelo se vio obligado a coger las hojas del suelo traídas por el viento "¡Qué afortunado eres de poder ir al colegio!" Lo que no sabía mi abuelo es que principiaba el viento de la esperanza, hasta que una maldita mariposa batió sus alas.
sábado, octubre 20, 2007
Hace tiempo que no te visito y me sorprende ver que aún actualizas el blog. Yo le daba cuatro meses como máximo. La gente normal suele cansarse antes; no entiendo cómo sigues dándole a la tecla todavía. Tienes más moral que el alcoyano ¿No ves que no te lee ni Dios?
Tú con el blog me recuerdas a alguno de mis amigos de juventud, saliendo noche tras noche sin comerse una rosca, recibiendo una calabaza tras otra. Para ellos ponerse su Levi´s y perfumarse con la Dutty Sport u otra colonia similar era parte de un rito semanal que no se saltaban pasara lo que pasara. Era su religión cuya fe se basaban en que encontrarían una chica con la que pasar la noche. Pero como pasa en todas las religiones, eso sólo les ocurría a los elegidos por los dioses. En este caso, por las diosas.
Yo confieso estar entre los elegidos. No sé que molaba más: si el hecho de estar dándome el lote con la piba de turno o la cara de envidia que se les queda a los colegas porque ellos no se han comido un colín. y es que yo me he trajinado a cada una...
No sé por qué me da que tú no te has comido una rosca. Mira que lo siento. Bueno, no lo siento, que te jodan. Eso es lo que les pasa a los débiles como tú. A ver cuando os queréis dar cuenta que a las tías lo que les mola es que le den caña de España, joder. Por cierto, qué gracia me ha hecho lo último que has escrito:
"qué paradoja que en un libro de guerra yo extraiga lecciones de comportamiento civilizado. Lecciones -¡qué contradicción!- de humanidad."
Mira, eso que tú llamas "comportamiento civilizado" es la mejor manera para fracasar en la vida. Mira, todos lo que han ido por ahí buscando la solidaridad del otro se han llevado las hostias de su vida. Es como con las tías: si yo espero que otro coja y convenza a una tía para que se líe conmigo, lo llevo crudo. Debo ser yo sólo el que me trabaje a las tías; eso del grupo y la camadería es una falacia. Yo tengo que ir a por esa tía pues sino irá otro. Te habla uno que ha sido muy destroyer, chaval, que he levantado novias hasta a los colegas, que en el amor y en la guerra todo vale. Tengo una cicatriz en el pómulo que habla de eso precisamente. Ahora, el otro se llevó la del pulpo y la del otro, teniendo razón y todo.
El hombre es un lobo para el hombre. Así debe ser y así será siempre, y los débiles que se jodan. Precisamente las novatadas están pensadas para que los ejércitos y otras instituciones eliminen desde dentro los eslabones más débiles, los que pueden ser una rémora en la batalla. Cuando los alemanes llegaron a estalingrado, ese filtro ya estaba hecho, y tenían un ejército en condiciones. Leí por ahí que donde falló el ejército alemán fue en la logística, y por eso perdieron esa batalla, pero créeme: llegaron los mejores del ejército alemán. si no se metían entre ellos es porque el filtro estaba hecho y allí no eran necesarias las novatadas. Y por que hacía un frío que pelaba. Con bromitas iban a estar, a veinte bajo cero, no te jode.
De todos modos, a lo largo de toda la segunda guerra mundial se llevaron por delante a 20 millones de comunistas. Con dos cojones ¿Ves lo que puede hacer un pueblo al que se le han eliminado los débiles? Qué lástima, lo que sería hoy de Europa si hubiera triunfado el tercer Reich. Tanto que odias a Bush: si ahora gobernaran los nazis, ahora ál estaría lamiéndonos el culo ¿A que te gustaría? No, si al final me darás la razón y todo.
En fin chaval, haz lo que te salga de los cojones. Yo que tú cerraría el blog. Total, para lo que tienes que decir... Consuélate en que de vez en cuando entro yo y le pego un repaso. Joder, es que si no, no sé quién te iba a leer...En fin.
Tú con el blog me recuerdas a alguno de mis amigos de juventud, saliendo noche tras noche sin comerse una rosca, recibiendo una calabaza tras otra. Para ellos ponerse su Levi´s y perfumarse con la Dutty Sport u otra colonia similar era parte de un rito semanal que no se saltaban pasara lo que pasara. Era su religión cuya fe se basaban en que encontrarían una chica con la que pasar la noche. Pero como pasa en todas las religiones, eso sólo les ocurría a los elegidos por los dioses. En este caso, por las diosas.
Yo confieso estar entre los elegidos. No sé que molaba más: si el hecho de estar dándome el lote con la piba de turno o la cara de envidia que se les queda a los colegas porque ellos no se han comido un colín. y es que yo me he trajinado a cada una...
No sé por qué me da que tú no te has comido una rosca. Mira que lo siento. Bueno, no lo siento, que te jodan. Eso es lo que les pasa a los débiles como tú. A ver cuando os queréis dar cuenta que a las tías lo que les mola es que le den caña de España, joder. Por cierto, qué gracia me ha hecho lo último que has escrito:
"qué paradoja que en un libro de guerra yo extraiga lecciones de comportamiento civilizado. Lecciones -¡qué contradicción!- de humanidad."
Mira, eso que tú llamas "comportamiento civilizado" es la mejor manera para fracasar en la vida. Mira, todos lo que han ido por ahí buscando la solidaridad del otro se han llevado las hostias de su vida. Es como con las tías: si yo espero que otro coja y convenza a una tía para que se líe conmigo, lo llevo crudo. Debo ser yo sólo el que me trabaje a las tías; eso del grupo y la camadería es una falacia. Yo tengo que ir a por esa tía pues sino irá otro. Te habla uno que ha sido muy destroyer, chaval, que he levantado novias hasta a los colegas, que en el amor y en la guerra todo vale. Tengo una cicatriz en el pómulo que habla de eso precisamente. Ahora, el otro se llevó la del pulpo y la del otro, teniendo razón y todo.
El hombre es un lobo para el hombre. Así debe ser y así será siempre, y los débiles que se jodan. Precisamente las novatadas están pensadas para que los ejércitos y otras instituciones eliminen desde dentro los eslabones más débiles, los que pueden ser una rémora en la batalla. Cuando los alemanes llegaron a estalingrado, ese filtro ya estaba hecho, y tenían un ejército en condiciones. Leí por ahí que donde falló el ejército alemán fue en la logística, y por eso perdieron esa batalla, pero créeme: llegaron los mejores del ejército alemán. si no se metían entre ellos es porque el filtro estaba hecho y allí no eran necesarias las novatadas. Y por que hacía un frío que pelaba. Con bromitas iban a estar, a veinte bajo cero, no te jode.
De todos modos, a lo largo de toda la segunda guerra mundial se llevaron por delante a 20 millones de comunistas. Con dos cojones ¿Ves lo que puede hacer un pueblo al que se le han eliminado los débiles? Qué lástima, lo que sería hoy de Europa si hubiera triunfado el tercer Reich. Tanto que odias a Bush: si ahora gobernaran los nazis, ahora ál estaría lamiéndonos el culo ¿A que te gustaría? No, si al final me darás la razón y todo.
En fin chaval, haz lo que te salga de los cojones. Yo que tú cerraría el blog. Total, para lo que tienes que decir... Consuélate en que de vez en cuando entro yo y le pego un repaso. Joder, es que si no, no sé quién te iba a leer...En fin.
jueves, octubre 18, 2007
Si queréis leer un buen libro de historia sobre la segunda guerra mundial, os recomiendo Stalingrado, de Anthony Beevor. Os sorprenderá cómo trata la batalla, así como el estudio que hace el señor Beevor de aspectos de esa campaña bélica que difícilmente encontraréis en otros libros de temática bélica. En él podéis hallar cartas de soldados alemanes y rusos, correspondencia del generalato de ambos bandos... La labor de la documentación llevada a cabo por Beevor ha sido colosal, y sus conclusiones muy sorprendentes, tratando desde los aspectos más generales de la campaña hasta los más minuciosos.
A mí me llamó la atención cómo Beevor se detiene en una faceta humana que no es frecuente que se hable de ello en los libros de historia : el trato que se daban entre sí los soldados. No es una particularidad que suela tratarse por lo menudo, pues la mayoría de las historias de las grandes batallas, de Tucídides hasta hoy, suelen versar de las dudas, estrategias, disputas, tribulaciones y maquinaciones llevadas por el general de turno con sus oficiales. La masa humana que componen los ejércitos parece que no existe, es como si en los campos de batalla no murieran y pelearan seres humanos. Cuando leo un libro de ésos, por ejemplo sobre la batalla de Waterloo, siempre me hago la misma pregunta: ¿y no hubiera tenido todo una solución más fácil y menos costosa si Wellington y Napoleón se hubieran liado a puñetazos?
El libro de Stalingrado será de los pocos en los que se habla de la vida cotidiana de la tropa y sus penalidades. Entre las muchas cosas que relata, me sorprendió mencionara en el libro la ausencia de bromas pesadas, de novatadas, de humillaciones entre soldados a los que se les impuso convivir. En el imaginario colectivo de todos nosotros están las burlas crueles de la mili, una película donde un muchacho recién llegado era víctima de los veteranos ociosos. Sin embargo, los soldados en el frente que nos presenta el historiador se apoyaban los unos a los otros, sólo se tenían a ellos mismos en las gélidas tierras rusas. Qué gran contraste con el comportamiento cruel e infantil de los que humillan a sus compañeros, con la paradoja de que creen que así son más hombres.
El instinto de camaradería que todo buen ejército ha de tener nace del instinto de supervivencia. No hace falta el ir a la guerra para saber que se depende del compañero para sobrevivir y que el buen funcionamiento de un conjunto de seres humanos depende de cómo obren entre sí cada una de ellos. Es la cooperación necesaria para llegar a un buen fin.
Las humillaciones, en cambio, provienen del individualismo más egoísta. Es hacer todo lo posible para neutralizar a alguien que dentro de la pirámide puede ser mejor que uno mismo. Nacen de los espíritus ociosos, de los estrategas de la medianía. Es, en definitiva, el restar las cualidades del que se tiene al lado ante la imposibilidad de no poder acrecentar las de uno mismo. Estrechez de miras, cortedad mental, llámese como se quiera. Todos son cualidades de los que están estancados en su propia putrefacción vital.
De las pocas lecciones buenas que se pueden sacar de una batalla, una de ellas el sentimiento de camaradería que se desarrolla en la tropa. Anthony Beevor explica que la camaradería que se desarrolló entre los soldados de ambos lados del frente no es una peculiaridad de esta guerra debida a un entorno especialmente hostil. Anthony Beevor afirma que los soldados de todos los ejércitos se comportan así en la guerra, pues bastantes penalidades dan las batallas como para andarse con infantilidades.
Si pensamos que la vida cotidiana es la guerra que todos tenemos que librar, no entiendo, ni comprendí jamás, por qué se fomenta y se aplaude que se humille a los individuos ¿Un homenaje a la selva, al dios individualismo, ese ente caprichoso que decide nuestro destino? No lo sé, en cualquier caso... qué paradoja que en un libro de guerra yo extraiga lecciones de comportamiento civilizado. Lecciones -¡qué contradicción!- de humanidad.
A mí me llamó la atención cómo Beevor se detiene en una faceta humana que no es frecuente que se hable de ello en los libros de historia : el trato que se daban entre sí los soldados. No es una particularidad que suela tratarse por lo menudo, pues la mayoría de las historias de las grandes batallas, de Tucídides hasta hoy, suelen versar de las dudas, estrategias, disputas, tribulaciones y maquinaciones llevadas por el general de turno con sus oficiales. La masa humana que componen los ejércitos parece que no existe, es como si en los campos de batalla no murieran y pelearan seres humanos. Cuando leo un libro de ésos, por ejemplo sobre la batalla de Waterloo, siempre me hago la misma pregunta: ¿y no hubiera tenido todo una solución más fácil y menos costosa si Wellington y Napoleón se hubieran liado a puñetazos?
El libro de Stalingrado será de los pocos en los que se habla de la vida cotidiana de la tropa y sus penalidades. Entre las muchas cosas que relata, me sorprendió mencionara en el libro la ausencia de bromas pesadas, de novatadas, de humillaciones entre soldados a los que se les impuso convivir. En el imaginario colectivo de todos nosotros están las burlas crueles de la mili, una película donde un muchacho recién llegado era víctima de los veteranos ociosos. Sin embargo, los soldados en el frente que nos presenta el historiador se apoyaban los unos a los otros, sólo se tenían a ellos mismos en las gélidas tierras rusas. Qué gran contraste con el comportamiento cruel e infantil de los que humillan a sus compañeros, con la paradoja de que creen que así son más hombres.
El instinto de camaradería que todo buen ejército ha de tener nace del instinto de supervivencia. No hace falta el ir a la guerra para saber que se depende del compañero para sobrevivir y que el buen funcionamiento de un conjunto de seres humanos depende de cómo obren entre sí cada una de ellos. Es la cooperación necesaria para llegar a un buen fin.
Las humillaciones, en cambio, provienen del individualismo más egoísta. Es hacer todo lo posible para neutralizar a alguien que dentro de la pirámide puede ser mejor que uno mismo. Nacen de los espíritus ociosos, de los estrategas de la medianía. Es, en definitiva, el restar las cualidades del que se tiene al lado ante la imposibilidad de no poder acrecentar las de uno mismo. Estrechez de miras, cortedad mental, llámese como se quiera. Todos son cualidades de los que están estancados en su propia putrefacción vital.
De las pocas lecciones buenas que se pueden sacar de una batalla, una de ellas el sentimiento de camaradería que se desarrolla en la tropa. Anthony Beevor explica que la camaradería que se desarrolló entre los soldados de ambos lados del frente no es una peculiaridad de esta guerra debida a un entorno especialmente hostil. Anthony Beevor afirma que los soldados de todos los ejércitos se comportan así en la guerra, pues bastantes penalidades dan las batallas como para andarse con infantilidades.
Si pensamos que la vida cotidiana es la guerra que todos tenemos que librar, no entiendo, ni comprendí jamás, por qué se fomenta y se aplaude que se humille a los individuos ¿Un homenaje a la selva, al dios individualismo, ese ente caprichoso que decide nuestro destino? No lo sé, en cualquier caso... qué paradoja que en un libro de guerra yo extraiga lecciones de comportamiento civilizado. Lecciones -¡qué contradicción!- de humanidad.
miércoles, octubre 17, 2007
Colonia lunar Adam Smith, 23 de julio de 2311
Querido George:
En verdad que encuentro divertido esto tan retro del intercambio epistolar. Ya sabes de mi gusto por las cosas de antaño. No sabía que la moda de escribir cartas desapareció a finales del siglo XX con la aparición de Internet. Lo leí en tu tesis. Maravilloso título que resumía muy bien el problema histórico: "La ausencia de vigilancia en los medios de comunicación privados en el siglo xx y principios del siglo XXI: una aproximación a la amenazante rebeldía invisible"
Es espeluznante pensar que en el pasadola gente podía decir cualquier cosa porque nadie les controlaba. Menos mal que ese problema desapareció con el proyecto Gran Hermano, llevado a cabo por "los herederos del gran Rupert Murdoch"
Una de las cosas por las que te escribo es porque he estado meditando y he llegado a la conclusión de que deberíamos pasar todas estas cartas que nos escribimos al gran inquisidor. Temo que detecten este juego sin haberles dado noticia de ello y piensen que hacemos algo malo. Puede ser un escándalo que dos dirigentes hagan algo que lleva prohibido doscientos años, aunque no nos mueva otro fin que el divertimento. Ni quiero pensar en el bochorno que pasaría en la rueda de prensa.
Sabes que disfruto al igual que tú de este raro divertimento, pero deberíamos andar con cuidado. Bueno, y ahora paso a hablar de mi salud y de mi familia, que es el tema que iba justo después de la cabezera. Perdona que haya cambiado el guión normal de la correspondencia epistolar clásica:
Mi familia se encuentra bastante bien. Holograma 1 y holograma 2 se han independizado, y holograma 3, es decir, mi esposa -ya sabes que tuve que matar a la real por no plancharme bien la sotana- se va con unas amigas a llevar bombonas de oxígeno a los niños de Nueva nueva Delhi. Yo estuve una vez con ellas y el espectáculo que montan es precioso la negra Nueva nueva Dehli se torna a un espectáculo de luz y color, con grandes cascadas de agua. Cómo suspiran los niños. Nada es lo suficientemente bueno para ellos antes de que nos llevemos sus cuerpecitos. Hablando de cuerpecitos, estoy bastante ansioso por estrenar el mío nuevo. Llevan haciéndomelo veinte años y está quedando precioso. Tiene pelos en el pecho y en la cabeza no, tal y como les pedí y es bellísimo, con su panza cervecera y todo. Creo que lo estrenaré para el día de la carrera a los cielos de Philip Knight. Estaré estupendo con mi solideo adornado con la guadaña de NIKE bordada en oro.
Lo que llevo mal es que están depositando mis datos de la memoria para traspasarlo al nuevo cuerpo a un disco duro orgánico y no sé cómo voy a preparar el discurso a los fieles. A lo mejor paso directamente a la gran Maratón de la fe. Por cierto, a ver si sale tan bien como el año pasado: murieron 815 fieles. Mis ayudantes esperan superar con creces esa cifra.
¿Y ahora qué iba?¡Ah, sí! Hablar de las cosas relacionadas con el trabajo. Pero si ya te he hablado de ello... Bueno, perdona. Sigo con ello, entonces.
No creas que todo se ha solucionado con el último Concilio de Wisconsin. Ayer, sin ir más lejos, vi corriendo a un infiel con... Me da hasta reparo decirlo... Con zapatillas de los siervos de Armani. Menos mal que había un francotirador cerca. No dejan de crecer esas sectas, parece la gran epidemia del 2054. Ayer mismo quemamos en la hoguera al responsable de una de ellas. Pidió permiso al ayuntamiento de los Ángeles para instalar una planta de fabricación de chándales de Luis Vuitton. Menos mal que el propio ayuntamiento nos dio el chivatazo. En fin, que por todos los lugares asoma la herejía.
Voy a tener que dejar de escribir porque me está entrando dolor de cabeza. Seguro que con el nuevo cuerpo estas cosas no me pasan. Por cierto, felicidades, ya veo que has conseguido por fin la guerra que tanto ansiabas. Se estiman cuatro millones de muertos, no está mal. Te llevarás un buen pico por esto, ¿no? Me alegro.
Bueno, pues yo creo que ya he escrito bastante. Ahora te toca a ti. Bueno, como decían en el siglo XX:
Un cordial saludo.
PD: no acabo de entender ésto de la posdata ¿Me lo podrías explicar?
Querido George:
En verdad que encuentro divertido esto tan retro del intercambio epistolar. Ya sabes de mi gusto por las cosas de antaño. No sabía que la moda de escribir cartas desapareció a finales del siglo XX con la aparición de Internet. Lo leí en tu tesis. Maravilloso título que resumía muy bien el problema histórico: "La ausencia de vigilancia en los medios de comunicación privados en el siglo xx y principios del siglo XXI: una aproximación a la amenazante rebeldía invisible"
Es espeluznante pensar que en el pasadola gente podía decir cualquier cosa porque nadie les controlaba. Menos mal que ese problema desapareció con el proyecto Gran Hermano, llevado a cabo por "los herederos del gran Rupert Murdoch"
Una de las cosas por las que te escribo es porque he estado meditando y he llegado a la conclusión de que deberíamos pasar todas estas cartas que nos escribimos al gran inquisidor. Temo que detecten este juego sin haberles dado noticia de ello y piensen que hacemos algo malo. Puede ser un escándalo que dos dirigentes hagan algo que lleva prohibido doscientos años, aunque no nos mueva otro fin que el divertimento. Ni quiero pensar en el bochorno que pasaría en la rueda de prensa.
Sabes que disfruto al igual que tú de este raro divertimento, pero deberíamos andar con cuidado. Bueno, y ahora paso a hablar de mi salud y de mi familia, que es el tema que iba justo después de la cabezera. Perdona que haya cambiado el guión normal de la correspondencia epistolar clásica:
Mi familia se encuentra bastante bien. Holograma 1 y holograma 2 se han independizado, y holograma 3, es decir, mi esposa -ya sabes que tuve que matar a la real por no plancharme bien la sotana- se va con unas amigas a llevar bombonas de oxígeno a los niños de Nueva nueva Delhi. Yo estuve una vez con ellas y el espectáculo que montan es precioso la negra Nueva nueva Dehli se torna a un espectáculo de luz y color, con grandes cascadas de agua. Cómo suspiran los niños. Nada es lo suficientemente bueno para ellos antes de que nos llevemos sus cuerpecitos. Hablando de cuerpecitos, estoy bastante ansioso por estrenar el mío nuevo. Llevan haciéndomelo veinte años y está quedando precioso. Tiene pelos en el pecho y en la cabeza no, tal y como les pedí y es bellísimo, con su panza cervecera y todo. Creo que lo estrenaré para el día de la carrera a los cielos de Philip Knight. Estaré estupendo con mi solideo adornado con la guadaña de NIKE bordada en oro.
Lo que llevo mal es que están depositando mis datos de la memoria para traspasarlo al nuevo cuerpo a un disco duro orgánico y no sé cómo voy a preparar el discurso a los fieles. A lo mejor paso directamente a la gran Maratón de la fe. Por cierto, a ver si sale tan bien como el año pasado: murieron 815 fieles. Mis ayudantes esperan superar con creces esa cifra.
¿Y ahora qué iba?¡Ah, sí! Hablar de las cosas relacionadas con el trabajo. Pero si ya te he hablado de ello... Bueno, perdona. Sigo con ello, entonces.
No creas que todo se ha solucionado con el último Concilio de Wisconsin. Ayer, sin ir más lejos, vi corriendo a un infiel con... Me da hasta reparo decirlo... Con zapatillas de los siervos de Armani. Menos mal que había un francotirador cerca. No dejan de crecer esas sectas, parece la gran epidemia del 2054. Ayer mismo quemamos en la hoguera al responsable de una de ellas. Pidió permiso al ayuntamiento de los Ángeles para instalar una planta de fabricación de chándales de Luis Vuitton. Menos mal que el propio ayuntamiento nos dio el chivatazo. En fin, que por todos los lugares asoma la herejía.
Voy a tener que dejar de escribir porque me está entrando dolor de cabeza. Seguro que con el nuevo cuerpo estas cosas no me pasan. Por cierto, felicidades, ya veo que has conseguido por fin la guerra que tanto ansiabas. Se estiman cuatro millones de muertos, no está mal. Te llevarás un buen pico por esto, ¿no? Me alegro.
Bueno, pues yo creo que ya he escrito bastante. Ahora te toca a ti. Bueno, como decían en el siglo XX:
Un cordial saludo.
PD: no acabo de entender ésto de la posdata ¿Me lo podrías explicar?
martes, octubre 16, 2007

Hay una cosa que me parece muy sospechosa: ¿Por qué están tardando tanto aquí en España en estrenar el último documental de Michael Moore, Sicko? ¿Tiene esto que ver acaso, con algún plan encubierto de privatización de la sanidad que no nos quieren dar a conocer a los españoles por lo impopular que esa medida sería?
Hace tiempo que hay movimientos bastante sospechosos por parte de las administraciones locales. Aquí, en Madrid, se han dado la gestión de los nuevos hospitales a empresas ajenas a la administración; de hecho, se están derivando servicios a hospitales privados: yo mismo he citado TAC y electromiografías a hospitales privados "porque el hospital no podía atender a la demanda de esos dos servicios"; algunos pacientes del doce de octubre han sido derivados a empresas de gestión privada porque "no se tenían camas para ellos" ¿Por qué no se derivaron a otro hospital púbico donde sí hubiera camas?.
¿Cúanto han tenido que pagar la administración local por cada electrocardiogama o electromiografía?¿Cuánto ha tenido que desembolsar por cada día de estancia de esos pacientes? Sin duda con mucho del dinero de todos los contribuyentes. En definitiva: un derroche sin justificación. Y digo esto porque me temo que en realidad sea una maniobra para romper la caja de la seguridad social y una vez llevada a la bancarrota decir: "nos hemos quedado sin dinero. Todos los ciudadanos habremos de recurrir a seguros privados, pues la sanidad pública no tiene recursos suficientes para atender a la demanda de la población".
Además, se está preparando a la población para que culpabilice a los chivos expiatorios de siempre: "están llegando mucho inmigrantes que nunca han cotizado a la seguridad social. Como vienen muy enfermos, usan muchos de nuestros recursos sanitarios. De seguir atendiendo a tanto inmigrante, la Seguridad social quebrará" Con toda la mala intención del mundo se apuntará a falsos culpables. Del gasto gigantesco que es mandar enfermos a hospitales privados no se dirá nada; del despilfarro que es el pagar a entidades privadas la gestión de nuestros hospitales, tampoco. La culpa de todo la tienen los inmigrantes, que están abusando de nuestra sanidad pública, gratuita y UNIVERSAL.
En fin, confío en que como somos un país libre, en el cual no se censuran películas, podamos verla pronto en nuestras salas. Me parece muy interesante que la vean aquéllos que siendo pobres como ratas, alaban siempre que pueden la sanidad privada, y hechan la culpa a los inmigrantes de que "la sanidad pública sea un asco" Espero que se den cuenta de que lo que tenemos es la parte más valiosa nuestro patrimonio y que no serán los parias venidos de otras tierras los que nos lo quiten. Tal vez sea de torres más altas de donde vengan los ladrones.
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