lunes, agosto 06, 2007

Recientemente, se ha creado una plataforma para llevar de juicio a Don José María Aznar López, cuarto presidente de la democracia española, por su apoyo (un tanto inútil y bufonesco) a la injusta invasión de Irak. La idea no es mala: responde a ese viejo principio de que los hombres deben de responder por sus acciones, aunque desgraciadamente, la historia está llena de grandes criminales y genocidas que no han rendido cuentas por sus crímenes. Hitler es la excepción más grande, pero casi todos se han ido de rositas. Casi siempre los que han caído han sido las medianías, los hombres de paja, y en los casos más crueles y tristes, los chivos expiatorios, es decir, inocentes que se llevaron la pena que se merecían los verdaderamente malvados.
La calificación que más se ajusta a nuestro expresidente es la de medianía, lo cual quiere decir que hay una mínima posibilidad de que pague su complicidad en los crímenes acaecidos en Irak. Pero tiene amigos poderosos. Por lo pronto, ya le están pagando sus servicios prestados con un puesto en el consejo de administración de una de las empresas del gran imperio mediático del gran Murdoch-Darth Vader y también está pasando por la caja de una de esas oscuras sociedades especulativas situadas según se va a las islas Caimán a la derecha. O sea, corrupción retroactiva: sea usted nuestro sirviente como gobernante, que ya le pagaremos sus servicios cuando la gente no esté tan al tanto de sus actividades como cuando era un hombre público.
¿Quién dijo que los republicanos de los USA no eran generosos?
José María Aznar seguro que fue de ese tipo de niñatos que animaba al matón del colegio mientras éste propinaba una soberana paliza a algún niño inocente. Tiene la combinación exacta para que tuviera ese rol en el colegio: enclenque y ruin. Seguro que era de esos que estando sólo se orinaba en los pantalones frente a cualquiera, pero que estando junto a su protector, era el que más vociferaba insultos y provocaciones.
Tal vez esa forma de conducirse en la vida fue lo que le llevó a poner los pies encima de una mesa de la Casablanca, hablar español con acento tejano, todo para halagar a su último y más poderoso protector cuando éste decidió que era el turno de entrar en la historia provocando una guerra.
Sí; creo que hay posibilidades, aunque mínimas, de que Aznar vaya a un tribunal, pero también temo que el otro sinvergüenza se irá de rositas, y que uno de los más canallas presidentes norteamericanos que jamás haya existido no tendrá que pasar por "la vergüenza Nixon", que tanto merece. Qué asco de vida en que ganan los malos. O tal vez no. De nosotros depende. Pero qué digo. Vivimos en el silencio de los corderos.

viernes, agosto 03, 2007


viernes, 31 de julio de 2511
Efemérides: hace exactamente un año, George Wall-Mart de Blair, Marques de Mc Donald se casó con Jacqueline Sony-Halliburton, marquesa de L'oreal. Como recordarán, la boda se celebró por el rito de la cienciología, en la famosa catedral realizada por el célebre arquitecto Vladimir Bofill, en el cráter norte de la luna, perteneciente al patrimonio de la familia de la novia.
La boda fue oficiada en arameo, catalán y élfico por el Gran Amo de la Orden Gandulfo Ratzinger de Cruise, que a petición de los novios, hizo una ceremonia sencilla, como se pudo ver en la apoteosis final de la ceremonia consistente tan sólo en una lluvia de meteoritos y choque de mini planetas, organizada por el gran creador de efectos especiales Lucas Spielberg-Soppola.
Entre los asistentes, destacaban el gran excomendador de la China del Capital Don Mao King Jo il Ziao, señor de la Vía Lactea; el gran exmagnate propietario de Oceamérica y Marte, Don Corleone Cheney; en representación de su padre, el gran exseñor de Eurasia, Venus y Júpiter, Don Lenin Putin, la señorita Cairo Lenin Putin-Hilton, últimamente en las noticias por estar involucrada en el escándalo de los osos de peluche esnifables; también estuvieron allí los marqueses de Exxon-Chrysler, los que por cierto agasajaron a los novios con el mejor regalo de los invitados, una gran burbuja individual para cada uno con aire de los Alpes, más cientos de barriles de aire de recambio; también se dejaron ver, pese a las cercanas exequias por su padre, los hijos del tristemente desaparecido cantante de Sirenas, Federico Madonna-Spears, Fidel y Salvador Madonna-Spears Iglesias; otra personalidad que no faltó a la celebración fue la señora Fox Reagan-Murdoch, ahora imputada en el triste caso de las "realidades virtuales asesinas", que como recordarán, es el asunto de aquellos jóvenes a los que les explotó la cabeza por sobredosis de mentiras psicovisuales.
La novia fue vestida por el gran Giorgio Cacharel de Loewe, que hizo un conjunto para la novia deslumbrante, por el cual se podía ver el pubis afeitado y arreglado por el gran estilista Modesto Beckham Spice. El vestido se hiso en tul de alta transparencia, muy liviano, inodoro, incoloro e insípido. Se cree que el vestido costó ocho millones de centollers, suficiente para alimentar por seis años a la colonia de alfa centauro. Por su parte, el novio iba vestido con el traje clásico de estas ocasiones: traje de faralaes adornado con un disco volante en la cabeza.
El convite fue organizado en el cercano Ganímedes, a diez minutos-cuerda de la luna. En él no faltó aire de Manhattan cosecha del 98, musgo del Himalaya en su salsa y latas con hielo de la Antártida, con lo que los invitados pudieron darse un buen festín.
Despúes, los dos mil quinientos invitados, los descendientes de los últimos habitantes del planeta tierra, se fueron a la discoteca "Gélido" en Plutón, donde pudieron observar, desde potentes microscopios puestos al efecto , el elegante gris atmosférico del deshabitado planeta tierra.

jueves, agosto 02, 2007


Entre las cosas de mi familia perdidas en el reino de nunca jamás destaca una: el Quijote encuadernado en pergamino que pertenecía a uno de mis bisabuelos maternos que pese a que murió hace más de cuarenta años, todavía es recordado en mi pueblo como uno de los hombres más sabios que dio la comarca. Tanto es así, que durante la guerra, un teniente que pasaba por allí y con el que trabó amistad le dijo: "caballero, de haber nacido usted en la ciudad, o hubiera acabado loco o hubiera llegado a ser presidente de la República"
Mi bisabuelo era un hombre rural y culto, sí. De gran calidad humana, según los que le conocieron. Poseedor de una pequeña biblioteca, entre los que destacaba por su valor un Quijote encuadernado en pergamino.
No me puedo imaginar lo bonita que debería ser la tipografía, con letras capitales con hermosas filigranas, con grabados que costarían días el hacerlos...
Parece ser que mi bisabuelo solía ir a Segovia a buscar en alguna librería de viejo pequeños tesoros, y entre los anaqueles llenos de polvo de esa librería dormitaría, a la espera de que alguien le volviera a abrir, esa joya bibliográfica. Me lo puedo imaginar a mi bisabuelo, una vez en el hogar, devorando ese libro, quitándole horas al sueño hasta acabarlo. De acuerdo, tenéis razón, es una imagen idealizada de mi antepasado; pero estoy seguro que se ajusta bastante a la realidad de lo que pasó.
No sé los años que tuvo ese libro mi bisabuelo en sus estanterías. Lo que sí sé es que no debería lucir muy bien, porque el pergamino es un material que se afea con el paso del tiempo. Lo que sí que sé es que, acabada la guerra, ese libro todavía existía. Era esa parte de lo sublime que había sobrevivido a la guerra. Pero no sobreviría a la posguerra.
Dicen los más viejos que peor que las guerras son las posguerras, y acaso tengan razón. Yo no lo sé y espero no saberlo.
En la posguerra española faltó de todo: justicia, clemencia, comida... Salvo en algunas pequeñas zonas rurales. Sí, parece ser que mi pueblo, afortunadamente, se libró de las hambrunas. Pero había otras carestías: en mi pueblo faltaba papel para hacer los moldes para las magdalenas.
Mi bisabuela tenía un problema: y es que tenía de todo pero le faltaba algo donde poner las pequeñas masas que luego calentarían en el horno. Miró a su alrededor y no encontró nada "¿A quién pedir papeles que no les valgan?" Se preguntaba. Me figuro que en las casas que preguntó nadie tenía de eso. Muchos la mirarían con cara de ver a un extraterreste "¿Y ahora qué hago?" Se preguntaría "Pues yo tengo que hacer magdalenas y de algún sitio tengo que sacar el papel para los moldes" Miraría en las estanterías de esos libros que hace tiempo no ve coger a mi bisabuelo. Y le diría a su hija, la mujer que siempre soñó con vivir en la ciudad, la que sería mi abuela:
- Felisa, coge el libro ése que está tan viejo, con las tapas feas y arrugadas, que ya sé con qué vamos hacer los moldes.
Cuentan que mi abuelo, cuando vio al estropicio, se limitó a encogerse de hombros con resignación cristiana, como diciendo: "Bueno, menos mal que ya me lo había leído".
La pirámide de Maslow se divide en cinco necesidades básicas:
5.-Necesidades fisiológicas, comida, bebida, vestimenta y vivienda.
4.-Necesidades de seguridad, seguridad y protección.
3.-Necesidades de pertenencia, afecto, amor pertenencia y amistad.
2.-Necesidades de autoestima, autovalía éxito y prestigio.
1.-Necesidades de autorealización.
El Quijote de mi bisabuelo pasó de la primera categoría a la quinta entre lo que dura la cocción de unas magdalenas y una posguerra. He de decir que ese Quijote dio más magdalenas que lecturas, puesto ya que el daño estaba hecho, mi abuelo dejó que en los meses sucesivos mis abuelas acabaran con el Quijote a base de quemarlo poco a poco. Qué curiosa ironía ¿Qué pensaría Proust de las magdalenas al saber de todo esto?
Ni se sabe el valor bibliográfico que tendría actualmente el libro. Sin duda pertenecía a las primeras ediciones, pues la encuadernación en pergamino no se practica en España, salvo en ediciones muy especiales, desde hace por lo menos tres siglos.
En fin, qué le vamos hacer. Esperemos que vengan tiempos en los que no falten ni los Quijotes ni las magdalenas, y sobre todo hombres y mujeres tan buenos y tan sabios como mi bisabuelo... y tan prácticos como mi bisabuela.

martes, julio 31, 2007

Habrá quién se pregunte quién soy, y me da apuro contestar, pues ni yo lo mismo lo sé.
Sé que soy el resultado de muchas historias, pero todas de gente anónima, sospecho que entre mis antepasados no hubo nadie que al que loaran con un poema, del que escribieran una novela o del que glosaran sus hazañas.
Soy de la segunda generación de mi familia que no se dedica a la agricultura. Todos los demás lo sabían casi todo de arados, bestias y terrones. Nada queda de esa sabiduría en mí, y soy un urbanita que si un día desaparece la ciudad lo voy a pasar muy mal, porque no voy a saber sembrar patatas ni uncir una mula al arado.
Pero puede que me sorprenda tener algún antepasado marino. Tal vez un fenicio, un griego o un romano; pero me mareo en los barcos, y mi pericia en la navegación está en el mismo sitio donde guardo los aparejos de labranza.
En mi familia dominan los ojos pardos, y soy de los pocos que tienen los ojos azules; tal vez sea debido a un gen rebelde que dormitaba en las células de mis ancestros, procedente de algún guerrero celta que pasaba por allí y que vino para quedarse y fundar una familia.
También he de decir que cuando miraba el rostro aceitunado y con bigote de uno de mis tíos más queridos, no podía evitar el ver en él la cara de un bondadoso hombre que toma un té de hierbabuena en un local de una plaza de Tánger, y eso me hace pensar que puede que algo de arena del desierto se haya quedado prendida en la sandalia que alguno de nuestros antepasados, que viendo esto más verde, decidieron que no se estaba mal aquí.
Hay quién dice que uno de mis apellidos es de origen judío, tal vez de ésos que expulsaron de Segovia capital y se refugiaron en los alrededores, donde está mi pueblo, de los que tuvieron que convertirse en cristianos para poder quedarse en la tierra que les vio nacer. Tal vez, por eso de tener sangre conversa, me importen poco los asuntos de la Iglesia. O tal vez sea porque la multinacional está en crisis, y ya le cuesta más vender su mensaje que en los dos mil años anteriores. No obstante, reconozco que la cultura grecolatina que tanto ha ayudado a difundir es la mía, y repudiarla sería rechazar parte de lo que soy.
Soy la suma de todos y de ninguno de los pueblos que habitaron en la península, y soy de las mil razas que son mentira porque aquí sólo hay un hombre que es igual a todos los hombres que fueron por lo siglos de los siglos, y serán por lo siglos de los siglos. Eso espero.

lunes, julio 30, 2007

Ayer fue un día un tanto especial. El día de las cosas perdidas y encontradas. Ayer mi amiga me habló de un libro que apareció en una casa ruinosa. Se trataba de un libro donde alguien puso sus recuerdos de la guerra civil. Todo un documento histórico de la comarca a la que pertenecía el sujeto. Un documento que corría el peligro de perderse en la noche de los tiempos. Mi amiga desconocía su paradero actual, y temía que el libro hubiera sido destruído.
Muchas veces, las cosas se notan más por su ausencia que por su presencia, y en esas ruinas era más patente lo que faltaba que lo que se veía. Los visitantes sentíamos más lo que ya no teníamos a la vista.
Yo le conté a mi amiga que en sacristía de la iglesia del pueblo de mi padre pude ver con mis propios ojos unos libros que estaban encuadernados en pergamino que la humedad estaba destrozando. Ni se sabe la de sacerdotes que habrán visto arreglarse para la misa aquellos libros. Ojeé algunos. Unos eran de vidas de Santos en un castellano remoto. Otro eran antiquísimos tratados de cómo asistir al parto. Los había hasta de plantas medicinales. Sospecho que allí habría unas sorpresas bibliográficas que dejarían atónitos a muchos investigadores. En uno vi en algún margen que ponía "Anno 1616".
Sin embargo, el destino de esos libros era la desaparición. Mentiría si dijera que no he estado tentado de meterme en la Sacristía de mi pueblo y robar toda esa riqueza que está condenada, pena que comparten con las memorias de alguien que tuvo la desgracia de sufrir las penalidades de la guerra civil.
Todas esas joyas incógnitas están condenadas como la villa romana, víctima del expolio y del olvido. Nadie puede hacer nada por esos libros, y nadie me los dará de buen grado. Preferirán que se pudran allí a que me los lleve, por miedo a que me lucre con ellos.
Que las memorias que un hombre escribió hace sesenta años y aquellos libros de la sacristía de más de cuatrocientos hayan llegado hacia nosotros se debe a que el humilde soporte en el que fueron escritos es endeble pero duradero: el papel. Ahora, los soportes donde escribimos las cosas, sirva de ejemplo Internet, son soportes que están concebidos para lo inmediato: yo me comunico con vosotros y vosotros conmigo, pero nuestras palabras se las llevará el viento del ciberespacio. El trabajo, el testimonio y el arte de miles de personas puede que desaparezca, porque la red puede que dure mucho menos que una simple hoja de papel. Quizá su fin esté con el de la electricidad. ¿Y después, qué?
Estamos en la apoteosis de lo efímero, donde a nadie le preocupa el comunicarse con los hombres del mañana, ni a nadie quita el sueño lo que nos dijeron los hombres del pasado, aún escribiendo sobre piedra o papel para que no se nos olvidara.

domingo, julio 29, 2007


Esta mañana hemos ido, junto con unos amigos, a ver unos restos arqueológicos pertenecientes al periodo en que éramos una península romana más. Los restos son cercanos y pertenecientes al pueblo de Carranque. Nos cuentan que por allí cerca pasaba una de las grandes vías romanas que cruzaban la península ibérica, concretamente la que unía Toledo con Segovia, que aparte de ser la tierra de mis ancestros, era donde se cogía la ruta para acceder al resto de la Europa romanizada, o en la mayoría de los casos, irse a dar un garbeo a la capital del imperio.
Las ruinas están localizadas en la provincia de Toledo, lindando con la provincia de Madrid.
Como muchos de los grandes descubrimientos, se hizo por casualidad. Las tierras donde están asentadas las ruinas eran comunales y parece ser que las echaban a suertes entre todos los vecinos para ver a quién le tocaba cultivarlas. Nadie las quería. Los arados tropezaban con piedras muy raras y se rompían, cuando no se encontraban en el suelo pedazos de cerámica o de oxidados utensilios domésticos que dificultaban las tareas de labranza. Hasta que un día de 1983 Samuel López Iglesias, un vecino del pueblo, excavando un poco más en la tierra, descubrió con gran sorpresa un gran mosaico. Vinieron los arqueólogos y excavaron mucho más y entonces dieron con un gran complejo agropecuario del siglo IV D.C.
Por ese trabajo ya se saben algunas cosas más. Lo primero, que el hombre que era dueño de todo aquello conseguía cosas que no estaban al alcance de todo el mundo. En las excavaciones encontraron la pata de una mesa fabricada en pórfido rojo, que era la piedra más cara que se podía encontrar en las casas nobles romanas, y casi podríamos decir que sólo estaba presente en las casas de los emperadores y sus allegados. Pero no sólo eso: se pudo permitir hacer sus edificios con materiales procedentes de todas las partes del imperio. Se han encontrado, por ejemplo, mármoles egipcios. Eso sí que era globalización y lo demás son tonterías.
Tendríais que ver el paisaje. Bajo un sol de justicia, la llanura castellana está más bien pelada. Abajo, el río Guadarrama, que sigue su camino tan displicentemente como lo hacía cuando estaban esos viejos romanos, como sabiendo que nosotros desapareceremos como lo hicieran ellos. Unas pocas nubes y ni un soplo de viento. Y las piedras que nos esperan, que quieren establecer un diálogo con nosotros.
Te cuesta creer que en ese páramo seco hubo una vez un poderoso de Roma que decidió poner su hogar y su industria al servicio del imperio; que pudiera traer los mejores artesanos del imperio a adornar las paredes de su villa con pinturas y sus suelos con mosaico; que pusiera a su servicio a los mejores técnicos para tener calefacción radiante en su casa; que se trajera al mejor arquitecto para hacer un edificio administrativo colosal; que tuviera una industria manufacturera potente y un complejo agrícola grandioso; pero lo más impresionante es que todo estaba allí, en medio de la nada.
Se cree que allí había un gran latifundio en el que trabajaban muchas personas y que muy cerca de allí debía haber un poblado donde vivían. El tiempo, que todo lo iguala, les ha sepultado en el anonimato como a su gran señor. Lo que es seguro es que alguien les quiso y supo quiénes eran.
Se cree que todo aquello perteneciera a Materno Cinegio, un pariente y colaborador del emperador Teodosio el grande, pero no está confirmado. En cualquier caso, era un tipo rico, capaz de hacer obras civiles colosales y con los materiales más caros.
Cuesta imaginar cómo era eso en su apogeo. Pero más cuesta imaginar cómo se levantó aquello en medio de esa nada, de ese páramo, tan lejos de la metrópoli. Llegados a este punto, da por pensar aquello de que los hombres se van y sólo quedan sus obras y que ese hombre dejó los mosaicos de su casa, fabricados con unos materiales dispuestos a plantar cara al tiempo. Nosotros, en cambio, dudo que podamos dejar algo que dé pistas a los que nos sigan de quiénes éramos y qué hacíamos.
Os aconsejo que lo visitéis. Cuando vi los restos arqueológicos no pude evitar sentir un nudo en el estómago, unas ganas tremendas de poder ver en la mirilla en el tiempo y saber cómo se las arregló un romano como éste para levantar algo de la nada. En un apartadero de la calzada. En donde sólo pasean las codornices y los cardos plantan batalla a las pantorrillas desnudas e insolentes de un romano despistado.
Prodigios de Roma, que llegan a un secarral de Toledo.

sábado, julio 28, 2007

Franz Kafka trabajaba como burócrata en una compañía de seguros de Praga; Albert Einstein en la Oficina de Patentes Suiza de Berna; de resultas del tiempo pasado en esos trabajos hicieron unas obras fabulosas cada uno de ellos. Y yo, que conozco tan bien como ellos la maquinaria burocrática, sé por qué fueron capaces de hacerlo, independientemente por el talento que atesoraban cada uno de ellos: por escapismo.
Ver al cabo del día tantas vidas resumidas en la abstracción de los números y las letras fomenta el evadirse con otro tipo de abstracciones.
Mi trabajo es, como el de ellos, una sucesión de letras y de números entre los cuales están escondidas personas. Lo malo es que esas abstracciones ocultan tan bien al ser que hay detrás que se puede llegar a perder la conciencia de que en realidad se está tratando con personas y no con los datos que les representan.
No es casual que Einstein y Kafka entretuvieran sus horas de tinta y papel buscando abstracciones mejores que las de unos datos que encierran personas. Lo malo de ser burócrata es que manejas datos que son fundamentales y trascendentales en la vida de cada cual y se hace de una manera tan impersonal que puedes incluso perder la conciencia de que estás tratando con seres humanos. Eso es lo que pasó a los burócratas nazis, que rellenaban fichas de los judíos que iban al campo de exterminio como si recogieran las matrículas de los nuevos alumnos de las universidades alemanas. Ya lo véis, a unos les da por hacer buena literatura; a otros por revolucionar la física y a otros, por matar judíos. La burocracia es lo que tiene: que da tiempo para muchas cosas y contra lo que se cree, fomenta la creatividad.
No creo que yo llegue a ser una persona que haga cosas tan brillantes Como Kafka y Einstein, pero tampoco tan deleznables como esos oficinistas de la Alemania nazi, que utilizaban un rudimentario sistema de fichas , ideado por IBM, por cierto, con el cual clasificaban y organizaban el exterminio de los judíos.
Hay cosas que han cambiado de la burocracia: lo primero que ha cambiado es que ya no se debe asociar la mala burocracia al estado, ahora tenemos el ejemplo de las compañías privadas que son las que realizan las más mala y cruel burocracia actual, es el ejemplo de las compañías de telefonía españolas o las de seguros americanas (recomiendo ver Sicko). También ha cambiado que se asociaba un burócrata a lo de tener un sueldo para toda la vida. En eso, cualquier tiempo pasado fue mejor, yo lo puedo decir porque lo sufro en carne propia.
Ayer os conté cómo me preocupé de que, pese a sus malos modos, un señor tuviera su cita en el tiempo que dictaban los médicos. No sé si seré un buen escritor pero sí pretendo ser un buen burócrata, porque la literatura mala no mata, pero la burocracia mala sí puede llegar a hacerlo.
No me extraña que Einstein se dedicara a algo tan inofensivo como la física teórica.
Bueno, no tan inofensiva: no me acordaba de la bomba atómica, que produce metamorfosis que harían palidecer al mismo Kafka.

viernes, julio 27, 2007

Hace un sol de justicia en Madrid. El termómetro ha marcado cuarenta grados casi todo el día y el asfalto hierve todavía al caer la tarde. La gente está irritada, y eso lo notamos los que por nuestra profesión tenemos trato con el público. Hoy me he llevado tres broncas injustificadas. Hay días que uno no debería levantarse de la cama.
La primera: una neuróloga histérica (¿habéis visto qué paradoja? ¡Una neuróloga que no se controla los nervios!) Buscaba un chivo expiatorio de entre los administrativos con quien descargar su furia. Me pregunta que por qué voy hablando mal de los médicos a los pacientes; le contesto que no sé de qué me habla; me pregunta por qué he cambiado las citas de un paciente; le contesto que no sé nada del asunto; a todo esto, uno de sus ojos tenía el mismo movimiento espástico que Dreyfus, el jefe del inspector Clouseau ¿Quién le ha dicho a ella que los que estamos en ventanilla hablamos mal de los médicos? Bastante enrabietados vienen como para que encima echemos los que les atendemos más leña al fuego. "Bueno, ya sé lo que tengo que hacer" ¿Y qué va a hacer, señora? ¿Qué me despidan? Si ya lo van a hacer. Mi contrato temporal termina en septiembre. Será la decimotercera vez que me despidan en este hospital.
¿Será verdad que hay un administrativo loco que habla mal a los pacientes de los médicos? ¡Pues justo lo que nos faltaba!
La segunda: me toca en suerte atender a una paciente que necesita que le de una cita para el oftalmólogo, porque le citaron por la tarde ¡Y no había nadie en el servicio de oftalmología! El jefe del servicio de oftalmología no había comunicado al servicio de gestión de pacientes que se había cerrado el servicio por la tarde, y los paientes conocieron lo que muchos parapsicólogos podrían llamar "consultas fantasma", así que decidieron acercarse hoy por la mañana a cambiar esa cita. El caso es que yo sólo tenía que decirle a la compañera que lleva ese servicio que le pusiera en otra consulta, y así lo hizo. Pero cuando el paciente vio la fecha, puso el grito en el cielo, y soltó aquello tan manido de que para eso pagan sus impuestos, que la sanidad pública cada vez va peor, que si patatín que si patatán. Van a quejarse al servicio de oftalmología, y acuden con una carta del médico diciendo que le pongamos donde sea. Le voy con la historieta a mi compañera y...bueno, esta vez no hubo guiños espásticos del ojo como la neuróloga... Pero podía dedicarse a ser soprano...tiene buenas cuerdas vocales para el grito...Total, que al final, lo arreglé como pude con la segunda bronca de la mañana. A esas alturas, pensaba que porque estaba casado, sino me pensaba eso de ingresar en un monasterio, cortarme las venas o dejármelas largas.
La mañana transcurre y yo no veo la hora de salir. Pero antes, la tercera, para que tenga en qué pensar en el fin de semana. Un señor solicita cita del cardiólogo. "Caballero, le informo que las citas para esta especialidad están saliendo para noviembre, pero según el informe, esto es muy tarde para usted. Intentaremos ponerle antes. Para ello, procedo a hacer fotocopia de su informe, y le comunicaremos la fecha definitiva de su cita" Esto último no lo llegué a decir. "Tiene buena voz de barítono", pensé mientras el señor se acordaba de mis muertos más frescos. Yo le pedí que se calmara, que iba a hacer todo lo posible por arreglar su problema de cita, pero él, dale que dale. Llegué a temer por su vida, porque siendo su dolencia del corazón, estaba claro que este numerito no le podía sentar nada bien, pero nada de lo que yo le decía le aplacaba la ira, hasta que al final, cogió el informe del médico, los papeles con los resultados de un electrocardiograma y un ecocardio y los rompió en mil pedazos, para después hacer un teatral giro e irse por la puerta pensando que ya había desairado a un puñetero burócrata. Malditos, sólo están para engañarnos. Olé sus huevos, pensaban los demás pacientes que estaban en la cola.
Mi primer pensamiento fue "que le den por el culo. No quiere su cita, pues no se la damos, allá él si se quiere morir" Pero uno, como Pascual Duarte, no es malo, y como tenía su ficha en la base de datos del hospital, me dispuse a proporcionarle la cita que él ya no quería. Hablé con la compañera que lleva las agendas de cardiología, y pudo hacerle un hueco para finales de este mes. Perfecto, justo en la fecha que le indicaba para volver el médico.
Al final de la mañana le llamé. Le dije que tenía la nueva cita en el tiempo indicado. Ahora era mucho más educado. Y yo más que él todavía:
- Por cierto, caballero ¿A usted le han hecho pruebas?
- Sí. Un electrocardiograma y un ecocardio.
- Tendrá que llevar los resultados a su médico.
- Ehhhh, mire, es que con el enfado de antes, rompí los papeles.
- Vaya contrariedad. Debería tenerlos para podérselos presentar a los médicos
-¿No podría usted acercarse a la papelera, recomponer los papeles y guardármelos para cuando yo vaya?
-Yo no puedo retirarme de ventanilla, lo siento. Aún sin ellos, venga a usted a consulta a ver qué le dice el médico. Tienen copia de los resultados en su ficha.
Encima de que antes me insultó a placer, quería que hurgara entre las basuras, el muy jeta. Hasta aquí habíamos llegado.
Algunas personas me dicen que qué suerte tengo de tener un trabajo en el que hay aire acondicionado. En días como el de hoy a veces pienso que no me importaría pasar calor picando piedra.
Menos mal que llega el fin de semana. Yo creo que este pobre chupatintas merece tanto descanso como si hubiese estado realmente picando piedra.

miércoles, julio 25, 2007


Quienes me han leído con cierta frecuencia saben de mi gran simpatía hacia los supermercados, los grandes centros del frío en verano y del calor en invierno. Hoy a acrecentado más si cabe mi simpatía por un hecho del cual he sido testigo y que me ha llevado a la reflexión de estas pobres líneas que más que mías son vuestras:
En la sección de panadería, estaba el jefe de la tienda y una empleada. El jefe estaba muy preocupado porque la empleada no había repuesto el género de la panadería, y lucía el establecimiento pobre, sin esa imagen de abundancia con la que nos quieren llenar los ojos para comprar más y más.
La situación estaba tensa, pero ellos hablaban casi entre susurros. Yo había tenido vivencias similares, pues varios episodios de mi vida los he pasado entre estanterías y cámaras frigoríficas, escuchando soporífera música ambiente, odiando la voz que por megafonía anunciaba las ofertas, odiando más todavía la voz de mi jefe diciéndome que espabilara, que había mucho por hacer; sabiendo que la trastienda de un supermercado era mucho peor que sus luces y colores de tienda, que ese aire acondicionado que refrescaba a los clientes y congelaba a los empleados. Empecé mi vida laboral trabajando en un sitio así, y no lo olvidaré mientras viva. Dios quiera que no tenga que volver a trabajar de nuevo en ellos, aunque en esta vida, nunca se sabe lo que se tiene que llegar a hacer (o repetir) por supervivencia.
La chica estaba blanca de miedo. El jefe, soltando bilis susrrante por la boca: "Vamos, espabila. Yo no sé cómo puedes tener esto así""Te estás ganando el irte a la puta calle. Me vuelvo a encontrar el puesto así y te juro por mis muertos que no vuelves a trabajar aquí""Tú cuando espabiles, no vas a ser de las más listas""Os pensáis que la vida es de color de rosa, y nada de eso" Al oir esto, ya no pude más: en tono de burla, repetí sus últimas palabras, bien audibles y burlescas, imitando su insufrible voz de pito: "La vida no es de color de rosa, la vida no es ce color de rosa" Calló el pedazo de bestia. Una de las máximas del empleado de un establecimiento es que lo que dice un cliente va a misa, y ahora jugaba con ventaja y gané: dejó de increpar con lengua bífida a la muchacha.
Vaya sí sabía la pobre que la vida no es de color de rosa. Sufriendo humillaciones como esa, por un sueldo miserable, se sabe hasta latín. No hay quien vea una rosa en esa situación. Como mucho, las de plástico de la estantería cercana a la sección de menaje, pues otras rosas no había; las naturales se congelarían con el aire acondicionado, esa misma que acrecenta las ganas de comprar a los clientes fresquitos. En un supermercado no crece nada, todo está muerto y los besugos de la pescadería te miran con cara de pena como diciendo que por favor, que bajen el aire acondicionado.
Me dirigí a la salida. Sabía, por experiencia propia, que esa chica tenía los días contados. No sabía si alegrarme o sentir pena por ella. No hay peor forma que entrar en los supermercados actuales que como empleado, salvo en honrosas cadenas.
La lástima es que no hay una puñetera tienda de ultramarinos donde poder comprar mi comida; la lástima es que quién sabe si tendré que recurrir a ellos otra vez para ganarme el pan; la lástima es que en caso de volver me volverán a enseñar, por enésima vez, que la vida no es un camino de rosas.
Ni que decir tiene que le deseo lo mejor a esa chica. Sin embargo, su jefe está condenado. Está más muerto que los besugos de la pescadería y que las rosas de plástico.

martes, julio 24, 2007



Ahora estoy viendo la primera temporada de la galardonada serie de los Soprano, porque me ha sido muy recomendada por esto lares (me refiero a internet, a gente bloggera y a un crítico español llamado Carlos Boyero que es una opinión muy autorizada y visceral) y he de decir que es buena, aunque no me está enganchando tanto como en su día me enganchó la serie inglesa Yo, Claudio, la que os aconsejo vivamente y... visceralmente también. Madre mía, qué actores, qué puesta en escena... pero qué mal maquillaje y qué pobreza de medios, todo hay que decirlo. Sin embargo, se te olvida esos defectos cuando esos actores, hartos de interpretar a Shakespeare, te hacen jurar por tus muertos que son la élite romana de hace no se cuántos siglos, y que en el perfecto inglés en el que declaman no es tal sino el latín de mi sufrido bachillerato hablado por alguien del que jurarías que te dijo que perdió un primo en la batalla contra los germanos.
Sin embargo, el inglés de los Soprano es un inglés un poco arrabalero. Que me perdonen los norteamericanos, pero después de escuchar a actores ingleses con esa prosodia, cuando escucho a los actores norteamericanos tengo la impresión de que son patos los que hablan. Tendré que hacerme el oído a la pronunciación del otro lado del charco y dejar de pensar que el pato Donald es norteamericano y mafioso.
Como os dije, estoy con los primeros capítulos de la serie los Soprano (la otra ya me la vi entera, y puede que haga un segundo visionado, no tardando), y aunque todavía no estoy totalmente implicado en ella, ya me está empezando a dejar buenas ideas para la reflexión: como la de aquella secuencia en la que están unos cuantos personajes cenando y uno de ellos dice más o menos esto: "por tan sólo cinco mil personas que están involucradas en el crimen organizado, veinte millones de italoamericanos tienen fama de mafiosos."
A mí se me iluminó la bombilla. Es verdad. Juzgamos a los colectivos por las minorías que sobresalen y por la razón que fuere. Sin embargo, no deberíamos tener derecho a los sambenitos que tan alegremente colgamos. Si volviendo a la serie de "Yo, Claudio", tomáramos lo que vemos como un comportamiento generalizado de los gobernantes de la antigüedad, pensaríamos que en la sociedad romana estaba muy de moda el dar de comer veneno. Nada es más falso que las generalizaciones. Nada es más atípico que el ejemplo tópico. Por eso, se agradece a los guionistas de los Soprano que nos digan: "eeeh que esto no es lo normal. Que esto es sólo un extremo" Más engañosa es si cabe Yo, Claudio, que aparte de ver muchos envenenadores, ves a actores que con un inglés perfecto que te están hablando en latín. Malditos estafadores.
Puede que no todas las series norteamericanas e inglesas sean tan buenas. Pero éstas valen por todas. Perdón, ya estoy generalizando.

lunes, julio 23, 2007

Estaban tres hombres hablando al calor de una hoguera y de tres vasos de whisky. Uno de ellos encendió un cigarro y dijo:
-Sabéis , si todo el dinero del mundo desapareciera por la noche y al día siguiente, todos los humanos tuviéramos que partir de cero, este mundo sería un lugar más agradable donde vivir.
-Pues es verdad. Ha gente que se acuesta encima de una enorme bolsa de dinero y sólo piensa en levantarse al día siguiente para incrementar esa bolsa. Las bolsas de dinero ya son muy grandes. No deberían estar al día siguiente para que nadie pierda su vida pensando en ellas
-Pero el dinero no existe. Ya os lo he dicho en alguna ocasión. Lo que sí existe es la codicia.
-Bla, bla, bla ¿Pero cómo no va a existir el dinero, entonces, de dónde saca la gente para pagarse los pisos y tener las neveras llenas? Sois unos tontos ¡Lo que me faltaba por oír!¡Que el dinero no existe!
-Hombre, el dinero es un invento relativamente reciente en la historia de la humanidad: las primeras monedas que se conocen se acuñaron en Lidia, la actual Turquía en el Siglo VII A. de C., hechas de aleación de oro y plata. O sea, que no llevamos mucho tiempo con eso del dinero.
-Pues parece que lleva toda la vida. Desde que éramos amebas.
-"Con dinero o sin dinero, hago siempre lo que quiero y mi palabra es la leeeey..." Pero mira, puestos a pedir, yo prefiero tenerlo. El dinero da independencia, estabilidad emocional... definitiva, es lo que te hace libre.
-El dinero hace individualistas a las personas. Estás sentado encima de una bolsa que no quieres compartir con nadie más. Sufres cuando tienes que sacar las monedas y miras a todos los lados para que nadie vea lo que estás haciendo. El avaro es esclavo de su dinero y sólo podrá ser el más rico del cementerio.
-Bla, bla, bla. Siempre vas a los lugares comunes de los utópicos. Sabes como yo que el dinero es el motor de este mundo en que vivimos y que lo mejor que podemos hacer es adaptarnos a la realidad que nos ha tocado vivir.
-¿No podemos cambiar el mundo?
-Yo creo que no. Nadie puede alterar el orden natural de las cosas y el dinero es la base en que se fundamenta ese orden. El dinero lo regula todo. El mercado, lo regula todo. Además, no es tan malo. Favorece el intercambio y propicia la superación de las personas.
-Genera pobreza, miseria y la desigualdad.
-¿No decías que el dinero no existe? ¿Cómo es culpable entonces, de todas esas cosas que dices?
- Porque es otra utopía más: mira, dentro de las utopías, las hay negativas y positivas. Dentro de las primeras, el dinero sobresale sobre todas las demás por su capacidad de corrupción de los individuos. Es una utopía en la que por desgracia estamos embarcados todos los hombres, y unos están más corrompidos que otros. Nadie ve el dinero: No existe. Es una abstracción teórica. Pero mueve más a la gente que cosas tan bonitas como el amor, la solidaridad y todas esas cosas bellas que se te puedan ocurrir.
- Casi me convences. Sólo casi. Yo, por si acaso, guardo dinero. Nunca se sabe cuándo te va a faltar.
-¿Y tú opo, qué opinas de todo esto? Sólo has dicho tres frases a lo largo de toda la conversación?
- Pues yo cada vez sé menos de todo. Creo que me estoy haciendo mayor y cada vez me apetece más escuchar que hablar. En fin, buena noches. Mira, alguno de vosotros se le ha caído un billete de diez.
¿¿Dónde?? Respondieron al unísono.

domingo, julio 22, 2007



La gente se suele buscar las parejas en función de afinidades superfluas: aficiones, gustos, forma de vestir, que hablen el mismo idioma... pero para encontrar una pareja que sea para toda la vida, yo, desde la modestia de este pequeño rincón del ciberespacio, recomiendo buscar a aquella media naranja en función de otra cosa más importante si cabe que las anteriores mencionadas. Son hábitos que marcarán el futuro de la convivencia casi tanto como que te guste la filosofía o el fútbol:
- El abrir y cerrar de puertas de los armarios de la cocina.
Sé que en un principio esto no es fácil de entender para los profanos, pero los que ya llevan un tiempo viviendo en pareja saben de lo que hablo: de buscar una pareja que te complemente. Es decir, si tú eres de las que se dejan abiertas los armarios de la cocinas, búscate un varón que sea metódico en el cerrado del mobiliario que rodea a los fogones; si cometes el error de buscar a un varón con el mismo hábito de dejar abiertas las puertas de la cocina, en vuestra casa reinará el caos y la destrucción. La destrucción de vuestras respectivas cabezas se entiende, pues parecerá vuestros cráneos partes de la luna de los chichones que os vais hacer por tener constantemente las puertas abiertas. Además, será de gran disgusto de las visitas el veros en perpetuas heridas craneales y con las judías y la sal en constante exhibicionismo.
Si por contra, sois ambos los que os molestáis en tener cerradas las puertas de los armarios de las cocinas, caeréis uno de vosotros sin remedio en una depresión, pues habrá una lucha por el poder por ver quién es el que cerrará las puertas siempre. En esa lucha por el poder habrá un vencedor y un vencido, algo que es contrario de lo que debe ser una pareja feliz y en armonía.
Para que una pareja funcione, tiene que haber uno que se deje abiertas las puertas de los muebles de la cocina y otro que vaya detrás y que las cierre. Más que nada para que el primero sea reprendido por el segundo por su dejadez y a su vez sienta cierta sensación de dominio sobre el primero, que le hará sentir bien y no buscar el conflicto en otras áreas de la convivencia más frágiles y de peor resolución.
Los matrimonios que formamos mi chica, mi cuñado, mi hermana y yo funcionan porque hemos delegado las funciones de cerrar las puertas mi hermana y yo en nuestros respectivos cónyuges. Ellos se sienten felices de reprendernos por dejarnos las puertas abiertas y nosotros a la vez nos sentimos felices por darles la oportunidad de hacerles sentir que dominan la situación, que son los que tienen el control del hogar. Gracias a esta feliz circunstancia, en nuestros respectivos hogares reina la paz, la alegría, la concordia, y puestos a ser cursis, el amor.
Cariño, ¿qué sería de nuestra vida en común si yo de repente me pusiera a cerrar las puertas que me dejo abiertas de la cocina? ¡Cundiría el caos! Puede que fuera el fin de nuestra convivencia. Tendríamos un montón de ladrillos que podríamos utilizar con fines especulativos, pero habríamos dejado de tener un hogar.
Por eso, si permitís un consejo a este humilde propalador de sentimientos que ensucia con sus letras el ciberespacio, buscáos los que acostumbráis a cerrar las puertas a alguien que se las deje abiertas, y viceversa. Sólo así será posible que persista la armonía del universo, en particular, la de los fogones: El fuego encendido del amor
Y recordad: muchas puertas son las que hay que abrir. Más que las que hay que cerrar. Abrir una puerta es camino de la utopía y cerrarla es camino del orden. De tal combinación, fruto del amor, es la clave de la evolución humana.

sábado, julio 21, 2007

Ayer ocurrió en España una cosa rarísima que no se ha dado en años en este rincón del planeta: un semanario fue secuestrado por sus opiniones. La policía fue a los quioscos y requisó todos los ejemplares. La revista se llama el Jueves, es de humor gráfico y satírico y llevo comprándola desde que tenía quince años. Tengo intención de seguir comprándola otros tantos años más. Si me dejan, a ser posible sin cortapisas ni con colaboradores obligándose a sí mismos a dibujar con autocensura.
Parece ser que en nuestro código penal hay varios artículos en los que amparan el honor de la Familia Real Española. Son esas trágalas que los españoles tuvimos que aceptar en la transición porque volviera la democracia. De hecho, aunque en los mentideros nacionales se dice que el Rey nuestro tiene algunos asuntos turbios o cuando menos, poco claros, nadie investiga si es verdad porque la Casa Real tiene leyes que la amparan en un grado mucho mayor que cualquier español, da igual su edad y condición.
El secuestro fue debido a que en la portada de la revista aparece unas caricaturas de los Principes de Asturias en plena coyunda. No es muy fina que digamos. Tampoco es uno de los grandes golpes de humor que suele tener la revista. El caso es que les dibujan en pleno acto sexual para ironizar sobre la partida de dos mil quinientos euros por hijo que nazca que quiere dar el gobierno a las familias. En ella, la "presunta" caricatura del príncipe dice: "¿te das cuenta? Si te quedas preñada... ¡Esto es lo más parecido a trabajar que he hecho en mi vida".
Desde el jueves se ha dicho que en realidad lo que estaban satirizando era la medida del gobierno, que para ellos no es otra cosa que una adelantada campaña de márquetin electoral (Según lo que dicen en páginas interiores del referido número secuestrado, del que tengo un ejemplar y tendré que esconder, no sea que vengan las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado a dar una patada a mi puerta y llevárselo)
Pero seamos sinceros: en realidad, lo que hacen es matar dos pájaros de un tiro. Por un lado se meten con el gobierno, y por otro arremeten contra la monarquía, poniendo en negro sobre blanco una sospecha que en realidad tienen todos los pueblos del mundo con sus monarquías: que sus soberanos tienen poca tarea. Encima, bien remunerada y para toda la vida. Eso les da derecho a la mejor calidad de vida que nadie pueda tener, pudiéndose dedicar a los mejores placeres, incluído, por supuesto, el ayuntamiento carnal.
Pero se metan con el gobierno o se metan con la monarquía, aquí lo grave de los hechos es el atentado contra la libertad de expresión que ha cometido la fiscalía al pedir el secuestro de la revista y el juez del Olmo al aceptar la petición. Sin quererlo, han hecho un daño tremendo a nuestra imagen de país de libertades y de tolerancia, siendo ésto lo menos grave. Además, ha conseguido justo lo contrario a lo que pretendían: ahora, la caricatura, gracias a internet, ha tenido una difusión mucho mayor y es mucho más conocida de lo que hubiera sido si el juez del Olmo no hubiera ordenado el secuestro de la revista.
Ha sido una tremenda barbaridad que espero se enmiende en horas, porque es más propio ésto de dictadura bananera que de una democracia asentada, y tal vez aquí, el que debería dar explicaciones es el juez y no los responsables de la revista.
Como dicen en la página web de la revista: ¿de verdad estamos a 20 de Julio del 2007?

jueves, julio 19, 2007

Amigo Sono, me meto en tu blog y ya no veo al poeta. Veo un montón de maravillosos poemas, pero ¿Dónde está el poeta? ¿No querrás hacer verdad eso que dicen de que la poesía ha muerto?
Iba en el metro. La gente leía novelas y periódicos, pero nadie leía poesía, porque la poesía necesita calma, y la gente lee apresurada. Esta es mi parada y me tengo que bajar. Ya nadie tiene tardes de invierno lluviosas para leer un libro de poemas. Nadie enamora como Neruda con la fuerza de unos versos. Busco y no encuentro poemas, salvo los tuyos. Los poetas están escondidos. Ser poeta no es políticamente correcto. Menos mal que el ordenador también sirve para leer tus poesías.
Amigo Sono, ¿dónde estás, poeta de versos desnudos, de cantos a la vida, de desnudeces de espíritu? Me dejaste entre una nube de alondras, de pijamas, que a punto estuve de llamar a un tal Santuchione para que me ayudara a encontrarte.
Me dijiste hace tiempo que encontraste alas para volar en unos cajones ancianos. No me creo que se te hayan derretido por volar alto: los poetas no tienen alas de cera aunque quieran lo prohibido: sólo les queda seguir y seguir, parar y no cambiar.
Y sabes que un plagio es el mayor de los homenajes, que yo te plagio como todos los poetas plagian al verbo crear.
Otra vez empiezo y miro a mi alrededor y otra vez empiezo, y este texto es más tuyo que mío aunque me meta en tu blog y no estés, poeta. Veo un montón de poemas y un tal Santuchione me dice que tu poesía no ha muerto.

miércoles, julio 18, 2007

Otra mariposa que bate sus alas en Indonesia. Hay veces que la actualidad te pone en bandeja el artículo, casi que te lo escribe ella sola, siendo tú su mero instrumento.
Leo en el periódico: "Nike despedirá a 14.000 obreros en Indonesia". Si habéis leído el libro de NO LOGO de Naomi Klein, sabréis que la situación de esos 14000 indonesios estaba muy lejos de ser el paraíso del proletariado. Con todo, ellos se quejan porque les han dejado sin la posibilidad de seguir alimentando a sus familias. En fin, lo de siempre: otros mineros que se quedan sin mina de carbón sucio de silicosis, otros faroleros que se quedan sin luz de gas infecto.
Estoy seguro que no echarán de menos las largas jornadas laborales, ni esas estúpidas zapatillas de plástico que su empresa cobra a once dólares a Nike y ésta a su vez las vende a cien. Tampoco echarán de menos a la propia Nike, su patrón verdadero, la que les ha hecho su vida un infierno y la que es responsable última de que les hayan dejado tirados como una colilla.
Ahora recurren al gobierno de Yakarta, ése que ha permitido (y permite) a la multinacional hacer todo tipo de tropelías "en aras de la prosperidad económica del país" Y si no han hecho nada por ellos hasta ahora, ¿Qué piensan que hará ese gobierno corrupto a partir de ahora?
Nike se va con su gallina de los huevos de oro con forma de zapatillas de plástico a otra parte, y me temo que será a un punto desconocido del globo donde harán zapatillas en peores condiciones si cabe. Ojalá me equivoque, y la mala prensa que siempre ha tenido la marca haya hecho mella y hagan buenas zapatillas con unas buenas condiciones laborales. Pero mucho me temo que no. Si no, ¿Por qué, en vez de irse, no han decidido quedarse y mejorar las condiciones de los obreros yakartíes que ahora dejan en la calle?
Por las que sin duda no siento ninguna pena son por las empresas HASI y NASA, las dos subscontratas que facilitaban mano de obra barata a la multinacional norteamericana. Me alegraré de que caigan en la más absoluta bancarrota, como me alegraría si pasara lo mismo con la firma de deportivos.
No sé es si debo alegrarme o entristecerme de la noticia. Pena siento por los obreros, a los que Nike ha martirizado cuando ha estado y cuando se ha ido. Pero también siento cierta alegría, porque esto pone otra vez en la superficie la calle la ponzoña de las lagunas putrefactas que son las multinacionales como la de las zapatillas. Tal vez, y espero no dejarme llevar por un optimismo excesivo, esto no sea otra cosa que el síntoma de que cada vez nos engañan menos y que sus miserables políticas de imagen y publicidad cada vez les van a servir de menos.
El día que desaparezca Nike de la faz de la tierra, entonces, sí que la alegría será completa. Nike, Just do it. Nadie te lo agradecerá bastante.

martes, julio 17, 2007

Ahora mismo, si levanto la vista del ordenador, puedo ver, a través de mi ventana, un pequeño parque, en donde crecen un pino, varios prunus y verde césped. Lo que no crecen son los perros que traen allí sus dueños a defecar. En Laguna las viviendas son pequeñas y por tanto, al igual que se pide al IKEA módulos pequeños que quepan en nuestras casas, se piden perros pequeños. Aquí no queremos mastines, pastores alemanes, gran daneses, San Bernardos ni nada por el estilo; aquí lo que queremos son chihuahuas, pequineses y demás que ladren a una frecuencia estridente que moleste a los oídos de los vecinos, creando un efecto sorpresa con la consiguiente taquicardia al transeúnte que pasea cercano a estos canes. España es uno de los países con mayor tasa de ruido en las ciudades. No debemos perder esas tradiciones que nos han hecho grandes en el mundo y por eso debemos conservarlas. Nuestros canes nos ayudan mucho a conseguirlo y desde aquí les brindo mi homenaje.
¡Qué estampa más idílica! Estoy viendo cómo un pequinés está haciendo fuerza. Ánimo, pequeño, pon tu pequeña aportación a este mundo para que alguien se la lleve como recuerdo en el zapato, para que nadie pueda tumbarse en el césped, para que sepan aquí quién manda. Nosotros, los humanos, tenemos las ciudades, pero vuestros son los parques, que lo sepa el mundo entero. Y mientras, tu dueña te mira con sonrisa beatífica, casi tan orgullosa como cuando ladras a los vecinos al pasar y ella dice apelando a su compresión: "no se preocupe, es inofensivo" A muchos podrían darle ganas de gritarte: "maldito perro", pero lo más propio sería decir: "Maldita hija de perra".
Que se lleven sus daneses y sus mastines a los chalés de la sierra. La periferia bendice los chiuauas, que son alegría y enternecen con esos ojitos grandes y esos cuerpos enjutos. Vivan los pequineses y su cara de mala leche, capaces de ahuyentar al más pintado Rotweiler, por cierto, también muy de moda entre los hijos de las mamás con pequineses.
Recordad, amigos; hay dos señas de identidad que definen una ciudad: las deposiciones de las palomas y la de los perros tamaño mini. Si un día adornan vuestras solapas y vuestros zapatos, dáos por agradecidos: os han dado las dos grandes condecoraciones al mérito urbanita, el mayor galardón que la ciudad concede a sus hijos..

lunes, julio 16, 2007

Hace tiempo leí en alguna parte que a principios de siglo supuso un pequeño pero importante drama humano la llegada de las farolas eléctricas en las ciudades. Me refiero a los operarios que se ocupaban del mantenimiento de las luces de gas. De repente, se quedaron sin trabajo y por lo tanto, sin sustento. Familias enteras con un lúgubre interrogante encima de sus cabezas.
Sobre una cosa parecida trató con mucho acierto Benito Pérez Galdós en su novela "miau": en ella trata de un funcionario y su familia que se ven abocados a la pobreza porque deciden cesarle. El hombre queda hundido, a la espera de que vuelva a requerirle el estado y poder recuperar así su medio de vida.
Ejemplos de situaciones similares a ésta hay muchos: los porteros humanos que desaparecen con la llegada de los porteros automáticos, los mineros que pierden su trabajo por la llegada de un carbón más barato de otros puntos del planeta; los trabajadores de astilleros que pierden su trabajo porque es más barato construir barcos en otros sitios; la teleoperadoras que pierden su trabajo porque la empresa de Telecomunicaciones encuentra más baratas las teleoperadoras argentinas... Ejemplos, los hay a miles.
Para evitar las anomalías derivadas estas situaciones, el gran capital nos propone como solución a los trabajadores el reciclarnos, venga, a reciclarse, y cuando hayamos terminado de reciclarnos, volvernos a reciclar otra vez. Que el soldador de astillero haga un curso de Word; que la teleoperadora, de idiomas, que el minero, de técnico instalador de placas solares (la energía del futuro, oiga). Si alguno de ellos tiene suerte de recolocarse gracias a este reciclado, será en empleos en peores condiciones laborales y de derechos que los que tenían anterormente. Y mientras, Antonio Fidalgo, secretario general del mayor sindicato español, Comisiones Obreras, defendiendo en las FAES las políticas neoliberales que han llevado a estas tristes situaciones. Y Federico Jiménez Losantos, el gran periodista fascista español, lanzándole loas y parabienes porque "Fidalgo representa el sindicalismo moderno"
Es curioso que, sin embargo, a Fidalgo no se le escuchara nada sobre la modernización de ciertas empresas. Me refiero, por ejemplo, a la modernización que tendría que llevar a cabo las empresas discográficas, ancladas en el formato cd que empieza a ser rechazado por el consumidor. Les recomendaría que para adaptarse a los nuevos tiempos bajaran el precio de sus productos, si es que verdaderamente quieren ser modernos en su lucha contra la piratería. Tampoco estaría de más una modernización de las empresas petroquímicas, cuyos productos venenosos deberían haber sido cambiados por otros menos contaminantes hace mucho tiempo. Igual sucede con la industria automovilística: llevan años haciendo los coches con motor a explosión ¿no va siendo hora de sustituirlos?. También se podría hablar del reciclaje de las industrias textiles: tantos años empleando mano de obra en estado de semiesclavitud exige una adecuación a los tiempos actuales, en los cuales queda feo la explotación. Por no hablar de la modernización de los bancos, que practican hoy más que nunca el viejo arte de la usura, y ya va siendo hora de que lo abandonen por prácticas más humanitarias.
En fin, son ideas tontas y locas de éste vuestro humilde servidor. Ya empiezo a entender mejor lo que significa la palabra neoconservadurismo: lo neo es para los obreros, es decir, nuevas formas de esclavitud, explotación, pobreza y maldad; y conservadurismo, que es el respeto por las castas dominantes y sus tradiciones, al dios dinero y a sus canales que posibilitan que el dinero entre en los mismos sitios de siempre.
Y mientras, Fidalgo haciendo de monigote con corpachón del nuevo fascismo. Pues qué bien, allá él con su conciencia. Pero no veo ésta buena manera de reciclarse. Tal vez, la mejor hubiera sido dimitir y largarse a su casa. Esa sí que es una buena forma de modernizarse. Ya estás tardando, Antoñito monigote. Recíclate de una vez y para siempre.

domingo, julio 15, 2007

Acabo de ver la excelente película de Robert Zemeckis "Regreso al futuro", y juzgo que esa producción es bastante mejor que muchos de los estrenos actuales. Sin embargo, he encontrado que su guión, con ser brillante, recurre a alguno de los tópicos del cine norteamericano (dicen varias veces eso tan sobado, manido e indemostrado tantas veces por tantos hombres de que uno puede conseguir todo lo que desea sólo con proponérselo) Además, justo en el tramo final, recurre a una de esas manipulaciones que se hace más evidente con el paso del tiempo.
En varias secuencias de la película se hace referencia al robo por parte del profesor de material radiactivo a terroristas libios. En una de las últimas secuencias, el personaje interpretado por Michael J. Fox se le llena la boca cuando ve entrar en el aparcamiento a la Volkswagen conducida por la terrorista: Libios, dice con toda la expresividad de la que es capaz. Podrían ser marroquíes, italianos, egipcios o españoles. Pero son libios, uno de los pueblos malos de moda de los ochenta.
Por aquella época, Ronald Reagan (al que también se menciona en la película, más simpáticamente que al puelo libio, todo hay que decirlo) se las tenía tiesas con varios pueblos desgraciados del planeta: es el caso de Nicaragua, cuando en 1984 apoyó a los militares y palamilitares en contra del gobierno legítimo, que propiciaron enormes pérdidas en vidas humanas y económicas en el país. O el polémico caso del Irán-Contra, donde algunos de sus altos funcionarios de la administración se vieron implicados en la venta de armas a los iraníes para ayudarles a masacrar iraquíes. Como vemos, lo de hacer el mal al pueblo de Irak viene de lejos. Por cierto, posteriormente, George Bush padre se encargó de conceder el indulto a los altos funcionarios implicados en el escándalo. Igualito haría su hijo con Libby, otro sinvergüenza que llegó muy lejos en la Casa Negra, que es como se debería conocer a partir de ahora la residencia presidencial, por culpa de una de las dinastías más corruptas de la historia, acaso de peor catadura y más mortíferos que los Claudios o los Borgia, que ya es decir.
En la época en que se filmó "regreso al futuro", Rambo se encargaba de ayudar a los afganos a liberar el país de la opresión comunista, y James Bond se encargaba también de ponerle las cosas difíciles a los rusos en los destinos más turísticos del planeta.
El 15 de abril de 1986, Ronald Reagan ordenó el bombardeo de Trípoli y Bengasi, al parecer en represalia por el ataque de unos terroristas a una discoteca de Berlín frecuentada por ciudadanos estadounidenses. Vamos, todo en su justa medida: vuelan una discoteca del norte de Europa, y a cambio, armas una masacre en dos ciudades del norte de África.
Muchos estadounidenses saldrían de ver "Regreso al futuro" pensando en que los libios son tipos fáciles de engañar y tontos, pero muy peligrosos por tener uranio, componente fundamental para hacer una bomba atómica. Cuando al día siguente, supieran que su presidente, ese simpático cow-boy que también menciona la película, ordenaba el bombardeo contra dos ciudades libias, no lo verían con malos ojos, dado que serían guaridas de libios tontos, pero peligrosos como los de la película.
Se podría hacer un documental de cómo en series de televisión o en películas como ésta que os menciono, el gobierno norteamericano extendió su brazo manipulador para vender a la globalidad del público sus sucias maniobras contra los pueblos iraquíes, libios, nicaragúenses y por qué no decirlo, soviéticos y afganos.
He de reconocer que Regreso al futuro es un gran producto cinemátográfico, pero desgraciadamente está contaminado por ponzoña ideológicamente interesada. Un pequeño veneno que no mata, pero que nubla la razón. Afortunadamente, ahora el veneno en forma de actores disfrazados de terroristas libios es totalmente inocuo, y podemos disfrutar de esa magnífica película, ya que hoy el gobierno estadounidense no tiene necesidad de matar a libios. Al menos, de momento. Ahora, lo que nos debe preocupar son esas películas actuales en las que no las están metiendo una ponzoña parecida sin darnos cuenta. Lo malo es lo sutiles que son, y a lo mejor tienen que pasar veinte años para que nos demos cuenta de que nos han metido doblado el turbante marroquí, si es que les da por invadir Marruecos, y eso que los marroquíes no suelen llevar turbante.

Una de las cosas que me gustaría saber es cómo los chistes llegan a tener éxito y quiénes son los que los inventan. Los chistes tienen en común con las leyendas urbanas en que alguien con mucha capacidad inventiva tiene éxito en que su invención pase de boca a boca y sea conocida por todos. No es fácil que una cosa creada tenga éxito. Os lo digo yo, que todavía no he visto reproducida en boca de alguien desconocido alguna de las ideas que aparecen en cierto blog que ahora mismo no me acuerdo de quién es. Tal vez porque lo que le interesa a una humilde persona no es siempre lo que le interesa la inmensa mayoría.
Deben ser muy inteligentes las personas que crean chistes y las que crean leyendas urbanas. De los primeros, decir que son además buenas personas, porque aquél que se inventa un chascarrillo con el único objetivo de hacer feliz al prójimo debe ser, además de listo, buena gente. Los chistes no se inventan con ánimo de lucro, los únicos que se lucran son los cuentachistes profesionales, a los que no les quito mérito en lo suyo, pues el interpretar un chiste es cosa difícil de hacer bien. Yo, cuando intento hacer de cuentachistes suelo fracasar estrepitosamente, pues contar mal un chiste es una tradición en mi familia que hemos intentado mantener generación tras generación, con la penalización de desheredar al miembro que se le ocurra contarlos bien. No obstante, pese a pertenecer a una estirpe de destripachistes, dedico mi homenaje a los creachistes y cuentachistes.
En cuanto a los que crean leyendas urbanas, he de decir que, pese a que son un poco rufianes y fantáticos, admiro su talento y pienso que deberían pensar en dedicarse a labrarse una carrera como guionistas de cine, televisión o similares. Algunas historias son verdaderamente geniales y deberían figurar en la historia de la literatura como raras piezas de talento dignas de ser conservadas. Son quizá de lo mejor de la literatura oral actual. Ser escritor de novelas de poemas o de piezas literarias es ser también un mentiroso, y no los hay más mentirosos que esos que idearon la historia los caimanes de las cloacas de Nueva York, el submarinista en la copa del árbol, o la señora fantasma del cruce. Si tuviera una copa en mi mano brindaría por ellos. Yo sé lo difícil que es sacar algo de la nada, y ellos lo han hecho brillantemente, aunque con mucha mala leche, todo hay que decirlo.
¿Os he contado la última leyenda urbana del bloggero que metía entre unos mensajes aparentemente benévolos y sin que se dieran cuenta sus lectores, mensajes subliminales para que la gente se hiciera cada vez más fascista y provocar así el advenimiento del cuarto Reich? Es una historia que pone los pelos de punta. Otro día os la cuento.

jueves, julio 12, 2007

Me retracto: la vida no es una mierda, sólo quería que llegara pronto la ambulancia.
Las curas de emergencia eran sin duda insuficientes para lo que necesitaba Roberto. Empecé a maldecir la Castilla de mis antepasados, esa Castilla que en muchos aspectos todavía tenía que progresar. Estábamos en medio de la nada y la ambulancia era un Godot con motor de explosión
Pero por fin llegó. Estaba tan hundido, que no pude evitar pensar que ya para qué venía. Mi amigo estaba en plena agonía, y dos horas era demasiado tiempo de espera. Demasiado tiempo. Los conductores de la ambulancia nos dijeron que le llevarían a Segovia capital. A sesenta kilómetros de donde estábamos. Una hora por esas carreteras asquerosas.
El sol había salido. Hay una sentencia que dice: "Ni el sol, ni la muerte pueden mirarse fijamente." Es mentira, pura mentira. El sol de Castilla se vio con la muerte. Con la de mi querido, amado amigo Roberto.
Nada pudieron hacer por él los médicos. Uno lloraba de impotencia por ver cómo se marchaba un joven que principiaba en la vida. La autopsia que le hicieron en horas psteriores reveló que Roberto estaba totalmente destrozado por dentro, y aunque hubiera sobrevivido, lo hubiera hecho como un vegetal, siendo sólo una leve sombra de lo que fue.
En esa carretera dejó dieciocho años, y sus amigos dejamos la inocencia. Su madre y su hermano dejaron algo más: las ganas de vivir. Fueron los que más perdieron y a los que sobre todo va dedicado este relato, que no es otra cosa que el recuerdo perenne del que fuera uno del mis grandes amigos hechos verano tras verano.
A otra persona que se le arruinó la vida fue al conductor del coche: nunca sabremos con certeza qué le pasó aquella noche, sólo puedo dejar constancia de que la policía le hizo pasar un control de alcoholemia y el chico no dio positivo: no bebió apenas nada.
Sólo el sabe lo que ocurrió aquella noche: puede que la fatiga hiciera que se durmiera al volante y se encontrara en medio de una curva al despertarse, o puede que se asustara al cruzarse un animal en su camino. Nadie me dijo nada de lo que le pasó. Él y los demás ocupantes salieron prácticamente ilesos, sin apenas heridas o lesiones. Roberto se llevó el daño de todos.
Trece años. Hace ya trece años que esto aconteció. Muchos de los chavales que forman las pandillas de mi pueblo ahora nacieron por esas fechas, y juegan y se ríen juntos y empezarán a irse de fiesta a los pueblos cercanos como lo hacíamos nosotros. Y nosotros, ya treintañeros, que ya no vamos al pueblo, que ya casi se nos olvidan las caras de los unos y los otros, que dejamos a uno de los nuestros en el camino... ya se nos pasó el tiempo de jugar...y la inocencia.
La historia podía haber sido muy distinta, porque hacer cualquier cosa insignificante podría haber cambiado el destino de Roberto: que entre todos hubiéramos decidido quedarnos en el pueblo, que hubiéramos vuelto un poco antes, que el conductor se hubiera tomado un café, que hubieran puesto la música del coche más alta, que se hubieran quedado en Coslada... Son tantas las pequeñas alternativas que podían haber salvado la vida de Roberto, que asusta pensar que en el fondo la vida (y la muerte, como parte de la vida) esta sólo hecha de pequeñas insignificancias.
Roberto, te recordaré siempre. Me encantaría volver a reunir a la pandilla otra vez, hoy dividida porque cada uno tomó su camino y que te recordáramos juntos, aunque creo que ninguno de nosotros te ha olvidado. Seguro que no. A todos nos han pasado cosas buenas, cosas similares a las que tú hubieras vivido: ahora podrías tener un hijo, o dos o tres o simplemente, ser un soltero feliz y don Juan. Pero cualquiera de las dos cosas ya no son para ti. Como ninguna otra insignificancia feliz, maldita sea.
Quise contar esta historia como si fuera un cuento, porque para mí los cuentos no son otra cosa que una narración en la que los personajes pierden su inocencia. Y vaya si la perdimos, en ese agosto, en esa llanura castellana.
Ya te he dicho adiós muchas veces, amigo mío, pero nunca te vas. Así debe ser. Así será siempre.