martes, julio 24, 2007



Ahora estoy viendo la primera temporada de la galardonada serie de los Soprano, porque me ha sido muy recomendada por esto lares (me refiero a internet, a gente bloggera y a un crítico español llamado Carlos Boyero que es una opinión muy autorizada y visceral) y he de decir que es buena, aunque no me está enganchando tanto como en su día me enganchó la serie inglesa Yo, Claudio, la que os aconsejo vivamente y... visceralmente también. Madre mía, qué actores, qué puesta en escena... pero qué mal maquillaje y qué pobreza de medios, todo hay que decirlo. Sin embargo, se te olvida esos defectos cuando esos actores, hartos de interpretar a Shakespeare, te hacen jurar por tus muertos que son la élite romana de hace no se cuántos siglos, y que en el perfecto inglés en el que declaman no es tal sino el latín de mi sufrido bachillerato hablado por alguien del que jurarías que te dijo que perdió un primo en la batalla contra los germanos.
Sin embargo, el inglés de los Soprano es un inglés un poco arrabalero. Que me perdonen los norteamericanos, pero después de escuchar a actores ingleses con esa prosodia, cuando escucho a los actores norteamericanos tengo la impresión de que son patos los que hablan. Tendré que hacerme el oído a la pronunciación del otro lado del charco y dejar de pensar que el pato Donald es norteamericano y mafioso.
Como os dije, estoy con los primeros capítulos de la serie los Soprano (la otra ya me la vi entera, y puede que haga un segundo visionado, no tardando), y aunque todavía no estoy totalmente implicado en ella, ya me está empezando a dejar buenas ideas para la reflexión: como la de aquella secuencia en la que están unos cuantos personajes cenando y uno de ellos dice más o menos esto: "por tan sólo cinco mil personas que están involucradas en el crimen organizado, veinte millones de italoamericanos tienen fama de mafiosos."
A mí se me iluminó la bombilla. Es verdad. Juzgamos a los colectivos por las minorías que sobresalen y por la razón que fuere. Sin embargo, no deberíamos tener derecho a los sambenitos que tan alegremente colgamos. Si volviendo a la serie de "Yo, Claudio", tomáramos lo que vemos como un comportamiento generalizado de los gobernantes de la antigüedad, pensaríamos que en la sociedad romana estaba muy de moda el dar de comer veneno. Nada es más falso que las generalizaciones. Nada es más atípico que el ejemplo tópico. Por eso, se agradece a los guionistas de los Soprano que nos digan: "eeeh que esto no es lo normal. Que esto es sólo un extremo" Más engañosa es si cabe Yo, Claudio, que aparte de ver muchos envenenadores, ves a actores que con un inglés perfecto que te están hablando en latín. Malditos estafadores.
Puede que no todas las series norteamericanas e inglesas sean tan buenas. Pero éstas valen por todas. Perdón, ya estoy generalizando.

lunes, julio 23, 2007

Estaban tres hombres hablando al calor de una hoguera y de tres vasos de whisky. Uno de ellos encendió un cigarro y dijo:
-Sabéis , si todo el dinero del mundo desapareciera por la noche y al día siguiente, todos los humanos tuviéramos que partir de cero, este mundo sería un lugar más agradable donde vivir.
-Pues es verdad. Ha gente que se acuesta encima de una enorme bolsa de dinero y sólo piensa en levantarse al día siguiente para incrementar esa bolsa. Las bolsas de dinero ya son muy grandes. No deberían estar al día siguiente para que nadie pierda su vida pensando en ellas
-Pero el dinero no existe. Ya os lo he dicho en alguna ocasión. Lo que sí existe es la codicia.
-Bla, bla, bla ¿Pero cómo no va a existir el dinero, entonces, de dónde saca la gente para pagarse los pisos y tener las neveras llenas? Sois unos tontos ¡Lo que me faltaba por oír!¡Que el dinero no existe!
-Hombre, el dinero es un invento relativamente reciente en la historia de la humanidad: las primeras monedas que se conocen se acuñaron en Lidia, la actual Turquía en el Siglo VII A. de C., hechas de aleación de oro y plata. O sea, que no llevamos mucho tiempo con eso del dinero.
-Pues parece que lleva toda la vida. Desde que éramos amebas.
-"Con dinero o sin dinero, hago siempre lo que quiero y mi palabra es la leeeey..." Pero mira, puestos a pedir, yo prefiero tenerlo. El dinero da independencia, estabilidad emocional... definitiva, es lo que te hace libre.
-El dinero hace individualistas a las personas. Estás sentado encima de una bolsa que no quieres compartir con nadie más. Sufres cuando tienes que sacar las monedas y miras a todos los lados para que nadie vea lo que estás haciendo. El avaro es esclavo de su dinero y sólo podrá ser el más rico del cementerio.
-Bla, bla, bla. Siempre vas a los lugares comunes de los utópicos. Sabes como yo que el dinero es el motor de este mundo en que vivimos y que lo mejor que podemos hacer es adaptarnos a la realidad que nos ha tocado vivir.
-¿No podemos cambiar el mundo?
-Yo creo que no. Nadie puede alterar el orden natural de las cosas y el dinero es la base en que se fundamenta ese orden. El dinero lo regula todo. El mercado, lo regula todo. Además, no es tan malo. Favorece el intercambio y propicia la superación de las personas.
-Genera pobreza, miseria y la desigualdad.
-¿No decías que el dinero no existe? ¿Cómo es culpable entonces, de todas esas cosas que dices?
- Porque es otra utopía más: mira, dentro de las utopías, las hay negativas y positivas. Dentro de las primeras, el dinero sobresale sobre todas las demás por su capacidad de corrupción de los individuos. Es una utopía en la que por desgracia estamos embarcados todos los hombres, y unos están más corrompidos que otros. Nadie ve el dinero: No existe. Es una abstracción teórica. Pero mueve más a la gente que cosas tan bonitas como el amor, la solidaridad y todas esas cosas bellas que se te puedan ocurrir.
- Casi me convences. Sólo casi. Yo, por si acaso, guardo dinero. Nunca se sabe cuándo te va a faltar.
-¿Y tú opo, qué opinas de todo esto? Sólo has dicho tres frases a lo largo de toda la conversación?
- Pues yo cada vez sé menos de todo. Creo que me estoy haciendo mayor y cada vez me apetece más escuchar que hablar. En fin, buena noches. Mira, alguno de vosotros se le ha caído un billete de diez.
¿¿Dónde?? Respondieron al unísono.

domingo, julio 22, 2007



La gente se suele buscar las parejas en función de afinidades superfluas: aficiones, gustos, forma de vestir, que hablen el mismo idioma... pero para encontrar una pareja que sea para toda la vida, yo, desde la modestia de este pequeño rincón del ciberespacio, recomiendo buscar a aquella media naranja en función de otra cosa más importante si cabe que las anteriores mencionadas. Son hábitos que marcarán el futuro de la convivencia casi tanto como que te guste la filosofía o el fútbol:
- El abrir y cerrar de puertas de los armarios de la cocina.
Sé que en un principio esto no es fácil de entender para los profanos, pero los que ya llevan un tiempo viviendo en pareja saben de lo que hablo: de buscar una pareja que te complemente. Es decir, si tú eres de las que se dejan abiertas los armarios de la cocinas, búscate un varón que sea metódico en el cerrado del mobiliario que rodea a los fogones; si cometes el error de buscar a un varón con el mismo hábito de dejar abiertas las puertas de la cocina, en vuestra casa reinará el caos y la destrucción. La destrucción de vuestras respectivas cabezas se entiende, pues parecerá vuestros cráneos partes de la luna de los chichones que os vais hacer por tener constantemente las puertas abiertas. Además, será de gran disgusto de las visitas el veros en perpetuas heridas craneales y con las judías y la sal en constante exhibicionismo.
Si por contra, sois ambos los que os molestáis en tener cerradas las puertas de los armarios de las cocinas, caeréis uno de vosotros sin remedio en una depresión, pues habrá una lucha por el poder por ver quién es el que cerrará las puertas siempre. En esa lucha por el poder habrá un vencedor y un vencido, algo que es contrario de lo que debe ser una pareja feliz y en armonía.
Para que una pareja funcione, tiene que haber uno que se deje abiertas las puertas de los muebles de la cocina y otro que vaya detrás y que las cierre. Más que nada para que el primero sea reprendido por el segundo por su dejadez y a su vez sienta cierta sensación de dominio sobre el primero, que le hará sentir bien y no buscar el conflicto en otras áreas de la convivencia más frágiles y de peor resolución.
Los matrimonios que formamos mi chica, mi cuñado, mi hermana y yo funcionan porque hemos delegado las funciones de cerrar las puertas mi hermana y yo en nuestros respectivos cónyuges. Ellos se sienten felices de reprendernos por dejarnos las puertas abiertas y nosotros a la vez nos sentimos felices por darles la oportunidad de hacerles sentir que dominan la situación, que son los que tienen el control del hogar. Gracias a esta feliz circunstancia, en nuestros respectivos hogares reina la paz, la alegría, la concordia, y puestos a ser cursis, el amor.
Cariño, ¿qué sería de nuestra vida en común si yo de repente me pusiera a cerrar las puertas que me dejo abiertas de la cocina? ¡Cundiría el caos! Puede que fuera el fin de nuestra convivencia. Tendríamos un montón de ladrillos que podríamos utilizar con fines especulativos, pero habríamos dejado de tener un hogar.
Por eso, si permitís un consejo a este humilde propalador de sentimientos que ensucia con sus letras el ciberespacio, buscáos los que acostumbráis a cerrar las puertas a alguien que se las deje abiertas, y viceversa. Sólo así será posible que persista la armonía del universo, en particular, la de los fogones: El fuego encendido del amor
Y recordad: muchas puertas son las que hay que abrir. Más que las que hay que cerrar. Abrir una puerta es camino de la utopía y cerrarla es camino del orden. De tal combinación, fruto del amor, es la clave de la evolución humana.

sábado, julio 21, 2007

Ayer ocurrió en España una cosa rarísima que no se ha dado en años en este rincón del planeta: un semanario fue secuestrado por sus opiniones. La policía fue a los quioscos y requisó todos los ejemplares. La revista se llama el Jueves, es de humor gráfico y satírico y llevo comprándola desde que tenía quince años. Tengo intención de seguir comprándola otros tantos años más. Si me dejan, a ser posible sin cortapisas ni con colaboradores obligándose a sí mismos a dibujar con autocensura.
Parece ser que en nuestro código penal hay varios artículos en los que amparan el honor de la Familia Real Española. Son esas trágalas que los españoles tuvimos que aceptar en la transición porque volviera la democracia. De hecho, aunque en los mentideros nacionales se dice que el Rey nuestro tiene algunos asuntos turbios o cuando menos, poco claros, nadie investiga si es verdad porque la Casa Real tiene leyes que la amparan en un grado mucho mayor que cualquier español, da igual su edad y condición.
El secuestro fue debido a que en la portada de la revista aparece unas caricaturas de los Principes de Asturias en plena coyunda. No es muy fina que digamos. Tampoco es uno de los grandes golpes de humor que suele tener la revista. El caso es que les dibujan en pleno acto sexual para ironizar sobre la partida de dos mil quinientos euros por hijo que nazca que quiere dar el gobierno a las familias. En ella, la "presunta" caricatura del príncipe dice: "¿te das cuenta? Si te quedas preñada... ¡Esto es lo más parecido a trabajar que he hecho en mi vida".
Desde el jueves se ha dicho que en realidad lo que estaban satirizando era la medida del gobierno, que para ellos no es otra cosa que una adelantada campaña de márquetin electoral (Según lo que dicen en páginas interiores del referido número secuestrado, del que tengo un ejemplar y tendré que esconder, no sea que vengan las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado a dar una patada a mi puerta y llevárselo)
Pero seamos sinceros: en realidad, lo que hacen es matar dos pájaros de un tiro. Por un lado se meten con el gobierno, y por otro arremeten contra la monarquía, poniendo en negro sobre blanco una sospecha que en realidad tienen todos los pueblos del mundo con sus monarquías: que sus soberanos tienen poca tarea. Encima, bien remunerada y para toda la vida. Eso les da derecho a la mejor calidad de vida que nadie pueda tener, pudiéndose dedicar a los mejores placeres, incluído, por supuesto, el ayuntamiento carnal.
Pero se metan con el gobierno o se metan con la monarquía, aquí lo grave de los hechos es el atentado contra la libertad de expresión que ha cometido la fiscalía al pedir el secuestro de la revista y el juez del Olmo al aceptar la petición. Sin quererlo, han hecho un daño tremendo a nuestra imagen de país de libertades y de tolerancia, siendo ésto lo menos grave. Además, ha conseguido justo lo contrario a lo que pretendían: ahora, la caricatura, gracias a internet, ha tenido una difusión mucho mayor y es mucho más conocida de lo que hubiera sido si el juez del Olmo no hubiera ordenado el secuestro de la revista.
Ha sido una tremenda barbaridad que espero se enmiende en horas, porque es más propio ésto de dictadura bananera que de una democracia asentada, y tal vez aquí, el que debería dar explicaciones es el juez y no los responsables de la revista.
Como dicen en la página web de la revista: ¿de verdad estamos a 20 de Julio del 2007?

jueves, julio 19, 2007

Amigo Sono, me meto en tu blog y ya no veo al poeta. Veo un montón de maravillosos poemas, pero ¿Dónde está el poeta? ¿No querrás hacer verdad eso que dicen de que la poesía ha muerto?
Iba en el metro. La gente leía novelas y periódicos, pero nadie leía poesía, porque la poesía necesita calma, y la gente lee apresurada. Esta es mi parada y me tengo que bajar. Ya nadie tiene tardes de invierno lluviosas para leer un libro de poemas. Nadie enamora como Neruda con la fuerza de unos versos. Busco y no encuentro poemas, salvo los tuyos. Los poetas están escondidos. Ser poeta no es políticamente correcto. Menos mal que el ordenador también sirve para leer tus poesías.
Amigo Sono, ¿dónde estás, poeta de versos desnudos, de cantos a la vida, de desnudeces de espíritu? Me dejaste entre una nube de alondras, de pijamas, que a punto estuve de llamar a un tal Santuchione para que me ayudara a encontrarte.
Me dijiste hace tiempo que encontraste alas para volar en unos cajones ancianos. No me creo que se te hayan derretido por volar alto: los poetas no tienen alas de cera aunque quieran lo prohibido: sólo les queda seguir y seguir, parar y no cambiar.
Y sabes que un plagio es el mayor de los homenajes, que yo te plagio como todos los poetas plagian al verbo crear.
Otra vez empiezo y miro a mi alrededor y otra vez empiezo, y este texto es más tuyo que mío aunque me meta en tu blog y no estés, poeta. Veo un montón de poemas y un tal Santuchione me dice que tu poesía no ha muerto.

miércoles, julio 18, 2007

Otra mariposa que bate sus alas en Indonesia. Hay veces que la actualidad te pone en bandeja el artículo, casi que te lo escribe ella sola, siendo tú su mero instrumento.
Leo en el periódico: "Nike despedirá a 14.000 obreros en Indonesia". Si habéis leído el libro de NO LOGO de Naomi Klein, sabréis que la situación de esos 14000 indonesios estaba muy lejos de ser el paraíso del proletariado. Con todo, ellos se quejan porque les han dejado sin la posibilidad de seguir alimentando a sus familias. En fin, lo de siempre: otros mineros que se quedan sin mina de carbón sucio de silicosis, otros faroleros que se quedan sin luz de gas infecto.
Estoy seguro que no echarán de menos las largas jornadas laborales, ni esas estúpidas zapatillas de plástico que su empresa cobra a once dólares a Nike y ésta a su vez las vende a cien. Tampoco echarán de menos a la propia Nike, su patrón verdadero, la que les ha hecho su vida un infierno y la que es responsable última de que les hayan dejado tirados como una colilla.
Ahora recurren al gobierno de Yakarta, ése que ha permitido (y permite) a la multinacional hacer todo tipo de tropelías "en aras de la prosperidad económica del país" Y si no han hecho nada por ellos hasta ahora, ¿Qué piensan que hará ese gobierno corrupto a partir de ahora?
Nike se va con su gallina de los huevos de oro con forma de zapatillas de plástico a otra parte, y me temo que será a un punto desconocido del globo donde harán zapatillas en peores condiciones si cabe. Ojalá me equivoque, y la mala prensa que siempre ha tenido la marca haya hecho mella y hagan buenas zapatillas con unas buenas condiciones laborales. Pero mucho me temo que no. Si no, ¿Por qué, en vez de irse, no han decidido quedarse y mejorar las condiciones de los obreros yakartíes que ahora dejan en la calle?
Por las que sin duda no siento ninguna pena son por las empresas HASI y NASA, las dos subscontratas que facilitaban mano de obra barata a la multinacional norteamericana. Me alegraré de que caigan en la más absoluta bancarrota, como me alegraría si pasara lo mismo con la firma de deportivos.
No sé es si debo alegrarme o entristecerme de la noticia. Pena siento por los obreros, a los que Nike ha martirizado cuando ha estado y cuando se ha ido. Pero también siento cierta alegría, porque esto pone otra vez en la superficie la calle la ponzoña de las lagunas putrefactas que son las multinacionales como la de las zapatillas. Tal vez, y espero no dejarme llevar por un optimismo excesivo, esto no sea otra cosa que el síntoma de que cada vez nos engañan menos y que sus miserables políticas de imagen y publicidad cada vez les van a servir de menos.
El día que desaparezca Nike de la faz de la tierra, entonces, sí que la alegría será completa. Nike, Just do it. Nadie te lo agradecerá bastante.

martes, julio 17, 2007

Ahora mismo, si levanto la vista del ordenador, puedo ver, a través de mi ventana, un pequeño parque, en donde crecen un pino, varios prunus y verde césped. Lo que no crecen son los perros que traen allí sus dueños a defecar. En Laguna las viviendas son pequeñas y por tanto, al igual que se pide al IKEA módulos pequeños que quepan en nuestras casas, se piden perros pequeños. Aquí no queremos mastines, pastores alemanes, gran daneses, San Bernardos ni nada por el estilo; aquí lo que queremos son chihuahuas, pequineses y demás que ladren a una frecuencia estridente que moleste a los oídos de los vecinos, creando un efecto sorpresa con la consiguiente taquicardia al transeúnte que pasea cercano a estos canes. España es uno de los países con mayor tasa de ruido en las ciudades. No debemos perder esas tradiciones que nos han hecho grandes en el mundo y por eso debemos conservarlas. Nuestros canes nos ayudan mucho a conseguirlo y desde aquí les brindo mi homenaje.
¡Qué estampa más idílica! Estoy viendo cómo un pequinés está haciendo fuerza. Ánimo, pequeño, pon tu pequeña aportación a este mundo para que alguien se la lleve como recuerdo en el zapato, para que nadie pueda tumbarse en el césped, para que sepan aquí quién manda. Nosotros, los humanos, tenemos las ciudades, pero vuestros son los parques, que lo sepa el mundo entero. Y mientras, tu dueña te mira con sonrisa beatífica, casi tan orgullosa como cuando ladras a los vecinos al pasar y ella dice apelando a su compresión: "no se preocupe, es inofensivo" A muchos podrían darle ganas de gritarte: "maldito perro", pero lo más propio sería decir: "Maldita hija de perra".
Que se lleven sus daneses y sus mastines a los chalés de la sierra. La periferia bendice los chiuauas, que son alegría y enternecen con esos ojitos grandes y esos cuerpos enjutos. Vivan los pequineses y su cara de mala leche, capaces de ahuyentar al más pintado Rotweiler, por cierto, también muy de moda entre los hijos de las mamás con pequineses.
Recordad, amigos; hay dos señas de identidad que definen una ciudad: las deposiciones de las palomas y la de los perros tamaño mini. Si un día adornan vuestras solapas y vuestros zapatos, dáos por agradecidos: os han dado las dos grandes condecoraciones al mérito urbanita, el mayor galardón que la ciudad concede a sus hijos..

lunes, julio 16, 2007

Hace tiempo leí en alguna parte que a principios de siglo supuso un pequeño pero importante drama humano la llegada de las farolas eléctricas en las ciudades. Me refiero a los operarios que se ocupaban del mantenimiento de las luces de gas. De repente, se quedaron sin trabajo y por lo tanto, sin sustento. Familias enteras con un lúgubre interrogante encima de sus cabezas.
Sobre una cosa parecida trató con mucho acierto Benito Pérez Galdós en su novela "miau": en ella trata de un funcionario y su familia que se ven abocados a la pobreza porque deciden cesarle. El hombre queda hundido, a la espera de que vuelva a requerirle el estado y poder recuperar así su medio de vida.
Ejemplos de situaciones similares a ésta hay muchos: los porteros humanos que desaparecen con la llegada de los porteros automáticos, los mineros que pierden su trabajo por la llegada de un carbón más barato de otros puntos del planeta; los trabajadores de astilleros que pierden su trabajo porque es más barato construir barcos en otros sitios; la teleoperadoras que pierden su trabajo porque la empresa de Telecomunicaciones encuentra más baratas las teleoperadoras argentinas... Ejemplos, los hay a miles.
Para evitar las anomalías derivadas estas situaciones, el gran capital nos propone como solución a los trabajadores el reciclarnos, venga, a reciclarse, y cuando hayamos terminado de reciclarnos, volvernos a reciclar otra vez. Que el soldador de astillero haga un curso de Word; que la teleoperadora, de idiomas, que el minero, de técnico instalador de placas solares (la energía del futuro, oiga). Si alguno de ellos tiene suerte de recolocarse gracias a este reciclado, será en empleos en peores condiciones laborales y de derechos que los que tenían anterormente. Y mientras, Antonio Fidalgo, secretario general del mayor sindicato español, Comisiones Obreras, defendiendo en las FAES las políticas neoliberales que han llevado a estas tristes situaciones. Y Federico Jiménez Losantos, el gran periodista fascista español, lanzándole loas y parabienes porque "Fidalgo representa el sindicalismo moderno"
Es curioso que, sin embargo, a Fidalgo no se le escuchara nada sobre la modernización de ciertas empresas. Me refiero, por ejemplo, a la modernización que tendría que llevar a cabo las empresas discográficas, ancladas en el formato cd que empieza a ser rechazado por el consumidor. Les recomendaría que para adaptarse a los nuevos tiempos bajaran el precio de sus productos, si es que verdaderamente quieren ser modernos en su lucha contra la piratería. Tampoco estaría de más una modernización de las empresas petroquímicas, cuyos productos venenosos deberían haber sido cambiados por otros menos contaminantes hace mucho tiempo. Igual sucede con la industria automovilística: llevan años haciendo los coches con motor a explosión ¿no va siendo hora de sustituirlos?. También se podría hablar del reciclaje de las industrias textiles: tantos años empleando mano de obra en estado de semiesclavitud exige una adecuación a los tiempos actuales, en los cuales queda feo la explotación. Por no hablar de la modernización de los bancos, que practican hoy más que nunca el viejo arte de la usura, y ya va siendo hora de que lo abandonen por prácticas más humanitarias.
En fin, son ideas tontas y locas de éste vuestro humilde servidor. Ya empiezo a entender mejor lo que significa la palabra neoconservadurismo: lo neo es para los obreros, es decir, nuevas formas de esclavitud, explotación, pobreza y maldad; y conservadurismo, que es el respeto por las castas dominantes y sus tradiciones, al dios dinero y a sus canales que posibilitan que el dinero entre en los mismos sitios de siempre.
Y mientras, Fidalgo haciendo de monigote con corpachón del nuevo fascismo. Pues qué bien, allá él con su conciencia. Pero no veo ésta buena manera de reciclarse. Tal vez, la mejor hubiera sido dimitir y largarse a su casa. Esa sí que es una buena forma de modernizarse. Ya estás tardando, Antoñito monigote. Recíclate de una vez y para siempre.

domingo, julio 15, 2007

Acabo de ver la excelente película de Robert Zemeckis "Regreso al futuro", y juzgo que esa producción es bastante mejor que muchos de los estrenos actuales. Sin embargo, he encontrado que su guión, con ser brillante, recurre a alguno de los tópicos del cine norteamericano (dicen varias veces eso tan sobado, manido e indemostrado tantas veces por tantos hombres de que uno puede conseguir todo lo que desea sólo con proponérselo) Además, justo en el tramo final, recurre a una de esas manipulaciones que se hace más evidente con el paso del tiempo.
En varias secuencias de la película se hace referencia al robo por parte del profesor de material radiactivo a terroristas libios. En una de las últimas secuencias, el personaje interpretado por Michael J. Fox se le llena la boca cuando ve entrar en el aparcamiento a la Volkswagen conducida por la terrorista: Libios, dice con toda la expresividad de la que es capaz. Podrían ser marroquíes, italianos, egipcios o españoles. Pero son libios, uno de los pueblos malos de moda de los ochenta.
Por aquella época, Ronald Reagan (al que también se menciona en la película, más simpáticamente que al puelo libio, todo hay que decirlo) se las tenía tiesas con varios pueblos desgraciados del planeta: es el caso de Nicaragua, cuando en 1984 apoyó a los militares y palamilitares en contra del gobierno legítimo, que propiciaron enormes pérdidas en vidas humanas y económicas en el país. O el polémico caso del Irán-Contra, donde algunos de sus altos funcionarios de la administración se vieron implicados en la venta de armas a los iraníes para ayudarles a masacrar iraquíes. Como vemos, lo de hacer el mal al pueblo de Irak viene de lejos. Por cierto, posteriormente, George Bush padre se encargó de conceder el indulto a los altos funcionarios implicados en el escándalo. Igualito haría su hijo con Libby, otro sinvergüenza que llegó muy lejos en la Casa Negra, que es como se debería conocer a partir de ahora la residencia presidencial, por culpa de una de las dinastías más corruptas de la historia, acaso de peor catadura y más mortíferos que los Claudios o los Borgia, que ya es decir.
En la época en que se filmó "regreso al futuro", Rambo se encargaba de ayudar a los afganos a liberar el país de la opresión comunista, y James Bond se encargaba también de ponerle las cosas difíciles a los rusos en los destinos más turísticos del planeta.
El 15 de abril de 1986, Ronald Reagan ordenó el bombardeo de Trípoli y Bengasi, al parecer en represalia por el ataque de unos terroristas a una discoteca de Berlín frecuentada por ciudadanos estadounidenses. Vamos, todo en su justa medida: vuelan una discoteca del norte de Europa, y a cambio, armas una masacre en dos ciudades del norte de África.
Muchos estadounidenses saldrían de ver "Regreso al futuro" pensando en que los libios son tipos fáciles de engañar y tontos, pero muy peligrosos por tener uranio, componente fundamental para hacer una bomba atómica. Cuando al día siguente, supieran que su presidente, ese simpático cow-boy que también menciona la película, ordenaba el bombardeo contra dos ciudades libias, no lo verían con malos ojos, dado que serían guaridas de libios tontos, pero peligrosos como los de la película.
Se podría hacer un documental de cómo en series de televisión o en películas como ésta que os menciono, el gobierno norteamericano extendió su brazo manipulador para vender a la globalidad del público sus sucias maniobras contra los pueblos iraquíes, libios, nicaragúenses y por qué no decirlo, soviéticos y afganos.
He de reconocer que Regreso al futuro es un gran producto cinemátográfico, pero desgraciadamente está contaminado por ponzoña ideológicamente interesada. Un pequeño veneno que no mata, pero que nubla la razón. Afortunadamente, ahora el veneno en forma de actores disfrazados de terroristas libios es totalmente inocuo, y podemos disfrutar de esa magnífica película, ya que hoy el gobierno estadounidense no tiene necesidad de matar a libios. Al menos, de momento. Ahora, lo que nos debe preocupar son esas películas actuales en las que no las están metiendo una ponzoña parecida sin darnos cuenta. Lo malo es lo sutiles que son, y a lo mejor tienen que pasar veinte años para que nos demos cuenta de que nos han metido doblado el turbante marroquí, si es que les da por invadir Marruecos, y eso que los marroquíes no suelen llevar turbante.

Una de las cosas que me gustaría saber es cómo los chistes llegan a tener éxito y quiénes son los que los inventan. Los chistes tienen en común con las leyendas urbanas en que alguien con mucha capacidad inventiva tiene éxito en que su invención pase de boca a boca y sea conocida por todos. No es fácil que una cosa creada tenga éxito. Os lo digo yo, que todavía no he visto reproducida en boca de alguien desconocido alguna de las ideas que aparecen en cierto blog que ahora mismo no me acuerdo de quién es. Tal vez porque lo que le interesa a una humilde persona no es siempre lo que le interesa la inmensa mayoría.
Deben ser muy inteligentes las personas que crean chistes y las que crean leyendas urbanas. De los primeros, decir que son además buenas personas, porque aquél que se inventa un chascarrillo con el único objetivo de hacer feliz al prójimo debe ser, además de listo, buena gente. Los chistes no se inventan con ánimo de lucro, los únicos que se lucran son los cuentachistes profesionales, a los que no les quito mérito en lo suyo, pues el interpretar un chiste es cosa difícil de hacer bien. Yo, cuando intento hacer de cuentachistes suelo fracasar estrepitosamente, pues contar mal un chiste es una tradición en mi familia que hemos intentado mantener generación tras generación, con la penalización de desheredar al miembro que se le ocurra contarlos bien. No obstante, pese a pertenecer a una estirpe de destripachistes, dedico mi homenaje a los creachistes y cuentachistes.
En cuanto a los que crean leyendas urbanas, he de decir que, pese a que son un poco rufianes y fantáticos, admiro su talento y pienso que deberían pensar en dedicarse a labrarse una carrera como guionistas de cine, televisión o similares. Algunas historias son verdaderamente geniales y deberían figurar en la historia de la literatura como raras piezas de talento dignas de ser conservadas. Son quizá de lo mejor de la literatura oral actual. Ser escritor de novelas de poemas o de piezas literarias es ser también un mentiroso, y no los hay más mentirosos que esos que idearon la historia los caimanes de las cloacas de Nueva York, el submarinista en la copa del árbol, o la señora fantasma del cruce. Si tuviera una copa en mi mano brindaría por ellos. Yo sé lo difícil que es sacar algo de la nada, y ellos lo han hecho brillantemente, aunque con mucha mala leche, todo hay que decirlo.
¿Os he contado la última leyenda urbana del bloggero que metía entre unos mensajes aparentemente benévolos y sin que se dieran cuenta sus lectores, mensajes subliminales para que la gente se hiciera cada vez más fascista y provocar así el advenimiento del cuarto Reich? Es una historia que pone los pelos de punta. Otro día os la cuento.

jueves, julio 12, 2007

Me retracto: la vida no es una mierda, sólo quería que llegara pronto la ambulancia.
Las curas de emergencia eran sin duda insuficientes para lo que necesitaba Roberto. Empecé a maldecir la Castilla de mis antepasados, esa Castilla que en muchos aspectos todavía tenía que progresar. Estábamos en medio de la nada y la ambulancia era un Godot con motor de explosión
Pero por fin llegó. Estaba tan hundido, que no pude evitar pensar que ya para qué venía. Mi amigo estaba en plena agonía, y dos horas era demasiado tiempo de espera. Demasiado tiempo. Los conductores de la ambulancia nos dijeron que le llevarían a Segovia capital. A sesenta kilómetros de donde estábamos. Una hora por esas carreteras asquerosas.
El sol había salido. Hay una sentencia que dice: "Ni el sol, ni la muerte pueden mirarse fijamente." Es mentira, pura mentira. El sol de Castilla se vio con la muerte. Con la de mi querido, amado amigo Roberto.
Nada pudieron hacer por él los médicos. Uno lloraba de impotencia por ver cómo se marchaba un joven que principiaba en la vida. La autopsia que le hicieron en horas psteriores reveló que Roberto estaba totalmente destrozado por dentro, y aunque hubiera sobrevivido, lo hubiera hecho como un vegetal, siendo sólo una leve sombra de lo que fue.
En esa carretera dejó dieciocho años, y sus amigos dejamos la inocencia. Su madre y su hermano dejaron algo más: las ganas de vivir. Fueron los que más perdieron y a los que sobre todo va dedicado este relato, que no es otra cosa que el recuerdo perenne del que fuera uno del mis grandes amigos hechos verano tras verano.
A otra persona que se le arruinó la vida fue al conductor del coche: nunca sabremos con certeza qué le pasó aquella noche, sólo puedo dejar constancia de que la policía le hizo pasar un control de alcoholemia y el chico no dio positivo: no bebió apenas nada.
Sólo el sabe lo que ocurrió aquella noche: puede que la fatiga hiciera que se durmiera al volante y se encontrara en medio de una curva al despertarse, o puede que se asustara al cruzarse un animal en su camino. Nadie me dijo nada de lo que le pasó. Él y los demás ocupantes salieron prácticamente ilesos, sin apenas heridas o lesiones. Roberto se llevó el daño de todos.
Trece años. Hace ya trece años que esto aconteció. Muchos de los chavales que forman las pandillas de mi pueblo ahora nacieron por esas fechas, y juegan y se ríen juntos y empezarán a irse de fiesta a los pueblos cercanos como lo hacíamos nosotros. Y nosotros, ya treintañeros, que ya no vamos al pueblo, que ya casi se nos olvidan las caras de los unos y los otros, que dejamos a uno de los nuestros en el camino... ya se nos pasó el tiempo de jugar...y la inocencia.
La historia podía haber sido muy distinta, porque hacer cualquier cosa insignificante podría haber cambiado el destino de Roberto: que entre todos hubiéramos decidido quedarnos en el pueblo, que hubiéramos vuelto un poco antes, que el conductor se hubiera tomado un café, que hubieran puesto la música del coche más alta, que se hubieran quedado en Coslada... Son tantas las pequeñas alternativas que podían haber salvado la vida de Roberto, que asusta pensar que en el fondo la vida (y la muerte, como parte de la vida) esta sólo hecha de pequeñas insignificancias.
Roberto, te recordaré siempre. Me encantaría volver a reunir a la pandilla otra vez, hoy dividida porque cada uno tomó su camino y que te recordáramos juntos, aunque creo que ninguno de nosotros te ha olvidado. Seguro que no. A todos nos han pasado cosas buenas, cosas similares a las que tú hubieras vivido: ahora podrías tener un hijo, o dos o tres o simplemente, ser un soltero feliz y don Juan. Pero cualquiera de las dos cosas ya no son para ti. Como ninguna otra insignificancia feliz, maldita sea.
Quise contar esta historia como si fuera un cuento, porque para mí los cuentos no son otra cosa que una narración en la que los personajes pierden su inocencia. Y vaya si la perdimos, en ese agosto, en esa llanura castellana.
Ya te he dicho adiós muchas veces, amigo mío, pero nunca te vas. Así debe ser. Así será siempre.
Cuántas veces habré escuchado esta frase dichosa: ya nada se puede hacer. Y es verdad; ya nada se puede hacer, sólo escribirlo, que es bien poca cosa y a veces pienso si esto tendrá sentido. Lo que ocurrió, ocurrió y nada puedo hacer por cambiarlo. Qué insignificantes que somos y lo fácil que es apartarnos del camino.
Si os digo la verdad, a partir de este punto de la historia, todo lo recuerdo como una de las peores pesadillas que jamás he tenido. Lo bueno que tienen mis pesadillas es que las olvido fácilemente, mientras que tengo una memoria muy buena para las fruslerías, tanto oníricas como reales, de la confitería del recuerdo. Poco sitio hay para los productos amargos como éste. Desgraciadamente lo hay. No lo quiero recordar, lo quiero tirar, pero sigo guardándolo en un estante perdido del almacén de la trastienda de mi dichosa tienda.
Amanecía en esa parte del campo llano de Castilla. Dos pequeños Clíos avanzaban, a buen ritmo. Yo iba en el primero, en el que conducía César. Detrás, siguiéndonos, iban en el otro auto Tomás, Roberto y los amigos de este último.
No recuerdo qué canciones sonaban en la radio. No recuerdo de qué íbamos hablando. Sólo recuerdo un inmenso mar de campos recién cosechados y el sol ardiendo. Recuerdo que tenía ganas de que los cuarenta kilómetros de malas carreteras los recorriéramos pronto y poder meterme en la cama. Y otra cosa: empezaba a hacer calor en el pequeño habitáculo del Clio. También recuerdo que César no corría, pues era momento de tener precaución. No era para menos: la vía no era buena. Un ojo puesto en la carretera y el otro puesto en el retrovisor para ver si el otro pequeño Renault, donde iba su hermano, nos seguía. La cosa iba bien, hasta que en un abrir y cerrar de ojos perdimos el coche. "Joder, ya no les veo: aminoraré la marcha""Asómate por la ventanilla, a ver si les ves""nada tío" "¿qué ha pasado?""¡Qué hacemos?""Pues yo qué sé...Creo que lo mejor que podemos hacer es darnos la vuelta"
César hizo un cambio de sentido y entonces, después de recorrer unos pocos cientos de metros, vimos que un pequeño Clío destrozado, humeante. Se notaba que había dado vueltas de campana, pues tenía todo el habitáculo deformado. Había un chico tumbado boca abajo, llorando en medio del secarral: el conductor. Otro estaba llorando sentado, tapándose la cara. Mientras, Tomás se desgañitaba para parar un coche que pasaba en ese momento. Se montó tan deprisa que no se dio cuenta de que nosotros llegábamos al lugar del accidente. Se fue a buscar ayuda. Faltaba alguien en el cuadro. ¿Dónde estaba Roberto? De repente, esa nebulosa fruto del alcohol y del sueño se me pasó de un plumazo: sobresaliendo entre los hierros retorcidos del coche, vi un cuerpo que colgaba de cintura para arriba de la ventanilla, que llevaba una camisa negra de raso con letras doradas que me era muy familiar. Dios mío...
Otros antes que yo se habían dado cuenta del cuerpo que colgaba por la cintura en la ventanilla trasera del coche. Se apresuraron a ponerlo sentado dentro del habitáculo. Nadie allí teníamos idea de cómo tratarle, de cómo aplicarle primeros auxilios... ¿Qué hacer, Dios mío, qué hacer con él?
Entonces no había móviles. Sólo contábamos con que Tomás, que había ido al pueblo más cercano, encontrara rápidamente un puesto de socorro que pidiera una ambulancia, y que ésta se encontrara cerca del lugar del accidente. Los segundos se hacían minutos y los minutos, horas. Dios mío, ¿es que nadie podía socorrer a mi amigo? César estaba fuera de sí. Recuerdo que le intenté abrazar, pero estaba lleno de ira y de impotencia, ¿Qué podía hacer él por su hermano? Roberto estaba sentado allí, en el habitáculo maltrecho, como dormido. Nadie de los que nos encontrábamos allí podíamos hacer nada por él. Pero había esperanza: estaba vivo, gemía un poco, tal vez, si llegara la ambulancia pronto... Pero sus heridas, tenían tan mal aspecto...la del brazo izquierdo era horrorosa. Después supe que fue el peor de los daños estaba en esos sitios de su cuerpo que nosotros no podíamos ver.
¿Por qué tardaban tanto? Hace tiempo que se fue Tomás a pedir ayuda. Dios mío, tenía que ocurrinos en esas carreteras de mala muerte...Alrededor todo es campo, campo y más campo. No corre una brizna de aire. Todo signo de civilización a la vista es un tractor que se veía a lo lejos. Noto que me asfixio, maldita sea...Tengo que calmarme...Esto no puede estar ocurriendo... ¿POR QUÉ NO VIENE LA PUTA AMBULANCIA?
Todos nos alternábamos para dar palabras de ánimo a Roberto. Tienes que vivir, tienes que vivir, maldita sea. Es un crimen que un muchacho de dieciocho años se deje la vida entre los hierros de esa lata de sardinas que era el Clío. Le susurraba a mi amigo. Por favor, lucha ¡LUCHA, ROBERTO, LUCHA, POR LO QUE MÁS QUIERAS!
Poco a poco, aquello se fue llenando de coches. Eran de la gente de mi pueblo que como nosotros, volvían tarde a casa. Veía a chavales que se hacían los tipos duros en circunstancias normales llorar como magdalenas. Veía cómo en el fondo hace una hora no éramos más que chiquillos que sólo pensábamos en divertirnos, y esto era el mundo real, el de mi pobre amigo yaciente entre un amasijo de hierros que apenas si había cruzado el umbral de la puerta de la madurez. Qué pequeño me sentía entonces, qué insignificante e idiota me sentía, que insignificantes me parecía mi vida de tan sólo unas pocas horas antes. Pero cuánto echaba de menos esa despreocupación, ahora que Roberto está sufriendo, en mala hora dijimos de venir a Campaspero
Eran las ocho y cuarto, y empezaba a odiar enormemente a ese maldito Clío de chapa endeble que apenas si pudo proteger a mi amigo. Éramos una veintena de personas medio zombies, deambulando, impotentes. El conductor no se había movido en ningún momento, sollozaba y sollozaba y no decía más que frases ininteligibles.
La petición de auxilio de Tomás tuvo su efecto y vino un coche policial de atestados y una furgoneta que tenía toda la pinta de ser una ambulancia. Por fin, Roberto, es posible que te salves ¡Gracias a Dios! Roberto, te van a llevar al hospital y te vas a poner bien...
¿La protección civil? ¿Por qué no había venido un médico con ellos?
Nos explicaron que ellos poco podían hacer ante esta situación. Se había llamado a una ambulancia que llegaría de Cuéllar, el pueblo más grande de la zona, y el único con un centro sanitario en condiciones. Yo le pregunté a uno de ellos si había lugar para la esperanza. Se encogió de hombros y me dijo "eso lo sabremos cuando le vea un médico" Maldita sea nuestra suerte
Mientras, los de atestados interrogaban a los testigos más inmediatos del accidente sobre lo que había pasado. Pasaban los minutos y esto cada vez tenía un cáriz más oscuro. Pero que muy oscuro. Y no por las consecuencias penales para el conductor que en aquellas circunstancias, ni a él mismo le importaba lo que pudiera pasar.
Eran las nueve de la mañana y ninguna furgoneta había venido a llevarse a nuestro Roberto.
Mierda de vida.

miércoles, julio 11, 2007

Yo no quería beber más, para mí ya era suficiente. Como ya dije estaba muy bebido y por rehusé a seguir tirando más al juego de los monos. Además estaba muy cansado, y no era el único. Observé al amigo de Roberto que trajo el coche. Bostezaba, se le veía tan cansado como lo estaba yo. Rechazaba la cerveza que le ofrecían. "No, que tengo que conducir" Desde luego, en ese punto se le veía juicioso, pensé. Según me contaron después, no hacía ni una semana que aprobó el carné de conducir. Sin embargo, no tuvo miedo de hacerse los ciento cuarenta kilómetros que separan el pueblo de Coslada, más los otros cuarenta que hay del pueblo a Campaspero. Recuerdo que, antes de venir a Campaspero, Roberto le interrogó "¿Qué hacemos? tú eres el que conduce" El chico hizo un ademán de duda; a mí me dio la impresión de que tal vez, si por él hubera sido, nos habríamos quedado en el pueblo pasando el rato.
Consulté mi reloj digital y eran las siete menos cuarto. las chicas de mi pandilla ya se habían ido, incluida Raquel, para decepción de Roberto. Ya éramos pocos los que quedábamos y tocaba irse. Yo ya soñaba con mi cama. Todo me daba vueltas. El que seguía con el mismo ritmo de siempre era Tomás. No he conocido otra persona con más vitalidad que él. Siempre hiperactivo, siempre con ganas de hacer cosas. Era de ese tipo de personas que no podían parar. Él seguro que hubiera aguantado hasta las doce de la mañana. Pero todos los demás estábamos todos muy cansados y tocaba irse. Además, estábamos justo los diez que habíamos venido. Era hora de volver a casa.
Nos esperaba una ruta de carreteras que en su primera parte sería de carreteras largas, pero estrechas; la segunda parte, sería de carreteras más sinuosas, atravesando pequeños cerros. Campaspero estaba situado en una típica llanura castellana, todo lo contrario que mi pueblo, que está en un pequeño valle que con paciencia había excavado el río Duratón. La primera parte del trayecto sería una sucesión de mares de trigo y girasoles; un poco después, llegando ya a mi pueblo, lo que veríamos serían campos de remolacha y de vides sarmentosas, que estaban pidiendo a gritos la llegada de septiembre para que les liberaran de la pesada carga de la uva y que a ver si al año siquiente les ponían en compañía de los girasoles, que viviendo en el llano, lucían mejor cara.

martes, julio 10, 2007

La cuatro de la mañana. Ya estaba con una borrachera bastante considerable. Los recuerdos me son borrosos a partir de este punto. Lo malo es que, sólo unas pocas horas después, recuperaría mi lucidez de la peor forma posible.
Bailé merengues, pasodobles y todo lo que se terciaba con mis amigas que habían venido a la fiesta. Con todas. Y aunque estaba borracho, no pegué un pisotón a ninguna, cosa que tiene mucho mérito para mis pies que calzan un cuarenta y cuatro y para mi cabeza, que a esas horas bailaba todavía más que el resto de mi cuerpo. Menos mal que al día siguente descansaría por lo menos hasta las cuatro. O eso creía yo. A esa hora, ya no estaba yo para iniciar otra maniobra de cortejo: la bengua ze me trababda, eeeh, no. La legua se me traba...traba...trababa y no estaba en condiciones de ser tomado en serio por ninguna mujer; si sobrio estoy en pocas condiciones de ser tomado en serio por ninguna mujer, imagináos borracho. En cambio, Tomás y Roberto, pese a haber ingerido la misma cantidad de alcohol que yo, estaban bastante más serenos. Roberto tenía que aguantar el tipo, no en vano estaba con Raquel, una de las muchachas más guapas del pueblo, a la que habían puesto los ojos incluso gente de las otras pandillas. Raquel era realmente muy guapa y esa noche, el premiado fue Roberto.
Se le veía pletórico: Había traído a sus colegas de Coslada y fueron testigos de cómo una tía de bandera le agarraba por la cadera. Se fue un momento Raquel a donde estaban las chicas, que habían ido a comprar pulseras en los puestos de ls feria. Roberto se quedó con nosotros.
- Tío, no me habías dicho que a ti te gustaba Raquel
- Hombre, estas cosas cuanto menos se sepan, mejor
- Joder, macho, qué callado te lo tenías
- La verdad es que es maja
- ¿y qué vas a hacer? ¿Vas a seguir con ella?
- ¡Y yo qué sé lo que vamos a hacer! Venga, vámonos a ver si nos sacamos unas cervezas a los monos.
Yo no tenía ganas de beber más, pero bueno: sólo se vive una vez, decía una canción de Gabinete Caligari, de un album que habían sacado hacía relativamente poco tiempo.

lunes, julio 09, 2007

La gente no está acostumbrada a la franqueza. Sobre todo el novio de la chica que te pretendes ligar ¿Pues no debería estarme agradecido de ser sincero con su chica, y hacerla ver que mis intenciones eran nobles? Yo quería ser novio formal de ella. Como él.
Yo le comprendo: ves a tu novia, que es un pedazo de mujer, a la que un tipo medio pedo la está agarrando de la cintura, hablándole muy cerca del oído, y con todas las malas intenciones del mundo, cual Calisto a ritmo de George Dann. No es un cuadro que guste mucho de ver, seas lo celoso que seas: tres son multitud.
- Joder, llevo esperándote ni se sabe el tiempo ¿No quedamos en vernos en la plaza? Menos mal que me han dicho que estabas aquí; ya podía estar esperándote. ¿Y este pollo quién es?
- Es un compañero de clase.
- Vale, muy bien. Hala, hasta luego, chaval. Nos vamos a la plaza.
Yo noté que Natalia dudaba. Al final, creo que decidió que no estaba bien montar una pelea en el pub, que quedaba machista y todo eso. Inteligente y prudente, Natalia. Otras, en su lugar, habrían alimentado el espectáculo, toda chulas viendo cómo dos gallos se dejan hasta las crestas en una pista por ellas, gallinas cluecas, mientras el bakalao zumba que te zumba. "Esta tía vale lo que pesa, qué suerte tiene su maromo" Pensé-
- Bueno, Opo, nos vemos.
- Vale, Natalia. No sabes la alegría que me ha dado el verte.
- Vale, que sí, que pírate.. Me dice el novio.
"No le contestes, no líes más las cosas, Opo" Pensé -"De todas maneras, tiene razón" En fin, vi alejarse la oportunidad de ser feliz que se me presentó aquella noche. Qué se le va a hacer. No sabía si pedirme otra copa allí lamentándome de mi mala suerte (hacía poco que había visto por primera vez Casablanca, y en mi mente visualizaba a Rick borracho lamentándose de que su amor estuviera en brazos de otro) o salir a buscar a los colegas. Ganó el sentido práctico. Salí a la calle en busca de ellos.
Es una pena que las cosas nunca salgan como tú quieres ¡Cuánto cuesta conseguir todo! A unos más que otros, puesto en el camino a la plaza, vi a muchas parejas besándose como si hubiera llegado la apocalipsis y quedaran pocos minutos de disfrutar la vida. No pude evitar mirarlos con tristeza: se me fue Natalia.
En fin. Después de un rato de búqueda, encontré a mis amigos en la plaza, haciendo el gañán, bailando el paquito el chocolatero, sin duda, la canción de todos los veranos de las fiestas de los pueblos de España. Como quien no quiere la cosa, me uní al baile en la parte en que se hacen histriónicas reverencias, presentando el respeto a Dios sabe quién.

domingo, julio 08, 2007

-¡Anda, pero si está allí una de mi clase! Voy un momento a saludarla.
Natalia era una chica morenita que fue compañera mía ese año de las clases de teatro. Para mí estaba muy buena, demonios, cómo me gustaba, pero nunca me atreví a pedirle nada. Siempre temes estropear una amistad por cosas así, ¿Pero qué es al amor, sino amistad elevada al cuadrado? Natalia era de esa clase de mujeres tímidas, un poco apocadas, pero tenía algo...qué demonios, que me molaba y punto. Me armé de valor, me terminé de un trago al whisky, y fui con paso decidido hasta donde estaba ella con sus amigas.
-Nataliaaa.
-Hola Opo. No sabía que eras de por aquí, ¡Qué sorpresa!
-Ya te digo. Jo, no sabes de lo que me alegro de verte. ¿Es éste tu pueblo?
-No. Uno más pequeñito. Está a seis kilómetros de aquí.
-El mío está más lejos. Hemos tardado cuarenta minutos en llegar. ¿Te tomas una cerveza conmigo?
-Bueno, pero poco tiempo, que me voy a tener que ir porque he quedado con mi novio luego en las casetas- Mi gozo en un pozo ¿Porqué todas las que me gustan han de tener noviooo? Pensé yo con la moral por los suelos.
No pude evitar poner una enorme cara de decepción y yo creo que ella se dio cuenta de ello.
-¿No sabías que yo tenía novio?
"Abrigaba enormes esperanzas de que no fuera así"-Pensé-
-Eeeeehhh, pues no. Nunca hablamos de ello en las clases de teatro, y eso que tuvimos tiempo. Pues no echamos horas haciendo las obras y las representaciones. ¡Si fue con diferencia la asignatura a la que dediqué más tiempo!
-Jolines, yo acabé de la obra que nos tocó harta. Además, creo que no lo hice muy bien
-Perdona, pero eso es mentira. Aparte de que lo hacías muy bien, estabas preciosa haciendo de señorita Julia. Ese vestido decimonónico que llevabas... Jo, parecías una dama victoriana, pero de las guapas de verdad.
-¡Qué tonto eres!- me dijo sonriendo.
- Que sí, que sí. Bueno, ahora estás muy bien con tu blusa y tus vaqueros, pero creo que los vestidos decimonónicos te quedan muy bien- "Ay, Opo, qué tonterías estás diciendo. Entre las paridas que sueltas y el novio, me parece que Natalia no es para ti"- Pensaba yo.
- Anda, Bobo. Tú tampoco estabas mal haciendo de Max Estrella. Tienes sensibilidad con la interpretación.
- A mí me gustó mucho cómo hiciste de Señorita Julia. Si lo sé me pido hacer de tu mayordomo. Por besar...Por hacer juntos la obra - Me estaba traicionando el subsconsciente. Maldita sea, lo que me gusta esta chica y todo está en mi contra. Tiene novio, estoy un poco pedo y creo que estoy picando muy alto. Que no, que no. Aparte, que a mí no me gustaría que me intentaran levantar a mi novia.
- ¿Cuánto tiempo llevas con tu afortunado novio?
- Le conozco desde siempre, pues venimos todos los veranos al pueblo. Pero empezamos a salir el verano pasado. Y bueno...
- Jo qué suerte tiene. Es que eres preciosa.
No lo podía evitar. A partir de ahí, la tiré los tejos todo lo que pude. Agarré su cintura, la hablaba al oído...El caso es que ella tampoco se oponía. No se zafaba de mí y yo, entre las copas que llevaba encima y que ya me daba igual todo, no paraba de decirle lindezas y alguna que otra barbaridad. Yo pensaba que muchas no las oiría por la música, quería pensar eso, estaba siendo demasiado franco con ella. Demasiado franco.
Y unos ojos como de toro en San Fermín nos estaba observando.

sábado, julio 07, 2007

La vida de un veraneante joven de pueblo consistía básicamente en pasar las noches de fiesta en fiesta, a ser posible besando alguien al alba. La cosa empezaba en los monos en los que se conseguía cerveza y acababa, con un poco de suerte, entre los brazos de alguien. Deseaba yo que esa noche no se saliera del guión.
En el bar donde entramos sonaba, a todo volumen, "The Rythm of the night" Era una canción de un techno que todavía era agradable de escuchar. El Bakalao espantoso estaba en pleno apogeo, pero todavía había melodías electrónicas que no estaban mal. Lo malo es que a mí, con lo que siempre me ha gustado rajar, me impedía desplegar las verbales artes amatorias que yo creía poseer. Pero en las discotecas y pub no servían de nada. De todas maneras, ingenuo de mí, yo veía que la gente se liaba sin apenas hablar ¿Cómo era posible? No concebía que don Juan se camelara a Doña Inés sin esas parrafadas que le soltó. Por ejemplo, Raquel una chica de mi pandilla, siempre fue muy parca en palabras. Sin embargo, en el rato que me había ido a pedir un Whisky con Cola, se enrolló con Roberto. ¿Cómo habrán hecho para ponerse de acuerdo para morrearse? Porque pese a que es muy guapa, es muy tímida, y cuesta sacarle las palabras. ¿Cómo demonios se las apañó el muy gañán para llegar a la lengua sin pasar por la lengua? Quizá su sonrisa a lo Josema Yuste valga más que mil palabras.
En fin, yo les veía dale que dale, y envalentonado como estaba con el cubata, puse en marcha mi radar para ver si encontraba a alguna dispuesta a compartir un bonito recuerdo de aquella noche conmigo como el de Roberto y Raquel. Yo tenía siempre más moral que el Alcoyano para estas cosas, pero lo cierto que la vida no es como esas comedias americanas en que todos acaban liados con todos. Por lo menos no era verdad para mí. Otros tenían más suerte o habilidad que yo: Óscar, Tomás, los dos Robertos... En fin qué le vamos hacer. Las chicas no están para prosodias: quieren que uses la lengua para otras cosas y que cuides tu aspecto, que no se lían con cualquiera.
Habían cambiado el techno vailable de Corona por "quiero tener tu presencia", de Seguridad Social. Ya me estaba yo poniendo nervioso, como Alfredo Landa en las pelis con suecas. Madre mía, qué chicas había en el local. Un momento... ¿Esa no es
Natalia, de mi clase?
-Chicos, ahora vengo.

viernes, julio 06, 2007

Los dos coches avanzaban por la carretera echando un pulso a la oscuridad con cuatro pequeños ojos. Era una batalla perdida. La oscuridad es omnipotente y se ríe de la insignificancia de diez muchachos, a los que hace desaparecer de un plumazo por mucho que avancen. La batalla está perdida, y somos muy frágiles.
- Jolines, qué noche más cerrada. No se ve nada. A ver si llegamos una vez a Campaspero- Comenta Marta, que va sentada en el asiento del copiloto, al lado de César.
- ¿Veis que vengan detrás el coche de los colegas de mi hermano?- Pregunta César.
- Sí, veo el Clío blanco. Y veo a tu hermano, que me está haciendo muecas ¡Será cabrón!
- Bueno, ya queda poco. Veo las luces de pueblo un pueblo grande a lo lejos. Creo que ya estamos llegando.
Efectivamente, a los pocos minutos, la música de la feria empezó a entrar en el habitáculo del coche "uhhh, baby I love your way" Empezamos a bailar dentro del coche. Qué ganas de marcha teníamos todos.
- César, aparca donde puedas por aquí, porque si avanzas más hacia adentro del pueblo, hay menos posibilidades de encontrar sitio- Dijo Marta.
- Joder, cómo está ésto de coches. Ha venido media provincia de Segovia. Madre mía, si es que no cabe uno más. Voy a ver si en este descampado queda algún hueco libre...Efectivamente. Para los dos Clíos. Comienza la fiesta ¡A quemar Campasperooooooo!
- Tíos, somos los putos amos-Decía Tomás.
Lo primero, había buscar a los miembros de la pandilla que habían venido antes, pues ya llevaban aquí un rato. Después, ir a los sitios que nosotros llamábamos los monos. Los monos eran los sitios donde nos aprobisionábamos de bebida, generalmente cerveza. Tenías que tirar a tres monigotes con tres pelotas. Si lo lograbas, te daban
una litrona. En mi pandilla había muy buenos tiradores, con lo que casi siempre había premio. y buenas borracheras, claro. Beber nos era relativamente poco costoso.
No toda la gente de la pandilla había venido. Se habían quedado, por ejemplo, mi hermano y Javi, el hermano de Tomás. Jorge había venido en el coche de su hermano, que era guardia civil, que casi siempre se libraba de los controles de alcoholemia enseñando la placa. Es más, a veces, el muy caradura se permitía el lujo de amonestar a sus compañeros de servicio, llevando encima media botella de J&B. Cosas de la benemérita. En fin, de nuestra pandilla estábamos en Campaspero, si la memoria no me falla, Zoila, Jorge, Mariluz, Raquel, César, Marta, Roberto, los amigos de Roberto, Tomás y yo.

jueves, julio 05, 2007

-¿Y si nos quedamos aquí en el pueblo? Dijo alguien
Yo no dije nada, pero esa noche no me hubiera importado quedarme.
-¿Tú cómo vas? Al fin de al cabo, eres el que tiene que conducir - Le dijo Roberto a su amigo que trajo desde Coslada en el coche, un Renault Clío blanco. Se había sacado el carné hace tan sólo una semana. Compartía el coche con su madre.
-Estamos en tu pueblo -Le contestó- Si tus colegas dicen que vayamos al pueblo ése, pues vamos.
La cosa no estaba clara. Nos pedimos unos botellines y estuvimos un rato charlando. A mí me encantaba esos momentos, en los cuales sacábamos anécdotas de lo que nos había pasado en veranos pasados y nos partíamos de risa. Además, me parecía increíble que justo a la hora en que en la ciudad empezamos a volvernos a casa, aquí es cuando comenzaba la fiesta: sobre la una. Los de la otra pandilla del pueblo, un poco mayores que nosotros, comenzaron a salir en sus coches. Poco a poco, el bar se fue vaciando de clientela. Como había solidaridad entre pandillas, los que tenían algún hueco libre nos preguntaban a alguno de nosotros que si nos íbamos con ellos. El interpelado siempre miraba al resto preguntando con el rostro algo así como "oye, que si me voy con éstos, es para que luego vengáis vosotros" Poco a poco, alguno de nuestra pandilla partía hacia Campaspero con ellos. Al final, sin que nadie lo verbalizara, todos habíamos decidido que había que ir allí. Sólo se vive una vez.
A todo esto, llegó César en compañía de Marta. Ya sólo éramos diez jóvenes los que quedaban en el bar.
-Bueno, chicos, que, nos vamos, ¿no? Dijo alguien. Virginia se está durmiendo- Virginia era la mujer que regentaba el bar.
-Yo creo que ya va siendo hora de irnos.
Y todos salimos rumbo a las fiestas de Campaspero.
Nos distribuímos en dos Clíos: el de César y el del amigo de Roberto. Yo iba en el coche de César. Era un coche pequeño, y los que íbamos detrás estábamos algo apretados. César arrancó con un fuerte rugido del motor, al que respondió el dueño del otro Clío, donde iban Roberto y Tomás con los amigos del primero. La noche estaba oscura. Nos esperaba cuarenta minutos de camino por carreteras estrechas, donde cuenta la leyenda que el Helloween, el camionero más loco de Segovia y campeón de pulso por Extremadura, puso su Opel Kadett de inyección a ciento ochenta. Qué peligro tenía el Helloween. Recuerdo que la primera vez que me fui de fiesta, con dieciséis años, me llevó él. Nunca olvidaré cómo adelanto a un R5 en una curva con su destartalado GS a ciento cuarenta. En el radiocassette sonaba "Big gun" de AC/DC a todo volumen. Cuando por fin paramos, besé el suelo, como el Papa. Dios, qué miedo pasé.
Afortunadamente, César era mucho más comedido al volante. No era para menos. Las carreteras no eran para llevar las velocidades que solía tomar Helloween y César no se las conocía del todo bien. Pese a que el Helloween se las conocía la dedillo, pocos de nosotros queríamos ir en su coche, salvo en casos de extrema necesidad. Como cuando a las ocho de la mañana te das cuenta que toda la gente de tu pueblo se ha ido y sólo queda él para que te lleve. Que Dios nos pille confesados.
En la carretera camino de Campaspero sólo había como iluminación las luces de los faros y la de las estrellas. Una cosa que me gustaba de mi pueblo es que podía ver mejor que en ningún sitio las luces del firmamento. En Madrid eso es imposible. Sin embargo, allí tenías un espectáculo para acordarte todo el año.
"he oído que la noche... es toda... magia" Sonaban los Héroes en el cassette del coche de César. Joder, pues es verdad.
- César, ¿queda mucho para Campaspero?

miércoles, julio 04, 2007

El pueblo de mi padre tiene, en invierno, apenas noventa y ocho habitantes. Pero es de los pueblos que en verano pueden llegar a quintuplicar la población. Los que emigraron trajeron a sus hijos los veranos, nosotros, que nos hicimos amigos a fuerza de venir.
Los dos Robertos, mis hermanos, César, Ricardo, Jorge, Tomás, Javi, Diego, Ruth, Diana, Raquel, Ricardo, Mari luz, Zoila, Elena, mi prima, Almudena, Óscar, Marta... y más que me olvido. Lo pasamos muy bien juntos, haciéndonos, como esos otros chicos de verano azul, adultos según pasaban los agostos.
¡Qué pueblo más pequeño! Mi chica, cuando lo conoció me dijo que no era especialmente bonito ni se significaba por nada. Es verdad que su pueblo de Córdoba, tan limpio, de casas tan blancas y grandes decía mucho más que este adusto pueblo castellano mío. A cada cual lo suyo. Pero yo, siempre que voy a mi pueblo, cuando poco a poco atravesamos los cerros pelados y tristes hasta llegar a él, no puedo evitar el sentir una emoción especial, un enorme nudo en la garganta. Cierta pena porque esos veranos hayan pasado tan rápido. Porque, parafraseando el poeta, ahora soy un fue. Y cómo me fastidia. Yo soy (fui) un chico que veraneó en uno de los pueblos más pequeños y con menos encanto de toda Castilla. Sin embargo, yo fui inmensamente feliz allí en esos veranos pretéritos.
Me cuenta mi abuela que ahora hay una cuadrilla de chicos importante allí "Como la que vosotros teníais, hijo" Ya. Me alegro mucho por lo que están viviendo, con cierta envidia sana. Pero no puedo evitar sentir pena porque no somos nosotros. "Al final, las cosas quedan, la gente se va. Otros que vienen las olvidarán. La vida sigue igual", que diría un conocido cantante.
En fin.
Retomemos la historia: aquella noche estábamos toda la juventud del pueblo reunidos en el bar de Cirilo pensando en qué hacíamos esa noche. Yo tenía un sueño espantoso y por eso tuve que tomarme un café para espabilarme. Logré sacar a mi padre dos mil pelas, con lo que podría tomarme a gusto esa noche una buena cantidad de cerveza y quién sabe si algún cubata. La noche pintaba bien, tanto si nos quedábamos aquella noche en el frontón como si íbamos a Campaspero.
¡Qué guapas venían las chicas! Su laca en el pelo, su maquillaje, sus vestidos estupendos... En cambio, los chicos llevábamos nuestros vaqueros zaparrastrosos y las camisetas descoloridas; nuestro vestuario no daba para más. Salvo Roberto, que aquella noche llevaba una camiseta bien molona, como de raso, negra, y de letras doradas. Un poco de macarra:
-¿Te gusta, Opo? Me lo ha hecho mi madre.
- No sabía que tu madre cosía.
- Si, de vez en cuando me hace cosas guapas.
- Cambiando de tema: ¿ha venido ya tu hermano?
- Si, ahora baja. Es que está con Marta. Se están... Saludando.
Ni a Roberto ni a su hermano César les iba mal con el otro sexo. Los dos eran bien parecidos, quizá más guapo Roberto, con ese lejano parecido a Josema Yuste, el de los
Martes y Trece. En más de una ocasión alguna chica de mi pueblo me confesó estar un poco pillada por Roberto, y no era para menos: era un tipo encantador, muy atractivo... y alto. Mi hermano y Roberto quizá fueran los dos tipos más altos de la
pandilla. Altura de galanes de Hollywood, diría yo. Eso no dejaba indiferente, sobre todo cuando mi hermano se juntaba con mi abuelo, que no destaca precisamente por su estatura.
¿Está usted seguro que es su nieto?
y mi abuelo se sonreía. Nadie le gana en sentido del humor.
Ya estábamos todos en el bar. Tocaba decidir qué hacer: si quedarnos en el pueblo o irnos a la fiesta de Campaspero. Esto último tenía todas las papeletas de ser lo que ocurriera.