Acabo de ver la excelente película de Robert Zemeckis "Regreso al futuro", y juzgo que esa producción es bastante mejor que muchos de los estrenos actuales. Sin embargo, he encontrado que su guión, con ser brillante, recurre a alguno de los tópicos del cine norteamericano (dicen varias veces eso tan sobado, manido e indemostrado tantas veces por tantos hombres de que uno puede conseguir todo lo que desea sólo con proponérselo) Además, justo en el tramo final, recurre a una de esas manipulaciones que se hace más evidente con el paso del tiempo.
En varias secuencias de la película se hace referencia al robo por parte del profesor de material radiactivo a terroristas libios. En una de las últimas secuencias, el personaje interpretado por Michael J. Fox se le llena la boca cuando ve entrar en el aparcamiento a la Volkswagen conducida por la terrorista: Libios, dice con toda la expresividad de la que es capaz. Podrían ser marroquíes, italianos, egipcios o españoles. Pero son libios, uno de los pueblos malos de moda de los ochenta.
Por aquella época, Ronald Reagan (al que también se menciona en la película, más simpáticamente que al puelo libio, todo hay que decirlo) se las tenía tiesas con varios pueblos desgraciados del planeta: es el caso de Nicaragua, cuando en 1984 apoyó a los militares y palamilitares en contra del gobierno legítimo, que propiciaron enormes pérdidas en vidas humanas y económicas en el país. O el polémico caso del Irán-Contra, donde algunos de sus altos funcionarios de la administración se vieron implicados en la venta de armas a los iraníes para ayudarles a masacrar iraquíes. Como vemos, lo de hacer el mal al pueblo de Irak viene de lejos. Por cierto, posteriormente, George Bush padre se encargó de conceder el indulto a los altos funcionarios implicados en el escándalo. Igualito haría su hijo con Libby, otro sinvergüenza que llegó muy lejos en la Casa Negra, que es como se debería conocer a partir de ahora la residencia presidencial, por culpa de una de las dinastías más corruptas de la historia, acaso de peor catadura y más mortíferos que los Claudios o los Borgia, que ya es decir.
En la época en que se filmó "regreso al futuro", Rambo se encargaba de ayudar a los afganos a liberar el país de la opresión comunista, y James Bond se encargaba también de ponerle las cosas difíciles a los rusos en los destinos más turísticos del planeta.
El 15 de abril de 1986, Ronald Reagan ordenó el bombardeo de Trípoli y Bengasi, al parecer en represalia por el ataque de unos terroristas a una discoteca de Berlín frecuentada por ciudadanos estadounidenses. Vamos, todo en su justa medida: vuelan una discoteca del norte de Europa, y a cambio, armas una masacre en dos ciudades del norte de África.
Muchos estadounidenses saldrían de ver "Regreso al futuro" pensando en que los libios son tipos fáciles de engañar y tontos, pero muy peligrosos por tener uranio, componente fundamental para hacer una bomba atómica. Cuando al día siguente, supieran que su presidente, ese simpático cow-boy que también menciona la película, ordenaba el bombardeo contra dos ciudades libias, no lo verían con malos ojos, dado que serían guaridas de libios tontos, pero peligrosos como los de la película.
Se podría hacer un documental de cómo en series de televisión o en películas como ésta que os menciono, el gobierno norteamericano extendió su brazo manipulador para vender a la globalidad del público sus sucias maniobras contra los pueblos iraquíes, libios, nicaragúenses y por qué no decirlo, soviéticos y afganos.
He de reconocer que Regreso al futuro es un gran producto cinemátográfico, pero desgraciadamente está contaminado por ponzoña ideológicamente interesada. Un pequeño veneno que no mata, pero que nubla la razón. Afortunadamente, ahora el veneno en forma de actores disfrazados de terroristas libios es totalmente inocuo, y podemos disfrutar de esa magnífica película, ya que hoy el gobierno estadounidense no tiene necesidad de matar a libios. Al menos, de momento. Ahora, lo que nos debe preocupar son esas películas actuales en las que no las están metiendo una ponzoña parecida sin darnos cuenta. Lo malo es lo sutiles que son, y a lo mejor tienen que pasar veinte años para que nos demos cuenta de que nos han metido doblado el turbante marroquí, si es que les da por invadir Marruecos, y eso que los marroquíes no suelen llevar turbante.
domingo, julio 15, 2007

Una de las cosas que me gustaría saber es cómo los chistes llegan a tener éxito y quiénes son los que los inventan. Los chistes tienen en común con las leyendas urbanas en que alguien con mucha capacidad inventiva tiene éxito en que su invención pase de boca a boca y sea conocida por todos. No es fácil que una cosa creada tenga éxito. Os lo digo yo, que todavía no he visto reproducida en boca de alguien desconocido alguna de las ideas que aparecen en cierto blog que ahora mismo no me acuerdo de quién es. Tal vez porque lo que le interesa a una humilde persona no es siempre lo que le interesa la inmensa mayoría.
Deben ser muy inteligentes las personas que crean chistes y las que crean leyendas urbanas. De los primeros, decir que son además buenas personas, porque aquél que se inventa un chascarrillo con el único objetivo de hacer feliz al prójimo debe ser, además de listo, buena gente. Los chistes no se inventan con ánimo de lucro, los únicos que se lucran son los cuentachistes profesionales, a los que no les quito mérito en lo suyo, pues el interpretar un chiste es cosa difícil de hacer bien. Yo, cuando intento hacer de cuentachistes suelo fracasar estrepitosamente, pues contar mal un chiste es una tradición en mi familia que hemos intentado mantener generación tras generación, con la penalización de desheredar al miembro que se le ocurra contarlos bien. No obstante, pese a pertenecer a una estirpe de destripachistes, dedico mi homenaje a los creachistes y cuentachistes.
En cuanto a los que crean leyendas urbanas, he de decir que, pese a que son un poco rufianes y fantáticos, admiro su talento y pienso que deberían pensar en dedicarse a labrarse una carrera como guionistas de cine, televisión o similares. Algunas historias son verdaderamente geniales y deberían figurar en la historia de la literatura como raras piezas de talento dignas de ser conservadas. Son quizá de lo mejor de la literatura oral actual. Ser escritor de novelas de poemas o de piezas literarias es ser también un mentiroso, y no los hay más mentirosos que esos que idearon la historia los caimanes de las cloacas de Nueva York, el submarinista en la copa del árbol, o la señora fantasma del cruce. Si tuviera una copa en mi mano brindaría por ellos. Yo sé lo difícil que es sacar algo de la nada, y ellos lo han hecho brillantemente, aunque con mucha mala leche, todo hay que decirlo.
¿Os he contado la última leyenda urbana del bloggero que metía entre unos mensajes aparentemente benévolos y sin que se dieran cuenta sus lectores, mensajes subliminales para que la gente se hiciera cada vez más fascista y provocar así el advenimiento del cuarto Reich? Es una historia que pone los pelos de punta. Otro día os la cuento.
jueves, julio 12, 2007
Me retracto: la vida no es una mierda, sólo quería que llegara pronto la ambulancia.
Las curas de emergencia eran sin duda insuficientes para lo que necesitaba Roberto. Empecé a maldecir la Castilla de mis antepasados, esa Castilla que en muchos aspectos todavía tenía que progresar. Estábamos en medio de la nada y la ambulancia era un Godot con motor de explosión
Pero por fin llegó. Estaba tan hundido, que no pude evitar pensar que ya para qué venía. Mi amigo estaba en plena agonía, y dos horas era demasiado tiempo de espera. Demasiado tiempo. Los conductores de la ambulancia nos dijeron que le llevarían a Segovia capital. A sesenta kilómetros de donde estábamos. Una hora por esas carreteras asquerosas.
El sol había salido. Hay una sentencia que dice: "Ni el sol, ni la muerte pueden mirarse fijamente." Es mentira, pura mentira. El sol de Castilla se vio con la muerte. Con la de mi querido, amado amigo Roberto.
Nada pudieron hacer por él los médicos. Uno lloraba de impotencia por ver cómo se marchaba un joven que principiaba en la vida. La autopsia que le hicieron en horas psteriores reveló que Roberto estaba totalmente destrozado por dentro, y aunque hubiera sobrevivido, lo hubiera hecho como un vegetal, siendo sólo una leve sombra de lo que fue.
En esa carretera dejó dieciocho años, y sus amigos dejamos la inocencia. Su madre y su hermano dejaron algo más: las ganas de vivir. Fueron los que más perdieron y a los que sobre todo va dedicado este relato, que no es otra cosa que el recuerdo perenne del que fuera uno del mis grandes amigos hechos verano tras verano.
A otra persona que se le arruinó la vida fue al conductor del coche: nunca sabremos con certeza qué le pasó aquella noche, sólo puedo dejar constancia de que la policía le hizo pasar un control de alcoholemia y el chico no dio positivo: no bebió apenas nada.
Sólo el sabe lo que ocurrió aquella noche: puede que la fatiga hiciera que se durmiera al volante y se encontrara en medio de una curva al despertarse, o puede que se asustara al cruzarse un animal en su camino. Nadie me dijo nada de lo que le pasó. Él y los demás ocupantes salieron prácticamente ilesos, sin apenas heridas o lesiones. Roberto se llevó el daño de todos.
Trece años. Hace ya trece años que esto aconteció. Muchos de los chavales que forman las pandillas de mi pueblo ahora nacieron por esas fechas, y juegan y se ríen juntos y empezarán a irse de fiesta a los pueblos cercanos como lo hacíamos nosotros. Y nosotros, ya treintañeros, que ya no vamos al pueblo, que ya casi se nos olvidan las caras de los unos y los otros, que dejamos a uno de los nuestros en el camino... ya se nos pasó el tiempo de jugar...y la inocencia.
La historia podía haber sido muy distinta, porque hacer cualquier cosa insignificante podría haber cambiado el destino de Roberto: que entre todos hubiéramos decidido quedarnos en el pueblo, que hubiéramos vuelto un poco antes, que el conductor se hubiera tomado un café, que hubieran puesto la música del coche más alta, que se hubieran quedado en Coslada... Son tantas las pequeñas alternativas que podían haber salvado la vida de Roberto, que asusta pensar que en el fondo la vida (y la muerte, como parte de la vida) esta sólo hecha de pequeñas insignificancias.
Roberto, te recordaré siempre. Me encantaría volver a reunir a la pandilla otra vez, hoy dividida porque cada uno tomó su camino y que te recordáramos juntos, aunque creo que ninguno de nosotros te ha olvidado. Seguro que no. A todos nos han pasado cosas buenas, cosas similares a las que tú hubieras vivido: ahora podrías tener un hijo, o dos o tres o simplemente, ser un soltero feliz y don Juan. Pero cualquiera de las dos cosas ya no son para ti. Como ninguna otra insignificancia feliz, maldita sea.
Quise contar esta historia como si fuera un cuento, porque para mí los cuentos no son otra cosa que una narración en la que los personajes pierden su inocencia. Y vaya si la perdimos, en ese agosto, en esa llanura castellana.
Ya te he dicho adiós muchas veces, amigo mío, pero nunca te vas. Así debe ser. Así será siempre.
Las curas de emergencia eran sin duda insuficientes para lo que necesitaba Roberto. Empecé a maldecir la Castilla de mis antepasados, esa Castilla que en muchos aspectos todavía tenía que progresar. Estábamos en medio de la nada y la ambulancia era un Godot con motor de explosión
Pero por fin llegó. Estaba tan hundido, que no pude evitar pensar que ya para qué venía. Mi amigo estaba en plena agonía, y dos horas era demasiado tiempo de espera. Demasiado tiempo. Los conductores de la ambulancia nos dijeron que le llevarían a Segovia capital. A sesenta kilómetros de donde estábamos. Una hora por esas carreteras asquerosas.
El sol había salido. Hay una sentencia que dice: "Ni el sol, ni la muerte pueden mirarse fijamente." Es mentira, pura mentira. El sol de Castilla se vio con la muerte. Con la de mi querido, amado amigo Roberto.
Nada pudieron hacer por él los médicos. Uno lloraba de impotencia por ver cómo se marchaba un joven que principiaba en la vida. La autopsia que le hicieron en horas psteriores reveló que Roberto estaba totalmente destrozado por dentro, y aunque hubiera sobrevivido, lo hubiera hecho como un vegetal, siendo sólo una leve sombra de lo que fue.
En esa carretera dejó dieciocho años, y sus amigos dejamos la inocencia. Su madre y su hermano dejaron algo más: las ganas de vivir. Fueron los que más perdieron y a los que sobre todo va dedicado este relato, que no es otra cosa que el recuerdo perenne del que fuera uno del mis grandes amigos hechos verano tras verano.
A otra persona que se le arruinó la vida fue al conductor del coche: nunca sabremos con certeza qué le pasó aquella noche, sólo puedo dejar constancia de que la policía le hizo pasar un control de alcoholemia y el chico no dio positivo: no bebió apenas nada.
Sólo el sabe lo que ocurrió aquella noche: puede que la fatiga hiciera que se durmiera al volante y se encontrara en medio de una curva al despertarse, o puede que se asustara al cruzarse un animal en su camino. Nadie me dijo nada de lo que le pasó. Él y los demás ocupantes salieron prácticamente ilesos, sin apenas heridas o lesiones. Roberto se llevó el daño de todos.
Trece años. Hace ya trece años que esto aconteció. Muchos de los chavales que forman las pandillas de mi pueblo ahora nacieron por esas fechas, y juegan y se ríen juntos y empezarán a irse de fiesta a los pueblos cercanos como lo hacíamos nosotros. Y nosotros, ya treintañeros, que ya no vamos al pueblo, que ya casi se nos olvidan las caras de los unos y los otros, que dejamos a uno de los nuestros en el camino... ya se nos pasó el tiempo de jugar...y la inocencia.
La historia podía haber sido muy distinta, porque hacer cualquier cosa insignificante podría haber cambiado el destino de Roberto: que entre todos hubiéramos decidido quedarnos en el pueblo, que hubiéramos vuelto un poco antes, que el conductor se hubiera tomado un café, que hubieran puesto la música del coche más alta, que se hubieran quedado en Coslada... Son tantas las pequeñas alternativas que podían haber salvado la vida de Roberto, que asusta pensar que en el fondo la vida (y la muerte, como parte de la vida) esta sólo hecha de pequeñas insignificancias.
Roberto, te recordaré siempre. Me encantaría volver a reunir a la pandilla otra vez, hoy dividida porque cada uno tomó su camino y que te recordáramos juntos, aunque creo que ninguno de nosotros te ha olvidado. Seguro que no. A todos nos han pasado cosas buenas, cosas similares a las que tú hubieras vivido: ahora podrías tener un hijo, o dos o tres o simplemente, ser un soltero feliz y don Juan. Pero cualquiera de las dos cosas ya no son para ti. Como ninguna otra insignificancia feliz, maldita sea.
Quise contar esta historia como si fuera un cuento, porque para mí los cuentos no son otra cosa que una narración en la que los personajes pierden su inocencia. Y vaya si la perdimos, en ese agosto, en esa llanura castellana.
Ya te he dicho adiós muchas veces, amigo mío, pero nunca te vas. Así debe ser. Así será siempre.
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Por desgracia no faltó Roberto X I
Cuántas veces habré escuchado esta frase dichosa: ya nada se puede hacer. Y es verdad; ya nada se puede hacer, sólo escribirlo, que es bien poca cosa y a veces pienso si esto tendrá sentido. Lo que ocurrió, ocurrió y nada puedo hacer por cambiarlo. Qué insignificantes que somos y lo fácil que es apartarnos del camino.
Si os digo la verdad, a partir de este punto de la historia, todo lo recuerdo como una de las peores pesadillas que jamás he tenido. Lo bueno que tienen mis pesadillas es que las olvido fácilemente, mientras que tengo una memoria muy buena para las fruslerías, tanto oníricas como reales, de la confitería del recuerdo. Poco sitio hay para los productos amargos como éste. Desgraciadamente lo hay. No lo quiero recordar, lo quiero tirar, pero sigo guardándolo en un estante perdido del almacén de la trastienda de mi dichosa tienda.
Amanecía en esa parte del campo llano de Castilla. Dos pequeños Clíos avanzaban, a buen ritmo. Yo iba en el primero, en el que conducía César. Detrás, siguiéndonos, iban en el otro auto Tomás, Roberto y los amigos de este último.
No recuerdo qué canciones sonaban en la radio. No recuerdo de qué íbamos hablando. Sólo recuerdo un inmenso mar de campos recién cosechados y el sol ardiendo. Recuerdo que tenía ganas de que los cuarenta kilómetros de malas carreteras los recorriéramos pronto y poder meterme en la cama. Y otra cosa: empezaba a hacer calor en el pequeño habitáculo del Clio. También recuerdo que César no corría, pues era momento de tener precaución. No era para menos: la vía no era buena. Un ojo puesto en la carretera y el otro puesto en el retrovisor para ver si el otro pequeño Renault, donde iba su hermano, nos seguía. La cosa iba bien, hasta que en un abrir y cerrar de ojos perdimos el coche. "Joder, ya no les veo: aminoraré la marcha""Asómate por la ventanilla, a ver si les ves""nada tío" "¿qué ha pasado?""¡Qué hacemos?""Pues yo qué sé...Creo que lo mejor que podemos hacer es darnos la vuelta"
César hizo un cambio de sentido y entonces, después de recorrer unos pocos cientos de metros, vimos que un pequeño Clío destrozado, humeante. Se notaba que había dado vueltas de campana, pues tenía todo el habitáculo deformado. Había un chico tumbado boca abajo, llorando en medio del secarral: el conductor. Otro estaba llorando sentado, tapándose la cara. Mientras, Tomás se desgañitaba para parar un coche que pasaba en ese momento. Se montó tan deprisa que no se dio cuenta de que nosotros llegábamos al lugar del accidente. Se fue a buscar ayuda. Faltaba alguien en el cuadro. ¿Dónde estaba Roberto? De repente, esa nebulosa fruto del alcohol y del sueño se me pasó de un plumazo: sobresaliendo entre los hierros retorcidos del coche, vi un cuerpo que colgaba de cintura para arriba de la ventanilla, que llevaba una camisa negra de raso con letras doradas que me era muy familiar. Dios mío...
Otros antes que yo se habían dado cuenta del cuerpo que colgaba por la cintura en la ventanilla trasera del coche. Se apresuraron a ponerlo sentado dentro del habitáculo. Nadie allí teníamos idea de cómo tratarle, de cómo aplicarle primeros auxilios... ¿Qué hacer, Dios mío, qué hacer con él?
Entonces no había móviles. Sólo contábamos con que Tomás, que había ido al pueblo más cercano, encontrara rápidamente un puesto de socorro que pidiera una ambulancia, y que ésta se encontrara cerca del lugar del accidente. Los segundos se hacían minutos y los minutos, horas. Dios mío, ¿es que nadie podía socorrer a mi amigo? César estaba fuera de sí. Recuerdo que le intenté abrazar, pero estaba lleno de ira y de impotencia, ¿Qué podía hacer él por su hermano? Roberto estaba sentado allí, en el habitáculo maltrecho, como dormido. Nadie de los que nos encontrábamos allí podíamos hacer nada por él. Pero había esperanza: estaba vivo, gemía un poco, tal vez, si llegara la ambulancia pronto... Pero sus heridas, tenían tan mal aspecto...la del brazo izquierdo era horrorosa. Después supe que fue el peor de los daños estaba en esos sitios de su cuerpo que nosotros no podíamos ver.
¿Por qué tardaban tanto? Hace tiempo que se fue Tomás a pedir ayuda. Dios mío, tenía que ocurrinos en esas carreteras de mala muerte...Alrededor todo es campo, campo y más campo. No corre una brizna de aire. Todo signo de civilización a la vista es un tractor que se veía a lo lejos. Noto que me asfixio, maldita sea...Tengo que calmarme...Esto no puede estar ocurriendo... ¿POR QUÉ NO VIENE LA PUTA AMBULANCIA?
Todos nos alternábamos para dar palabras de ánimo a Roberto. Tienes que vivir, tienes que vivir, maldita sea. Es un crimen que un muchacho de dieciocho años se deje la vida entre los hierros de esa lata de sardinas que era el Clío. Le susurraba a mi amigo. Por favor, lucha ¡LUCHA, ROBERTO, LUCHA, POR LO QUE MÁS QUIERAS!
Poco a poco, aquello se fue llenando de coches. Eran de la gente de mi pueblo que como nosotros, volvían tarde a casa. Veía a chavales que se hacían los tipos duros en circunstancias normales llorar como magdalenas. Veía cómo en el fondo hace una hora no éramos más que chiquillos que sólo pensábamos en divertirnos, y esto era el mundo real, el de mi pobre amigo yaciente entre un amasijo de hierros que apenas si había cruzado el umbral de la puerta de la madurez. Qué pequeño me sentía entonces, qué insignificante e idiota me sentía, que insignificantes me parecía mi vida de tan sólo unas pocas horas antes. Pero cuánto echaba de menos esa despreocupación, ahora que Roberto está sufriendo, en mala hora dijimos de venir a Campaspero
Eran las ocho y cuarto, y empezaba a odiar enormemente a ese maldito Clío de chapa endeble que apenas si pudo proteger a mi amigo. Éramos una veintena de personas medio zombies, deambulando, impotentes. El conductor no se había movido en ningún momento, sollozaba y sollozaba y no decía más que frases ininteligibles.
La petición de auxilio de Tomás tuvo su efecto y vino un coche policial de atestados y una furgoneta que tenía toda la pinta de ser una ambulancia. Por fin, Roberto, es posible que te salves ¡Gracias a Dios! Roberto, te van a llevar al hospital y te vas a poner bien...
¿La protección civil? ¿Por qué no había venido un médico con ellos?
Nos explicaron que ellos poco podían hacer ante esta situación. Se había llamado a una ambulancia que llegaría de Cuéllar, el pueblo más grande de la zona, y el único con un centro sanitario en condiciones. Yo le pregunté a uno de ellos si había lugar para la esperanza. Se encogió de hombros y me dijo "eso lo sabremos cuando le vea un médico" Maldita sea nuestra suerte
Mientras, los de atestados interrogaban a los testigos más inmediatos del accidente sobre lo que había pasado. Pasaban los minutos y esto cada vez tenía un cáriz más oscuro. Pero que muy oscuro. Y no por las consecuencias penales para el conductor que en aquellas circunstancias, ni a él mismo le importaba lo que pudiera pasar.
Eran las nueve de la mañana y ninguna furgoneta había venido a llevarse a nuestro Roberto.
Mierda de vida.
Si os digo la verdad, a partir de este punto de la historia, todo lo recuerdo como una de las peores pesadillas que jamás he tenido. Lo bueno que tienen mis pesadillas es que las olvido fácilemente, mientras que tengo una memoria muy buena para las fruslerías, tanto oníricas como reales, de la confitería del recuerdo. Poco sitio hay para los productos amargos como éste. Desgraciadamente lo hay. No lo quiero recordar, lo quiero tirar, pero sigo guardándolo en un estante perdido del almacén de la trastienda de mi dichosa tienda.
Amanecía en esa parte del campo llano de Castilla. Dos pequeños Clíos avanzaban, a buen ritmo. Yo iba en el primero, en el que conducía César. Detrás, siguiéndonos, iban en el otro auto Tomás, Roberto y los amigos de este último.
No recuerdo qué canciones sonaban en la radio. No recuerdo de qué íbamos hablando. Sólo recuerdo un inmenso mar de campos recién cosechados y el sol ardiendo. Recuerdo que tenía ganas de que los cuarenta kilómetros de malas carreteras los recorriéramos pronto y poder meterme en la cama. Y otra cosa: empezaba a hacer calor en el pequeño habitáculo del Clio. También recuerdo que César no corría, pues era momento de tener precaución. No era para menos: la vía no era buena. Un ojo puesto en la carretera y el otro puesto en el retrovisor para ver si el otro pequeño Renault, donde iba su hermano, nos seguía. La cosa iba bien, hasta que en un abrir y cerrar de ojos perdimos el coche. "Joder, ya no les veo: aminoraré la marcha""Asómate por la ventanilla, a ver si les ves""nada tío" "¿qué ha pasado?""¡Qué hacemos?""Pues yo qué sé...Creo que lo mejor que podemos hacer es darnos la vuelta"
César hizo un cambio de sentido y entonces, después de recorrer unos pocos cientos de metros, vimos que un pequeño Clío destrozado, humeante. Se notaba que había dado vueltas de campana, pues tenía todo el habitáculo deformado. Había un chico tumbado boca abajo, llorando en medio del secarral: el conductor. Otro estaba llorando sentado, tapándose la cara. Mientras, Tomás se desgañitaba para parar un coche que pasaba en ese momento. Se montó tan deprisa que no se dio cuenta de que nosotros llegábamos al lugar del accidente. Se fue a buscar ayuda. Faltaba alguien en el cuadro. ¿Dónde estaba Roberto? De repente, esa nebulosa fruto del alcohol y del sueño se me pasó de un plumazo: sobresaliendo entre los hierros retorcidos del coche, vi un cuerpo que colgaba de cintura para arriba de la ventanilla, que llevaba una camisa negra de raso con letras doradas que me era muy familiar. Dios mío...
Otros antes que yo se habían dado cuenta del cuerpo que colgaba por la cintura en la ventanilla trasera del coche. Se apresuraron a ponerlo sentado dentro del habitáculo. Nadie allí teníamos idea de cómo tratarle, de cómo aplicarle primeros auxilios... ¿Qué hacer, Dios mío, qué hacer con él?
Entonces no había móviles. Sólo contábamos con que Tomás, que había ido al pueblo más cercano, encontrara rápidamente un puesto de socorro que pidiera una ambulancia, y que ésta se encontrara cerca del lugar del accidente. Los segundos se hacían minutos y los minutos, horas. Dios mío, ¿es que nadie podía socorrer a mi amigo? César estaba fuera de sí. Recuerdo que le intenté abrazar, pero estaba lleno de ira y de impotencia, ¿Qué podía hacer él por su hermano? Roberto estaba sentado allí, en el habitáculo maltrecho, como dormido. Nadie de los que nos encontrábamos allí podíamos hacer nada por él. Pero había esperanza: estaba vivo, gemía un poco, tal vez, si llegara la ambulancia pronto... Pero sus heridas, tenían tan mal aspecto...la del brazo izquierdo era horrorosa. Después supe que fue el peor de los daños estaba en esos sitios de su cuerpo que nosotros no podíamos ver.
¿Por qué tardaban tanto? Hace tiempo que se fue Tomás a pedir ayuda. Dios mío, tenía que ocurrinos en esas carreteras de mala muerte...Alrededor todo es campo, campo y más campo. No corre una brizna de aire. Todo signo de civilización a la vista es un tractor que se veía a lo lejos. Noto que me asfixio, maldita sea...Tengo que calmarme...Esto no puede estar ocurriendo... ¿POR QUÉ NO VIENE LA PUTA AMBULANCIA?
Todos nos alternábamos para dar palabras de ánimo a Roberto. Tienes que vivir, tienes que vivir, maldita sea. Es un crimen que un muchacho de dieciocho años se deje la vida entre los hierros de esa lata de sardinas que era el Clío. Le susurraba a mi amigo. Por favor, lucha ¡LUCHA, ROBERTO, LUCHA, POR LO QUE MÁS QUIERAS!
Poco a poco, aquello se fue llenando de coches. Eran de la gente de mi pueblo que como nosotros, volvían tarde a casa. Veía a chavales que se hacían los tipos duros en circunstancias normales llorar como magdalenas. Veía cómo en el fondo hace una hora no éramos más que chiquillos que sólo pensábamos en divertirnos, y esto era el mundo real, el de mi pobre amigo yaciente entre un amasijo de hierros que apenas si había cruzado el umbral de la puerta de la madurez. Qué pequeño me sentía entonces, qué insignificante e idiota me sentía, que insignificantes me parecía mi vida de tan sólo unas pocas horas antes. Pero cuánto echaba de menos esa despreocupación, ahora que Roberto está sufriendo, en mala hora dijimos de venir a Campaspero
Eran las ocho y cuarto, y empezaba a odiar enormemente a ese maldito Clío de chapa endeble que apenas si pudo proteger a mi amigo. Éramos una veintena de personas medio zombies, deambulando, impotentes. El conductor no se había movido en ningún momento, sollozaba y sollozaba y no decía más que frases ininteligibles.
La petición de auxilio de Tomás tuvo su efecto y vino un coche policial de atestados y una furgoneta que tenía toda la pinta de ser una ambulancia. Por fin, Roberto, es posible que te salves ¡Gracias a Dios! Roberto, te van a llevar al hospital y te vas a poner bien...
¿La protección civil? ¿Por qué no había venido un médico con ellos?
Nos explicaron que ellos poco podían hacer ante esta situación. Se había llamado a una ambulancia que llegaría de Cuéllar, el pueblo más grande de la zona, y el único con un centro sanitario en condiciones. Yo le pregunté a uno de ellos si había lugar para la esperanza. Se encogió de hombros y me dijo "eso lo sabremos cuando le vea un médico" Maldita sea nuestra suerte
Mientras, los de atestados interrogaban a los testigos más inmediatos del accidente sobre lo que había pasado. Pasaban los minutos y esto cada vez tenía un cáriz más oscuro. Pero que muy oscuro. Y no por las consecuencias penales para el conductor que en aquellas circunstancias, ni a él mismo le importaba lo que pudiera pasar.
Eran las nueve de la mañana y ninguna furgoneta había venido a llevarse a nuestro Roberto.
Mierda de vida.
miércoles, julio 11, 2007
Yo no quería beber más, para mí ya era suficiente. Como ya dije estaba muy bebido y por rehusé a seguir tirando más al juego de los monos. Además estaba muy cansado, y no era el único. Observé al amigo de Roberto que trajo el coche. Bostezaba, se le veía tan cansado como lo estaba yo. Rechazaba la cerveza que le ofrecían. "No, que tengo que conducir" Desde luego, en ese punto se le veía juicioso, pensé. Según me contaron después, no hacía ni una semana que aprobó el carné de conducir. Sin embargo, no tuvo miedo de hacerse los ciento cuarenta kilómetros que separan el pueblo de Coslada, más los otros cuarenta que hay del pueblo a Campaspero. Recuerdo que, antes de venir a Campaspero, Roberto le interrogó "¿Qué hacemos? tú eres el que conduce" El chico hizo un ademán de duda; a mí me dio la impresión de que tal vez, si por él hubera sido, nos habríamos quedado en el pueblo pasando el rato.
Consulté mi reloj digital y eran las siete menos cuarto. las chicas de mi pandilla ya se habían ido, incluida Raquel, para decepción de Roberto. Ya éramos pocos los que quedábamos y tocaba irse. Yo ya soñaba con mi cama. Todo me daba vueltas. El que seguía con el mismo ritmo de siempre era Tomás. No he conocido otra persona con más vitalidad que él. Siempre hiperactivo, siempre con ganas de hacer cosas. Era de ese tipo de personas que no podían parar. Él seguro que hubiera aguantado hasta las doce de la mañana. Pero todos los demás estábamos todos muy cansados y tocaba irse. Además, estábamos justo los diez que habíamos venido. Era hora de volver a casa.
Nos esperaba una ruta de carreteras que en su primera parte sería de carreteras largas, pero estrechas; la segunda parte, sería de carreteras más sinuosas, atravesando pequeños cerros. Campaspero estaba situado en una típica llanura castellana, todo lo contrario que mi pueblo, que está en un pequeño valle que con paciencia había excavado el río Duratón. La primera parte del trayecto sería una sucesión de mares de trigo y girasoles; un poco después, llegando ya a mi pueblo, lo que veríamos serían campos de remolacha y de vides sarmentosas, que estaban pidiendo a gritos la llegada de septiembre para que les liberaran de la pesada carga de la uva y que a ver si al año siquiente les ponían en compañía de los girasoles, que viviendo en el llano, lucían mejor cara.
Consulté mi reloj digital y eran las siete menos cuarto. las chicas de mi pandilla ya se habían ido, incluida Raquel, para decepción de Roberto. Ya éramos pocos los que quedábamos y tocaba irse. Yo ya soñaba con mi cama. Todo me daba vueltas. El que seguía con el mismo ritmo de siempre era Tomás. No he conocido otra persona con más vitalidad que él. Siempre hiperactivo, siempre con ganas de hacer cosas. Era de ese tipo de personas que no podían parar. Él seguro que hubiera aguantado hasta las doce de la mañana. Pero todos los demás estábamos todos muy cansados y tocaba irse. Además, estábamos justo los diez que habíamos venido. Era hora de volver a casa.
Nos esperaba una ruta de carreteras que en su primera parte sería de carreteras largas, pero estrechas; la segunda parte, sería de carreteras más sinuosas, atravesando pequeños cerros. Campaspero estaba situado en una típica llanura castellana, todo lo contrario que mi pueblo, que está en un pequeño valle que con paciencia había excavado el río Duratón. La primera parte del trayecto sería una sucesión de mares de trigo y girasoles; un poco después, llegando ya a mi pueblo, lo que veríamos serían campos de remolacha y de vides sarmentosas, que estaban pidiendo a gritos la llegada de septiembre para que les liberaran de la pesada carga de la uva y que a ver si al año siquiente les ponían en compañía de los girasoles, que viviendo en el llano, lucían mejor cara.
martes, julio 10, 2007
La cuatro de la mañana. Ya estaba con una borrachera bastante considerable. Los recuerdos me son borrosos a partir de este punto. Lo malo es que, sólo unas pocas horas después, recuperaría mi lucidez de la peor forma posible.
Bailé merengues, pasodobles y todo lo que se terciaba con mis amigas que habían venido a la fiesta. Con todas. Y aunque estaba borracho, no pegué un pisotón a ninguna, cosa que tiene mucho mérito para mis pies que calzan un cuarenta y cuatro y para mi cabeza, que a esas horas bailaba todavía más que el resto de mi cuerpo. Menos mal que al día siguente descansaría por lo menos hasta las cuatro. O eso creía yo. A esa hora, ya no estaba yo para iniciar otra maniobra de cortejo: la bengua ze me trababda, eeeh, no. La legua se me traba...traba...trababa y no estaba en condiciones de ser tomado en serio por ninguna mujer; si sobrio estoy en pocas condiciones de ser tomado en serio por ninguna mujer, imagináos borracho. En cambio, Tomás y Roberto, pese a haber ingerido la misma cantidad de alcohol que yo, estaban bastante más serenos. Roberto tenía que aguantar el tipo, no en vano estaba con Raquel, una de las muchachas más guapas del pueblo, a la que habían puesto los ojos incluso gente de las otras pandillas. Raquel era realmente muy guapa y esa noche, el premiado fue Roberto.
Se le veía pletórico: Había traído a sus colegas de Coslada y fueron testigos de cómo una tía de bandera le agarraba por la cadera. Se fue un momento Raquel a donde estaban las chicas, que habían ido a comprar pulseras en los puestos de ls feria. Roberto se quedó con nosotros.
- Tío, no me habías dicho que a ti te gustaba Raquel
- Hombre, estas cosas cuanto menos se sepan, mejor
- Joder, macho, qué callado te lo tenías
- La verdad es que es maja
- ¿y qué vas a hacer? ¿Vas a seguir con ella?
- ¡Y yo qué sé lo que vamos a hacer! Venga, vámonos a ver si nos sacamos unas cervezas a los monos.
Yo no tenía ganas de beber más, pero bueno: sólo se vive una vez, decía una canción de Gabinete Caligari, de un album que habían sacado hacía relativamente poco tiempo.
Bailé merengues, pasodobles y todo lo que se terciaba con mis amigas que habían venido a la fiesta. Con todas. Y aunque estaba borracho, no pegué un pisotón a ninguna, cosa que tiene mucho mérito para mis pies que calzan un cuarenta y cuatro y para mi cabeza, que a esas horas bailaba todavía más que el resto de mi cuerpo. Menos mal que al día siguente descansaría por lo menos hasta las cuatro. O eso creía yo. A esa hora, ya no estaba yo para iniciar otra maniobra de cortejo: la bengua ze me trababda, eeeh, no. La legua se me traba...traba...trababa y no estaba en condiciones de ser tomado en serio por ninguna mujer; si sobrio estoy en pocas condiciones de ser tomado en serio por ninguna mujer, imagináos borracho. En cambio, Tomás y Roberto, pese a haber ingerido la misma cantidad de alcohol que yo, estaban bastante más serenos. Roberto tenía que aguantar el tipo, no en vano estaba con Raquel, una de las muchachas más guapas del pueblo, a la que habían puesto los ojos incluso gente de las otras pandillas. Raquel era realmente muy guapa y esa noche, el premiado fue Roberto.
Se le veía pletórico: Había traído a sus colegas de Coslada y fueron testigos de cómo una tía de bandera le agarraba por la cadera. Se fue un momento Raquel a donde estaban las chicas, que habían ido a comprar pulseras en los puestos de ls feria. Roberto se quedó con nosotros.
- Tío, no me habías dicho que a ti te gustaba Raquel
- Hombre, estas cosas cuanto menos se sepan, mejor
- Joder, macho, qué callado te lo tenías
- La verdad es que es maja
- ¿y qué vas a hacer? ¿Vas a seguir con ella?
- ¡Y yo qué sé lo que vamos a hacer! Venga, vámonos a ver si nos sacamos unas cervezas a los monos.
Yo no tenía ganas de beber más, pero bueno: sólo se vive una vez, decía una canción de Gabinete Caligari, de un album que habían sacado hacía relativamente poco tiempo.
lunes, julio 09, 2007
La gente no está acostumbrada a la franqueza. Sobre todo el novio de la chica que te pretendes ligar ¿Pues no debería estarme agradecido de ser sincero con su chica, y hacerla ver que mis intenciones eran nobles? Yo quería ser novio formal de ella. Como él.
Yo le comprendo: ves a tu novia, que es un pedazo de mujer, a la que un tipo medio pedo la está agarrando de la cintura, hablándole muy cerca del oído, y con todas las malas intenciones del mundo, cual Calisto a ritmo de George Dann. No es un cuadro que guste mucho de ver, seas lo celoso que seas: tres son multitud.
- Joder, llevo esperándote ni se sabe el tiempo ¿No quedamos en vernos en la plaza? Menos mal que me han dicho que estabas aquí; ya podía estar esperándote. ¿Y este pollo quién es?
- Es un compañero de clase.
- Vale, muy bien. Hala, hasta luego, chaval. Nos vamos a la plaza.
Yo noté que Natalia dudaba. Al final, creo que decidió que no estaba bien montar una pelea en el pub, que quedaba machista y todo eso. Inteligente y prudente, Natalia. Otras, en su lugar, habrían alimentado el espectáculo, toda chulas viendo cómo dos gallos se dejan hasta las crestas en una pista por ellas, gallinas cluecas, mientras el bakalao zumba que te zumba. "Esta tía vale lo que pesa, qué suerte tiene su maromo" Pensé-
- Bueno, Opo, nos vemos.
- Vale, Natalia. No sabes la alegría que me ha dado el verte.
- Vale, que sí, que pírate.. Me dice el novio.
"No le contestes, no líes más las cosas, Opo" Pensé -"De todas maneras, tiene razón" En fin, vi alejarse la oportunidad de ser feliz que se me presentó aquella noche. Qué se le va a hacer. No sabía si pedirme otra copa allí lamentándome de mi mala suerte (hacía poco que había visto por primera vez Casablanca, y en mi mente visualizaba a Rick borracho lamentándose de que su amor estuviera en brazos de otro) o salir a buscar a los colegas. Ganó el sentido práctico. Salí a la calle en busca de ellos.
Es una pena que las cosas nunca salgan como tú quieres ¡Cuánto cuesta conseguir todo! A unos más que otros, puesto en el camino a la plaza, vi a muchas parejas besándose como si hubiera llegado la apocalipsis y quedaran pocos minutos de disfrutar la vida. No pude evitar mirarlos con tristeza: se me fue Natalia.
En fin. Después de un rato de búqueda, encontré a mis amigos en la plaza, haciendo el gañán, bailando el paquito el chocolatero, sin duda, la canción de todos los veranos de las fiestas de los pueblos de España. Como quien no quiere la cosa, me uní al baile en la parte en que se hacen histriónicas reverencias, presentando el respeto a Dios sabe quién.
Yo le comprendo: ves a tu novia, que es un pedazo de mujer, a la que un tipo medio pedo la está agarrando de la cintura, hablándole muy cerca del oído, y con todas las malas intenciones del mundo, cual Calisto a ritmo de George Dann. No es un cuadro que guste mucho de ver, seas lo celoso que seas: tres son multitud.
- Joder, llevo esperándote ni se sabe el tiempo ¿No quedamos en vernos en la plaza? Menos mal que me han dicho que estabas aquí; ya podía estar esperándote. ¿Y este pollo quién es?
- Es un compañero de clase.
- Vale, muy bien. Hala, hasta luego, chaval. Nos vamos a la plaza.
Yo noté que Natalia dudaba. Al final, creo que decidió que no estaba bien montar una pelea en el pub, que quedaba machista y todo eso. Inteligente y prudente, Natalia. Otras, en su lugar, habrían alimentado el espectáculo, toda chulas viendo cómo dos gallos se dejan hasta las crestas en una pista por ellas, gallinas cluecas, mientras el bakalao zumba que te zumba. "Esta tía vale lo que pesa, qué suerte tiene su maromo" Pensé-
- Bueno, Opo, nos vemos.
- Vale, Natalia. No sabes la alegría que me ha dado el verte.
- Vale, que sí, que pírate.. Me dice el novio.
"No le contestes, no líes más las cosas, Opo" Pensé -"De todas maneras, tiene razón" En fin, vi alejarse la oportunidad de ser feliz que se me presentó aquella noche. Qué se le va a hacer. No sabía si pedirme otra copa allí lamentándome de mi mala suerte (hacía poco que había visto por primera vez Casablanca, y en mi mente visualizaba a Rick borracho lamentándose de que su amor estuviera en brazos de otro) o salir a buscar a los colegas. Ganó el sentido práctico. Salí a la calle en busca de ellos.
Es una pena que las cosas nunca salgan como tú quieres ¡Cuánto cuesta conseguir todo! A unos más que otros, puesto en el camino a la plaza, vi a muchas parejas besándose como si hubiera llegado la apocalipsis y quedaran pocos minutos de disfrutar la vida. No pude evitar mirarlos con tristeza: se me fue Natalia.
En fin. Después de un rato de búqueda, encontré a mis amigos en la plaza, haciendo el gañán, bailando el paquito el chocolatero, sin duda, la canción de todos los veranos de las fiestas de los pueblos de España. Como quien no quiere la cosa, me uní al baile en la parte en que se hacen histriónicas reverencias, presentando el respeto a Dios sabe quién.
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Por desgracia no faltó Roberto VII
domingo, julio 08, 2007
-¡Anda, pero si está allí una de mi clase! Voy un momento a saludarla.
Natalia era una chica morenita que fue compañera mía ese año de las clases de teatro. Para mí estaba muy buena, demonios, cómo me gustaba, pero nunca me atreví a pedirle nada. Siempre temes estropear una amistad por cosas así, ¿Pero qué es al amor, sino amistad elevada al cuadrado? Natalia era de esa clase de mujeres tímidas, un poco apocadas, pero tenía algo...qué demonios, que me molaba y punto. Me armé de valor, me terminé de un trago al whisky, y fui con paso decidido hasta donde estaba ella con sus amigas.
-Nataliaaa.
-Hola Opo. No sabía que eras de por aquí, ¡Qué sorpresa!
-Ya te digo. Jo, no sabes de lo que me alegro de verte. ¿Es éste tu pueblo?
-No. Uno más pequeñito. Está a seis kilómetros de aquí.
-El mío está más lejos. Hemos tardado cuarenta minutos en llegar. ¿Te tomas una cerveza conmigo?
-Bueno, pero poco tiempo, que me voy a tener que ir porque he quedado con mi novio luego en las casetas- Mi gozo en un pozo ¿Porqué todas las que me gustan han de tener noviooo? Pensé yo con la moral por los suelos.
No pude evitar poner una enorme cara de decepción y yo creo que ella se dio cuenta de ello.
-¿No sabías que yo tenía novio?
"Abrigaba enormes esperanzas de que no fuera así"-Pensé-
-Eeeeehhh, pues no. Nunca hablamos de ello en las clases de teatro, y eso que tuvimos tiempo. Pues no echamos horas haciendo las obras y las representaciones. ¡Si fue con diferencia la asignatura a la que dediqué más tiempo!
-Jolines, yo acabé de la obra que nos tocó harta. Además, creo que no lo hice muy bien
-Perdona, pero eso es mentira. Aparte de que lo hacías muy bien, estabas preciosa haciendo de señorita Julia. Ese vestido decimonónico que llevabas... Jo, parecías una dama victoriana, pero de las guapas de verdad.
-¡Qué tonto eres!- me dijo sonriendo.
- Que sí, que sí. Bueno, ahora estás muy bien con tu blusa y tus vaqueros, pero creo que los vestidos decimonónicos te quedan muy bien- "Ay, Opo, qué tonterías estás diciendo. Entre las paridas que sueltas y el novio, me parece que Natalia no es para ti"- Pensaba yo.
- Anda, Bobo. Tú tampoco estabas mal haciendo de Max Estrella. Tienes sensibilidad con la interpretación.
- A mí me gustó mucho cómo hiciste de Señorita Julia. Si lo sé me pido hacer de tu mayordomo. Por besar...Por hacer juntos la obra - Me estaba traicionando el subsconsciente. Maldita sea, lo que me gusta esta chica y todo está en mi contra. Tiene novio, estoy un poco pedo y creo que estoy picando muy alto. Que no, que no. Aparte, que a mí no me gustaría que me intentaran levantar a mi novia.
- ¿Cuánto tiempo llevas con tu afortunado novio?
- Le conozco desde siempre, pues venimos todos los veranos al pueblo. Pero empezamos a salir el verano pasado. Y bueno...
- Jo qué suerte tiene. Es que eres preciosa.
No lo podía evitar. A partir de ahí, la tiré los tejos todo lo que pude. Agarré su cintura, la hablaba al oído...El caso es que ella tampoco se oponía. No se zafaba de mí y yo, entre las copas que llevaba encima y que ya me daba igual todo, no paraba de decirle lindezas y alguna que otra barbaridad. Yo pensaba que muchas no las oiría por la música, quería pensar eso, estaba siendo demasiado franco con ella. Demasiado franco.
Y unos ojos como de toro en San Fermín nos estaba observando.
Natalia era una chica morenita que fue compañera mía ese año de las clases de teatro. Para mí estaba muy buena, demonios, cómo me gustaba, pero nunca me atreví a pedirle nada. Siempre temes estropear una amistad por cosas así, ¿Pero qué es al amor, sino amistad elevada al cuadrado? Natalia era de esa clase de mujeres tímidas, un poco apocadas, pero tenía algo...qué demonios, que me molaba y punto. Me armé de valor, me terminé de un trago al whisky, y fui con paso decidido hasta donde estaba ella con sus amigas.
-Nataliaaa.
-Hola Opo. No sabía que eras de por aquí, ¡Qué sorpresa!
-Ya te digo. Jo, no sabes de lo que me alegro de verte. ¿Es éste tu pueblo?
-No. Uno más pequeñito. Está a seis kilómetros de aquí.
-El mío está más lejos. Hemos tardado cuarenta minutos en llegar. ¿Te tomas una cerveza conmigo?
-Bueno, pero poco tiempo, que me voy a tener que ir porque he quedado con mi novio luego en las casetas- Mi gozo en un pozo ¿Porqué todas las que me gustan han de tener noviooo? Pensé yo con la moral por los suelos.
No pude evitar poner una enorme cara de decepción y yo creo que ella se dio cuenta de ello.
-¿No sabías que yo tenía novio?
"Abrigaba enormes esperanzas de que no fuera así"-Pensé-
-Eeeeehhh, pues no. Nunca hablamos de ello en las clases de teatro, y eso que tuvimos tiempo. Pues no echamos horas haciendo las obras y las representaciones. ¡Si fue con diferencia la asignatura a la que dediqué más tiempo!
-Jolines, yo acabé de la obra que nos tocó harta. Además, creo que no lo hice muy bien
-Perdona, pero eso es mentira. Aparte de que lo hacías muy bien, estabas preciosa haciendo de señorita Julia. Ese vestido decimonónico que llevabas... Jo, parecías una dama victoriana, pero de las guapas de verdad.
-¡Qué tonto eres!- me dijo sonriendo.
- Que sí, que sí. Bueno, ahora estás muy bien con tu blusa y tus vaqueros, pero creo que los vestidos decimonónicos te quedan muy bien- "Ay, Opo, qué tonterías estás diciendo. Entre las paridas que sueltas y el novio, me parece que Natalia no es para ti"- Pensaba yo.
- Anda, Bobo. Tú tampoco estabas mal haciendo de Max Estrella. Tienes sensibilidad con la interpretación.
- A mí me gustó mucho cómo hiciste de Señorita Julia. Si lo sé me pido hacer de tu mayordomo. Por besar...Por hacer juntos la obra - Me estaba traicionando el subsconsciente. Maldita sea, lo que me gusta esta chica y todo está en mi contra. Tiene novio, estoy un poco pedo y creo que estoy picando muy alto. Que no, que no. Aparte, que a mí no me gustaría que me intentaran levantar a mi novia.
- ¿Cuánto tiempo llevas con tu afortunado novio?
- Le conozco desde siempre, pues venimos todos los veranos al pueblo. Pero empezamos a salir el verano pasado. Y bueno...
- Jo qué suerte tiene. Es que eres preciosa.
No lo podía evitar. A partir de ahí, la tiré los tejos todo lo que pude. Agarré su cintura, la hablaba al oído...El caso es que ella tampoco se oponía. No se zafaba de mí y yo, entre las copas que llevaba encima y que ya me daba igual todo, no paraba de decirle lindezas y alguna que otra barbaridad. Yo pensaba que muchas no las oiría por la música, quería pensar eso, estaba siendo demasiado franco con ella. Demasiado franco.
Y unos ojos como de toro en San Fermín nos estaba observando.
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Por desgracia no faltó Roberto VI
sábado, julio 07, 2007
La vida de un veraneante joven de pueblo consistía básicamente en pasar las noches de fiesta en fiesta, a ser posible besando alguien al alba. La cosa empezaba en los monos en los que se conseguía cerveza y acababa, con un poco de suerte, entre los brazos de alguien. Deseaba yo que esa noche no se saliera del guión.
En el bar donde entramos sonaba, a todo volumen, "The Rythm of the night" Era una canción de un techno que todavía era agradable de escuchar. El Bakalao espantoso estaba en pleno apogeo, pero todavía había melodías electrónicas que no estaban mal. Lo malo es que a mí, con lo que siempre me ha gustado rajar, me impedía desplegar las verbales artes amatorias que yo creía poseer. Pero en las discotecas y pub no servían de nada. De todas maneras, ingenuo de mí, yo veía que la gente se liaba sin apenas hablar ¿Cómo era posible? No concebía que don Juan se camelara a Doña Inés sin esas parrafadas que le soltó. Por ejemplo, Raquel una chica de mi pandilla, siempre fue muy parca en palabras. Sin embargo, en el rato que me había ido a pedir un Whisky con Cola, se enrolló con Roberto. ¿Cómo habrán hecho para ponerse de acuerdo para morrearse? Porque pese a que es muy guapa, es muy tímida, y cuesta sacarle las palabras. ¿Cómo demonios se las apañó el muy gañán para llegar a la lengua sin pasar por la lengua? Quizá su sonrisa a lo Josema Yuste valga más que mil palabras.
En fin, yo les veía dale que dale, y envalentonado como estaba con el cubata, puse en marcha mi radar para ver si encontraba a alguna dispuesta a compartir un bonito recuerdo de aquella noche conmigo como el de Roberto y Raquel. Yo tenía siempre más moral que el Alcoyano para estas cosas, pero lo cierto que la vida no es como esas comedias americanas en que todos acaban liados con todos. Por lo menos no era verdad para mí. Otros tenían más suerte o habilidad que yo: Óscar, Tomás, los dos Robertos... En fin qué le vamos hacer. Las chicas no están para prosodias: quieren que uses la lengua para otras cosas y que cuides tu aspecto, que no se lían con cualquiera.
Habían cambiado el techno vailable de Corona por "quiero tener tu presencia", de Seguridad Social. Ya me estaba yo poniendo nervioso, como Alfredo Landa en las pelis con suecas. Madre mía, qué chicas había en el local. Un momento... ¿Esa no es
Natalia, de mi clase?
-Chicos, ahora vengo.
En el bar donde entramos sonaba, a todo volumen, "The Rythm of the night" Era una canción de un techno que todavía era agradable de escuchar. El Bakalao espantoso estaba en pleno apogeo, pero todavía había melodías electrónicas que no estaban mal. Lo malo es que a mí, con lo que siempre me ha gustado rajar, me impedía desplegar las verbales artes amatorias que yo creía poseer. Pero en las discotecas y pub no servían de nada. De todas maneras, ingenuo de mí, yo veía que la gente se liaba sin apenas hablar ¿Cómo era posible? No concebía que don Juan se camelara a Doña Inés sin esas parrafadas que le soltó. Por ejemplo, Raquel una chica de mi pandilla, siempre fue muy parca en palabras. Sin embargo, en el rato que me había ido a pedir un Whisky con Cola, se enrolló con Roberto. ¿Cómo habrán hecho para ponerse de acuerdo para morrearse? Porque pese a que es muy guapa, es muy tímida, y cuesta sacarle las palabras. ¿Cómo demonios se las apañó el muy gañán para llegar a la lengua sin pasar por la lengua? Quizá su sonrisa a lo Josema Yuste valga más que mil palabras.
En fin, yo les veía dale que dale, y envalentonado como estaba con el cubata, puse en marcha mi radar para ver si encontraba a alguna dispuesta a compartir un bonito recuerdo de aquella noche conmigo como el de Roberto y Raquel. Yo tenía siempre más moral que el Alcoyano para estas cosas, pero lo cierto que la vida no es como esas comedias americanas en que todos acaban liados con todos. Por lo menos no era verdad para mí. Otros tenían más suerte o habilidad que yo: Óscar, Tomás, los dos Robertos... En fin qué le vamos hacer. Las chicas no están para prosodias: quieren que uses la lengua para otras cosas y que cuides tu aspecto, que no se lían con cualquiera.
Habían cambiado el techno vailable de Corona por "quiero tener tu presencia", de Seguridad Social. Ya me estaba yo poniendo nervioso, como Alfredo Landa en las pelis con suecas. Madre mía, qué chicas había en el local. Un momento... ¿Esa no es
Natalia, de mi clase?
-Chicos, ahora vengo.
viernes, julio 06, 2007
Los dos coches avanzaban por la carretera echando un pulso a la oscuridad con cuatro pequeños ojos. Era una batalla perdida. La oscuridad es omnipotente y se ríe de la insignificancia de diez muchachos, a los que hace desaparecer de un plumazo por mucho que avancen. La batalla está perdida, y somos muy frágiles.
- Jolines, qué noche más cerrada. No se ve nada. A ver si llegamos una vez a Campaspero- Comenta Marta, que va sentada en el asiento del copiloto, al lado de César.
- ¿Veis que vengan detrás el coche de los colegas de mi hermano?- Pregunta César.
- Sí, veo el Clío blanco. Y veo a tu hermano, que me está haciendo muecas ¡Será cabrón!
- Bueno, ya queda poco. Veo las luces de pueblo un pueblo grande a lo lejos. Creo que ya estamos llegando.
Efectivamente, a los pocos minutos, la música de la feria empezó a entrar en el habitáculo del coche "uhhh, baby I love your way" Empezamos a bailar dentro del coche. Qué ganas de marcha teníamos todos.
- César, aparca donde puedas por aquí, porque si avanzas más hacia adentro del pueblo, hay menos posibilidades de encontrar sitio- Dijo Marta.
- Joder, cómo está ésto de coches. Ha venido media provincia de Segovia. Madre mía, si es que no cabe uno más. Voy a ver si en este descampado queda algún hueco libre...Efectivamente. Para los dos Clíos. Comienza la fiesta ¡A quemar Campasperooooooo!
- Tíos, somos los putos amos-Decía Tomás.
Lo primero, había buscar a los miembros de la pandilla que habían venido antes, pues ya llevaban aquí un rato. Después, ir a los sitios que nosotros llamábamos los monos. Los monos eran los sitios donde nos aprobisionábamos de bebida, generalmente cerveza. Tenías que tirar a tres monigotes con tres pelotas. Si lo lograbas, te daban
una litrona. En mi pandilla había muy buenos tiradores, con lo que casi siempre había premio. y buenas borracheras, claro. Beber nos era relativamente poco costoso.
No toda la gente de la pandilla había venido. Se habían quedado, por ejemplo, mi hermano y Javi, el hermano de Tomás. Jorge había venido en el coche de su hermano, que era guardia civil, que casi siempre se libraba de los controles de alcoholemia enseñando la placa. Es más, a veces, el muy caradura se permitía el lujo de amonestar a sus compañeros de servicio, llevando encima media botella de J&B. Cosas de la benemérita. En fin, de nuestra pandilla estábamos en Campaspero, si la memoria no me falla, Zoila, Jorge, Mariluz, Raquel, César, Marta, Roberto, los amigos de Roberto, Tomás y yo.
- Jolines, qué noche más cerrada. No se ve nada. A ver si llegamos una vez a Campaspero- Comenta Marta, que va sentada en el asiento del copiloto, al lado de César.
- ¿Veis que vengan detrás el coche de los colegas de mi hermano?- Pregunta César.
- Sí, veo el Clío blanco. Y veo a tu hermano, que me está haciendo muecas ¡Será cabrón!
- Bueno, ya queda poco. Veo las luces de pueblo un pueblo grande a lo lejos. Creo que ya estamos llegando.
Efectivamente, a los pocos minutos, la música de la feria empezó a entrar en el habitáculo del coche "uhhh, baby I love your way" Empezamos a bailar dentro del coche. Qué ganas de marcha teníamos todos.
- César, aparca donde puedas por aquí, porque si avanzas más hacia adentro del pueblo, hay menos posibilidades de encontrar sitio- Dijo Marta.
- Joder, cómo está ésto de coches. Ha venido media provincia de Segovia. Madre mía, si es que no cabe uno más. Voy a ver si en este descampado queda algún hueco libre...Efectivamente. Para los dos Clíos. Comienza la fiesta ¡A quemar Campasperooooooo!
- Tíos, somos los putos amos-Decía Tomás.
Lo primero, había buscar a los miembros de la pandilla que habían venido antes, pues ya llevaban aquí un rato. Después, ir a los sitios que nosotros llamábamos los monos. Los monos eran los sitios donde nos aprobisionábamos de bebida, generalmente cerveza. Tenías que tirar a tres monigotes con tres pelotas. Si lo lograbas, te daban
una litrona. En mi pandilla había muy buenos tiradores, con lo que casi siempre había premio. y buenas borracheras, claro. Beber nos era relativamente poco costoso.
No toda la gente de la pandilla había venido. Se habían quedado, por ejemplo, mi hermano y Javi, el hermano de Tomás. Jorge había venido en el coche de su hermano, que era guardia civil, que casi siempre se libraba de los controles de alcoholemia enseñando la placa. Es más, a veces, el muy caradura se permitía el lujo de amonestar a sus compañeros de servicio, llevando encima media botella de J&B. Cosas de la benemérita. En fin, de nuestra pandilla estábamos en Campaspero, si la memoria no me falla, Zoila, Jorge, Mariluz, Raquel, César, Marta, Roberto, los amigos de Roberto, Tomás y yo.
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Por desgracia no faltó Roberto I V
jueves, julio 05, 2007
-¿Y si nos quedamos aquí en el pueblo? Dijo alguien
Yo no dije nada, pero esa noche no me hubiera importado quedarme.
-¿Tú cómo vas? Al fin de al cabo, eres el que tiene que conducir - Le dijo Roberto a su amigo que trajo desde Coslada en el coche, un Renault Clío blanco. Se había sacado el carné hace tan sólo una semana. Compartía el coche con su madre.
-Estamos en tu pueblo -Le contestó- Si tus colegas dicen que vayamos al pueblo ése, pues vamos.
La cosa no estaba clara. Nos pedimos unos botellines y estuvimos un rato charlando. A mí me encantaba esos momentos, en los cuales sacábamos anécdotas de lo que nos había pasado en veranos pasados y nos partíamos de risa. Además, me parecía increíble que justo a la hora en que en la ciudad empezamos a volvernos a casa, aquí es cuando comenzaba la fiesta: sobre la una. Los de la otra pandilla del pueblo, un poco mayores que nosotros, comenzaron a salir en sus coches. Poco a poco, el bar se fue vaciando de clientela. Como había solidaridad entre pandillas, los que tenían algún hueco libre nos preguntaban a alguno de nosotros que si nos íbamos con ellos. El interpelado siempre miraba al resto preguntando con el rostro algo así como "oye, que si me voy con éstos, es para que luego vengáis vosotros" Poco a poco, alguno de nuestra pandilla partía hacia Campaspero con ellos. Al final, sin que nadie lo verbalizara, todos habíamos decidido que había que ir allí. Sólo se vive una vez.
A todo esto, llegó César en compañía de Marta. Ya sólo éramos diez jóvenes los que quedaban en el bar.
-Bueno, chicos, que, nos vamos, ¿no? Dijo alguien. Virginia se está durmiendo- Virginia era la mujer que regentaba el bar.
-Yo creo que ya va siendo hora de irnos.
Y todos salimos rumbo a las fiestas de Campaspero.
Nos distribuímos en dos Clíos: el de César y el del amigo de Roberto. Yo iba en el coche de César. Era un coche pequeño, y los que íbamos detrás estábamos algo apretados. César arrancó con un fuerte rugido del motor, al que respondió el dueño del otro Clío, donde iban Roberto y Tomás con los amigos del primero. La noche estaba oscura. Nos esperaba cuarenta minutos de camino por carreteras estrechas, donde cuenta la leyenda que el Helloween, el camionero más loco de Segovia y campeón de pulso por Extremadura, puso su Opel Kadett de inyección a ciento ochenta. Qué peligro tenía el Helloween. Recuerdo que la primera vez que me fui de fiesta, con dieciséis años, me llevó él. Nunca olvidaré cómo adelanto a un R5 en una curva con su destartalado GS a ciento cuarenta. En el radiocassette sonaba "Big gun" de AC/DC a todo volumen. Cuando por fin paramos, besé el suelo, como el Papa. Dios, qué miedo pasé.
Afortunadamente, César era mucho más comedido al volante. No era para menos. Las carreteras no eran para llevar las velocidades que solía tomar Helloween y César no se las conocía del todo bien. Pese a que el Helloween se las conocía la dedillo, pocos de nosotros queríamos ir en su coche, salvo en casos de extrema necesidad. Como cuando a las ocho de la mañana te das cuenta que toda la gente de tu pueblo se ha ido y sólo queda él para que te lleve. Que Dios nos pille confesados.
En la carretera camino de Campaspero sólo había como iluminación las luces de los faros y la de las estrellas. Una cosa que me gustaba de mi pueblo es que podía ver mejor que en ningún sitio las luces del firmamento. En Madrid eso es imposible. Sin embargo, allí tenías un espectáculo para acordarte todo el año.
"he oído que la noche... es toda... magia" Sonaban los Héroes en el cassette del coche de César. Joder, pues es verdad.
- César, ¿queda mucho para Campaspero?
Yo no dije nada, pero esa noche no me hubiera importado quedarme.
-¿Tú cómo vas? Al fin de al cabo, eres el que tiene que conducir - Le dijo Roberto a su amigo que trajo desde Coslada en el coche, un Renault Clío blanco. Se había sacado el carné hace tan sólo una semana. Compartía el coche con su madre.
-Estamos en tu pueblo -Le contestó- Si tus colegas dicen que vayamos al pueblo ése, pues vamos.
La cosa no estaba clara. Nos pedimos unos botellines y estuvimos un rato charlando. A mí me encantaba esos momentos, en los cuales sacábamos anécdotas de lo que nos había pasado en veranos pasados y nos partíamos de risa. Además, me parecía increíble que justo a la hora en que en la ciudad empezamos a volvernos a casa, aquí es cuando comenzaba la fiesta: sobre la una. Los de la otra pandilla del pueblo, un poco mayores que nosotros, comenzaron a salir en sus coches. Poco a poco, el bar se fue vaciando de clientela. Como había solidaridad entre pandillas, los que tenían algún hueco libre nos preguntaban a alguno de nosotros que si nos íbamos con ellos. El interpelado siempre miraba al resto preguntando con el rostro algo así como "oye, que si me voy con éstos, es para que luego vengáis vosotros" Poco a poco, alguno de nuestra pandilla partía hacia Campaspero con ellos. Al final, sin que nadie lo verbalizara, todos habíamos decidido que había que ir allí. Sólo se vive una vez.
A todo esto, llegó César en compañía de Marta. Ya sólo éramos diez jóvenes los que quedaban en el bar.
-Bueno, chicos, que, nos vamos, ¿no? Dijo alguien. Virginia se está durmiendo- Virginia era la mujer que regentaba el bar.
-Yo creo que ya va siendo hora de irnos.
Y todos salimos rumbo a las fiestas de Campaspero.
Nos distribuímos en dos Clíos: el de César y el del amigo de Roberto. Yo iba en el coche de César. Era un coche pequeño, y los que íbamos detrás estábamos algo apretados. César arrancó con un fuerte rugido del motor, al que respondió el dueño del otro Clío, donde iban Roberto y Tomás con los amigos del primero. La noche estaba oscura. Nos esperaba cuarenta minutos de camino por carreteras estrechas, donde cuenta la leyenda que el Helloween, el camionero más loco de Segovia y campeón de pulso por Extremadura, puso su Opel Kadett de inyección a ciento ochenta. Qué peligro tenía el Helloween. Recuerdo que la primera vez que me fui de fiesta, con dieciséis años, me llevó él. Nunca olvidaré cómo adelanto a un R5 en una curva con su destartalado GS a ciento cuarenta. En el radiocassette sonaba "Big gun" de AC/DC a todo volumen. Cuando por fin paramos, besé el suelo, como el Papa. Dios, qué miedo pasé.
Afortunadamente, César era mucho más comedido al volante. No era para menos. Las carreteras no eran para llevar las velocidades que solía tomar Helloween y César no se las conocía del todo bien. Pese a que el Helloween se las conocía la dedillo, pocos de nosotros queríamos ir en su coche, salvo en casos de extrema necesidad. Como cuando a las ocho de la mañana te das cuenta que toda la gente de tu pueblo se ha ido y sólo queda él para que te lleve. Que Dios nos pille confesados.
En la carretera camino de Campaspero sólo había como iluminación las luces de los faros y la de las estrellas. Una cosa que me gustaba de mi pueblo es que podía ver mejor que en ningún sitio las luces del firmamento. En Madrid eso es imposible. Sin embargo, allí tenías un espectáculo para acordarte todo el año.
"he oído que la noche... es toda... magia" Sonaban los Héroes en el cassette del coche de César. Joder, pues es verdad.
- César, ¿queda mucho para Campaspero?
miércoles, julio 04, 2007
El pueblo de mi padre tiene, en invierno, apenas noventa y ocho habitantes. Pero es de los pueblos que en verano pueden llegar a quintuplicar la población. Los que emigraron trajeron a sus hijos los veranos, nosotros, que nos hicimos amigos a fuerza de venir.
Los dos Robertos, mis hermanos, César, Ricardo, Jorge, Tomás, Javi, Diego, Ruth, Diana, Raquel, Ricardo, Mari luz, Zoila, Elena, mi prima, Almudena, Óscar, Marta... y más que me olvido. Lo pasamos muy bien juntos, haciéndonos, como esos otros chicos de verano azul, adultos según pasaban los agostos.
¡Qué pueblo más pequeño! Mi chica, cuando lo conoció me dijo que no era especialmente bonito ni se significaba por nada. Es verdad que su pueblo de Córdoba, tan limpio, de casas tan blancas y grandes decía mucho más que este adusto pueblo castellano mío. A cada cual lo suyo. Pero yo, siempre que voy a mi pueblo, cuando poco a poco atravesamos los cerros pelados y tristes hasta llegar a él, no puedo evitar el sentir una emoción especial, un enorme nudo en la garganta. Cierta pena porque esos veranos hayan pasado tan rápido. Porque, parafraseando el poeta, ahora soy un fue. Y cómo me fastidia. Yo soy (fui) un chico que veraneó en uno de los pueblos más pequeños y con menos encanto de toda Castilla. Sin embargo, yo fui inmensamente feliz allí en esos veranos pretéritos.
Me cuenta mi abuela que ahora hay una cuadrilla de chicos importante allí "Como la que vosotros teníais, hijo" Ya. Me alegro mucho por lo que están viviendo, con cierta envidia sana. Pero no puedo evitar sentir pena porque no somos nosotros. "Al final, las cosas quedan, la gente se va. Otros que vienen las olvidarán. La vida sigue igual", que diría un conocido cantante.
En fin.
Retomemos la historia: aquella noche estábamos toda la juventud del pueblo reunidos en el bar de Cirilo pensando en qué hacíamos esa noche. Yo tenía un sueño espantoso y por eso tuve que tomarme un café para espabilarme. Logré sacar a mi padre dos mil pelas, con lo que podría tomarme a gusto esa noche una buena cantidad de cerveza y quién sabe si algún cubata. La noche pintaba bien, tanto si nos quedábamos aquella noche en el frontón como si íbamos a Campaspero.
¡Qué guapas venían las chicas! Su laca en el pelo, su maquillaje, sus vestidos estupendos... En cambio, los chicos llevábamos nuestros vaqueros zaparrastrosos y las camisetas descoloridas; nuestro vestuario no daba para más. Salvo Roberto, que aquella noche llevaba una camiseta bien molona, como de raso, negra, y de letras doradas. Un poco de macarra:
-¿Te gusta, Opo? Me lo ha hecho mi madre.
- No sabía que tu madre cosía.
- Si, de vez en cuando me hace cosas guapas.
- Cambiando de tema: ¿ha venido ya tu hermano?
- Si, ahora baja. Es que está con Marta. Se están... Saludando.
Ni a Roberto ni a su hermano César les iba mal con el otro sexo. Los dos eran bien parecidos, quizá más guapo Roberto, con ese lejano parecido a Josema Yuste, el de los
Martes y Trece. En más de una ocasión alguna chica de mi pueblo me confesó estar un poco pillada por Roberto, y no era para menos: era un tipo encantador, muy atractivo... y alto. Mi hermano y Roberto quizá fueran los dos tipos más altos de la
pandilla. Altura de galanes de Hollywood, diría yo. Eso no dejaba indiferente, sobre todo cuando mi hermano se juntaba con mi abuelo, que no destaca precisamente por su estatura.
¿Está usted seguro que es su nieto?
y mi abuelo se sonreía. Nadie le gana en sentido del humor.
Ya estábamos todos en el bar. Tocaba decidir qué hacer: si quedarnos en el pueblo o irnos a la fiesta de Campaspero. Esto último tenía todas las papeletas de ser lo que ocurriera.
Los dos Robertos, mis hermanos, César, Ricardo, Jorge, Tomás, Javi, Diego, Ruth, Diana, Raquel, Ricardo, Mari luz, Zoila, Elena, mi prima, Almudena, Óscar, Marta... y más que me olvido. Lo pasamos muy bien juntos, haciéndonos, como esos otros chicos de verano azul, adultos según pasaban los agostos.
¡Qué pueblo más pequeño! Mi chica, cuando lo conoció me dijo que no era especialmente bonito ni se significaba por nada. Es verdad que su pueblo de Córdoba, tan limpio, de casas tan blancas y grandes decía mucho más que este adusto pueblo castellano mío. A cada cual lo suyo. Pero yo, siempre que voy a mi pueblo, cuando poco a poco atravesamos los cerros pelados y tristes hasta llegar a él, no puedo evitar el sentir una emoción especial, un enorme nudo en la garganta. Cierta pena porque esos veranos hayan pasado tan rápido. Porque, parafraseando el poeta, ahora soy un fue. Y cómo me fastidia. Yo soy (fui) un chico que veraneó en uno de los pueblos más pequeños y con menos encanto de toda Castilla. Sin embargo, yo fui inmensamente feliz allí en esos veranos pretéritos.
Me cuenta mi abuela que ahora hay una cuadrilla de chicos importante allí "Como la que vosotros teníais, hijo" Ya. Me alegro mucho por lo que están viviendo, con cierta envidia sana. Pero no puedo evitar sentir pena porque no somos nosotros. "Al final, las cosas quedan, la gente se va. Otros que vienen las olvidarán. La vida sigue igual", que diría un conocido cantante.
En fin.
Retomemos la historia: aquella noche estábamos toda la juventud del pueblo reunidos en el bar de Cirilo pensando en qué hacíamos esa noche. Yo tenía un sueño espantoso y por eso tuve que tomarme un café para espabilarme. Logré sacar a mi padre dos mil pelas, con lo que podría tomarme a gusto esa noche una buena cantidad de cerveza y quién sabe si algún cubata. La noche pintaba bien, tanto si nos quedábamos aquella noche en el frontón como si íbamos a Campaspero.
¡Qué guapas venían las chicas! Su laca en el pelo, su maquillaje, sus vestidos estupendos... En cambio, los chicos llevábamos nuestros vaqueros zaparrastrosos y las camisetas descoloridas; nuestro vestuario no daba para más. Salvo Roberto, que aquella noche llevaba una camiseta bien molona, como de raso, negra, y de letras doradas. Un poco de macarra:
-¿Te gusta, Opo? Me lo ha hecho mi madre.
- No sabía que tu madre cosía.
- Si, de vez en cuando me hace cosas guapas.
- Cambiando de tema: ¿ha venido ya tu hermano?
- Si, ahora baja. Es que está con Marta. Se están... Saludando.
Ni a Roberto ni a su hermano César les iba mal con el otro sexo. Los dos eran bien parecidos, quizá más guapo Roberto, con ese lejano parecido a Josema Yuste, el de los
Martes y Trece. En más de una ocasión alguna chica de mi pueblo me confesó estar un poco pillada por Roberto, y no era para menos: era un tipo encantador, muy atractivo... y alto. Mi hermano y Roberto quizá fueran los dos tipos más altos de la
pandilla. Altura de galanes de Hollywood, diría yo. Eso no dejaba indiferente, sobre todo cuando mi hermano se juntaba con mi abuelo, que no destaca precisamente por su estatura.
¿Está usted seguro que es su nieto?
y mi abuelo se sonreía. Nadie le gana en sentido del humor.
Ya estábamos todos en el bar. Tocaba decidir qué hacer: si quedarnos en el pueblo o irnos a la fiesta de Campaspero. Esto último tenía todas las papeletas de ser lo que ocurriera.
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Por desgracia no faltó Roberto II
martes, julio 03, 2007
En el verano del noventa y cuatro yo formaba parte de una pandilla en mi pueblo. Éramos una pandilla de chicos y chicas. Unos estaban en sus primeros años de carrera o terminando el instituto y otros empezaban su andadura laboral. En general, ninguno tenía la economía muy boyante, pero ganas de diversión, todas las del mundo. Esa tarde, Roberto llegó con sus colegas en coche desde Coslada. Tenían ganas de pasarlo bien y Roberto les comentó que en el pueblo, con el río y las fiestas de los pueblos cercanos se lo pasaba uno genial.
En el pueblo se sabe todo enseguida, y yo estaba dándome un chapuzón en el río cuando me enteré que Roberto venía. "Joder, qué bien. La última vez que estuve con él fue aquí en Semana Santa. Vaya tío de puta madre" Salí del agua, me sequé, y mientras los demás decidían quedarse para jugar el frontón, yo, que era (y soy) poco de deportes, decidí irme a saludar a Roberto.
-Bueno chicos, que yo me voy a ver al Rober.
Llegué a su casa. Se oía bullicio. "Roberto debe haberse traído a media Coslada" Pensé. LLamé la puerta, pero no me oían "coño, si está abierta"
-Robertoooooo
-Opooooooo
Nos fundimos en un abrazo. En aquella época yo era muy dado a abrazar a la gente, pero la moda del saludo que trinfaba aquel año en el pueblo era el saludo que Will Smith hacía en el "príncipe de Bel-Air" Roberto me presentó a todos sus colegas. Perecían gente maja. En verano y en el pueblo todo el mundo te cae bien.
-¿Y tu hermano César viene?
-Sale del cuartel a las siete. Yo creo que a las nueve ya estará aquí
Les conté que se estaba pensando el ir por la noche a las fiestas de un pueblo llamado Campaspero o quedarnos en el pueblo y tomar unas litronas y unos calomochos.
-¿Vosotros qué queréis hacer?
Nadie contestó. Parecían cansados del viaje.
- Bueno, hay tiempo para decidirse. Si os parece, nos vemos en el bar de Cirilo y allí decidimos lo que hacemos. Nos vemos.
- ¿A qué hora bajaréis a tomarla?
- a las once o así.
Me fui a mi casa. Estuve un rato charlando en la puerta con la familia, mis abuelos, mis tíos, mis primos...Cené y me duché. Yo también estaba cansado, llevaba encima muchas noches sin dormir de fiesta en fiesta, o simplemente, pasando la noche al raso en el frontón. Por el día tampoco paraba. Baños en el río, paseos en bicicleta... Me tendí en la cama. Cuando me desperté eran las once y media o así. Me puse uno vaqueros y un polo (los que tenía limpios) y me dispuse a salir:
-¿ya te vas, hijo?
-Sí, abuela
-¿Esta noche dónde os toca?
-No lo sé, abuela. Lo mismo nos quedamos en el pueblo. Depende de lo que quiera la gente.
Estaba hecho polvo. Me miré en el bolsillo haber si me quedaba algo de dinero. Trescientas pelas. No era suficiente para toda la noche, además, tenía que comprar tabaco. Pero había venido Rober, y sólo se vive una vez. Ya sacaría el dinero aunque fuera de debajo de las piedras.
LLegué al bar y de mi pandilla no había llegado nadie. Estaban mi padre y sus amigos, que después de una buena cena, jugaban a las cartas. "Esta es la mía" pensé yo. Me fui a la barra, pedí un café solo y un paquete de Fortuna. ciento noventa y cinco pelas. Me quedaban ciento cinco para pasar la noche. La cosa está muy malita... Pero tenía que jugar mi baza.
-Papá ¿Me das dinero para salir esta noche?
Mi padre ya me había dado la asignación semanal el fin de semana anterior, pero tal y como entró en mi bolsillo se fue. Sabía que mi padre no jugaba en terreno neutral. Dudó por un instante mientras simulaba no haberme oído. Entonces, se produjo la jugada que cambiaría el resultado del partido.
- Dále al chico para que salga joer, ¿no ves que si no no tiene para ir a Campaspero?
-¿pero vais a ir esta noche a Campaspero?-preguntó mi padre.
-Eeeh, sí.
-Joder, hijo- se echa mano al bolsillo- Anda, toma. A ver si pensamos un poco más en estudiar y menos en juergas.
¡Dos mil pelas! ¡Puta madre! Si es que hay que saber en qué momento pedir las cosas.
Satisfecho por no estar en números rojos, me fui a terminarme el café. Estaba muy ilusionado, pero también hecho polvo, demasiada juerga encima "¿Y si nos quedáramos en el frontón?" Pensé. Llegó mi hermano (siempre fue más dormilón que yo) Llegaron Tomás, Javi, Jorge, César, el hermano de Roberto y Diego. Las chicas, Ruth, Diana, Raquel, Mari luz, Elena... Aquel día no estábamos toda la pandilla. Faltaban mi hermana, mi prima, Almudena, el otro gran Roberto, su hermano Óscar, su hermana Marta...
En el pueblo se sabe todo enseguida, y yo estaba dándome un chapuzón en el río cuando me enteré que Roberto venía. "Joder, qué bien. La última vez que estuve con él fue aquí en Semana Santa. Vaya tío de puta madre" Salí del agua, me sequé, y mientras los demás decidían quedarse para jugar el frontón, yo, que era (y soy) poco de deportes, decidí irme a saludar a Roberto.
-Bueno chicos, que yo me voy a ver al Rober.
Llegué a su casa. Se oía bullicio. "Roberto debe haberse traído a media Coslada" Pensé. LLamé la puerta, pero no me oían "coño, si está abierta"
-Robertoooooo
-Opooooooo
Nos fundimos en un abrazo. En aquella época yo era muy dado a abrazar a la gente, pero la moda del saludo que trinfaba aquel año en el pueblo era el saludo que Will Smith hacía en el "príncipe de Bel-Air" Roberto me presentó a todos sus colegas. Perecían gente maja. En verano y en el pueblo todo el mundo te cae bien.
-¿Y tu hermano César viene?
-Sale del cuartel a las siete. Yo creo que a las nueve ya estará aquí
Les conté que se estaba pensando el ir por la noche a las fiestas de un pueblo llamado Campaspero o quedarnos en el pueblo y tomar unas litronas y unos calomochos.
-¿Vosotros qué queréis hacer?
Nadie contestó. Parecían cansados del viaje.
- Bueno, hay tiempo para decidirse. Si os parece, nos vemos en el bar de Cirilo y allí decidimos lo que hacemos. Nos vemos.
- ¿A qué hora bajaréis a tomarla?
- a las once o así.
Me fui a mi casa. Estuve un rato charlando en la puerta con la familia, mis abuelos, mis tíos, mis primos...Cené y me duché. Yo también estaba cansado, llevaba encima muchas noches sin dormir de fiesta en fiesta, o simplemente, pasando la noche al raso en el frontón. Por el día tampoco paraba. Baños en el río, paseos en bicicleta... Me tendí en la cama. Cuando me desperté eran las once y media o así. Me puse uno vaqueros y un polo (los que tenía limpios) y me dispuse a salir:
-¿ya te vas, hijo?
-Sí, abuela
-¿Esta noche dónde os toca?
-No lo sé, abuela. Lo mismo nos quedamos en el pueblo. Depende de lo que quiera la gente.
Estaba hecho polvo. Me miré en el bolsillo haber si me quedaba algo de dinero. Trescientas pelas. No era suficiente para toda la noche, además, tenía que comprar tabaco. Pero había venido Rober, y sólo se vive una vez. Ya sacaría el dinero aunque fuera de debajo de las piedras.
LLegué al bar y de mi pandilla no había llegado nadie. Estaban mi padre y sus amigos, que después de una buena cena, jugaban a las cartas. "Esta es la mía" pensé yo. Me fui a la barra, pedí un café solo y un paquete de Fortuna. ciento noventa y cinco pelas. Me quedaban ciento cinco para pasar la noche. La cosa está muy malita... Pero tenía que jugar mi baza.
-Papá ¿Me das dinero para salir esta noche?
Mi padre ya me había dado la asignación semanal el fin de semana anterior, pero tal y como entró en mi bolsillo se fue. Sabía que mi padre no jugaba en terreno neutral. Dudó por un instante mientras simulaba no haberme oído. Entonces, se produjo la jugada que cambiaría el resultado del partido.
- Dále al chico para que salga joer, ¿no ves que si no no tiene para ir a Campaspero?
-¿pero vais a ir esta noche a Campaspero?-preguntó mi padre.
-Eeeh, sí.
-Joder, hijo- se echa mano al bolsillo- Anda, toma. A ver si pensamos un poco más en estudiar y menos en juergas.
¡Dos mil pelas! ¡Puta madre! Si es que hay que saber en qué momento pedir las cosas.
Satisfecho por no estar en números rojos, me fui a terminarme el café. Estaba muy ilusionado, pero también hecho polvo, demasiada juerga encima "¿Y si nos quedáramos en el frontón?" Pensé. Llegó mi hermano (siempre fue más dormilón que yo) Llegaron Tomás, Javi, Jorge, César, el hermano de Roberto y Diego. Las chicas, Ruth, Diana, Raquel, Mari luz, Elena... Aquel día no estábamos toda la pandilla. Faltaban mi hermana, mi prima, Almudena, el otro gran Roberto, su hermano Óscar, su hermana Marta...
lunes, julio 02, 2007
Si algo ha traído Internet al mundo, sin duda es, la verdadera libertad. Si algo nos ha enseñado Internet es quiénes son aquéllos que nos han estado coartando nuestra libertad, a veces sin darnos cuenta.
Coartar significa, según el diccionario, "estorbar o limitar por medios no físicos la acción, la potestad o la voluntad de alguien". Es, digamos, lo que hacen esas sociedades de autores que, cuando demandan a alguien que, haciendo uso o ejercicio de la tan traída y llevada libertad, se descarga archivos para su uso y disfrute personal; cuando ponen demandas contra gente por el hecho de opinar que aquello que hacen no está bien; o cuando actúan como lobbies ajenos a la voluntad popular para que sus lacayos los gobernantes, legislen a su voluntad, que no es la del pueblo.
Decía Ortega y Gasset -más o menos- que la fuente de todo derecho es lo que está basado en la voluntad de la gente, que el derecho se ajusta a las prácticas cotidianas. No puedes hacer que se legisle en contra de la voluntad del pueblo, que en este caso es otra cosa de tener el acceso total a las obras de creación para su uso y disfrute personal de cada uno. En definitiva, si nos atenemos al espíritu de las palabras de ese gran filósofo, no se puede penalizar que la gente se descargue cosas, porque eso va en contra del deseo generalizado de la sociedad, como no se puede atentar contra la libertad de expresión poniendo demandas a los que critican libremente ciertas prácticas que a mi modo de ver tienen algo de mafiosas.
En cierta manera, esto no es un síntoma más de lo que ya llevaba sospechando desde que tenía unos quince años, que era un idealista y tenía unas ganas enormes de cambiar este mundo sin derechos ni justicia: pensaba que vivimos una gran dictadura, la dictadura del dinero, donde las oligarquías hacen lo que quieren y hacen que gobernantes y legisladores actúen a su capricho; no es otra cosa que la dictadura del dinero.
El mercado actual es un gran buque de esclavos destinados a alimentar el gran monstruo romano. Internet supuso una vía de agua de ese gran buque y lo están tratando de tapar a base de papel judicial. Ojalá que ese papel, por muy voluminoso y pesado que sea, se deshaga con el agua entrante y no detenga jamás la vía que se está produciendo en el barco de esclavos actual.
Creo sinceramente que el dinero es la mayor cadena que tenemos los esclavos actuales. Lo único que me consuela es que la cadena de los que más dinero tienen es más pesada, más grande, más odiosa que la nuestra; ¡pero hasta dónde llega su lamento! Hasta llevar a los tribunales a una pobre gente que no deja de ser esclava.
Coartar significa, según el diccionario, "estorbar o limitar por medios no físicos la acción, la potestad o la voluntad de alguien". Es, digamos, lo que hacen esas sociedades de autores que, cuando demandan a alguien que, haciendo uso o ejercicio de la tan traída y llevada libertad, se descarga archivos para su uso y disfrute personal; cuando ponen demandas contra gente por el hecho de opinar que aquello que hacen no está bien; o cuando actúan como lobbies ajenos a la voluntad popular para que sus lacayos los gobernantes, legislen a su voluntad, que no es la del pueblo.
Decía Ortega y Gasset -más o menos- que la fuente de todo derecho es lo que está basado en la voluntad de la gente, que el derecho se ajusta a las prácticas cotidianas. No puedes hacer que se legisle en contra de la voluntad del pueblo, que en este caso es otra cosa de tener el acceso total a las obras de creación para su uso y disfrute personal de cada uno. En definitiva, si nos atenemos al espíritu de las palabras de ese gran filósofo, no se puede penalizar que la gente se descargue cosas, porque eso va en contra del deseo generalizado de la sociedad, como no se puede atentar contra la libertad de expresión poniendo demandas a los que critican libremente ciertas prácticas que a mi modo de ver tienen algo de mafiosas.
En cierta manera, esto no es un síntoma más de lo que ya llevaba sospechando desde que tenía unos quince años, que era un idealista y tenía unas ganas enormes de cambiar este mundo sin derechos ni justicia: pensaba que vivimos una gran dictadura, la dictadura del dinero, donde las oligarquías hacen lo que quieren y hacen que gobernantes y legisladores actúen a su capricho; no es otra cosa que la dictadura del dinero.
El mercado actual es un gran buque de esclavos destinados a alimentar el gran monstruo romano. Internet supuso una vía de agua de ese gran buque y lo están tratando de tapar a base de papel judicial. Ojalá que ese papel, por muy voluminoso y pesado que sea, se deshaga con el agua entrante y no detenga jamás la vía que se está produciendo en el barco de esclavos actual.
Creo sinceramente que el dinero es la mayor cadena que tenemos los esclavos actuales. Lo único que me consuela es que la cadena de los que más dinero tienen es más pesada, más grande, más odiosa que la nuestra; ¡pero hasta dónde llega su lamento! Hasta llevar a los tribunales a una pobre gente que no deja de ser esclava.
domingo, julio 01, 2007
Cuando empecé a utilizar el Google, y ver la gran utilidad que tenía, pensé que era el fin del prestigio de la memoria -de la nuestra- que tanto ha servido para el progreso humano; Adiós al juego con el pasado para preparar el futuro. Pero no. Luego pensé que alguien se acordó de una manzana cayendo del árbol. Después, descubrió la ley de la gravedad. Alguien se acordó de esa chica que le dijo un no terrible para un adolescente. Después, escribió una novela en el que un personaje se suicida. Por amor, claro está. el juego con la memoria se llama creación. La memoria es el ingrediente indispensable de la inteligencia. Quizá Dios hizo el mundo a través de su memoria.
Hubo muchos que como yo en un principio contribuyeron a la pérdida de prestigio de la memoria por culpa de la llegada del Google, pero no fue sólo eso lo que casi mata la fama de la memoria: unos cuantos años antes, los pedagogos se pusieron en contra de los ejercicios memorísticos que se hacían en la escuela. "¿Para qué memorizar tanto dato, nombre, etc? Está en contra de lo que es el verdadero aprendizaje". Pero claro, se olvidaron (por no tener memoria) que para que se produzca el juego de la creación hay que tener previamente el almacenaje de los datos. Un puzzle no es nada sin piezas.
Y llegó Google: ¿Fecha de la ratificación de la declaración de independencia de los EEUU? 4 de julio de 1776 ¿En qué pueblo nació Confucio? En Qufu. ¿Una frase de Confucio defendiendo el uso de la memoria? "Estudia el pasado si quieres pronosticar el futuro" Con Google creíamos que llegaría la puntilla definitiva a la memoria, porque ya si que estaba todo masticado, no hacía falta recordar nada. Sin embargo, busco en Google: "marca de los zapatos que me hicieron daño en los pies durante toda mi comunión en la que mantuve el tipo como un campeón"- Nada. "Nombre de la primera niña de la que yo me enamoré a los ocho años" .Nada. Datos que guardo en mi memoria con cariño, perfectamente distinguibles entre la nebulosa del qué comí ayer y del qué cené el miércoles por la noche.
"el ser humano puede contemplar el pasado y planear el futuro" me dice la Wikipedia. Gracias a eso, nunca más me compré mocasines de polipiel y procuré enamorarme de una chica que me quisiera. Google no llega hasta donde llega la memoria humana, que se pone en el abismo de la nada, y nos anima a saltar. Y vaya que si saltamos.
No perdáis la memoria, amigos míos. Recurrid a Google, pero no está de más que esa información que recopiléis os la guardéis en el disco duro que tenéis debajo del cráneo, en ese dispositivo que sirve para encerrar la memoria en el presente que ya está siendo futuro. La memoria es divertimento y utilidad. Hagan juego, señores.
Hubo muchos que como yo en un principio contribuyeron a la pérdida de prestigio de la memoria por culpa de la llegada del Google, pero no fue sólo eso lo que casi mata la fama de la memoria: unos cuantos años antes, los pedagogos se pusieron en contra de los ejercicios memorísticos que se hacían en la escuela. "¿Para qué memorizar tanto dato, nombre, etc? Está en contra de lo que es el verdadero aprendizaje". Pero claro, se olvidaron (por no tener memoria) que para que se produzca el juego de la creación hay que tener previamente el almacenaje de los datos. Un puzzle no es nada sin piezas.
Y llegó Google: ¿Fecha de la ratificación de la declaración de independencia de los EEUU? 4 de julio de 1776 ¿En qué pueblo nació Confucio? En Qufu. ¿Una frase de Confucio defendiendo el uso de la memoria? "Estudia el pasado si quieres pronosticar el futuro" Con Google creíamos que llegaría la puntilla definitiva a la memoria, porque ya si que estaba todo masticado, no hacía falta recordar nada. Sin embargo, busco en Google: "marca de los zapatos que me hicieron daño en los pies durante toda mi comunión en la que mantuve el tipo como un campeón"- Nada. "Nombre de la primera niña de la que yo me enamoré a los ocho años" .Nada. Datos que guardo en mi memoria con cariño, perfectamente distinguibles entre la nebulosa del qué comí ayer y del qué cené el miércoles por la noche.
"el ser humano puede contemplar el pasado y planear el futuro" me dice la Wikipedia. Gracias a eso, nunca más me compré mocasines de polipiel y procuré enamorarme de una chica que me quisiera. Google no llega hasta donde llega la memoria humana, que se pone en el abismo de la nada, y nos anima a saltar. Y vaya que si saltamos.
No perdáis la memoria, amigos míos. Recurrid a Google, pero no está de más que esa información que recopiléis os la guardéis en el disco duro que tenéis debajo del cráneo, en ese dispositivo que sirve para encerrar la memoria en el presente que ya está siendo futuro. La memoria es divertimento y utilidad. Hagan juego, señores.
sábado, junio 30, 2007

España es el país del mundo donde más cocaína se consume. Será porque nos gusta demasiado la fiesta; será porque se ha pasado el tiempo del vino y una noche de cubatas en una discoteca resulta tan caro como pillarte una rayita.
No penséis que soy consumidor habitual de coca. Una vez, con dieciséis años, vi unos TAC del cerebro publicados en EL PAÍS en los cuales se mostraba los efectos de la coca y vaya que los había. Entonces decidí no probarla nunca, porque me quedó la sensación de que probándola, yo sería menos yo. Tal vez, si no hubiera visto aquellas fotos, la hubiera probado, reconozco que me gusta experimentar, y estaba al alcance de mi mano. A más de un conocido he visto en modo aspiradora en algún momento de la noche. Sólo con preguntarle dónde había conseguido la cosa... pero sin embargo, opté por pasar. Reconozco que el ver esas modificaciones en el cerebro me marcó bastante.
El tabaco también modifica los pulmones, y también he visto fotos de pulmones tuneados en negro antracita. Pese a que la importancia de los pulmones es incluso mayor (muchos hombres pueden vivir sin pensar, pero dudo mucho que puedan vivir sin respirar), reconozco que les he mostrado menos respeto que al cerebro, y me fumo con deleite y sin piedad los canutitos de papel rellenos de mierda. Pobres de mis pulmones, que alguna vez soñaron que eran aire.
Tampoco se puede decir que respete demasiado a mi hígado. Aunque no lo suelo castigar a diario, reconozco que a veces he abusado de su confianza y le he hecho trabajar más de la cuenta inútilmente. El hígado, aparte de vérselas con las grasas, hace dentro del cuerpo la función de limpieza, y limpiar es una cosa tan importante o más que pensar. Pero al igual que las señoras o señores de la limpieza no tienen de la sociedad el respeto y el sueldo que se merecen, el hígado de los borrachos es pobre de cuidados y objeto de chanzas y pitorreos de la cultura popular.
Ahora que lo pienso, los que menos han respetado el cuerpo desde siempre han sido los heroinómanos. La heroína es una sustancia que lo estropea todo muy bien, e incluso cuando se deja de tomarla, produce cagarrinas: no estás bien ni con ella ni sin ella, aunque los que la han probado dicen encontrarse muy a gusto en pleno viaje. Yo pertenezco a esa generación en la que muchos de sus hermanos mayores cayeron fulminados por el caballo mientras se iban de viaje. Le cogimos un miedo atroz a la heroína, no así a todo lo demás. No obstante, eso no quiere decir que el cerebro lo tengamos muy bien, porque luego están las pastis, la marihuana, el café o las compras: drogas muy malas para la cabeza, cada una en su estilo nos han modificado a capricho.
Empecé hablando de la droga ilegal favorita de los españoles y acabo hablando de casi todas. mucho vicio es lo que hay en este país.
En fin, niños no caigáis en la tentación de drogaros, y si lo hacéis, hacedlo en la única droga que da más gusto que ninguna y no produce adicción: el sexo.
jueves, junio 28, 2007
Cómo me tienen de harto las compañías telefónicas. Nos cobran el dinero que les da la gana, saltándose a la torera esa cosa tan bonita de la libre competencia. Pactan tarifas, calidades y lo que se les ponga por los mengues, y gracias a todo ello tenemos el internet y la telefonía más caros y de peor calidad de Europa. Son unas auténticas piratas. Pongo como ejemplos a mis compañías favoritas: Ya.com y Telefónica.
-Ya.com me llamaba todos los viernes para ver si les contrataba. Recibí de ellos ni se sabe llamadas. Le tuve que decir a la última operadora, (por cierto, con acento extranjero, sabe Dios en qué condiciones laborales estará trabajando) que por favor me borraran de sus bases de datos. Además, les puse una queja porque esto me parecía más un acoso que una campaña de captación de clientes. Desde entonces entendí lo que era el marketing agresivo.
-Telefónica me estaba cobrando un abono ciudad que yo jamás había usado, dado que tengo tarifa plana con orange, y llamé indignado por cobrarme por no hacer nada. Yo lo único que tengo contratado con telefónica es la línea, que cada año que pasa es más cara, y porque no me queda más remedio, dado que como Telefónica tiene un monopolio de las infraestructuras, no me queda otra que pasar por ella si quiero tener Internet y teléfono. Pero los muy caraduras encima me pasaban factura por llamadas, teniendo yo contratadas las mismas con la otra compañía. Es decir, pasaban por caja dos compañías por el mismo servicio.
Encima, no hace mucho, me llamó una teleoperadora de Telefónica que con teatral indignación me preguntaba que "Cómo es que tenía tan poco gasto con ellos". Imaginaos que los de Armani llamaran a vuestra puerta indignados diciéndoos que cómo es que no os gastáis el dinero en sus trajes. Le echaríais a patadas, ¿verdad? Es lo lógico. Pues yo, por contra, pensando que la teleoperadora no es más que una trabajadora mal pagada, no descargué sobre ella toda la ira por las cosas que le obligaban a decir. Ahora, si hubiera tenido delante de mí a alguno de los miembros del consejo de administración de Telefónica, me hubiera despachado a gusto.
Lo malo es que no puedo mandar a Telefónica al infierno porque como os dije antes, tienen toda las infraestructuras, por otra parte, pagadas por todos los españoles durante años hasta que la compañía fue privatizada y se convirtió en la gallina de los huevos de oros en manos de unos cuantos rufianes.
Mierda de Telefonía en España. y habla el Banco de España de privatizar las telecomunicaciones ¿Más todavía? ¿Para qué? ¿Para que la próxima vez que les llamemos
para poner una reclamación nos atienda un teleoperador que hable sólo chino?
-Ya.com me llamaba todos los viernes para ver si les contrataba. Recibí de ellos ni se sabe llamadas. Le tuve que decir a la última operadora, (por cierto, con acento extranjero, sabe Dios en qué condiciones laborales estará trabajando) que por favor me borraran de sus bases de datos. Además, les puse una queja porque esto me parecía más un acoso que una campaña de captación de clientes. Desde entonces entendí lo que era el marketing agresivo.
-Telefónica me estaba cobrando un abono ciudad que yo jamás había usado, dado que tengo tarifa plana con orange, y llamé indignado por cobrarme por no hacer nada. Yo lo único que tengo contratado con telefónica es la línea, que cada año que pasa es más cara, y porque no me queda más remedio, dado que como Telefónica tiene un monopolio de las infraestructuras, no me queda otra que pasar por ella si quiero tener Internet y teléfono. Pero los muy caraduras encima me pasaban factura por llamadas, teniendo yo contratadas las mismas con la otra compañía. Es decir, pasaban por caja dos compañías por el mismo servicio.
Encima, no hace mucho, me llamó una teleoperadora de Telefónica que con teatral indignación me preguntaba que "Cómo es que tenía tan poco gasto con ellos". Imaginaos que los de Armani llamaran a vuestra puerta indignados diciéndoos que cómo es que no os gastáis el dinero en sus trajes. Le echaríais a patadas, ¿verdad? Es lo lógico. Pues yo, por contra, pensando que la teleoperadora no es más que una trabajadora mal pagada, no descargué sobre ella toda la ira por las cosas que le obligaban a decir. Ahora, si hubiera tenido delante de mí a alguno de los miembros del consejo de administración de Telefónica, me hubiera despachado a gusto.
Lo malo es que no puedo mandar a Telefónica al infierno porque como os dije antes, tienen toda las infraestructuras, por otra parte, pagadas por todos los españoles durante años hasta que la compañía fue privatizada y se convirtió en la gallina de los huevos de oros en manos de unos cuantos rufianes.
Mierda de Telefonía en España. y habla el Banco de España de privatizar las telecomunicaciones ¿Más todavía? ¿Para qué? ¿Para que la próxima vez que les llamemos
para poner una reclamación nos atienda un teleoperador que hable sólo chino?
miércoles, junio 27, 2007
Ayer felicité a una compañera, porque logró por fin la ansiada plaza fija. Quedó la primera de novecientas personas con lo que, se mire por donde se mire, se puede calificar los suyo como una gesta heroica. Anónima, pero heroica.
El proceso de selección se basó en tres cosas:
-Un concurso de méritos
-una prueba psicotécnica
-Y para los que pasaran los dos cortes anteriores, una entrevista personal.
Yo salí muy bien parado en la prueba psicotécnica. Por desgracia, los puntos que yo tenía de méritos profesionales eran muy exiguos, así que me quedé en un lejano puesto en la tabla, que significa que voy a seguir una buena temporada con la tortura psicológica que es la contratación temporal, que hace, entre otras cosas, que este verano me quede sin las merecidísimas (ahora más que nunca) vacaciones. Mi chica está que trina y yo veo pasar el verano silbando.
Me alegré muchísimo por mi compañera de trabajo. Llevaba tres años como interina en el hospital. Se trata de una mujer buena, entrada en la cuarentena, de espíritu joven, inteligente pero con la autoestima muy baja, muy buena persona y gran trabajadora. Creo que se ha hecho justicia con ella. Además, está entrando en esa edad peligrosa en la que muchas puertas se cierran. Si no, que se lo pregunten a ese director financiero del que os hablé en una entrada pasada, víctima de ese retorcido criterio que tienen las empresas, para las cuales un ejecutivo de más de cincuenta años queda feo y daña a la vista.
A ella le pasó lo que para mí hubiera deseado que me pasara no hace más de un año: yo también era interino, llevaba tres años en la universidad, pero un criterio de selección bastante menos benévolo con los interinos que el del hospital me puso de patitas en la calle. Bueno, han tenido algo de piedad: me han llamado para trabajar dos meses. Debería estarles muy agradecido a los muy...
Reitero: con ella se ha hecho justicia. Llevaba dos o tres contratos encadenados y me consta que no entró por ningún enchufe ni recomendación. Aunque este proceso selectivo se hizo para que gente como ella tuviera ventajas, creo que lo que ha pasado es lo que deben hacer las empresas con los trabajadores que funcionan: perpetuar su contrato en el tiempo.
"Ahora te toca a ti" Me dice mi buena compañera mientras nos tomamos un café que paga ella, por supuesto, faltaría más. Desea que me saque lo de profe del año que viene. Le deberé una cena si lo consigo. En mi oposición también se valoran los méritos de los que han trabajado antes de profesor. Lo tendré difícil, pues nunca he ejercido de tal dentro en la administración. Mi experiencia se reduce al voluntariado o a clases particulares, méritos que no cuentan para el baremo.
Me pregunto cuándo podré tener yo esos ojos luminosos y esa sonrisa perdida en el infinito que a ella le han quedado.
El proceso de selección se basó en tres cosas:
-Un concurso de méritos
-una prueba psicotécnica
-Y para los que pasaran los dos cortes anteriores, una entrevista personal.
Yo salí muy bien parado en la prueba psicotécnica. Por desgracia, los puntos que yo tenía de méritos profesionales eran muy exiguos, así que me quedé en un lejano puesto en la tabla, que significa que voy a seguir una buena temporada con la tortura psicológica que es la contratación temporal, que hace, entre otras cosas, que este verano me quede sin las merecidísimas (ahora más que nunca) vacaciones. Mi chica está que trina y yo veo pasar el verano silbando.
Me alegré muchísimo por mi compañera de trabajo. Llevaba tres años como interina en el hospital. Se trata de una mujer buena, entrada en la cuarentena, de espíritu joven, inteligente pero con la autoestima muy baja, muy buena persona y gran trabajadora. Creo que se ha hecho justicia con ella. Además, está entrando en esa edad peligrosa en la que muchas puertas se cierran. Si no, que se lo pregunten a ese director financiero del que os hablé en una entrada pasada, víctima de ese retorcido criterio que tienen las empresas, para las cuales un ejecutivo de más de cincuenta años queda feo y daña a la vista.
A ella le pasó lo que para mí hubiera deseado que me pasara no hace más de un año: yo también era interino, llevaba tres años en la universidad, pero un criterio de selección bastante menos benévolo con los interinos que el del hospital me puso de patitas en la calle. Bueno, han tenido algo de piedad: me han llamado para trabajar dos meses. Debería estarles muy agradecido a los muy...
Reitero: con ella se ha hecho justicia. Llevaba dos o tres contratos encadenados y me consta que no entró por ningún enchufe ni recomendación. Aunque este proceso selectivo se hizo para que gente como ella tuviera ventajas, creo que lo que ha pasado es lo que deben hacer las empresas con los trabajadores que funcionan: perpetuar su contrato en el tiempo.
"Ahora te toca a ti" Me dice mi buena compañera mientras nos tomamos un café que paga ella, por supuesto, faltaría más. Desea que me saque lo de profe del año que viene. Le deberé una cena si lo consigo. En mi oposición también se valoran los méritos de los que han trabajado antes de profesor. Lo tendré difícil, pues nunca he ejercido de tal dentro en la administración. Mi experiencia se reduce al voluntariado o a clases particulares, méritos que no cuentan para el baremo.
Me pregunto cuándo podré tener yo esos ojos luminosos y esa sonrisa perdida en el infinito que a ella le han quedado.
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de vez en cuando pasan cosas buenas
martes, junio 26, 2007
Hay veces que tengo la sensación de que lo que me importa no es lo que le interesa a la mayoría de la gente; el ejemplo más claro lo tuve con la biblioteca, que cuando la cerraron por las mañanas a unos pocos nos hicieron una buena faena, pero a la mayoría el asunto le trajo sin cuidado. Ahora mismo, como trabajo de tarde, necesito que esté abierta, por si tengo que consultar algunos libros que me serían muy útiles para mi oposición, pero nones: se me veda esta posibilidad, así como a otros tantos que están en mi misma situación.
En su momento nos pusimos levantiscos. Llegamos a reunir trescientas firmas, cifra despreciable al parecer para la jefa de Bibliotecas del Ayuntamiento. No nos hizo ni caso y la biblioteca permanece cerrada por las mañanas. Para que tengáis una idea de lo que sabe ella de lo que es una biblioteca, dice que la biblioteca "sólo es un sitio de préstamo de libros, no de estudio" Vaya un concepto sobre lo que es una biblioteca.
En fin, el asunto me dejó un poco triste porque gran parte de mi formación la conseguí yendo a esa biblioteca. Pero el que esté abierta por las mañanas es una cosa que sólo nos interesa a unos pocos locos, bien porque tenemos que preparar exámenes o bien por el placer de la lectura dentro de sus muros.
Ahora la gente se preocupa por los grandes temas, como el fútbol o la cirugía estética de famosos, asuntos de estupidez máxima, pero que no es óbice para dedicarles toda la atención en los medios y pasar como una apisonadora sobre cosas pequeñas como mi biblioteca, refugio de un club heterogéneo de unos pobres locos un tanto frikis, club del que soy socio honorario desde que era niño.
De todos modos, no puedo esperar que la ciudadanía madrileña se haga eco a mi pequeña reivindicación; si no pone el grito en el cielo por la paulatina privatización de la sanidad pública madrileña, ese gran tesoro que tenemos ¿Cómo les va a interesar mi pequeña biblioteca? Si fuera una manifestación en contra del matrimonio gay, otro gallo cantaría. La última que hubo en Madrid fue un verdadero éxito y un gran homenaje, por lo demás, a lo mejor de la estulticia humana. Bueno, tal vez podría convocar una manifestación en contra de los horarios homosexuales de apertura ... A lo mejor vendría mucha de esa gente que está tan interesada en lo que pasa en los dormitorios ajenos.
En fin, para consolarme, muchas veces pienso que formar parte de la masa no es ser parte de la verdad. Nadar contracorriente a veces es lo correcto pese a que sea peligroso y desmoralizante y tengas a cientos de miles de personas que desde la orilla te están diciendo idiota o cosas mucho peores.
En su momento nos pusimos levantiscos. Llegamos a reunir trescientas firmas, cifra despreciable al parecer para la jefa de Bibliotecas del Ayuntamiento. No nos hizo ni caso y la biblioteca permanece cerrada por las mañanas. Para que tengáis una idea de lo que sabe ella de lo que es una biblioteca, dice que la biblioteca "sólo es un sitio de préstamo de libros, no de estudio" Vaya un concepto sobre lo que es una biblioteca.
En fin, el asunto me dejó un poco triste porque gran parte de mi formación la conseguí yendo a esa biblioteca. Pero el que esté abierta por las mañanas es una cosa que sólo nos interesa a unos pocos locos, bien porque tenemos que preparar exámenes o bien por el placer de la lectura dentro de sus muros.
Ahora la gente se preocupa por los grandes temas, como el fútbol o la cirugía estética de famosos, asuntos de estupidez máxima, pero que no es óbice para dedicarles toda la atención en los medios y pasar como una apisonadora sobre cosas pequeñas como mi biblioteca, refugio de un club heterogéneo de unos pobres locos un tanto frikis, club del que soy socio honorario desde que era niño.
De todos modos, no puedo esperar que la ciudadanía madrileña se haga eco a mi pequeña reivindicación; si no pone el grito en el cielo por la paulatina privatización de la sanidad pública madrileña, ese gran tesoro que tenemos ¿Cómo les va a interesar mi pequeña biblioteca? Si fuera una manifestación en contra del matrimonio gay, otro gallo cantaría. La última que hubo en Madrid fue un verdadero éxito y un gran homenaje, por lo demás, a lo mejor de la estulticia humana. Bueno, tal vez podría convocar una manifestación en contra de los horarios homosexuales de apertura ... A lo mejor vendría mucha de esa gente que está tan interesada en lo que pasa en los dormitorios ajenos.
En fin, para consolarme, muchas veces pienso que formar parte de la masa no es ser parte de la verdad. Nadar contracorriente a veces es lo correcto pese a que sea peligroso y desmoralizante y tengas a cientos de miles de personas que desde la orilla te están diciendo idiota o cosas mucho peores.
lunes, junio 25, 2007
¿He dicho aquí en alguna ocasión que la amistad es como una planta? Sí, la amistad es una planta. En mi casa tenemos muchas ( de las verdes, que las del otro tipo viven en sus respectivas casas) y mi chica se encarga sobre todo del cuidado de las vegetales. Entre los dos cuidamos las que no funcionan con clorofila y fotosíntesis. Nos suelen durar bastante ambas porque tenemos mano con ellas. Pero hasta llegar a este punto, muchas se han quedado en el camino, de las de un tipo y de otro: de las que tienen raíces, unas han muerto por exceso de riego, otras por defecto, unas por mucha luz, otras porque no son de naturaleza longeva y otras que aún siéndolo, se han muerto sin más. Con las que tienen pies pasó igual: mientras con unos amigos cultivamos una amistad desde siempre, otros amigos nos ha durado un suspiro. Circunstancias de la vida.
Lo bueno que tienen los amigos y las plantas es que tú los eliges, y ellos te eligen a ti. Si tú no gustas a una planta, acaba muriéndose. Dado que no puede salir corriendo despavorida, opta por morirse. Un amigo, sin embargo, sí puede huir lejos de ti. En cierta manera, el divorcio lo inventaron dos amigos, ¿Pues qué es el matrimonio, sino el estado más sublime de amistad que puedes llevar con una persona del otro sexo, e incluso del mismo sexo, según las leyes españolas actuales? En mi caso particular, mi amiga más íntima es mi mujer, pues cumple los requisitos de un amigo:
-la he elegido yo y ella me ha elegido a mí.
-Nos contamos confidencias y secretos que no decimos a nadie más.
-"Un amigo es uno que lo sabe todo de ti y a pesar de ello te quiere" Elbert Hubbard
Cuando te enfadas conmigo siempre me acuerdo de esta frase, cariño. Menos mal que, a pesar de todo...
Clases de amigos hay muchas. Yo he tenido muchos amigos. Pero siempre he vuelto a los de siempre, a los niños y niñas que estuvieron en mi infancia y en mi adolescencia, cuya amistad está ya a toda prueba. Son mis otros amigos íntimos. El tiempo es el mejor evaluador de la amistad y hemos pasado la prueba, chicos. Posteriormente he hecho otras amistades, pero éstas han sido menos duraderas que vosotros, tal vez debido a que el hombre, cuanto más mayor, pierde la capacidad de tolerancia a las costumbres e idiosincrasias de los otros. Por eso, mientras hay una clase de amigos por los que te entregas totalmente, hay otros con los que la entrega no es total, porque el hombre pierde la capacidad de entrega en la amistad a medida que se hace mayor. No quiero pecar de pesimista, pero creo cuanto más mayores nos hacemos más inocencia se nos cae de la regadera.
Luego hay otra clase de amigos, muy importantes también, que por circunstancias de la vida se pierden en otros senderos que no son el tuyo. Son como esas plantas que has estado cuidando pero que regalas a alguien y ya no vuelves a saber más de ellas. Tú has estado a gusto con ellos y ellos contigo. Sin embargo, un día, desaparecen sin más. Son, por ejemplo, esos amigos del verano que se hicieron año tras año pero que un buen día dejaste de verles, sin que haya habido enfados de por medio. Sirvan estas palabras de homenaje a ellos.
En fin, la amistad. "Dime con quién andas y te diré quién eres" y vosotros, los que andáis conmigo y me leéis, creo que a lo largo de estos doscientos artículos ya sabéis un poco más quiénes sois por leer quién soy yo.
Lo bueno que tienen los amigos y las plantas es que tú los eliges, y ellos te eligen a ti. Si tú no gustas a una planta, acaba muriéndose. Dado que no puede salir corriendo despavorida, opta por morirse. Un amigo, sin embargo, sí puede huir lejos de ti. En cierta manera, el divorcio lo inventaron dos amigos, ¿Pues qué es el matrimonio, sino el estado más sublime de amistad que puedes llevar con una persona del otro sexo, e incluso del mismo sexo, según las leyes españolas actuales? En mi caso particular, mi amiga más íntima es mi mujer, pues cumple los requisitos de un amigo:
-la he elegido yo y ella me ha elegido a mí.
-Nos contamos confidencias y secretos que no decimos a nadie más.
-"Un amigo es uno que lo sabe todo de ti y a pesar de ello te quiere" Elbert Hubbard
Cuando te enfadas conmigo siempre me acuerdo de esta frase, cariño. Menos mal que, a pesar de todo...
Clases de amigos hay muchas. Yo he tenido muchos amigos. Pero siempre he vuelto a los de siempre, a los niños y niñas que estuvieron en mi infancia y en mi adolescencia, cuya amistad está ya a toda prueba. Son mis otros amigos íntimos. El tiempo es el mejor evaluador de la amistad y hemos pasado la prueba, chicos. Posteriormente he hecho otras amistades, pero éstas han sido menos duraderas que vosotros, tal vez debido a que el hombre, cuanto más mayor, pierde la capacidad de tolerancia a las costumbres e idiosincrasias de los otros. Por eso, mientras hay una clase de amigos por los que te entregas totalmente, hay otros con los que la entrega no es total, porque el hombre pierde la capacidad de entrega en la amistad a medida que se hace mayor. No quiero pecar de pesimista, pero creo cuanto más mayores nos hacemos más inocencia se nos cae de la regadera.
Luego hay otra clase de amigos, muy importantes también, que por circunstancias de la vida se pierden en otros senderos que no son el tuyo. Son como esas plantas que has estado cuidando pero que regalas a alguien y ya no vuelves a saber más de ellas. Tú has estado a gusto con ellos y ellos contigo. Sin embargo, un día, desaparecen sin más. Son, por ejemplo, esos amigos del verano que se hicieron año tras año pero que un buen día dejaste de verles, sin que haya habido enfados de por medio. Sirvan estas palabras de homenaje a ellos.
En fin, la amistad. "Dime con quién andas y te diré quién eres" y vosotros, los que andáis conmigo y me leéis, creo que a lo largo de estos doscientos artículos ya sabéis un poco más quiénes sois por leer quién soy yo.
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