miércoles, mayo 16, 2007

Da gusto con la civilización egipcia. Qué envidia dan los Mayas. Estos griegos clásicos sí que sabían hacer las cosas. Y que vivan las catedrales.
En general, nuestros antepasados hacían las cosas para durar, no como nosotros, que con tanta obsolescencia planificada nos van a nombrar el imperio de lo efímero.
Y luego me extraña que me duren poco los contratos que me está haciendo el hospital. Antes, la gente se compraba las cosas con la sana aspiración de que le duraran "toda la vida": los trabajos les duraban hasta que se jubilaban, los coches podían estar rodando hasta pasados treinta años y los hijos heredaban de los padres muebles y haciendas. En cambio, ahora todo tiene que cambiarse. Hasta uno mismo.
Qué hartura de cambio. Qué despilfarro de dinero. Los sueldos duran poco y la camisa que me compré hace dos años tiene un aspecto penoso y un estampado claramente desfasado. Las parejas duran poco. Suelen separarse un cincuenta por ciento de las parejas que se juntan. Cariño, no hagas caso a estas modas viejo-modernas.
Vaya plan de vida. ¿Qué quedará de nuestra literatura, nuestro cine, de nuestros edificios, hechos todos de materiales caducos? Son tan efímeros como estas palabras que os escribo, juguetes del viento ciberespacial cuyo eco poca gente escucha.
Las cosas las hacemos con obsolescencia porque salen de mentes obsoletas, que quieren que todo se gaste rápido para que gastemos rápidamente.

martes, mayo 15, 2007

Me niego. No me digan más que soy de la generación X. No quiero ser parte de una ecuación. No digan que pertenezco a "ese grupo nihilista" porque he nacido en la década de los 70, he escuchado a Nirvana y porque he jugado con la misma soltura a las canicas que al GTA SAN ANDEAS, que no amo como han amado los de antes y que por nacer con todo soy egoísta.
Me gustaría saber quién es el cretino o la cretina que se dijo que somos apáticos. No, no soy apático, de hecho cada vez estoy más indignado. Tal vez sea tarde, y se me ha pasado la época más idónea para indignarse: cuando tienes veinte años. Ahora tengo treinta, pero el hecho es que cada vez soy menos indiferente hacia todo lo que me pasa a mi alrededor y cada vez percibo más la importancia de interesarse en cosas como la política.
Quiero a mi gente. Lloro cuando sufren. Me indignan sus carencias al igual que me indignan que haya gente que arriesgue su vida cruzando el mar en una patera. Me solazo cuando sale gente más joven que yo a manifestarse por la vivienda, por la sanidad pública. Es un honor el estar codo con codo con ellos y me congratulo de que ni ellos sean la generación Y ni yo la X. En todo caso, seremos XY los varones y XX las mujeres, como ha pasado desde el principio de los tiempos, cuando todo se puso más interesante desde que unos bichos de la misma especie decidieron separarse por sexos hace millones de años, sólo por darse un gustito al cuerpo, no os creáis la falacia de la supervivencia, que en esto del sexo también hay arte. En definitiva: eso sí que es creacionismo e inventiva y lo demás son tonterías.
Y haciendo un homenaje a tan fantástico hecho, podrían habernos llamado de otra forma, por ejemplo generación Venus y generación Marte; o poniéndonos mas castos y hermanados, generación Selene y Helios. Pero no: nos tienen que poner estúpidas letrujas para quedar modernos. ¿Qué será la generación Z? ¿Se definirán por ser los dormilones de la casa? (Cariño, este niño ronca ZZZZZZZZZ).
No sé por qué me extraña. En definitiva, nuestra vida actual es pura marca: es en cierto modo lógico que a los jóvenes y menos jóvenes nos pongan una. Pero qué triste es que si a estúpidos frascos de colonia les han puesto nombres tan sugerentes como Loewe, Cacharel, Hugo Boss o Channel , qué menos que llamarnos a nosotros con nombres tan estupendos como los mencionados, o con unas buenas frases definitorias: "Generación de los sumisos que lo están perdiendo todo" para unos" y "Generación de los que se han pillado un rebote y nos lo van a hacer pagar" para los otros. Ahí queda eso.
Ya que soy un nihilista que ha perdido la fe, que dejen de bautizarme o que me pongan un nombre con el que realmente me identifique. Pero lo mejor de todo es que no hagan nada.
Estoy harto de tanta marca.

lunes, mayo 14, 2007

¿Cuánto quiere usted ganar?
¿Y usted me lo pregunta, señora entrevistadora? ¿Cuánto le gustaría ganar a usted?
Me encanta el traje que lleva usted para entrevistarme. Se nota que es de buen corte. A mí me encantaría llevar un traje similar en hombre. Quiero ganar tanto como lo que aparenta ganar usted.
¿Qué coche tiene usted, señora o señorita? Seguro que uno pequeño de marca alemana, del segmento medio-alto, que suena poco al rodar, en contraposición del ruido que hacen sus tacones cuando se levanta y camina por el despacho.
¿Que cuánto quiero ganar? Más de lo que le debo decir, pero no se lo digo pues le ofendería, pues a una empresa de hoy como la que usted representa le es un insulto el que sus obreros quieran ganar mucho. Yo quiero ganar mucho. La verdad es que valoro mucho mi tiempo y me gustaría decirles que mi tiempo vale un potosí. Pero usted no cree que valga demasiado, por la cifra que dice que están dispuestos a pagarme. No obstante, pregunta que cuánto quieren que gane ¿Por qué quiere que le insulte? ¿Por qué no soy grosero de verdad y la mando a la mierda?
¿Que si me he implicado en las empresas en las que he estado? Menos que con mi vida personal. Pero esto lo pienso y no se lo digo porque a usted se le ve una persona implicada, que se ha tenido que hacer algunos masteres para estar donde está. Que acaso no tenga hijos porque no se lo permite su trabajo o si los tiene, apenas los ve y a la que le llaman mamá es a la abuela.
A usted no le puedo decir que valoro más una barbacoa que un nuevo proyecto empresarial, que me importa más cinco minutos con una cerveza viendo la tele que tres comidas de empresa en un buen restaurante de lujo, pero eso no se lo puedo decir a alguien tan sacrificada como usted.
¿Que si me considero un persona sincera? En esta entrevista he mentido tanto como usted, que cuando me sonríe lo hace juzgándome y le es imposible lanzar una sonrisa sincera mientras me juzga. Usted está allí para detectar las cosas malas de mi carácter, mi trastienda. Usted es una hipócrita malévola y pide a los demás que lo sean. Cuestión de supervivencia, de acuerdo, pero no intente pasar por oveja. So loba.
¿Que cuanto quiero ganar? En realidad mucho, señora hipócrita. Valoro mucho mi tiempo ¿Por qué me lo hace perder? Hemos acabado la entrevista y me ha dicho que ya me llamará ¿Cuándo? ¿Mañana? ¿Dentro de tres días? ¿Dentro de un mes?
Los dos sabemos que la frase es un eufemismo de otra peor: "No me gustas"
Sea tan amable y diga que le debo.

domingo, mayo 13, 2007

En España existe la costumbre del ajuar. El ajuar es, básicamente, el conjunto de ropas y enseres que se preparan o compran para un naciente hogar. Normalmente, es la familia de la novia la que procura hacer el ajuar del nuevo hogar. Mi suegra, que ha estado cosiendo toda la vida, nos proporcionó multitud de toallas y sábanas, todas de hilo. Lo malo que tanto arte y mimo puso en ellas que da grima usarlas, y sospecho que pasarán a nuestros herederos, pues mi mujer me mataría en caso de limpiarme la axila gorilera con alguna de ellas.
Lo de la costura no es cosa que se haya ejercido demasiado por parte de mi familia biológica, y menos en la parte masculina. Ruego nos juzguéis con misericordia y no nos llaméis machistas: os prometo que nos estamos adaptando a los cambios que con justicia se están introduciendo en las costumbres sociales lo más rápido que podemos. Reconozco que aún nos queda mucho por hacer. Yo, por ejemplo, ya coso los botones, aunque he de confesar que duran en las camisas lo mismo que si los pegara con pegamento de barra.
La familia de mi chica es bastante más mañosa que la mía: lo mismo te hacen finísimos cuadros en marquetería que graciosas figuras en arcilla; lo mismo te cosen en punto de cruz que te hacen lagarterana. Sin embargo, en mi familia no hemos pasado de la plastilina y los muñecos de trapo, y entendemos como hacer lagarterana el asustar a los lagartos.
Todo esto estaba pensando cuando después de ducharme me he dirigido a la cómoda a coger unos calzoncillos, y un millar de éstos me han saltado a los ojos en cuanto he abierto el cajón abarrotado.
Llevo tres años casado: pues son justo esos años los que llevo sin comprarme ropa interior.
Antes de que me tildéis de guarro, os diré que mi madre, por afán de contribuir al ajuar que nos estaba haciendo mi suegra, se dedicó a comprarme calzoncillos a mansalva; desde entonces jamás he tenido que comprar uno. Me regaló cientos calzoncillos de batalla, sin pretensiones. No son en modo alguno como los finísimos Calvin Klein, que se usan en combinación con pantalones de tiro bajo para enseñar el elástico donde sale la marca calzoncillera en letras bien grandes, indicando a toda la humanidad que te gastas 30 euros en carísimos suplentes del papel higiénico.
Mis calzoncillos son los clásicos, de algodón, y no me hacen nada sexi. No son calzoncillos para enseñar, no son calzoncillos de pasarela: se mueven mejor en la oscuridad que entre las luces de los focos y creo que son muy desaconsejables para la ceremonia del cortejo, aunque mi mujer no se haya pronunciado al respecto. En definitiva: son los calzoncillos que compraría una madre. Una madre nunca ve el lado sexi de su hijo, aunque éste responda por Brad Pitt.
En fin, allá por el año 2045, cuando por fin acabe mis reservas de calzoncillos, que son el equivalente en mi dormitorio a la epidemia de conejos que un día asoló los campos australianos, procuraré comprarme piezas finas y elegantes, que acaso hagan con letras luminosas para que destaquen bien encima del pantalón. Pero ya me puedo quitar la idea de la cabeza: como las toallas de mi suegra, me temo que los calzoncillos míos son para toda la vida.
¡Vaya costumbre la de hacer el ajuar!

sábado, mayo 12, 2007

El tener la mayor enciclopedia del mundo, la biblioteca que un día soñara Borges, nos debería haber hecho a todos los hombres mucho más sabios y menos predispuestos para el error. Sin embargo, nada de eso ha ocurrido; tener todo el conocimiento humano a nuestro alcance no nos ha hecho mejores a todos los que usamos Internet. Era previsible, pero si algo somos los humanos, es que somos seres que se ilusionan con facilidad.
Con la televisión pasó algo parecido: los que vivieron sus comienzos se ilusionaron con ese nuevo medio de difusión, pensaron que la televisión podría ser una buena herramienta de cultura. Pero sucedió todo lo contrario: la televisión se usó (y se usa) para idiotizar a la gente. Mi bisabuelo, cuando llegó la tele a mi pueblo, miró el aparatejo con escepticismo, y lejos de asombrarse por el artefacto, lo vio como una fruslería inútil.
Ahora tenemos un montón de ellas: los móviles, los elevalunas eléctricos, los programas tipo gran hermano, los neoconservadores... Cosas por cuya inutilidad pone palos en las ruedas de ese carro en que estamos montados todos los seres humanos y que se llama progreso.
El progreso no sólo es científico; los avances también deben ser del pensamiento. Por ello, confieso que me esperancé mucho con la llegada de Internet y pensé que podría ser una herramienta muy útil, por la cantidad de conocimiento que ponía al servicio del pensamiento.
Sin embargo, no importa la información que dispongamos; lo que importa es crear y para crear no hace falta tener la mayor biblioteca del mundo; basta con saber jugar con los datos suministrados por la rede de redes o por el medio que sea y almacenados en la cabeza para dar con algo nuevo.
Esta es la reflexión que estaba yo haciendo sobre las probabilidades que hay de que yo diseñe un coche consultando páginas web, y he pensado que las mismas que matriculándome en la facultad de Ingeniería: prácticamente cero. No se puede pedir peras al olmo, y menos, a un alcornoque como yo.
Por lo que a mi respecta, larga vida al motor de explosión.

viernes, mayo 11, 2007

Será por lo que nos ha pasado, será porque estoy un poco harto de este Madrid injusto, el caso es que me gustaría escaparme por unos días al pueblo, buscar mi locus amoenus, aunque es más que posible que no le encuentre.
Curiosa paradoja de los que somos la primera generación de una familia que vive en la ciudad: por un lado, hemos descubierto los males de la gran urbe, y por otro, sabemos de oídas los males de la vida del campo, que nos la han pintado nuestros mayores como llena de limitaciones. Por si fuera poco, no hemos aprendido la sapiencia necesaria para poder sobrevivir en el medio rural en caso de querer regresar. En definitiva, estamos en tierra de nadie.
Hay gente que se ha decidido marcharse de la ciudad movida sin duda por un idealismo un tanto ignorante de la vida en la naturaleza. Yo siempre he tenido claro esa diferencia, porque cuando iba al pueblo de mis padres, sin duda sabía que esa vida de disfrute y cachondeo que yo llevaba en los meses estivales no era en modo alguna la misma que la que llevaron mis abuelos, condenados a levantarse pronto y trabajar hasta que el sol volviera a esconderse. No, en modo alguno no es lo mismo.
Sé que muchas de esas personas se han adaptado a la vida del campo, pero más de un sacrificio les habrá costado y alguna que otra lágrima. Porque en el fondo, los que vivimos en ciudad somos seres limitados, nada autosuficientes; dependemos totalmente de ésta: la leche no la dan las vacas, la dan los supermercados.
Si yo me planteo la posibilidad de irme a mi pueblo perdido de la despoblada Castilla, lo primero que pienso es que a lo mejor tengo dificultades para poner conexión a Internet ¿Eso es lo primero que debería pensar? Pues no, debería pensar en cómo plantar tomates, legumbres y demás.
Qué bucólico se hace el campo cuando se piensa en él desde la ignorancia.

jueves, mayo 10, 2007

Hoy el País trae un reportaje que se titula ¡Ay, que me ha tocado! (http://www.elpais.com/articulo/ultima/Ay/ha/tocado/elpepuult/20070510elpepiult_1/Tes) Si lo leéis a fondo, veréis lo pobres que somos los madrileños y por lo general, las gentes de España (incluso algunos que no se incluyen entre esas gentes)
Qué paradoja más cruel: la Comunidad de Madrid sortea viviendas como si fueran abrigos de visón, sortean cosas indispensables para una vida digna como si fueran un premio de ese antiguo programa de televisión llamado el Precio Justo, cuyos premios estaban destinados a contentar los caprichos de una clase media con aspiraciones a ser clase alta: joyas, abrigos de piel y hasta un Cadillac Seville vi que le tocaba a un concursante de Chiclana.
El artículo se completa con una breve biografía de una agraciada que parece sacada del Madrid de las novelas de Pérez Galdós: una mujer en paro que vive con otros nueve familiares en casa de su madre.
El artículo termina con la conversación de dos hombres: "Lo jodido es que ha subido mucho la vivienda". "No, el problema es que los sueldos son de miseria".
Entonces, recuerdo que en un momento del debate con Mariano Rajoy, éste dijo: "el problema es que debemos competir con los chinos que hacen camisetas a un euro" Como buen gallego, insinuó que el reto de la sociedad española es ser como los chinos que fabrican esas camisetas: sumisos, con horarios infernales y baratos. Vamos, que los tiempos que nos viene a las clases bajas es como para echarse a llorar.
Hace tiempo, los sindicatos firmaron unos acuerdos con la patronal y con el beneplácito del gobierno del PP (da igual si el que hubiera gobernado hubiera sido el PSOE) en los que se contemplaba la moderación salarial para el repunte de la economía. De resultas de aquello, la gente cobra una mierda y entra en el sorteo de las necesidades básicas. El problema ha venido dado por la aceptación de la fuerza del trabajo como un recurso más del capital, sin valorar que detrás de cada puesto de trabajo hay un ser humano con necesidades.
En fin, que mientras los españoles hace unos pocos años tenían las necesidades básicas cubiertas,tenían tontas aspiraciones, como que les tocara en un concurso un Cadillac Seville o un abrigo de visón. Ahora ya no ¿Nos hemos hecho los españoles más inteligentes? No, nos hemos hecho más miserables.
Curiosa teoría económica aquella que dice que para que funcione un país su gente tiene que vivir en la miseria.
Que nunca llegue el día en que la Comunidad de Madrid tenga que sortear la comida porque en el Hipercor no haya quien la compre.

miércoles, mayo 09, 2007

Una bola de sangre voló por tu cuerpo hasta llegar a tu cabeza y devastó gran parte de tu cerebro. Después, la miserable duda de que vuelvas a ser la misma.
Te veo postrada en la cama. Cada una de las arrugas de tu cara es un surco de la tierra de la que siempre quisiste escapar. Ahora estás más viejecita, los surcos parecen más profundos. Cuando cojo tu mano, creo notar en ella restos de tierra. Cuando veo tu rostro, visualizo al campesino que lo ha abierto una vez más con el arado, justo después de que el rayo atravesara la encina.
De joven le dijiste a tu padre que querías venirte a Madrid para ser enfermera. Tu padre te dijo que no, no quería exponerte a los peligros de la capital; este deseo de escapismo no se fue jamás de tu cabeza ahora herida por la tormenta. Querías venirte a Madrid y casarte con un militar. Quién sabe, a lo mejor soñaste con vivir en la zona de Argüelles, donde había una colonia para los militares e irte desde allí con tu marido al cine de la Gran Vía o ver un espectáculo de revista. Sin embargo, te casaste con el abuelo, que vino de la guerra echando pestes de las batallas. Aunque bien plantado y elegante, te salió pacifista y rural.
Ahora es demasiado tarde, princesa, te hubiera cantado Sabina viéndote con cuatro hijos, unos cuantos terrones y una pila de fregar en el río.
No te gustaba tu pueblo porque entonces no había allí esas cosas de las chicas finas de la ciudad. Ahora veo, desde la ventana de tu habitación, mientras intentamos dormir, una miríada de coches rugiendo y me dan ganas de preguntarte aunque no me puedas contestar: ¿Esto es lo que querías, abuela? Después de todo, venía muy bien el silencio del pueblo para dormir. Ya lo ves: tienes que vivir en el pueblo para soñar con Madrid.
¡Ay, abuela! ¡Cuánto has envejecido en las últimas veintiséis horas! Ya no estás para ninguna siembra y siempre odiaste los surcos. Cumpliste el sueño de venir a Madrid, donde los surcos los hace el Ayuntamiento y los rayos sólo encuentran encinas transplantadas donde caer.
No te transplantaste en Argüelles; lo hiciste en Ciempozuelos, de donde un loco se escapó para invitar a bailar un vals a la Cibeles: el Vals que una aspirante a enfermera le hubiera encantado bailar con un joven bien plantado y elegante, pero algo pacifista.

martes, mayo 08, 2007

Es verdad que la tele enseñó a los de mi generación, y no sólo con el Barrio Sésamo, también con muchos otros programas y de manera sorprendente. Por ejemplo, por una serie italiana de cuyo nombre no me acuerdo supe, a mis nueve añitos, que hay dos clases de personas: las pragmáticas y las idealistas.
En una de los episodios de esa serie, un pintor abstracto se enfrentaba un dilema: tenía un cuadro que había hecho seis agujeros con un punzón sobre el lienzo blanco, y un promotor dudaba en ponerlo para la venta en su galería, dado que la situación de los seis agujeros no le convencía, pues percibía cierto desequilibrio en la composición. Le insinuó al artista, que para corregir tan fea disposición agujeril, pusiera un agujero más, con lo cual, el artista se puso de uñas, pues era sacrificar su arte por burdos intereses mercantiles.
Sin embargo, la compañera del idealista pintor no lo veía igual: el cuadro, con siete agujeros bien puestos iba a ser pagado muy bien, por lo cual, intentó convencerle, mediante buenas palabras, de que nada pasaba si le ponía un agujero más, ¿qué sacrificio era para él el coger un punzón y hacerle otro agujero? Ninguno. Total, la obra era una tomadura de... Una tomadura de dinero que les venía muy bien para pagar las facturas, siempre preocupantes para el común de los mortales y más si eres un bohemio. Pero el pintor estaba erre que erre, que él no podía traicionarse, venderse por un plato de lentejas y etcétera. Entonces, la mujer, ni corta ni perezosa, cogió un punzón y como siete pecados capitales, en el cuadro hubo siete agujeros. El hombre, horrorizado, lloró tamaña traición como si hubiera perdido Granada con su Alhambra y todo. No hay nada que más duela en el mundo a un falocentrista que sea una mujer la que penetre, contraviniendo el orden natural de las cosas.
Os confieso que mi mente de nueve años no pergeñó esta retorcida explicación con ínfulas sicoanalíticas que se me acaba de ocurrir. Pero no sé por qué, la pequeña subtrama de la serie que os he descrito se me quedó grabada en el sector que tiene mi cerebro para los recuerdos inútiles a conservar a largo plazo. De hecho, no me acuerdo de qué iba la serie en su conjunto ¿De un piloto de aviones, quizá? ¿De sus amigos? ¿De los pasajeros que montan en los aviones que él pilota?
No lo sé, el caso es que de todas las anécdotas que contaba la serie me quedé con la del pintor abstracto y su señora. Estos personajes eran dos representaciones de las dos variantes que tiene el género humano para conducirse por la vida. Lo más destacable de estas variantes es que el personaje que simbolizaba el pragmatismo era la mujer ¿O no? ¿Acaso es práctico juntarse con un bohemio?
Todo esto pensé yo mientras estaba viendo a los seres más prácticos y racionales de todo el universo televisivo: los CSI de las Vegas. No podía recordar si el episodio que estaba viendo en ese momento lo había visto antes ya o era la primera vez que lo veía. Habían matado a una rubia ¿Eso no había sucedido antes en algún episodio? En casi todos, me responde el cadáver de la rubia desde la mesa del forense. Creo que es hora de irme a la cama.
Sin duda, prefiero las series de antes. Podían ser más aburridas que las de ahora, pero algo te enseñaban. Al menos te dejaban algo para guardar en tu cerebro antes de dormirte viéndolas.

lunes, mayo 07, 2007

Por todo el mundo es reconocido que estamos en un período de involución histórica, o si se prefiere, vivimos un período en que la minoría está disfrutando del éxito de la revolución conservadora de los 80, donde las fuerzas más derechistas de todos los gobiernos y estamentos sociales del mundo son las que dictan costumbres y proceder, haciendo incluso que las élites más progresistas de la sociedad se muevan al compás que marcan las fuerzas conservadoras de este mundo.
El período se inició justo a la caída del muro de Berlín, aunque hay gente que lo sitúa un poco antes, justo cuando Ronald Reagan obtuvo la presidencia de los Estados Unidos y Margaret Thatcher la de Inglaterra. La URSS se estaba carcomiendo por dentro y realmente no presentó nunca batalla a ambos gobiernos conservadores, y por eso, no puede decir nadie de ellos que fueron los artífices de la derrota del comunismo.
En cualquier caso, ahora la derecha campa a sus anchas y es la que dicta las normas que rigen a la sociedad global. ¿Cuánto durará esto? No lo sé. Todo empieza y todo acaba, pero el problema es cuándo acaba.
Qué cosas más curiosas tiene la historia: en los años 70, Nixon fue destituido y se instalaron en el poder gran parte de los dirigentes izquierdosos que de alguna manera se sentían herederos del mayo del 68. Todo apuntaba a que la izquierda iba a disfrutar de varias décadas de dominio histórico. Sin embargo, después de todo aquello,e l conservadurismo resurgió de sus cenizas para organizar la sociedad a su gusto. Hasta hoy.
¿Cuánto va a durar todo esto? No lo sé. Hay muchos profetas que llevan anunciando el cambio de régimen mucho tiempo, pero éste no se produce ni creo que se produzca en breve plazo, aunque le queden pocos telediarios a Bush. En fin.
Todos los gobiernos de todos los países han aplicado en mayor o menor medida recetas neoliberales. Sin embargo, aunque la mayoría de las veces estas recetas han sido nefastas para la gran mayoría de la población, han tenido la desfachatez de decir que ha sido por hacer políticas de izquierdas. Han logrado infundir el mito de que los mejores gestores son los de derecha, sin embargo, la gente se sigue muriendo de hambre y nunca ha sido tan grande la brecha entre ricos y pobres y todos los gobiernos de estos últimos tiempos, conservadores y progresistas, han gestionado a la manera neoliberal.
En fin, sólo queda esperar a que las mayorías se den cuenta de una vez por todas del fraude. Desde luego, no tomaremos conciencia viendo la televisión o leyendo el periódico. Quizá es tiempo de volver a los libros y al debate de ideas.

domingo, mayo 06, 2007

Cuando yo estaba a punto de acabar el instituto, hace la friolera de... ¡Trece años! Recuerdo que en mis ratos libres solía escuchar con mucho interés a un grupo español muy reivindicativo llamado Celtas Cortos. Es un grupo vallisoletano que ha tenido (y tiene) la saludable costumbre de ponerse en defensa de los más débiles, de cantar las cuarenta a los poderosos, aunque claro, en un concierto de ellos al que acudí en septiembre pasado, hartos ya de que no les hagan caso en sus protestas, dijeron, en los últimos coletazos del concierto, que iban a hablar de lo que les interesaba en esos momentos: sexo, sexo, sexo y sexo. Si es que no es tiempo de ponerse estupendos, hombre.
Me ponía en aquella época constantemente sus discos. En especial, había una canción cuyo estribillo decía:
"Bueno ya está bien, parad de una vez, nos tomáis el pelo, ¿pero qué os creéis?
Bueno ya está bien, parad de una vez, esta vez sabremos que hacer"
Contra lo que pueda parecer, era una canción alegre, con ritmo de polka, y lo que hacía era invitar al oyente a que dejara de creerse milongas.
Aquel entonces, el tiempo que yo escuchaba esas canciones, empezaban a pintar en bastos para nosotros, la juventud española de entonces y para los que nos siguieron: el gobierno socialista (nunca me cansaré de recordarlo) legalizaba por aquellos días las Empresas de Trabajo Temporal, creaba la figura del contrato en prácticas con sueldo miserable, y estipulaba diversas figuras de contratos temporales. Ese fue el embrión de la locura actual, la gran traición del partido socialista OBRERO a los propios obreros, convirtiendo a España en el país de la UE con mayor tasa de empleo temporal (concretamente, el 32%, siendo la media de nuestros vecinos del 10%).
Yo entonces no sabía las consecuencias que esas medidas iba a tener en mi vida. Inconsciente adolescencia. Tampoco sabía que el Estado, la empresa donde fundamentalmente iba a prestar mis servicios en el futuro, iba a ser la empresa donde con más desvergüenza se iba a aplicar el uso de la "externalización" de los servicios (subcontratación a otras empresas) y el uso de trabajadores temporales en el caso de contratarlos directamente. Hoy en día, si hacemos un cómputo total de todas sus partes, veremos que el estado es la empresa que más hace uso del trabajo precario y temporal.
Porque claro, mientras que los políticos en el poder (primero los socialistas y luego los populares) se rasgaban las vestiduras en público, demandando a las empresas privadas que no abusaran del contrato temporal y de la subcontratación, en el ejercicio de su mando, hacían (y hacen) justo lo que recomendaban que no hiciera el sector privado: contratos temporales a tutiplén y precarización a mansalva. En la Comunidad de Madrid, por poner un ejemplo, se está empezando a externalizar la gestión de los hospitales incluyendo la figura más visible del estado para el ciudadano: el auxiliar administrativo.
Nuestros políticos han hecho y hacen con las empresas privadas lo que se criticaba a los curas: "haced lo que yo digo, pero no lo que yo hago" Pero claro, lo hacen de cara a la galería. Para mí ésa es la demagogia más cruel e hipócrita.
Yo puedo servir de ejemplo: tuve tres contratos en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre para hacer la gran cantidad de papel moneda que se necesitaba para que el euro saliera a la calle. Pese al envejecimiento de la plantilla y las prontas jubilaciones, nos dieron la patada miserablemente a los que podíamos sustituir a los trabajadores más veteranos.A mí me dieron la patada después de un año y nueve meses. Nos habéis hecho el Euro y hemos cumplido con los plazos, de premio, a la puta calle. Hubo gente que les denunció. Ganaron, pero en vez de readmitirlos, como ponía la sentencia, la Casa de la Moneda se acogió al pago de la indemnización.
¿Qué es eso de hacer fijo a alguien por que lo decida un juez?
Tuve que ponerme a buscar trabajo y aparte de enviar currículos a miles de empresas privadas, hice varios exámenes para bolsas de trabajo de organismos del Estado. Aprobé uno para ser auxiliar administrativo en una Universidad madrileña. Allí estuve tres años divididos en cuatro contratos -el primer contrato, de seis meses; más que suficiente para comprobar mi aptitud para el puesto- Cuando ya estaba finalizando mi trabajo allí, en junio pasado, el gobierno sacó una ley en la cual "si un trabajador lleva como temporal más de 24 meses en una empresa, en el mismo puesto y con varios contratos encadenados, la empresa deberá pasarle a la condición de fijo en plantilla" A mí se me abrieron los cielos, pero claro, leyendo la ley en el BOE me salió la "letra pequeña": quedan excluidas de la aplicación de esta ley las administraciones públicas, venía a decir. A la calle otra vez.
Ahora estoy, otra vez de auxiliar administrativo, en un hospital público madrileño pero de gestión privada. El que empiezo el lunes es mi quinto contrato en nueve meses. A éstos también el primero les debería haber valido para evaluarme. Esta última institución ha sido la que más veces me ha mandado a la calle, a la acera donde están tirados los pañuelos de papel. Usar y tirar. Tal que yo.
Mientras, los sindicatos de todos estos sitios me han dicho más o menos lo mismo: "es que claro, que las circunstancias, es que los temporales sabéis a lo que venís, es que va contra la ley el que se os convierta en fijos..." Claro, esas leyes, que precarizan el empleo, que son injustas y que han permitido que España sea el reino de tócame Roque.
Escucho otra vez la vieja cinta:
"Bueno ya está bien, parad de una vez, nos tomáis el pelo, ¿pero qué os creéis?
Bueno ya está bien, parad de una vez, esta vez sabremos que hacer"
Con diecisiete años no sabía la que me venía encima. Me han intentado convencer muchas veces que no debía pensar en mis intereses particulares, que debería pensar más en los intereses del colectivo. Es verdad, no debo ser egoísta. Pero luego me hago las siguientes preguntas:
¿No son, acaso, los intereses colectivos, la suma de los intereses individuales? Si lucho contra mi precariedad ¿No estoy, acaso, luchando contra la precariedad de otros? He tenido ocasión de ver muchas vidas laborales por razones de trabajo. Me alarmó ver lo similares que eran a la mía, lo generalizadas que estaban la estafa y la marrullería.
Bueno, ya está bien. Parémoslo de una vez.

sábado, mayo 05, 2007

"En el pasado nuestros políticos nos ofrecían soñar con un mundo mejor. Hoy prometen protegernos de las pesadillas"
Os recomiendo que veáis el documental de la BBC "el poder de las pesadillas" Es muy esclarecedor. Habla, fundamentalmente, de cómo, mediante fantasías, se ha hecho con el poder y han manipulado a su antojo el poderoso movimiento neoconservador, ya sabéis, esa gentuza como Richard Perle, Paul Wolfowitz, Dick Cheney o Donald Rumsfield.
Estos individuos, guiados por el pensamiento de Leo Strauss, el cual considera importante la creación de mitos para que el pueblo no pierda el norte, así como del uso de la religión, han escrito la historia reciente. Curiosamente, la historia que con tanto denuedo quiso borrar Francis Fukuyama, otro influyente pensador neocon.
Lo malo es que esas fantasías -mentiras- que han propalado han tenido consecuencias funestas: la muerte de seiscientos mil iraquíes y no se sabe cuántos afganos. Este es el verdadero poder destructor de la mentira. La mentira se convierte en verdad cuando es capaz de modificar la realidad. La muerte de tantos iraquíes demuestra que la insidia puede ser física y moldear el mundo.
Sueño con que esa gente, todos ellos, vayan a la cárcel y sean deshonrados para siempre jamás por la historia -La misma que Fukuyama quiso eliminar- Pero sé que mi sueño jamás se podrá hacer realidad, porque la tramoya que han montado, la obra de teatro que han escrito, no están realizadas para que al final los verdaderos villanos paguen por sus crímenes.
Mención especial también merece los medios de desinformación que han servido de altavoz a sus mentiras. Las leyes protegen en su país la libertad de expresión. ¿Para cuándo unas leyes que protejan al ciudadano de las mentiras?

viernes, mayo 04, 2007

Me llama la atención lo preocupados que están periodistas y académicos sobre el excesivo uso del tuteo frente al usted. Hasta tal punto que alguno, cuando una cajera
nacida en algún país del otro lado del Atlántico le trató de usted, se enterneció casi hasta la lágrima, y se indignó muchísimo cuando dicha dependienta abandonó las buenas maneras americanas y se apuntó a la moda española del tuteo. Yo barrunto que lo que le pasa a nuestro hombre es que se está haciendo mayor y precisa de la reverencia que daba a sus mayores cuando él era el joven y el usted era la norma.
El problema del tuteo es que los límites no están claros. Si para alguien sirven, mis límites no son otros que la de razón de edad del interlocutor y el grado de familiaridad. Empleo el usted a discreción cuando alguien es notoriamente más mayor que yo y cuando trato con desconocidos, bien sea la teleoperadora que me ofrece un servicio, el camarero al que pido una cerveza o el mismísimo rey. Creo que debo usar el usted sólo por deferencia a ellos y porque no tengo otra forma de mostrar mi respeto. Cuando alguien al que he tratado de usted responde tuteándome, dependiendo del tono que emplee, me sentará mejor o peor. Quiero decir, si una persona es amable y su trato conmigo se desarrolla en los cauces de las buenas maneras, entonces, no consideraré que me falta el respeto por tutearme. En cambio, si alguien, además de tutearme, tiene actitud chulesca, chabacana o rayana con la grosería, me está matando cada vez que suelta por su bocaza un tú.
En España existe también la norma no escrita de tutear en determinados entornos laborales con compañeros y con jefes. Esto no lo veo mal, pues el uso del tuteo acentúa el sentimiento de camaradería y de trabajo en equipo. Además, tan rico como es el idioma español, hay muchas formas sutiles para mostrar respeto, pues no nos olvidemos que se puede ser muy respetuoso tuteando, y ser terriblemente grosero tratando de usted.
Por cierto, si alguno de mis lectores os sentís ofendidos por el uso del tú, ante todo, disculpad. Pero sabed que lo hago porque estas páginas donde entráis son en cierta manera mi casa, y en mi casa se trata de tú a los amigos. Espero que ningún hispanohablante de patria que no sea la mía no se haya sentido ofendido. Reitero: me gusta tratar con familiaridad a mis amigos.
Para terminar, hay un tuteo que me ofende de sobremanera: es el tuteo, por ejemplo, de todas esas compañías que se las dan de moderniquis. Hace poco, volé en una aerolínea de bajo coste, y me tocaba la moral el que constantemente recurriera al tú: en su página Web, en sus indicaciones de los asientos, en sus mensajes grabados... Tal muestra de familiaridad me provocó una dentera que creo que dentro de poco voy a tener que acudir al dentista por mis piezas desprovistas de esmalte dental. Si tú, línea aérea, me quieres tratar como si fueras mi amigo, no me cobres el refresco a dos con cincuenta y el bocadillo a algo más, que yo no dejo que mis amigos salgan con hambre de mi casa. Igual digo a los bancos: si me cobras abusivamente por cualquier servicio que me das, si me tienes esclavizado por cuarenta años con la hipoteca, al menos ten la deferencia de tratarme con el debido respeto en tus anuncios y folletos. Igual digo a tu personal.
En fin, que son bastantes las dudas que generan el tú y el usted.
Buenas tardes tengan ustedes. Que lo paséis muy bien, amigos.

jueves, mayo 03, 2007

¡Qué poco tenía de poeta en su figura Don Antonio Machado! Era fuertote, grande y con desaliño en el vestir. No sé por qué, cuando viene a la mente la figura de un poeta, se piensa en alguien delgado, con ropa elegante y con el pelo abundante y alborotado . Tal vez sea porque esa esa es la imagen de Don Gustavo Adolfo Bécquer. Don Antonio no dejaba de ser en eso un poeta atípico. En eso y en muchas otras cosas.
Porque claro, imaginamos la poesía muy enrevesada y difícil, y la de Machado es cristalina y sin dobleces. Imaginamos que los poetas hablan un español extraño, y Don Antonio hace llano su lenguaje poético.
Tal vez por su llaneza, algunos críticos le han despreciado. Como en demasiadas cosas de esta vida, se desprecia lo sencillo frente a lo complicado, cuando es lo primero lo más difícil de conseguir. Nos perdemos en las sendas de la exuberancia donde es difícil andar, cuando lo verdaderamente placentero es el camino despejado donde se puede pasear relajadamente. A nuestro poeta le gustaba el caminar y tal vez por eso en sus poemas hay muchos, muchos caminos. Es poesía de andar, pero no por casa.
¿quién osa el despreciarlo? El que no entiende. El que lee y no comprende nada y cree que por eso lo leído y no comprendido es materia sublime que no está para sus ojos, pero como quiere ser uno de los sublimes que sí la entienden, hace como que sabe sin tener idea de nada: quiere ser sublime como un cualquiera. Como la famosa obra de Cervantes, el retablo de las maravillas, a su vez inspirada en la tradición, "quien no pueda ver el retablo es que tiene sangre de converso" Esta gente lee poesía y no entiende ni papa. Pero antes muertos a que les llamen conversos. Dirán que es buena, aunque no sepan por qué.
Machado, como aparece claro a todo el que quiera leer es maldito. ¿Cómo osas poeta, de escribir con llaneza? Entonces, no eres poeta, eres otra cosa. Te entendemos demasiado bien, no eres digno de estar en nuestra casa, pues tus palabras nos suenan demasiado. No has escrito para la élite, que somos nosotros. Fuera del paraíso del Parnaso.
Pero al niño que fui no le engañan: leí con ocho años un poema de Machado que me puso los pelos de punta: "madrugada parda y fría.." Sabía que el poeta me comprendía y eso me gustaba. Yo comprendía lo que me decía. Desde entonces, nunca le he olvidado.
Don Antonio, gracias por recordarnos que lo que importa no son los eventos consuetudinarios; lo que importa es lo que pasa en la calle.

miércoles, mayo 02, 2007


¿Por qué les gustarán tanto a los modistas los insectos palo? ¿Por qué les gustará que las chicas se parezcan a ellos? Veo en Internet una página que te ofrece las máximas facilidades para la cría de insectos palos. Podrían contactar con dicha página y dejar de experimentar con seres humanos. Podrían hacer sus creaciones a escala y con un poco de domesticación, hacer que fueran verdaderos insectos palos los que desfilasen.
Para parecer insectos palo las jóvenes recurren a todo tipo de prácticas insanas, desde fumar hasta el vómito de lo comido. Los insectos palo no tienen que recurrir a tales cosas para aparecer al mundo esbeltos.
A los hombres no nos gustan mucho los insectos palo frente a otras especies; debe ser porque el macho sólo mide de 45 a 65 mm frente a los 85 mm que puede alcanzar la hembra. A los hombres no nos gusta que los machos sean más pequeños que las hembras. Son los posos que han dejado en nosotros el machismo cavernario. No obstante, no es machista pedir que las mujeres no sean insectos palo.
A las mujeres no les gustan tampoco los insectos palo. Sin embargo, se resignan y aceptan la servidumbre del hambre que a muchas les dejarán con menos peso que un insecto.
Nuestras insectos palo humanas suelen ser también más grandes que muchos hombres: todas rondan el metro ochenta, pero como les imponen medidas de mujeres de metro sesenta, 90-60-90, asemejan más a una escoba que a la Venus de Milo. Dicen que la curvilínea Marilyn Monroe tenía dichas medidas de pecho, cintura y cadera, pero también sé que la rubia actriz medía un metro sesenta y cinco, y digamos que esas medidas estaban muy bien para su estatura. Lástima que nunca hubiera podido ser modelo según los patrones de hoy: sus gorduras eran más propias para estar en un zaguán bebiendo vino que en una pasarela.
Muchos dicen que la culpa del canon de belleza del palo se impusiera fue de los modistos de grandes firmas, a los que no me consta que les una la afición por la entomología y las mujeres. Tal vez se fijaron puntualmente en los insectos palo porque cambian el aspecto según donde estén, y a ellos les gusta que las chicas cambien también con frecuencia de vestido según donde estén. Además, es la chica la que se debe adoptar al vestido (al cambio) y no al revés, porque en esto de la moda, como en todo en esta vida, hay cosas que se valoran más que a los propios seres humanos.
Mientras, los hombres echamos de menos mujeres hechas de jarro, de guitarra y de jamón. De pata negra a poder ser. Las mujeres palo y los insectos palo se alimentan de vegetales, fundamentalmente. Será difícil invitarles a un jarro en nuestro zaguán.

sábado, abril 28, 2007

Vivimos tiempos en los que se hacen cosas muy raras en nombre de la libertad.
Si no reflexionamos mucho, el hombre cuando piensa en libertad piensa que consiste en hacer lo que le venga en gana. Claro, ese concepto podría abarcar muchas cosas: libertad para leer, estudiar, pensar, reflexionar, decidir... Pero también libertad para asesinar, para esclavizar, para violar... Que ésos también son ejercicios que se pueden hacer haciendo uso de tu libre albedrío.
Lo digo porque últimamente se emplea el término libertad para hacer estas cosas: se quiere libertad de horarios y de salarios para tener esclavos; en nombre de la libertad se invaden países y se masacran pueblos, con torturas y violaciones a mansalva; en su nombre se da rienda suelta a la avaricia más corrupta, dado que nunca los ricos han sido tan ricos como ahora y los pueblos están muriéndose de hambre.
Pero estos últimos son los conceptos que nuestros poderosos quieren. No entienden que libertad es, sobre todo y ante todas las cosas, que los hombres tengamos agua y comida; que los pueblos tengamos salud y educación pública; que tengamos un techo donde refugiarnos; que los hombres tengamos libre acceso a la información para que pensemos con la verdad como instrumento y no con la mentira.
En el fondo es verdad: libertad es hacer lo que nos venga en gana. Pero para eso necesitamos primero estar comidos y bebidos; estar sanos física y mentalmente; que tengamos un lecho donde dormir; que el trabajo no nos ocupe todo nuestro tiempo y no sea penoso; en definitiva, un hombre libre es aquél que, basándonos en la pirámide de Maslow, tiene los tres primeros niveles de la pirámide satisfechos. Es evidente que el neoliberalismo en modo alguno satisface las necesidades de la gran mayoría de la humanidad, luego el neoliberalismo, pese a llevarlo en la raíz de la palabra, un sistema que hace de todo menos hacer a los hombres LIBRES; el neoliberalismo es otra dictadura más y el alma máter de todas las dictaduras actuales.
La libertad de un hombre empieza donde termina la libertad de otro, dice el aforismo.
Ahora lo que se está haciendo con mentiras, con dinero y con armas es invadir la libertad de los hombres, es matar la libertad de la inmensa mayoría.
Es un tiempo de abolir leyes porque "restringen la libertad." Recordad que las leyes se hicieron, entre otras cosas, para preservar la libertad de los más débiles sobre los más fuertes. Se legisló para evitar el abuso. Sin leyes, paradójicamente, se "legitima" el abuso. Que no os vendan jamás que abolir una ley puede daros más libertad. Os están engañando, el eliminar una ley o restringirla puede hacernos más esclavos.
Viva la libertad, la auténtica. Esa que no nos venden.

viernes, abril 27, 2007

Hay muchas razones por las que quiero ser profesor, pero una sobresale sobre todas las demás: en España ahora se habla de fracaso en la educación de nuestros jóvenes por culpa de la dejación que ha hecho la sociedad en una cosa tan fundamental. Los jóvenes de hoy, dicen, hacen cosas que jamás han hecho antes. Sin embargo, conozco a muchos chavales y creo que no son, ni de lejos, esos brutos que nos pintan los medios de comunicación; cierto es que siempre habrá algún descerebrado que haga una estupidez como la de grabar con un móvil una agresión a un compañero, pero también es verdad que si nadie de una generación precedente a ésta ha grabado bestialidades en los móviles ha sido, simplemente, porque éstos no existían. Ahora, agresiones, todas las imaginables. A manta. No le podemos reprochar nada a nuestros retoños.
Tampoco es cierto que los que están en el gremio al que quiero pertenecer sean todas personas cercanas a la santidad, tocados de un humanismo redentor que salvará a la humanidad de la barbarie. Los hay mejores y los hay peores. Y perdonadme si peco de egocéntrico, pero creo que hubiera obtenido mejores resultados académicos si hubiera tenido una muestra de apoyo más o de cercanía por parte de los que me dieron clase. Hace poco volví a ver a un profesor que tuve en la Escuela y no se acordaba de quién era yo. No hay peor forma de mostrarle a uno su insignificancia, aunque sé que en la vida profesional de un docente cualquiera pasan miles de personas y es muy difícil acordarse de todos. Pero qué demonios, cómo duele que alguien al que recordarás mientras vivas no se acuerde de ti.
Como veis, también soy crítico con los que me han enseñado, precisamente porque la huella dejada en mí ha sido imborrable. Son muchas más las cosas buenas que malas las que me han transmitido los profesores. Por eso, la razón fundamental por la que quiero ser profesor es precisamente por ese respeto y cariño que llegan a tener los alumnos con el paso de los años hacia sus docentes y sobre todo, me motiva muchísimo el colaborar en la enseñanza de mi país para mejorarla. en este tema, no quiero ver el toro desde la barrera. Quiero participar activamente en la formación de las nuevas generaciones.
y debo conseguirlo.

jueves, abril 26, 2007

No se deben hacer caso de las ideas preconcebidas: nunca vi una película de Bergman porque siempre me lo han presentado como un director complicado y difícil de entender; yo no es que tenga las entendederas muy bien, y menos ahora que me levanto temprano y tengo que preparar las oposiciones, pero el otro día nos pusimos a ver mi chica y yo "el séptimo sello" y la verdad, nos gustó bastante; hasta creo que la entendimos y todo.
Además, mi mujer y yo asumimos las posturas del caballero protagonista y su escudero: ella es el escudero, porque no cree en Dios ni en el más allá y piensa que a este mundo se viene a pasarlo bien; mientras, yo asumo la visión del mundo del caballero, es decir, me atormenta la posibilidad que después de todo, no haya nada. A mí, como a él, me obsesiona la idea de lo absurdo que sería la vida si después de la muerte no continuase de algún modo. Creo que ambos con su presencia en pantalla resolvían más dudas que mil congresos de metafísica.
Jolines, si tan difícil no debe ser el cine de Bergman. Hubo secuencias en las que nos reímos y todo, y eso contrasta con la imagen que se tiene de los suecos en general y de Bergman en particular, me refiero al tópico de que son gente seria a más no poder y con ganas de suicidarse. A mí sólo me entran ganas de suicidarme cuando tengo que montar un mueble de IKEA, firma sueca, por cierto. A lo mejor hay una causa directa entre los suicidios y el bricolaje que Ikea nos obliga a hacer a los manazas, no lo sé ¡Es realmente difícil montar sus muebles, pese a la sencillez de diseño de la que presumen!
Sin embargo, Bergman, por lo que yo vi en esta película, opera en sentido contrario al de la multinacional del mueble: poseedor de una cabeza bien amueblada, nos ofrece un conjunto muy bello perfectamente montado formado por piezas que son muy complicadas para el profano del "bricolaje" filosófico.
Hay algún loco que fomenta la creencia de Bergman es el responsable intelectual de la elevada tasa de suicidios en Suecia, por los temas que siempre trató. No estoy de acuerdo.
Me he comprado un armario en Ikea y mira tú por donde, cuando estaba desembalándolo, me he dado cuenta de que tenía que escribir esta entrada para deciros que, contra lo que normalmente se cree, el pensar sobre la vida no tiene por qué ponerle a uno triste, pero el montar un mueble de ikea por un manazas sí que puede conducir, desde la desesperación, a la destrucción y a la nada.
He dicho.

miércoles, abril 25, 2007

Menos mal que el niño que todavía está latente en mí todavía tiene ilusiones. Menos mal que cuando abro los periódicos gratuitos, todavía me muestran noticias que me hacen soñar: han descubierto un planeta a 20,5 años-luz de la Tierra que gira en torno a una estrella enana roja que puede ser apto para la vida porque según los científicos, la temperatura del planeta y su composición es muy similar al del nuestro.
Sería maravilloso que el planeta fuera un gran mar con algo de tierra envuelto de oxígeno y que nosotros pudiéramos ir allí acompañados de todo tipo de plantas y animales para empezar desde cero un mundo a imagen y semejanza del nuestro.
Me acuerdo que hace tiempo soñé que los hombres habían logrado colonizar otro planeta y allí que me iba con mi familia, a hacer nuestro hogar. El planeta se presentaba a mis ojos color arena, debe ser que no les había dado tiempo a llenarlo de plantas. Recuerdo, que el gobernador de la ciudad donde íbamos a vivir nos recibió y nos mostró las cosas más emblemáticas de la ciudad. Entre ellas, nos enseñó una planta de producción de SEAT Ibiza, qué cosa más absurda. Espero que los montaran con motores que no fueran con combustible venenoso, como aquí, porque ya que hemos contaminado una atmósfera, ¿para qué contaminar dos?
Cuando me levanté tenía una enorme sensación de placidez por ese futurista sueño. Pocas veces me he despertado tan feliz como entonces. Qué bonita es la esperanza.
Ahora, con esa noticia en el periódico, me he acordado de ese maravilloso sueño, y parece que está un poco más cerca de hacerse realidad, aunque sólo un poquito, porque medios para ir allí no tenemos ninguno. 20, 5 años luz es una distancia muy grande para recorrerla en cohete; necesitaríamos algo parecido a los tele transportadores de Star Treck (creo que unos científicos andan en ello, sin resultados a la vista) Por otro lado, creo que no tenemos todavía los suficientes conicimientos para el cuidado de las plantas y los animales. Si la selva amazónica es esquilmada y los animales se extinguen sin remedio, ¿cómo vamos a ser capaces de montar un ecosistema a partir de cero sino somos capaces de restaurar el nuestro?
Cabe la posibilidad también de que allí tengamos toda clase de seres vivos, pero creo que esa perspectiva no me agrada. Con lo sádicos que somos los seres humanos, no pararíamos hasta aniquilar toda la vida existente. Ya se sabe que a nosotros, los homo sapiens, todo bicho que no sea mamífero, peludo y con ojos grandes nos produce un deseo irrefrenable de matarlo. Muchos dirán que los loros son una excepción ¿Pero quién no ha querido matar a un loro especialmente impertinente?
Ese mundo debe estar vacío porque yo no puedo responder del instinto asesino de mi especie. Por supuesto, tampoco debe haber seres con una inteligencia similar a la nuestra, porque tal y como están las cosas hoy en día, ya nos apañaríamos para "neoliberalizar" sus derechos y hacerles nuestros esclavos, que no son otra cosa que la figura contractual más rentable que un amo haya inventado nunca. A lo mejor tienen suerte y con sus gérmenes nos matan, pero con el malhumorados que son los nuestros, fortalecidos además que están por nuestros propios antibióticos, es probable que entren en acción antes que los suyos.
Espero, si logramos hacer un viaje a ese mundo, que esté vacío, porque si está lleno...
...Que Dios pille confesados a esos pobres extraterrestres.

martes, abril 24, 2007

Llego a mi nuevo curro, y me dice un compañero de otra compañera: "No te fíes de ésta, es un bicho, más mala que un pinchazo en un ojo."
Me dejó en un mar de dudas, porque no sabía si del que no me debería fiar era de él, dado que las personas que de entrada hablan mal de otras son de muy poco fiar.
Voy a estar poco tiempo en este nuevo curro, como viene a ser mi costumbre últimamente; creo que no voy a tener el ambiente laboral más idóneo. Espero que no me lleve ninguna cornada, aunque veo difícil que no me la den.
La experiencia que todos tenemos de una persona que habla mal de otra es que, finalmente, acaba hablando mal de ti frente a terceros. Me he encontrado con muy pocos casos que no haya constatado que haya sido así, y en los que no lo he podido comprobar ha sido porque no he investigado lo suficiente.
Encima, no sé a qué atenerme: será malo el que habla mal de la otra, la otra o ambos. ¿O me harán malo a mí?
Decía un amigo que no se puede caer bien a todo el mundo y que no nos debemos atormentar si mal caemos a la gente. Cuando dejas de atormentarte por no caer bien a la gente es cuando definitivamente has abandonado el adolescente que eras y que de vez en cuando salía, curiosamente para recordarte que alguna vez fuiste un niño en busca de aprobación.
Normalmente, los mecanismo de defensa suelen ser las causas de las agresiones, no descubro nada nuevo. Las malas ideas que contaminan los ambientes laborales son casi todas mecanismos de defensa.
Por un lado, lamento que este trabajo vaya a durar poco, porque se presenta una oportunidad de aprender a manejarme en este tipo de situaciones. Todavía no he conseguido salir airoso del todo de este tipo de conflictos. Por otro lado, sospecho que tiene que haber sitios mejores en donde trabajar. Seguiré buscando, qué remedio.
Estoy atravesando un río de bilis que en su crecida amenaza con llevarme corriente abajo ¡Qué horror, con lo mal que me sienta el verde!