Hace pocos días murió José Luis Coll. Era parte de uno de los mejores dúos cómicos que jamás ha dado España. La otra parte, era el que murió hace unos años, Luis Sánchez Pollack, Tip.
Eran enormes, geniales. Juntos hacían el mejor humor blanco que haya hecho nadie. Por desgracia, nadie ha seguido su estela. Si tenemos que buscar otra pareja que les haga sombra, los únicos que se les acercaron fueron Martes y Trece.
Curiosa pareja la de Tip y Coll. El uno alto, religioso, tradicional y de derechas; el otro, bajito, disoluto y de izquierdas. Ambos muy inteligentes. Tip, además, era una bellísima persona, con una bondad que desarmaba a los que tuvieron la suerte de conocerle. Os recomiendo que si podéis, os hagáis con los vídeos de sus trabajos. Cuentan que cuando murió, dejó a su compañero desorientado, huérfano. José Luis Coll reconoció alguna vez que jamás pudo reponerse de la muerte de su amigo del alma, pues Tip era de los que daba a los demás razones para vivir.
Recuerdo que ambos hicieron un programa en una cadena de Televisión privada que se llamaba "este país necesita un repaso" Yo no hacía más que esperar las intervenciones de Tip, y os puedo asegurar que jamás, jamás me defraudaba. Era un torrente de ingenio y espontaneidad. Me iba siempre a la cama con una sonrisa en la boca, con el diafragma roto de tanto reír. Mientras, Coll siempre aportaba un comentario inteligente, un juego de palabras lleno de ironía, que más parecía de un anglosajón que de un latino.
Hoy me he acordado de ellos porque vivimos días en que parece que las dos Españas que
ambos representaban son irreconciliables. Parece que es como si hubiéramos dejado de vernos los unos a los otros como lo que somos, hermanos, como lo eran ellos, y no nos vemos más que como monstruos deformados por nuestras respectivas ideologías. Me da lástima que nuestros gobernantes vuelvan a repetir el mismo error que cometieron los de nuestros abuelos, que mi país vuelva a ser escenario de la obra "Caín, Abel y una mancha de sangre caída en el suelo".
Ahora hay mucho enfrentamiento. Sólo hay que echar un vistazo a la prensa y a ciertos foros y no ves más que odio entre gentes de uno y otro lado del espectro ideológico: ¿Dónde está esa concordia de la que tanto se habla en los campanudos discursos?
Hay una imagen de Tip y Coll que no se me borra de la mente: están de espaldas, vestidos con chaqué, dándose la mano ("dame la manita Pepe Lui", decía una de sus divertidas canciones)
¿Se estarán avergonzando de nosotros y por eso nos dan la espalda?
Ahora leo cosas de la gente de uno y otro lado que escribe con las vísceras, con el colmillo retorcido, y me da mucha pena y miedo; yo no quiero ni pensar en otra lucha fratricida en mi país.
Me gustaría que todos reflexionásemos sobre el ejemplo que sin quererlo nos dieron esos maravillosos cómicos que tanto se quisieron, pese a ser de ideologías diametralmente opuestas. No nos merecemos, ni los de una parte ni los de la otra, una nueva fosa de sangre. Pensemos en todo lo que hemos conseguido juntos.
No soporto más enfrentamiento. Pido a los políticos que nos representan, de los dos partidos más importantes, más el poder mediático de los dos lados del abanico, que dejen de jugar con los instintos más bajos del pueblo.
Más que nada, porque ya no tenemos a esos dos sabios que con la risa nos ayudaban a ser más personas y menos bestias.
viernes, marzo 23, 2007
Si mis gustos y hábitos fueran seres vivos, diría que han mutado con el paso de los años. Lo digo porque llega el fin de semana y me doy cuenta de que lo que yo proyecto hacer hoy en día nada tiene que ver con lo que yo quería hacer cuando tenía veinte años. Me refiero, claro está, a que cuando tenía veinte años lo que yo quería hacer es irme a los bares a tomarme unos cuantos copazos y ligar con chicas; ahora mi ideal de buen fin de semana es ver con mi doña unas películas, y salir, como mucho, a tomar unas cervezas. Y, por supuesto, llegando a casa antes de la una.
Creo que me estoy haciendo viejuno. Aparte, que cuando me excedo con el alcohol tengo después unas resacas espantosas. Sin embargo, antes, podía tomarme las copas que quisiera, que a la mañana siguiente estaba como una rosa y sin resaca. Además, en perfecto estado de revista para irme de juerga otra vez.
No es porque yo lo diga, pero yo me he corrido unas buenas juergas. Lo bueno que tiene el vivir en un país como España es que nunca te va a faltar la diversión. En eso, las agencias de viaje no os engañan para convenceros de que os vengáis acá. Mi país es un sitio donde el que quiere pasárselo bien, se lo pasa bien.
Aquí gusta la tertulia, que no es otra cosa que una reunión de amigos en amena charla. La literatura española se ha hecho en bares, desde Quevedo, que fue un gran dipsómano. Famosas son las tertulias del Café Gijón. Hay muchos cuadros y fotografías que representan escritores españoles delante de un café, una copa y lo que se tercie. Yo soy muy amigo de los bares, y aunque ahora estoy con esa moda tan nórdica de quedarme en casa viendo películas, maldita sea, pienso que las charlas de un bar es el mejor pasatiempo que puede tener un hombre, mucho mejor desde luego que el amodorrarse al ordenador y a la videoconsola. Si me apuráis, puede llegar a ser más benéfico para el alma que una visita al psicólogo.
Ya lo dijo Bernardo Piuma: " El que al mundo vino y no toma vino, ¿a qué vino? " No reniego de ninguna de mis borracheras, ni de aquéllas en las que caí en lo patético, en lo ridículo o en las que, simplemente, caí. Son tan gratos mis recuerdos que no me importaría revivirlos. Acaso mejorarlos.
No deberíamos perder el fin de semana en los centros comerciales; no deberíamos perderlo, tampoco, con las consolas. Reunámonos todos en los bares a disfrutar de la amena charla, que ya llegó la primavera, y mal que me pese, tendré que agachar las orejas cuando mi chica me diga:
¿Otra vez te vas a quedar todo el finde en casa?
Creo que me estoy haciendo viejuno. Aparte, que cuando me excedo con el alcohol tengo después unas resacas espantosas. Sin embargo, antes, podía tomarme las copas que quisiera, que a la mañana siguiente estaba como una rosa y sin resaca. Además, en perfecto estado de revista para irme de juerga otra vez.
No es porque yo lo diga, pero yo me he corrido unas buenas juergas. Lo bueno que tiene el vivir en un país como España es que nunca te va a faltar la diversión. En eso, las agencias de viaje no os engañan para convenceros de que os vengáis acá. Mi país es un sitio donde el que quiere pasárselo bien, se lo pasa bien.
Aquí gusta la tertulia, que no es otra cosa que una reunión de amigos en amena charla. La literatura española se ha hecho en bares, desde Quevedo, que fue un gran dipsómano. Famosas son las tertulias del Café Gijón. Hay muchos cuadros y fotografías que representan escritores españoles delante de un café, una copa y lo que se tercie. Yo soy muy amigo de los bares, y aunque ahora estoy con esa moda tan nórdica de quedarme en casa viendo películas, maldita sea, pienso que las charlas de un bar es el mejor pasatiempo que puede tener un hombre, mucho mejor desde luego que el amodorrarse al ordenador y a la videoconsola. Si me apuráis, puede llegar a ser más benéfico para el alma que una visita al psicólogo.
Ya lo dijo Bernardo Piuma: " El que al mundo vino y no toma vino, ¿a qué vino? " No reniego de ninguna de mis borracheras, ni de aquéllas en las que caí en lo patético, en lo ridículo o en las que, simplemente, caí. Son tan gratos mis recuerdos que no me importaría revivirlos. Acaso mejorarlos.
No deberíamos perder el fin de semana en los centros comerciales; no deberíamos perderlo, tampoco, con las consolas. Reunámonos todos en los bares a disfrutar de la amena charla, que ya llegó la primavera, y mal que me pese, tendré que agachar las orejas cuando mi chica me diga:
¿Otra vez te vas a quedar todo el finde en casa?
jueves, marzo 22, 2007
Qué desastre. Acabo de ver mis estadísticas del google analytics, que es un programa que te dice la gente que visita tu págima. Se me ha caído el alma a los pies. Qué pocos sois los que me visitáis. Gracias. Menos mal que no dependo económicamente de lo que escribo; y como mi mujer me tiene prohibido el autocompadecimiento, no os puedo deciros que se me lee poco.
Había un movimiento literario de principios del siglo pasado que recibía el nombre de novecentismo. Una de sus características era que ellos escribían para las minorías, de hecho, sus novelistas escribieron las páginas con más cultismos por línea que en ninguna otra época de la literatura española. Probad a leer a Gabriel Miró y a Pérez de Ayala sin diccionario, y se os quedará la misma cara que si leéis a Confucio en el original.
Yo, en cambio, quiero que me lea un gran número de gente, pero los que me leéis pertenecéis al club exclusivo del tristeopositor, un club en el que no entra cualquiera, más que nada porque cualquiera no quiere entrar.
Por ello, os agradezco profundamente que me leáis, que os hayáis parado a echar un rato en mi página y me habéis elogiado, unos a viva voz y otros mediante el negro sobre blanco.
Tengo la intención de seguir escribiendo este blog durante un año más, justo cuando me encuentre a las puertas de la Maldita Oposición.
Hasta entonces, visitad mi casa con frecuencia, donde siempre os estará esperan este triste opositor, pero alegre anfitrión.
Había un movimiento literario de principios del siglo pasado que recibía el nombre de novecentismo. Una de sus características era que ellos escribían para las minorías, de hecho, sus novelistas escribieron las páginas con más cultismos por línea que en ninguna otra época de la literatura española. Probad a leer a Gabriel Miró y a Pérez de Ayala sin diccionario, y se os quedará la misma cara que si leéis a Confucio en el original.
Yo, en cambio, quiero que me lea un gran número de gente, pero los que me leéis pertenecéis al club exclusivo del tristeopositor, un club en el que no entra cualquiera, más que nada porque cualquiera no quiere entrar.
Por ello, os agradezco profundamente que me leáis, que os hayáis parado a echar un rato en mi página y me habéis elogiado, unos a viva voz y otros mediante el negro sobre blanco.
Tengo la intención de seguir escribiendo este blog durante un año más, justo cuando me encuentre a las puertas de la Maldita Oposición.
Hasta entonces, visitad mi casa con frecuencia, donde siempre os estará esperan este triste opositor, pero alegre anfitrión.
miércoles, marzo 21, 2007
Estamos en el tiempo en que lo gratis está proscrito: la Unión Europea quiere abrir un expediente a España porque en nuestro país se exime a las bibliotecas públicas de pagar un canon por el préstamo de libros. O sea, que es más importante el pasar por caja que el que lea un número importante de ciudadanos. La salvaguarda del derecho de autor es más importante que la cultura de la ciudadanía. ¡Qué lástima no tener el papel donde está la sentencia del Tribunal de Justicia de la UE para pasármela por donde la espalda pierde su honroso nombre!
Pero qué se puede esperar de una institución cuyos miembros quieren meter con calzador una constitución donde la palabra "mercado" aparece en su capítulo inicial más de ochenta y nueve veces, frente a "solidaridad" e "igualdad", que yo creo que no aparece casi en ningún sitio o si está es de pasada. Os lo digo yo, que seré de los pocos que me he leído de punta a cabo el borrador de la Constitución. Gracias, holandeses y franceses, por parar semejante barbaridad.
Vivimos tiempos en que con total desvergüenza se defienden los intereses de las minorías poderosas frente al pueblo soberano. Otro ejemplo es lo que está pasando en mi país con esa ley que pretenden aplicar sobre el canon digital: la cosa consiste en que, como no ganan lo que quieren las editoriales, las productoras de cine y las discográficas con la venta de discos y libros, quieren grabar los discos duros, fotocopiadoras, reproductores de mp3y DVD y demás cacharros con un impuesto por las pérdidas generadas por la piratería. Resumiendo, que pagas dos veces por lo mismo: la primera vez cuando te compras un DVD; y la segunda, cuando te compras un reproductor para ver ese DVD ¿Habrá alguien con mayor caradura? Y claro, llegan sus amigos los políticos y aprueban la ley, pese al gran rechazo popular que suscita.
Gracias a un millón de firmas presentadas, entre las que está la mía, el gobierno ha parado momentáneamente la ley. Pero por desgracia, no será para siempre, sólo están discutiendo a cuánto nos cobran el precio del fraude.
¿Qué está pasando aquí? ¿Hasta cuándo va a durar la dictadura del dinero, que pisotea la naturaleza y los derechos de los hombres?
Un fantasma recorre Europa: el de la avaricia más sangrante. A ver quién para la hemorragia.
Pero qué se puede esperar de una institución cuyos miembros quieren meter con calzador una constitución donde la palabra "mercado" aparece en su capítulo inicial más de ochenta y nueve veces, frente a "solidaridad" e "igualdad", que yo creo que no aparece casi en ningún sitio o si está es de pasada. Os lo digo yo, que seré de los pocos que me he leído de punta a cabo el borrador de la Constitución. Gracias, holandeses y franceses, por parar semejante barbaridad.
Vivimos tiempos en que con total desvergüenza se defienden los intereses de las minorías poderosas frente al pueblo soberano. Otro ejemplo es lo que está pasando en mi país con esa ley que pretenden aplicar sobre el canon digital: la cosa consiste en que, como no ganan lo que quieren las editoriales, las productoras de cine y las discográficas con la venta de discos y libros, quieren grabar los discos duros, fotocopiadoras, reproductores de mp3y DVD y demás cacharros con un impuesto por las pérdidas generadas por la piratería. Resumiendo, que pagas dos veces por lo mismo: la primera vez cuando te compras un DVD; y la segunda, cuando te compras un reproductor para ver ese DVD ¿Habrá alguien con mayor caradura? Y claro, llegan sus amigos los políticos y aprueban la ley, pese al gran rechazo popular que suscita.
Gracias a un millón de firmas presentadas, entre las que está la mía, el gobierno ha parado momentáneamente la ley. Pero por desgracia, no será para siempre, sólo están discutiendo a cuánto nos cobran el precio del fraude.
¿Qué está pasando aquí? ¿Hasta cuándo va a durar la dictadura del dinero, que pisotea la naturaleza y los derechos de los hombres?
Un fantasma recorre Europa: el de la avaricia más sangrante. A ver quién para la hemorragia.
martes, marzo 20, 2007
Hay que ver lo que cambian los tiempos. ¿Cuánto hace que no habéis leído en un periódico que el profesor fulano, doctor en filosofía, da una conferencia en no se qué universidad? Yo diría que una noticia así no se ha publicado en un periódico nunca. Sin embargo, es frecuente ver en la televisión o leer en el periódico que el cocinero Mengano ha dejado anonadados a los japoneses con su gran acervo en cultura gastronómica. Por si fuera poco, parece ser que quieren hacer de la cocina una carrera universitaria. No será entonces raro ver entonces, el " departamento de huevofritología y ajoporro" o "el departamento de chuletón de buey". Los alumnos cursarán asignaturas del tipo "Historia de la salazón en la Roma Antigua I" ó "Técnicas Avanzadas en el Espolvoreado de azúcar Glacé" Habrá quien haga tesis del tipo: "Técnicas procedimentales para el guiso en olla de cobre, de barro y exprés"
Ya dije en alguna ocasión que me encanta comer y me gusta la gastronomía, pero considero que ahora a esta disciplina se le está concediendo una importancia desorbitada y me malicio que es porque ahora ha habido una invasión masiva en las cocinas por parte de los hombres que ha hecho posible que todos los que se dedican a la restauración se pongan estupendos. Sin embargo, las mujeres llevan desarrollando una labor callada al calor de los fogones y no he visto período de la humanidad en que los hombres se hayan puesto tan tontos con la cosa del morro. y Ojo, muchas merecían un Nobel de Química por sus creaciones y descubrimientos. Yo desde luego, se lo hubiera dado sin dudarlo a la que inventó la tortilla de patata.
Con todos mis respetos hacia los cocineros, me parece que su profesión está siendo sobrevalorada en el exceso. No digo que a un cocinero se le deba pagar mal, (que por cierto, afortunadamente, a cualquier cocinero se le paga bastante bien, digo que me parece absurdo que su labor esté más valorada que otras profesiones y que vayan los más famosos por ahí sentando cátedra.
Curioso mundo de contrastes: por un lado se adora a las raquíticas modelos y por el otro se alaba a los que nos engordan. No entiendo nada.
Y mientras, los filósofos, al igual que las modelos, no comiéndose una rosca.
Ya dije en alguna ocasión que me encanta comer y me gusta la gastronomía, pero considero que ahora a esta disciplina se le está concediendo una importancia desorbitada y me malicio que es porque ahora ha habido una invasión masiva en las cocinas por parte de los hombres que ha hecho posible que todos los que se dedican a la restauración se pongan estupendos. Sin embargo, las mujeres llevan desarrollando una labor callada al calor de los fogones y no he visto período de la humanidad en que los hombres se hayan puesto tan tontos con la cosa del morro. y Ojo, muchas merecían un Nobel de Química por sus creaciones y descubrimientos. Yo desde luego, se lo hubiera dado sin dudarlo a la que inventó la tortilla de patata.
Con todos mis respetos hacia los cocineros, me parece que su profesión está siendo sobrevalorada en el exceso. No digo que a un cocinero se le deba pagar mal, (que por cierto, afortunadamente, a cualquier cocinero se le paga bastante bien, digo que me parece absurdo que su labor esté más valorada que otras profesiones y que vayan los más famosos por ahí sentando cátedra.
Curioso mundo de contrastes: por un lado se adora a las raquíticas modelos y por el otro se alaba a los que nos engordan. No entiendo nada.
Y mientras, los filósofos, al igual que las modelos, no comiéndose una rosca.
lunes, marzo 19, 2007
Dicen que las pesadillas son un mecanismo del cerebro para que las personas se preparen para las situaciones adversas. No lo sé, pero yo me despierto de muy buen humor cuando ese sueño pesado y desasosegante no está enquistado en mi vida cotidiana.
Por ejemplo, alguna vez he soñado que causaba un dolor enorme a mi mujer, un dolor tan fuerte que era imposible la reconciliación. Menos mal que después, cuando la he visto a mi lado, dormida, envuelta en una calma serena, se me han pasado las taquicardias y la desazón.
El tema de hoy viene a cuento porque mi chica ha soñado que yo la dejaba por otra, y la despedía con palabras horribles. La descripción del sueño me ha acongojado hasta a mí, no porque tenga intención o motivos para hacerla tanto daño, sino porque no quiero pensar
en que puedo llegar a ser tan ruin.
¿Qué es lo que motiva al subconsciente de mi mujer a ponerme en el papel de villano? Yo sé que ella tiene confianza en mí, entonces, ¿por qué le prepara su subconsciente ?
Yo también he soñado con ella, y maldita sea, en uno u otro sentido, yo era en esos sueños el agresor y ella la víctima. En mis sueños, como en los de ella, yo también era el villano
¿Hay algo atávico y animal que vive en nuestro subsconciente?¿Por qué no hay un cambio en nuestros sueños, en la que ella sea el agresor y yo la víctima? Lo curioso es que yo en ningún momento he obrado con maldad con ella ¿Está la agresividad más asociada al varón que a la mujer? No lo sé.
Tendría que consultar a un psicoanalista, porque es verdad que hay una relación lógica entre los sueños de ella y míos que o bien no puedo entender o no quiero entender.
Pero claro, me da miedo a acudir a ese tipo de especialistas porque siempre tengo la sensación de que te pueden sacar un gato muerto del armario de la trastienda.
Por ejemplo, alguna vez he soñado que causaba un dolor enorme a mi mujer, un dolor tan fuerte que era imposible la reconciliación. Menos mal que después, cuando la he visto a mi lado, dormida, envuelta en una calma serena, se me han pasado las taquicardias y la desazón.
El tema de hoy viene a cuento porque mi chica ha soñado que yo la dejaba por otra, y la despedía con palabras horribles. La descripción del sueño me ha acongojado hasta a mí, no porque tenga intención o motivos para hacerla tanto daño, sino porque no quiero pensar
en que puedo llegar a ser tan ruin.
¿Qué es lo que motiva al subconsciente de mi mujer a ponerme en el papel de villano? Yo sé que ella tiene confianza en mí, entonces, ¿por qué le prepara su subconsciente ?
Yo también he soñado con ella, y maldita sea, en uno u otro sentido, yo era en esos sueños el agresor y ella la víctima. En mis sueños, como en los de ella, yo también era el villano
¿Hay algo atávico y animal que vive en nuestro subsconciente?¿Por qué no hay un cambio en nuestros sueños, en la que ella sea el agresor y yo la víctima? Lo curioso es que yo en ningún momento he obrado con maldad con ella ¿Está la agresividad más asociada al varón que a la mujer? No lo sé.
Tendría que consultar a un psicoanalista, porque es verdad que hay una relación lógica entre los sueños de ella y míos que o bien no puedo entender o no quiero entender.
Pero claro, me da miedo a acudir a ese tipo de especialistas porque siempre tengo la sensación de que te pueden sacar un gato muerto del armario de la trastienda.
domingo, marzo 18, 2007

Hace mucho tiempo, cuando yo tenía tiempo (valga la redundancia), leí una Biografía de Orson Welles. Ayer, en amena charla con un amigo, me acordé de dicha biografía porque salió a la luz un tema que es muy importante para cada uno de nosotros, sobre todo para aquéllos que están a punto de coger los mandos de la nave que es su vida:
¿Llegamos lejos porque podemos o porque queremos?¿En qué grado influye nuestra cultura, nuestra inteligencia y nuestras creencias para tener éxito y cumplir nuestras metas?
Orson Welles creció con un supuesto problema: que todos le creían un genio y él lo tenía que demostrar. Desde siempre fue precoz, pero sus habilidades no le hacían trascender de su círculo más íntimo de familiares y amigos. El gran problema de Orson era demostrar que cumplía con las expectativas generadas en él. Después de una trayectoria brillante en teatro y en radio, en la cual demostró muchísimo talento pero sin llegar a cubrir las expectativas que el mismo se impuso, llegó a la marca que se había fijado: hizo la mejor película de la historia, Ciudadano Kane, tan buena, que su temática sigue vigente. Fue uno de los mejores cineastas de todos los tiempos con sólo veintiséis años.
Sin embargo, todo hay que decirlo, la película fue vista sólo por cuatro gatos, parte
por el boicot de William Randolph Hearst y parte porque la cinta es sesuda a más no poder, por lo tanto poco apta para el gran público hábido de distracción sin molestias intelectuales.
La charla con mi amigo era de las que se quedan en la memoria. Como es un lector habitual mío, cosa que le agradezco, salieron a colación las bitácoras que él suele visitar, en especial, una de Martín Varvasky, un muchimillonario que entre otras aficiones tiene la de escribir un blog. Mi amigo me comentó que en uno de sus artículos, Martín se preguntaba el por qué del éxito de los judíos en cualquier rama del saber, y la conclusión a la que él llegaba era a que, a diferencia de las personas de otras confesiones religiosas, los judíos procuraban educar a sus hijos como si fueran genios en potencia, con un gran respeto por las generaciones venideras por lo que van a traer. Vamos, que a diferencia de otras culturas, los judíos consideraban a sus hijos como las futuras fuentes del conocimiento y no estúpidas jarritas que había que llenar de tradición y supersticiones para que no se rompan demasiado pronto en le duro trasiego de su existencia.
Esto que me dijo mi amigo me hizo recordar a otra cosa que leí en Internet: un estudio revelaba que no había diferencias significativas entre el cociente intelectual de las clases pobres y las clases altas, y que de resultas de este estudio se sacaba la conclusión de que el éxito en la vida dependía de tus contactos, de tus estudios y, por supuesto, del grado de optimismo que tú tengas a la hora de afrontar un proyecto, bien sea aprobar una oposición, bien sea montar una empresa de
venta de productos informáticos. Y aún más: de no cejar en el empeño hasta conseguirlo.
Mal que nos pese, los españoles hemos sido jarros educados dentro de los dictados que marcan la educación católica, y nuestra formación se asenta en los principios de la iglesia de Roma. Compruebo con algo de tristeza que, frente a protestantes y judíos, los católicos tenemos una rémora, y es la idea de que ésto es un valle de lágrimas que tenemos que pasar. Aunque yo estoy cerca de apostatar, esos posos introducidos en mí por la tradición tardarán en desaparecer y tal vez desaparezcan sólo cuando acaben mis días en este mundo. Muchas veces pienso en lo curioso que es, que dos de los países más católicos de Europa, España e Irlanda, hayan empezado a despegar justo cuando sus respectivos pueblos se han echado en brazos del laicismo (y del amor sin sentimiento de culpa).
Sí amigos, somos católicos aunque no queramos. Nuestra tradición es la católica, con toda su parafernalia de culpa, castigo y redención. El único concepto de creación admitido, el de Adán y Eva. Ser renglones torcidos, mal visto y peor tratado.
A sufrir, que aquí no se viene a acabar mejor de lo que empiezas.
Con estos pensamientos así nos ha ido a españoles durante tantas centurias: el país empezó a decaer cuando los Reyes Católicos echaron a los judíos, tal vez para congraciarse con sus envidiosos súbditos católicos. Desde entonces, la cuesta abajo, el vía crucis, en el cual hemos estado cuatro siglos. Hasta que, primero en la república y después en este período de monarquía parlamentaria, hemos conseguido que los crucifijos desaparezcan de los despachos oficiales y de la mente de gran parte de la población. En España, las sombras de los campanarios son alargadas.
Decía el papa Benedicto XVI, leyendo su discurso con mirada de zorro, que había que luchar contra el relativismo imperante. Justo contra lo que nos ha salvado. Vosotros veréis.
Pensad que los que han hecho posible el concepto de relativismo son o judíos o protestantes: Freud, Einstein, Darwin y alguna celebridad más de la que me olvido.
sábado, marzo 17, 2007
Sé que soy muy reivindicativo, lo sé. Sé que a muchos de vosotros no os gusta el que os
hablen de eso tan indigesto de la política, que deja un poso amargo que nos puede fastidiar lo que queda del día. Creedme que en mi vida cotidiana procuro transmitir alegría, aunque a veces las líneas que escribo me salgan torcidas. Intento alegrar la existencia de mi chica sobre todo, la que más me tiene que soportar. Ya me cuido yo (en la medida que me es posible) de alejarla del Prozak y del sicólogo. Claro que, amor, el que tú estés lejos de esas cosas sólo está en tu mano y en tu cabeza. Yo lo único que puedo hacer es allanarte el camino hacia la felicidad. Sabes que me esfuerzo por hacerlo. Y porque te quiero.
Y bueno, recuerdo la última tontería de los ingleses: consiste en bajarle el sueldo a los funcionarios varones. Olé olé. Podría darse que en nuestra vida en común yo ganara más que tú. Pero creo que a ti no te gustaría que me bajaran el sueldo para igualarlo con el tuyo. Más que nada, porque nuestro hogar tendría menos recursos.
Claro que estamos en un nuevo caso en que se confunde machismo con... no sé qué.
Por cierto, que a mí me encantaría que tú ganaras más dinero que yo, sobre todo si mi salario es de miseria y pagado por una ETT. Es de los pocos casos en los que no querría estar igualado contigo, mi amor.
En fin, lo que pasa es que Tony Blair es muy apañado y que aprovecha cualquier excusa para hacer humor inglés. Es un hombre bromista y jacarandoso. Ha organizado una fiesta a su pequeña mentira que cumple cuatro años estos días, a la que él le ha a agasajado con una tarta de seiscientas mil velas.
En fin cielo, todo lo que sube tiene que bajar. Nos ha pillado juntos en la madurez una de las épocas más idiotas que en los siglos vieran, justo la época en la que están a los mandos la generación del 68, que nos ha demostrado que los adoquines no están en las calles sino en los despachos de gobiernos y corporaciones. Y la única arena que hay es la de los desiertos que rodean a ciertos oleoductos.
hablen de eso tan indigesto de la política, que deja un poso amargo que nos puede fastidiar lo que queda del día. Creedme que en mi vida cotidiana procuro transmitir alegría, aunque a veces las líneas que escribo me salgan torcidas. Intento alegrar la existencia de mi chica sobre todo, la que más me tiene que soportar. Ya me cuido yo (en la medida que me es posible) de alejarla del Prozak y del sicólogo. Claro que, amor, el que tú estés lejos de esas cosas sólo está en tu mano y en tu cabeza. Yo lo único que puedo hacer es allanarte el camino hacia la felicidad. Sabes que me esfuerzo por hacerlo. Y porque te quiero.
Y bueno, recuerdo la última tontería de los ingleses: consiste en bajarle el sueldo a los funcionarios varones. Olé olé. Podría darse que en nuestra vida en común yo ganara más que tú. Pero creo que a ti no te gustaría que me bajaran el sueldo para igualarlo con el tuyo. Más que nada, porque nuestro hogar tendría menos recursos.
Claro que estamos en un nuevo caso en que se confunde machismo con... no sé qué.
Por cierto, que a mí me encantaría que tú ganaras más dinero que yo, sobre todo si mi salario es de miseria y pagado por una ETT. Es de los pocos casos en los que no querría estar igualado contigo, mi amor.
En fin, lo que pasa es que Tony Blair es muy apañado y que aprovecha cualquier excusa para hacer humor inglés. Es un hombre bromista y jacarandoso. Ha organizado una fiesta a su pequeña mentira que cumple cuatro años estos días, a la que él le ha a agasajado con una tarta de seiscientas mil velas.
En fin cielo, todo lo que sube tiene que bajar. Nos ha pillado juntos en la madurez una de las épocas más idiotas que en los siglos vieran, justo la época en la que están a los mandos la generación del 68, que nos ha demostrado que los adoquines no están en las calles sino en los despachos de gobiernos y corporaciones. Y la única arena que hay es la de los desiertos que rodean a ciertos oleoductos.
jueves, marzo 15, 2007
La verdad es que me encuentro cansado. El tipo de curro que llevo ahora es de los que cuando llegas a casa no tienes ganas más que de acostarte y no levantarte hasta mañana a las doce. Desgraciadamente, el despertador volverá a sonar a las siete y media.
Cada día ves a tres mil personas con la mirada suplicante por una plaza fija. Tienen razón y tienen motivos: ves las vidas laborales de la gente y te das cuenta que no estás sólo en el mundo; la gente salta de una empresa a otra con una cadencia alarmante. Yo, hace algunos años, imbuído todavía en la mentalidad de que "si haces bien tu trabajo te quedas fijo en la empresa" pensaba, cuando después de mil contratos me echaban, que era porque no era bueno en mi trabajo, que no valía. Luego me di cuenta que no. Que dependía de factores como "las circunstancias de la producción" o cómo le caía yo a mi jefa o jefe de turno. Nada más. Bueno sí, otra cosa más. Ya no podía ser fijo en una empresa porque los gobiernos, en este caso socialistas, posibilitaron un tipo de contratación buenísima para el empresario, y horrorosa para todos nosotros. De resultas de ello, la tasa de temporalidad ya está en el 34% y subiendo.
Y claro, las instituciones públicas como en la que estoy montan un puñetero proceso selectivo y acuden por miles para ocho cochinas plazas de auxiliar administrativo. Encima, viene la gente con los mismos ánimos que los primeros bárbaros que llegaron a las puertas de Roma ¡No te fastidia! ¿Y todo para qué? Para ser un puñetero estampasellos, trabajo que no se necesita demasiado para realizarlo y ganar un sueldo
más bien tirando a miserable. Es para tirar al río al ministro de administraciones públicas.
Claro que, se podía echar la culpa a los de siempre, pero para qué. Ves los comentarios que hace un fulano en un blog, diciendo que a pesar de ser fijo y funcionario ojalá lo privatizaran todo y echaran a todos los vagos. Vale. Pero en el fondo esos parásitos a los que ataca hacen una gran labor social. Permiten la creación de plazas para la gente que sí quiere trabajar. Vivan los vagos de mi curro, que son los que con su actitud me permiten a mí que encuentre curro. Fíjate, no me importa que con mi trabajo vivan dos personas, porque con mi trabajo sobre todo vivo yo.
Así que animo a que la gente se dedique a la vagancia para que se generen puestos de trabajo ¿qué es eso de ser mulas?
Yo reconozco que trabajo como un animal, pero no me importa si otros no lo hacen. Si en un departamento en vez de seis hay doce, mejor que mejor.
Por la optimización de los recursos hay siete millones de pobres en España. Lo mejor que se podía hacer es que otros siete que trabaja vaguearan un poquito y que hubiera hueco para todos.
Sé que estoy haciendo un poco de demagogia, pero estoy harto de ver cómo nos peleamos entre nosotros por una cosa que no debería ocasionar tanto esfuerzo.
Es verdad que nadie nunca ha regalado nada.
Pero hoy, menos que nunca.
Cada día ves a tres mil personas con la mirada suplicante por una plaza fija. Tienen razón y tienen motivos: ves las vidas laborales de la gente y te das cuenta que no estás sólo en el mundo; la gente salta de una empresa a otra con una cadencia alarmante. Yo, hace algunos años, imbuído todavía en la mentalidad de que "si haces bien tu trabajo te quedas fijo en la empresa" pensaba, cuando después de mil contratos me echaban, que era porque no era bueno en mi trabajo, que no valía. Luego me di cuenta que no. Que dependía de factores como "las circunstancias de la producción" o cómo le caía yo a mi jefa o jefe de turno. Nada más. Bueno sí, otra cosa más. Ya no podía ser fijo en una empresa porque los gobiernos, en este caso socialistas, posibilitaron un tipo de contratación buenísima para el empresario, y horrorosa para todos nosotros. De resultas de ello, la tasa de temporalidad ya está en el 34% y subiendo.
Y claro, las instituciones públicas como en la que estoy montan un puñetero proceso selectivo y acuden por miles para ocho cochinas plazas de auxiliar administrativo. Encima, viene la gente con los mismos ánimos que los primeros bárbaros que llegaron a las puertas de Roma ¡No te fastidia! ¿Y todo para qué? Para ser un puñetero estampasellos, trabajo que no se necesita demasiado para realizarlo y ganar un sueldo
más bien tirando a miserable. Es para tirar al río al ministro de administraciones públicas.
Claro que, se podía echar la culpa a los de siempre, pero para qué. Ves los comentarios que hace un fulano en un blog, diciendo que a pesar de ser fijo y funcionario ojalá lo privatizaran todo y echaran a todos los vagos. Vale. Pero en el fondo esos parásitos a los que ataca hacen una gran labor social. Permiten la creación de plazas para la gente que sí quiere trabajar. Vivan los vagos de mi curro, que son los que con su actitud me permiten a mí que encuentre curro. Fíjate, no me importa que con mi trabajo vivan dos personas, porque con mi trabajo sobre todo vivo yo.
Así que animo a que la gente se dedique a la vagancia para que se generen puestos de trabajo ¿qué es eso de ser mulas?
Yo reconozco que trabajo como un animal, pero no me importa si otros no lo hacen. Si en un departamento en vez de seis hay doce, mejor que mejor.
Por la optimización de los recursos hay siete millones de pobres en España. Lo mejor que se podía hacer es que otros siete que trabaja vaguearan un poquito y que hubiera hueco para todos.
Sé que estoy haciendo un poco de demagogia, pero estoy harto de ver cómo nos peleamos entre nosotros por una cosa que no debería ocasionar tanto esfuerzo.
Es verdad que nadie nunca ha regalado nada.
Pero hoy, menos que nunca.
miércoles, marzo 14, 2007
Parece ser que los europeos tenemos problemas con nuestro semen. Según un estudio, en los últimos cincuenta años, hemos perdido la mitad de los espermatozoides. De 116 millones por mililitro, ahora sólo tenemos 66. Y encima, parece que vienen vagos, incapaces de subir por el útero para procrear.
Hombre, no es que haga mucha falta con la gente que hay, que ya somos en el mundo más de seis mil millones, pero también es verdad que a la gente le gusta perpetuarse y que sus genes campeen por el mundo por siempre jamás.
Nuestros espermatozoides están tristes ¿Qué tendrán nuestros espermatozoides?
Pues parece ser que están cansados de que fumemos, de que bebamos y de que nos pongamos calzoncillos apretados. También están hartos de la contaminación, de los productos químicos pestilentes y de la música techno a todo volumen. Bueno, de esto último no estoy seguro, pero... ¿A que estaría bien escuchar la música en los bares más bajita?
No sé, a veces también pienso que a lo mejor todo se deba a que la naturaleza ha puesto en marcha su propios mecanismo de control de plagas y ha decidido que los humanos somos demasiados, y está en plena cruzada en pro de la esterilidad porque tenemos más peligro y somos más letales que las ratas. A lo mejor la naturaleza está haciendo un reajuste con nuestar especie. La naturaleza tiene virus, bacterias y demás bichos que nos pueden matar, pero como les toreamos, ha decidido cortar nuestro grifo. El grifo sexual, se entiende.
Yo no sé cómo tomármelo. A lo mejor cambio de tipo de calzoncillos, empiezo a ponerme unos más holgados. Tampoco estaría de más dejar de ponerme jeans. Tal vez debería dejar el tabaco, no sé. Mi abuelo fumaba el triple que yo, sin embargo, tuvo cuatro hijos. ¿No será que el tabaco de hoy viene peor? ¡Yo qué sé!
Bueno, ya no es tiempo de familias numerosas porque no hay numerosos espermatozoides.
En fin, Dios proveerá... ¿Pero qué?
Hombre, no es que haga mucha falta con la gente que hay, que ya somos en el mundo más de seis mil millones, pero también es verdad que a la gente le gusta perpetuarse y que sus genes campeen por el mundo por siempre jamás.
Nuestros espermatozoides están tristes ¿Qué tendrán nuestros espermatozoides?
Pues parece ser que están cansados de que fumemos, de que bebamos y de que nos pongamos calzoncillos apretados. También están hartos de la contaminación, de los productos químicos pestilentes y de la música techno a todo volumen. Bueno, de esto último no estoy seguro, pero... ¿A que estaría bien escuchar la música en los bares más bajita?
No sé, a veces también pienso que a lo mejor todo se deba a que la naturaleza ha puesto en marcha su propios mecanismo de control de plagas y ha decidido que los humanos somos demasiados, y está en plena cruzada en pro de la esterilidad porque tenemos más peligro y somos más letales que las ratas. A lo mejor la naturaleza está haciendo un reajuste con nuestar especie. La naturaleza tiene virus, bacterias y demás bichos que nos pueden matar, pero como les toreamos, ha decidido cortar nuestro grifo. El grifo sexual, se entiende.
Yo no sé cómo tomármelo. A lo mejor cambio de tipo de calzoncillos, empiezo a ponerme unos más holgados. Tampoco estaría de más dejar de ponerme jeans. Tal vez debería dejar el tabaco, no sé. Mi abuelo fumaba el triple que yo, sin embargo, tuvo cuatro hijos. ¿No será que el tabaco de hoy viene peor? ¡Yo qué sé!
Bueno, ya no es tiempo de familias numerosas porque no hay numerosos espermatozoides.
En fin, Dios proveerá... ¿Pero qué?
martes, marzo 13, 2007
La gente suele ver programas del tipo Gran Hermano para distraerse con el comportamiento de exhibicionistas montaraces. Sin embargo, creo que es más interesante tener un acuario, porque los peces tienen vidas que merece la pena contar.
Yo trato mejor a mis peces que mi sociedad me trata a mí. Tienen la luz y los alimentos garantizados, no como yo, que con un revés que me dé el destino se puede ir mi vida al garete. Simplemente, conque me falte el trabajo el día de mañana. Con ésto podéis ver que nos tratan peor que a animales. Pero me voy a dejar de duelos y quebrantos, que, como dijo el Cervantes que yo me invento, mejor quedan en el plato.
Sin embargo, aunque mis peces eso del comer lo tienen garantizado mientras vivan, pasan por otras penas. Procedo a decíroslas.
Tengo un neón que es de una especie que les gusta vivir en compañía. Lo compré en una tienda de animales, junto con otros doce. Lamentablemente, con las subidas de temperatura del verano, se me fueron muriendo todos hasta quedar sólo el que os digo.
Es una fuerza de la naturaleza. Pese a su soledad en el acuario, el tío aguanta con carros y carretas. Sin duda es el más pequeño de mis peces, pero pese a su insignificancia es mi favorito. Los neones van uniformados en rojo y azul, y mi neón me recuerda a esos soldados que vienen de la guerra dejando atrás a muchos compañeros y amigos. Mi neón es un superviviente, y venga desde aquí un sentido homenaje.
Tengo, en cambio, un guppy que pasa por otros sufrimientos. Yo quería comprar un macho y una hembra, pero desgraciadamente el de la tienda me vendió dos machos por error. El otro macho que le acompañaba era un guppy fuerte, de cola ancha, panzudo y de vivos colores. Le hace la vida imposible por el dominio de las hembras. De resultas de ese acoso, mi pobre guppy se esconde en las algas y ya empieza a languidecer. De tan delgado que está, en vez de un pez parece un puro. Esa situación me recuerda a todos los acosos del mundo. La violencia de los peces es de la misma naturaleza que la humana. Por desgracia, no sé cuanto me durará mi guppy, yo creo que poco. Tampoco sé qué camino tomar para hacerle la vida más fácil. A veces me dan ganas de mandar al otro a la taza del váter, que no es otro el sitio que se merece. Por cierto, la taza del váter es el cementerio de los elefantes para peces, aunque yo desaconsejo meter un elefante en dicha taza.
Luego tengo dos apuesto Guramis que son como esos matrimonios ya maduros que pasean por el parque una hermosa tarde de primavera. Mis Guramis son majestuosos, pasean sus barbas... un momento, yo creía que eran macho y hembra...Ah, pues no. Son macho y macho. Bueno, entonces son como esa pareja de ancianos amantes que ocultaron su amor al mundo durante tantos años y ahora pueden sacar su plata majestuosa liberados de prejuicios inmorales.
Luego tengo una xifo hembra que es como esa viejecita sabia a la que todas piden consejo. Es la decana de la pecera. Su colita está torcida, como si sufriera esclerosis de huesos y es una gran superviviente: ella sufrió la terrible subida de temperatura que diezmó los habitantes de la pecera y vio cómo morían algunos de sus hijos y su marido. No puedo más que sentir respeto hacia la que ha tenido tantas tragedias en su familia.
Os podría decir más, pero no voy lo suficientemente borracho. Ya os he dicho que mirar una pecera con según qué sustancias os puede abrir todo un universo. Seguiremos informando.
lunes, marzo 12, 2007
En donde vivo hay unas autoescuelas que son muy chulas y se rigen totalmente por la principal ley no escrita del libre mercado: puedes elegir la autoescuela que quieras, pero pagando el precio que pacten entre todas. Igual que las zapatillas de marca: te puedes comprar el modelo que más te guste, pero pagando el mismo precio que otro similar al de la compañía "competidora". O si finalmente te sacas el carné de conducir: puedes elegir entre diversas marcas de coches, modelos que traen lo mismo, por idéntico precio. Y luego dicen que los comunistas lo daban todo muy uniformizado.
Eso sí, lo bueno que tiene el mundo de hoy en que vivimos en que todo viene con más colorines. Por ejemplo, las marquesinas de las autoescuelas de mi ciudad son de vivos colores: amarillos, rojos, azules... Pero eso sí, una vez dentro de una, tienes que leerte las mismas normas y pagar por las clases de coche lo mismo que en todas las demás; vista una, vistas todas.
Decía Henry Ford: "puede elegir el color de coche que usted quiera, siempre y cuando éste sea negro" Es lo que pasa hoy. El dinero lo vuelve todo de color negro. Puedes elegir lo que te dé la gana, que al final vas a pagar lo mismo que por lo de la competencia.
Que eso de que la competitividad favorece al consumidor es una patraña; cuando el pescado se reparte entre cuatro o cinco y no entre treinta y cinco, es muy difícil encontrar diferencias destacables. Haced la prueba: elegid un coche de determinadas características, comparadlos con otros similares de la competencia y veréis que la cosa no varía mucho entre marcas.
Parece ser que las autoescuelas de mi ciudad hacen la puñeta a aquélla que de motu propio decide bajar los precios sin tener en cuenta a las demás. Es más, chantajean y presionan para que no se lleve el gato al agua. El gato hidráulico, se entiende.
En la película "Good Bye Lenin", sobre la caída del muro de Berlín, al personaje principal le llamaba la atención que en las estanterías de los supermercados de la Alemania unificada hubiera una gran variedad de marcas de pepinillos, frente a la única marca que había para proveer a toda la Alemania del Este.
Eso me hizo pensar que qué mas daba: todos los pepinillos son iguales.
Y la diferencia, es una ilusión creada por el "libre mercado".
Eso sí, lo bueno que tiene el mundo de hoy en que vivimos en que todo viene con más colorines. Por ejemplo, las marquesinas de las autoescuelas de mi ciudad son de vivos colores: amarillos, rojos, azules... Pero eso sí, una vez dentro de una, tienes que leerte las mismas normas y pagar por las clases de coche lo mismo que en todas las demás; vista una, vistas todas.
Decía Henry Ford: "puede elegir el color de coche que usted quiera, siempre y cuando éste sea negro" Es lo que pasa hoy. El dinero lo vuelve todo de color negro. Puedes elegir lo que te dé la gana, que al final vas a pagar lo mismo que por lo de la competencia.
Que eso de que la competitividad favorece al consumidor es una patraña; cuando el pescado se reparte entre cuatro o cinco y no entre treinta y cinco, es muy difícil encontrar diferencias destacables. Haced la prueba: elegid un coche de determinadas características, comparadlos con otros similares de la competencia y veréis que la cosa no varía mucho entre marcas.
Parece ser que las autoescuelas de mi ciudad hacen la puñeta a aquélla que de motu propio decide bajar los precios sin tener en cuenta a las demás. Es más, chantajean y presionan para que no se lleve el gato al agua. El gato hidráulico, se entiende.
En la película "Good Bye Lenin", sobre la caída del muro de Berlín, al personaje principal le llamaba la atención que en las estanterías de los supermercados de la Alemania unificada hubiera una gran variedad de marcas de pepinillos, frente a la única marca que había para proveer a toda la Alemania del Este.
Eso me hizo pensar que qué mas daba: todos los pepinillos son iguales.
Y la diferencia, es una ilusión creada por el "libre mercado".
domingo, marzo 11, 2007
Deberíamos estar de enhorabuena. En España la gente se manifiesta. Pero no estoy contento. En España la gente se manifiesta, mayormente, por tonterías. Veamos cuatro ejemplos de manifestaciones recientes:
- Manifestación en defensa del derecho a la vivienda, junio de 2006: 900 personas
- Manifestación en pro de la sanidad pública en la Comunidad de Madrid, octubre 2006: unas 50000 personas, tirando por lo alto
- Manifestación en contra de las bodas de homosexuales, mayo de 2005: 166000 personas
- Manifestación contra la política antiterrorista del gobierno, idéntica a la que practicó el partido de la oposición cuando gobernaba, marzo 2007: 366000
Necesito acudir a los clásicos, porque los hombres modernos con su actitud no me están ayudando nada en lo de aclararme las ideas. Acudo al libro II de Aristóteles dedicado a la retórica. Define topoi como "las ideas generales, de la memoria colectiva". Viene a decir nuestro sabio Aristóteles que hay topoi comunes y generales, es decir, los puntos de vista de aceptación general. Ahondando en esa idea aristotélica, un tal Perelman en su "tratado de argumentación", clasifica ese topoi como "topoi de cantidad" (para el hombre contemporáneo como usted y como yo), es decir "una cosa vale más que otra por razones cuantitativas" Aún más: "ha de seguirse la opinión de la mayoría."
O sea, que si nos atenemos a los Topoi de Aristóteles y que Perelman redefinió, en este país, por cantidad de gente, es más importante que los homosexuales no se casen que todo el mundo lo tenga fácil para acceder una vivienda. O es más importante que el gobierno no haga una política antiterrorista idéntica a la de la oposición cuando gobernó, que eso de que la Comunidad de Madrid siga teniendo una sanidad pública de calidad.
No entiendo nada.
Pensando en estas cosas, patidifuso y consternado, decidí que debería dar un paseo para despejarme, pero al ver que llovía, opté por quedarme en casa. Entonces me acordé de esa vieja fábula en la que un monarca decidió, aconsejado por su sabio, quedarse en casa porque la lluvia de fuera volvía locos a la gente que empapaba. Se quedaron él y su sabio entre los muros de palacio, y la gente devenida en loca se reía de ellos porque les consideraban a ellos los locos.
¿Qué hago ahora? ¿Arremeto contra los homosexuales, que nada me han hecho? ¿O me meto contra la política antiterrorista del gobierno, aún sabiendo que es idéntica a la realizada por todos los gobiernos de la democracia de este país?
O tal vez, como le dijeran a Claudio en la novela de Robert Graves:
"Ser un tonto que se hace pasar por tonto"
- Manifestación en defensa del derecho a la vivienda, junio de 2006: 900 personas
- Manifestación en pro de la sanidad pública en la Comunidad de Madrid, octubre 2006: unas 50000 personas, tirando por lo alto
- Manifestación en contra de las bodas de homosexuales, mayo de 2005: 166000 personas
- Manifestación contra la política antiterrorista del gobierno, idéntica a la que practicó el partido de la oposición cuando gobernaba, marzo 2007: 366000
Necesito acudir a los clásicos, porque los hombres modernos con su actitud no me están ayudando nada en lo de aclararme las ideas. Acudo al libro II de Aristóteles dedicado a la retórica. Define topoi como "las ideas generales, de la memoria colectiva". Viene a decir nuestro sabio Aristóteles que hay topoi comunes y generales, es decir, los puntos de vista de aceptación general. Ahondando en esa idea aristotélica, un tal Perelman en su "tratado de argumentación", clasifica ese topoi como "topoi de cantidad" (para el hombre contemporáneo como usted y como yo), es decir "una cosa vale más que otra por razones cuantitativas" Aún más: "ha de seguirse la opinión de la mayoría."
O sea, que si nos atenemos a los Topoi de Aristóteles y que Perelman redefinió, en este país, por cantidad de gente, es más importante que los homosexuales no se casen que todo el mundo lo tenga fácil para acceder una vivienda. O es más importante que el gobierno no haga una política antiterrorista idéntica a la de la oposición cuando gobernó, que eso de que la Comunidad de Madrid siga teniendo una sanidad pública de calidad.
No entiendo nada.
Pensando en estas cosas, patidifuso y consternado, decidí que debería dar un paseo para despejarme, pero al ver que llovía, opté por quedarme en casa. Entonces me acordé de esa vieja fábula en la que un monarca decidió, aconsejado por su sabio, quedarse en casa porque la lluvia de fuera volvía locos a la gente que empapaba. Se quedaron él y su sabio entre los muros de palacio, y la gente devenida en loca se reía de ellos porque les consideraban a ellos los locos.
¿Qué hago ahora? ¿Arremeto contra los homosexuales, que nada me han hecho? ¿O me meto contra la política antiterrorista del gobierno, aún sabiendo que es idéntica a la realizada por todos los gobiernos de la democracia de este país?
O tal vez, como le dijeran a Claudio en la novela de Robert Graves:
"Ser un tonto que se hace pasar por tonto"
sábado, marzo 10, 2007
Los humanos tenemos el instinto de que si todo nos va bien, atacar a aquellos que dicen que cambiemos. Cuando nos gusta nuestro estilo de vida, lo que nos aterra es el cambio. Podemos ir a mejor, sí, porque nos sabemos infelices, pero preferimos no enfrentarnos a la posibilidad de que vayamos a peor. O mejor dicho: nos aterra que ya no seamos los mismos de ahora, con nuestra infelicidad y todo.
Básicamente, es lo que les pasa a los que atacaron a Al Gore la semana pasada por tener una casa que consume mucha electricidad. A mi juicio, se quedaron cortos: podían haber atacado a Al Gore por pasarse en su documental más de media hora metido en un coche, por hacer frecuentes viajes en avión, cuando de todos es sabido lo contaminantes que son los aviones actuales o por ponerse camisas hechas en oscuros talleres clandestinos y vendidas en luminosas y lujosas tiendas que contaminan por la electricidad que gastan.
Sí, critican mucho a Al Gore. Con razón. Porque Al Gore es humano, y como todos los humanos actuales, tenemos la responsabilidad de los cambios a peor que se están dando en el mundo. Pero a diferencia de los que quieren seguir de la misma manera que antaño, Al Gore quiere cambiar. Asume su responsabilidad y hace lo que un hombre bueno debe hacer.
Es cierto: fue su gobierno el que no ratificó el tratado de Kyoto, pero eso lo que nos hace ver es que realmente hay fuerzas en la sombra mucho más poderosas que un vecipresidente o un presidente y que son las que realmente controlan el gobierno. Tal vez Al Gore, a título personal, hubiera firmado una y mil veces el protocolo de Kyoto, pero esto lo que pone en evidencia que un vicepresidente de los EEUU tiene ciertas servidumbres que en modo alguno tienen que ver con sus votantes ¿Estamos, entonces, ante una verdadera democracia?
Nosotros, los europeos, junto con los norteamericanos, tenemos la mayor parte de la responsabilidad de los desastres que puedan venir dentro de pocos años. Por su parte, los norteamericanos, corren el riesgo de ser el pueblo más odiado de la historia, seguido (y de lejos) por el pueblo de la Alemania nazi. Yo no quiero eso. Nadie quiere eso. Así que, dejemos de buscar contradicciones, porque todos las tenemos y no debemos sentirnos culpables por ser incoherentes, pero sí por no desviarnos del camino para seguir la senda correcta.
Lamento que en su día, Al Gore no ocupara la presidencia que en buena ley le pertenecía. También lamento que, al final de su documental, viera como un gran hito el que vencieran al comunismo. Le recuerdo que los que derribaron el comunismo fue los propios gobernantes rusos.
En mi pueblo, como en la gran finca de su padre, había un río. Mientras en su niñez él se bañaba sólo en el tramo que corría por la propiedad de su padre, yo en la mía me bañaba en el tramo que pasaba cerca de mi pueblo en compañía de otros niños. Desde entonces sé qué es lo mejor.
Básicamente, es lo que les pasa a los que atacaron a Al Gore la semana pasada por tener una casa que consume mucha electricidad. A mi juicio, se quedaron cortos: podían haber atacado a Al Gore por pasarse en su documental más de media hora metido en un coche, por hacer frecuentes viajes en avión, cuando de todos es sabido lo contaminantes que son los aviones actuales o por ponerse camisas hechas en oscuros talleres clandestinos y vendidas en luminosas y lujosas tiendas que contaminan por la electricidad que gastan.
Sí, critican mucho a Al Gore. Con razón. Porque Al Gore es humano, y como todos los humanos actuales, tenemos la responsabilidad de los cambios a peor que se están dando en el mundo. Pero a diferencia de los que quieren seguir de la misma manera que antaño, Al Gore quiere cambiar. Asume su responsabilidad y hace lo que un hombre bueno debe hacer.
Es cierto: fue su gobierno el que no ratificó el tratado de Kyoto, pero eso lo que nos hace ver es que realmente hay fuerzas en la sombra mucho más poderosas que un vecipresidente o un presidente y que son las que realmente controlan el gobierno. Tal vez Al Gore, a título personal, hubiera firmado una y mil veces el protocolo de Kyoto, pero esto lo que pone en evidencia que un vicepresidente de los EEUU tiene ciertas servidumbres que en modo alguno tienen que ver con sus votantes ¿Estamos, entonces, ante una verdadera democracia?
Nosotros, los europeos, junto con los norteamericanos, tenemos la mayor parte de la responsabilidad de los desastres que puedan venir dentro de pocos años. Por su parte, los norteamericanos, corren el riesgo de ser el pueblo más odiado de la historia, seguido (y de lejos) por el pueblo de la Alemania nazi. Yo no quiero eso. Nadie quiere eso. Así que, dejemos de buscar contradicciones, porque todos las tenemos y no debemos sentirnos culpables por ser incoherentes, pero sí por no desviarnos del camino para seguir la senda correcta.
Lamento que en su día, Al Gore no ocupara la presidencia que en buena ley le pertenecía. También lamento que, al final de su documental, viera como un gran hito el que vencieran al comunismo. Le recuerdo que los que derribaron el comunismo fue los propios gobernantes rusos.
En mi pueblo, como en la gran finca de su padre, había un río. Mientras en su niñez él se bañaba sólo en el tramo que corría por la propiedad de su padre, yo en la mía me bañaba en el tramo que pasaba cerca de mi pueblo en compañía de otros niños. Desde entonces sé qué es lo mejor.
jueves, marzo 08, 2007
Lo mejor que nos puede pasar es que un pesimista se equivoque siempre. Un antiguo amigo mío, al que hace tiempo dije adiós que te vaya bien, pronosticó que duraría tres meses con mi chica "es que Opo es un desastre" Le dijo a un amigo común que luego me lo contó en confidencia. Pues ya llevamos mi chica y yo diez años juntos. Chúpate ésa.
Un pesimista, si es buena persona, debe desear justo lo contrario que un científico: que sus teorías no se cumplan nunca. Yo soy pesimista, y como dice la canción que una vez cantara Banderas, "soy un hombre muy honrado que le gusta lo mejor" así que lanzaré los peores augurios para que, diciéndolos con letra negra, no se cumplan jamás.
Los libros de autoayuda dicen que nunca hay que pensar cosas negativas. Qué va: Pensadlas todas, para que no se cumplan. Hagamos una hoguera de San Juan con todos los pronósticos funestos que se nos ocurran, con todas las cosas que decimos y que tenemos el deber de hacer todo lo posible para que nunca ocurran.
Un pesimista deseoso de ser profeta merece ser condenado al ostracismo. Se convierte en mala persona aquél que para tener razón necesita que las cosas vayan mal. Os lo he confesado: soy pesimista y deseo más que nada en el mundo que mis pronósticos funestos jamás, jamás se hagan realidad. Ahora voy a empezar a tirar a la hoguera mis pensamientos negativos. Mi fuego también espera vuestros troncos.
En el plano personal, pienso que nunca lograré tener un buen trabajo, que llegaré a la pobreza, que no tendré hijos, que me dejará de amar mi esposa, que ya no me querrá mi familia, y que moriré en la calle y no en la cama.
A nivel general, que el egoísmo seguirá su escalada imparable, que dentro de unos años no habrá más lluvia en España ni por lo tanto árboles, que habrá hambrunas generalizadas, que habrá guerras, que mi familia pasará calamidades, que ya sólo seremos felices en la nostalgia y que llegado el momento, un meteorito vendrá y se cargará a la especie más estúpida que jamás haya habido en el planeta tierra, sólo seguida de cerca por los dinosaurios.
Cuánto deseo equivocarme. Qué pocas ganas tengo de tener razón. Malditos los que profetizan el final del la alegría, porque de ellos será el reino de la nada.
Un pesimista, si es buena persona, debe desear justo lo contrario que un científico: que sus teorías no se cumplan nunca. Yo soy pesimista, y como dice la canción que una vez cantara Banderas, "soy un hombre muy honrado que le gusta lo mejor" así que lanzaré los peores augurios para que, diciéndolos con letra negra, no se cumplan jamás.
Los libros de autoayuda dicen que nunca hay que pensar cosas negativas. Qué va: Pensadlas todas, para que no se cumplan. Hagamos una hoguera de San Juan con todos los pronósticos funestos que se nos ocurran, con todas las cosas que decimos y que tenemos el deber de hacer todo lo posible para que nunca ocurran.
Un pesimista deseoso de ser profeta merece ser condenado al ostracismo. Se convierte en mala persona aquél que para tener razón necesita que las cosas vayan mal. Os lo he confesado: soy pesimista y deseo más que nada en el mundo que mis pronósticos funestos jamás, jamás se hagan realidad. Ahora voy a empezar a tirar a la hoguera mis pensamientos negativos. Mi fuego también espera vuestros troncos.
En el plano personal, pienso que nunca lograré tener un buen trabajo, que llegaré a la pobreza, que no tendré hijos, que me dejará de amar mi esposa, que ya no me querrá mi familia, y que moriré en la calle y no en la cama.
A nivel general, que el egoísmo seguirá su escalada imparable, que dentro de unos años no habrá más lluvia en España ni por lo tanto árboles, que habrá hambrunas generalizadas, que habrá guerras, que mi familia pasará calamidades, que ya sólo seremos felices en la nostalgia y que llegado el momento, un meteorito vendrá y se cargará a la especie más estúpida que jamás haya habido en el planeta tierra, sólo seguida de cerca por los dinosaurios.
Cuánto deseo equivocarme. Qué pocas ganas tengo de tener razón. Malditos los que profetizan el final del la alegría, porque de ellos será el reino de la nada.
miércoles, marzo 07, 2007
Uno de los anhelos del inspector Santuchione era viajar a San Petersburgo: se imaginaba a sí mismo, en una época indeterminada, bajando de un tren procedente de Moscú, dispuesto a buscar la sombra alargada de Dostoievski:
"la sociedad se halla divida en dos tipos de seres humanos; aquellos superiores que tienen derecho a cometer crímenes en pro del bienestar general de la sociedad y aquellos inferiores que deben estar sometidos a las leyes, cuya única función es la reproducción de la raza humana"
Santuchione no era muy aficionado a la literatura, pero un viejo ladrón, enemigo íntimo suyo, se lo recomendó: "Si quieres entender realmente de qué va esto, debes leer Crimen y Castigo"
Se lo dijo detrás de los barrotes, y Santuchione le hizo caso.
No tardó mucho en leérselo. Sobre todo la primera parte. Lo que menos le gustó fue el propósito de redención final de Raskolnikov; lo encontró demasiado novelero. No hay nada más falso que los hombres arrepentidos. Santuchione ha conocido muy pocos. En cambio, todos lamentan que les cojan.
Él, desde luego, nunca se arrepintió.
Muchas veces repasaba la ficha policial de los delincuentes de su distrito, y se daba cuenta de que él mató a muchos más hombres que algunos que estaban cumpliendo condena. Pero era un ser superior que no tenía que respetar las leyes que le hacían ganarse la vida. Tenía que hacer preservar el bienestar general de la sociedad. Su único temor es que la edad, una mujer o lo que fuera le hicieran un débil. Si él hubiera sido el que hubiera apresado a Raskolnikov, no hubiera dudado en pegarle un puñetazo en el estómago por entregarse. Eso está fuera del pacto no escrito entre polis y ladrones.
"Tengo que ir a Rusia" Pensaba Santuchione. El viaje era caro y su sueldo de funcionario no daba para mucho. Pero él tenía que ir, sobre todo para ver la helada decadencia del San Petersburgo sin imperio, tan parecida a la suya propia. Donde el río Nieva, como decía un niño, compañero suyo del colegio en clase de geografía, en una anécdota que hace años tenía guardada en los archivos más oscuros de los sótanos de su cerebro. El río Nieva.
Miróse al espejo y le vino el último pensamiento extraño de antes de acostarse. Si su pelo aceitado y ensortijado importado del sur de Europa no iba a destacar demasiado entra tanta cabeza caucásica. Santuchione siempre hacía gala de su facilidad para pasar desapercibido. Su cabeza de tirano de Libia no dejaría indiferente a los rusos.
Qué demonios. Iría en cuanto pudiera.
Se preguntaba si conocería alguna rusa dispuesta a mezclar el trigo con el aceite.
Pero qué estaba diciendo, él no era un ser inferior para la reproducción.
En el mundo somos ya demasiados.
"la sociedad se halla divida en dos tipos de seres humanos; aquellos superiores que tienen derecho a cometer crímenes en pro del bienestar general de la sociedad y aquellos inferiores que deben estar sometidos a las leyes, cuya única función es la reproducción de la raza humana"
Santuchione no era muy aficionado a la literatura, pero un viejo ladrón, enemigo íntimo suyo, se lo recomendó: "Si quieres entender realmente de qué va esto, debes leer Crimen y Castigo"
Se lo dijo detrás de los barrotes, y Santuchione le hizo caso.
No tardó mucho en leérselo. Sobre todo la primera parte. Lo que menos le gustó fue el propósito de redención final de Raskolnikov; lo encontró demasiado novelero. No hay nada más falso que los hombres arrepentidos. Santuchione ha conocido muy pocos. En cambio, todos lamentan que les cojan.
Él, desde luego, nunca se arrepintió.
Muchas veces repasaba la ficha policial de los delincuentes de su distrito, y se daba cuenta de que él mató a muchos más hombres que algunos que estaban cumpliendo condena. Pero era un ser superior que no tenía que respetar las leyes que le hacían ganarse la vida. Tenía que hacer preservar el bienestar general de la sociedad. Su único temor es que la edad, una mujer o lo que fuera le hicieran un débil. Si él hubiera sido el que hubiera apresado a Raskolnikov, no hubiera dudado en pegarle un puñetazo en el estómago por entregarse. Eso está fuera del pacto no escrito entre polis y ladrones.
"Tengo que ir a Rusia" Pensaba Santuchione. El viaje era caro y su sueldo de funcionario no daba para mucho. Pero él tenía que ir, sobre todo para ver la helada decadencia del San Petersburgo sin imperio, tan parecida a la suya propia. Donde el río Nieva, como decía un niño, compañero suyo del colegio en clase de geografía, en una anécdota que hace años tenía guardada en los archivos más oscuros de los sótanos de su cerebro. El río Nieva.
Miróse al espejo y le vino el último pensamiento extraño de antes de acostarse. Si su pelo aceitado y ensortijado importado del sur de Europa no iba a destacar demasiado entra tanta cabeza caucásica. Santuchione siempre hacía gala de su facilidad para pasar desapercibido. Su cabeza de tirano de Libia no dejaría indiferente a los rusos.
Qué demonios. Iría en cuanto pudiera.
Se preguntaba si conocería alguna rusa dispuesta a mezclar el trigo con el aceite.
Pero qué estaba diciendo, él no era un ser inferior para la reproducción.
En el mundo somos ya demasiados.
martes, marzo 06, 2007
Una prima mía, a la que quiero un montón, se sorprendió al ver mi gran acuario al hacerme una visita a casa. Pero, como perspicaz que es, dijo a continuación: "¿A que has sido tú el que ha tenido la idea de instalar el acuario?""Pues sí, prima, ¿Cómo lo has adivinado?""Pues porque en todas las casas que conozco con acuarios, la idea de tenerlos partió de un hombre""Vaya, nunca lo había pensado".
Y claro, tengo la duda desde entonces: ¿habrá más predisposición a tener acuarios por parte de los varones? Mi chica me lo regaló porque siempre me paraba en las tiendas de los animales, y lo único que buscaba eran los peces. No me interesa ningún otro animal, y menos a los gatos, que me dan alergia.
¿Será verdad que a los hombres atraen más que a las mujeres los acuarios? No sabría responder. No está demostrado que en Marte haya más agua que en Venus, tal vez sea otra creencia más de las muchas que hay, sin fundamento científico. Pero qué demonios: si mi prima trabaja de científica en la Universidad de San Diego, en un laboratorio con animales , algo de fundamento tendrá, entonces, su opinión. Digo yo.
A lo largo de mi vida, he tenido una pecera y dos acuarios, siendo el último el más grande, de ciento veinte litros. La primera pecera que tuve fue cuando era niño, con peces de agua fría y sólo con dos peces. Bueno, contuvo muchos más, pero se me iban muriendo.
Supe después que la razón de tanta defunción era porque las carpas japonesas, que son esos peces generalmente naranjas que a todos nos encantan, están hechas para vivir en grandes charcas. Vamos, que para que una de esas carpas estuviera cómoda, tendría que vivir en un estanque de mil litros y no en una pequeña bola de tres. En vista de la elevada tasa de mortalidad, cogimos la bola de cristal y le dimos el destino que suelen tener todas esas bolas: de maceta para cactus.
La segunda que tuve fue un acuario de veinte litros regalado a mis diecinueve años por mis amigos. Ese acuario era también de agua fría, con el consiguiente problema de las carpas japonesas, pero entonces tampoco existía internet y yo no sabía en aquella época lo de la inconveniencia de tener carpas japonesas en un acuario de agua
fría. La mortandad era todavía mayor, porque metía todavía más peces que en la primera. Tuve, además, problemas con exceso de algas que me pusieron la pecera toda verde.
Lo mejor de aquella segunda pecera es que, además, en aquella época yo solía llegar en demasiadas ocasiones beodo perdido y de verdad, es una bonita experiencia ver borracho el ir y venir a los peces. Es lo más cerca que estado del Nirvana. Hasta que las algas lo invadieron todo. No os fiéis de esas pequeñas criaturas verdes.
Bueno, y llegamos a mi último acuario, el que tengo ahora. Este sí que mola. Además, me he leído toda la bibliografía recomendada concerniente a la acuarofilia y me he leído todos los foros de internet, los de los piraos y los de las gentes de bien. Al final, con ayuda de mi chica, he podido sacar adelante un acuario bastante decente, esta vez con peces de agua caliente, que en el año que llevamos me han criado y todo...Como las jodidas plantas...Es que lo tengo que parece la selva...
¿Y si me dedicara a la jardinería?
Y claro, tengo la duda desde entonces: ¿habrá más predisposición a tener acuarios por parte de los varones? Mi chica me lo regaló porque siempre me paraba en las tiendas de los animales, y lo único que buscaba eran los peces. No me interesa ningún otro animal, y menos a los gatos, que me dan alergia.
¿Será verdad que a los hombres atraen más que a las mujeres los acuarios? No sabría responder. No está demostrado que en Marte haya más agua que en Venus, tal vez sea otra creencia más de las muchas que hay, sin fundamento científico. Pero qué demonios: si mi prima trabaja de científica en la Universidad de San Diego, en un laboratorio con animales , algo de fundamento tendrá, entonces, su opinión. Digo yo.
A lo largo de mi vida, he tenido una pecera y dos acuarios, siendo el último el más grande, de ciento veinte litros. La primera pecera que tuve fue cuando era niño, con peces de agua fría y sólo con dos peces. Bueno, contuvo muchos más, pero se me iban muriendo.
Supe después que la razón de tanta defunción era porque las carpas japonesas, que son esos peces generalmente naranjas que a todos nos encantan, están hechas para vivir en grandes charcas. Vamos, que para que una de esas carpas estuviera cómoda, tendría que vivir en un estanque de mil litros y no en una pequeña bola de tres. En vista de la elevada tasa de mortalidad, cogimos la bola de cristal y le dimos el destino que suelen tener todas esas bolas: de maceta para cactus.
La segunda que tuve fue un acuario de veinte litros regalado a mis diecinueve años por mis amigos. Ese acuario era también de agua fría, con el consiguiente problema de las carpas japonesas, pero entonces tampoco existía internet y yo no sabía en aquella época lo de la inconveniencia de tener carpas japonesas en un acuario de agua
fría. La mortandad era todavía mayor, porque metía todavía más peces que en la primera. Tuve, además, problemas con exceso de algas que me pusieron la pecera toda verde.
Lo mejor de aquella segunda pecera es que, además, en aquella época yo solía llegar en demasiadas ocasiones beodo perdido y de verdad, es una bonita experiencia ver borracho el ir y venir a los peces. Es lo más cerca que estado del Nirvana. Hasta que las algas lo invadieron todo. No os fiéis de esas pequeñas criaturas verdes.
Bueno, y llegamos a mi último acuario, el que tengo ahora. Este sí que mola. Además, me he leído toda la bibliografía recomendada concerniente a la acuarofilia y me he leído todos los foros de internet, los de los piraos y los de las gentes de bien. Al final, con ayuda de mi chica, he podido sacar adelante un acuario bastante decente, esta vez con peces de agua caliente, que en el año que llevamos me han criado y todo...Como las jodidas plantas...Es que lo tengo que parece la selva...
¿Y si me dedicara a la jardinería?
lunes, marzo 05, 2007
Si me permites, me voy a apropiar lo de gran conocedor de nadas. Porque, efectivamente,
nada es lo que conozco. Aunque, si tomamos el universo como la nada, a lo mejor, conocemos bastante.
Pero la sensación es que cada vez sé menos de mí mismo y de mi entorno. Sólo sé mis circunstancias y mis mezquindades, pero a veces pienso que no son suficientes para llegar a conocerme en la totalidad.
No sé quién soy y no sé qué hago aquí. Sé que estas preguntas no son mías, que son de todos y de quien no son es porque todavía no se lo han preguntado.
Cuando bajo a coger el metro, veo a la gente correr. Según me voy metiendo en el tumulto, voy cogiendo la carrera que lleva la generalidad de la gente. Todos corremos porque dudamos, y ante la duda, aceleramos para ver cuál es la respuesta final. Todos corremos para contestarnos a nosotro mismos la misma pregunta. A lo mejor corremos para no tener una pregunta atroz que resuene una y otra vez en nuestras mentes. Porque cuanto más nos preguntamos a nosotros mismos, menos sabemos. Y si no nos preguntamos, es porque no sabemos que no sabemos.
Pensamos a corto plazo porque a largo, sólo encontramos la finitud y eso nos desagrada ¿y qué hay después de la finitud? La nada. La nada de nadie pero que es de todos.
Necesitamos metas inmediatas. Necesitamos retos finitos. Nadie se quiere embarcar en una odisea, porque siempre después de una odisea viene la calma, la felicidad y esas cosas ponen nerviosos a los hombres de hoy. Es curioso que lo que más deseamos, es lo que queremos que nunca se haga realidad.
¿A qué viene todo esto? A que no tenía nada que contaros y lo que quiero en esta vida es ser feliz.
nada es lo que conozco. Aunque, si tomamos el universo como la nada, a lo mejor, conocemos bastante.
Pero la sensación es que cada vez sé menos de mí mismo y de mi entorno. Sólo sé mis circunstancias y mis mezquindades, pero a veces pienso que no son suficientes para llegar a conocerme en la totalidad.
No sé quién soy y no sé qué hago aquí. Sé que estas preguntas no son mías, que son de todos y de quien no son es porque todavía no se lo han preguntado.
Cuando bajo a coger el metro, veo a la gente correr. Según me voy metiendo en el tumulto, voy cogiendo la carrera que lleva la generalidad de la gente. Todos corremos porque dudamos, y ante la duda, aceleramos para ver cuál es la respuesta final. Todos corremos para contestarnos a nosotro mismos la misma pregunta. A lo mejor corremos para no tener una pregunta atroz que resuene una y otra vez en nuestras mentes. Porque cuanto más nos preguntamos a nosotros mismos, menos sabemos. Y si no nos preguntamos, es porque no sabemos que no sabemos.
Pensamos a corto plazo porque a largo, sólo encontramos la finitud y eso nos desagrada ¿y qué hay después de la finitud? La nada. La nada de nadie pero que es de todos.
Necesitamos metas inmediatas. Necesitamos retos finitos. Nadie se quiere embarcar en una odisea, porque siempre después de una odisea viene la calma, la felicidad y esas cosas ponen nerviosos a los hombres de hoy. Es curioso que lo que más deseamos, es lo que queremos que nunca se haga realidad.
¿A qué viene todo esto? A que no tenía nada que contaros y lo que quiero en esta vida es ser feliz.
domingo, marzo 04, 2007
Idi Amin era un ser caprichoso que mató a 300000 personas durante su mandato como dictador de Uganda. Ahora está muy de actualidad por la película "el último rey de Escocia". Recientemente, al actor Forest Whitaker, que encarna al dictador, le han dado el Oscar al mejor actor principal muy merecidamente. Más que, por ejemplo, el que obtuvo cara-cartón Crowe por su interpretación de Gladiador de Mérida. Los emeritenses estarán muy orgullosos de que pinten a un paisano tan varonil y cachas. Pero hasta Júpiter tronante está indignado por el galardón, y eso que le gustó la película.
En cambio, como ya he dicho, Forest Whitaker está justamente premiado, y eso que tiene la desventaja de ser negro, que para esto de los Oscar, tiene su importancia, como casi todo en la vida.
Yo diría más: incluso al personaje que interpreta, Idi Amín, el ser negro no le vino bien en su carrera de genocida. Es verdad que no acabó en el Tribunal Penal Internacional, como se merecía, sino viviendo rodeado de lujos en Arabia Saudí (¿qué anomalía tendrán en la cabeza los ricachones sauditas que tan bien se llevan con los genocidas?) pero también es cierto que murió en el 2003 en deshonor y con muchos buscando su tumba para escupirla.
Salvo en lo de genocida y mujeriego, porque ser ambas cosas es una tradición entre gobernantes que viene de antiguo, en otros aspectos Idi Amín fue bastante moderno: le gustaban las poderosas mecánicas de los automóviles de lujo y procuraba tener metida en cintura a la prensa, bien sea por el camino de la mordaza o por el camino de la seducción, porque parece ser que el tipo, en las distancias cortas, jugaba y ganaba. Era un gran comunicador con carisma. Resumiendo, como todos los grandes dictadores, era una mezcla brutal de tradición cavernaria y modernidad a los cuatro micrófonos.
Pero Idi Amín tenía un gran defecto: era negro. Ser negro y africano es garantía de pasar a la galería de genocidas en vez de al panteón de los estadistas. Si hubiera sido blanco, hubiera podido matar seiscientos mil en un oscuro país del tercer mundo y es más que probable que se hubiera ido de rositas, teniendo incluso a poderosas máquinas mediáticas defendiéndole, no haciendo películas sobre ti por lo malo que eres.
En resumidas cuentas, que hay racismo hasta en los tiranos. Y nosotros, pobres mortales, pensando que los ricos no lloraban, que eran felices y que no había distinciones entre razas. No las habrá hasta el día en que un blanco en el que estoy pensando ahora mismo salga de entre las blancas paredes esposado y llorando, porque los blancos amiguetes de los que siempre se ha rodeado y que tanto han ayudado a su blanca familia no pueden hacer nada por él, porque ya el pueblo se ha quitado las blancas vendas de los ojos y los eufemismos de la boca y ya le han puesto detrás de su apellido el apelativo que le corresponde:
Negro genocida, que no es lo mismo que genocida negro.
En cambio, como ya he dicho, Forest Whitaker está justamente premiado, y eso que tiene la desventaja de ser negro, que para esto de los Oscar, tiene su importancia, como casi todo en la vida.
Yo diría más: incluso al personaje que interpreta, Idi Amín, el ser negro no le vino bien en su carrera de genocida. Es verdad que no acabó en el Tribunal Penal Internacional, como se merecía, sino viviendo rodeado de lujos en Arabia Saudí (¿qué anomalía tendrán en la cabeza los ricachones sauditas que tan bien se llevan con los genocidas?) pero también es cierto que murió en el 2003 en deshonor y con muchos buscando su tumba para escupirla.
Salvo en lo de genocida y mujeriego, porque ser ambas cosas es una tradición entre gobernantes que viene de antiguo, en otros aspectos Idi Amín fue bastante moderno: le gustaban las poderosas mecánicas de los automóviles de lujo y procuraba tener metida en cintura a la prensa, bien sea por el camino de la mordaza o por el camino de la seducción, porque parece ser que el tipo, en las distancias cortas, jugaba y ganaba. Era un gran comunicador con carisma. Resumiendo, como todos los grandes dictadores, era una mezcla brutal de tradición cavernaria y modernidad a los cuatro micrófonos.
Pero Idi Amín tenía un gran defecto: era negro. Ser negro y africano es garantía de pasar a la galería de genocidas en vez de al panteón de los estadistas. Si hubiera sido blanco, hubiera podido matar seiscientos mil en un oscuro país del tercer mundo y es más que probable que se hubiera ido de rositas, teniendo incluso a poderosas máquinas mediáticas defendiéndole, no haciendo películas sobre ti por lo malo que eres.
En resumidas cuentas, que hay racismo hasta en los tiranos. Y nosotros, pobres mortales, pensando que los ricos no lloraban, que eran felices y que no había distinciones entre razas. No las habrá hasta el día en que un blanco en el que estoy pensando ahora mismo salga de entre las blancas paredes esposado y llorando, porque los blancos amiguetes de los que siempre se ha rodeado y que tanto han ayudado a su blanca familia no pueden hacer nada por él, porque ya el pueblo se ha quitado las blancas vendas de los ojos y los eufemismos de la boca y ya le han puesto detrás de su apellido el apelativo que le corresponde:
Negro genocida, que no es lo mismo que genocida negro.
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