lunes, marzo 19, 2007

Dicen que las pesadillas son un mecanismo del cerebro para que las personas se preparen para las situaciones adversas. No lo sé, pero yo me despierto de muy buen humor cuando ese sueño pesado y desasosegante no está enquistado en mi vida cotidiana.
Por ejemplo, alguna vez he soñado que causaba un dolor enorme a mi mujer, un dolor tan fuerte que era imposible la reconciliación. Menos mal que después, cuando la he visto a mi lado, dormida, envuelta en una calma serena, se me han pasado las taquicardias y la desazón.
El tema de hoy viene a cuento porque mi chica ha soñado que yo la dejaba por otra, y la despedía con palabras horribles. La descripción del sueño me ha acongojado hasta a mí, no porque tenga intención o motivos para hacerla tanto daño, sino porque no quiero pensar
en que puedo llegar a ser tan ruin.
¿Qué es lo que motiva al subconsciente de mi mujer a ponerme en el papel de villano? Yo sé que ella tiene confianza en mí, entonces, ¿por qué le prepara su subconsciente ?
Yo también he soñado con ella, y maldita sea, en uno u otro sentido, yo era en esos sueños el agresor y ella la víctima. En mis sueños, como en los de ella, yo también era el villano
¿Hay algo atávico y animal que vive en nuestro subsconciente?¿Por qué no hay un cambio en nuestros sueños, en la que ella sea el agresor y yo la víctima? Lo curioso es que yo en ningún momento he obrado con maldad con ella ¿Está la agresividad más asociada al varón que a la mujer? No lo sé.
Tendría que consultar a un psicoanalista, porque es verdad que hay una relación lógica entre los sueños de ella y míos que o bien no puedo entender o no quiero entender.
Pero claro, me da miedo a acudir a ese tipo de especialistas porque siempre tengo la sensación de que te pueden sacar un gato muerto del armario de la trastienda.

domingo, marzo 18, 2007


Hace mucho tiempo, cuando yo tenía tiempo (valga la redundancia), leí una Biografía de Orson Welles. Ayer, en amena charla con un amigo, me acordé de dicha biografía porque salió a la luz un tema que es muy importante para cada uno de nosotros, sobre todo para aquéllos que están a punto de coger los mandos de la nave que es su vida:
¿Llegamos lejos porque podemos o porque queremos?¿En qué grado influye nuestra cultura, nuestra inteligencia y nuestras creencias para tener éxito y cumplir nuestras metas?
Orson Welles creció con un supuesto problema: que todos le creían un genio y él lo tenía que demostrar. Desde siempre fue precoz, pero sus habilidades no le hacían trascender de su círculo más íntimo de familiares y amigos. El gran problema de Orson era demostrar que cumplía con las expectativas generadas en él. Después de una trayectoria brillante en teatro y en radio, en la cual demostró muchísimo talento pero sin llegar a cubrir las expectativas que el mismo se impuso, llegó a la marca que se había fijado: hizo la mejor película de la historia, Ciudadano Kane, tan buena, que su temática sigue vigente. Fue uno de los mejores cineastas de todos los tiempos con sólo veintiséis años.
Sin embargo, todo hay que decirlo, la película fue vista sólo por cuatro gatos, parte
por el boicot de William Randolph Hearst y parte porque la cinta es sesuda a más no poder, por lo tanto poco apta para el gran público hábido de distracción sin molestias intelectuales.
La charla con mi amigo era de las que se quedan en la memoria. Como es un lector habitual mío, cosa que le agradezco, salieron a colación las bitácoras que él suele visitar, en especial, una de Martín Varvasky, un muchimillonario que entre otras aficiones tiene la de escribir un blog. Mi amigo me comentó que en uno de sus artículos, Martín se preguntaba el por qué del éxito de los judíos en cualquier rama del saber, y la conclusión a la que él llegaba era a que, a diferencia de las personas de otras confesiones religiosas, los judíos procuraban educar a sus hijos como si fueran genios en potencia, con un gran respeto por las generaciones venideras por lo que van a traer. Vamos, que a diferencia de otras culturas, los judíos consideraban a sus hijos como las futuras fuentes del conocimiento y no estúpidas jarritas que había que llenar de tradición y supersticiones para que no se rompan demasiado pronto en le duro trasiego de su existencia.
Esto que me dijo mi amigo me hizo recordar a otra cosa que leí en Internet: un estudio revelaba que no había diferencias significativas entre el cociente intelectual de las clases pobres y las clases altas, y que de resultas de este estudio se sacaba la conclusión de que el éxito en la vida dependía de tus contactos, de tus estudios y, por supuesto, del grado de optimismo que tú tengas a la hora de afrontar un proyecto, bien sea aprobar una oposición, bien sea montar una empresa de
venta de productos informáticos. Y aún más: de no cejar en el empeño hasta conseguirlo.
Mal que nos pese, los españoles hemos sido jarros educados dentro de los dictados que marcan la educación católica, y nuestra formación se asenta en los principios de la iglesia de Roma. Compruebo con algo de tristeza que, frente a protestantes y judíos, los católicos tenemos una rémora, y es la idea de que ésto es un valle de lágrimas que tenemos que pasar. Aunque yo estoy cerca de apostatar, esos posos introducidos en mí por la tradición tardarán en desaparecer y tal vez desaparezcan sólo cuando acaben mis días en este mundo. Muchas veces pienso en lo curioso que es, que dos de los países más católicos de Europa, España e Irlanda, hayan empezado a despegar justo cuando sus respectivos pueblos se han echado en brazos del laicismo (y del amor sin sentimiento de culpa).
Sí amigos, somos católicos aunque no queramos. Nuestra tradición es la católica, con toda su parafernalia de culpa, castigo y redención. El único concepto de creación admitido, el de Adán y Eva. Ser renglones torcidos, mal visto y peor tratado.
A sufrir, que aquí no se viene a acabar mejor de lo que empiezas.
Con estos pensamientos así nos ha ido a españoles durante tantas centurias: el país empezó a decaer cuando los Reyes Católicos echaron a los judíos, tal vez para congraciarse con sus envidiosos súbditos católicos. Desde entonces, la cuesta abajo, el vía crucis, en el cual hemos estado cuatro siglos. Hasta que, primero en la república y después en este período de monarquía parlamentaria, hemos conseguido que los crucifijos desaparezcan de los despachos oficiales y de la mente de gran parte de la población. En España, las sombras de los campanarios son alargadas.
Decía el papa Benedicto XVI, leyendo su discurso con mirada de zorro, que había que luchar contra el relativismo imperante. Justo contra lo que nos ha salvado. Vosotros veréis.
Pensad que los que han hecho posible el concepto de relativismo son o judíos o protestantes: Freud, Einstein, Darwin y alguna celebridad más de la que me olvido.

sábado, marzo 17, 2007

Sé que soy muy reivindicativo, lo sé. Sé que a muchos de vosotros no os gusta el que os
hablen de eso tan indigesto de la política, que deja un poso amargo que nos puede fastidiar lo que queda del día. Creedme que en mi vida cotidiana procuro transmitir alegría, aunque a veces las líneas que escribo me salgan torcidas. Intento alegrar la existencia de mi chica sobre todo, la que más me tiene que soportar. Ya me cuido yo (en la medida que me es posible) de alejarla del Prozak y del sicólogo. Claro que, amor, el que tú estés lejos de esas cosas sólo está en tu mano y en tu cabeza. Yo lo único que puedo hacer es allanarte el camino hacia la felicidad. Sabes que me esfuerzo por hacerlo. Y porque te quiero.
Y bueno, recuerdo la última tontería de los ingleses: consiste en bajarle el sueldo a los funcionarios varones. Olé olé. Podría darse que en nuestra vida en común yo ganara más que tú. Pero creo que a ti no te gustaría que me bajaran el sueldo para igualarlo con el tuyo. Más que nada, porque nuestro hogar tendría menos recursos.
Claro que estamos en un nuevo caso en que se confunde machismo con... no sé qué.
Por cierto, que a mí me encantaría que tú ganaras más dinero que yo, sobre todo si mi salario es de miseria y pagado por una ETT. Es de los pocos casos en los que no querría estar igualado contigo, mi amor.
En fin, lo que pasa es que Tony Blair es muy apañado y que aprovecha cualquier excusa para hacer humor inglés. Es un hombre bromista y jacarandoso. Ha organizado una fiesta a su pequeña mentira que cumple cuatro años estos días, a la que él le ha a agasajado con una tarta de seiscientas mil velas.
En fin cielo, todo lo que sube tiene que bajar. Nos ha pillado juntos en la madurez una de las épocas más idiotas que en los siglos vieran, justo la época en la que están a los mandos la generación del 68, que nos ha demostrado que los adoquines no están en las calles sino en los despachos de gobiernos y corporaciones. Y la única arena que hay es la de los desiertos que rodean a ciertos oleoductos.

jueves, marzo 15, 2007

La verdad es que me encuentro cansado. El tipo de curro que llevo ahora es de los que cuando llegas a casa no tienes ganas más que de acostarte y no levantarte hasta mañana a las doce. Desgraciadamente, el despertador volverá a sonar a las siete y media.
Cada día ves a tres mil personas con la mirada suplicante por una plaza fija. Tienen razón y tienen motivos: ves las vidas laborales de la gente y te das cuenta que no estás sólo en el mundo; la gente salta de una empresa a otra con una cadencia alarmante. Yo, hace algunos años, imbuído todavía en la mentalidad de que "si haces bien tu trabajo te quedas fijo en la empresa" pensaba, cuando después de mil contratos me echaban, que era porque no era bueno en mi trabajo, que no valía. Luego me di cuenta que no. Que dependía de factores como "las circunstancias de la producción" o cómo le caía yo a mi jefa o jefe de turno. Nada más. Bueno sí, otra cosa más. Ya no podía ser fijo en una empresa porque los gobiernos, en este caso socialistas, posibilitaron un tipo de contratación buenísima para el empresario, y horrorosa para todos nosotros. De resultas de ello, la tasa de temporalidad ya está en el 34% y subiendo.
Y claro, las instituciones públicas como en la que estoy montan un puñetero proceso selectivo y acuden por miles para ocho cochinas plazas de auxiliar administrativo. Encima, viene la gente con los mismos ánimos que los primeros bárbaros que llegaron a las puertas de Roma ¡No te fastidia! ¿Y todo para qué? Para ser un puñetero estampasellos, trabajo que no se necesita demasiado para realizarlo y ganar un sueldo
más bien tirando a miserable. Es para tirar al río al ministro de administraciones públicas.
Claro que, se podía echar la culpa a los de siempre, pero para qué. Ves los comentarios que hace un fulano en un blog, diciendo que a pesar de ser fijo y funcionario ojalá lo privatizaran todo y echaran a todos los vagos. Vale. Pero en el fondo esos parásitos a los que ataca hacen una gran labor social. Permiten la creación de plazas para la gente que sí quiere trabajar. Vivan los vagos de mi curro, que son los que con su actitud me permiten a mí que encuentre curro. Fíjate, no me importa que con mi trabajo vivan dos personas, porque con mi trabajo sobre todo vivo yo.
Así que animo a que la gente se dedique a la vagancia para que se generen puestos de trabajo ¿qué es eso de ser mulas?
Yo reconozco que trabajo como un animal, pero no me importa si otros no lo hacen. Si en un departamento en vez de seis hay doce, mejor que mejor.
Por la optimización de los recursos hay siete millones de pobres en España. Lo mejor que se podía hacer es que otros siete que trabaja vaguearan un poquito y que hubiera hueco para todos.
Sé que estoy haciendo un poco de demagogia, pero estoy harto de ver cómo nos peleamos entre nosotros por una cosa que no debería ocasionar tanto esfuerzo.
Es verdad que nadie nunca ha regalado nada.
Pero hoy, menos que nunca.

miércoles, marzo 14, 2007

Parece ser que los europeos tenemos problemas con nuestro semen. Según un estudio, en los últimos cincuenta años, hemos perdido la mitad de los espermatozoides. De 116 millones por mililitro, ahora sólo tenemos 66. Y encima, parece que vienen vagos, incapaces de subir por el útero para procrear.
Hombre, no es que haga mucha falta con la gente que hay, que ya somos en el mundo más de seis mil millones, pero también es verdad que a la gente le gusta perpetuarse y que sus genes campeen por el mundo por siempre jamás.
Nuestros espermatozoides están tristes ¿Qué tendrán nuestros espermatozoides?
Pues parece ser que están cansados de que fumemos, de que bebamos y de que nos pongamos calzoncillos apretados. También están hartos de la contaminación, de los productos químicos pestilentes y de la música techno a todo volumen. Bueno, de esto último no estoy seguro, pero... ¿A que estaría bien escuchar la música en los bares más bajita?
No sé, a veces también pienso que a lo mejor todo se deba a que la naturaleza ha puesto en marcha su propios mecanismo de control de plagas y ha decidido que los humanos somos demasiados, y está en plena cruzada en pro de la esterilidad porque tenemos más peligro y somos más letales que las ratas. A lo mejor la naturaleza está haciendo un reajuste con nuestar especie. La naturaleza tiene virus, bacterias y demás bichos que nos pueden matar, pero como les toreamos, ha decidido cortar nuestro grifo. El grifo sexual, se entiende.
Yo no sé cómo tomármelo. A lo mejor cambio de tipo de calzoncillos, empiezo a ponerme unos más holgados. Tampoco estaría de más dejar de ponerme jeans. Tal vez debería dejar el tabaco, no sé. Mi abuelo fumaba el triple que yo, sin embargo, tuvo cuatro hijos. ¿No será que el tabaco de hoy viene peor? ¡Yo qué sé!
Bueno, ya no es tiempo de familias numerosas porque no hay numerosos espermatozoides.
En fin, Dios proveerá... ¿Pero qué?

martes, marzo 13, 2007



La gente suele ver programas del tipo Gran Hermano para distraerse con el comportamiento de exhibicionistas montaraces. Sin embargo, creo que es más interesante tener un acuario, porque los peces tienen vidas que merece la pena contar.
Yo trato mejor a mis peces que mi sociedad me trata a mí. Tienen la luz y los alimentos garantizados, no como yo, que con un revés que me dé el destino se puede ir mi vida al garete. Simplemente, conque me falte el trabajo el día de mañana. Con ésto podéis ver que nos tratan peor que a animales. Pero me voy a dejar de duelos y quebrantos, que, como dijo el Cervantes que yo me invento, mejor quedan en el plato.
Sin embargo, aunque mis peces eso del comer lo tienen garantizado mientras vivan, pasan por otras penas. Procedo a decíroslas.
Tengo un neón que es de una especie que les gusta vivir en compañía. Lo compré en una tienda de animales, junto con otros doce. Lamentablemente, con las subidas de temperatura del verano, se me fueron muriendo todos hasta quedar sólo el que os digo.
Es una fuerza de la naturaleza. Pese a su soledad en el acuario, el tío aguanta con carros y carretas. Sin duda es el más pequeño de mis peces, pero pese a su insignificancia es mi favorito. Los neones van uniformados en rojo y azul, y mi neón me recuerda a esos soldados que vienen de la guerra dejando atrás a muchos compañeros y amigos. Mi neón es un superviviente, y venga desde aquí un sentido homenaje.
Tengo, en cambio, un guppy que pasa por otros sufrimientos. Yo quería comprar un macho y una hembra, pero desgraciadamente el de la tienda me vendió dos machos por error. El otro macho que le acompañaba era un guppy fuerte, de cola ancha, panzudo y de vivos colores. Le hace la vida imposible por el dominio de las hembras. De resultas de ese acoso, mi pobre guppy se esconde en las algas y ya empieza a languidecer. De tan delgado que está, en vez de un pez parece un puro. Esa situación me recuerda a todos los acosos del mundo. La violencia de los peces es de la misma naturaleza que la humana. Por desgracia, no sé cuanto me durará mi guppy, yo creo que poco. Tampoco sé qué camino tomar para hacerle la vida más fácil. A veces me dan ganas de mandar al otro a la taza del váter, que no es otro el sitio que se merece. Por cierto, la taza del váter es el cementerio de los elefantes para peces, aunque yo desaconsejo meter un elefante en dicha taza.
Luego tengo dos apuesto Guramis que son como esos matrimonios ya maduros que pasean por el parque una hermosa tarde de primavera. Mis Guramis son majestuosos, pasean sus barbas... un momento, yo creía que eran macho y hembra...Ah, pues no. Son macho y macho. Bueno, entonces son como esa pareja de ancianos amantes que ocultaron su amor al mundo durante tantos años y ahora pueden sacar su plata majestuosa liberados de prejuicios inmorales.
Luego tengo una xifo hembra que es como esa viejecita sabia a la que todas piden consejo. Es la decana de la pecera. Su colita está torcida, como si sufriera esclerosis de huesos y es una gran superviviente: ella sufrió la terrible subida de temperatura que diezmó los habitantes de la pecera y vio cómo morían algunos de sus hijos y su marido. No puedo más que sentir respeto hacia la que ha tenido tantas tragedias en su familia.
Os podría decir más, pero no voy lo suficientemente borracho. Ya os he dicho que mirar una pecera con según qué sustancias os puede abrir todo un universo. Seguiremos informando.

lunes, marzo 12, 2007

En donde vivo hay unas autoescuelas que son muy chulas y se rigen totalmente por la principal ley no escrita del libre mercado: puedes elegir la autoescuela que quieras, pero pagando el precio que pacten entre todas. Igual que las zapatillas de marca: te puedes comprar el modelo que más te guste, pero pagando el mismo precio que otro similar al de la compañía "competidora". O si finalmente te sacas el carné de conducir: puedes elegir entre diversas marcas de coches, modelos que traen lo mismo, por idéntico precio. Y luego dicen que los comunistas lo daban todo muy uniformizado.
Eso sí, lo bueno que tiene el mundo de hoy en que vivimos en que todo viene con más colorines. Por ejemplo, las marquesinas de las autoescuelas de mi ciudad son de vivos colores: amarillos, rojos, azules... Pero eso sí, una vez dentro de una, tienes que leerte las mismas normas y pagar por las clases de coche lo mismo que en todas las demás; vista una, vistas todas.
Decía Henry Ford: "puede elegir el color de coche que usted quiera, siempre y cuando éste sea negro" Es lo que pasa hoy. El dinero lo vuelve todo de color negro. Puedes elegir lo que te dé la gana, que al final vas a pagar lo mismo que por lo de la competencia.
Que eso de que la competitividad favorece al consumidor es una patraña; cuando el pescado se reparte entre cuatro o cinco y no entre treinta y cinco, es muy difícil encontrar diferencias destacables. Haced la prueba: elegid un coche de determinadas características, comparadlos con otros similares de la competencia y veréis que la cosa no varía mucho entre marcas.
Parece ser que las autoescuelas de mi ciudad hacen la puñeta a aquélla que de motu propio decide bajar los precios sin tener en cuenta a las demás. Es más, chantajean y presionan para que no se lleve el gato al agua. El gato hidráulico, se entiende.
En la película "Good Bye Lenin", sobre la caída del muro de Berlín, al personaje principal le llamaba la atención que en las estanterías de los supermercados de la Alemania unificada hubiera una gran variedad de marcas de pepinillos, frente a la única marca que había para proveer a toda la Alemania del Este.
Eso me hizo pensar que qué mas daba: todos los pepinillos son iguales.
Y la diferencia, es una ilusión creada por el "libre mercado".

domingo, marzo 11, 2007

Deberíamos estar de enhorabuena. En España la gente se manifiesta. Pero no estoy contento. En España la gente se manifiesta, mayormente, por tonterías. Veamos cuatro ejemplos de manifestaciones recientes:
- Manifestación en defensa del derecho a la vivienda, junio de 2006: 900 personas
- Manifestación en pro de la sanidad pública en la Comunidad de Madrid, octubre 2006: unas 50000 personas, tirando por lo alto
- Manifestación en contra de las bodas de homosexuales, mayo de 2005: 166000 personas
- Manifestación contra la política antiterrorista del gobierno, idéntica a la que practicó el partido de la oposición cuando gobernaba, marzo 2007: 366000
Necesito acudir a los clásicos, porque los hombres modernos con su actitud no me están ayudando nada en lo de aclararme las ideas. Acudo al libro II de Aristóteles dedicado a la retórica. Define topoi como "las ideas generales, de la memoria colectiva". Viene a decir nuestro sabio Aristóteles que hay topoi comunes y generales, es decir, los puntos de vista de aceptación general. Ahondando en esa idea aristotélica, un tal Perelman en su "tratado de argumentación", clasifica ese topoi como "topoi de cantidad" (para el hombre contemporáneo como usted y como yo), es decir "una cosa vale más que otra por razones cuantitativas" Aún más: "ha de seguirse la opinión de la mayoría."
O sea, que si nos atenemos a los Topoi de Aristóteles y que Perelman redefinió, en este país, por cantidad de gente, es más importante que los homosexuales no se casen que todo el mundo lo tenga fácil para acceder una vivienda. O es más importante que el gobierno no haga una política antiterrorista idéntica a la de la oposición cuando gobernó, que eso de que la Comunidad de Madrid siga teniendo una sanidad pública de calidad.
No entiendo nada.
Pensando en estas cosas, patidifuso y consternado, decidí que debería dar un paseo para despejarme, pero al ver que llovía, opté por quedarme en casa. Entonces me acordé de esa vieja fábula en la que un monarca decidió, aconsejado por su sabio, quedarse en casa porque la lluvia de fuera volvía locos a la gente que empapaba. Se quedaron él y su sabio entre los muros de palacio, y la gente devenida en loca se reía de ellos porque les consideraban a ellos los locos.
¿Qué hago ahora? ¿Arremeto contra los homosexuales, que nada me han hecho? ¿O me meto contra la política antiterrorista del gobierno, aún sabiendo que es idéntica a la realizada por todos los gobiernos de la democracia de este país?
O tal vez, como le dijeran a Claudio en la novela de Robert Graves:
"Ser un tonto que se hace pasar por tonto"

sábado, marzo 10, 2007

Los humanos tenemos el instinto de que si todo nos va bien, atacar a aquellos que dicen que cambiemos. Cuando nos gusta nuestro estilo de vida, lo que nos aterra es el cambio. Podemos ir a mejor, sí, porque nos sabemos infelices, pero preferimos no enfrentarnos a la posibilidad de que vayamos a peor. O mejor dicho: nos aterra que ya no seamos los mismos de ahora, con nuestra infelicidad y todo.
Básicamente, es lo que les pasa a los que atacaron a Al Gore la semana pasada por tener una casa que consume mucha electricidad. A mi juicio, se quedaron cortos: podían haber atacado a Al Gore por pasarse en su documental más de media hora metido en un coche, por hacer frecuentes viajes en avión, cuando de todos es sabido lo contaminantes que son los aviones actuales o por ponerse camisas hechas en oscuros talleres clandestinos y vendidas en luminosas y lujosas tiendas que contaminan por la electricidad que gastan.
Sí, critican mucho a Al Gore. Con razón. Porque Al Gore es humano, y como todos los humanos actuales, tenemos la responsabilidad de los cambios a peor que se están dando en el mundo. Pero a diferencia de los que quieren seguir de la misma manera que antaño, Al Gore quiere cambiar. Asume su responsabilidad y hace lo que un hombre bueno debe hacer.
Es cierto: fue su gobierno el que no ratificó el tratado de Kyoto, pero eso lo que nos hace ver es que realmente hay fuerzas en la sombra mucho más poderosas que un vecipresidente o un presidente y que son las que realmente controlan el gobierno. Tal vez Al Gore, a título personal, hubiera firmado una y mil veces el protocolo de Kyoto, pero esto lo que pone en evidencia que un vicepresidente de los EEUU tiene ciertas servidumbres que en modo alguno tienen que ver con sus votantes ¿Estamos, entonces, ante una verdadera democracia?
Nosotros, los europeos, junto con los norteamericanos, tenemos la mayor parte de la responsabilidad de los desastres que puedan venir dentro de pocos años. Por su parte, los norteamericanos, corren el riesgo de ser el pueblo más odiado de la historia, seguido (y de lejos) por el pueblo de la Alemania nazi. Yo no quiero eso. Nadie quiere eso. Así que, dejemos de buscar contradicciones, porque todos las tenemos y no debemos sentirnos culpables por ser incoherentes, pero sí por no desviarnos del camino para seguir la senda correcta.
Lamento que en su día, Al Gore no ocupara la presidencia que en buena ley le pertenecía. También lamento que, al final de su documental, viera como un gran hito el que vencieran al comunismo. Le recuerdo que los que derribaron el comunismo fue los propios gobernantes rusos.
En mi pueblo, como en la gran finca de su padre, había un río. Mientras en su niñez él se bañaba sólo en el tramo que corría por la propiedad de su padre, yo en la mía me bañaba en el tramo que pasaba cerca de mi pueblo en compañía de otros niños. Desde entonces sé qué es lo mejor.

jueves, marzo 08, 2007

Me he enterado que ha Margaret Thatcher le han hecho una estatua en Londres.
Eso está muy bien: a las estatuas les mean los borrachos y les cagan las palomas.
Lo mejor que nos puede pasar es que un pesimista se equivoque siempre. Un antiguo amigo mío, al que hace tiempo dije adiós que te vaya bien, pronosticó que duraría tres meses con mi chica "es que Opo es un desastre" Le dijo a un amigo común que luego me lo contó en confidencia. Pues ya llevamos mi chica y yo diez años juntos. Chúpate ésa.
Un pesimista, si es buena persona, debe desear justo lo contrario que un científico: que sus teorías no se cumplan nunca. Yo soy pesimista, y como dice la canción que una vez cantara Banderas, "soy un hombre muy honrado que le gusta lo mejor" así que lanzaré los peores augurios para que, diciéndolos con letra negra, no se cumplan jamás.
Los libros de autoayuda dicen que nunca hay que pensar cosas negativas. Qué va: Pensadlas todas, para que no se cumplan. Hagamos una hoguera de San Juan con todos los pronósticos funestos que se nos ocurran, con todas las cosas que decimos y que tenemos el deber de hacer todo lo posible para que nunca ocurran.
Un pesimista deseoso de ser profeta merece ser condenado al ostracismo. Se convierte en mala persona aquél que para tener razón necesita que las cosas vayan mal. Os lo he confesado: soy pesimista y deseo más que nada en el mundo que mis pronósticos funestos jamás, jamás se hagan realidad. Ahora voy a empezar a tirar a la hoguera mis pensamientos negativos. Mi fuego también espera vuestros troncos.
En el plano personal, pienso que nunca lograré tener un buen trabajo, que llegaré a la pobreza, que no tendré hijos, que me dejará de amar mi esposa, que ya no me querrá mi familia, y que moriré en la calle y no en la cama.
A nivel general, que el egoísmo seguirá su escalada imparable, que dentro de unos años no habrá más lluvia en España ni por lo tanto árboles, que habrá hambrunas generalizadas, que habrá guerras, que mi familia pasará calamidades, que ya sólo seremos felices en la nostalgia y que llegado el momento, un meteorito vendrá y se cargará a la especie más estúpida que jamás haya habido en el planeta tierra, sólo seguida de cerca por los dinosaurios.
Cuánto deseo equivocarme. Qué pocas ganas tengo de tener razón. Malditos los que profetizan el final del la alegría, porque de ellos será el reino de la nada.

miércoles, marzo 07, 2007

Uno de los anhelos del inspector Santuchione era viajar a San Petersburgo: se imaginaba a sí mismo, en una época indeterminada, bajando de un tren procedente de Moscú, dispuesto a buscar la sombra alargada de Dostoievski:
"la sociedad se halla divida en dos tipos de seres humanos; aquellos superiores que tienen derecho a cometer crímenes en pro del bienestar general de la sociedad y aquellos inferiores que deben estar sometidos a las leyes, cuya única función es la reproducción de la raza humana"
Santuchione no era muy aficionado a la literatura, pero un viejo ladrón, enemigo íntimo suyo, se lo recomendó: "Si quieres entender realmente de qué va esto, debes leer Crimen y Castigo"
Se lo dijo detrás de los barrotes, y Santuchione le hizo caso.
No tardó mucho en leérselo. Sobre todo la primera parte. Lo que menos le gustó fue el propósito de redención final de Raskolnikov; lo encontró demasiado novelero. No hay nada más falso que los hombres arrepentidos. Santuchione ha conocido muy pocos. En cambio, todos lamentan que les cojan.
Él, desde luego, nunca se arrepintió.
Muchas veces repasaba la ficha policial de los delincuentes de su distrito, y se daba cuenta de que él mató a muchos más hombres que algunos que estaban cumpliendo condena. Pero era un ser superior que no tenía que respetar las leyes que le hacían ganarse la vida. Tenía que hacer preservar el bienestar general de la sociedad. Su único temor es que la edad, una mujer o lo que fuera le hicieran un débil. Si él hubiera sido el que hubiera apresado a Raskolnikov, no hubiera dudado en pegarle un puñetazo en el estómago por entregarse. Eso está fuera del pacto no escrito entre polis y ladrones.
"Tengo que ir a Rusia" Pensaba Santuchione. El viaje era caro y su sueldo de funcionario no daba para mucho. Pero él tenía que ir, sobre todo para ver la helada decadencia del San Petersburgo sin imperio, tan parecida a la suya propia. Donde el río Nieva, como decía un niño, compañero suyo del colegio en clase de geografía, en una anécdota que hace años tenía guardada en los archivos más oscuros de los sótanos de su cerebro. El río Nieva.
Miróse al espejo y le vino el último pensamiento extraño de antes de acostarse. Si su pelo aceitado y ensortijado importado del sur de Europa no iba a destacar demasiado entra tanta cabeza caucásica. Santuchione siempre hacía gala de su facilidad para pasar desapercibido. Su cabeza de tirano de Libia no dejaría indiferente a los rusos.
Qué demonios. Iría en cuanto pudiera.
Se preguntaba si conocería alguna rusa dispuesta a mezclar el trigo con el aceite.
Pero qué estaba diciendo, él no era un ser inferior para la reproducción.
En el mundo somos ya demasiados.

martes, marzo 06, 2007

Una prima mía, a la que quiero un montón, se sorprendió al ver mi gran acuario al hacerme una visita a casa. Pero, como perspicaz que es, dijo a continuación: "¿A que has sido tú el que ha tenido la idea de instalar el acuario?""Pues sí, prima, ¿Cómo lo has adivinado?""Pues porque en todas las casas que conozco con acuarios, la idea de tenerlos partió de un hombre""Vaya, nunca lo había pensado".
Y claro, tengo la duda desde entonces: ¿habrá más predisposición a tener acuarios por parte de los varones? Mi chica me lo regaló porque siempre me paraba en las tiendas de los animales, y lo único que buscaba eran los peces. No me interesa ningún otro animal, y menos a los gatos, que me dan alergia.
¿Será verdad que a los hombres atraen más que a las mujeres los acuarios? No sabría responder. No está demostrado que en Marte haya más agua que en Venus, tal vez sea otra creencia más de las muchas que hay, sin fundamento científico. Pero qué demonios: si mi prima trabaja de científica en la Universidad de San Diego, en un laboratorio con animales , algo de fundamento tendrá, entonces, su opinión. Digo yo.
A lo largo de mi vida, he tenido una pecera y dos acuarios, siendo el último el más grande, de ciento veinte litros. La primera pecera que tuve fue cuando era niño, con peces de agua fría y sólo con dos peces. Bueno, contuvo muchos más, pero se me iban muriendo.
Supe después que la razón de tanta defunción era porque las carpas japonesas, que son esos peces generalmente naranjas que a todos nos encantan, están hechas para vivir en grandes charcas. Vamos, que para que una de esas carpas estuviera cómoda, tendría que vivir en un estanque de mil litros y no en una pequeña bola de tres. En vista de la elevada tasa de mortalidad, cogimos la bola de cristal y le dimos el destino que suelen tener todas esas bolas: de maceta para cactus.
La segunda que tuve fue un acuario de veinte litros regalado a mis diecinueve años por mis amigos. Ese acuario era también de agua fría, con el consiguiente problema de las carpas japonesas, pero entonces tampoco existía internet y yo no sabía en aquella época lo de la inconveniencia de tener carpas japonesas en un acuario de agua
fría. La mortandad era todavía mayor, porque metía todavía más peces que en la primera. Tuve, además, problemas con exceso de algas que me pusieron la pecera toda verde.
Lo mejor de aquella segunda pecera es que, además, en aquella época yo solía llegar en demasiadas ocasiones beodo perdido y de verdad, es una bonita experiencia ver borracho el ir y venir a los peces. Es lo más cerca que estado del Nirvana. Hasta que las algas lo invadieron todo. No os fiéis de esas pequeñas criaturas verdes.
Bueno, y llegamos a mi último acuario, el que tengo ahora. Este sí que mola. Además, me he leído toda la bibliografía recomendada concerniente a la acuarofilia y me he leído todos los foros de internet, los de los piraos y los de las gentes de bien. Al final, con ayuda de mi chica, he podido sacar adelante un acuario bastante decente, esta vez con peces de agua caliente, que en el año que llevamos me han criado y todo...Como las jodidas plantas...Es que lo tengo que parece la selva...
¿Y si me dedicara a la jardinería?

lunes, marzo 05, 2007

Si me permites, me voy a apropiar lo de gran conocedor de nadas. Porque, efectivamente,
nada es lo que conozco. Aunque, si tomamos el universo como la nada, a lo mejor, conocemos bastante.
Pero la sensación es que cada vez sé menos de mí mismo y de mi entorno. Sólo sé mis circunstancias y mis mezquindades, pero a veces pienso que no son suficientes para llegar a conocerme en la totalidad.
No sé quién soy y no sé qué hago aquí. Sé que estas preguntas no son mías, que son de todos y de quien no son es porque todavía no se lo han preguntado.
Cuando bajo a coger el metro, veo a la gente correr. Según me voy metiendo en el tumulto, voy cogiendo la carrera que lleva la generalidad de la gente. Todos corremos porque dudamos, y ante la duda, aceleramos para ver cuál es la respuesta final. Todos corremos para contestarnos a nosotro mismos la misma pregunta. A lo mejor corremos para no tener una pregunta atroz que resuene una y otra vez en nuestras mentes. Porque cuanto más nos preguntamos a nosotros mismos, menos sabemos. Y si no nos preguntamos, es porque no sabemos que no sabemos.
Pensamos a corto plazo porque a largo, sólo encontramos la finitud y eso nos desagrada ¿y qué hay después de la finitud? La nada. La nada de nadie pero que es de todos.
Necesitamos metas inmediatas. Necesitamos retos finitos. Nadie se quiere embarcar en una odisea, porque siempre después de una odisea viene la calma, la felicidad y esas cosas ponen nerviosos a los hombres de hoy. Es curioso que lo que más deseamos, es lo que queremos que nunca se haga realidad.
¿A qué viene todo esto? A que no tenía nada que contaros y lo que quiero en esta vida es ser feliz.

domingo, marzo 04, 2007

Idi Amin era un ser caprichoso que mató a 300000 personas durante su mandato como dictador de Uganda. Ahora está muy de actualidad por la película "el último rey de Escocia". Recientemente, al actor Forest Whitaker, que encarna al dictador, le han dado el Oscar al mejor actor principal muy merecidamente. Más que, por ejemplo, el que obtuvo cara-cartón Crowe por su interpretación de Gladiador de Mérida. Los emeritenses estarán muy orgullosos de que pinten a un paisano tan varonil y cachas. Pero hasta Júpiter tronante está indignado por el galardón, y eso que le gustó la película.
En cambio, como ya he dicho, Forest Whitaker está justamente premiado, y eso que tiene la desventaja de ser negro, que para esto de los Oscar, tiene su importancia, como casi todo en la vida.
Yo diría más: incluso al personaje que interpreta, Idi Amín, el ser negro no le vino bien en su carrera de genocida. Es verdad que no acabó en el Tribunal Penal Internacional, como se merecía, sino viviendo rodeado de lujos en Arabia Saudí (¿qué anomalía tendrán en la cabeza los ricachones sauditas que tan bien se llevan con los genocidas?) pero también es cierto que murió en el 2003 en deshonor y con muchos buscando su tumba para escupirla.
Salvo en lo de genocida y mujeriego, porque ser ambas cosas es una tradición entre gobernantes que viene de antiguo, en otros aspectos Idi Amín fue bastante moderno: le gustaban las poderosas mecánicas de los automóviles de lujo y procuraba tener metida en cintura a la prensa, bien sea por el camino de la mordaza o por el camino de la seducción, porque parece ser que el tipo, en las distancias cortas, jugaba y ganaba. Era un gran comunicador con carisma. Resumiendo, como todos los grandes dictadores, era una mezcla brutal de tradición cavernaria y modernidad a los cuatro micrófonos.
Pero Idi Amín tenía un gran defecto: era negro. Ser negro y africano es garantía de pasar a la galería de genocidas en vez de al panteón de los estadistas. Si hubiera sido blanco, hubiera podido matar seiscientos mil en un oscuro país del tercer mundo y es más que probable que se hubiera ido de rositas, teniendo incluso a poderosas máquinas mediáticas defendiéndole, no haciendo películas sobre ti por lo malo que eres.
En resumidas cuentas, que hay racismo hasta en los tiranos. Y nosotros, pobres mortales, pensando que los ricos no lloraban, que eran felices y que no había distinciones entre razas. No las habrá hasta el día en que un blanco en el que estoy pensando ahora mismo salga de entre las blancas paredes esposado y llorando, porque los blancos amiguetes de los que siempre se ha rodeado y que tanto han ayudado a su blanca familia no pueden hacer nada por él, porque ya el pueblo se ha quitado las blancas vendas de los ojos y los eufemismos de la boca y ya le han puesto detrás de su apellido el apelativo que le corresponde:
Negro genocida, que no es lo mismo que genocida negro.

sábado, marzo 03, 2007

"¡No firmes más letras, cielo!" LLevaba días intentando acordarme del nombre de la película hasta que hoy me he decidido irme al google que me lo ha chivateado al oído. ¿Por qué estaba pensando en esta película? Porque trata de un matrimonio que se ve arrastrado por la incipiente sociedad de consumo que comenzaba a darse en el tardofranquismo. La peli es olvidable y en algunos momentos machista, pero muy actual en la temática....
Este tío siempre habla igual. Nos soltaría unos rollos sobre la igualdad como el que os he escrito y se quedaría tan a gusto. Son muy fáciles de imitar . Todos los de su calaña hablan igual. Parece que se copian unos a otros. No tiene ideas propias. En fin. A ver si se dan cuenta de que los hombres y las mujeres no somos iguales.
Os cuento: me fuí a ver a mi abuelo, pues me gusta ir a verle de vez en cuando. El pobre, la única diversión que tiene es el cine de barrio, y aunque tiene vídeo, de los de VHS, no sabe usarlo, y me llama a mí para que le grabe las películas y se las ponga. Siempre que voy de visita me toca tragarme una película de las que le gustan. Yo me aburro muchísimo, pero por mi abuelo, lo que sea. Me he tragado todas las de Joselito y las de Manolo Escobar. Joder con el Manolo, con esa voz tan horrorosa y lo que ha triunfado en este país. Se lo ha llevado muerto.
"¡No firmes más letras, cielo!" está protagonizada por el mítico Alfredo Landa. Interpretaba a un paleto que estaba casado con una jaca de impresión y como no quería que ella trabajara de modelo porque era un hombre de los de antes, como debe de ser, se empeñó hasta las cejas en comprar cosas para que su mujer no tuviera la impresión de que vivían pobres y pensara en volver a ganar dinero. El tio siempre fumaba Celtas, pero lo cambió por el más finolis Winston pata negra, y en vez de que su mujer fregara a mano, compró una lavadora "superautomática" como las decían antes para que se pudiera pintar a gusto las uñas. ¡Vaya una peli! En esa época en este país había muchas cosas buenas, pero cine...
De todos modos, lo que a mí me gusta de esa película es que refleja cosas que se han perdido. Por ejemplo, creo que entonces los roles personales estaban mejor asignados que ahora. Contra lo que se cree hoy, creo que la mujer era más libre entonces que ahora. ¿Desde cuándo trabajar fuera de casa ha sido liberador? Seguro que muchas mujeres de las de ahora desearían dejar su trabajo por llevar la vida sencilla de un hogar. Reconoceréis que en eso hemos ido para atrás, tanto ellas como nosotros, que ya no tenemos quién nos dé aliento cuando llegamos a casa despés de una dura jornada. ¡Cómo nos van a dar aliento éstas, si vienen más cansadas que nosotros!
Al final, la deja sin la lavadora. Ahí Alfredo fue un poco radical, porque oye, algunas de las cosas modernas no están nada mal y la lavadora es una de ellas.
A mi abuelo le molan esas películas. A veces, cuando le veo, tan viejecito, me hubiera gustado vivir lo que vivió él, la guerra y la legión incluidas porque creo, como cree él, que antes las cosas eran más fáciles y los hombres sabían a que atenerse.

jueves, marzo 01, 2007

Tengo un amigo que es autodidacta. Se gana la vida, y muy bien, gracias a que es muy bueno con la informática, sin pasar por ninguna facultad. Mucho mérito tiene lo suyo. Todo lo aprendió en su casa, y gracias a eso ahora está en la compañía más importante del sector, que de tan conocida, no hace falta ni que os diga el nombre. Pensad en el equivalente en informática de la más conocida marca de refresco de cola, y ya sabréis dónde trabaja mi amigo (Que pasen por caja las dos compañías, porque les he hecho propaganda subliminal, ¿a que no os la podéis quitar del coco eh, eh?). Por cierto, que parece que le tratan muy bien. Le dan clases gratuitas de golf y todo, pese a que mi amigo nunca ha mostrado interés por esa ¿disciplina? deportiva.
Mi amigo empezó dos carreras que no llegó a terminar y nunca fue a una academia, pero siempre conseguía estar a la última en programación. Siempre ha sido un gran optimista y un gran vendedor de sí mismo, así que no es raro las cosas buenas que le han pasado. Tenía que haber una crisis muy gorda para que personas como él no salieran a flote. Mi amigo, con su optimismo, es capaz de sobrevivir a un naufragio agarrado a un tapón de corcho.
Cuando yo hacía mi devaluada carrera de humanidades, él no hacía más que preguntarme que para qué demonios servía ¿Qué le puedes contestar a una persona tan cerebral como él? Podía haberle contestado que las palabras era un universo que a mí me apetecía explorar, que en la Edad Media era prestigioso estudiar las tres materias: lógica, gramática y retórica, pero no. ¿Cómo le podía decir eso a mi amigo? Se iba a reír de mí. El mundo es ahora de los muy pragmáticos como él, de los que tienen los pies bien asentados en la tierra y van al beneficio.
Sin embargo, un poco de locura tenían los que montaron las primeras empresas de Internet. Nadie se imaginaba que se iban a forrar, como así fue ¿Acaso era lógico? Yo que sé.
Yo, poco a poco, aumento mi acervo de conocimientos sobre informática. No tengo demasiados todavía. Mucho camino debería andar hasta llegar al nivel de mi colega, que a los dieciséis se compró un Amstrad 2086 allá por el año 91 y desde entonces no ha parado de darle a la tecla, y lo que le queda al colega. Ni sé los ordenadores que habrán pasado por sus manos a lo largo de todo este tiempo.
Yo no sé qué haría si volviera a nacer, si seguir el camino del Trivium o en cambio irme por el sendero recorrido por mi amigo, el mismo por donde van caminando los ceros y los unos.
Como decía una canción de la Movida:
"Malos tiempooooos para la líricaaaaaaaaa"

miércoles, febrero 28, 2007

Esta mañana vino una chica rubia a presentar sus papeles para la plaza fija de la administración. A mí me toca encarnar al funcionario parapetado detrás de un mostrador, a ella, la anhelante opositora que odia la gris burocracia. Y vaya si la odia.
Uno tiene ciertas tablas en esto de la administración. Intenta que el yo-tristopositor se desligue del yo-guardián de la burocracia, pero hay veces que tanta agresividad en una persona hacen que uno esté a punto de perder los papeles, la educación, el oremus y la madre que le parió a este absurdo de sociedad. Porque no me diréis que no es absurdo que un temporal haga de gris funcionario recogiendo a otros pobres temporales los papeles necesarios para optar a una plaza fija.
La rubia luchaba contra todo: contra las bases de la convocatoria, contra las normas establecidas y contra mí. El caso es que, a pesar de ser víctima de sus invectivas, yo la entendía. Me acordaba cuando yo me ponía colérico contra las jugarretas de las compañías telefónicas y llamaba al servicio de atención al cliente y me atendía una pobre operadora que la tenían allí como monigote sufridor de los golpes causados por los desmanes de sus superiores. Así me sentía yo: por un lado, me pagaban por defender el proceso selectivo, por otro, comprendía la agresividad de la rubia, harta tanto como yo de estar saltando constantemente de un trabajo a otro, sin estabilidad y teniendo que enfrentarse a multitud de procesos absurdos para un mismo puesto de trabajo como si no hubiera demostrado ya su valía en ese puesto de trabajo que ha desempeñado una y mil veces.
Por lo menos no me insultó. Ahora, en comunicación no verbal, hizo un repaso contra mí de todos los gestos que tenemos los humanos para representar enfado, hostilidad, odio y agresividad. Y yo diciéndome: "tranquilo, Tristopositor, que no va contra ti. Va contra el funcionario gris que le está diciendo que esos puntos no le valen porque
así lo marcan las normas de la convocatoria". Pero claro, como la chica rubia no ve otra cara a la convocatoria que la mía, ni otra voz de las normas que la que le digo yo, pues hala, a recibir por todos los lados. Y claro, tú pierde la compostura, que verás lo que te pasa a ti por vocear a una aspirante y llamarla por el nombre del puerco.
Si al menos fuera fijo, bueno. Aguantaba con estoicismo los envites. Sería condescendiente con ella y le diría "Hijita mía, ya te llegará" Pero resulta que estoy como ella, harto de andar dando saltos de una empresa a otra y encima teniendo que defender un proceso selectivo que ojalá no existiera.
¿Existe el libre albedrío? Nos preguntaba esta mañana un periodista a los lectores en el periódico gratuito que me ofrecieron en la estación de tren donde empieza mi jornada diaria. Desde aquí digo que no existe el libre albedrío. Ni para la chica ni para mí. Está claramente reñido con nuestra supervivencia.
Quizás el poco libre albedrío que yo pueda tener son estas pequeñas revelaciones que os hago a vosotros, amables lectores.

martes, febrero 27, 2007


Para que un personaje de cualquier obra literaria trascienda tiene que tener una personalidad propia inolvidable y nada plana: inolvidables son los personajes de la serie de Makinavaja del tristemente desaparecido dibujante Ramón Tosas, IVÁ. De planos sólo tienen que están hechos en dos dimensiones.
Aparecieron en la revista española el Jueves allá por los ochenta. Es una revista de corte satírico e irreverente que ha tenido en nómina a parte de los mejores dibujantes independientes. Y hablando de independencia, se puede decir que es el único medio escrito aquí en España que no obedece a espurios intereses económicos.
Se puede considerar la serie Makinavaja como un cómic de corte anarquista, por la libertad de pensamiento y por la irreverencia mostradas. Ramón Tosás se inspiró, dice el mito, para el personaje principal que da nombre a la serie, en un delincuente real que estuvo envuelto en un asunto turbio del cual se hicieron eco los periódicos de la época.
Maki es un atracador de bancos que estuvo en la cárcel durante el franquismo. no por ideología, pero estuvo. Debió ser por el contacto con los presos políticos, lo cierto es que Maki, pese a ser marginal y apartado de la sociedad, desarrolló una conciencia de clase y una querencia por las utopías. Pero también le hizo un hombre curtido en la vida, tal vez debido a los golpes recibidos por sus brutales circunstancias. Pasados los años, en la España de la democracia, Maki sigue a lo suyo. Eso sí, más viejo y más nostálgico. También más utópico, por qué no decirlo. Le acompaña su amigo el Popeye, que menos preocupado por las utopías, sí que lo está por su sobrepeso. Es el gordo eternamente a dieta. Está mucho más apegado al terruño que Maki y es menos culto. Pese a eso, es el compañero de fatigas. Les acompañan el Pirata, el moromierda, el pitufo y otros personajes secundarios.
Del Makinavaja se hicieron obras de teatro, películas de cine y una serie de televisión. Pese a la muerte de IVÁ, en el jueves no se atreven a dejar de reeditar la historias de Makinavaja. Su frescura, su humor y su calidad justifican que sigan haciéndolo. Con el Makinavaja puedes reír y hasta hacerte pensar. Sigue vigente.
El hueco dejado por la serie es muy difícil de rellenar, porque los personajes están muy bien construídos. Realmente hace tiempo que no me encuentro, ni en el cine, ni en las novelas, ni mucho menos en los cómics, personajes tan bien retratados como los de aquél cómic. Habría que recurrir a los clásicos para encontrarme a seres de papel que parezcan estar tan vivos como aquéllos. O a Mafalda.
Recomiendo, a todos los que no los conozcan, su lectura. Eso sí, tendrán que tener el ánimo preparado para grandes dosis de humor negro, que lo hay por litros de tinta. Pero estoy seguro que la lectura de esos cómics será de mucho provecho para quien se anime a hacerlo.
Es una pena que Ramón Tosás se nos fuera en un accidente, allá por el 93.

lunes, febrero 26, 2007


"Dejen de estirar la mano para ver si llueve, dejen de pedir, que eso sólo los hace parásitos" Les dijo Alan García, presidente de Perú, a los habitantes de Huaycan, un barrio pobre de Lima, la capital.
Leo que es un "barrio que se nutrió en los ochenta de familias que procedían de la sierra, huidos de la violencia terrorista", justo en los años en que Alan García gobernó por primera vez (!) Sobre Huaycán también leo que "La pobreza afecta a amplios sectores de la población de ese sitio, y un factor determinante de ello es la falta de empleo y los bajos niveles de ingresos que obtienen por las actividades de sobrevivencia que realizan" Yo les recomendaría a los habitantes del barrio que hicieran caso a su presidente y montaran un Wall-Mart.
Me imagino que los habitantes de Huaycán pedirán a su presidente cosas como unas infraestructuras decentes, sanidad, educación y empleo digno. Pero pedir eso a un liberal corrupto es como pedir a Giorgio Armani que la mona vestida de seda desfile por sus pasarelas.
Pero, confundido por la afirmación del gobernante, intento dilucidar qué es lo que realmente quiso decir. Un político nunca es claro. Busco en el diccionario la definición de parásito: "organismo vegetal o animal que vive a costa de otro" El ejemplo más claro, un piojo. Yo no he visto a ningún piojo que estire la mano para ver si llueve. Como mucho, estira esa especie de trompa para ver si pica ¿Por qué llamará Allan García parásitos a los que debe asegurar como gobernante un porvenir y bienestar? Ah no, que me he equivocado. Alan García se refiere quizá a la segunda acepción: " Se aplica a la persona que vive a costa de otra o que no presta ningún servicio a la sociedad" Alan García ha decidido no prestar como gobernante un servicio a la sociedad, en este caso, ayudar en sus problemas ¡Pero cobra de los contribuyentes peruanos, es su servidor! Si vive a costa del pueblo, pero no atiende a sus obligaciones como gobernante, hemos de decir entonces que Alán García es un parásito.
Yo estaría contento de ser habitante de Huaycán: tiene un gobernante que es uno de los suyos. Más corrupto y sinvergüenza, pero uno de los suyos.
Me he fijado que Alán García tiene bastante cabello, al igual que Mario Vargas Llosa, que lo alaba siempre que tiene ocasión. Tanto pelo tiene bastantes atractivos para los piojos.
¿Será por eso que está tan enfadado con los habitantes de Huaycán? Los piojos son como los problemas de conciencia: pican y no dejan de picar hasta que los eliminas. No sé que es mejor para el pobre Alan que reparte sabiduría: si una loción antipiojos para los del la cabeza o un millar de camiones con mangueras de aguas para limpiar las calles de Huaycán.
O mejor: esperar que llueva, con el permiso del monóxido de carbono que durante tantos años expulsaron los coches oficiales de Alan I García, el empiojado.