Cómo me gusta comer. Más que estudiar. Desde chiquitito. Siempre le digo a mi mujer que ella y sus hermanas han elegido a los hombres por tres rasgos en común: por lo que nos gusta comer, por lo que nos gusta hablar y porque tenemos el pelo castaño. Bueno, esto último es irrelevante, pero me faltaba una característica para completar la tripleta.
Lo bueno que tiene el ser de un país latino es que disfrutas de una gastronomía envidiable. Aquí estaremos gordos, pero todas y cada una de las lorzas que tenemos han sido producidas gracias a una alimentación de calidad. Encima, no hace falta ir a restaurantes caros para comer bien; en cualquier hogar una madre o un padre hace guisos excelentes. En casa de mis familiares, tanto en la parte natural como en la parte política se come fetén. Si un amigo me invita a su casa, no te imaginas lo que disfruto con las delicias especiales que te ponen por eso de quedar bien.
Mis cuñados, aparte de buenos comedores, son además buenos cocineros. Son los que llevan la cocina en sus respectivas casas. Yo, aunque también cocino, prefiero ser de los que me sorprendan al gusto. La comida hecha por mi tiene a mi propio paladar menos misterio que la comida hecha por otros. Es como una película pornográfica y otra erótica: en la porno todo se te muestra y pierde el encanto, en la erótica, todo se intuye y se te dispara la imaginación. Por ejemplo: si yo como unas croquetas hechas por mi suegra, la mezcla de sabores del conjunto hace que desaparezca el sabor de cada una de los elementos que componen la croqueta, de tal modo que forman una sinfonía deliciosa que lleva al éxtasis a mis papilas gustativas; sin embargo, si soy yo el que hago las croquetas, no saboreo más que un amasijo de harina, leche, huevo, cachos de pollo y jamón. El misterio se pierde. ¿Tú crees, amable lector, que la sensación que le produjo a Proust la magdalena empapada en té en sus papilas hubiera sido la misma si el hubiera tenido que hacerla antes, manchándose de harina y levadura, quemándose al sacarla del horno? Ni mucho menos: seguramente el placer de comer la magdalena hubiera desaparecido por el sacrificio de hacerla.
Dicen que los grandes tragones son grandes cocineros. No todos: aquí me tenéis a mí, gran tragón de morro poco fino que respeta tanto a los fogones que le gustaría no amancillarlos.
La lástima es que no puedo por eso de no poder irme a un rstaurante a comer todos los días o comer todos los días en una casa distinta ¡Qué morro tengo, lo reconozco!
Nunca mejor dicho,a nadie le amarga un dulce.
Me voy a casa de mi cuñado que ha preparado unas rosquillas.
miércoles, noviembre 15, 2006
martes, noviembre 14, 2006
A uno de mis amigos, de ésos que se cuentan con los dedos de la mano, el han robado el coche. Le teníais que ver al pobre, más desconsolado que si le hubieran quitado un brazo.
El coche es para el hombre moderno lo que el caballo para el hombre de antaño. Mis abuelos, que proceden del campo, alguna vez me han dicho que a un hombre se le distinguía por la calidad de su corcel. Ahora pasa lo mismo pero con el coche.
Yo no tuve coche hasta hace poco, cuando cumplí los treinta; y eso que de niño identificaba a la perfección todas las marcas y modelos que había en el mercado. Aún hoy, voy por la carretera y con pocos datos puedo saber qué potencia tiene el coche y sin verlo por dentro, la cantidad de accesorios que tiene de serie, por los programas especializados sobre el automóvil que veo en televisión. Pese a mi atracción por los coches, no os vayáis a pensar que me he comprado una maravilla: es un Citroën del 99 de segunda mano que utilizo para irme de vacaciones o en salidas cortas de fin de semana.
A mí, en un principio, los coches me seducen como a cualquier otro: por la autonomía que dan, por lo divertidos que son de conducir, la sensación de libertad, vamos, por todo esas asociaciones que sibilinamente nos venden los anuncios. Asociamos la idea de coche a una visita al campo, relajada, con tiempo suave y paz interior. A la mano mecida por el viento que sale por la ventanilla del BMW.
Lo cierto es que los coches son una mierda; son una de las causas principales del calentamiento global del planeta, pero no sólo es culpa de los gobiernos y las multinacionales, es culpa también de nosotros, que no somos capaces de renunciar a nuestro estilo de vida.
Es cierto que mis mejores recuerdos empiezan en el asiento de atrás del coche de papá y terminan en el asiento del conductor con mi chica al lado, pero, desgraciadamente, eso es algo a lo que debería renunciar a no ser que se decidan a producir autos que no funcionen con derivados del petróleo. Bueno, de hecho creo que en realidad no renuncio a nada: lo que me hacía feliz de pequeño eran las vacaciones y lo que me hace feliz ahora es mi chica, no el puñetero coche.
Yo confieso que si me roban mi supercitröen no le lloraré mucho. Siempre he marchado en transporte público para ir al trabajo y los viajes más fantásticos que he realizado han sido sin necesidad del coche, así que por mí, que se lo lleven y que el seguro me lo pague.
Voviendo a mi amigo, lo siento por él; está que trina. La castración de su miembro no le hubiera sentado tan mal.
Pues qué quieres que te diga, amigo mío: más satisfacciones te ha dado tu miembro viril que tu coche. Como dicen por el sur, a las penas, puñalás.
El coche es para el hombre moderno lo que el caballo para el hombre de antaño. Mis abuelos, que proceden del campo, alguna vez me han dicho que a un hombre se le distinguía por la calidad de su corcel. Ahora pasa lo mismo pero con el coche.
Yo no tuve coche hasta hace poco, cuando cumplí los treinta; y eso que de niño identificaba a la perfección todas las marcas y modelos que había en el mercado. Aún hoy, voy por la carretera y con pocos datos puedo saber qué potencia tiene el coche y sin verlo por dentro, la cantidad de accesorios que tiene de serie, por los programas especializados sobre el automóvil que veo en televisión. Pese a mi atracción por los coches, no os vayáis a pensar que me he comprado una maravilla: es un Citroën del 99 de segunda mano que utilizo para irme de vacaciones o en salidas cortas de fin de semana.
A mí, en un principio, los coches me seducen como a cualquier otro: por la autonomía que dan, por lo divertidos que son de conducir, la sensación de libertad, vamos, por todo esas asociaciones que sibilinamente nos venden los anuncios. Asociamos la idea de coche a una visita al campo, relajada, con tiempo suave y paz interior. A la mano mecida por el viento que sale por la ventanilla del BMW.
Lo cierto es que los coches son una mierda; son una de las causas principales del calentamiento global del planeta, pero no sólo es culpa de los gobiernos y las multinacionales, es culpa también de nosotros, que no somos capaces de renunciar a nuestro estilo de vida.
Es cierto que mis mejores recuerdos empiezan en el asiento de atrás del coche de papá y terminan en el asiento del conductor con mi chica al lado, pero, desgraciadamente, eso es algo a lo que debería renunciar a no ser que se decidan a producir autos que no funcionen con derivados del petróleo. Bueno, de hecho creo que en realidad no renuncio a nada: lo que me hacía feliz de pequeño eran las vacaciones y lo que me hace feliz ahora es mi chica, no el puñetero coche.
Yo confieso que si me roban mi supercitröen no le lloraré mucho. Siempre he marchado en transporte público para ir al trabajo y los viajes más fantásticos que he realizado han sido sin necesidad del coche, así que por mí, que se lo lleven y que el seguro me lo pague.
Voviendo a mi amigo, lo siento por él; está que trina. La castración de su miembro no le hubiera sentado tan mal.
Pues qué quieres que te diga, amigo mío: más satisfacciones te ha dado tu miembro viril que tu coche. Como dicen por el sur, a las penas, puñalás.
lunes, noviembre 13, 2006
Malditos madrugones.
No os he contado que el viernes me llamaron para cubrir otra sustitución. Pues hala, a sustituir otra vez. Estoy con un sueño espantoso, pero he matado al vago que me susurraba en el oído la canción de "Piensa en mí", ya sabéis, esa preciosidad que canta Luz Casal. En el tren que cojo para ir al trabajo veré a otras personas a las que, como a mí, todavía se les adivinan en el rostro las marcas de las sábanas. Veré a señoras de la limpieza, las que, al entrar en el tren, se reparten con justicia los asientos. Y digo con justicia porque muchas llevan más de treinta años trabajando, como amas de casa y para fuera. Siempre hay una cabecilla que vocifera - Venid las cuatro, que aquí hay asientos libres- Con esta voz marca el territorio y los otros tantos candidatos para esos asientos nos quedamos con un palmo de narices. Veré también a esos jóvenes de chándal , rondando los veinte años, que van a las obras y los talleres, que a veces se arrepienten de no haber hecho más caso a los libros y cuya vida empieza y termina los fines de semana. Veré a los adormilados universitarios, hartos de tener que pasar todo el día en la facultad, nadando en un mar de asignaturas troncales, obligatorias y optativas. Veré a sufridos teleoperadores, con aire indigando por la estresante jornada que les hacen realizar y por el sueldo tan escaso para tanto esfuerzo, mientras las compañías de telefonía ganan a su costa dinero a espuertas. Veré a hombres ya entrados en la cincuentena, a veces sin afeitar, tal vez por que les obligaron a hacerlo todos los días en la mili, deseosos ya de encontrar el júbilo de la jubilación o tal vez no: temerosos de que les echen del sistema laboral despiadadamente.
Todos serán rostros que en nada tienen que ver a los que salen en las revistas o en las series: aquél tendrá una nariz grande de payaso, aquélla chica tendrá una frente alta, enorme. Otro tendrá los ojos muy separados y ése que se sienta a mi lado parece que me mira, pero no: padece de estrabismo.
Todos son diferentes, pero a su modo, todos son bellos. No hay nadie igual a ninguno de ellos. Sus vidas pueden ser similares a las de otros, sus rostros pueden ser similares a los de otros, pero realmente son únicos y esa es la grandeza de los insignificantes seres-hormiga que vamos a nuestras obligaciones en un tren.
A quien no le gustaría quedarse en la cama. Que cierren las fábricas, las obras, las oficinas y los centros educativos, pero siempre que suena el despertador lo silenciamos... Para luego programarlo para que suene cinco minutos después.
No os he contado que el viernes me llamaron para cubrir otra sustitución. Pues hala, a sustituir otra vez. Estoy con un sueño espantoso, pero he matado al vago que me susurraba en el oído la canción de "Piensa en mí", ya sabéis, esa preciosidad que canta Luz Casal. En el tren que cojo para ir al trabajo veré a otras personas a las que, como a mí, todavía se les adivinan en el rostro las marcas de las sábanas. Veré a señoras de la limpieza, las que, al entrar en el tren, se reparten con justicia los asientos. Y digo con justicia porque muchas llevan más de treinta años trabajando, como amas de casa y para fuera. Siempre hay una cabecilla que vocifera - Venid las cuatro, que aquí hay asientos libres- Con esta voz marca el territorio y los otros tantos candidatos para esos asientos nos quedamos con un palmo de narices. Veré también a esos jóvenes de chándal , rondando los veinte años, que van a las obras y los talleres, que a veces se arrepienten de no haber hecho más caso a los libros y cuya vida empieza y termina los fines de semana. Veré a los adormilados universitarios, hartos de tener que pasar todo el día en la facultad, nadando en un mar de asignaturas troncales, obligatorias y optativas. Veré a sufridos teleoperadores, con aire indigando por la estresante jornada que les hacen realizar y por el sueldo tan escaso para tanto esfuerzo, mientras las compañías de telefonía ganan a su costa dinero a espuertas. Veré a hombres ya entrados en la cincuentena, a veces sin afeitar, tal vez por que les obligaron a hacerlo todos los días en la mili, deseosos ya de encontrar el júbilo de la jubilación o tal vez no: temerosos de que les echen del sistema laboral despiadadamente.
Todos serán rostros que en nada tienen que ver a los que salen en las revistas o en las series: aquél tendrá una nariz grande de payaso, aquélla chica tendrá una frente alta, enorme. Otro tendrá los ojos muy separados y ése que se sienta a mi lado parece que me mira, pero no: padece de estrabismo.
Todos son diferentes, pero a su modo, todos son bellos. No hay nadie igual a ninguno de ellos. Sus vidas pueden ser similares a las de otros, sus rostros pueden ser similares a los de otros, pero realmente son únicos y esa es la grandeza de los insignificantes seres-hormiga que vamos a nuestras obligaciones en un tren.
A quien no le gustaría quedarse en la cama. Que cierren las fábricas, las obras, las oficinas y los centros educativos, pero siempre que suena el despertador lo silenciamos... Para luego programarlo para que suene cinco minutos después.
domingo, noviembre 12, 2006
Si me preguntáis por mis creencias religiosas, soy agnóstico.
Como sabéis una agnóstico es aquél que admite a Dios como una posibilidad, pero que no cuenta con la certeza de que exista. Como para solucionar eso existe el recurso de la fe, y el agnóstico no la tiene, se puede decir que soy un no creyente.
Lo que no puedo decir es que no piense y actúe como un católico, pues como tal me han educado.
Desde que me levanto hasta que me acuesto me guío por muchos preceptos de la fe. Por ejemplo: tengo muy arraigado el sentimiento de culpa; necesito ser bondadoso, aunque a veces no lo consiga. Necesito no ser mentiroso, para no sentir la punzada de la conciencia. Necesito creer en la justicia más allá de este mundo, pues me gustaría que las victimas de los males de este mundo tuvieran una recompensa en un cielo, así como los verdugos que tuvieran un castigo en un infierno, sobre todo aquéllos que han muerto en la cama viejos sin rendir cuentas por sus crímenes.
Por otro lado, pienso que la ciencia ha demostrado que el ser humano y los demás seres de esta tierra no son otra cosa que mecanismos evolucionadísimos y sofisticadísimos (¿porqué tenemos que creer que la sofisticación no es fruto del azar?) que sólo han tenido que emplear unos cuantos miles de millones de años para conseguir esa complejidad (¿quée son unos pocos miles de millones de años para la infinitud del universo?). Adán y Eva eran unos monos de África que a su vez procedían de un pez que un día decidió tener patas, que a su vez procedía de una pequeña bacteria que, harta de multiplicarse a sí misma siempre igual, decidió hacer pequeñas variaciones en su morfología sólo porque ya estaba bien de tanto aburrimiento de millones de años.
¿Existirá mi esencia después de que yo muera? ¿Podré decir alguna vez: "vaya, estoy muerto. Pues me alegro de no tener que depender de mi cuerpo" ?¿Por qué me asusto del último minuto que pasaré aquí, si me voy precisamente de lo que me causa dolor, es decir, mi propio cuerpo? Sobre todo, ¿qué es lo que me anima a pensar que hay vida ultraterrena?
Pues más que nada, más que yo mismo, mis seres queridos. Me duele pensar que aquéllos de los míos que han fallecido y que yo tanto amaba, ya no existan en ninguna parte. Me aterra pensar que a los que yo más amo por encima de todo, cuando mueran, no estén en ningún sitio. No quiero pensar que la conciencia no es más que una ilusión de orden que nos damos nosotros mismos pero que en realidad es una ficción dentro del caos más absoluto. Es decir: que en realidad nuestros pensamientos no existen, y por tanto, nuestra alma tampoco. Creemos que pensamos y lo único que estamos esperando, no es a volver a ser nada...
...sino a seguir siendo nada.
¡Ojalá me equivoque, creo demasiado en el amor!
Como sabéis una agnóstico es aquél que admite a Dios como una posibilidad, pero que no cuenta con la certeza de que exista. Como para solucionar eso existe el recurso de la fe, y el agnóstico no la tiene, se puede decir que soy un no creyente.
Lo que no puedo decir es que no piense y actúe como un católico, pues como tal me han educado.
Desde que me levanto hasta que me acuesto me guío por muchos preceptos de la fe. Por ejemplo: tengo muy arraigado el sentimiento de culpa; necesito ser bondadoso, aunque a veces no lo consiga. Necesito no ser mentiroso, para no sentir la punzada de la conciencia. Necesito creer en la justicia más allá de este mundo, pues me gustaría que las victimas de los males de este mundo tuvieran una recompensa en un cielo, así como los verdugos que tuvieran un castigo en un infierno, sobre todo aquéllos que han muerto en la cama viejos sin rendir cuentas por sus crímenes.
Por otro lado, pienso que la ciencia ha demostrado que el ser humano y los demás seres de esta tierra no son otra cosa que mecanismos evolucionadísimos y sofisticadísimos (¿porqué tenemos que creer que la sofisticación no es fruto del azar?) que sólo han tenido que emplear unos cuantos miles de millones de años para conseguir esa complejidad (¿quée son unos pocos miles de millones de años para la infinitud del universo?). Adán y Eva eran unos monos de África que a su vez procedían de un pez que un día decidió tener patas, que a su vez procedía de una pequeña bacteria que, harta de multiplicarse a sí misma siempre igual, decidió hacer pequeñas variaciones en su morfología sólo porque ya estaba bien de tanto aburrimiento de millones de años.
¿Existirá mi esencia después de que yo muera? ¿Podré decir alguna vez: "vaya, estoy muerto. Pues me alegro de no tener que depender de mi cuerpo" ?¿Por qué me asusto del último minuto que pasaré aquí, si me voy precisamente de lo que me causa dolor, es decir, mi propio cuerpo? Sobre todo, ¿qué es lo que me anima a pensar que hay vida ultraterrena?
Pues más que nada, más que yo mismo, mis seres queridos. Me duele pensar que aquéllos de los míos que han fallecido y que yo tanto amaba, ya no existan en ninguna parte. Me aterra pensar que a los que yo más amo por encima de todo, cuando mueran, no estén en ningún sitio. No quiero pensar que la conciencia no es más que una ilusión de orden que nos damos nosotros mismos pero que en realidad es una ficción dentro del caos más absoluto. Es decir: que en realidad nuestros pensamientos no existen, y por tanto, nuestra alma tampoco. Creemos que pensamos y lo único que estamos esperando, no es a volver a ser nada...
...sino a seguir siendo nada.
¡Ojalá me equivoque, creo demasiado en el amor!
viernes, noviembre 10, 2006
Bueno, hoy comienzo el tema catorce y último de mi primer libro del temario de las oposiciones. Son un total de setenta temas divididos en seis libros. Ya me quedan sólo cincuenta y siete temas ¡Yupiii!
Todavía me acuerdo de cuando,en este verano, mientras las olas del Mediterráneo bañaban mis pies, yo, en poco decorosa vestimenta, es decir, llevando un ridículo bañador de colores chillones, grité, cual Scarlett O´hara en lo que el viento se llevó - ¡Juro que jamás volveré a ser temporal! y volviéndome a mi esposa, con voz campanuda, dije:
-Cielo, no quiero nuestros futuros retoños que nos han de venir tengan una vida de precariedad económica y de incertidumbre para el futuro. A partir de ahora, lucharé con mis ojos y mi intelecto para meterme en la sesera el duro programa de las oposiciones. El proceso será largo y dirícil y habrá momentos de gran decaimiento, pero yo me levantaré para seguir corriendo esta dura maratón.
-Vale, vale, Tú tranquilo; mejor vámonos que todos nos están mirando.
Esos días de asueto me sirvieron mucho para meditar y decidir apostar en serio para las oposiciones ¡Cómo hecho de menos la cerveza y los chiringuitos! Entonces pensé en la cantidad de veranos tranquilos que podría tener ahí, en la playa del Mediterráneo si conseguía mi objetivo. Otra de las 174 razones: tener veranos como los de niño, esos sí que eran veranos sin preocupaciones.
Bueno, creo que no es verdad. Alguna vez me ha quedado para septiembre.
¡Qué poco se necesita para ser feliz, pero qué difícil se le pone la vida al conformista!
Todavía me acuerdo de cuando,en este verano, mientras las olas del Mediterráneo bañaban mis pies, yo, en poco decorosa vestimenta, es decir, llevando un ridículo bañador de colores chillones, grité, cual Scarlett O´hara en lo que el viento se llevó - ¡Juro que jamás volveré a ser temporal! y volviéndome a mi esposa, con voz campanuda, dije:
-Cielo, no quiero nuestros futuros retoños que nos han de venir tengan una vida de precariedad económica y de incertidumbre para el futuro. A partir de ahora, lucharé con mis ojos y mi intelecto para meterme en la sesera el duro programa de las oposiciones. El proceso será largo y dirícil y habrá momentos de gran decaimiento, pero yo me levantaré para seguir corriendo esta dura maratón.
-Vale, vale, Tú tranquilo; mejor vámonos que todos nos están mirando.
Esos días de asueto me sirvieron mucho para meditar y decidir apostar en serio para las oposiciones ¡Cómo hecho de menos la cerveza y los chiringuitos! Entonces pensé en la cantidad de veranos tranquilos que podría tener ahí, en la playa del Mediterráneo si conseguía mi objetivo. Otra de las 174 razones: tener veranos como los de niño, esos sí que eran veranos sin preocupaciones.
Bueno, creo que no es verdad. Alguna vez me ha quedado para septiembre.
¡Qué poco se necesita para ser feliz, pero qué difícil se le pone la vida al conformista!
jueves, noviembre 09, 2006
Mientra hacía la comida y esperaba a mi mujer, he estado viendo la serie "mi nombre es Earl". Aún siendo estupenda, tiene un pero.
El argumento de la serie parte de la creencia de que si tú has hecho buenas acciones, la vida te lo premiará. Bien, pues eso no es verdad. Ahora les diré el por qué.
Los máximos premiados del orbe son los grandes multimillonarios: tienen islas, yates, se alojan en hoteles lujosos, sus casas son confortables, sus ropas son bonitas y su aspecto físico por lo general es bueno. Sin embargo, muchos de ellos hacen cosas como despedir a gente teniendo beneficios, pagar poco a los obreros que quedan para tener todavía más beneficios, contrabandear armas, narcotraficar, especular con las necesidades básicas como es la vivienda, la sanidad, la educación... Han pagado a gobiernos para que éstos declaren la guerra a países cuyos recursos tienen intereses, no creen en la igualdad, no creen en la democracia, pues hacen que su opinión prevalezca sobre la de otros votantes, tienen periódicos y radios que mienten adrede para beneficiarles, no luchan contra el hambre y las enfermedades; sólo les interesan si les llenan la caja registradora.
Sin embargo, son los seres más afortunados del planeta, pues todo lo que se les antoje lo tienen.
Siempre nos hemos querido creer el tópico de que el bueno siempre triunfa y el malo siempre fracasa: no es verdad. Pongamos, por ejemplo, a la familia Bush: sin contar las fechorías del segundo George (o tercero, me da igual) se han metido en toda clase de negocios oscuros a lo largo de varias generaciones. Uno de ellos estuvo negociando con los nazis, otros, con oscuros tiranos de oriente medio, y sin embargo, el destino les ha premiado con dejar que dos de sus malvados accedan, nada más y nada menos, a la presidencia del gobierno de los Estados Unidos. Ahí es nada. Encima, en períodos en el que su odiado comunismo no les daba la lata porque ya habían conseguido su vieja ambición de derribarlo. Pero hay más ejemplos: Franco murió en la cama, Carlos Menem vive actualmente en la opulencia, pese a que es el principal causante de la ruina de su país y aquí en España vive algún que otro exdictador sudamericano con el riñón bien cubierto.
Por cierto, qué longevos suelen ser los hombre malos. Comparémosles con algunos de los hombres buenos: jóvenes murieron el Che, Martin Luther King, Jesucristo y muchos grandes estrellas del rock que mucha y buena música nos han dado. Mozart, genio donde los haya, también murió joven. Encima, entre fuertes dolores.
Tenemos a cantidad de soplagaitas que viven muy bien de la pintura, pese a que no saben agarrar un pincel y sin embargo Van gogh murió en la miseria y el pobre de Goya exiliado en Francia.
Tenemos a cantidad de sinvergüenzas con tiradas de libros millonarias y recordemos que Kafka no vio un real y John Kennedy Toole jamás pudo disfrutar del éxito que tal vez le hubiera quitado la idea de suicidarse unos años antes.
Cogiendo el título de su libro, todo esto ha ocurrido y ocurre porque nuestra civilización es una "conjura de los necios"que premia a los malvados (que son hasta más longevos) y castiga a los inocentes (que mueren pronto, pregunten por su hijo a esa madre afgana que llora en ese rincón).
Yo creo que la idea que mueve a Earl es una broma más de la serie. Por ahí van los tiros. Él tiene su razón para ser bueno, que por supuesto, respeto, pero no comparto. Como he intentado dejar claro, el ser buen hombre no te va a traer compensaciones porque sí.
Si os preguntáis por mi razón fundamental para ser bueno, la única que tengo, es que yo intento portarme con los demás como quiero que se porten conmigo. No hay nada más.
Para terminar, un mensaje a mi chica:
Cariño, si los hombres malos se les ha premiado con cosas buenas.
¿qué fechoría he hecho yo para que el destino me premie con estar contigo?
El argumento de la serie parte de la creencia de que si tú has hecho buenas acciones, la vida te lo premiará. Bien, pues eso no es verdad. Ahora les diré el por qué.
Los máximos premiados del orbe son los grandes multimillonarios: tienen islas, yates, se alojan en hoteles lujosos, sus casas son confortables, sus ropas son bonitas y su aspecto físico por lo general es bueno. Sin embargo, muchos de ellos hacen cosas como despedir a gente teniendo beneficios, pagar poco a los obreros que quedan para tener todavía más beneficios, contrabandear armas, narcotraficar, especular con las necesidades básicas como es la vivienda, la sanidad, la educación... Han pagado a gobiernos para que éstos declaren la guerra a países cuyos recursos tienen intereses, no creen en la igualdad, no creen en la democracia, pues hacen que su opinión prevalezca sobre la de otros votantes, tienen periódicos y radios que mienten adrede para beneficiarles, no luchan contra el hambre y las enfermedades; sólo les interesan si les llenan la caja registradora.
Sin embargo, son los seres más afortunados del planeta, pues todo lo que se les antoje lo tienen.
Siempre nos hemos querido creer el tópico de que el bueno siempre triunfa y el malo siempre fracasa: no es verdad. Pongamos, por ejemplo, a la familia Bush: sin contar las fechorías del segundo George (o tercero, me da igual) se han metido en toda clase de negocios oscuros a lo largo de varias generaciones. Uno de ellos estuvo negociando con los nazis, otros, con oscuros tiranos de oriente medio, y sin embargo, el destino les ha premiado con dejar que dos de sus malvados accedan, nada más y nada menos, a la presidencia del gobierno de los Estados Unidos. Ahí es nada. Encima, en períodos en el que su odiado comunismo no les daba la lata porque ya habían conseguido su vieja ambición de derribarlo. Pero hay más ejemplos: Franco murió en la cama, Carlos Menem vive actualmente en la opulencia, pese a que es el principal causante de la ruina de su país y aquí en España vive algún que otro exdictador sudamericano con el riñón bien cubierto.
Por cierto, qué longevos suelen ser los hombre malos. Comparémosles con algunos de los hombres buenos: jóvenes murieron el Che, Martin Luther King, Jesucristo y muchos grandes estrellas del rock que mucha y buena música nos han dado. Mozart, genio donde los haya, también murió joven. Encima, entre fuertes dolores.
Tenemos a cantidad de soplagaitas que viven muy bien de la pintura, pese a que no saben agarrar un pincel y sin embargo Van gogh murió en la miseria y el pobre de Goya exiliado en Francia.
Tenemos a cantidad de sinvergüenzas con tiradas de libros millonarias y recordemos que Kafka no vio un real y John Kennedy Toole jamás pudo disfrutar del éxito que tal vez le hubiera quitado la idea de suicidarse unos años antes.
Cogiendo el título de su libro, todo esto ha ocurrido y ocurre porque nuestra civilización es una "conjura de los necios"que premia a los malvados (que son hasta más longevos) y castiga a los inocentes (que mueren pronto, pregunten por su hijo a esa madre afgana que llora en ese rincón).
Yo creo que la idea que mueve a Earl es una broma más de la serie. Por ahí van los tiros. Él tiene su razón para ser bueno, que por supuesto, respeto, pero no comparto. Como he intentado dejar claro, el ser buen hombre no te va a traer compensaciones porque sí.
Si os preguntáis por mi razón fundamental para ser bueno, la única que tengo, es que yo intento portarme con los demás como quiero que se porten conmigo. No hay nada más.
Para terminar, un mensaje a mi chica:
Cariño, si los hombres malos se les ha premiado con cosas buenas.
¿qué fechoría he hecho yo para que el destino me premie con estar contigo?
miércoles, noviembre 08, 2006
En el paro otra vez. Maldita sea mi suerte.
¿ A quién el hecho la culpa? ¿ Al sistema? ¿Al destino? ¿ A mi mismo por no saber controlar mi destino? ¿ a mi mismo por no poner en vereda al sistema?
¿Te hecho la culpa a ti por no unirnos para trocar nuestra mala suerte? ¿O te hecho la culpa a ti, por tener mejor suerte que yo y desear que nada cambie?
Siempre que termino en un trabajo, la sensación que tengo es la misma: tengo que despedirme de la gente y estoy triste para hacerlo. Casi nunca saben qué decirte, o sus palabras de ánimo suenan a no saber cómo consolarte. Hoy, para evitarme el mal trago, no he dicho a nadie que me iba, me he ido como si fuera a volver mañana, porque estoy harto de irme de los sitios para no volver.
En los dos últimos sitios que he trabajado, siempre me dan esperanzas de un nuevo contrato, siempre abrigo la posibilidad de volver: " si hay algo para ti, te llamaremos" Me dijo el jefe de personal del penúltimo sitio en el que estuve y hoy todavía espero su llamada. En el sitio actual, la jefa que gestiona personal me da esperanzas de que pueda volver otra temporada ¡Tal vez un mes seguido!
Otra vez al subsidio del paro. Estoy flojo y encima leo en la prensa que "uno de cada cinco españoles vive bajo el umbral de la pobreza" Creo que hace pocos años, no más de diez, la noticia era de un español por cada siete. Tengo buena memoria. Juro que es cierto.
Y todo pese a que hemos tenido un ciclo económico de vacas gordas en todo este tiempo inmejorable; ningún período histórico anterior ha sido tan bueno. Entonces,
¿Quién se ha llevado la riqueza de esas dos nuevas personas?
¿Quién se ha llevado su libertad?
No hay libertad si hay miseria.
¡Qué paradoja la mía, que para tener libertad debo estar encadenado a un trabajo!
¿ A quién el hecho la culpa? ¿ Al sistema? ¿Al destino? ¿ A mi mismo por no saber controlar mi destino? ¿ a mi mismo por no poner en vereda al sistema?
¿Te hecho la culpa a ti por no unirnos para trocar nuestra mala suerte? ¿O te hecho la culpa a ti, por tener mejor suerte que yo y desear que nada cambie?
Siempre que termino en un trabajo, la sensación que tengo es la misma: tengo que despedirme de la gente y estoy triste para hacerlo. Casi nunca saben qué decirte, o sus palabras de ánimo suenan a no saber cómo consolarte. Hoy, para evitarme el mal trago, no he dicho a nadie que me iba, me he ido como si fuera a volver mañana, porque estoy harto de irme de los sitios para no volver.
En los dos últimos sitios que he trabajado, siempre me dan esperanzas de un nuevo contrato, siempre abrigo la posibilidad de volver: " si hay algo para ti, te llamaremos" Me dijo el jefe de personal del penúltimo sitio en el que estuve y hoy todavía espero su llamada. En el sitio actual, la jefa que gestiona personal me da esperanzas de que pueda volver otra temporada ¡Tal vez un mes seguido!
Otra vez al subsidio del paro. Estoy flojo y encima leo en la prensa que "uno de cada cinco españoles vive bajo el umbral de la pobreza" Creo que hace pocos años, no más de diez, la noticia era de un español por cada siete. Tengo buena memoria. Juro que es cierto.
Y todo pese a que hemos tenido un ciclo económico de vacas gordas en todo este tiempo inmejorable; ningún período histórico anterior ha sido tan bueno. Entonces,
¿Quién se ha llevado la riqueza de esas dos nuevas personas?
¿Quién se ha llevado su libertad?
No hay libertad si hay miseria.
¡Qué paradoja la mía, que para tener libertad debo estar encadenado a un trabajo!
martes, noviembre 07, 2006
Hoy todo no dura nada. Y a los jóvenes, menos.
Chica:
El móvil que tienes ahora en tus manos lo cambiarás dentro de dos años porque la tecla del dos ya no te funciona. Tienes en el zapatero unos zapatos de chúpame la punta, comprados hace sólo siete meses en las rebajas, que estás pensando en tirar porque ya no te gustan, pues dices: " parezco una bruja con ellos puestos" ¿Antes no? Además, quieres vaciar el armario para dar a tu prima la ropa que no te pones.
-Prima, tengo una falda que sólo me he puesto dos veces que te va a encantar-
El coche de tu novio tiene seis años y ya han sacado el modelo nuevo que le sustituye; a tu novio le encanta:
-¿no ves que el nuevo tiene más avances en seguridad que no tiene éste? Debemos pensar ya en cambiarnos. Si no es de esta marca, de otra.
Hiciste una carrera que no te sirve para encontrar trabajo porque no es de las que piden las empresas, tienes que pensar en hacer otra. El máster que hiciste tampoco sirve, lo que aprendiste ya está superado y las empresas ya buscan "otra cosa" (¿el qué?). Tu contrato de teleoperadora está a punto de expirar.
Chico:
¿Cómo es posible que en un coche que sólo tiene seis años te tengas que gastar una pasta porque tiene el embrague hecho polvo? En el certificado de la vida laboral de tu padre recién prejubilado constan sólo tres empresas; en la tuya dieciséis y has tenido contratos de sólo dos días. Has tenido cuatro videoconsolas diferentes. La primera nevera de tu casa duró dieciocho años, la segunda diez y la tercera, está ahora mismo estropeada. Menos mal que todavía le cubre la garantía que da el fabricante de seis meses después de haberla comprado. Unos amigos tuyos y de tu novia ya se han separado. Llevaban ocho meses viviendo juntos.
Todos en General:
Hoy se habla de los setenta, los ochenta y los noventa. Si abrimos un libro de historia, nos dividirán los perídos por los siglos XVII, XVIII, XIX.; si nos remontamos todavía más lejos, se dividirán los períodos en 5000, 4000 ó 3000 antes de Cristo. En una novela del corazón de las de antes, el que era villano moría villano. En un programa del corazón, el villano es bueno o malo en cuestión de días o de ediciones de tarde, de noche o de mañana de los programas del corazón.
Nadie sabe lo que es pasar una tarde contemplando cómo pasa el agua de un río. En general, nadie sabe nada porque no da tiempo de aprender nada.
Bueno, hay dos que sí que saben emplear el tiempo.
Pero nadie tiene el tiempo suficiente para escucharles qué es lo que hay que hacer para tener un buen pasar .
Y este articulillo, que yo quería que fuera más pequeño todavía porque sé que os cansa el leer y queréis que todo sea corto e impactante y no largo y aburrido, no es otra cosa que un homenaje a esa pareja que, ajenos a modas pasajeras, ajenos a las estupideces propias de los que vivimos esta vida más propia de una lavadora programada en centrifugado, son tan sabias como para saber que no tenían otra cosa mejor que hacer que pasar el tiempo juntos. Que todo lo demás no merecía la pena. Que se lo han pasado tan bien que seguro desearán que estos cincuenta largos años (para los patrones actuales, claro) hubieran durado el doble.
Enhorabuena, Josefa y Manuel, por esas bodas de oro que demuestran que no habéis perdido el tiempo.
Chica:
El móvil que tienes ahora en tus manos lo cambiarás dentro de dos años porque la tecla del dos ya no te funciona. Tienes en el zapatero unos zapatos de chúpame la punta, comprados hace sólo siete meses en las rebajas, que estás pensando en tirar porque ya no te gustan, pues dices: " parezco una bruja con ellos puestos" ¿Antes no? Además, quieres vaciar el armario para dar a tu prima la ropa que no te pones.
-Prima, tengo una falda que sólo me he puesto dos veces que te va a encantar-
El coche de tu novio tiene seis años y ya han sacado el modelo nuevo que le sustituye; a tu novio le encanta:
-¿no ves que el nuevo tiene más avances en seguridad que no tiene éste? Debemos pensar ya en cambiarnos. Si no es de esta marca, de otra.
Hiciste una carrera que no te sirve para encontrar trabajo porque no es de las que piden las empresas, tienes que pensar en hacer otra. El máster que hiciste tampoco sirve, lo que aprendiste ya está superado y las empresas ya buscan "otra cosa" (¿el qué?). Tu contrato de teleoperadora está a punto de expirar.
Chico:
¿Cómo es posible que en un coche que sólo tiene seis años te tengas que gastar una pasta porque tiene el embrague hecho polvo? En el certificado de la vida laboral de tu padre recién prejubilado constan sólo tres empresas; en la tuya dieciséis y has tenido contratos de sólo dos días. Has tenido cuatro videoconsolas diferentes. La primera nevera de tu casa duró dieciocho años, la segunda diez y la tercera, está ahora mismo estropeada. Menos mal que todavía le cubre la garantía que da el fabricante de seis meses después de haberla comprado. Unos amigos tuyos y de tu novia ya se han separado. Llevaban ocho meses viviendo juntos.
Todos en General:
Hoy se habla de los setenta, los ochenta y los noventa. Si abrimos un libro de historia, nos dividirán los perídos por los siglos XVII, XVIII, XIX.; si nos remontamos todavía más lejos, se dividirán los períodos en 5000, 4000 ó 3000 antes de Cristo. En una novela del corazón de las de antes, el que era villano moría villano. En un programa del corazón, el villano es bueno o malo en cuestión de días o de ediciones de tarde, de noche o de mañana de los programas del corazón.
Nadie sabe lo que es pasar una tarde contemplando cómo pasa el agua de un río. En general, nadie sabe nada porque no da tiempo de aprender nada.
Bueno, hay dos que sí que saben emplear el tiempo.
Pero nadie tiene el tiempo suficiente para escucharles qué es lo que hay que hacer para tener un buen pasar .
Y este articulillo, que yo quería que fuera más pequeño todavía porque sé que os cansa el leer y queréis que todo sea corto e impactante y no largo y aburrido, no es otra cosa que un homenaje a esa pareja que, ajenos a modas pasajeras, ajenos a las estupideces propias de los que vivimos esta vida más propia de una lavadora programada en centrifugado, son tan sabias como para saber que no tenían otra cosa mejor que hacer que pasar el tiempo juntos. Que todo lo demás no merecía la pena. Que se lo han pasado tan bien que seguro desearán que estos cincuenta largos años (para los patrones actuales, claro) hubieran durado el doble.
Enhorabuena, Josefa y Manuel, por esas bodas de oro que demuestran que no habéis perdido el tiempo.
lunes, noviembre 06, 2006
Hoy estoy un poco triste, porque se ha jubilado mi bibliotecaria y amiga Inés. El tiempo no pasa en balde.
Yo siempre he sido una rata de biblioteca. Si alguien puede presumir en mi barrio de antigüedad como socio de la biblioteca, ése soy yo. El año que viene hago veinte años como tal,aunque la primera vez que pisé la biblioteca fue con ocho años, en que me leí en una tarde Astérix el Galo, y me gustó una barbaridad.
Unos años después, en mi adolescencia, entró a trabajar de bibliotecaria una señora madura: Inés del alma mía. Tenía modales exquisitos y auténtica aversión al ruido, casi un requisito imprescindible para ejercer como bibliotecario/a.
Inés era exiliada chilena. Vino a España allá por el 74. Es decir, la época de cuando Chile pasaba de ser un país civilizado a ser un país de las cavernas y a su vez, España pasaba de ser un país de las cavernas a un país... ¿Civilizado? Bueno, hay veces que lo dudo. Con los precios actuales de los pisos, yo creo que quieren que volvamos a vivir en las cavernas.
Inés era profesora Universitaria allá en Chile. Se especializó en lengua inglesa. Sus orígenes no eran en modo alguno humildes, se puede decir que era de clase acomodada. Creo que se crió en una casa con criada y arañas de las que dan luz en los techos. Pese a ello, era una mujer de izquierdas y por supuesto, creía en los valores e ideales del gobierno de Salvador Allende.
Quien haya estado en una universidad, sabrá que no es difícil saber de que pie cojea cada uno. Al fin de al cabo, una universidad no es otra cosa que laboratorio de ideas, mesa de debate y centro de reunión y estudio: Inés no ocultaba sus afinidades políticas y los chivatos no tardaron en comunicarlas a los servicios de espionaje.
Inés y su marido tuvieron que huir y venir como exiliados aquí a España.
Ella, en los ratos que pasamos juntos, me contó historias atroces: de cómo, por ejemplo, avisaban a su hermana, que era sanitaria, para ayudar a los médicos a recomponer las vaginas de las disidentes de la dictadura, destrozadas por las bayonetas de los militares. De cómo se deshicieron familias enteras y otras muchas, muchísimas barbaridades que merecerían estar en la Historia Universal de la Infamia que escribiera el vecino Borges.
Inés, como todo exiliado, al principio de venir aquí, sufrió mucho. Pese a los lazos de unión que, en teoría, proporciona el idioma español a nuestros respectivos pueblos, ella me dijo que sintió un choque brutal al venir por la diferencias de costumbres. Decía que echaba de menos la melosidad y cortesía en el trato cotidiano que en general tenían los chilenos, nos notaba a los españoles, a los madrileños en concreto, muy secos, más distantes. Decía también que hablábamos muy alto, cosa que en mi caso era verdad, pues siempre estaba chistándome en la biblioteca. Eso sí, como era mujer viajada, decía, que, comparándonos con gentes de otros países, éramos de lo mejor, pero yo creo que tal vez lo decía para regalarme los oídos.
Siempre estaba con un libro en la mano, de autores anglosajones casi siempre, y, por supuesto, editado en lengua inglesa. Era una devota de la literatura anglosajona y creía en la supremacía de dicha literatura sobre todas las demás. Yo, por supuesto, en eso discrepaba, más que nada, porque alguien tiene que defender a Cervantes de los ataques de los ardorosos adoradores de Shakespeare, como el crítico Harold Bloom, que si habéis leído su libro "El canon occidental", sabréis lo pesadito que se pone acerca de la supremacía de Shakespeare frente a los demás escritores, incluido Cervantes. Pues bueno.
Inés era una mujer de mundo a su pesar. Hay veces, que, parafraseando a Delibes "deberíamos ser como un árbol, que nacemos y morimos donde nos plantaron". Como muchos inmigrantes en la actualidad, Inés perdió la tierra donde estaban plantadas sus raíces. Por ella me di cuenta de que nadie viene aquí por gusto: no hay inmigrante o exiliado que le guste más España que su propio país, por mísero que éste fuera.
Fue un honor conocerla. Aunque me duela, tal vez lo mejor es que no la hubiera conocido, y en vez de jubilarse como bibliotecaria en España, se hubiera jubilado como profesora universitaria en Chile.
Inés, hasta siempre.
Yo siempre he sido una rata de biblioteca. Si alguien puede presumir en mi barrio de antigüedad como socio de la biblioteca, ése soy yo. El año que viene hago veinte años como tal,aunque la primera vez que pisé la biblioteca fue con ocho años, en que me leí en una tarde Astérix el Galo, y me gustó una barbaridad.
Unos años después, en mi adolescencia, entró a trabajar de bibliotecaria una señora madura: Inés del alma mía. Tenía modales exquisitos y auténtica aversión al ruido, casi un requisito imprescindible para ejercer como bibliotecario/a.
Inés era exiliada chilena. Vino a España allá por el 74. Es decir, la época de cuando Chile pasaba de ser un país civilizado a ser un país de las cavernas y a su vez, España pasaba de ser un país de las cavernas a un país... ¿Civilizado? Bueno, hay veces que lo dudo. Con los precios actuales de los pisos, yo creo que quieren que volvamos a vivir en las cavernas.
Inés era profesora Universitaria allá en Chile. Se especializó en lengua inglesa. Sus orígenes no eran en modo alguno humildes, se puede decir que era de clase acomodada. Creo que se crió en una casa con criada y arañas de las que dan luz en los techos. Pese a ello, era una mujer de izquierdas y por supuesto, creía en los valores e ideales del gobierno de Salvador Allende.
Quien haya estado en una universidad, sabrá que no es difícil saber de que pie cojea cada uno. Al fin de al cabo, una universidad no es otra cosa que laboratorio de ideas, mesa de debate y centro de reunión y estudio: Inés no ocultaba sus afinidades políticas y los chivatos no tardaron en comunicarlas a los servicios de espionaje.
Inés y su marido tuvieron que huir y venir como exiliados aquí a España.
Ella, en los ratos que pasamos juntos, me contó historias atroces: de cómo, por ejemplo, avisaban a su hermana, que era sanitaria, para ayudar a los médicos a recomponer las vaginas de las disidentes de la dictadura, destrozadas por las bayonetas de los militares. De cómo se deshicieron familias enteras y otras muchas, muchísimas barbaridades que merecerían estar en la Historia Universal de la Infamia que escribiera el vecino Borges.
Inés, como todo exiliado, al principio de venir aquí, sufrió mucho. Pese a los lazos de unión que, en teoría, proporciona el idioma español a nuestros respectivos pueblos, ella me dijo que sintió un choque brutal al venir por la diferencias de costumbres. Decía que echaba de menos la melosidad y cortesía en el trato cotidiano que en general tenían los chilenos, nos notaba a los españoles, a los madrileños en concreto, muy secos, más distantes. Decía también que hablábamos muy alto, cosa que en mi caso era verdad, pues siempre estaba chistándome en la biblioteca. Eso sí, como era mujer viajada, decía, que, comparándonos con gentes de otros países, éramos de lo mejor, pero yo creo que tal vez lo decía para regalarme los oídos.
Siempre estaba con un libro en la mano, de autores anglosajones casi siempre, y, por supuesto, editado en lengua inglesa. Era una devota de la literatura anglosajona y creía en la supremacía de dicha literatura sobre todas las demás. Yo, por supuesto, en eso discrepaba, más que nada, porque alguien tiene que defender a Cervantes de los ataques de los ardorosos adoradores de Shakespeare, como el crítico Harold Bloom, que si habéis leído su libro "El canon occidental", sabréis lo pesadito que se pone acerca de la supremacía de Shakespeare frente a los demás escritores, incluido Cervantes. Pues bueno.
Inés era una mujer de mundo a su pesar. Hay veces, que, parafraseando a Delibes "deberíamos ser como un árbol, que nacemos y morimos donde nos plantaron". Como muchos inmigrantes en la actualidad, Inés perdió la tierra donde estaban plantadas sus raíces. Por ella me di cuenta de que nadie viene aquí por gusto: no hay inmigrante o exiliado que le guste más España que su propio país, por mísero que éste fuera.
Fue un honor conocerla. Aunque me duela, tal vez lo mejor es que no la hubiera conocido, y en vez de jubilarse como bibliotecaria en España, se hubiera jubilado como profesora universitaria en Chile.
Inés, hasta siempre.
domingo, noviembre 05, 2006
Definitivamente, me gusta mucho el dibujante de humor Pallarés.
Hace pocos días os hablaba de Baldomero, el treintañero intelectual con muchas frustraciones encima. Hoy voy a hablaros de Olegario Gandaria, profesor de secundaria.
Se nota que Pallarés concoce bien el universo cerrado de un instituto: los profesores, traumatizados por dar clase, los alumnos, traumatizados por razón de edad. Todos están un poco locos. En fin, la vida de un instituto.
Cuando leo sus tebeos, me acuerdo mucho de mis tiempos de estudiante. Dice la gente que las cosas han ido a peor, pero yo creo que no. Los anhelos que refleja Pallarés en esos chicos son los mismos que los que teníamos en aquella época. Por un lado, el culto al hedonismo, por otro, el deseo de hacer realidad las utopías. Eso es en definitiva donde gastan las neuronas los adolescentes.
Luego está la desorientación ¿Para qué sirve esto que me están enseñando? Los chicos pierden el interés por lo poco práctico de las cosas que se enseñan en un instituto.
Es comprensible: tienes que madrugar y pasarte seis horas escuchando a gente cosas que no te interesan. Les comprendo en eso de madrugar; yo todavía no me he acosumbrado a los madrugones, sobre todo a los invernales. Ese contraste entre el calor de la cama y el frío de la casa todavía me echa para atrás.
Luego está el universo de los profesores. Ellos también tienen sus mezquindades, que intentan no manifestar dentro de las aulas. En general, a todos les mueve un sentido de servicio a la sociedad, creo que son pocos los que están ahí por la nómina de fin de mes. Si te dedicas a la enseñanza sólo por eso, mejor retírate. Concretamente, Olegario Gandaria dista mucho de ser el profesor a la vuelta de todo. Pese a su experiencia, todavía le sorprenden los alumnos. Lucha cada día por hacer interesantes cosas tan extrañas y ajenas para un público adolescente como son los poemas de García Lorca.
Compro El jueves todas las semanas y siempre miro esta página con cierta ansia; ansia de volver a participar en la vida de un instituto, esta vez como profesor.
Alguien me dijo que tal vez mi deseo de enseñar sea debido a que conmigo no lo hicieron muy bien. Bueno, yo creo que hicieron lo que pudieron.
Intentaré hacerlo lo mejor posible, si es que me llega la opostunidad.
Hace pocos días os hablaba de Baldomero, el treintañero intelectual con muchas frustraciones encima. Hoy voy a hablaros de Olegario Gandaria, profesor de secundaria.
Se nota que Pallarés concoce bien el universo cerrado de un instituto: los profesores, traumatizados por dar clase, los alumnos, traumatizados por razón de edad. Todos están un poco locos. En fin, la vida de un instituto.
Cuando leo sus tebeos, me acuerdo mucho de mis tiempos de estudiante. Dice la gente que las cosas han ido a peor, pero yo creo que no. Los anhelos que refleja Pallarés en esos chicos son los mismos que los que teníamos en aquella época. Por un lado, el culto al hedonismo, por otro, el deseo de hacer realidad las utopías. Eso es en definitiva donde gastan las neuronas los adolescentes.
Luego está la desorientación ¿Para qué sirve esto que me están enseñando? Los chicos pierden el interés por lo poco práctico de las cosas que se enseñan en un instituto.
Es comprensible: tienes que madrugar y pasarte seis horas escuchando a gente cosas que no te interesan. Les comprendo en eso de madrugar; yo todavía no me he acosumbrado a los madrugones, sobre todo a los invernales. Ese contraste entre el calor de la cama y el frío de la casa todavía me echa para atrás.
Luego está el universo de los profesores. Ellos también tienen sus mezquindades, que intentan no manifestar dentro de las aulas. En general, a todos les mueve un sentido de servicio a la sociedad, creo que son pocos los que están ahí por la nómina de fin de mes. Si te dedicas a la enseñanza sólo por eso, mejor retírate. Concretamente, Olegario Gandaria dista mucho de ser el profesor a la vuelta de todo. Pese a su experiencia, todavía le sorprenden los alumnos. Lucha cada día por hacer interesantes cosas tan extrañas y ajenas para un público adolescente como son los poemas de García Lorca.
Compro El jueves todas las semanas y siempre miro esta página con cierta ansia; ansia de volver a participar en la vida de un instituto, esta vez como profesor.
Alguien me dijo que tal vez mi deseo de enseñar sea debido a que conmigo no lo hicieron muy bien. Bueno, yo creo que hicieron lo que pudieron.
Intentaré hacerlo lo mejor posible, si es que me llega la opostunidad.
sábado, noviembre 04, 2006
Muchas veces he imaginado lo que haría cuando apruebe las oposiciones. Siempre me ha venido la imagen de que quemaría algunos libros, a modo de catarsis , de abandono definitivo de mi condición de estudiante.
Quemaría libros de texto, temario de oposiciones y cuestonarios de test sicotécnicos.
Sé que quemar libros está mal. Ahora mismo estoy pensando que es el tema fundamental de Fahrenheit 411, el gran libro de Ray Bradbury donde los bomberos no se dedican a apagar incendios, sino encender libros. Me estoy acordando también de que en las novelas de Pepe Carvalho, al detective le gustaba quemar algunos libros en la chimenea. Eso no estaba bien aunque alguno de los que quemaba lo merecieran.
La razón mía de querer quemar libros obedece a mi fracaso: jamás he sido un buen estudiante y todos los manuales y libros que he leído por obligación y no por placer han sido una tortura que me ha venido impuesta porque no me quedaba más remedio si quería buscarme un salida en esta sociedad de titulitis. Tienes que llegar a la universidad, me decían una y otra vez. Y llegué. Pero mi carrera está muy poco valorada por la empresa privada, y queriendo librarme de hacer oposiciones, mandé currículos a colegios privados y ninguna puerta me fue abierta.
Y este mal estudiante tiene que seguir estudiando.
La pena es que os habla un afortunado de tener una carrera universitaria. Nunca se lo agradeceré lo suficiente a mis padres. Ellos no lo dirían con estas palabras, pero estoy seguro que ellos querían liberarme de las cadenas de la ignorancia, de la pobreza y de un destino incierto; pero, esta liberación trajo consigo otra condena: el tener que aprender cosas por las que no estaba mínimamente interesado.
Paralelamente, creció en mí el amor por la lectura que sólo dependía de mi libre albedrío. He leído mucha historia, mucha poesía, teatro, novela, artículos políticos y alguno que otro de tipo científico. Más de ochenta libros al año en mis tiempos de universitario. El poco tiempo que me quedaba, lo dedicaba a los estudios. Como resultado, mi expediente no es para tirar cohetes.
Por eso, los libros que quiero quemar son los que me tengo que leer por una cuestión de supervivencia: grises temarios de oposiciones, libros de texto y cuestionarios. Sólo esos.
Si llega ese momento, me tendréis que guardar el secreto: no sé cómo justificaré ante mis futuros alumnos la quema de libros.
Quemaría libros de texto, temario de oposiciones y cuestonarios de test sicotécnicos.
Sé que quemar libros está mal. Ahora mismo estoy pensando que es el tema fundamental de Fahrenheit 411, el gran libro de Ray Bradbury donde los bomberos no se dedican a apagar incendios, sino encender libros. Me estoy acordando también de que en las novelas de Pepe Carvalho, al detective le gustaba quemar algunos libros en la chimenea. Eso no estaba bien aunque alguno de los que quemaba lo merecieran.
La razón mía de querer quemar libros obedece a mi fracaso: jamás he sido un buen estudiante y todos los manuales y libros que he leído por obligación y no por placer han sido una tortura que me ha venido impuesta porque no me quedaba más remedio si quería buscarme un salida en esta sociedad de titulitis. Tienes que llegar a la universidad, me decían una y otra vez. Y llegué. Pero mi carrera está muy poco valorada por la empresa privada, y queriendo librarme de hacer oposiciones, mandé currículos a colegios privados y ninguna puerta me fue abierta.
Y este mal estudiante tiene que seguir estudiando.
La pena es que os habla un afortunado de tener una carrera universitaria. Nunca se lo agradeceré lo suficiente a mis padres. Ellos no lo dirían con estas palabras, pero estoy seguro que ellos querían liberarme de las cadenas de la ignorancia, de la pobreza y de un destino incierto; pero, esta liberación trajo consigo otra condena: el tener que aprender cosas por las que no estaba mínimamente interesado.
Paralelamente, creció en mí el amor por la lectura que sólo dependía de mi libre albedrío. He leído mucha historia, mucha poesía, teatro, novela, artículos políticos y alguno que otro de tipo científico. Más de ochenta libros al año en mis tiempos de universitario. El poco tiempo que me quedaba, lo dedicaba a los estudios. Como resultado, mi expediente no es para tirar cohetes.
Por eso, los libros que quiero quemar son los que me tengo que leer por una cuestión de supervivencia: grises temarios de oposiciones, libros de texto y cuestionarios. Sólo esos.
Si llega ese momento, me tendréis que guardar el secreto: no sé cómo justificaré ante mis futuros alumnos la quema de libros.
jueves, noviembre 02, 2006
Hay cosas que no entiendo.
Por ejemplo, siendo Sharon stone tan lista (160 de coeficiente intelectual), ¿por qué en vez de dedicarse a una olvidable carrera de actriz no se dedicó a descubrir cosas?
O mejor aún ¿por qué no se dedicó a sacarse las oposiciones a la primera?
Sharon Stone tenía dos opciones: o vivir de su mente o vivir de su cuerpo. Es una suerte, porque la mayoría de los seres humanos carecemos de una de las dos o directamente de las dos. El caso es que se decidió por la segunda: lucir palmito en el cine.
Muchos pondrán el grito en el cielo porque dirán que ser actor no es ser un mero figurín, y yo les digo que salvo Casino, Sharon Stone no ha hecho otra cosa que lucir su excelente figura en infumables películas que no valían ni para acumular polvo en los videoclubes. Acuérdense de Atrapada, de instinto básico I y II (sobre todo esta última) y una que hace de vaquera que ni me acuerdo el nombre.
¡Vaya bazofia de carrera artística!¡Sólo una interpretación memorable en más de dos décadas!¿Cómo es esto posible, en una persona tan inteligente?
Se supone que con ese cráneo privilegiado le quedarán neuronas más que de sobra para elegir con criterio las películas donde va a salir. Pues no: elige papeles que son un insulto a toda la inteligencia, menos a la suya.
Señores, éste sí que es un enigma y no el de las pirámides.
¿No será que Sharon Stone le halaga más que hablen de su culo que de su cabeza?
Aunque visto de otro modo, a lo mejor quiso ser actriz porque vida en la tierra sólo hay una, y es mejor estar pisando alfombrillas rojas que celebrar tu cumpleaños con una ratita de laboratorio como invitada especial antes de diseccionarla. No lo sé.
Agradezcamos a la providencia que Einstein no fuera muy agraciado y que en el cine entonces no se recurriera tanto al seudoerotismo que tantos dones y bienes materiales a reportado a Sharon Stone.
Por cierto, guapísima e inteligentísima, si quieres hacer algo útil, preséntate a la oposición por mi. Reina.
Por ejemplo, siendo Sharon stone tan lista (160 de coeficiente intelectual), ¿por qué en vez de dedicarse a una olvidable carrera de actriz no se dedicó a descubrir cosas?
O mejor aún ¿por qué no se dedicó a sacarse las oposiciones a la primera?
Sharon Stone tenía dos opciones: o vivir de su mente o vivir de su cuerpo. Es una suerte, porque la mayoría de los seres humanos carecemos de una de las dos o directamente de las dos. El caso es que se decidió por la segunda: lucir palmito en el cine.
Muchos pondrán el grito en el cielo porque dirán que ser actor no es ser un mero figurín, y yo les digo que salvo Casino, Sharon Stone no ha hecho otra cosa que lucir su excelente figura en infumables películas que no valían ni para acumular polvo en los videoclubes. Acuérdense de Atrapada, de instinto básico I y II (sobre todo esta última) y una que hace de vaquera que ni me acuerdo el nombre.
¡Vaya bazofia de carrera artística!¡Sólo una interpretación memorable en más de dos décadas!¿Cómo es esto posible, en una persona tan inteligente?
Se supone que con ese cráneo privilegiado le quedarán neuronas más que de sobra para elegir con criterio las películas donde va a salir. Pues no: elige papeles que son un insulto a toda la inteligencia, menos a la suya.
Señores, éste sí que es un enigma y no el de las pirámides.
¿No será que Sharon Stone le halaga más que hablen de su culo que de su cabeza?
Aunque visto de otro modo, a lo mejor quiso ser actriz porque vida en la tierra sólo hay una, y es mejor estar pisando alfombrillas rojas que celebrar tu cumpleaños con una ratita de laboratorio como invitada especial antes de diseccionarla. No lo sé.
Agradezcamos a la providencia que Einstein no fuera muy agraciado y que en el cine entonces no se recurriera tanto al seudoerotismo que tantos dones y bienes materiales a reportado a Sharon Stone.
Por cierto, guapísima e inteligentísima, si quieres hacer algo útil, preséntate a la oposición por mi. Reina.
miércoles, noviembre 01, 2006
Hoy voy a hablar de un profesor que tuve en el Instituto. Quizá la persona que más me influyó de todos los docentes con los que he tratado.
Que Javier Fernández era sumamente tímido es cosa que supe después. Cuando entraba en clase siempre lo hacía muy serio y esperaba a que calláramos, no con un grito, como hacían otros profesores; él daba por hecho que su autoridad sobre nosotros era suficiente para que nos calláramos; y a fe mía que lo conseguía.
Era de la vieja escuela: alguna vez nos contaba que echaba de menos el hecho de que antes, cuando entraba un profesor en el aula, los alumnos se levantaban ipso facto, como si un resorte les obligara a ello. Lo recordaba con un leve barniz de nostalgia en el tono de voz.
Debo decir que cuando yo estaba en el instituto empezaban a caerse las primeras piedras del muro de autoridad de los profesores. Él era quizá de los que más lo sentía.
Cuando yo le tuve como profesor, tendría unos cuarenta y pocos, pero he de decir que era conservador en muchas cosas y en otras no tanto. Solía acudir en una Suzuki de 600 que era la envidia de los que tenían las famosas y deseadas(entonces) vespinos de 50, que a su vez eran la envidia de todos los demás que no las teníamos porque normalmente se llevaban a una chica de paquete.
Javier tenía un chalet, alguna vez nos hizo referencia de ello. Entonces, el sueldo de un catedrático de instituto daba para más que ahora, y eso que el de ahora es muy bueno si lo comparamos con otros sueldos. Creo que mencionó que tenía dos hijas y que se especializó en literatura hispoanoamericana.
Me parece que era de Trujillo, aunque siempre su distanciada forma de ser me parecía más a la de un seco castellano que la de un orgulloso extremeño.Os lo digo yo, que de castellanos y extremeños entiendo algo.
Lo bueno que tenía la forma de ser de Javier es que cuando él se dejaba llevar por los sentimientos, era un torrente que no te dejaba impasible, a poca sensibilidad que tuvieras. Era evidente que se había leído todo lo que enseñaba (muchos otros profesores de literatura no podían decir lo mismo) y cundo di con él literatura en COU, hablaba con igual pasión de Cela, de Proust, de los simbolistas franceses o de Joyce (dice que se terminó el Ulises mientras tomaba el sol en el césped de una piscina pública ¿habrá sitio más raro para leer semejante y sesudo tocho?)
Era evidente que amaba la literatura y le gustaba el oficio de enseñar, aunque creo que su timidez le superaba. Recuerdo que al año de empezar la carrera fui al instituto para verle y me recibió como si no me conociera, saludándome como a un extraño, y eso que hacía sólo un año que él me manifestaba su aprecio por mí en los pasillos de la clase, afecto que como puede ver esas líneas yo tenía y tengo por él.
Marchó a un instituto de Aluche, creo recordar. Tal vez se haya jubilado, no lo sé.
En un encuentro reciente de los profesores y alumnos de aquel entonces, pregunté por él y todos los que le trataron destacaban su peculiaridad de carácter, pero también su calidad de docente.
Valgan estas letras como mi homenaje, pues si llego a alguna vez a ser docente, es a Javier a quien quiero parecerme.
Gracias, profesor.
Que Javier Fernández era sumamente tímido es cosa que supe después. Cuando entraba en clase siempre lo hacía muy serio y esperaba a que calláramos, no con un grito, como hacían otros profesores; él daba por hecho que su autoridad sobre nosotros era suficiente para que nos calláramos; y a fe mía que lo conseguía.
Era de la vieja escuela: alguna vez nos contaba que echaba de menos el hecho de que antes, cuando entraba un profesor en el aula, los alumnos se levantaban ipso facto, como si un resorte les obligara a ello. Lo recordaba con un leve barniz de nostalgia en el tono de voz.
Debo decir que cuando yo estaba en el instituto empezaban a caerse las primeras piedras del muro de autoridad de los profesores. Él era quizá de los que más lo sentía.
Cuando yo le tuve como profesor, tendría unos cuarenta y pocos, pero he de decir que era conservador en muchas cosas y en otras no tanto. Solía acudir en una Suzuki de 600 que era la envidia de los que tenían las famosas y deseadas(entonces) vespinos de 50, que a su vez eran la envidia de todos los demás que no las teníamos porque normalmente se llevaban a una chica de paquete.
Javier tenía un chalet, alguna vez nos hizo referencia de ello. Entonces, el sueldo de un catedrático de instituto daba para más que ahora, y eso que el de ahora es muy bueno si lo comparamos con otros sueldos. Creo que mencionó que tenía dos hijas y que se especializó en literatura hispoanoamericana.
Me parece que era de Trujillo, aunque siempre su distanciada forma de ser me parecía más a la de un seco castellano que la de un orgulloso extremeño.Os lo digo yo, que de castellanos y extremeños entiendo algo.
Lo bueno que tenía la forma de ser de Javier es que cuando él se dejaba llevar por los sentimientos, era un torrente que no te dejaba impasible, a poca sensibilidad que tuvieras. Era evidente que se había leído todo lo que enseñaba (muchos otros profesores de literatura no podían decir lo mismo) y cundo di con él literatura en COU, hablaba con igual pasión de Cela, de Proust, de los simbolistas franceses o de Joyce (dice que se terminó el Ulises mientras tomaba el sol en el césped de una piscina pública ¿habrá sitio más raro para leer semejante y sesudo tocho?)
Era evidente que amaba la literatura y le gustaba el oficio de enseñar, aunque creo que su timidez le superaba. Recuerdo que al año de empezar la carrera fui al instituto para verle y me recibió como si no me conociera, saludándome como a un extraño, y eso que hacía sólo un año que él me manifestaba su aprecio por mí en los pasillos de la clase, afecto que como puede ver esas líneas yo tenía y tengo por él.
Marchó a un instituto de Aluche, creo recordar. Tal vez se haya jubilado, no lo sé.
En un encuentro reciente de los profesores y alumnos de aquel entonces, pregunté por él y todos los que le trataron destacaban su peculiaridad de carácter, pero también su calidad de docente.
Valgan estas letras como mi homenaje, pues si llego a alguna vez a ser docente, es a Javier a quien quiero parecerme.
Gracias, profesor.
martes, octubre 31, 2006
El tiempo.
Esa cosa que se me escurre entre los dedos y que me hace sentir el vértigo del que está justo en frente del abismo: "Recuerde el alma dormida" (jorge Manrique); "soy un fue, un será y un es cansado" (Quevedo); "El día tendría que tener 4 horas más" (Modestia Aparte).
Ayer estaba en agosto y hoy estoy en noviembre. Hace diez años me emborrachaba en el pueblo donde veraneaba, hace cinco en la playa, y hoy estoy aquí y casi puedo sentir la resaca del día siguiente. Hay gente que creo de mi edad que me llama señor, y noto que mi atuendo y modo de vestir son disímiles a los de esa gente. Por ejemplo, todavía me meto las camisas por dentro y no se me ocurre sacarme los calzoncillos por fuera. También llevo zapatos, cuando lo ideal sería llevar esas estupendas zapatillas que hacen que el pie parezca más pequeño. Desconozco algunos grupos musicales que están pegando ahora. Utilizo el verbo "pegar" en el sentido de "tener éxito". No utilizo abreviaturas cuando escribo en el móvil. No sé exactamente, aunque lo intuyo, qué significa "tener un amarillo". Miro con cierta intolerancia los errores que cometen la gente más joven que acaso sean los mismos que cometía yo hace doce años.
La posibilidad de ser padre no me aterra, sino que me entusiasma. Tengo cincuenta euros en el bolsillo cada vez que salgo a tomar una copa. Suelo cenar sentado y no de pie. Me encantaban los botellones, (nadie habla de lo mucho que se habla con los amigos en los botellones), pero ahora me da corte el hacerlos. Mis padres ya no son "los plastas" y les comprendo y me arrepiento de muchas de las cosas que les he hecho.
Me aterra pensar que mi amigo me ponía esa copa en un bar de Alonso Martínez ya no trabaja de camarero, sino que es gerente de comunicación de una gran empresa. Mi hermana ha tenido un hijo.
Dentro de pocos meses, mi chica y yo haremos diez años.
La lástima es que no hubieran durado el doble.
Esa cosa que se me escurre entre los dedos y que me hace sentir el vértigo del que está justo en frente del abismo: "Recuerde el alma dormida" (jorge Manrique); "soy un fue, un será y un es cansado" (Quevedo); "El día tendría que tener 4 horas más" (Modestia Aparte).
Ayer estaba en agosto y hoy estoy en noviembre. Hace diez años me emborrachaba en el pueblo donde veraneaba, hace cinco en la playa, y hoy estoy aquí y casi puedo sentir la resaca del día siguiente. Hay gente que creo de mi edad que me llama señor, y noto que mi atuendo y modo de vestir son disímiles a los de esa gente. Por ejemplo, todavía me meto las camisas por dentro y no se me ocurre sacarme los calzoncillos por fuera. También llevo zapatos, cuando lo ideal sería llevar esas estupendas zapatillas que hacen que el pie parezca más pequeño. Desconozco algunos grupos musicales que están pegando ahora. Utilizo el verbo "pegar" en el sentido de "tener éxito". No utilizo abreviaturas cuando escribo en el móvil. No sé exactamente, aunque lo intuyo, qué significa "tener un amarillo". Miro con cierta intolerancia los errores que cometen la gente más joven que acaso sean los mismos que cometía yo hace doce años.
La posibilidad de ser padre no me aterra, sino que me entusiasma. Tengo cincuenta euros en el bolsillo cada vez que salgo a tomar una copa. Suelo cenar sentado y no de pie. Me encantaban los botellones, (nadie habla de lo mucho que se habla con los amigos en los botellones), pero ahora me da corte el hacerlos. Mis padres ya no son "los plastas" y les comprendo y me arrepiento de muchas de las cosas que les he hecho.
Me aterra pensar que mi amigo me ponía esa copa en un bar de Alonso Martínez ya no trabaja de camarero, sino que es gerente de comunicación de una gran empresa. Mi hermana ha tenido un hijo.
Dentro de pocos meses, mi chica y yo haremos diez años.
La lástima es que no hubieran durado el doble.
lunes, octubre 30, 2006
¿En qué se parece un becario a un chicle?
En que se les puede estirar con facilidad, pues no hay peligro de que se rompan, se les mastica mucho para sacarles todo el sabor, son baratos y hechos para durar poco.
Como ventaja que tienen los becarios sobre los chicles es que no provocan caries ni antes ni después de las comidas.
Espero no ofender a ningún becario con estas palabras, le recuerdo que sus "cualidades" no son fruto de su propia voluntad, sino que vinieron impuestas por mal nacidos.
Hace poco, un tal Felipe González dijo en una de esas conferencias que le invitan a dar que el mercado laboral español debería ser más flexible. Más competitivo, dicen otros.
Pues bien: no hay nada más flexible y competitivo que un becario.
Con un dirigente histórico así, al final van a tener razón los que quieren quitar la O de Obrero al PSOE: creo que hasta el propio Felipe González lo propuso, entre bambalinas, en un congreso. Para "actualizar" el partido. Para hacerlo más neoliberal, creo yo. Esto último, seguro que lo pensaba, pero no lo dijo. Sería tener demasiado descaro.
Hay que ser claros: no hay nada más competitivo que un obrero al que se le paga por debajo del nivel de subsistencia y que se le pueda despedir cuando venga en gana.
No hay nada mejor que un becario.
No sé si os acordáis que allá por los noventa, en tiempos de mandato de este presidente (el tercero de la democracia, descontando Arias Navarro, por supuesto), se sacó de la manga el contrato en prácticas. Con ese contrato, la gente trabajaba ocho horas al día por una media de 45000 pesetas al mes. En teoría, ese contrato servía para facilitar la entrada al mercado laboral de los jóvenes.
Por fortuna, terminó por derogarse tamaña porquería. Más que nada, porque era una mierda incomible. Pese a eso, Javier Solana, ministro de entonces y ahora gran euro sinvergüenza, lo defiende todavía hoy en una entrevista reciente que le hicieron y que tuve oportunidad de leer.
Lo que no se derogó fue la ley que autorizaba las empresas de trabajo temporal, hecha también en aquella época de gobierno de los mal llamados socialistas, y que aún hoy estamos padeciendo.
En definitiva: cuando llegaron los populares al poder, ya tenían todo el trabajo sucio hecho.
Estaba yo con estas reflexiones en mi trabajo, porque en el Departamento en el que estoy, mucho de la labor que hay se hace por medio de las prácticas de los becarios. Concretamente, las becarias que aquí están lo hacen para completar el programa de un módulo. No cobran nada y trabajan como el que más. Lo hacen muy bien, por cierto. Hay algunas que son muy listas y hasta se permiten el corregirte. Yo, humildemente, acepto la corrección.
Hace tiempo os hablé de un amigo informático que trabajaba en una multinacional. Mi amigo ha triunfado en su oficio, pues ha llegado a dirigir una sección. Por desgracia, tiene como rémora que no domina la lengua de Shakespeare. Pues bien, sólo ha tenido que ponerse en contacto con el departamento de Recursos Humanos y desde allí le han facilitado un becario, licenciado en gestión y administración de empresas, que no sólo sabe inglés, sino también alemán. Mi amigo le tiene para negociar con otras filiales de la firma. Todo, por trescientos euros al mes, cuarenta horas a la semana. Joder, obrero más rentable que ése, ni los ciudadanos de algunos innombrables países asiáticos que consienten el trabajo inhumano para nefastas multinacionales foráneas.
Si tenéis una empresa, pero os da miedo la informática, tocando las teclas adecuadas podéis llegar a tener a todo un programador júnior por menos de 400 euros mensuales. Os pondrá la empresa en orden y funcionando en menos de ocho meses. Conozco empresas que cada año renuevan su plantilla de becarios ¿Para qué tener uno viejo, resabiado y conocedor del percal, pudiendo tener un joven e inocente, con esperanzas de un futuro que jamás se hará realidad en esas empresas?
El truco llevan años haciéndolo, por ejemplo, en las redacciones de los periódicos, da igual la ideología. Tú eres un joven idealista, licenciado en periodismo, que ha hecho la carrera no sin un punto de romanticismo, y te encuentras en una redacción, de la cual no sabes a qué hora vas a salir, haciendo el trabajo de un jefe con mucha menos formación que tú, que a lo mejor no es ni licenciado en periodismo y que encima consiente que te paguen trescientos euros, de los cuales, tienes que deducir los gastos de desplazamiento hasta la empresa y por supuesto, la comida, pues no tienes derecho ni a los vales de restaurante que dan a tu jefe y eso que gana 6000 euros al mes.
Dáte con un canto en los dientes: has tenido suerte ya que tienes nómina, porque podría haber sucedido que estuvieras haciendo un infame master de periodismo por el que has pagado más de seis mil euros y cuyas prácticas son obligatorias. Eso sí, a lo mejor te quedas en la empresa donde las haces. Que se lo pregunten a los que están trabajando en la pollería después de hacer ese mismo máster que estás haciendo tú.
En definitiva, estás pagando por trabajar. Bueno, mejor dicho: estás pagando por que "a lo mejor" más adelante, te contratan; sí, en la pollería.
Es el clásico truco de la zanahoria atada a un palo para que el burro ande, sólo que hecho con humanos.
¿Sabéis lo que yo creo? Que, al final, lo que se persigue es que en realidad todos seamos becarios y por eso cogen a las generaciones más jóvenes para que empiecen a acostumbrarse.
Es que la educación y la formación es muy importante y debe estar al alcance de todos. Debe ser barata, que hay que reducir costes...
... de los explotadores
En que se les puede estirar con facilidad, pues no hay peligro de que se rompan, se les mastica mucho para sacarles todo el sabor, son baratos y hechos para durar poco.
Como ventaja que tienen los becarios sobre los chicles es que no provocan caries ni antes ni después de las comidas.
Espero no ofender a ningún becario con estas palabras, le recuerdo que sus "cualidades" no son fruto de su propia voluntad, sino que vinieron impuestas por mal nacidos.
Hace poco, un tal Felipe González dijo en una de esas conferencias que le invitan a dar que el mercado laboral español debería ser más flexible. Más competitivo, dicen otros.
Pues bien: no hay nada más flexible y competitivo que un becario.
Con un dirigente histórico así, al final van a tener razón los que quieren quitar la O de Obrero al PSOE: creo que hasta el propio Felipe González lo propuso, entre bambalinas, en un congreso. Para "actualizar" el partido. Para hacerlo más neoliberal, creo yo. Esto último, seguro que lo pensaba, pero no lo dijo. Sería tener demasiado descaro.
Hay que ser claros: no hay nada más competitivo que un obrero al que se le paga por debajo del nivel de subsistencia y que se le pueda despedir cuando venga en gana.
No hay nada mejor que un becario.
No sé si os acordáis que allá por los noventa, en tiempos de mandato de este presidente (el tercero de la democracia, descontando Arias Navarro, por supuesto), se sacó de la manga el contrato en prácticas. Con ese contrato, la gente trabajaba ocho horas al día por una media de 45000 pesetas al mes. En teoría, ese contrato servía para facilitar la entrada al mercado laboral de los jóvenes.
Por fortuna, terminó por derogarse tamaña porquería. Más que nada, porque era una mierda incomible. Pese a eso, Javier Solana, ministro de entonces y ahora gran euro sinvergüenza, lo defiende todavía hoy en una entrevista reciente que le hicieron y que tuve oportunidad de leer.
Lo que no se derogó fue la ley que autorizaba las empresas de trabajo temporal, hecha también en aquella época de gobierno de los mal llamados socialistas, y que aún hoy estamos padeciendo.
En definitiva: cuando llegaron los populares al poder, ya tenían todo el trabajo sucio hecho.
Estaba yo con estas reflexiones en mi trabajo, porque en el Departamento en el que estoy, mucho de la labor que hay se hace por medio de las prácticas de los becarios. Concretamente, las becarias que aquí están lo hacen para completar el programa de un módulo. No cobran nada y trabajan como el que más. Lo hacen muy bien, por cierto. Hay algunas que son muy listas y hasta se permiten el corregirte. Yo, humildemente, acepto la corrección.
Hace tiempo os hablé de un amigo informático que trabajaba en una multinacional. Mi amigo ha triunfado en su oficio, pues ha llegado a dirigir una sección. Por desgracia, tiene como rémora que no domina la lengua de Shakespeare. Pues bien, sólo ha tenido que ponerse en contacto con el departamento de Recursos Humanos y desde allí le han facilitado un becario, licenciado en gestión y administración de empresas, que no sólo sabe inglés, sino también alemán. Mi amigo le tiene para negociar con otras filiales de la firma. Todo, por trescientos euros al mes, cuarenta horas a la semana. Joder, obrero más rentable que ése, ni los ciudadanos de algunos innombrables países asiáticos que consienten el trabajo inhumano para nefastas multinacionales foráneas.
Si tenéis una empresa, pero os da miedo la informática, tocando las teclas adecuadas podéis llegar a tener a todo un programador júnior por menos de 400 euros mensuales. Os pondrá la empresa en orden y funcionando en menos de ocho meses. Conozco empresas que cada año renuevan su plantilla de becarios ¿Para qué tener uno viejo, resabiado y conocedor del percal, pudiendo tener un joven e inocente, con esperanzas de un futuro que jamás se hará realidad en esas empresas?
El truco llevan años haciéndolo, por ejemplo, en las redacciones de los periódicos, da igual la ideología. Tú eres un joven idealista, licenciado en periodismo, que ha hecho la carrera no sin un punto de romanticismo, y te encuentras en una redacción, de la cual no sabes a qué hora vas a salir, haciendo el trabajo de un jefe con mucha menos formación que tú, que a lo mejor no es ni licenciado en periodismo y que encima consiente que te paguen trescientos euros, de los cuales, tienes que deducir los gastos de desplazamiento hasta la empresa y por supuesto, la comida, pues no tienes derecho ni a los vales de restaurante que dan a tu jefe y eso que gana 6000 euros al mes.
Dáte con un canto en los dientes: has tenido suerte ya que tienes nómina, porque podría haber sucedido que estuvieras haciendo un infame master de periodismo por el que has pagado más de seis mil euros y cuyas prácticas son obligatorias. Eso sí, a lo mejor te quedas en la empresa donde las haces. Que se lo pregunten a los que están trabajando en la pollería después de hacer ese mismo máster que estás haciendo tú.
En definitiva, estás pagando por trabajar. Bueno, mejor dicho: estás pagando por que "a lo mejor" más adelante, te contratan; sí, en la pollería.
Es el clásico truco de la zanahoria atada a un palo para que el burro ande, sólo que hecho con humanos.
¿Sabéis lo que yo creo? Que, al final, lo que se persigue es que en realidad todos seamos becarios y por eso cogen a las generaciones más jóvenes para que empiecen a acostumbrarse.
Es que la educación y la formación es muy importante y debe estar al alcance de todos. Debe ser barata, que hay que reducir costes...
... de los explotadores
sábado, octubre 28, 2006
Bueno, sábado sabadete.
Después de mis horas de limpieza primero y de estudio después, me dispongo salir con mi chiquilla a una noche de teatro. Bien.
No solemos ir tanto como nos gustaría; siempre vamos más en esta época, en otoño, que es buen tiempo para meterse en tragedias y comedias, cuando fuera del teatro hace frío y dentro recibes el calor de las emociones representadas por los actores.
Debería ver más teatro clásico, por la cosa de la oposición, pero he decidido con alma de pequeñoburgés meterme en una comedia y distraerme, que mis pesares son muchos y quiero a la vez premiar a mi chica con una salida especial por escuchar mis lamentos.
¡Qué día le di ayer! tenía de esos días en los cuales me acosan los fantasmas de mi cerebro y lo pagué con la compañera de mis días. Qué malo es dejar que los pensamientos negativos hagan un pim-pam-pum en las paredes de tu cerebro como si fueran pelotas de squash. Tú no haces más que devolverlos contra la pared y una y otra vez tienes que golpearlos de nuevo, porque vuelven y vuelven.
lo bueno que tiene el sueño es que no sólo te recarga las energías, sino que a veces te devuelve a las mañanas con un optimismo que sustituye a la negrura con la que te acostaste. Eso es lo que me ha pasado hoy.
Estoy optimista porque tengo trabajo (aunque sea temporal) y porque tengo esos días en que pienso en que todo va a salir bien y me voy a sacar las oposiciones.
Después de mis horas de limpieza primero y de estudio después, me dispongo salir con mi chiquilla a una noche de teatro. Bien.
No solemos ir tanto como nos gustaría; siempre vamos más en esta época, en otoño, que es buen tiempo para meterse en tragedias y comedias, cuando fuera del teatro hace frío y dentro recibes el calor de las emociones representadas por los actores.
Debería ver más teatro clásico, por la cosa de la oposición, pero he decidido con alma de pequeñoburgés meterme en una comedia y distraerme, que mis pesares son muchos y quiero a la vez premiar a mi chica con una salida especial por escuchar mis lamentos.
¡Qué día le di ayer! tenía de esos días en los cuales me acosan los fantasmas de mi cerebro y lo pagué con la compañera de mis días. Qué malo es dejar que los pensamientos negativos hagan un pim-pam-pum en las paredes de tu cerebro como si fueran pelotas de squash. Tú no haces más que devolverlos contra la pared y una y otra vez tienes que golpearlos de nuevo, porque vuelven y vuelven.
lo bueno que tiene el sueño es que no sólo te recarga las energías, sino que a veces te devuelve a las mañanas con un optimismo que sustituye a la negrura con la que te acostaste. Eso es lo que me ha pasado hoy.
Estoy optimista porque tengo trabajo (aunque sea temporal) y porque tengo esos días en que pienso en que todo va a salir bien y me voy a sacar las oposiciones.
Os hablé hace unos pocos días de una oposición que hicimos mi familia y yo.
Pues bien; no aprobamos ninguno. Enhorabuena a los sesenta que sí lo hicieron. Bueno, a la parte de ellos que sí lo hicieron en buena ley.
Nos enteramos que el examen estaba amañado: no contentos con obligarnos a hacerlo a lápiz, sin darnos copia del mismo ni publicar las respuestas, encima, nos hemos enterado de que hubieron copias circulantes de ese mismo examen antes de que éste se produjera. Una vergüenza.
Hay gente que ha denunciado. No descarto que yo mismo lo haga. Ya se repitió una vez porque el tribunal alegó "defectos de forma" y sí, se repitió. Pero esta vez creo que no porque la iniciativa de la impugnación no viene a través del propio trribunal, sino de personas que hicieron el examen. En esa casa han hecho siempre lo que les ha dado la gana y todo tiene indicios de que va a seguir siendo así.
Si hay alguien leyendo esto que participó en el examen y quiere colabrar en el proceso de denuncia, que deje su correo electrónico para poder ponerme en contacto con él.
Pues bien; no aprobamos ninguno. Enhorabuena a los sesenta que sí lo hicieron. Bueno, a la parte de ellos que sí lo hicieron en buena ley.
Nos enteramos que el examen estaba amañado: no contentos con obligarnos a hacerlo a lápiz, sin darnos copia del mismo ni publicar las respuestas, encima, nos hemos enterado de que hubieron copias circulantes de ese mismo examen antes de que éste se produjera. Una vergüenza.
Hay gente que ha denunciado. No descarto que yo mismo lo haga. Ya se repitió una vez porque el tribunal alegó "defectos de forma" y sí, se repitió. Pero esta vez creo que no porque la iniciativa de la impugnación no viene a través del propio trribunal, sino de personas que hicieron el examen. En esa casa han hecho siempre lo que les ha dado la gana y todo tiene indicios de que va a seguir siendo así.
Si hay alguien leyendo esto que participó en el examen y quiere colabrar en el proceso de denuncia, que deje su correo electrónico para poder ponerme en contacto con él.
jueves, octubre 26, 2006
No voy a soltar el tópico de que vivimos tiempos difíciles ¡Ups! ya lo he soltado. Si has leído un libro de autoayuda, la cosa se vuelve más difícil todavía.
Es duro afrontar el hecho de que resulta que tu situación actual es consecuencia de que has llevado una conducta equivocada toda la vida: los próceres de la ética y de la moral te han dicho que no hiceras esto o lo otro, los sacerdotes de la autayuda te han dicho queno pienses esto o lo otro: vamos, que para ambos grupos de adelantados no eres más que un criajo al que le tienen que enmendar la plana, aunque tengas 46 años.
Normalmente solemos recurrir a los libros de autoayuda cuando tenemos una situación difícil. Si leemos entre líneas, la mayoría suele decir que la culpa es tuya. Un ejemplo: supongamos que te ha dejado tu chico, que se ha ido con otra. Tú lees el libro de autoayuda y con su sugestiva prosa te ha hecho pensar que la culpa ha sido tuya por no haber sabido darle lo que él buscaba y si es el caso contrario, lo mismo. Vamos, que muy finamente te dicen que la culpa la tienes tú.
Si os fijáis, la mayoría de tratados de autoayuda suelen venir firmados por un yanqui. Todos sabemos que los norteamericanos son muy dados a culpabilizar al individuo de sus fracasos; si, por ejemplo, te echan de la empresa, la culpa la tienes tú, bien por no ser el tío más competente de la galaxia o bien por no haber montado tu propia empresa para dejar de depender de otros, (Córcholis, que ya no eres un crío) Predican que somos los responsables de nuestro mal fario: las víctimas no inocentes.
Un becario de periodismo es culpable de que le paguen 400 eur0s. Un albañil muerto en un andamio es culpable de que su empresa no tenga las suficientes medidas de seguridad. Una mujer aporreada es culpable d las palizas que le da su marido.
Yo soy culpable del calvario de paro y precariedad que estoy atravesando: ¿a quién se le ocurre estudiar una carrera de humanidades?¿Eso para qué sirve? No he estudiado lo adecuado, debería haber estudiado, por ejemplo, Economía, esa sí que es una buena carrera ¿No es fabuloso lo que hacen algunos economistas? Me refiero a eso de pronosticar algo, equivocarse, y después que les paguen por hacer el análisis del por qué se han equivocado. Es genial, sacar dinero del error. Eso sí que es magia.
Son esos mismos que han decidido para que mi país sea más rico, la gente de mi clase tiene que tener más precariedad y más paro. Genial paradoja, y no las de los clásicos. Muchos que piensan así sientan cátedra en la universidad y van a conferencias donde propalan sus siniestras sandeces a modo de peste. Desde luego, son parte responsable de la miseria del mundo.
El sistema al que contribuyen con su mal llamada sapiencia es centrífugo: expulsa a los individuos fuera de él. Como las oposiciones: es una forma clarísima de rechazo de los individuos, la metáfora perfecta de darwinismo social: el mejor adaptado es el que gana .Pero sabemos que aprobando unas oposiciones no garantizará que seas buen médico, buen juez, buen administrativo, ni buen nada. No son garantía de que seas buena persona. Quizá lo único que prueben es que tienes buena memoria y que no andas mal de entendederas.
Si llego a ser profesor, seré tan buen o mal profesor como lo pueda ser ahora sin las horas de estudio que me faltan. No os creáis que porque llegue a saber el temario de memoria seré mejor profesional, ni mucho menos.
¿sabéis cómo me siento? Como si volviera a ser el espermatozoide que fui en busca de un Óvulo. Si ya triunfé una vez, ¿por qué no puedo dormirme en los laureles?
Bromas aparte, si estáis mal, no busquéis consuelo en los libros de autoayuda. No sirven. Son como el prozak: te dan evasión, pero no resuelven el problema.
En fin. Me gustaría mucho poder ayudaros. Con hechos, no con palabras. De momento sólo puedo desearos que todo os vaya lo mejor posible, que seáis felices.
Vamos, lo mismo que quiero para mi.
Es duro afrontar el hecho de que resulta que tu situación actual es consecuencia de que has llevado una conducta equivocada toda la vida: los próceres de la ética y de la moral te han dicho que no hiceras esto o lo otro, los sacerdotes de la autayuda te han dicho queno pienses esto o lo otro: vamos, que para ambos grupos de adelantados no eres más que un criajo al que le tienen que enmendar la plana, aunque tengas 46 años.
Normalmente solemos recurrir a los libros de autoayuda cuando tenemos una situación difícil. Si leemos entre líneas, la mayoría suele decir que la culpa es tuya. Un ejemplo: supongamos que te ha dejado tu chico, que se ha ido con otra. Tú lees el libro de autoayuda y con su sugestiva prosa te ha hecho pensar que la culpa ha sido tuya por no haber sabido darle lo que él buscaba y si es el caso contrario, lo mismo. Vamos, que muy finamente te dicen que la culpa la tienes tú.
Si os fijáis, la mayoría de tratados de autoayuda suelen venir firmados por un yanqui. Todos sabemos que los norteamericanos son muy dados a culpabilizar al individuo de sus fracasos; si, por ejemplo, te echan de la empresa, la culpa la tienes tú, bien por no ser el tío más competente de la galaxia o bien por no haber montado tu propia empresa para dejar de depender de otros, (Córcholis, que ya no eres un crío) Predican que somos los responsables de nuestro mal fario: las víctimas no inocentes.
Un becario de periodismo es culpable de que le paguen 400 eur0s. Un albañil muerto en un andamio es culpable de que su empresa no tenga las suficientes medidas de seguridad. Una mujer aporreada es culpable d las palizas que le da su marido.
Yo soy culpable del calvario de paro y precariedad que estoy atravesando: ¿a quién se le ocurre estudiar una carrera de humanidades?¿Eso para qué sirve? No he estudiado lo adecuado, debería haber estudiado, por ejemplo, Economía, esa sí que es una buena carrera ¿No es fabuloso lo que hacen algunos economistas? Me refiero a eso de pronosticar algo, equivocarse, y después que les paguen por hacer el análisis del por qué se han equivocado. Es genial, sacar dinero del error. Eso sí que es magia.
Son esos mismos que han decidido para que mi país sea más rico, la gente de mi clase tiene que tener más precariedad y más paro. Genial paradoja, y no las de los clásicos. Muchos que piensan así sientan cátedra en la universidad y van a conferencias donde propalan sus siniestras sandeces a modo de peste. Desde luego, son parte responsable de la miseria del mundo.
El sistema al que contribuyen con su mal llamada sapiencia es centrífugo: expulsa a los individuos fuera de él. Como las oposiciones: es una forma clarísima de rechazo de los individuos, la metáfora perfecta de darwinismo social: el mejor adaptado es el que gana .Pero sabemos que aprobando unas oposiciones no garantizará que seas buen médico, buen juez, buen administrativo, ni buen nada. No son garantía de que seas buena persona. Quizá lo único que prueben es que tienes buena memoria y que no andas mal de entendederas.
Si llego a ser profesor, seré tan buen o mal profesor como lo pueda ser ahora sin las horas de estudio que me faltan. No os creáis que porque llegue a saber el temario de memoria seré mejor profesional, ni mucho menos.
¿sabéis cómo me siento? Como si volviera a ser el espermatozoide que fui en busca de un Óvulo. Si ya triunfé una vez, ¿por qué no puedo dormirme en los laureles?
Bromas aparte, si estáis mal, no busquéis consuelo en los libros de autoayuda. No sirven. Son como el prozak: te dan evasión, pero no resuelven el problema.
En fin. Me gustaría mucho poder ayudaros. Con hechos, no con palabras. De momento sólo puedo desearos que todo os vaya lo mejor posible, que seáis felices.
Vamos, lo mismo que quiero para mi.
miércoles, octubre 25, 2006
Hoy ha sido mi primer día de trabajo desde hace mucho tiempo y bueno, se me había olvidado lo que era eso.
¡Qué mala es la sensación del novato! Había estado antes trabajando allí pero en otro lugar distinto y ahora tengo que aprender cosas nuevas; parece mentira que se eche de menos la monotonía del trabajo que he hecho mil veces.
Cuando estaba de interino, tuve la sensación de novato el primer mes y parte del segundo. Cuando pasó un tiempo, me encantaba entrar en el despacho y saber exactamente qué labores tenía que hacer en toda una jornada.
Ahora, como no sabes lo que se cuece, mendigas con la mirada una tarea que te tenga distraído, a ser posible hasta la hora de la salida. Te sientes incómodo cruzado de brazos. Más que nada, por ser temporal y porque dependes de la opinión de otros de cara a una futura renovación.
Esto es una auténtica falta de libertad, puesto que te impide decir lo que opinas o lo que sientes, y debes moverte en la hipócrita diplomacia que es un entorno laboral. Yo creo que el gran éxito del Dr. Hause es precisamente que dice todo lo que piensa, cosa que los demás nos movemos en una neblina de tabúes y engaños que nos hace ser menos nosotros.
Hace poco, echaron un episodio en el que un paciente se refería la doctor Hause en estos términos:
"Debe ser un genio, porque si fuera idiota, ya estaría en el paro" La frasecita no me sentó muy bien, porque es como decir que todos los parados están en dicha condición por idiotas.
Hay otro dicho que dice que a los genios y a los idiotas todo se lo consiente.
Bueno, genio no seré, pero por lo menos idiota no lo soy porque son muchas las cosas que no se me consienten.
Como poder cagarme en la madre de alguien cuando veo o me hacen una felonía en el curro.
Maldita sociedad de los eufemismos y de las apariencias.
¡Qué mala es la sensación del novato! Había estado antes trabajando allí pero en otro lugar distinto y ahora tengo que aprender cosas nuevas; parece mentira que se eche de menos la monotonía del trabajo que he hecho mil veces.
Cuando estaba de interino, tuve la sensación de novato el primer mes y parte del segundo. Cuando pasó un tiempo, me encantaba entrar en el despacho y saber exactamente qué labores tenía que hacer en toda una jornada.
Ahora, como no sabes lo que se cuece, mendigas con la mirada una tarea que te tenga distraído, a ser posible hasta la hora de la salida. Te sientes incómodo cruzado de brazos. Más que nada, por ser temporal y porque dependes de la opinión de otros de cara a una futura renovación.
Esto es una auténtica falta de libertad, puesto que te impide decir lo que opinas o lo que sientes, y debes moverte en la hipócrita diplomacia que es un entorno laboral. Yo creo que el gran éxito del Dr. Hause es precisamente que dice todo lo que piensa, cosa que los demás nos movemos en una neblina de tabúes y engaños que nos hace ser menos nosotros.
Hace poco, echaron un episodio en el que un paciente se refería la doctor Hause en estos términos:
"Debe ser un genio, porque si fuera idiota, ya estaría en el paro" La frasecita no me sentó muy bien, porque es como decir que todos los parados están en dicha condición por idiotas.
Hay otro dicho que dice que a los genios y a los idiotas todo se lo consiente.
Bueno, genio no seré, pero por lo menos idiota no lo soy porque son muchas las cosas que no se me consienten.
Como poder cagarme en la madre de alguien cuando veo o me hacen una felonía en el curro.
Maldita sociedad de los eufemismos y de las apariencias.
martes, octubre 24, 2006
Mañana vuelvo a ser auxiliar admninistrativo. No en la universidad donde estaba de interino, pero algo es algo: cubro una baja por un permiso sin sueldo. En muchos de los trabajos empiezas así: supliendo a otros trabajadores mientras están de vacaciones, los permisos por maternidad... si les gustas y hay bajas por cubrir, cada vez cuentan más contigo, hasta que consigues un contrato de más duración. Desde este verano, es la tercera vez que me llaman. Lo malo es que desde julio sólo he trabajado un mes y quince días. Menos mal que el resto del tiempo he tenido la prestación por desempleo.
Si habéis leído las entradas anterores , sabéis que no he perdido el tiempo: he estudiado mucho, aunque para las oposiciones nunca es bastante el tiempo que estás delante de los libros. También he mandado currículos, pero con poco éxito. Estoy empezando a maliciar que para las empresas un treintañero buscando trabajo es un bulto sospechoso y ni siquieran me han llamado para hacer una entrevista. Calculo que llevo echados más de ciento cincuenta currículos.
Estoy apuntado también a varios programas de búsqueda de empleo, entre ellos, el de mi ayuntamiento, en el cual me han dejado clarinete que se me buscará empleo en el sector privado y que me olvide de que el programa sea una plataforma para conseguir trabajo en el sector público.
Dejaré para más adelante las ETT. Tengo por norma sólo usarlas para las ocasiones desesperadas, es decir, cuando no he encontrado nada y quedan pocos meses para que se me acabe el paro. Para que te contraten por días y con las pagas extras prorrateadas en la mensualidad siempre hay tiempo (Creo que eso de lo de prorrateado viene de lo ratas que son).
Por último, queda la posibilidad de coger nuestros ahorros y montar una empresa. Esta opción me es especialmente atractiva. Lo malo es que no sé ni por dónde empezar. Esta es una posibilidad para realizar en un futuro, a largo plazo, en caso de que fracase en mi gran intento de aprobar las oposiciones de profesor.
Os confieso que es la primera vez que me preparo en serio una oposición. Las otras veces me presenté por presentarme y me salió bien (tres años de interino como auxiliar administrativo no está mal, aunque hay a otros que les ha salido todavía mejor).
Esta vez quiero que sea la definitiva.
Hoy me he levantado optimista: como puso el gran Muñoz Seca en su genial obra "la venganza de Don Mendo":
-No hay barreras y si las hay, me las salto.
¡Qué buen lema para un escudo de armas de un caballero!
Si habéis leído las entradas anterores , sabéis que no he perdido el tiempo: he estudiado mucho, aunque para las oposiciones nunca es bastante el tiempo que estás delante de los libros. También he mandado currículos, pero con poco éxito. Estoy empezando a maliciar que para las empresas un treintañero buscando trabajo es un bulto sospechoso y ni siquieran me han llamado para hacer una entrevista. Calculo que llevo echados más de ciento cincuenta currículos.
Estoy apuntado también a varios programas de búsqueda de empleo, entre ellos, el de mi ayuntamiento, en el cual me han dejado clarinete que se me buscará empleo en el sector privado y que me olvide de que el programa sea una plataforma para conseguir trabajo en el sector público.
Dejaré para más adelante las ETT. Tengo por norma sólo usarlas para las ocasiones desesperadas, es decir, cuando no he encontrado nada y quedan pocos meses para que se me acabe el paro. Para que te contraten por días y con las pagas extras prorrateadas en la mensualidad siempre hay tiempo (Creo que eso de lo de prorrateado viene de lo ratas que son).
Por último, queda la posibilidad de coger nuestros ahorros y montar una empresa. Esta opción me es especialmente atractiva. Lo malo es que no sé ni por dónde empezar. Esta es una posibilidad para realizar en un futuro, a largo plazo, en caso de que fracase en mi gran intento de aprobar las oposiciones de profesor.
Os confieso que es la primera vez que me preparo en serio una oposición. Las otras veces me presenté por presentarme y me salió bien (tres años de interino como auxiliar administrativo no está mal, aunque hay a otros que les ha salido todavía mejor).
Esta vez quiero que sea la definitiva.
Hoy me he levantado optimista: como puso el gran Muñoz Seca en su genial obra "la venganza de Don Mendo":
-No hay barreras y si las hay, me las salto.
¡Qué buen lema para un escudo de armas de un caballero!
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