miércoles, febrero 14, 2007


Esto era un hombre que decía ser poeta, sólo que tenía todos sus poemas en la cabeza y ninguno puesto en un papel. Viajaba en tren, se cruzaba con una linda muchacha y ya tenía una neurona de su cerebro dispuesta a lanzar un poema. Pero cuando agarraba el bolígrafo nunca sabía poner en el papel el poema que la mujer le hacía hecho sentir. Se iba de juerga con sus amigos y después de una noche memorable, no le salían las palabras para describirla. Nuestro hombre era un poeta que no era poeta.
Cada vez que escribía, sus frases salían desobedeciendo todas las reglas de sintaxis y acaso de ortografía. Cada vez que intentaba de hacer un soneto o una lira siempre acababa rimando con los verbos en participio de pasado o haciendo el final de verso con palabras que siempre rimaran con camión. Al final, desistía en el empeño de hacer un poema.
Él sabía que la vida de un creador no era fácil; todo estaba en el disco duro de su cráneo, pero el problema era sacarlo. Él no sólo tenía en su cabeza poemas, tenía obras de teatro inconmensurables, novelas brillantísimas, relatos geniales y hasta excelentes películas. Pero no tenía ni idea de cómo proceder para sacar todo este material a la luz, bien escondido en sus neuronas. Él era novelista, ensayista, de todo, tenía grandes obras completas en su cabeza.
Admiraba a un filósofo por encima de los demás: a Sócrates. Lo admiraba sobre todo, porque había logrado pasar a la posteridad sin que viéramos una coma puesta por él. Casi todo su pensamiento viene de lo que han dicho los demás. Le parecía maravilloso. Sócrates era de los pocos hombres que se había liberado de la dictadura del negro sobre blanco. Miles de veces, nuestro poeta se puso en su escritorio un folio en blanco, y miles de veces, sus garabatos acabaron en la basura. Es una pena , se decía a sí mismo, ser escritor y no saber escribir.
No obstante, él se dedicaba a vivir como un auténtico escritor. Participaba en tertulias, acudía a seminarios y ponencias, con el tiempo se ganó un auténtico respeto. Muchas veces, la gente pensaba que era él y no otro el poeta que iba a leer unos poemas de creación propia o a dar la conferencia de turno. Su atuendo era más de poeta que el de los propios poetas. Los poetas que yo conozco visten zapatillas, tejanos, camisetas de manga larga (vamos, uno de los uniformes que lleva todo el mundo) Él, sin embargo, vestía como debe vestir un poeta: esa chaqueta de pana marrón con coderas, ese jersey de cuello alto, esos pantalones beige, esa bufanda de cuadros. Era el poeta perfecto vestido por el Corte Inglés. Para hacer más creíble si cabe el atuendo, acompañaba el conjunto una pipa casi siempre apagada y gafas de pasta.
Pero elhombre seguía sin escribir. Muchas veces, sus compañeros de tertulia le decían: "Venga hombre, ¿cuándo nos vas a traer unos poemas tuyos?" a lo que él, invariablemente, repondía: "yo entiendo mi obra como un poema total y todavía no he puesto colofón a ese poema con el que estoy trabajando. Cuando de el final, seréis los primeros en ver mi obra" El problema es que el poema no tenía ni colofón ni apertura ni nada.
Más de una vez estuvo tentado de presentar "el gran poema blanco sobre fondo blanco", pero no lo hizo porque el truco estaba muy visto y se le iba a ver el plumero.
Pasaron los años, y cada vez se hizo más refinado para eludir la curiosidad que despertaba su inexistente obra en el círculo literario en el que se movía, necesitó leer cada vez más para desorientar a sus contertulios en un laberinto de erudición. Leyó muchos libros, no sólo a los clásicos y modernos , sino también a sus exégetas. Poco a poco se fue haciendo una voz autorizada. Y de tanto leer buena literatura, el miedo por escribir y no hacerlo bien fue todavía a más.
A día de hoy, sigue siendo el escritor menos fecundo del mundo. El verdadero escritor frustrado. Si queréis saber de él, preguntad al profesor que no enseña, la médico que no cura, al albañil que no construye o al filósofo que jamás tuvo una explicación del mundo propia.

martes, febrero 13, 2007

Había una mujer que era muy optimista, pero escribía unos poemas tan terribles que todos aquellos que los leían entraban en una melancolía muy profunda. Empezó a escribir con quince años, y tenía una amiga a la que quería más que a nadie en este mundo. la quería tanto que le dedicó uno de sus primeros poemas en una tarjeta de felicitación que escribió con motivo del cumpleaños de ésta:
"Esos hierros que ahora son cadenas
que tienen a tus dientes cautivos
se conviertan en mariposas que podrás guardar
entre los pliegues de grasa que rodean
tu ombligo"
Su amiga, al leer esto, comenzó a ponerse roja y a continuación, un torrente de lágrimas empezaron a caer corriente abajo hasta llegar al canal de sus pechos, que ya por entonces empezaban a presentar un volumen considerable. La gran amistad se perdió para siempre. Ahora son, simplemente, conocidas que intercambian un hola y adiós en el super. Un día, se encontraron en la cola de la pescadería, y obligadas por las circunstancias, conversaron:
-¿Cómo te va?
-Bueno, ya por fin termino la tesis
-se te ve bien
- a ti también. Lo bueno que tenéis las gorditas es que no os salen arrugas. Dicen que es por la grasa de la piel.
¿por qué, de entre las miles de cosas que la podía decir, le salieron justamente esas palabras?
Ella pensaba que las viejas rencillas habían pasado. Pero vio cómo, otra vez, la que fuera su amiga se le ponía la cara roja.
Pero estamos adelantando acontecimientos: con dieciocho años tuvo su primer novio, al que conoció porque éste repitió el último curso de bachillerato. Muchas tardes de aquel año estuvieron yendo a un parque donde pasear su amor. Cuando volvían a sus respectivas casas, ella volvía a sus estudios y él a su videoconsola. De resultas de
de ambas conductas, ella al final de curso sacó varios sobresalientes y notables y a él le quedaron tres, una menos que el año anterior. Antes de ir a la fiesta de fin de curso, quedaron como siempre en el parque. Ella, quería hacer el momento más especial si cabe, regalándole el libro de "Veinte poemas de amor y una canción desesperada" con la siguiente dedicatoria.
"Cariño, te regalo este libro,
que tal vez no entiendas
(no te preocupes, que yo te explicaré lo que haga falta)
aunque tengas inteligencia media-baja,
yo te quiero.
Todos somos seres limitados
¿Por eso estar contigo va a ser malo?
El chico tiró el libro y la dejó sola en el banco. Ella no sabía qué pasaba. Pero intuía que ese día marcaba el fin de sus días de instituto y de adolescencia.
La última vez que vio a su ex-novio fue en esa misma noche, en el hospital. Ingresó por coma etílico.
Ella no sabía por qué la gente reaccionaba tan mal. Su padre siempre le había dicho que debíamos tratar a los demás como nos gustaría que nos trataran a nosotros, y ella siempre había procurado portarse bien con los demás. Pero siempre las personas a las que quería terminaban por abandonarla. No sabía por qué. A su ex amiga le había prestado libros, le había dejado dormir en su casa. A su ex-novio le había ayudado en los estudios, con poco éxito. Esa misma noche, se quedó hasta que por fin despertó del coma. Si siempre se había portado bien, ¿por qué la abandonaban?
En la universidad, formó parte de un grupo de amigos que en primero de carrera se llevaban muy bien. Siempre estaban en la cafetería juntos y los fines de semana quedaban para salir. Hasta que llegó un día, que en el grupo empezó a haber mal ambiente, empezaron a llevarse mal entre ellos. Había dos facciones irreconciliables, y ella estaba en medio de las dos. Acabaron por dividirse. Ella no entendía por qué. Hasta que un día, una de las que fueron sus mejores amigas de universidad, le espetó:
- No te enfades por lo que te voy a decir, pero parte del mal rollo es debido a que tú te has ido de la lengua.
-¿queeee? ¡Pero si a mi me ha pillado en medio siempre dentro de vuestras discusiones!
- Ya, pero no sé cómo te lo montas, pero siempre te las arreglabas para sacar en todas las conversaciones los temas más escabrosos. pensábamos que lo hacías a posta,
pero luego nos dimos cuenta que lo haces sin mala intención, pero eso sí, alguna de las cosas que dijiste cayeron como una bomba.
-Pero qué me dices, tía. Si yo nunca pretendí hacer daño a nadie.
-Si no lo dudo. Pero no sé como te las arreglas para crear situaciones embarazosas.
Después de eso, apenas hablaba con la gente. Se volvió una gris sombra. No hablaba por no meter la pata. Su problema, su enorme problema, es que le habían hecho incapaz para la mentira. Se acordaba frecuentemente de aquel cuento del niño que fue el único que vio al rey desnudo, y ella lamentó haber sido tantas veces ese niño. Se acordaba también de ese dicho que decía que la verdad siempre resplandece al final, cuando se ha ido todo el mundo. Por eso ella se encontraba tan sola. Se había ido todo el mundo. Para paliar su soledad, escribía poemas sobre todo, pero todo a sus ojos, era gris y ruinoso.
Cuando estaba en quinto de carrera, decidió presentar un poema largo para el certamen
que organizaba la universidad. Lo ganó. En el breve discurso que dijo el organizador del certamen, el catedrático de literatura renacentista, le dedicó las siguientes palabras:
...Una de las razones por la que hemos dado el premio a esta joven poetisa es porque el jurado hacía tiempo que no nos encontrábamos con un uso más acertado de la sátira u de la ironía. El triste juego de imágenes y máscaras, que parecen reales, no lo son. Son deformidades de lo real, juegos, que nos propone la poetisa y que el lector inteligente debe de aceptar de buen grado. Debemos mirarlos con la alegría de que en el fondo, no todo está perdido.
¿Pero qué dice este hombre?-Pensó ella- Yo no deformo nada. Yo cuento lo que veo. Yo no soy irónica ni satírica. Yo no hago nada de lo que él dice que hago. Se supone que es uno de lo mejores críticos literarios de este país. Qué está diciendo. Yo no hago nada de eso.
Cuando subió al estrado a recoger el premio, se limitó a decir gracias, dejando a todo el mundo sorprendido por el gran laconismo con el que recibió el premio.
Estuvo varios años más en la universidad preparando la tesis titulada "la apariencia y la mentira en el teatro del siglo de Oro" y no fue más que una sombra que iba y venía en los pasillos del Departamento.
La verdad tiene que caer en suelo fértil, dice otro aforismo y esta sociedad es un verdadero secarral, yerma de sinceridad. Cuando terminó la tesis, decidió coger una beca e irse a Japón, donde, por el desconocimiento del idioma, no tendría que preocuparse por abrir la boca y decir una inconveniencia. Por lo menos, hasta que aprendiera el idioma, si es que le daba tiempo a aprenderlo en el año que le duraba la beca.
Hace ya algún tiempo que la verdad huyó de este país. No importaría nada que su majestad el Rey diera el próximo discurso de navidad desnudo.
Sospecho que nadie se iba a dar cuenta.

lunes, febrero 12, 2007

Al final he decidido que voy a hacer caso a aquéllos que dicen que la cultura también consiste en no leer ciertas cosas. El hijo neoliberal del gran neoliberal Mario Vargas Llosa ha sacado otra vez junto con otros autores el libro del Manual del perfecto idiota iberoamericano, en el que arremeten, cómo no, contra la gente que no cree que haya que privatizarlo todo, contra los que creen que los gobiernos de Washington han hecho mucho mal en Latinoamérica. Arremeten, en definitiva, contra la gente de izquierdas. Si queréis más datos, podéis leer el artículo en el País donde papá Vargas hace publicidad del libro de su hijito. Corred, corred amantes del capitalismo norteamericano, a las librerías a comprarlo. Yo me quedaré leyendo a Saramago, que tiene más categoría que esta caterva de sinvergüenzas.
Claro que, como buena gente de derechas que son, olvidan muchas cosas: el daño que han hecho las privatizaciones de los servicios públicos y gratuitos, la rapiña de las grandes multinacionales, las sangrientas dictaduras corruptas de derechas, de que en Estados Unidos, el país más rico del mundo, tiene en sus pueblos y ciudades a cincuenta millones de pobres... se olvidan de todo y llaman idiota a los pocos disidentes del pensamiento único.
Y caen en los errores de siempre: hablan de lo bien que va Chile ( no dicen, sin embargo, lo mal que están las clases populares y que en Chile sólo tienen educación y sanidad los que se las pueden pagar) y por supuesto, obvian la debacle Argentina (¿hay un gobierno que haya practicado con mayor alegría el neoliberalismo que el de Carlos Menem?) Vamos, que son predecibles como sólo pueden ser los derechuzos: sabes siempre por dónde te van a salir.
Claro que, presienten que la engañifa les va a durar poco: el Gran neoliberal Vargas Llosa dice a propósito del libro de su hijo que ve que se está "idiotizando la gente poco a poco" es decir, que en Latinoamérica asoma ya un movimiento de izquierdas verdaderamente serio. También lo ve en EEUU y en Europa. Señor Vargas Llosa ¿No será que la gente ya está despertando y no se cree ya esta gran estafa?
Por supuesto, vuelven otra vez a los mismo tópicos de siempre, por ejemplo, el tópico de poner a caldo a Hugo Chávez (¿Qué tendrá este señor, que hace que los dentistas obtengan pingües beneficios? Porque cada vez que oyen su nombre, a la pudiente gente de derechas, con la dentera, se le estropea el esmalte de los dientes) Sólo con ver cómo le ataca la derechona, dan ganas a irse a vivir a Venezuela.
En fin, un libro al servicio del neoliberalismo, de propaganda y que no hace más que imitar la sátira y la ironía que casi siempre golpean por la izquierda.
Señores Mario Vargas Llosa e hijo: son ustedes unos intelectuales incompetentes y no han hecho nada por mejorar este mundo. Tal vez usted, Mario, con sus millones, con sus citas con Margaret Thatcher, sus conferencias y el lujo piense que el mundo está bien hecho, que dijera el poeta. Vale. Su mundo está bien hecho, Pero deje en paz al de los demás que yo no tengo tanto dinero como usted para curarme un cáncer, por ejemplo.
En fin, cosas de idiotas neoliberales.

domingo, febrero 11, 2007

Lo siento de verdad. Me cuesta admitirlo. Es muy difícil para mí deciros esto:
Practico la autocensura.
Hay cosas de mi pasado de las que podría hablar pero me las callo, hay cosas que pienso pero no las digo. Podéis pensar que he sido claro y diáfano e intuís mi ideología, pero con todo, reconozco que hay cosas que me callo. No quiero causar ningún daño a los que me quieren y me leen.
A veces también podría dejar lo puesto por las teclas, pero corrijo párrafos enteros, tal vez quitando espontaneidad al fruto de mis pensamientos que son estos negros sobre blancos. Escribir no es el acto más sincero del mundo, pues escribir es seleccionar. Una novela es una sucesión de eventos seleccionados por el escritor sobre otros, un poema es dar protagonismo a una emoción callándose otras; los poemas de amor vienen desnudos de sexo; los poemas épicos nos censuran la cobardía del héroe; las novelas picarescas la gallardía del pícaro.
Cuando se escribe una autobiografía se elude los episodios más innobles. El tener una visión más agradable de uno mismo ya es autocensurar.
Se podría decir que la autocensura es mala, pero también es inevitable. El querer dar lo mejor de uno mismo es un acto de omisión y según los cristianos, por omisión también se peca. Por cierto, puedo deciros que he renegado del cristianismo, pero sabéis que mi comportamiento tiene tanta influencia de la conducta predicada por la iglesia, que se me hace muy difícil decir que he dejado de ser cristiano.
No quiero engañarme y no quiero engañaros, pero el acto de escribir es ya de por sí un engaño. Cuando la verdad se selecciona, que es lo que mayormente se hace en un blog, estás engañándote y estás engañando.
El arte es en realidad la búsqueda de mentiras: un actor miente cuando actúa, un pintor miente cuando pinta y un escritor miente cuando escribe. Sus trozos de realidad son agujeros donde podemos ver parcialmente. ¿Por qué entonces nos gustará tanto mirar por ellos?
No os voy a contar todo. No busquéis, porque no vais a encontrar. los críticos lo que hacen es engañar cuando "traducen" las obras a los demás mortales y yo os estoy engañando.
Estuve a punto de no escribir sobre la autocensura, pero no quise caer en ella.
¿Os lo creéis?

sábado, febrero 10, 2007

Antes de empezar a escribir periódicamente, cuando iba en un ascensor, cuando dejaba de escuchar a un profesor en clase, cuando estaba en la playa descansando o mirando las estrellas una tarde sin luna de verano, echaba de menos el tener una libreta donde apuntar todas las ideas que me surgieran. Pensaba que podría escribir una enciclopedia con todas las ideas distintas que se me ocurrieran.
Pero empecé una tarde de octubre a escribir y me di cuenta de que en realidad siempre pienso en las mismas cuatro cosas, todas relacionadas con la lucha por la vida y todas muy similares a las que se os ocurren a vosotros. No son tan geniales como yo pensaba y creo que ya he hablado de todo lo que me preocupa. Sería dar vueltas a lo mismo si volviera a hablar del amor, de la brutalidad caníbal del capitalismo (ahora llamado neoliberalismo), de la injusticia o de las angustias que azotan al hombre moderno, que llevan por ejemplo, a que una mujer joven y sana muera prematuramente. No sé si la hermana de la princesa murió por ingesta excesiva de barbitúricos o porque le dió un ataque al corazón ; simplemente no me parece normal que ella muriera. Simplemente.
Estoy seguro que sus angustias eran muy parecidas a las mías. Hay algo contranatura en esta sociedad en que vivimos, y creo que esa es la idea fundamental que está enquistada en mi cabeza y que expreso de mil formas diferentes. No es una idea original mía, ni por supuesto, es una idea a la que yo pueda estirar mucho en mi blog. En el ascensor, en la playa, mirando a las estrellas me venían ideas que no eran más que reflejos de una misma idea que ya alguien le puso nombre: angustia existencial.
Por supuesto, voy a seguir escribiendo. Fue Picasso el que dijo que a él la inspiración siempre le pillaba trabajando. Sé que me repetiré a algunas veces, que me pasará como a Luis Cernuda, que toda su obra parece sacada de un mismo poema troceado en mil cachos, pero no por eso voy a dejar de seguir escribiendo. Ya os dije una vez que tengo que cumplir los tres objetivos del hombre. No me será difícil lo de plantar un árbol. A ver si puedo tener un hijo. Para no morirme, puedo estar escribiendo el libro toda la vida. Dividido en cachos, como el gran poema de Cernuda.

jueves, febrero 08, 2007

Estoy ahora trabajando. Me han contratado como Auxiliar administrativo para un proceso selectivo y me estoy quedando alucinado. En primer lugar, porque me contraten a mí, temporal, para una cosa de esas características y en segundo lugar, por la de cosas que presenta la gente. No os he dicho que se trata de una oposición para especialistas con licenciatura universitaria, en el que que tienen que presentar méritos, entre los que se incluyen cursos, doctorados, publicaciones...
La gente que se presenta me está dejando alucinado. Yo necesitaría tres vidas para hacer todas las cosas que presentan algunos. Uno, por ejemplo, Llegó uno con una maleta llena de originales y sus correspondientes copias.
Su currículum en fotocopias era más extenso que el Guerra y Paz. Llegué a pensar que era mentira todo lo que estaba presentando, pero su nombre estaba en todos los papeles que presentaba. Tenía cursos de todo tipo: de ofimática, de su especialidad, de lo que está relacionado con su especialidad, de lo que no era su especialidad, de lo que asemeja raramente a su especialidad y de aquello que no es su especialidad pero le puede ser útil en el puesto al que opta. Sólo le faltaba para tener todos los cursos del mundo un certificado de macramé y la etiqueta de anís del mono. Luego encima el sujeto había hecho publicaciones y conferencias y os puedo asegurar que ni Dios en caso de existir hubiera podido estar en tantos sitios a la vez. Y en cuanto a la vida laboral, había estado en más trabajos que Hércules viviendo diecisiete vidas.
De verdad, parecía imposible que una persona sola pudiera llegar a hacer tanto.
Y si fuera ese el caso más extremo... pero es que como él, había muchos. Mujeres y hombres que parece que no han hecho otra cosa en la vida que trabajar e ir a cursos de todo tipo ¡Es que han debido aprovechar la pausa del café para hacerse un curso de Office! De verdad, la gente que se presenta es tremenda.
Claro que es que ahora es el tiempo del reciclaje continuo y las vidas laborales largas. Antes, una persona tenía dos o tres cursos y dos o tres contratos en toda su vida, pare usted de contar. Ahora la gente, en la tercera parte de tiempo, ha hecho veinte o treinta cursos y ha tenido más de setenta contratos ¿Nos hemos vuelto locos?
Dicen que el saber no ocupa lugar. Que se lo pregunten a la maleta del tipo. Y claro, es que cada vez entre nosotros nos lo ponemos más difícil. Si uno lleva una maleta repleta de documentos, otro llevará dos. Encima, discutió con una compañera mía porque le anulaba cursos que el intentaba colar de rondón. Ella se justificó diciéndole que al igual que a él le rechazaba ese tipo específico de cursos, también se los rechazaban a otros. Él contesto que no era justo que si a él le quitaban diez Mercedes, no era lo mismo que a otro que le quitaran cuatro. A lo que le contestó mi compañera que no es una cuestión de cantidad, si no de idoneidad. Pero el tipo erre que erre y eso que sólo se le dejó de baremar un 6% de la maleta.
En fin, que esto más que burocracia es burrocracia. Si siguen esta línea de papeleo los procesos selectivos de las empresas y el estado, los españoles nos cargamos la selva amazónica en tres días.
Eso sí, os aconsejo comprar cuanto antes acciones de Samsonite.

miércoles, febrero 07, 2007

Una vez, le pidieron opinión a José Antonio Labordeta sobre su antiguo discípulo Federico Jiménez Losantos. Encogiéndose de hombros, se limitó a contestar que simplemente "es un hombre de su tiempo". Quizás eso no es lo mejor que se puede decir de un hombre.
No es casual que Losantos se dedique a la radio: las ondas Hertzianas son evanescentes, no permanecen en el aire más que un breve periodo de tiempo, el suficiente para calentar los cascos de fieles y desafectos. Pero nada más. El día de mañana, por mucho que quieran, ni los unos ni los otros se acordarán de lo que un día dijo Federico, porque lo que dice sólo sirve para el presente. De seguir así, Losantos tiene garantizado su olvido y el de sus ideas. Es lo que les pasa a los hombres anclados en un tiempo determinado.
Hay otros hombres que vivieron su tiempo, como fueron Goya, Buñuel o Chaplin, pero lo que hicieron traspasaron las fronteras temporales y ahora les seguimos viendo actuales, porque lo grande traspasa todo tipo de fronteras, tanto temporales como físicas. Son hombres eternos.
Hay, sin embargo, hombres que fueron de su tiempo y encerrados quedaron en su tiempo: tal es el caso de Goebbels, (aunque, todo hay que decirlo, es muy imitado ahora) Millán Astray, Fernando VII y tantos otros. Gentes que buscaron tanto el beneficio inmediato que casi nada dejaron. En vida dieron mucho miedo, para la posteridad dejaron la nada. Su importancia fue una impostura del destino que nunca les debió sacar del anonimato de la historia. Tal vez usurparon el destino de los hombres buenos que debieron estar en su puesto.
Federico será recordado como una curiosidad, porque ni ahora traspasa fronteras ni en el futuro las traspasará; Federico, a fuerza de gritar quiere ser grande, pero su pequeñez no es sólo física; también va a ser eterna. No grites, Federico; ningún hombre en el futuro te va a escuchar.
Vivimos en el mundo en el que todo no dura nada. Es la dictadura de lo efímero. No hay nada más efímero que la mentira y Federico tiene las patas muy cortas. Pero nada da más dinero que lo efímero. Un mundo corrupto necesita de lo perecedero: que las mentiras, los móviles, las modas y el petróleo sean efímeros, porque para que el negocio de la mentira permanezca, tiene que ser renovado permanentemente.
Losantos está de moda y es acaudalado porque es un hombre de este tiempo efímero y porque lo perecedero da dinero. Pero que no busque la inmortalidad. Ya ha elegido ser siervo de la nada.

martes, febrero 06, 2007

Escuchando el conocido tema de Depeche Mode , Enjoy de silence, me he dado cuenta de que me es muy difícil vivir sin ruido. Siempre hay un soniquete constante, que puede ser de los electrodomésticos de tu casa, de la tele o la radio del vecino, los coches que pasan por tu calle, o el tren a lo lejos. El silencio total no existe.
Si te despiertas antes de que suene tu despertador, podrás oir los de tus vecinos. A lo largo del día escucharás sus conversaciones, sus gemidos, sus músicas en forma de flatulencias. Yo soy un gran propagador de ruidos: cuando ando, cuando hablo, cuando existo.
Somos los siervos devotos de la cacofonía. Si salimos a un bar, la música debe estar alta para que nosotros hablemos a voces: No aguantamos quedarnos en silencio con alguien porque no soportamos callar. Yo temo, que si el ambiente hace mutis, me tenga que enfrentar sólo a mis pensamientos. Elimina el diálogo interior, decía una de las enseñanzas de Don Juan de Carlos Castaneda. No hables contigo mismo. Huye del silencio.
Benditos los aires acondicionados que hacen ruido. Benditos los coches que tocan las bocinas y se estrellan y benditos los aviones, que acaban con el mundo cada vez que despegan.
Quién puede esperar un fin del mundo en silencio. Necesitamos que cuando esto acabe sea con una sinfonía de cataclismos y volcanes, que toda la humanidad pierda sus tímpanos al unísono, justo antes de ser juzgados. ¿Cómo podrán oir su veredicto miles de millones de sordos? Un fin del mundo en silencio es decepcionante. El fin del mundo ha de ser un Júpiter tronante a ritmo de música bakala. Nadie quiere un final con música blues. El día que se acabe el mundo ponedme a Wagner, que fue muy bueno componiendo música para los finales trágicos.
En un paseo nocturno en el campo vi a David Gahan disfrazado de rey pasando a mi lado. Nos cruzamos en una carretera que sorteaba un cerro. Me miró y yo le miré a él, pero no nos saludamos. Ni buenas noches ni good evening. Llegué a una presa. Me di un baño. Cuando me zambullí dentro del agua una carpa me dijo telepáticamente que los que viven en el lecho de un pantano nunca tienen estrés. Le pregunté dónde salen las próximas convocatorias para opositar a carpa y ella me respondió que aún tenía que estudiar mucho temario para llegar a ser carpa, pero que si aprobaba, me aconsejaba que eligiera como destino la luna, si es que mi chica me permitía trasladarme allí.
Después del baño, estuve andando un rato y dejé atrás mi pensamiento. Y entonces comprendí lo que me dijo David Gaham:
-El ruido del pensamiento puede ser tan horroroso que puede dejar sordo al niño al que tanto asustaste en sueños.
Entonces, un león de trapo, una jirafa de goma, una muñeca de mi hermana, un coche de policía y yo rompimos a llorar en mi corralito.

lunes, febrero 05, 2007

¿Alguien sabe qué es lo que quiere decir este tío con lo de los hipopótamos?
Macho, deberías pensar en ponerte en manos de un especialista. Cada día estás peor.
"El mascarón bailará entre columnas de sangre y de números,
entre huracanes de oro y gemidos de obreros parados
que aullarán, noche oscura, por tu tiempo sin luces,
¡Oh salvaje Norteamérica!¡oh impúdica!¡oh salvaje,
tendida en la frontera de la nieve (...)"
El poema del que procede este fragmento, danza de la muerte, lo escribió Federico García Lorca cuando se encontraba en el Nueva York del Crack del 29. Las cosas pintaban muy mal y nuestro poeta supo plasmarlo. Lo malo es que nada ha cambiado. Todo sigue siendo una cuestión de sangre y de números. Que se lo pregunten a los iraquíes.
¡Qué bien han interpretado su presente los poetas de todos los tiempos!¡qué gran profeta fue Federico! Los poetas van por delante de los demás mortales. Detectan antes que nadie lo malo y lo bueno. Saben lo que nos pasa antes de habernos pasado. Las palabras del buen Federico tienen más vigencia que las de muchos artículos leídos en prensa de la semana pasada, por ejemplo, los del otro Federico sin santos. Lo sublime siempre es más duradero.
Me acuerdo que cuando llegó el año dos mil, se discutía de cuándo empezaba el siglo XXI. El siglo XXI todavía no ha llegado. Todavía dominan las bestias del siglo XX. Esperemos que cuando mueran, su herencia muera con ellos. Saben que el mundo está muy mal hecho, pero viven bien de la chapuza que han ideado para todos los demás. El mundo debe ser nuestro, de los hipopótamos que quieren ser felices.
No es casual que mataran a Federico. Le mataron sin razón, pero no sin motivo, como diría Machado. Ahora se hacen guerras en aras de la libertad. Se hacen números porque hacen libres a una pequeña minoría. Todos los demás somos negros oprimidos de Harlem. Todos somos reyes de África en traje ridículo, haciendo de botones en un hotel.
"ni constructores, ni esmeraldas, ni locos ni sodomitas" dice otra parte del poema. Federico, ¿seguro que no te apellidas Nostradamus? ¿Sabías, acaso, que ibas a morir? ¿Sabes cómo moriremos nosotros? No quiero pensar, leyéndote, que lo sabías, pues me da miedo pensar que va a ser cierto lo que cantaba un loco anarquista que no era anarquista sino un borracho:
"There is no future"

domingo, febrero 04, 2007


Este fin de semana fuimos un grupo de amigos a un albergue a disfrutar del campo. Estábamos ayer dando un paseo nocturno, y en nuestra conversación surgió la idea que siempre sale cuando vas al campo y te lo pasas bien: ¿por qué no mando todo al carajo y me voy a vivir a un pueblo?
El silencio, la vida sosegada, el aire puro, los atractivos de una vida sencilla. Es muy tentador. Nosotros no elegimos vivir en ciudad. Fueron nuestros padres, que dejaron su vida de agricultores y cambiaron también nuestro destino. Pero la ciudad no nos gusta. Mucha prisa, mucha contaminación y mucha infelicidad.
A quién no le gusta el campo en un paseo nocturno...la conversación se vuelve placentera, el caminar, sosegado. Se valora más que nunca la amistad. En la gran urbe, hemos dejado atrás las rigideces sociales y la hipocresía. ¿Quién no desea venirse al campo?
Empiezas a hacer cálculos: cuánto costaría el hacerte con una casa, con cuánto podrías vivir... la idea va tomando forma. Pero ahora vienen las dudas. Recuerdas que ahora tus conocimientos en programación de vídeo o de itinerarios de transporte público o de carreteras ya no te valen de nada. Ahora necesitas saber cuándo es más idónea la siembra de la patata o cuánto abono debes echar para que te salgan unos buenos tomates. ¿y eso quién lo sabe? Buscas en el google. ¡Vaya, pues hay información sobre el cultivo de la patata! También he encontrado un abono magnífico para el tomate llamado COMPO. ¿Lo venderán en el Leroy Merlín? No sé, preguntaré a mi abuelo si ése es el abono que utilizaba. Aún así, necesito saber muchas más cosas... ¿Cuándo es más idóneo el ordeño de las vacas? ¿Es conveniente darlas un besito antes del ordeño o basta una caricia? ¿Qué tipo de ovejas tengo que comprar para obtener un buen queso de cabrales? ¿Cómo debo asistir en el parto a una gallina?¡Uff, cuántas cosas me quedan por aprender!
Ahora empiezo a valorar las cosas que sabían mis ancestros y que por desgracia, se han llevado a la tumba. Una sabiduría que desconozco, que yo no tengo pero que es fruto del trabajo y el ingenio de cientos generaciones, durante varios milenios. Mis antepasados se han dedicado a la agricultura desde que se pierde la noche de los tiempos. Son las generaciones de mis padres y mía las primeras que no se dedican a la agricultura ni a la ganadería.
Tengo una sensación de vértigo. ¿Y si la civilización desaparece? ¿Y si desaparece el google? ¿Dónde encontraré los métodos y herramientas de supervivencia que utilizaran mis antepasados? Soy comida de buitres si esta civilización se destruye. Un incapaz urbano que no sabe dónde obtener la leche si no hay un supermercado cerca.
Tiene razón el cretino: voy de culo y contra el viento. Dependo demasiado de la sociedad en la que vivo. Soy un pájaro que no escapa de la jaula en donde está aunque le abran la portezuela. Necesito el alpiste comprado en el Carrefour. El campo está a unos pocos kilómetros de donde vivo, pero mi distancia psicológica esw muy grande.
En fin, algún día deberíamos tomar la decisión mi chica y yo de irnos a vivir a un pueblo. Lo he hablado con mi mujer en alguna ocasión. Yo no he hecho más que oir maldiciones sobre el campo por parte de mi familia, pero no estoy seguro que sea mejor la ciudad. También es verdad que ha habido urbanitas que se han ido a vivir al medio rural y han fracasado. Es muy difícil romper los esquemas de vivir en la gran urbe. Yo los tengo grabados a fuego en mi cerebro. Pero quién sabe; a lo mejor nosotros tenemos éxito. Quién sabe.
No debe ser tan difícil asistir en el parto a una gallina.

viernes, febrero 02, 2007

¡¡Jajajaja, con la que nos salta ahora el colega!!
¡Pero qué esperabas? La gente ya no pierde el tiempo en esas gilipolleces.
En serio chaval: VAS DE CULO Y CONTRA EL VIENTO. Si sigues así te van a dar muchas Hostias.
Aaayyyy...
Ayer se hizo un llamamiento para que la gente estuviera cinco minutos con las luces de la casa apagadas. Pues ni flores. El consumo sólo bajó un 2´5%.
"Bah, si estas cosas nunca sirve para nada""¿Pero tú te crees que nos harán caso en algún sitio?""¡Mierda, se me ha olvidado por completo el hacerlo" Total, que al final, fuimos cuatro los que decidimos apagar nuestras luces.
La iniciativa partió de unas ONG francesa, con el fin de que los gobiernos y las empresas se pusieran las pilas (que no las centrales térmicas) y pusieran soluciones a nuestro insostenible desarrollo. La idea era buena y poco costosa de hacer: sólo había que cortar la llave general de luz y esperar cinco minutos. SÓLO cinco minutos. Pero está visto que no sabemos ni queremos renunciar a nada. Con la manifestación de la vivienda, igual: de miles de jóvenes que podían venir, apenas fuimos a 900. "Es que era julio y en Madrid hace mucho calor en esas fechas", seguro que dirán algunos.
¿Qué está pasando, que no podemos hacer pequeños sacrificios, como apagar la luz cinco minutos o pasar la tarde del domingo en la Puerta del Sol? ¿Por qué nos cuesta menos el ir de rebajas a abarrotados grandes almacenes, aguantar empujones y el fortísimo calor en el invierno y el casi gélido ambiente de verano? (Si; he dicho bien: mucho calor en invierno y mucho frío en verano) No lo sé. Bueno, sí lo sé. Desgraciadamente, el hombre es animal de costumbres y lo que más le cuesta es cambiarlas; somos incapaces de exigir nada porque hemos perdido la costumbre de la reivindicación. ¿Qué puedo decir que no se haya dicho antes? Nada. Lo de siempre: que poco a poco se van perdiendo las conquistas sociales de años, que no renunciamos a nada y blablablá.
LLegará un momento que esa palabra quedará relegada a su rinconcito en el diccionario. Nos parecerá tan extraña como sinapismo, gario, aljibe u otros términos antaño usuales que me vienen a la cabeza. ¿Qué es lo que tiene que pasar para que volvamos a coger el testigo de la justa exigencia? ¿qué tiene de bueno renunciar a él?
Ayer en España fuimos cuatro los que nadamos contracorriente. Contracorriente alterna, cachi en diez.

jueves, febrero 01, 2007


Los cigarrillos son cilindros de papel que envuelven unas sustancias que son fruto del trabajo sin descanso que los laboratorios de las tabacaleras han hecho, con el fin de perpetuar lo más posible nuestra adicción en el tiempo. De resultas de aquellos experimentos, el tabaco huele peor y es más dañino que el que se fumaba hace unos años. Y lo detecto a pesar de que tengo mi órgano olfativo un poco atrofiado por culpa del vicio.
Cuando yo era niño y nos reuníamos toda la familia en los cumpleaños o en las navidades, se permitía fumar a mi tío y a mi madre: ella fumaba rubio y él negro. Ámbos se metían al coleto cajetilla o cajetilla y media en lo que duraba una celebración. El salón donde nos reuníamos parecía a cómo ambientan Londres cuando hacen una película de Jack el Destripador. Sin embargo, yo, si la memoria no me falla, no recuerdo que el olor fuera repugnante. Puede que hiciera daño a mis pulmones, pero no era desagradable. Tal vez también porque asocio el tabaco a mi madre, el olor de los cigarrillos no era agresivo a mi pituitaria. Notaba ese tufo tan característico en las casas de los fumadores a las que entraba y me agradaba el matiz que captaba mi olfato. Lo sabía reconocer y me gustaba.
Y otra cosa más: Como había más tolerancia, el tabaco era muy barato y la gente podía fumar en más sitios (hasta en la sala de espera de un Hospital) el fumador medio consumía bastantes más cigarrillo que los que se consumen ahora. Pese a que los ambientes estaban mucho más cargados que ahora, el humo del tabaco era menos agresivo para no fumadores y fumadores. Ahora, a los cinco minutos de entrar en un pub te lloran los ojos y se te ponen rojos; yo no recuerdo que, a mis diecisiete años, cuando empecé a frecuentar bares, donde se fumaba tanto o más que hoy, se me irritaran tanto los ojos.
Da igual la marca que se compre o si es tabaco rubio o negro (pese a la fama, ahora huele mejor el negro que el rubio) El tabaco en cigarrillos que nos están vendiendo es una estafa. Es bastante peor que el de liar y el de pipa, todo porque las tabacaleras quieren fidelizar a sus clientes del pitillo. Pero con ello, lo único que consiguen es que estemos más estigmatizados y marginados, lo que expelamos ahora es más basura que nunca y no nos dejen, con razón, estar en los sitios.
Recuerdo con una sonrisa leer en un libro escrito hace años que el tabaco hace más atractivo a un hombre porque forma parte de sus perfumes más varoniles. Perfúmate tú ahora con nicotina, ya verás lo que te dicen. Ahora más que nunca los fumadores estamos "apestados", sin olvidar de que fruto de los largos años de investigación de las tabacaleras, el enfisema puede venir más rápido.
Así que os propongo una demanda a las tabacaleras, por hacernos oler mal a los fumadores y sus casas. Ya que no las podemos demandar por lo de los enfisemas porque sus abogados están muy entrenados para defenderlas en ese punto, demandémoslas por propiciar nuestra muerte social. Como hay una relación directo entre lo mal que nos considera la gente por culpa del tabaco y los experimentos de laboratorio de los últimos tiempos, propongo que nos indemnicen por ello. ¿Vosotros qué opináis?

miércoles, enero 31, 2007


Mi padre ha comprado en su pueblo un pequeño terreno con vistas a hacerse una casa. Ojalá su proyecto se haga realidad. Pero en caso de hacerse, dudo que mis queridos hermanos y yo podamos revivir esos magníficos veranos en el pueblo, que terminaron cuando poco a poco atravesamos la veintena.
Veranear en el pueblo es, como dice el libro de Espido Freire, cosa de la infancia de los mileuristas. El grupo nos dividíamos en dos: los que iban al pueblo y los que iban a la playa. Generalmente, los del primer grupo eran menos pudientes que los del segundo, pero desde luego, los que del primer grupo tuvieron la suerte de hacerse con una pandilla en el pueblo, tuvieron garantizada diversión total para los mejores años de su vida.
Lo he hablado con mis hermanos y con mi prima: como en el pueblo, ninguno de nosotros se lo ha pasado en ningún sitio. Madrid estaba muy bien con su Alonso Martínez, su Bilbao, sus bajos de Argüelles, su Huertas, etc, pero pocas veces he podido igualar el grado de diversión que conseguía en el pueblo.
Recuerdo que, siempre que volvía en septiembre, me entraba lo que luego se conocería como síndrome posvacacional. Me pasaba tres días atontado y deprimido. Echaba de menos mi pueblo durante todo el año. Lo mismo les pasaba a mis hermanos.
En el pueblo se experimentaba todo por primera vez: los besos, las primeras fiestas en pueblos de al lado, los primeros tragos de alcohol... todo era muy divertido y estimulante. De ahí viene mi afición a las ferias con su orquesta, que cuanto más cutres mejor. Mis amigos de ciudad, cuando me ven bailando el Paquito chocolatero con el cubata en ristre en una fiesta humilde de barrio, lo hacen con una total perplejidad y llegan a decirme que cómo me puede gustar tamaña cutrez. Pues me gusta, porque me trae recuerdos muy gratos y porque me fastidia que ya no tenga algo igual en los veranos.
Casi todos los miembros de mi pandilla ya no van al pueblo, como tampoco voy yo. Es curioso, los de la pandilla de los que eran un poco mayores a nosotros van casi todos, a lo mejor porque ellos se han resistido a abandonar a Peter Pan, qué se yo, pero lo cierto es que ni mis amigos, ni mis hermanos ni yo hemos vuelto a ir a un pueblo al que terminamos queriendo, pese a criarnos en ciudad.
A los de mi pandilla nos pasaron cosas terribles, auténticas tragedias que nos diferencian de otras pandillas y que me duele recordar aquí. Eso debería ser razón para juntarnos, pero tal vez es lo que nos desune, porque lo malo de vernos es que no sólo hay lugar a la risa, sino también para las lágrimas. El pueblo era para nosotros la vida misma condensada en frasquitos de treinta días.
Si mi padre se hace la casa, sé que la hará para sus nietos. Mi tiempo del pueblo, para mi desgracia, ya ha pasado y busco la felicidad en otras cosas. Pero decidme: qué remedio tenéis vosotros para controlar la nostalgia de los veranos pasados.

martes, enero 30, 2007

Ayer leí de un tirón el último ensayo publicado por Espido Freire, contraviniendo mi propia norma de no leer algo de los últimos galardonados con el premio Planeta. Hice una salvedad con Espido Freire y desde luego, me alegro de haberlo hecho. A partir de ahora, seguiré la carrera literaria de doña Espido con el mayor interés. Su último ensayo sobre los mileuristas, más que recomendable, debería ser lectura obligada para a todos aquellos de la generación de Espido y mía que estén muy deprimidos por no entender nada de su vida, o símplemente estén desorientados. Espido Freire da de lleno en los problemas a los que nos enfrentamos los nacidos entre el 68 y el 82 del pasado siglo.
El libro se llama, como no podía ser de otra forma, "mileuristas", y está editado por Ariel. El problema del que trata es muy conocido por vosotros: jóvenes con una preparación muy sobresaliente pero que se ven obligados a vivir con sueldos miserables y que lo tienen muy crudo para tener la verdadera autonomía del hombre adulto: tener su vivienda, no depender en modo alguno de los padres.
Espido Freire traza un retrato muy certero de nosotros: viene a decir que somos la genercación "blanda" entre medias de dos muy duras: la de los "babyboomers"(nuestros padres) y la "generación Y" (por cierto Espido, el nombre para esta generación me resulta tan horrible como ése que nos pusieron a nosotro de la X. Además, me horroriza pensar qué habrá después de la Z). Somos blandos porque hemos ido a la universidad sin rechistar, nos han subido la vivienda sin rechistar, cobramos unos sueldos de mierda sin rechistar. Vamos, que a este paso, la historia pasará de nosotros por idiotas.
Es que, para reivindicativos, nuestros padres, que es la generación que domina el cotarro ¿Sabéis que muchos, con menos de la mitad de formación y conocimientos que vosotros, ya ocupaban puestos de directivos con veintipocos años, mientras ahora con treinta, os tenéis que conformar con hacer fotopias? Y mientras vosotros os hinchábais a hacer masteres y doctorados, ellos con la misma edad hacían cosas más importantes: tenían hijos y proyectaban cambiarse del piso al chalé en la sierra. Penoso, ¿verdad? Y claro; lo que dice Espido Freire va a misa: esa generación, la de los Baby boomers, que ocuparon a saco el poder, difícilmente lo van a soltar.
A mí me han contado cosas tremendas de famosos de esa generación. Por ejemplo: ¿Sabéis que Iñaki Gabilondo no sabe usar un vulgar procesador de textos? ¿Sabéis que el antiguo secretario de estado y ahora rico ejecutivo de una importante empresa de comunicación, Miguel Ángel Rodríguez, no tiene más que una Licenciatura, sin master ni doctorados que valgan, y va pidiendo por ahí que los becarios tengan tres masteres y dos carreras? De él corre la anécdota de que estaba dando una conferencia, y decía que los estudiantes de periodismo sin idiomas y sin master no tenían nada que hacer, que tenían que tener lo menos dos de cada. Pero llegó un chaval, becario y licenciado para más señas, que le espetó, en inglés encima, que para qué servía tener tanto currículum si luego les iban a pagar una miseria en cualquier periodicucho por hacer un trabajo no demasiado complejo para su formación. Dejó turulato al exsecretario de Estado (más que nada, porque su inglés era peor que el del becario), tuvo que envainársela y dejar tamaña sandez para la conversación en la barra del bar con amigotes de su generación.
"¡Vamos, huevón, que te comen la merienda!" Reza una canción de los Celtas Cortos. Y es verdad, nos están comiendo la merienda. No sé adónde iremos, pero nuestro futuro, como no hagamos algo entre todos, lo tenemos muy crudo. Por desgracia, nos han educado para ir a la nuestra, para ser individualistas.
Desde luego, la solución no pasa por acudir a más academias: ni a las normales, ni a las de Operación Triunfo.

lunes, enero 29, 2007

No sé si os acordáis de una canción de un compositor español llamado Manolo Tena que empezaba diciendo que tenía la radio estropeada y también decía que "todo el mundo piensa que estoy triste" Afortunadamente no fue "desde que tu te fuiste... de casa" Porque tú todavía estas aquí y parece que no te marchas de casa.
Últimamente me han pasado cosas que no son muy positivas y desgraciadamente las que tanto anhelo no terminan por ocurrir, pero si no caigo en la depresión o simplemente no estoy preso de la melancolía es gracias a ti, que estás a mi lado.
A veces sueño que todavía estoy en el trabajo de antes, que no me han echado estas leyes tan cabronas y que tan desprotegido tienen al trabajador, pero me consuela que cuando despierto veo tus rizos y tu bondadosa sonrisa.
A veces sueño que se me caen los dientes. Para algunos que interpretan los sueños es símbolo de felicidad y el que se caigan representan tu temor a perderla. para otros es símbolo de autoestima y el miedo a cómo te ven los demás. Hoy he soñado que se me caía un diente y cuando me he despertado he visto que realmente se me había caído un diente. Para mí es símbolo de que tengo que ir al dentista a que me pongan un postizo.
Que se me caiga el diente podía haberlo tomado como el signo más evidente de la decadencia de mi persona. Si no lo he hecho, es gracias a ti. Bueno a ti, y a todos los que me quieren; porque mucho os reís cuando digo eso de que lo importante es la amistad y el cariño de los tuyos, pero tú como mujer sensible que eres no hay mayor certeza que ésa. Tu sabes mejor que yo que a veces para encontrar la verdad no hay que darle más vueltas. En eso debemos ser simples.
Y bueno; hoy pensaba hablar de mi caída de diente, de que llevamos más de cuatro generaciones en mi familia perdiendo los dientes antes de los cuarenta, de que me cuido mucho los dientes y no sirve de nada y qué desgraciado soy al tener que llevar postizos desde los treinta y blablablá. Pero no. Tengo suerte de que haya dentistas, tengo suerte de que podré morder, pero sobre todo, tengo suerte de tener a una persona a mi lado que me garantiza mi felicidad presente y mi felicidad futura. Hasta llegado el momento en que no tengamos dientes ninguno de los dos.
Pero como sabes que soy de natural quejica, no voy a dejar de reclamar que:
¡Cagüen diez, a ver si me cambia la suerte de una puta vez!
hay cosas que son difíciles que te pasen. Que un cretino se meta en tu blog es una de ellas, pero bueno, a veces se hacen realidad ciertas cosas.
Se ríe por lo de la utopía ¿Acaso no son utopías el meterse a narcotraficante primero y a dueño de multinacional farmacéutica después? Creo que son cosas bastante difíciles. Muy muy, difíciles. Tus utopías. Por lo menos las mías son mejores que las tuyas.

domingo, enero 28, 2007

Gilipollas, no vuelvas a cambiar las claves. Ya ves lo que tardado en conseguir la nueva clave que has puesto.
¿Sabéis qué clave tenía el imbécil puesta?
"utopia1"
¡Será bobo!
ay....
Dice el pollo éste que si yo fuera en serio con lo del laboratorio clandestino no lo diría en un blog tan alegremente; pues yo creo que es bastante difícil de que la policía me busque sólo por tener un proyecto. Además, no os equivoquéis: mi proyecto a largo plazo es tener un laboratorio farmacéutico de lo más legal y decente que pueda.
Claro que, para tener una cosa de ésas necesito poner en marcha lo otro para tener un capital con el que poder afrontar un proyecto de esas características.
No sé si habéis visto la peli del Padrino: una de las aspiraciones de Michael Corleone era la de "legalizar" todos sus negocios clandestinos, ir haciendo a la sociedad que presidía, poco a poco, "honorable". Esa es mi idea: que mi laboratorio de diversión se transforme en un laboratorio "serio".
Yo sé que tener un laboratorio farmacéutico entraña sus riesgos. Es cierto que dan ganancias: Pfizer, que es el más grande, desde que sacó lo del Viagra no ha dejado de ser la gallina de los huevos de oro. Todos estos años ha ganado cantidades astronómicas. Pero por la mierda de la presión de los gobiernos para que bajen los medicamentos y el auge de los medicamentos genéricos, en Pfizer estiman que han dejado de ganar 14 mil millones de dólares de lo que preveían. Pese a que ese dinero les pertenecía por derecho, por esas cosa tan relamida y estúpida del "interés general" , han perdido toda esa pasta.
Pese a la caída de ingresos, tienen todavía beneficios. No obstante, para curarse en salud, han decidido echar a la calle a 10000 personas. Me parece lógico. No nos olvidemos que el objetivo final de una empresa es la de ganar dinero, ya sea una empresa de juguetes, de construcción o farmacéutica, como es el caso.
Este es el ejemplo más claro de que las cosas no están tan fáciles para las farmacéuticas. A mí me parece muy bien que si una negra prostituta no puede pagarse las medicinas contra el SIDA que se muera en un rincón ¿por qué le tienen que pagar las farmacéuticas el que sea una puta? Ella se lo ha buscado. Como ella los millones de negros miserables con un sidazo encima. Yo me he ido de putas y sabía a lo que me arriesgaba. Si hubiera pillado el SIDA, me hubiera tenido que joder y pagarme las medicinas. Y punto. Que la vida es un juego y si pierdes pues se acabó.
Hay que ser realistas: tanto si pongo un laboratorio para sintetizar coca como si lo pongo para curaros el resfriado, lo hago por la puta pasta, no os quepa duda. Yo no soy una hermanita de la caridad y los grandes laboratorios tampoco. Ni Pfizer, ni Bayer, ni la madre que los parió.
Hombre, qué queréis que os diga; desde luego, si mi laboratorio tirara para adelante y yo llegara muy arriba, no os preocupéis: hundiría a Pfizer, a Bayer y a todos los demás. Me los comería con patatas. Mi primera máxima es que el pastel me lo como yo sólo en cuanto pueda.
Ojalá yo tuviera el capital que llegó a tener Pablo Escobar. ¿Sabéis cuál fue su fallo? Que no supo diversificar sus ganancias y no supo hacerse "legal". El muy gilipollas tenía la selva al lado, imagináos la cantidad de descubrimientos de plantas podía haber hecho, y podía haber montado unos laboratorios acojonantes y estar besándole el culo todos lo mandamases del mundo, el presidente de los EE.UU. el primero. Tenía infraestructuras, tenía le dinero. El error de Pablo Escobar fue el no meterse de lleno en el negocio del medicamento. Pero bueno, es muy fácil hablar a toro pasado.
¡Joder si me saliera lo del laboratorio! ibais a flipar. En los dos sentidos.