sábado, enero 13, 2007


Parece ser que una de las cosas que más le ha obsesionado a nuestro insigne escritor Paco Umbral es que le lea el mayor número posible de gente. Por dos motivos: porque a todo escritor gusta que le lean y por los beneficios económicos que ello le reporta.
Hace poco, entró en polémica con otro escritor célebre también, el académico Arturo Pérez Reverte, y éste, escudado en su fenomenal éxito editorial, y con el ego inflado de tener cierto respeto por parte de los que le leen, le dio la del pulpo en un artículo, burlándose del poco éxito editorial de sus libros. También le vino a decir que no le entendía ni Cristo y que en el fondo, era un superficial escondido en la pedantería.
No sé que le contestaría Umbral, pero las invectivas de Reverte eran de órdago. Es que don Arturo tiene muy mala leche.
Pero el ilustre académico tiene razón: lo siento mucho por don Francisco, al que de verdad respeto profundamente, pero yo en las pocas novelas que he leído de él, me he quedado igual que al principio. Me gustan que los libros me dejen posos, que me hagan reflexionar. Los libros de Umbral, aunque excelentemente escritos, suelen ser -a mi juicio- poco sustanciosos. Por su parte, a don Arturo también le han dado estera. Desconozco las críticas que le hizo el propio Umbral, pero sé de otros que le han dado en el morro, metafóricamente hablando.
Una de las mejores comparaciones que a mi entender han hecho de Arturo Pérez Reverte es cuando le han comparado con un fabricante de tallas románicas: a lo mejor el artesano las hace muy bien y son de buena calidad, pero estás comprando una cosa de fuera de tiempo. Con las novelas de Reverte te pasa un poco igual: lees excelentes novelas decimonónicas hechas en el siglo XXI. Y creo que Reverte es consciente de que no es el autor más vanguardista. De hecho, noto que en sus artículos que con los años se está haciendo cada vez más conservador; si hace unos años se preocuaba por ese chico con mucha formación que iba mendigando un trabajo por las calles de Madrid, ahora lo que le conmueve es descubrir en el vagón del tren a un chaval de nueve años vestido como los niños de san Ildefonso en el sorteo de navidad. Tal vez se nos está haciendo mayor nuestro célebre cartaginés y el joven reportero de guerra cada vez esté más lejos.
Lo cierto es que hay una tradición en la literatura española en que los escritores que se han ganado fama deben buscarse un rival a su altura. Tal vez, emulando a su amado Quevedo, Pérez Reverte encontró a su Góngora particular encarnado en Umbral. Esperemos que ahora que parece que Unbral pasa por apuros económicos, no le de a Reverte por comprar la casa donde vive y le eche de allí, como hizo Quevedo con Góngora.
Otros que se ganan los dineros con la pluma también se han intentado buscar enemigos de altura: Alfonso Ussía estuvo por un tiempo buscándole las vueltas al celebérrimo Joaquín Sabina. El señor Alfonso necesitaba un rojelio con caché con quién medírselas. Como José Saramago le quedaba grande, eligió a nuestro más ilustre trovador. Y Sabina, que entra al trapo con diez de pipas, le dijo aquello de "don Mendo no se hereda", en referencia al genial antepasado de Ussía, don Pedro Muñoz seca.
En definitiva, si quieres ser alguien en literatura, búscate un enemigo de altura, no un cualquiera. Te harás un favor a ti y al otro escritor. Pues ya lo dice el aforismo: "No importa que hablen bien o mal de ti. Lo importante es que hablen"

viernes, enero 12, 2007



La chica a la cual sustituía se reincorpora el lunes. Vuelvo a estar en el paro. Otra vez. Más que una sucesión de valles y de montañas, mi vida es la sucesión de dientes de serrucho. Arriba- abajo- arriba-abajo... ¡Esto es una locura! Encima, los quince días pasados, mientras yo trabajaba, mi chica estaba de libranza en su trabajo. Ahora que se reincorpora, soy yo el que se queda en casa y no podemos estar juntos. ¿Pero qué es esto?
Recuerdo que he tenido otros atascos importantes en mi vida de los que he salido, pero no por ello puedo dejar de sentir angustia.
Antes de irme, una compañera que está fija(la verdad es que en este último sitio me han tratado muy bien) dice que cuando consigues estar en el mismo puesto fijo, te aburres de estar siempre en un mismo sitio. Que quieres ir a más. Pues chica, no sé si será por lo harto que estoy, que de repente siento una enorme nostalgia por la rutina. Vivan los días en que haces lo mismo un día tras otro. Estoy cansado de tener que adaptarme a nuevas personas cada día prácticamente, a un nuevo trabajo distinto del anterior. Quiero hacer lo mismo todos los días hasta que me jubile. Estoy harto de ser flexible y adaptable.
Por cierto, funcionarios y trabajadores fijos en general: Dado que cada vez se necesita menos mano de obra para los procesos productivos, por favor, trabajad poco.
Si hacéis poco o nada en vuestro puesto, tendrán que generar otro para que alguien haga vuestro trabajo. Ser improductivos, como mucho, trabajad lo justo para que ésto no se vaya al garete. Pensad en la gente que está en el paro y que vosotros mismos, si os dan la patada, será porque habéis trabajado mucho y ya no se os puede sacar más. No trabajéis, que siempre habrá un temporal al que tengan que hacer fijo.
Hay que ordeñar esa vaca tan gorda que tienen escondida en el establo de ahí arriba.

jueves, enero 11, 2007

A un compañero de trabajo le ha dado un infarto discutiendo con un paciente. El hombre venía muy enojado por lo que fuera y lo pagó con mi compañero. Éste asimiló la situación peor que otras veces y pese a ser de natural calmado (el puesto lo requiere, la gente viene por lo general muy enojada) ¡Zas! Infarto y en la UCI. Nadie es de piedra y no siempre te levantas igual.
Pese a que estamos para ayudar a los que entran por la puerta del hospital, a veces nos encontramos con gente que nos ve como sus enemigos, y no consideran que un hospital es una institución fundamentalmente para el auxilio de los demás. Yo, que llevo un tiempo detrás de ventanillas, me doy cuenta de que en general la sociedad todavía tiene la vieja idea del funcionario huraño, que no tiene otra intención que el obstaculizar las gestiones que la gente tiene que hacer. Este comportamiento del tópico funcionarial existente en el imaginario común ha sido “imitado” por algunas empresas privadas, que viendo las ventajas de tratar mal a la gente, ahora ofrecen un servicio de atención al cliente pésimo. Familiares míos, amigos y yo mismo hemos sido víctimas del mal servicio de atención al cliente de las empresas de telecomunicaciones. Malo por dos motivos: por cómo nos tratan a los usuarios y por cómo tratan a sus propios trabajadores, siendo estos últimos los receptores de nuestra ira, justificada hacia la empresa que representan, injustificada hacia ellos como mandados.
No digo que no se diera, en pasado, dentro de la administración, un comportamiento poco apropiado (vaya a la ventanilla b, le falta el formulario tal, aquí no se lo podemos arreglar, ésto no se lo podemos hacer,...) pero lo cierto es que he estado en varias administraciones como trabajador y os puedo decir que en la actualidad se procura dar un buen servicio al ciudadano y marearle lo menos posible. Ahora lo que se pretende es precisamente lo contrario: agilizar al máximo los trámites y evitar papeleo y quebraderos de cabeza innecesarios.
Es posible que todavía queden cenutrios que todavía se crean los amos del universo por ser funcionarios, pero mi experiencia es que lo que en general se quiere es dar buen servicio y facilitar las cosas al ciudadano al máximo.
Mi compañero está en una zona conflictiva de atención al paciente y os puedo asegurar que no está puesto allí para hacer la vida imposible a nadie. A nivel personal, es una persona pacífica y servicial. Tal vez, los nervios del paciente y ciertos prejuicios dieron lugar a una situación que podría haber acabado en tragedia.

miércoles, enero 10, 2007


Todo el mundo necesita creer en algo. Yo creo en los extraterrestres. Y tengo la prueba definitiva de que existen. Como soy de natural generoso, os la daré a vosotros. Después de decírosla, estoy casi seguro de que vosotros también creeréis en los extraterrestres. Pero no os penséis que soy un mesías o un iluminado. Un humilde opositor, parado a tiempo parcial o trabajador de temporada no puede considerarse tal si está en sus cabales. Eso sí, si veo que mucha gente me escucha y sigue mis doctrinas, no tendré inconveniente en acudir a conferencias como ponente o a programas de televisión dedicados al esoterismo, eso sí, previo pago de minuta, que si hay quien se gana (y bien) la vida con chismes de patio, ¿por qué no me la voy a ganar yo dando la respuesta definitiva que ha obsesionado a miles de científicos durante tantos años y al común de los mortales?
No os voy a engañar diciéndoos que he presenciado un avistamiento de OVNIS. No os voy a decir que he sido abducido. Tampoco me presentaré ante vosotros como una especie de cable adsl que os guiará directamente a civilizaciones a millones de años luz. No os venderé ilusiones. Os regalaré una certeza con la que defenderos en este peligroso mundo contaminado de pernicioso relativismo.
A vosotros, como a mi antaño, os aterra estar solos en el universo. Una vez descubierta América y exterminados los indios, ya no quedan partes de este mundo por mancillar, destrozar, explotar, esquilmar, expoliar y robar. El hombre necesita nuevos horizontes donde seguir practicando el arte de la maldad. Y no me refiero a la yerma luna, al inhóspito Marte o al tan insignificante Plutón al que ya por considerar no se le considera ni planeta; me refiero a mundos habitados rebosantes de oxígeno y agua, con temperaturas medias en toda su superficie de entre 20 y 40 grados. Os preguntaréis si existen esos sitios donde estar tan a gustito. Efectivamente, así es. Además tienen la ventaja de que están habitados. Porque así tenemos mano de obra barata para la explotación de los recursos naturales que ya empiezan a escasear en la tierra. Hay uno en los que sus habitantes tienen ocho brazos. Mejor que mejor, deberíamos empezar por ése. Al principio nos daría mucho asco, pero...¿ y lo que nos rendirían los habitantes de ocho brazos como esclavos? ¿A que en eso no habéis pensado?
Por éste y otros motivos, de entre todas las civilizaciones que podamos encontrar, necesitamos ésta, una civilización que no esté muy avanzada. Nos ayudará que estén totalmente mediatizados por la religión para así hacernos pasar por dioses y poderlos manipular a conciencia. Y en caso de que no se la podemos dar con queso, podemos propagar un virus de esos muchos que tenemos aquí en la tierra, y con un poco de suerte nos cargaremos al 80% de la población alienígena (después de habernos resuelto lo del tema del trabajo, claro está).
Eso sí, siempre habrá alguno de entre nosotros que dirá: "Joder tíos, que nos hemos pasao" a lo que les podremos contestar: "sí pero son feísimos: tienen ocho brazos, además, no tienes más que observarles lo mal que se miran los unos a los otros""¡Pero se miran así porque se comunican por telepatía!""Peor me lo pones, porque lo que es a mí las cosas se me dicen a la cara y no se queda uno callado mirando raro. Cabrones"
Desafortunadamente, nuestro mundo está dando señales de quedarse pequeño y necesitamos de dar el paso de establecer contacto con esas civilizaciones, fundamentalmente para no romper la tradición de nuestra especie de acabar con todo ser viviente que salga a nuestro paso.
El caso es que os garantizo que los que han estado viniendo por aquí a observarnos nos conocen bien. Se han reído mucho de nosotros, y podéis estar seguros de que nuestro nivel de estupidez es el mayor de la galaxia, es más, hay quien dice que supera con creces al de mundos en dimensiones paralelas. Los que nos han visitado se han divertido de lo lindo, pero también les hemos hecho reflexionar: "Cómo pueden ser tan imbéciles" es la frase que más ha sonado en los comités de sabios que se han convocado periódicamente en la galaxia para hablar de sociologías planetarias. Nos conocen en Andrómeda. También en la constelación de Antares. En un planeta perteneciente a la constelación de Casiopea hay una especie de Gran Hermano que está siendo protagonizada por la humanidad entera, es decir, nosotros. Os podéis sentir orgullosos de que tenemos más de un 50% de Share en ese planeta en picos que van de las 28 a las 35 horas de la noche alienígena.
Os preguntaréis de dónde saco tan valiosa información. Cómo sé tanto de vidas extraterrestres y no lo he manifestado antes. Pues muy sencillo. Porque soy humilde. Pero al ver que en el interviú que una gallega encarcelada ha aprovechado la coyuntura para ganar dinero con sus tetas, ¿Por qué no voy a ganar yo din... vuestro respeto con mis descubrimientos?
El primer mensaje que quieren que os diga, es la respuesta a la duda que tanto nos ha corroído todos estos años:
¿Por qué no se han comunicado los extraterrestres con nosotros?
No sé si decíroslo. No estáis preparados, sois demasiado orgullosos. os pierde vuestro ego. Además, podéis cabrearos y vengaros después de los extraterrestres observadores. ¿qué de que forma? Bueno, ahora, tal vez ahora no. Pero...¿y en un futuro próximo? Vosotros sabéis como yo que somos monos rencorosos. Ahora no podemos viajar al espacio, pero... ¿Y dentro de pocos años? Si en menos de treinta años hemos pasado del helado de fresa y nata al de pistacho, yogur, leche merengada, mango, guayaba, frutas del bosque, etc ¿quién nos dice que dentro de otros treinta no tengamos máquinas que nos permitan ir a dar de mamporros a mis amigos de fuera del planeta? Que la vida da muchas vueltas...
¿Qué decís? Que me deje de tonterías y os diga por qué los extraterrestres no se han comunicado con nosotros, pese a que se han oído el Imagine ése que les enviamos en una sonda unas setecientas veces seguidas? ¿Estáis seguros de estar preparados de oír la verdad?
¡Pero qué me decís!¡Que lo diga ya, que estáis cansados de leerme, que el artículo me ha salido muy largo! Deberíais pensar en ver menos la televisión, que os quita el hábito de leer.
Bueno, vosotros lo habéis querido; os voy a decir porqué los extraterrestres no vienen a comunicarse con nosotros:
- Porque sólo se comunican con civilizaciones avanzadas, inteligentes y pacíficas y nosotros no somos ninguna de las tres cosas
Os advertí que os iba a doler. Bueno, os dejo.
¿Qué? ¿que por qué se comunican entonces conmigo? Yo en ningún momento os dije que ellos charlaran conmigo. Lo que pasa es que ayer noche cené un poco fuerte y soñé todo esto que os estoy contando. Os lo juro por aquella silueta negra que yo veía de niño, que se ponía por las noches entre el armario y la ventana y hacía taparme asustado con las sábanas en la cabeza.
Y juro también que no volveré a cenar pulpo a la gallega.

martes, enero 09, 2007


Poco a poco se nos están yendo nuestros mayores, los que sufrieron la guerra civil. Poco a poco se va la memoria viva de uno de los tiempos más atroces que este país ha vivido. Se nos van los que nos pueden advertir de lo malo que es una guerra, se nos van aquéllos que tienen la memoria herida de muerte por una guerra incivil, ellos saben más de una guerra que cualquier catedrático de historia.
Hace dos años murió mi abuelo, que se fue diciéndonos que él no quería que sus nietos vivieran lo que el vivió, que temía los pulsos que se echaban los políticos, el odio de los partidos, el problema de las ideologías. Vio con sus propios ojos los cañones de la batalla del Ebro, a los alemanes con uniforme nazi, a italianos mandados por Mussolini. Vio el horror en las miradas de los niños, los ojos de madres suplicantes, las ruinas de honradas casas. Vio paredes llenas de metralla, cuerpos llenos de metralla, trincheras, rifles y pistolas. Vio el absurdo, la miseria y el horror.
También está Antonia, que vio cómo ante sus ojos mataban en la plaza del pueblo a su padre y a su hermano, que vio como el odio dividía su comarca, y cómo pese haberla dejado sin hermano y sin padre, tener que esconderse como si ella hubiera sido la criminal y no esos sicópatas malvados que escondidos detrás de ideología dejaron su alma hecha jirones. Aunque ella fuera del bando de los que luego ganaran la guerra, si es que la ganó alguien, cómo aguantar con el recuerdo de esa tragedia que le marcaría toda una vida. Quién duda que ella fue una víctima. Quién no tiene entrañas de llorar por la tragedia que marcó para siempre a hierro el carácter de una pobre muchacha de provincias.
Vivimos en una época en el que nos venden que el asesinato es como el agua: indoloro, incoloro e insípido. Vemos en la televisión ahorcar a gente y no nos conmovemos por ello. En una película vemos como degollan a alguien con un cuchillo y nos quedamos igual. Jugamos a videojuegos donde podemos matar a cientos de enemigos. En los telediarios nos hablan de guerras como si sólo fueran partidas de ajedrez y no podemos imaginar, aunque nos creemos muy listos e informados, que la guerra es esencialmente la peor experiencia que el hombre puede vivir.
Lo malo es que se nos están yendo ese gran coro moral que son nuestro abuelos y ya no tendremos quien nos advierta que la guerra no es esa broma metida en un dvd que nosotros pensamos que es, sino algo que nos puede dejar una huella tan dolorosa e imborrable que nos podría destrozar toda la vida. Nuestros mayores que vivieron la guerra ya por fin descansan. Tened muy claro que no han descansado nunca hasta ahora.
Ellos se tienen que ir. No nos olvidemos nunca del mensaje que nos dejan. El deseo que tantas veces me repitió mi abuelo:
"Yo quiero que vosotros no viváis nunca una guerra"

lunes, enero 08, 2007

Yo no sé el dinero que llevo en exámenes para ser fijo en administración. Pasta, pasta y más pasta. Los papeles que me dan en el banco como justificante de tasas son como billetes de lotería que voy tirando a medida que suceden los sorteos y no soy de los premiados. Necesito ese salvoconducto final que me garantice un buen pasar para los años venideros. ¡Hasta cuándo estaré pagando derechos de examen!
En fin, que Dios me de talento para que apruebe el próximo al que me presente y abandone por fin mi condición de estudiante.
Lo primero que pensé cuando acabé la última asignatura de la carrera es que se acabaron mis días de estudiante. ¡Cuánto me equivoqué! No era el último peldaño. Por desgracia todavía me quedan unos cuantos más.
Estoy un poco cansado de coger libros por obligación y supervivencia. Además, mi cerebro tiene la mala costumbre de desconectarse enseguida de las tediosas lecturas que le vienen de la obligación. Es coger el temario de mis oposiciones y ponérseme el cerebro en función de alerta. Peligro, peligro, introducción de datos muermazo. Lo tengo mal acostumbrado con juergas, cómics, series, novelas, películas y videojuegos. ¿por qué tendrá el cerebro esa mala costumbre de almacenar datos inútiles en vez de hacerlo con los que son importantes?¿Por qué me gustará tanto perder el tiempo? Lo hombres memorizamos alineaciones enteras de equipos de fútbol, nombres y razas de personajes de novelas fantásticas, canciones estúpidas de anuncio. Yo mismo soy una enciclopedia andante de datos inútiles que no me sirven para nada. ¿Por qué desarrollaremos esa capacidad de almacenaje de lo accesorio en vez de lo que nos puede ser útil en la vida? ¿porqué recordamos lo superfluo e incluso lo nocivo en lugar de lo importante? Vale, también leo con placer libros de historia, de poesía, de filosofía, pero no dejan de ser lecturas hechas por amor al arte que no valen para garantizarme el condumio de mis días futuros.
Las oposiciones son para gente muy pragmática. Tal vez por eso la mayoría de los que se presentan son mujeres. Si algo caracteriza a las mujeres es que normalmente no se detienen en lo accesorio, no suelen perder el tiempo en nimiedades. ¿Os acordáis cuando íbamos a las salas de videojuegos? ¿Cuántas mujeres había?¿Qué porcentaje de videoconsolas se han regalado a mujeres estas navidades? Seguramente mucho menos que hombres. El amor por perder el tiempo en lo accesorio es usualmente cosa de hombres; las mujeres van siempre a lo importante.
Muchos me podrán decir que ellas también tienen gusto en algo accesorio: la ropa. Pero tal vez eso no sea accesorio. Hasta en eso son utilitaristas. ¿No es el cubrirse con ropa una de las necesidades más primitivas del género humano?
Claro, que me muevo en el farragoso terreno de las generalizaciones. No faltará quien piense al leer esto que no todo los hombres son así ni todas las mujeres son asá. Ya. Pero en mi caso particular, siempre las que más tirones de oreja me han dado para que baje los pies a la tierra han sido las mujeres y mi padre, que tenía que hacerlo por su condición de tal, porque con el tiempo me he dado cuenta que le ha gustado tanto lo accesorio como a mí. De hecho, es un apasionado del arte y le encantaba llevarnos a los museos cuando éramos pequeños mis hermanos y yo. Los hombres interpretamos el papel de pragmáticos cuando tenemos que educar a nuestros hijos.
Pero creo que también me puede estar pasando otra cosa, que no sea sólo mi amor por lo superfluo: que esté cansado de llevar tantos años estudiando. Puede que sí. Pero no me queda otra. Tengo que terminar de subir la escalera. A lo mejor así cierro el karma marcado para mi vida. Espero no morirme después de haber aprobado la oposición
En cuanto apruebe la oposición, lo primero que haré para celebrarlo será ir a un museo y a un recital de poesía. Con mi chica que, pese a ser pragmática, también se mueve por amor al arte. Una mujer lista suele ser bastante pragmática. Una mujer inteligente es además, sensible. Pues eso.

domingo, enero 07, 2007


-Perdona que te interrumpa, pero eso que dices es una utopía.
¡Cuántas veces me habrán dicho esa frase en la charla de un bar! Los españoles, que siempre nos ponemos reivindicativos al calor del vino en los gaznates siempre se nos pasa las ganas de cambiar el mundo nada más pagar la cuenta y volver a casa con el frío de la noche. Somos revolucionarios de tasca. Y siempre hay alguien que te jode las ganas de revolución con las palabras mágicas. "eso es una utopía" Los españoles somos el pueblo menos revolucionario del planeta. Es un fenómeno muy estudiado por los sociólogos y por los camareros.
Pero claro, los bares son en España los centros del quiero y no puedo. Cuando un español oye la palabra utopía, por efecto casi pavloviano, se queda quieto. Ha oído un tabú. El español deber ser siempre realista. Nunca debe salirse de este realismo tan poco mágico.
Para el español medio de hoy es utópico tener casa, tener un contrato estable. Es utópico ganar más de mil euros, unirse con otro españoles para juntos solucionar los problemas comunes. Son utópicos la dignidad y la solidaridad. En España están proscritos Platón y Tomás Moro. A Cervantes, el gran creador del personaje utópico por excelencia, no le echamos del parnaso porque es admirado ahí fuera y porque el español medio aunque no es utópico, a orgulloso no le gana ni los norteamericanos.
A los españoles se nos pasa el dato de que fueron necesarias cinco generaciones de reivindicaciones para que los obreros consiguieran realidades que eran utopías en el siglo XIX: para un obrero de entonces era una utopía el comer caliente, tener jubilación, trabajar sólo ocho horas diarias, que sus hijos tuvieran educación y cultura, la sanidad. Vamos, esas cosas por las que ahora se lucha con denuedo para que vuelvan al reino de la utopía, ese reino proscrito, denostado y maldito de los realistas.
Si, soy utópico, y mi utopía es que no haya nadie que en una charla informal me critique el serlo, porque sé que el mundo funciona por las ideas benévolas de los hombres y qué quieres que te diga: desconfío de aquellos que ven la utopía como algo malo.
Sé que el ser utópicos es camino quijotesco de recibir muchos desengaños y golpes, pero no hay que perder la ilusión por un mundo mejor. Sé que el no conseguirlo no debe llevarnos al resentimiento, a la depresión, pero es deber de todos luchar por nuestras utopías.
Además, ahora hay utopías negativas muy bien vistas: la utopía de que sea el mercado el que lo controle todo, que el estado sea minúsculo y que las religiones vuelvan a tener la capacidad de influencia de antaño. Esas no son mis utopías, y no duden los firmes defensores de esas utopías de que también cabalgan en los lomos del mundo de las ideas. Funestas, pero de ese mundo al fin de al cabo.
Sé que oiré a muchos decirme utópico en el bar. Bueno, allá ellos, hace tiempo que dejó de molestarme. Hace tiempo que dejé de verlo como un insulto.
Por cierto, gracias a todos por venir aquí a ver mi pequeño rincón de las utopías.

sábado, enero 06, 2007

Hoy que estamos en tiempo de reyes me he acordado de uno de los regalos que le hice a mi chica y que más me gustó hacer:se trata de un reloj Benetton hecho en colaboración con la firma Bulova.
No, no es que ahora la casa Benetton haya decidido patorcinar este Blog, aunque como con la Junta de Andalucía, estoy abierto a todo tipo de propuestas.
Verdaderamente se trataba de un reloj muy bonito; era dorado sin llegar a ser hortera, con un pequeño mapamundi hecho en la esfera con los continentes también en dorado y con los océanos azul oscuro. Era un reloj que gustaba mucho. Mi chica tenía que alargar la muñeca muchas veces porque la gente se lo pedía para fijarse mejor en el reloj. Era realmente precioso.
En un principio, ella se lo ponía sólo en las ocasiones especiales, pero yo le pedí que por favor se lo pusiera todos los días, porque le decía yo que las cosas que regalaba eran para que las usara. Además ella es de natural cuidadosa, y yo sabía que mal trato al reloj no iba a dar. Pero, sin que mi entonces novia hiciera el cafre, el reloj se empezó a deteriorar rápidamente: la pintura dorada se descascarilló y se cayó poco o poco; se veían los cachos blancos de la chapa. El cristal de la esfera empezó a tener rayones hechos como si mi novia la estuviera rozando por las paredes, tanto es así que de los cinco continentes apenas podía verse uno. Y qué decir de al maquinaria. Primero retrasaba diez minutos, después quince y después hasta horas. Mi chica llegó a ponérselo incluso cuando ya estaba inservible para ser utilizado como reloj.
El reloj por el que yo había estado ahorrando tanto tiempo, puesto que mi economía de estudiante estaba muy maltrecha, apenas había durado dos años puesto en la muñeca de mi mujer. Ahora duerme el sueño de los justos en un joyero, aunque dudo que merezca el honor de estar en tal sitio.
Cuando yo compré ese reloj no lo hice sólo por lo bonito que era, si no porque yo quería que ese reloj nos acompañara toda la vida. No soy fetichista, pero pienso que los regalos que te hacen tu amado o amada, por muy insignificantes que sean, deben ser para que pasados muchos años puedas mirar a esos objetos y acordarte de quién te lo regaló cuando se encuentre ausente.
La lástima es que la principio que rige a muchos objetos de hoy en día es el de la "obsolescencia programada". Eso quiere decir que los objetos están hechos de unos materiales con una durabilidad escasa. Tal vez es esa la razón de que mis suegros tengan un móvil con ocho años en perfecto funcionamiento y los modelos que se compraron después sus hijos y nietos apenas duren dos años.
La obsolescencia planificada es un principio inventado por una razón puramente económica. Afecta a todos los objetos cotidianos: ropa, calzado, electrodomésticos, autos, etc. La cosa es que cuanto menos nos duren los objetos, mejor, pues antes los tendremos que sustituir por otros y así las fábricas no tienen caídas de producción. He de reconocer que en parte tienen razón, porque había aquí en España una marca de electródomésticos llamada Kelvinator que los hacía tan buenos, que al final quebró. En la casa del pueblo tenemos un frigorífico de 25 años que todavía congela bien. Con eso os lo digo todo. Desgraciadamente, el premio a su calidad fue la quiebra de la firma que lo fabricó.
Yo compré el Benetton porque era un reloj precioso. Lo hice porque quería regalarle una cosa hermosa a mi chica. Pero desgraciadamente, hizo verdad el tópico de que las manufacturas italianas son de elegante diseño pero de poca calidad. Qué le vamos hacer.
Transcurrido el tiempo le compré otro reloj, esta vez de mejor calidad pero de diseño más feo. Y cuando voy al cajón, y miro el puñetero Benetton, no puedo por menos que maldecir a la mente retorcida que se le ocurrió esa cosa tan mala de la obsolescencia programada.
Dentro de poco, cuando nos compremos un coche, harán como con los Yogures:
"conducir preferentemente hasta marzo de... La empresa fabricante no se responsabiliza de los accidentes ocasionados por la obsolescencia después de la fecha indicada". Ains....

viernes, enero 05, 2007


Se terminan unas navidades diferentes a las que hemos tenido mi chica y yo estos últimos años. Lo digo porque normalmente entre año nuevo y reyes siempre teníamos una semanita de vacaciones que aprovechábamos para hacer algún viaje a alguna capital de provincias. Este año, como yo tengo que trabajar, nos hemos quedado sin esa pequeña y deliciosa escapada.
Con tantos cambios de trabajo, tanto de ella como míos, rara vez hemos logrado juntar más de una semana para irnos juntos; si no era ella la que tenía que trabajar en verano era yo. O sea, que eso que se tenía antes de un mes de vacaciones ha pasado a la historia para nosotros. Se ha ido al reino de la utopía que tan poco le gusta a algunos y del que tengo previsto hablar largamente en otro artículo.
Claro, que en esto de las vacaciones, lo que peor lo tienen son los japoneses, que apenas tienen una semana al año. Recuerdo que una estudiante japonesa que conocí en la universidad encontraba especialmente gracioso esa costumbre tan española de los puentes. Tenía la impresión de que los españoles nos pasábamos la vida de puente en puente. Yo le contesté que ya que valoraban en su país la saludable costumbre española de la siesta, no estaría de más que tomaran el no menos saludable hábito de los puentes, que vida sólo hay una, y es una pena perder más tiempo de la cuenta en trabajar. Además, el trabajo hay que repartirlo. Eso, por supuesto, no le entró en la cabeza. La mentalidad japonesa es muy diferente a la nuestra. Reconozco que a veces hasta yo mismo me río de mis propias palabras, porque ahora lo que me preocupa es precisamente el exceso de tiempo que estoy sin trabajo. Ironías de la vida.
No obstante, ahora que mi chica tiene vacaciones y yo no, pues me fastidia. Me acuerdo de un viaje que hicimos a Granada después de un fin de año en el que fuimos especialmente felices. Aconsejo a todo el mundo que la visite. Es uno de los lugares más bonitos que os podáis encontrar. Granada está llena de encanto (parezco una agencia de viajes) ¡Qué voy a decir yo que ya no se haya dicho de la Alhambra! No me extraña que Federico García Lorca, siendo de cerca de allí, y viviéndola como él la vivió, tuviera esa sensibilidad tan exacerbada. En Granada es de los pocos sitios en los que parece que sueñas mientras vives o vives mientras sueñas. De hecho, un sueño recurrente mío es que paseo por los jardines de la Alhambra.(Si la Junta de Andalucía o el Ayuntamiento de Granada deciden pagarme algo por esta encendida y muy sincera laudatoria, estaré muy encantado de pasarles mi número de cuenta corriente).
Pese a que aún nos quedan muchas ciudades por visitar, es probable que si no hubiera tenido que volver a trabajar, este año, después de la resaca de fin de año, hubiéramos vuelto a Granada. Tengo añoranza de sus rincones, de sus monumentos, de sus calles y de sus bares. Es de los lugares en los que sientes que merece la pena vivir, tal vez por eso nuestro gran poeta fue tan vitalista y transmitía tanta alegría. Aunque él seguro que me diría que la procesión va por dentro.
Los ingleses han inventaron dos cosas buenas: el fin de semana con dos días de descanso y el turismo. Ambas han mejorado la vida de muchas personas, entre las que me incluyo.
Ahora me quedo con una contradicción, otra más en mi vida: la contradicción de querer tener trabajo pero no querer trabajar para irme de viaje a ver cosas que me hacen sentir más feliz. Con mi chica.
and now For Something Completely Different:
Que me toque la lotería. (Creo que es la quincuagésima vez que lo digo en estas navidades).

jueves, enero 04, 2007


Leo en el periódico gratuito Metro del día de hoy que el gobierno español prepara una ley para poder cerrar páginas Web cuyo contenido sea perjudicial según el criterio de la administración. Por supuesto, la dichosa ley ha sido objeto de críticas por asociación usuarios de Internet y demás guardianes de la libertad actual de la red porque supone legalizar la censura en la red.
La ley que propone el gobierno consiste básicamente en que los órganos competentes puedan cerrar páginas Web sin orden judicial de por medio. Hay también quien ve indicios de inconstitucionalidad; estoy totalmente de acuerdo.
Como he heredado de mi abuela paterna una buena memoria -que no prodigiosa, sino ya estaría yo ahora viviendo felizmente como funcionario fijo- He recordado que hace unos meses leí en Internet otra inquietante noticia: se trataba sobre el silencio mediático de las 25 noticias que se ocultaron en EEUU a lo largo del 2006. El informe de las noticias no publicadas por los grandes medios (FOX TV, ABC, CBS o CNN, periódicos como The New York Times o The Washington Post) ha sido hecho por una institución llamada Proyecto Censurado del Departamento de Sociología de la Universidad de Sonoma State de Santa Cruz, California (esto último me lo ha recordado el google). Una de esas “perlas” informativas ocultadas era la siguiente: que las grandes compañías quieren hacerse con el control de la Internet. Las empresas de telecomunicación AT&T, Comcast y Verizon han hecho valer sus lobbies para que a través de leyes y dictámenes judiciales se cambien las formas de paso a la red. En definitiva: que haya un Internet “de calidad” para el que pueda pagarlo y un Internet “de baja calidad” para el que no pueda pagarlo. Digamos, que lo que quieren estas potentes firmas de Telecomunicaciones norteamericanas es tener control total de la Internet en contenidos y tarifas. Recordemos que toda la gestión de la red es dependiente de un macroservidor que está en los Estados Unidos, o sea, que esa censura y esos servicios de primera y de segunda serían no sólo para los sufridos ciudadanos norteamericanos; sería un mal para todos los ciudadanos del mundo. Viva la globalización.
Pero sigo: leo en otra parte que en Italia ya se ha promulgado una nueva ley para solicitar a los proveedores de servicios de Internet que bloqueen páginas Web de pornografía infantil en un plazo de seis horas desde que les llegue la orden judicial. Bueno, esto, en un principio, no es malo, pues a nadie en su sano juicio le gusta la pornografía con niños, pero, visto lo visto, ¿no queda la sospecha de que esta ley sea la antesala para cerrar otro tipo de Web incómodas? Incómodas no al ciudadano común, sino a las multinacionales y sus lacayos los gobiernos.
Yo no temo que me cierren este chiringuito que me he hecho en el ciberespacio en el que os invito a estar cómodos; soy demasiado insignificante para que se fijen en mi la Telefónica o su siervo el gobierno español, pero temo de verdad que me censuren las cosas que a mi me han hecho más libre (Ya lo dijo Jesús, “la verdad os hará libres” Jn, 8:32). Soy de los que están convencidos de que la llegada de Internet ha traído más libertad de expresión a los pueblos. Gracias a Internet, la prensa tradicional, que es la gran generadora de falsedades, propaganda y manipulación, está de capa caída: los periódicos venden cada vez menos. Miramos los noticiarios de la televisión con recelo. En definitiva, gracias a Internet estamos mejor informados y somos menos manejables. Pero claro, esto inquieta y mucho, a los amos del mundo. Internet se ha convertido en una realidad incómoda. He oído a algunos mentecatos, quizá muy bien pagados, decir que Internet es una gran generadora de mentiras: lo que no te dicen es que Internet también es, hoy por hoy y hasta que lo controlen, la gran generadora de verdades.
No os quepa duda que actuaciones como las del gobierno español o italiano, como las de AT&T, Comcast y Versión no tienen otro objeto el control no de la mentira, sino de la verdad que hoy por hoy todavía corretea feliz por Internet.
Puede que alguien no vea la conexión entre el hecho de que el gobierno español promulgue una ley así con los manejos de los Lobbies de las compañías norteamericanas. Para mí sí la hay.
Debemos estar alerta. Poco a poco y sin darnos cuenta podemos encontrarnos un día en que cuando busquemos en el google, por ejemplo, ideologías, pensamiento, justicia y ley, nos aparezca siempre e invariablemente para todas estas cosas el careto impresentable de Ronald Mc Donald.

miércoles, enero 03, 2007

¿Cuál es la diferencia entre una tragedia y una comedia? Fernando Fernán Gómez lo explicaba muy bien en una conferencia:
-Un hombre se tira por la ventana porque ha pillado a su mujer con otro. Eso es una tragedia.
-Un hombre se tira por la ventana porque ha pillado a su mujer besándose con otro. Menos mal que cae sobre un camión de estiércol, no le pasa nada. El tipo con el que estaba besándose su mujer era un compañero que hace de galán en el taller de teatro aficionado al que está apuntada. Estaban ensallando. Por cierto, el compañero es homosexual. Eso es una comedia.
Esta lección que nos da Fernando Fernán Gómez no es sólo de géneros literarios. Es también una lección de vida. A veces, un mismo acto hecho en contextos diferentes puede tener una significación u otra, se ve de un modo u otro. A veces hay que esperar para no sacar conclusiones precipitadas:
-Un hombre toca el muslo a una mujer. Se trata de Paco Martínez Soria encarnando a un risueño hombre de pueblo en la película “la ciudad no es para mi”.
-Un hombre le toca el muslo a una mujer. Es un jefe de departamento que lleva acosando tres años a una empleada que está a punto de pedir la baja por depresión.
Un mismo gesto, dos contextos diferentes, dos lecturas totalmente distintas. Hay que leer. Y para leer hay que tener la vista en condiciones.
Las líneas que dibujamos en nuestros rostros cuando vemos tragedia o comedia son muy iguales. Lo único que les diferencia es que una la dibujamos con la curvatura hacia arriba y la otra la hacemos con la curvatura hacia abajo. Hacia donde tire la curvatura de la línea depende del entorno, el contexto, los actuantes, la cultura y las consecuencias. De según cómo lo veamos, también.
Al poco de ser elegido Papa, Benedicto XVI criticaba en uno de sus primeros discursos el relativismo imperante de la época actual. Efectivamente, ya no se piensa en blanco y negro como en la Europa fascista en la que sólo había esos dos colores. Tal vez por criarse en aquella época tenga problemas para ver los matices de ciertas cosas, no distinguir la gran paleta de colores con que se dibuja el mundo. El cristal de la lente de su intelecto está sucio de ideas anticuadas. Me cuesta entender, por ejemplo, que a un hombre de su probada inteligencia, no vea con buenos ojos lo importante del uso del profiláctico en los países africanos en los que el SIDA es una plaga de proporciones bíblicas. Con todos mis respetos, si el sumo pontífice ve en el profiláctico sólo un medio de búsqueda de placer sin procreación, está viendo la realidad con los cristales sucios. Tal vez el trono de Pedro no sea el lugar más adecuado para ver todo con claridad. Tal vez el trono de Pedro sea una fábrica de miopes con malas gafas.
Debemos mirar con relatividad para descubrir toda la verdad de las cosas, liberados de prejuicios. Las circunstancias ofrecen matices que si no los valoramos justamente, podemos llegar a equivocarnos con consecuencias fatales. No es lo mismo si vemos una caricia en el banco de un parque que si vislumbramos una caricia en el oscuro almacén de una oficina. Puede que no denunciemos a la policía la caricia en un banco del parque, pues no nos hemos percatado la mirada de terror de la niña y sólo hemos pensado “¡qué bonito, un padre con su hija en el parque! Y que el gemido que hemos oído por parte de la empleada de oficina desde un oscuro almacén sea todo un arco iris en la penumbra y no un acto más de triste sumisión.
Como dice el refranero popular español: “No hay verdad ni mentira, todo depende del cristal con que se mira”
Y para terminar, un drama amoroso:
Un hombre disfruta con la representación del Don Juan Tenorio. Su mujer, que hace de doña Inés, besa con pasión al actor que hace de don Juan Tenorio. Lo que no sabe el hombre es que su mujer está perdidamente enamorada del guapo actor gay con el que comparte protagonismo.

martes, enero 02, 2007


Hay un personaje genial dentro de los personajes relevantes de los Simpson que es, a mi juicio, de los más grotescos e interesantes de la serie: Montgomery Burns, el tipo más ruin, avaro y miserable que la imaginación de un hombre pueda componer. Nos lo dibujan como una persona anticuada, de un egoísmo retrógrado, de avaricia antigua y literaria. Sin embargo, Montgomery no puede ser más actual, dentro de los parámetros que guían el mundo de hoy. Es más, seguramente, si no fuera por lo burlesco del personaje, muchos teóricos defensores del libre mercado le pondrían como el modelo de empresario. Monty marca el camino a seguir para tener el tan cacareado éxito en la vida.
“lo mío, pa mí” Cantan unos guardianes de su mansión en uno de los episodios de la admirable serie. Es el lema y la meta del anciano codicioso, pero también es la consigna de los actuales amos del mundo. Nunca lo dirán abiertamente, pero el sentido común nos indica que es así. Es más, quieren que todo el mundo participe de esa idea, aunque quizá sea la idea más perjudicial para los que menos tenemos.
Lo cierto es que vivimos en la era de la codicia. Tener más, tener más, tener más. Consumir, consumir, consumir. Sé ambicioso, es bueno para ti y la sociedad. Ten un coche. Mejor, ten tres. La caridad empieza por uno mismo. Supérate para escalar puestos y ganar más dinero. Compra barato. Vende caro. Hasta hace poco, la avaricia, existente desde que hubo el primer hombre con excedentes de grano, siempre tuvo mala fama. Pero ésto ha cambiado. Los hombres de antaño estaban equivocados. Menos mal que llegaron los nuevos caballeros de la orden del neoliberalismo, y decidieron que la codicia y la ambición no tuvieran connotaciones negativas. “La iniciativa privada es motor de desarrollo de la sociedad””Si un individuo mejora, puede hacer mejorar a la sociedad en su conjunto”. Estos lemas no son más que eufemismos cuyo significado verdadero es: “Sé egoísta, my friend”.
Pero tales polvos trajeron estos lodos: nosotros, la mayor parte de la humanidad, cada vez somos más pobres ¿Cómo es posible? -Se preguntan los creyentes más pobres del neocapitalismo- ¡A estas alturas, siendo todos egoístas deberíamos ser todos ricos! ¿Por qué no es así? ¿Será porque en algunas partes del mundo todavía subsiste el socialismo? ¿Será porque todavía quedan reductos del estúpido estado de bienestar? ¿Qué es lo que ha pasado, que la avaricia no funciona como debería? ¿Tal vez sea porque no hemos acabado del todo con la generosidad, las regalías, las dádivas? ¿Si hay pobres todavía es por culpa de los generosos? Entonces, hay que acabar con esta plaga. No nos des peces, enséñanos a pescar. No nos regales la sanidad, nos compraremos un bisturí y nos operaremos nosotros mismos. Debemos ser roñosos, tacaños, miserables, cicateros, interesados, odiosos. Debemos ser egoístas hasta llegar a la locura.
La vertiente optimista de mi entendimiento me dice que el culto al egoísmo inducido por los ricos a varios millones de pobres está decayendo, que ya no se manipula tan bien a la opinión pública como en las década de los ochenta y noventa, que aumenta el número de personas que ya no se creen la mentira propalada por las multinacionales y sus lacayos los gobiernos, ayudados por organizaciones como la Organización Mundial del Comercio y el Fondo Monetario Internacional. En definitiva, que se están derrumbando los pilares de la iglesia de los devotos de la avaricia. Pero mi vertiente pesimista tiene el presentimiento de que todavía tendremos que escuchar y padecer mucha mierda todavía. Un pesimista, si es bienintencionado, debe desear que su adverso pronóstico no se cumpla. Que así sea.
Hoy por hoy, lo que representa el personaje Monty Burns está más vigente que nunca. Su gran mansión está llena de chorradas carísimas cuyo coste muy bien hubiera podido servir para alimentar decenas de aldeas africanas ¿Cuántas mansiones habrá así, llenas de inútiles y carísimos objetos pagados con el sudor de unas pobres trabajadoras asiáticas con horarios infernales? Hay revistas que te enseñan las mansiones de las chorradas, programas de televisión que loan a los que viven en ellas. Los modernos palacios de Versalles. María Antonieta reencarnada en París Hilton. Una se preguntaba por qué el pueblo francés no comía pasteles si no tenía pan. La otra seguramente se pregunta por qué los pobres son tan feos habiendo tantas clínicas de Cirugía estética.
Robin Hood robaba a los ricos para dárselo a los pobres. Monty Banks roba a los pobres para hacerse más rico. Cambiaron los modelos. Que vuelvan a cambiar otra vez.

lunes, enero 01, 2007

He venido de comer de casa de mis suegros. Hoy es día uno y la calle está desierta. Las tiendas y bares cerrados. Ningún coche atraviesa la calle. Parece que la humanidad está prácticamente extinguida y somos mi mujer, su familia y yo los últimos supervivientes. En los parque se pueden ver los restos de la fiesta de anoche: botellas de cristal rotas, vómitos, confetti, cagarrutas y meados. Vaya una resaca deliciosa tendrán algunos. Nosotros decidimos ayer que ya teníamos suficientes nocheviejas de juerga encima. Es la primera vez que me levanto un uno de enero sin resaca y antes de las doce del mediodía.
El uno de enero es raro. No hay prensa, no hay bares, por no haber no hay ni tabaco que fumar, estoy con un mono tremendo. Estamos todos como atontados y pese a la fiesta de reyes, con la sensación que ésto se acaba. Aunque soy de los que dudan del significado de la navidad, siempre los días como hoy no puedo evitar el sentirme triste, a pesar de que todos despotricamos de las comilonas y demás siempre es bonito volver a ser niño, dado que nunca abandonamos del todo ese niño que todos llevamos dentro. A mí de chaval siempre me entraba la pesadumbre de volver al colegio y esa sensación la sigo teniendo de adulto.
Lo bueno que tenemos los españoles es que todavía nos queda la no menos importante fiesta de los reyes. Ahí es cuando acaba realmente la navidad aquí en España.
¿Por qué estaré melancólico hoy? No sé, tal vez aunque despotrique del espíritu consumista y blablablá, siempre dentro de mi estará el niño ilusionado que en su inocencia no quiere ver el lado retorcido de la navidad.

domingo, diciembre 31, 2006


Mis suegros tienen una pequeña explotación agrícola con cuarenta olivos. La compraron hace unos treinta años cerca del límite que divide la Comunidad de Madrid con la de la provincia de Toledo. Se la compraron porque, tal vez, la nostalgia de su pueblo andaluz fuera más llevadera en una pequeña parcela para pasar los fines de semana. De hecho, se les iluminan los ojos cada vez que van allí. Mis suegros ya son ancianos, tal vez demasiado para llevar aquello; pero son felices en su pequeño terruño, en su casita, con sus olivos, sus espinacas y su aire limpio.
Pero esa cosa tan bucólica a mi cuñado y a mí nos pone cara de sota de bastos. Esa es la cara que se nos puso cuando nuestras respectivas mujeres nos dijeron:
-El sábado no hagas planes porque tenemos que ir a recoger aceitunas a casa de mis padres.
Pues hala: dos madrileños amantes de la polución a hacer de aceituneros altivos de Jaén.
Siempre que voy a coger aceitunas adonde mis suegros, no sé como los olivos no se ponen a temblar y se les caen las aceitunas solas. Porque desde luego, es para tenernos miedo. Por lo pronto, yo para varear cojo el palo del revés. Es decir, lo cojo por la parte fina y vareo por la parte gorda. Con ello consigo que caigan muchos ramones, que no son rockeros neoyorquinos que se han encaramado a los olivos, sino cómo llama mi suegro a las ramas que caen por pegarles excesivos palos al árbol. Cada rama caída son aceitunas que no tendremos al año siguiente. Varear es un trabajo que requiere de cierta habilidad, cosa que yo no tengo. Si los olivos tuvieran conciencia, seguro que me hacían la zancadilla con las raíces cada vez que paso al lado de ellos.
Y es que donde no hay no se puede sacar: ¡Qué pueden hacer mis suegros con un urbanita que pregunta por el enchufe de la azada! En fin, la ignorancia, que es muy atrevida.
Ante todo, un urbanita cuando va al campo tiene que ser humilde y receptivo para aprender nuevas cosas y confirmar aquello que aprendió en el colegio sobre el medio rural. Por ejemplo, yo aprendí en la escuela que los gallos cantan al amanecer. Efectivamente, un gallo vecino cantó temprano. A las seis. A las seis y media. A las siete. A las ocho. También a las tres. Comprobé no sólo que los gallos cantan al amanecer, sino que también pueden estar un poco zumbados.
El campo tiene también otras cosas buenas: que da hambre y que las cosas saben mucho mejor.
"Venga, a almorzar"dice mi suegra. Un almuerzo consistente en deliciosa y grasienta panceta, delicioso y más grasiento todavía chorizo, mucho pan y mucho vino. Volvemos un ratito a trabajar. "Os traigo unas cervezas, que estaréis sedientos". Cerveza y panchitos. "Venga, que ya es hora de comer". Cocidazo madrileño, bien regado con vino para entonar el cuerpo. Otro ratito más a trabajar. "El café ya está listoooo". Café y excelentes dulces navideños. "Joder, y eso que vine al campo para gastar trabajando parte de lo comido en navidades" Dice mi cuñado."Es que le campo da hambre" Le contesté yo.
Total, que llegó la hora en que los improvisados jornaleros terminamos la jornada. El manto de la noche empezaba a cubrir la parda meseta castellana. Era tiempo de llevar a la almazara el fruto de nuestro esfuerzo para que lo transformaran en ese oro líquido, el aceite, tan valorado por su calidad y tan caro por culpa de los italianos que entraron a saco a por el aceite español.
"joer Manué, pos sí que trae usté jornalero pa tan poca chicha"Le dice el encargado de la almazara a mi suegro. Y mi honrado y honesto Manuel hace ese gesto tan característico suyo de subir los hombro como diciendo "¡y qué quiere que haga!"
El problema de mis suegros es que tratan muy bien a sus peones y así pasa, que los devuelven a casa bien comidos, bien bebidos pero poco trabajados. ¡Si es que no se puede tener a la familia trabajando para ti!

viernes, diciembre 29, 2006

La tele es modelo de comportamiento humano. Nos da tipos en los que basar nuestra conducta. Ahora está de moda el tipo borde y grosero, con una sinceridad tan brutal que pone a las señoras con ansias de redimir a tipos malos. El "Yo soy rebelde porque el mundo me ha hecho asín" que cantara Jeanette. Los tipos más bordes de la tele son House y Risto Mejide. Bravo por decir lo que los demás no nos atrevemos.
Dan un tipo masculino que gusta, tanto a mujeres como a hombres: están por encima del bien y del mal, actúan como jueces y dicen cosas que a los demás nos costaría un "triunfo" decir; yo recuerdo situaciones en las que he dicho tierra trágame, cuando he sido yo la víctima del ataque de la amenaza borde.
Unas veces, no he sido yo la víctima y otras he presenciado cuando lo han sido otros. Yo casi siempre he sentido conmiseración por el atacado, pero casi siempre ha quedado mejor el borde que su víctima. La gente suele estar con el más poderoso. La víctima, enrojecida de vergüenza, queda en el ridículo más espantoso y le está doliendo el guantazo verbal una semana. Es como los documentales de leones: siempre que logra dar la letal dentellada en el cuello a la gacela sientes pena por ella, pero no puedes dejar de pensar: "es ley de vida".
Y mientras el grosero gana puntos socialmente, bien por el miedo infundido por sus invectivas ("no vaya a ser yo el siguiente", piensa el personal) , o bien porque ha sido especialmente ocurrente (sarcasmos, ironías, retruécanos y metáforas puestos al servicio de la peor leche humana), el receptor de bilis se queda como un tonto mirando al sol.
Menos mal que esto de los bordes de la tele, como todo, es una moda pasajera. A lo mejor tiene el beneficio sicológico de una vacuna, es decir, cuando nos topemos con un tipo grosero, nos acordamos de cómo trataba House a sus colaboradores y se nos pasa el cabreo de no ser los únicos maltratados por la testosterona.
Espero que la próxima moda que llegue sea la de los tipos bonachones incapaces también de decir una mentira, pero con educación. Como yo, que no tengo abuela.
Por cierto, otra cosa que tienen el común House y Risto Mejide: que tienen a su servicio un buen nutrido grupo de guionistas.
Feliz año nuevo.Publicar

jueves, diciembre 28, 2006


Ayer estuvimos viendo mi chica y yo una película absolutamente genial de Billy Wilder: el crepúsculo de los Dioses.
El argumento de la película trata básicamente de la decadencia de las estrellas del cine mudo, del colapso que produjo en sus vidas la irrupción del cine sonoro. Recuerdo una anécdota que me contaron que le pasó a uno de esos actores: tenía una planta magnífica, pero una voz horrible, y por culpa del sonoro tuvo que dejar de hacer películas; su voz sonaba ridícula en las proyecciones.
La película aborda un problema muy actual: el de reciclarte ante el paso del tiempo. Hay veces que el tiempo pasa como un rodillo sobre tu vida. De repente, lo que se te da bien hacer o con lo que te ganas la vida ya no sirve para esta sociedad absurda.
En el cine español pasó, por ejemplo, con una actriz llamada Nadiuska, que cuando pasó la época del destape y envejeció, quedó tirada como un juguete roto, enloquecida y sin posibilidad de reciclarse. Era muy bella, yo he visto sus películas de la buena época (que no dorada, pues el cine español de entonces daba dividendos, pero era bastante malo) y es una lástima cómo ha acabado.
Pasó también en otras profesiones más humildes, por ejemplo, la de los serenos de Madrid. ¡Cúantos hombre serían jubilados entonces porque ya no había forma de competir con los baratos y funcionales porteros automáticos!
El problema es que con el constante y creciente progreso tecnológico, cada vez mayores capas de población se verán perjudicadas por el efecto "juguetes rotos". Las máquinas hacen todo más rápido, más eficientemente, más barato. Comienza a no necesitarse a la gente para controlar las máquinas, ya que lo hacen inteligentes computadoras. Los actores actuales ya tiemblan ante el progreso del cine virtual (¿Para qué pagar caprichosos y caros actores humanos, si tenemos a manejables y sumisos actores virtuales?). Tiemblan también las humildes cajeras de supermercado, ante la inminente llegada del pago automático por parte de los clientes (ya están funcionando de modo experimental en algunos supermercados) En definitiva: está llegando la sustitución total del trabajo humano, tanto intelectual como físico. Está llegando el momento en que ese 20% de la humanidad que tiene la sartén por el mango no necesite al 80% restante. Bueno, puede que entonces, los juguetes rotos tengamos un momento de regocijo.
A ver cómo se las arreglan para vender mercancía a los pobres juguetes rotos.

miércoles, diciembre 27, 2006

Vuelvo a currar. Otra vez, en el útimo sitio donde me contrataron. Es la enésima que empiezo. Mi certificado de vida laboral, ya lleva, por lo menos, tres hojas. He estado en más trabajos que mi madre, mi padre, mi tío y mi otro tío juntos. A ver si encuentro la estabilidad ya de una vez.
Esta noche soñé que iba a un examen de oposición y que me pillaban copiando. Yo dije que era inocente, pero el tío que me hacía el examen estuvo a un tris de echarme. Mi inconsciente lo fabricó con una buena cara de mala leche. Con todo, dejó que me quedara. No obstante, cuando vi los ejercicios, no me sabía las preguntas y yo dudaba entre marcharme y saber que había suspendido en ese mismo instante o quedarme y saberlo un poco después ¡Vaya sueño espantoso! Continúo. Aunque no tenía intención de copiarme, me encuentro la solución de una de las preguntas en unos papelajos que había en el sitio. Eran de un tío que se lo sabía bien. Me acuerdo que entonces me pregunté que cuándo iba a darse la ocasión en que me encontrara con que no hubiera nadie que supiera más que yo. En ese momento me desperté ¡Me está afectando esto de las oposiciones!
Una profesora del departamento de la universidad en la que yo estaba una vez me dijo que ella empezó a vivir cuando aprobó la plaza, que se había pasado toda su juventud estudiando y preparándose. me confesó que a veces se preguntaba si no había perdido ese tiempo tan importante en la vida de los hombres estudiando. Yo, por supuesto, le contesté que en absoluto, que ella no había perdido el tiempo y que ahora tenía la merecida recompensa. Se lo dije pensando en el calvario de temporalidad en el que todavía hoy estoy sumido.
Hay veces que me dan ganas de mandarlo todo al carajo, pero creo que tengo que seguir luchando. Quiero quitarme de una vez por todas la preocupación por el futuro. Ya sé que en esta vida no hay nada seguro, pero creo que esta inseguridad que ahora estamos viviendo ha sido, en cierta manera, inducida artificiosamente. No está bien eso de jugar con nuestro futuro, como si fuéramos burros atados a carros que trabajan para conseguir una zanahoria inalcanzable.
Cambiando de tema, otra de las cosas buenas que me han pasado hoy es que me llamó mi jefa de la universidad. Me llevaba muy bien con ella. No sabéis lo que se lo agradecí. En fin.
Siempre es bueno que te recuerden en los sitios en los que has estado.

martes, diciembre 26, 2006

Estamos todos contentísimos con mi sobrino. Está grande y rollizo; seguro que saldrá listísimo y espero que lleve la vida más feliz posible.
Qué pena que no se dé cuenta de la mayoría de las celebraciones y risas que tenemos por su causa: celebramos cuando se ríe, cuando se hace caca, cuando eructa. ¡Es el mejor tiempo en la vida de un hombre! Si alguno de nosotros eructara después de comer, nos pondrían de guarros hasta arriba. Si lo hiciéramos, por ejemplo, en la comida de la empresa, significaría la muerte social en nuestro departamento y eliminaríamos para siempre nuestra posibilidad de ascenso. Y por supuesto, a la hora de ir al baño, sólo celebramos nosotros mismos el acto de la defecación; si damos publicidad al importante hecho de que por fin no estamos estreñidos, nos dicen guarros y que si no tenemos de otra cosa mejor de la que hablar. ¡Qué afortunado es mi sobrino!
A lo mejor por eso, vivimos la niñez siendo el centro del universo; en los cumpleaños somos los reyes y son hasta reyes los que nos traen el regalo por navidad. Lo malo es cuando crecemos, que siempre llega alguien que te recuerda lo insignificante que eres para la humanidad: la primera chica o chico que te rechaza, el primer jefe que te trata mal.
Es como si nos cargaran cuando somos pequeños las pilas del autoestima y según va transcurriendo el tiempo, las circunstancias nos las van vaciando. Si hay algo que no es recargable es el ego y las neuronas. Empiezas siendo un dios y acabas siendo un vulgar tornillo de este gran engranaje que es la humanidad.
Yo procuraré que mi sobrino se siga sintiendo un rey, intentaré prevenirle de los peligros que le acechan y sobre todo que, si se encuentra con alguien que no le ama, le persuadiré de que no deje nunca de amarse a sí mismo.
Teniendo yo diez años, hubo un tipo muy bruto amigo de mis padres que me dijo unas palabras que se me quedaron grabadas para siempre:
-"a este niño le quedan por recibir muchas hostias"
¡Qué razón tenía el majadero! Reconozco que me hizo touché. Pero también le agradezco que me hiciera lúcido porque gracias a su crudeza ahora veo menos gigantes y sí muchos más molinos.

domingo, diciembre 24, 2006


Fundamentalmente, para desenvolvernos en sociedad nos preocupa tener armas. Queremos tener la espada y el puñal necesarios para defendernos en esta loca civilización: me refiero a un físico esplendoroso y a un cociente intelectual destacable.
Lo cierto es que la mayoría de la gente somos físicamente hablando, del montón; no sobresalimos ni por feos ni por guapos. A todos nos gustaría tener un cuerpo excelente, porque es cierto que el ser guapo abre muchas puertas y predispone a la gente a tratar mejor a los que lo son.
Hay uno de esos tontoestudios ( esas cosas que sirven para hablar con los amigos en las barras del bar o para poner en un blog cuando el autor está espeso ese día y no tiene otra cosa más interesante de la que hablar) que los hombres altos suelen tener mejor sueldo y acaparar los mejores puestos de las empresas. Es curioso, pero si me pongo a pensar en las empresas en las que he estado, casi todos los jefes eran muy altos. Me acuerdo que uno de los hombres más altos que he conocido pasó de ser de un reponedor que llegaba a las baldas más recónditas del almacén a ser un alto jefe que imponía con su estatura a los sufridos, bajitos y mal pagados reponedores. Hablo de los altos, porque ser alto es cualidad valoradísima entre las mujeres. Si eres alto y guapo, tienes los dos pasaportes más eficaces para atravesar las fronteras sociales más inexpugnables.
La belleza se usa como medio de selección de los individuos, de forma consciente o inconsciente, por eso vivimos en la era de la imagen y por eso las clínicas de cirugía estética gozan de gran predicamento.
De todos modos, ya he comentado en alguna ocasión que lo que me gusta cuando voy en tren es observar caras, comprobar lo disímiles que somos físicamente y que la "fealdad" me parece más interesante que la belleza: éste tiene la cara como el capitán Haddock, aquél con sus bigotes tiene la misma pinta que un obrero del diecinueve, aquélla tiene los labios finos de la Gioconda, ¡Joder ésa, Cómo se parece a Sabrina!
No sé quien dijo, que con esto de los progresos de la ingeniería genética, podrían llegar a tener todos los hombres y mujeres del futuro, el aspecto de Ken y Barby. ¡Vaya un mundo aburrido!
Cuando no se es guapo ni atractivo, nos quedamos con el consuelo de creernos inteligentes. Por eso, para que no se hunda nuestra autoestima, huímos despavoridos de los test de inteligencia; si uno puede esquivarlos, no los hace, lo malo es que cada vez las empresas recurren a ellos más asiduamente como forma de selección de personal, pese a que están muy cuestionados por ciertos sicólogos y siquiatras; siempre se pone el ejemplo de aquel señor de la selva que sale que es retrasado mental en el test de inteligencia. El test está hecho bajo los patrones educacionales del hombre occidental, y se dice, con toda la razón, que seguramente un hombre occidental, que haya sacado buena nota en el test, puesto en las misma condiciones que el hombre de la selva, se moriría de inanición, porque el conocer las plantas que comer y saber cómo cazar los animales que en ella viven es el test de inteligencia que tiene que pasar el hombre de la selva para sobrevivir.
Uno de los hombres más inteligentes que se recuerdan, el ajedrecista Bobby Fischer, es un auténtico inadaptado social y un verdadero inútil en todo salvo en el ajedrez. Por ser no es ni buena persona. También tenemos el caso contrario de Albert Einstein, que no sólo es uno de los mayores genios de todos los tiempos, sino también era una excelente persona, pacifista (aunque utilizaran sus ideas para hacer la bomba atómica) y comprometida socialmente. En los listos, de todo hay.
En fin, que lo de guapo y lo de listo está relacionado con nuestro deseo de ascenso social. Lo que tenemos que hacer es abolir la pirámide social, prohibir que se acuda a las clínicas de estética por idioteces y, sobre todo, eliminar los departamentos de recursos humanos. Deseo que las potencialidades de todos estén al servicio de todos y no de unos pocos, los que ahora están arriba y que son los nuevos señores feudales. Tal vez no sean los más inteligentes, pero tienen en nómina a los que sí lo son y están casados (o casadas) con aquellas grandes bellezas que se dejan comprar.

sábado, diciembre 23, 2006


Hoy os voy a hablar de un hombre bien hecho pero mal rematado, de un enebrador de palabras, de un hombre de valles y de montañas. Voy a hablar del poeta un poco cansado.
En un lugar recóndito de la Castilla rural de la posguerra nacieron dos mellizos: un niño y una niña. La niña nació bien, el niño, también, Pero con las manos retorcidas. El galeno no sabía el por qué de esa deformidad. Entonces la ciencia no llegaba a tanto como hoy. Se hicieron muchas suposiciones y conjeturas, que me resisto a poner aquí porque cualquiera de la que vosotros penséis es tan válida como las que hizo la poca ciencia que había dejado la guerra.
El niño llegó en una mano con sólo dos dedos y en la otra con los cinco aplastados. Un verdadero trauma para un matrimonio de agricultores de Castilla, que, como tantos otros, sólo contaban con las manos para ganarse el sustento: manos para la azada, para el ordeño, para la guadaña, para amasar el pan. En la rural y vieja Castilla un hombre con malas manos o sin ellas era un hombre perdido para el futuro. Su vástago no tenía bien las fundamentales herramientas del labriego. Desde aquel momento que el pequeño nació, decidieron ponerle a estudiar y que tuviera un futuro con los libros. Iría a la ciudad, pues el pueblo no es lugar para las manos de ese niño.
El niño fue creciendo, y aprendió a querer a los fresnos, los álamos, las golondrinas, los grajos, los jilgueros, los cerros y las piedras de su pueblo. Aprendió a respetar a los ancianos que sentados estaban en las portadas de las casas, a las mujeres con barro hasta las rodillas. Aprendió a querer al sol, la luna y el aire, como diría ese poema de Alberti. Quiso, en definitiva, la tierra que le vio nacer y con la que soñaría tantas veces en la habitación de una gran ciudad que, con su mar de civilización, nunca podría sustituir a un riachuelo rebosante de berros en sus orillas.
Creció y se divirtió con otros niños de su pueblo, que acostumbrados desde siempre a sus manos rotas, nunca le menospreciaron por ello. Demos todo el valor del mundo a este hecho, pues es cosa difícil de conseguir el respeto de los niños, entonces y ahora. Él peleó por ese respeto y se divirtió con los demás zagales. Todos los amigos que tuvo entonces los tiene ahora hoy . Tuvo, sobre todo, el amor de sus dos hermanas y de su hermano, que aún hoy le siguen amando incondicionalmente. Fueron cuatro Abeles y ningún Caín.
Si algo teme el castellano, éso es al mañana, y los padres de ese niño, llevados por el amor pero también por el miedo al porvenir, decidieron que le tocaba a hacer el bachillerato en la ciudad. Eso requería una inversión importante de dinero, aunque pobres, su hijo de manos rotas debía tener un futuro. El niño tenía marcharse a buscar su sostén lejos de una azada. La tarde de antes de la partida, él y sus hermanos lloraron hasta tener los ojos hinchados. Encima de ellos, las golondrinas hacían las últimas acrobacias del verano. No sabía cuándo volvería a verlas. Una madre también lloraba en silencio mientras cosía. Un padre pedía el vino en la taberna con la boca más seca que otras veces.
Pasaron algunos inviernos y cursos, y muchas tardes, el niño subía la vista de los libros porque se acordaba de su pueblo. Más de un suspenso le cayó por culpa de la nostalgia. Pasaron más años todavía y el niño se transformó en un adolescente en el que principiaba la elegancia: era guapo, de dulce caída de ojos. A partir de entonces, ninguna mujer se fijó en sus manos sino en sus ojos. Desde los dieciséis años, cuando iba los veranos a su pueblo, siempre hubo quien le arrancara gemidos a la orilla del río.
Y bueno, ya sabéis como sigue la historia de Don Juan, que de todo hubo y con todas se las vio. Noches y más noches citándose con Venus. En algunas ocasiones, viviendo un vodevil en un armario. Alguna mujer mayor llamándole crápula y sinvergüenza. Por haber, hasta monjas sé que hubo. Pero este Don Juan fue honrado y aunque en muchos lechos estuvo y muchas conquistas hay en su haber, siempre confesó con algo de humildad que nunca conquistó y siempre fue conquistado. Que él siempre cuando salía nunca sabía si iba a acompañar alguien en alguna cama: quienes lo sabían era las mujeres con las que se iba a encontrar aquella noche. No ligamos, nos ligan, siempre me decía, cuando yo tenía dieciocho años y más interesado estaba en el ars amatoria.
Sirva de ejemplo para los que creen que el atractivo pasa por un quirófano. Las manos rotas de un poeta siempre encontraron un pecho ardiente al que tocar.
Terminó sus estudios y se puso a trabajar. LLegó el momento de sentar cabeza y casó con una vasca cosmopolita y burguesa, con la que tuvo dos hijos. Aunque poeta, montó negocios que en un principio fueron bien. Se aficionó a los viajes, a los buenos restaurantes, a la ropa cara. Fue un cuarentón con estilazo y aunque casado, todavía cotizaba en el mercado de los Tenorios. Si os he de ser sincero, no sé si alguna vez cometió infidelidad, pero como no me consta y lengua viperina no tengo, diremos que los suspiros que arrancó entonces fueron hechos en posición vertical y no en horizontal. Salvo a los de su mujer, claro está.
Desgraciadamente, vino la cuesta bajo y sus negocios, como los de tantos otros, quebraron por la crisis de los noventa. Se quedó, como dice la canción de Sabina, "vencido, calvo y tieso". La ciudad que un día conquistara le cerró sus puertas y aunque amaba a su mujer, las cosas comenzaron a ponérsele muy difíciles a ambos, con el agravante de ser personas en una edad mala para que les cojan en alguna empresa. No pudo encontrar trabajo y su pensión por minusvalía no alcanzaba para mantener un hogar. Gracias a que sus hijos estaban en edad de trabajar, pudieron salir adelante. Vendieron su casa, y el dinero que les dieron por ella sólo sirvió para pagar deudas. Otra historia triste de cómo una familia de clase media deviene en clase baja. El resto, ya os lo podéis imaginar: después de la separación, el poeta decidió volver a su pueblo, a la casa donde pasó sus primeros días de manos rotas.
"estos parajes me perteneces,
aquí abrí mis ojos al mundo
a cielo, al sol, a mis afectos,
aquí soñé con ser un pájaro,
soñé con llegar a viejo
y ser grande como mi abuelo..."
Parafraseando una vez más a Sabina: "y sin dejar de ser el mismo el sabio, que para hacer poesía, sólo tenía que mover los labios..."
Nuestro poeta respira los vientos de su pueblo y los transforma en negro sobre blanco. Es un fue, un será, pero lo mejor de todo, es un es. Después de todo lo que ha pasado y de todo lo que ha sufrido, está en el sitio del que nunca se quiso ir.
Lo siento, pero dejo esta historia inconclusa. Si queréis saber más, preguntad en un viejo pueblo de Castilla por un rapsoda de ojos tristes, de manos y vivencias rotas.