domingo, diciembre 17, 2006


Seis comilonas como seis toros Mihura tengo la semana que viene. Cada vez que entro al baño, miro de reojo a la báscula. Hoy hemos decidido ir con la familia a un chino para ver si la comida nos produce descomposición y adelgazamos unos kilitos para entrar con buen pie en las comidas de navidad ¡Vaya manera de comer!
Se comen langostinos como si fueran pipas. Se bebe cerveza y champán en lugar de agua. Parece que no hemos comido en veinte años y los cierto es que la última vez comimos así y en esa cantidad fueron las navidades pasadas ¡Qué horror!
Lo peor es que llegará un momento en que miraremos las ricas preparaciones que tanto tiempo han llevado en la cocina a los aficionados cocineros con una mezcla de reparo y hastío. Los aficionados a los fogones se habrán esforzado al máximo para unos paladares que están ya congestionados de tanta mezcla de sabores y sobresaturados de trabajo. El esfuerzo y el amor puesto por los Paul Bocusse en potencia no tendrá la recompensa merecida de nuestros maltratados estómagos.
Se calcula que los españoles engordaremos de media tres kilos. No importa. Más vale echar carne de más que echarla de menos. Ya los perderemos en enero. Es la primera época en la historia de este país en que la los españoles estamos hartos de comer. En la literatura del siglo de Oro, se hablaba mucho de comida en novelas y teatros, precisamente porque no había. Debemos disfrutar de la bonanza porque nunca sabremos cuándo se va a acabar. Disfrutemos del vino, del que acaso nos privemos por
el cambio climático, disfrutemos del cordero, que tanto ha sido anhelado por nuestros antepasados (Recordad el refrán: de la mar, el mero y de la tierra, el cordero) y disfrutemos del turrón, aunque este año venga más caro por la escasez en la cosecha de avellana. A saber si dentro de unas pocas generaciones dejaremos de tener turrón. Agradezcamos el champán, el pavo, los polvorones y los langostinos, que tan
cerca los tenemos y tan fácil nos ha sido el obtenerlos. Nunca se sabe, a lo mejor, dentro de poco tiempo, deciden hacer con la comida lo que han hecho con la vivienda: ponérnosla por las nubes. Por eso comed, comed, que nunca se sabe.
Hece poco vi un vídeo de una mujer africana que dormía a sus hijos haciéndoles creer que había sopa para cenar. En realidad, en el caldero sólo había piedras y era una artimaña que empleaba la pobre mujer para paliar el dolor de sus hijos por el hambre. Lo que yo daría por compartir con ella y sus hijos mi mesa, que se hartaran de comer como yo.
Por eso, me río de Ferrán Adriá cuando nos ofrece como alternativas gastronómicas las ligeras espumas de zanahoria y demás zarandajas. Quédate, ilustre cocinero, con tan poco saciadores platos, que donde esté el cordero de digestión pesada, que se quiten las espumas que dejan la sensación de no haber comido.
Viva el Almax y vivan los cinturones con un agujero más.

viernes, diciembre 15, 2006


En España hay mucho Torrente. Todos conocemos muchos ejemplos de nuestro alrededor. Yo os voy a contar el mío.
Mi Torrente proviene de una familia humilde, pero de derechas de toda la vida. Tanto es así, que acostumbra a exhibir unas botellas de vino con las efigies en las etiquetas de José Antonio Primo de Rivera y Francisco Franco Bahamonde. El vino, que he probado, es cabezón: da un dolor de cabeza espantoso. No sé si por la cantidad de productos químicos que le han echado en su elaboración o por las dos efigies de las etiquetas, que producen gran pesar.
Uno de los pocos lujos que se ha permitido en su vida es comprar a su mujer medio abrigo de visón para ir los domingos a misa. Medio, porque no tenían para pagar uno entero, ni tan siquiera a plazos. Por cierto, se comenta que los visones de ese abrigo eran muy aficionados en vida a la zanahoria.
Desafortunadamente, el sueldo de este hombre ha sido y es pequeño, y las horas extras que hacía antaño eran para pagarse los viernes el ayuntamiento del guerrero en el burdel, así que su mujer tenía que salir a fregar en casas de postín. Muchas veces, cuando volvía derrengada de pelarse las manos con la lejía y el detergente, se quejaba a su marido del poco sueldo que le pagaban las casas donde iba, a lo que éste invariablemente, solía responder, "Calla, mujer. No muerdas la mano que te da de comer."Ahora, este hombre está mayor y no va tanto de putas como antes. Pero eso sí, su mujer no ha podido dejar de fregar en casa ajenas.
Nuestro hombre es aficionado a la caza. Le encantan esas viriles pitanzas de liebre con arroz. Le encantan los fusiles. Cuando lo de la intentona del golpe de estado, el 23-F, él se preocupó de tener sus armas bien engrasadas y en perfecto estado de revista. Había mucho trabajo por hacer matando rojos. En su casa había todo tipo de trofeos de caza: esa cabeza de jabalí, esa lechuza disecada... Todo para recordar que el hombre es un depredador y si no matas, te matan; ésa era otra de las grandes consignas por las que se conduce en la vida nuestro hombre.
A medida que fueron pasando los años, nuestro hombre pudo tener unos ahorrillos. Era el momento de comprarse un coche que le hiciera señor. Se hizo con un Mercedes 280. Los cilindros llevaban más de veinte años trabajando sin descanso, estaban al borde de la prejubilación. Era de los primeros coches en llevar dirección asistida y casi de los primeros en llevar motor a explosión. Resumiendo: era una tartana de mucho cuidado. Eso sí, se sentía grande nuestro hombre conduciendo por su pueblo el plateado Mercedes; sobre todo disfrutaba cuando montaba con su mujer en el coche y recorría los escasos doscientos metros que separan la casa donde veraneaban de la Iglesia. Una llegada majestuosa a la puerta del templo, digna de ser filmada por la tristemente desaparecida Pilar Miró, estupenda directora, encargada de la retransmisión de la boda de las Infantas.
Desafortunadamente, el que bebió mucho de joven, más bebe de viejo y el Mercedes era coche de grandes tragos. Vamos, que tenía que llevar a la Campsa detrás de él. Por tal motivo, nuestro hombre se veía obligado a prescindir, entre otras cosas, del vermout de después de misa. Lamentaba esta circunstancia, ya que le encantaba hablar en el bar con los parroquianos de política, sobre todo, de los rojos traidores que se manifestaban por todo. Eso sí, él, aunque de derechas, también se manifestaba, pero por las cosas importantes, por las que se debían arreglar. El iba a manifestaciones por España. Lo que a él le llevaba a los infiernos eran esas manifestaciones que hacían los rojos: por la privatización de la sanidad, por la carestía de la vivienda o por la precariedad del empleo, manifestaciones a las que además sólo acudían cuatro. Qué pérdida de tiempo. Utopías a mí... A otro perro con ese hueso. Reivindicar, sí, pero con cabeza.
Que Dios te dé tanta salud como descanso dejas, decían siempre los de su pueblo cuando a finales de verano, cargaba el Mercedes y volvía a la ciudad.
En fin. El caso es que nuestro hombre es feliz. Si hicieran un estudio estadístico, estoy seguro que averiguarían que la gente reaccionaria como él tiene menor índice de depresiones que el resto de la población. Será porque casi siempre ganan los suyos, y ya se sabe lo que pasa cuando el domingo gana tu equipo favorito: al lunes siguiente te encuentras más feliz, pero sigues igual de pobre.
Eso les pasa a los Torrentes de este mundo, que por cierto, suelen ser socios de los clubes que suelen ganar. Que se lo pregunten a Berlusconi.

jueves, diciembre 14, 2006


Siempre que llegan estas fechas me acuerdo de los mendigos. Sé que suena a tópico, pero es así. Más que nada, por el frío que hace fuera y lo difícil que se les pone el dormir en estas fechas. Tampoco debe ayudar nada las tremendas luces que ponen los ayuntamientos. Watios y Watios que nos recuerdan que es tiempo de consumir. Para
ellos deben resultar molestas tantas luces, para coger el sueño y por la tontería generalizada que representan.
Si algo caracteriza a los mendigos españoles es su tremenda dignidad. Ejemplos hay a patadas.
Mi madre trabó amistad con un mendigo que siempre andaba por los alrededores de la calle Alcalá de Madrid. Dice mi madre que su forma de pedir era muy peculiar: "dadme algo, pero no me déis billetes, que se me vuelan"
Como podéis comprobar, era un hombre que, pese a su situación, se mostraba por lo general ingenioso y risueño. En una ocasión, el mendigo le pidió a mi madre, y ella le dio parte de la calderilla que llevaba. Al ver ésto, una compañera de trabajo que iba con mi madre pronunció esta desafortunada frase: "no le des dinero, que seguro que se lo gasta en vino" a lo que el mendigo respondió: "¿pero qué quieres, mujer. Con cien pesetas que me ha dado, me hago un crucero o qué?" Aparte de dignidad, este mendigo tenía salidas para todo.
Muchas veces le decía a mi madre que aún acostumbrado a vivir en la calle, su vida no era fácil "¿Por qué no vas a las residencias de mendigos que tiene la Comunidad de Madrid?" "Ay, hija, allí no hay Dios que esté. Todos los días hay trifulcas y yo no quiero líos con nadie""Pero pasarás mucho frío""Ahora, en invierno, pero cuando llega el verano te tumbas en un parque y la verdad es que no se está mal"
También le contó muchas historias. De otros mendigos, mayormente. Todas eran historias de despidos, de divorcios, de alcoholismos, de ludopatías, de drogadicciones, de muertes y de miseria. Todo eran pendientes cuesta abajo, sin posibilidad de volverlas a subir.
Por supuesto, ya sabéis cómo acaba esta historia: un día, mi madre no volvió a ver al
mendigo. Un ser más perdido en la noche de los tiempos y en el terror de la indigencia. A saber si en una fosa común de esas que tiene la Comunidad de Madrid y en la que nadie quiere estar, como en los albergues.
Una vez vi un programa en el cual un periodista pasaba la noche con un indigente madrileño. Al final dijo que había pasado la peor noche de su vida, no porque le agredieran, que por cierto, sí hubo posibilidad de que recibiera alguna torta sin comerlo ni beberlo, sino porque le aterraba la posibilidad de que se viera otra vez viviendo la dura y cruel vida del paupérrimo.
Desgraciadamente, no estamos tan lejos como creemos de llevar vidas de indigentes. Unos pasos mal dados o un poco de mala suerte, y en un abrir y cerrar de ojos, nos podemos encontrar rodando la pendiente que lleva a la miseria.
Mi deseo es que ni a ti ni a mí nos pase jamás. Felices fiestas.

miércoles, diciembre 13, 2006


Bueno, en el paro otra vez.
Recuerdo que en los buenos tiempos, cuando yo era interino y tenía un contrato más o menos estable, no como ahora, que entro y salgo de mi nuevo trabajo como si fuera un yo-yó, que pensaba que no estaría mal pasar de ser de funcionario interino a funcionario fijo. Consolidación del puesto, que llamaban, pero claro, uno del sindicato, con buen criterio, me sacó del error:
-¡Qué dices, hombre! ¿consolidar tu puesto? ¡Tienes que pasar unas pruebas selectivas!
- Pero si las he pasado. Tuve que hacer un sicotécnico, aprobarlo y luego hacer una prueba a ordenador.
- Sabes tú como yo que eso era para una bolsa de trabajo temporal. Eso no vale para hecerte fijo.
Total, que no era legítimo el querer quedarme fijo en mi puesto de sueldo digno, con horario más que aceptable, pagas de vacaciones y navidad. "es verdad, tiene razón ¡Menos mal que el del sindicato me ha sacado del error!"
Pero llegó el día en que me tuve que ir. Y me cagué en los muertos del sindicalista.
Por no defender mi puesto y porque no hay nada más legítimo que mi aspiración de ser fijo en una empresa, estatal o no. Me da igual lo que digan las leyes, porque ya dije en alguna ocasión en que hablé del tema que una cosa es lo legal y otra cosa es lo justo. Justo era que yo me hubiera quedado en ese puesto, con la grapadora y los bolígrafos, que esos sí que tienen puesto fijo en el despacho donde yo estaba. Qué tiempos los que corren en que llegamos al absurdo en que los bienes fungibles tienen más derechos que los propios trabajadores que los utilizan.
Lo que yo pienso es que, desde que un trabajador entra por la puerta de una empresa, estatal o no estatal, debemos defender a ultranza su derecho a quedarse en ella, siempre y cuando las actividades de esa empresa no hayan cesado.
Ahora me estoy acordando de mis dudas, de incluso mi sentimiento de culpa por querer quedarme con mi puesto. Ya no los tengo. Ahora tengo la certeza de que era justo que yo siguiera ahora trabajando allí.

martes, diciembre 12, 2006


El pasado domingo murió un tirano como suelen hacerlo la gente de su ralea: viejo, rico, en la cama e impune. Habrá quién piense que otro tirano, Hitler no murió así. A quien lo diga le recuerdo que Hitler fue la excepción, no la norma.
El tirano murió el pasado domingo nadando en la abundancia, rodeado de los suyos. Muchos le han llorado en su país. Otros, lo han celebrado. Habrá también quien diga, tomando una postura aparentemente equidistante, que no hay que celebrar su muerte. Claro, que estas personas piensan así porque no tienen ningún muerto o torturado en su familia a causa del tirano.
Habrá otro tipo de aparentes equidistantes que dirán que bueno, que después de todo, gracias al tirano, el país goza de la economía más estable de la zona gracias a que cumplió a rajatabla con las directrices de los Chicago Boys enseñados por Milton Friedman. Lo que no te dirán es que el tirano dejó a gran parte de la población de su país en la más absoluta pobreza, sin sanidad, educación ni nada de eso que hace vivir con dignidad a los hombres.
El tirano tuvo grandes amigos: Franco, que murió en la cama, Richard Nixon, que murió deshonrado pero en la cama, Ronald Reagan, que murió en la cama aunque demenciado, Margaret Thatcher, que morirá en la cama y Henry Kissinger, que también morirá en la cama. En esta vida, ser malo es garantía casi segura de morir anciano, rico, en paz y rodeado del cariño de los tuyos.
Se calcula que el tirano causó más de tres mil muertos y cuarenta mil torturados mientras robaba-gestionaba el país. Pero nada es comparable con la actuación de otro sátrapa actualmente ejerciendo de tal.
El sátrapa del que hablo llegó a ser presidente de su país manipulando unas elecciones, mandó su país a una guerra manipulando pruebas y bajo su responsabilidad, hay un incalculable número de torturados y han muerto 600000 personas. Un genocida en ejercicio. Actualmente, este tirano tiene 60 años y todo indica que, si no lo evita su pueblo, morirá viejo, quizá homenajeado por granujas como él y rico, y éso a pesar de que nunca se le han dado bien los negocios. Pero, gracias a él, hemos descubierto que la democracia también puede ser una muy buena fábrica de tiranos. Bueno, exagero, no lo hemos descubierto gracias a él: Hitler se hizo con el poder porque empezaron a votarle un gran número de personas. Viva la democracia.
Yo no quería hablar del tirano recientemente muerto porque ya bastantes palabras sobre él están nadando en el ciberespacio. Si lo he hecho es porque hay un dicho que
me ha impulsado a hacerlo:
-El muerto ya no importa. Importan los que quedan vivos.
El que importa es el sátrapa que aún ejerce.

lunes, diciembre 11, 2006


El otro día estaba viendo el telediario, y recordé porqué hace algún tiempo pensé en dejar de verlos.
Una señorita con los pelos a lo puercoespín, que es la última moda aquí en España entre las presentadoras de telediarios, anunciaba que los sueldos han permanecido sin subir desde 1997. Es decir, somos más pobres que entonces. Como ejemplo, el café con leche que me he tomado esta mañana en el bar. Me ha costado 1 euro con veinte. El mismo café con leche, tomado en 1997, me hubiera costado 100 pesetas, es decir, sesenta céntimos de euro. Justo la mitad.
Estaría bien tomarse un café con leche de hace diez años, pero seguro que la leche no está en las mejores condiciones.
La noticia se presenta disfrazada de imparcialidad. El reportaje viene con una voz en Off en la que, con aspiraciones de neutralidad, profundiza en la noticia introducida por la locutora con pelos de puercoespín. El estilo es aséptico, ya que nos pretende transmitir la gran verdad informativa. Yo, como espectador, me relajo porque pienso que alguien habla así jamás querrá mentirme. Me trago los datos estadísticos y las argumentaciones que dan los expertos como he visto la televisión siempre: sin pensar en lo que veo ni poner en tela de juicio lo que me dicen; es el gran defecto de los que nos hemos educado mirando a la caja tonta.
Entonces, para reforzar la noticia con las voces de la calle, me ponen el testimonio de un hombre y de una mujer en la cual comentan el problema de los ciudadanos para llegar a fin de mes:
-"Es cierto que tengo más problemas para llegar a fin de mes que entonces. A este paso, tendré que pluriemplearme"
-"Tendremos que apretarnos más el cinturón. Qué le vamos a hacer si los sueldos no han subido"
Eso, eso, qué le vamos a hacer. Al oír a este hombre y a esta mujer fue cuando se me dispararon todas las alarmas de mi cabeza. Vamos a ver, señores de la televisión estatal: entre todas las personas que pudieron dar su testimonio, ¿por qué han seleccionado los testimonios de las dos más conformistas? Lo lógico es que hubieran cogido también los testimonios del cabreado, del indignado, del molesto, del deprimido, del enojado, del triste o del compungido. La cacareada pluralidad de la que hablan nuestros políticos. En lugar de eso, cogen los testimonios de los resignados y sólo de los resignados ¿No serán los que más "se ajustan al perfil", como dicen en los Departamentos de Recursos Humanos de las grandes empresas?
¿Eso, por qué es?
¿Porque lo lógico es que cuando nos putean, nos resignemos?
No sé quién me dijo que para que una información sea de lo más neutral posible, hay que aportar todos los puntos de vista. Para ustedes, señores de la televisión estatal, parece ser que el único punto de vista que vale es el del ciudadano resignado, que no puede (ni debe) cambiar las cosas. Así nos va.
Qué tiempos los que corren, que ya la manipulación viene disfrazada de neutralidad. En fin. Sé que no va a acabar la mentira informativa necesaria para que la máquina capitalista siga funcionando triturando vidas, pero que por lo menos que cambien el peinado de erizo de las presentadoras que perpetran los peluqueros (oh, perdón, quise decir, estilistas) de las cadenas de televisión.

domingo, diciembre 10, 2006


Voy a empezar esta entrada diciendo lo que se dicen muchos fiesteros en domingo:
-¡Jodeeer, qué resacaaaaaa!
Entramos una veintena de treintañeros a comer al restaurante, y nada más pasar por el umbral de la puerta del salón donde se iba a celebrar el evento, volvimos a tener dieciocho años.
Siempre, un poco antes de navidades, hacemos la comida de los amigos, una cita de lo más difícil de organizar: "este finde no puedo" "es que al próximo ceno con la empresa"
"a mí es que me viene muy mal en ese día" "Bueno, pero yo si salgo de puente no contéis conmigo" Total, que después de unos cuantos dimes y diretes, todo el mundo se pone de acuerdo y por fin tenemos fecha de cena. Segundo problema: el local. Tiene que ser forzosamente en la ciudad donde vivimos, por lo de no coger coches y emborracharnos a gusto. También tiene que ser un sitio que ponga bien de comer, no sea que nos suceda lo que el otro año, que nos sirvieron la comida mal y fría.
Una vez resueltos estos prolegómenos, ya es hora de ponerse a cenar. La gran cita esperada todo el año. Es cuando se produce la gran bacanal.
Cerveza a tutiplén. Vino y sangría por ríos. Comida y más comida. Gritos y jaleo. Bromas de tres tipos: de las que se ríe todo el mundo, de las que se ríen sólo los participantes en ella y las que sólo se ríen los que las hicieron y hay uno que se pone muy serio. Las parejas se besan y los solteros estudian el panorama para ver si, bajadas las defensas, es posible una incursión en territorio enemigo.
Litros de alcohol corren por mis venas, mujer. Postre, café y copa. Cigarrillos, mucho humo. Muchos fumadores pasivos. Nos vamos a un Pub. En el camino, tres de nosotros se meten en una obra y cogen una carretilla. Quince años tiene mi amor cantan sus novias. Dejan la carretilla no porque se lo digan sus parejas, sino porque en el pub no les dejan entrar con ella. Una vez dentro del local, empezamos a Bailar con más o menos gracia, con más o menos soltura. Bueno, a estas alturas hay más gracia (las carcajadas de los que nos ven bailar) que soltura. Streaptease improvisados, de varón siempre, escenificaciones del amor entre hombres rudamente actuadas. Una soltera que se queja porque el que le acaricia no le gusta.
Son casi las seis y nos quedamos solos. Ya es hora de irse. Yo maldigo mi suerte porque sé que la resaca es segura.

sábado, diciembre 09, 2006


Madrid podría ser el paraíso de los solteros y de las solteras. Si ambos grupos quisieran o se quisieran.
Hay miles de mujeres y hombres buscando sus príncipes azules y princesas. Tal vez por eso, no se encuentran entre sí.
Las mujeres buscan al hombre rudo y a la vez delicado, simpático pero serio, divertido pero trabajador, con futuro profesional pero con un punto bohemio, idealista pero pragmático. La cuadratura del círculo, vaya.
Los hombres buscan a las mujeres que no... que sean...que...Los hombres buscan a las modelos que salen con los futbolistas, con toreros o con otros modelos. Vaya, los hombres buscan a las mujeres de los anuncios de lencería que hay en las paradas del autobús. La pena es que los hombres son celadores, enfermeros, teleoperadores y las mujeres sólo quieren a futbolistas, toreros y modelos o las tres cosas a la vez. También que salgan en el "Aquí hay tomate".
Los hombres y mujeres solteros se quejan de su soledad y se preguntan dónde están sus medias naranjas. Si tú sales por Madrid por las zonas de copas como Huertas, Tribunal, bajos de la Castellana, etc, verás a miríadas de hombres solteros con una copa en la mano buscando a su modelo, que normalmente está besuqueándose en una esquina con un apolíneo aspirante a modelo, futbolista o torero. Hay veces que los hombres de las copas, para ver si alguien se deja besar, intercambian palabras con las aspirantes a princesas, pero éstas llevan puesto un cinturón de castidad, cuya llave sólo tienen Adonis de culo redondo y abdomen con forma de tableta de chocolate.
En muchas casas de príncipes y princesas hay ordenadores, que ponen a disposición de sus dueños de miles de alternativas para que salgan de su soltería: los Chat, el messenger, los contactos...Sin embargo, es escaso el éxito de estos programas porque el número de aspirantes al trono no decrece.
Esta gente busca y no encuentra. Los solteros se quejan de que las aspirantes a princesas son bordes con ellos, no les siguen a la conversación, ponen un muro de defensa infranqueable. Ser madrileña y urbanita tiene esas servidumbres: Hay que ser borde. Como dijo un uruguayo que pasaba por aquí:
"Follar en Madrid es un milagro"
El Milagro de que solteros y solteras se pongan de acuerdo.

viernes, diciembre 08, 2006


Una de las cosas de las que menos se habla en estos tiempos actuales es de la nostalgia. Parece que es un sentimiento que se ha erradicado de nuestras vidas.
Eso estaba pensando yo cuando escuchaba en el autorradio del coche una canción de un grupo español llamado "Loquillo y los Trogloditas" llamada "Diez años atrás". La canción era un tema nostálgico de un tiempo perdido.
Lo curioso es que yo hacía que no oía esa canción diez años. Podía recordar perfectamente el momento en que la escuché. También recordaba que en esa época tenía nostalgia de diez años antes. Aunque suene petulante, ya he dicho en alguna ocasión que ahora estoy mejor que nunca y que no siento la nostalgia de tiempos pretéritos.
Se utilizó mucho la nostalgia en el romanticismo. El romanticismo es el movimiento literario de la melancolía. Se buscaban ruinas y cementerios. En definitiva, se buscaban vestigios del pasado. De resultas de esa explosión de melancolía, se produjo la exaltación de las nacionalidades, dando lugar, entrado el siglo XX, a los nacionalismos, que es una forma de añoranza por un país perdido y no vivido. Éstos, a su vez, dieron lugar a guerras por algo que en muchos casos, no había existido más que en el cerebro de unos cuantos iluminados.
La nostalgia es, en definitiva, la magdalena mojada en té de Proust; cuando viene a tu memoria el recuerdo lo hace acompañado de la sensación placentera de haber vivido antaño algo mejor.
a colación con las magdalenas, otra de las nostalgias recurrentes es el paraíso perdido de la infancia, ese estadio en el que vivíamos despreocupados y en un mar de inocencia. Para muchos hombres y mujeres la infancia es su patria chica. Es el estadio alegre en el que aprendías sin esfuerzo y que el mundo era una sorpresa constante. También era cuando eras más tú: podías ser el más egocéntrico del mundo, nadie te lo reprochaba. Al fin de al cabo, se estaba desarrollando tu personalidad y nadie te iba a culpar de no pensar más que en ti mismo. Recordamos nuestra infancia con las caricias con que los demás nos regalaban y la atención que nos prestaban. Por ser niños, otros se ocupaban por nosotros de los feos asuntos del cotidiano pasar . Por eso, por la despreocupación, mucha gente echa de menos la infancia.
Luego está la nostalgia de la adolescencia, de la que la gente añora el despertar sexual y la radicalidad en los sentimientos típica de la época.
Hay una nostalgia que es la más respetable de todas: la morriña. La morriña es un término gallego que define el proceso melancólico por el que pasa un inmigrante de un país cuando se acuerda de su tierra natal.
En general, aunque la nostalgia tiene un punto placentero, por lo general es mejor no experimentar ese punto, porque a continuación de ese hormigueo tan gustoso a los sentidos, viene un fatal sentimiento de pérdida por lo que ya no está.
Por eso, escuchando la canción de Loquillo, no me dejé llevar por la nostalgia de diez años atrás.

martes, diciembre 05, 2006


Es bonito hacer este blog todos los días, escribir un rato es, quizás, la afición que más me llena; tener algo que has creado tú es maravilloso. Aunque si hablamos de crear, la verdad es que con la escritura creamos poco. Casi todo de lo que podemos hablar ya se ha dicho antes: del amor, de la codicia humana, de la violencia... Lo más que podemos hacer es decirlo con nuestras palabras, pero poco podemos decir nuevo que antes no se haya dicho ya.
El proceso de creación de este blog es similar a lo que se viene haciendo desde hace siglos; no estoy realizando nada nuevo. Lo único relativamente reciente es el medio, Internet, que dicen muchos que es la gran biblioteca soñada por Borges.
Desgraciadamente, el tener este torrente inmenso de información no me va a hacer mejor escritor, como a un médico no le hace ser mejor el poder acceder a toda la información que tiene a su disposición sobre medicina.
En el fondo, todo sique siendo igual que antes. No vale la información que no está en tu cabeza. Para hacer bien una cosa lo que vale es lo que esté buceando por tus neuronas.
Esta reflexión viene porque ni Cortázar, García Márquez, Wilde, Delibes o el propio Borges necesitaron de esta gran biblioteca que es internet para hacer grandes sus obras. Sólo necesitaron su talento y unas cuantas lecturas, que, como ya intenté demostrar una vez, ni siquera hizo falta que fueran buenas.Por ejemplo, Delibes dijo en alguna ocasión que aprendió a escribir leyendo derecho mercantil. Como un lindo jardín necesita del estiércol, la literatura más sublime necesita de la mala, o mejor dicho, de la no tan buena.
Hacer una buena creación es hacerlo con estilo. Otros puede que lo hayan hecho mejor que nosotros. Lo único que podemos aspirar es a que esto guste a mucha gente.
Invito a todo el mundo a ser creador de lo que sea, sin miedo a que lo que sea, no sea como se quería que fuera.

lunes, diciembre 04, 2006


Hay quien considera que Laguna no es la ciudad dormitorio más idónea para vivir; pero Laguna es mi ciudad. Somos 187.087 habitantes según los últimos recuentos y aunque antaño la agricultura y la ganadería eran sus principales actividades, hoy los lagunenses no nos dedicamos mayoritariamente a eso. Algunos hasta tienen un blog.
Si en otras zonas de España preguntáis por Laguna, muchos no la conocerán, y eso que supera en población a muchas capitales de provincia.
Laguna ha ido creciendo estos años discretamente, casi sin que nadie se enterara. La única referencias histórica importante es que un tal Jeromín, hermano bastardo del rey Felipe II, pasó unos años por aquí siendo niño; luego también dicen que hay una necrópolis visigótica,del siglo IV A.C. cosa que por otra parte no la hace singular dentro de España; porque a nada que se excave se encuentran yacimientos arqueológicos de más o menos importancia en cualquier pueblo, villa o ciudad de España.
En cuanto a las referencias literarias, pocas son también. En la novela de Fortunata y Jacinta, Don Benito Pérez Galdós pone a uno de sus personajes a sanar en el manicomio de Laguna. Si por algo es definida Laguna es por su antiguo y vetusto manicomio.
Laguna pudo ser una ciudad bonita, pero no la dejaron. Si hubiera venido por aquí en los años setenta un arquitecto sueco con cierta sensibilidad social, nos hubiera hecho unos barrios obreros bonitos, con buen trazado urbano, con estupendas zonas de recreo. En definitiva, algo para recrearse con la vista y cómodo para vivir. En lugar de eso, constructores sin escrúpulos pensaron para Laguna feos y caóticos barrios de aceras estrechas, en las que casi puedes hablar de terraza a terraza con el vecino del bloque de enfrente.
Por cierto, que nuestros bloques de pisos tampoco son un ejemplo de belleza. Son construcciones abigarradas, antiestéticas, de ladrillo visto. En su mayoría no tienen ascensores para subir a las plantas superiores, cosa que está empezando a pagar la población que ya comienza a envejecer. Con todo, son funcionales: casi todas tienen baño, calefacción y electricidad. Aunque en su momento fueron baratas, hoy en día es casi imposible el hacerse con una de ellas si no estás hipotecado por treinta años y trabajando la pareja.
Otro de los problemas es que los edificios se hicieron en su mayoría sin garaje, por lo que en Laguna es muy difícil aparcar. Para paliar el problema, se han construido en las calles una gran cantidad de aparcamiento subterráneo para los coches. Me imagino que, en un futuro, cuando hagan excavaciones en Laguna, pensarán que los Lagunenses éramos mineros que vivíamos en el subsuelo y que nos drogábamos con monóxido de carbono.
El problema más grave con el que se enfrenta hoy Laguna es que es una de las ciudades
más contaminadas de Madrid. Por lo pronto, tiene una demasiado cercana fábrica de chapas para botellas que no cesa de soltar humo tóxico de las pinturas que usan para decorar esas chapas. Alrededor de la estación de tren, donde está la fábrica, huele muy mal y se cree que los frecuentes casos de tumores en el barrio más cercano se deben a la contaminación que genera dicha fábrica. Tampoco parece que las chimeneas de la misma tengan los convenientes filtros antihumos.
Con todo, quiero a mi ciudad. Aquí están mi familia y mis amigos, tengo cines, tengo
varios teatros municipales, tengo conciertos, tengo bibliotecas y tengo bares donde disfrutar en compañía de una cerveza y del buen vino. Tengo los cercanos parque de los Pinos y de Polvoranca, donde poder pasear y hacer deporte.
Laguna es una ciudad fea y desconocida de Madrid, pero es el lugar donde están almacenados mis recuerdos más felices y donde siempre que vuelvo de otros lugares, me invade una sensación de paz y tranquilidad porque estoy volviendo a casa.

domingo, diciembre 03, 2006


Hay gente que tiene la suerte de encontrar su amor verdadero a los quince años, pero lo cambia por un Rolex de titanio. Es el caso del hombre del que os voy a hablar.
Él encontró el amor verdadero, como ya he dicho, siendo adolescente, y pasó un primer año viviendo en una nube. En agosto del año siguiente cumplió los dieciséis. Celebró su cumpleaños en el pueblo donde todos los años veraneaba con sus padres. Parte de la celebración de ese cumpleaños fue el beso más largo que se dio con una chica que conoció en la plaza del pueblo, mientras la orquesta tocaba.
Un borracho les miraba con envidia por aquel magreo de película.
Mientras, en la playa, a la luz de una fogata, una chica decide no darle la boca a un chico que, por otra parte, era muy guapo y simpático. Poco después le explicó que tenía novio en Madrid y que no se lo tomara mal. El chico, despechado, la espetó "a saber lo que está haciendo ahora tu novio"
Pasaron tres años. Entramos en la década de los ochenta del pasado siglo. Ella estaba haciendo Magisterio, él, Ingeniería Técnica Industrial. Con toda la actividad que tenían sólo podían verse los sábados. Los viernes ella se iba a hacer ensayos de teatro con el grupo de la parroquia. Él se reunía con los camaradas del partido.
Uno de esos viernes, el director de la obra le pidió a ella que para hacer más creíble a Julieta, debería dejarse besar por el actor que hacía de Romeo. Ella le pidió que por favor lo cambiara por un abrazo, porque su novio real iba a ir a la representación y no le gustaría ver cómo la besa otro, aunque fuera de mentira. Mientras tanto, Juanito discutía con un farmacéutico de guardia porque éste no le vendía profilácticos.
"Reaccionario de mierda. Que sepas que vuestro tiempo se ha acabado"
Mientras, una camarada del partido le esperaba en un seiscientos aparcado en doble fila.
Pasaron unos pocos años y llegó el momento de la boda entre Juan y Julieta. Después del banquete, el novio hace un aparte con la hermana de la novia.
-Joder, Inés,ya va siendo hora de que tú y yo nos empecemos a llevar bien. ¿No te he dicho nunca que estás todavía más buena que tu hermana?
-¡Qué hijo de puta eres!
Con el paso del tiempo, don Juan fue cambiando de marca de colonia. De Brummel, pasó a Massimo Dutti, de Massimo Dutti a Esencia de Loewe. Pero llevara la colonia que llevara, todas las mujeres con las que se acostó a lo largo del tiempo les gustaba cómo olía aquel tipo. A la que más le gustaba es a una que dejó la carrera de Magisterio, que dejó de hacer de Julieta porque quería quedarse en casa cuidando de los dos hijos que habían tenido. A su marido siempre le hacía el nudo de la corbata antes de que éste se marchara al trabajo. Don Juan siempre encontraba quién le deshiciera la lazada.
Hubo otras cosas que cambiaron en ese hogar: de un seiscientos pasaron a un Ford Scort, del Ford Scort a un Renault 25, del Renault 25 a un BMW 535 y de éste, a un Porsche Cayenne, que los todoterrenos son lo más apropiado para la gran ciudad.
-Cariño, ¿Sabes lo que te voy a regalar en tu cumpleaños? El peugeot 307 ese que te gusta, para que lleves a los niños al colegio.
La noche anterior Juan había estado con un bellezón rubia que le había cobrado 900 euros por pasar la noche con ella.
Cuando se reunían con los viejos amigos de la juventud, a Juan, cuando estaba sólo con los hombres, le gustaba alardear de lo bien que marchaba su empresa, de cenas en Zalacaín, de lo que son capaces de hacer en la cama las bellezas del este y de partidos en la Champion desde el palco del Bernabéu. Cualquier otro tema le traía sin cuidado, salvo el de la política:
- Quien no es de izquierdas de joven no tiene corazón y quien no es de derechas de viejo no tiene cabeza, así que ya sabéis a quién votaré yo. Y ya está bien de restregarme eso de que milité en el PCE.
A la empresa de Juan llegó una joven abogada separada, que tenía un hijo. Después de varios viajes de "trabajo" a Venecia, Chipre e Ibiza, Juan decidió contárselo todo a Julieta:
-cariño, a mi lo que me gustaría es seguir tal y como estoy ahora, contigo y con ella. ¿Por qué no lo intentamos un tiempo?
Al día siguiente, Julieta y Juan comenzaron con los trámites de divorcio.
Por la noche, la abogada, para celebrar el que por fin Juan se había decidido el ir a vivir con ella, le regaló a éste un Rolex de Titanio.
Os preguntaréis quién me ha contado esta historia. Pues fueron varios de los que conicían a Juan. Pero la que más cosas me reveló fue Julieta, que supo casi todo de las andanzas de su don Juan y que siempre le quiso ver como su Romeo.
En realidad, nunca dejó de hacer teatro. El papel en el que se especializó fue el de mujer tonta que nunca se enteraba de lo que hacía su marido. Lo hizo todo por él. No es para menos, pues era su amor verdadero.

viernes, diciembre 01, 2006


El 22 de septiembre no fue el primer día de otoño. Hoy, día uno de diciembre, podemos decir que sí que lo es. Es decir, se producen los fenómenos normales de esa estación y en este hemisferio: las hojas de los árboles han caído después de amarillear, los pájaros migratorios por fin se van al sur, y yo, cuando me he levantado esta mañana, he sentido un frío atroz. Como debe de ser.
Cuando era un poquito más joven (muy poco) acudíamos a hacer botellón a la plaza oscura
¿Por qué le llamábamos plaza oscura? Porque es una plaza y es oscura.Obvio. Pero, ¿a que tiene un nombre muy evocador? Como de novela de espadachines.
Pasábamos un frío de mil demonios, y aunque maldecíamos una y mil veces la climatología, era bueno que pasáramos frío; es la cosa normal. Ya nos procurábamos el calentarnos con vino con cocacola y cerveza. Recuerdo cuando agarraba el vaso de plástico del que bebíamos y tener las manos rojas del frío reinante. A mí me encantaba ir a esa plaza, porque era el centro de reunión del fin de semana donde poníamos en común nuestros problemas y hablábamos un montón. Algunos días nos daban las dos de la mañana y todavía no habíamos entrado en los bares a ligar. Era un contraste tremendo: la plaza oscura, solitaria, silenciosa y fría y el pub de turno, lleno de luces, con un calor tremendo y con gente hasta la bandera.
Ahora la gente no va a la plaza oscura a hacer botellón, ni tampoco hace tanto frío. Algunas cosas cambian a peor.
Yo entiendo que los vecinos se quejaran del ruido que hace la gente que participábamos en el botellón. También entiendo que les moleste la basura generada(en nuestro caso, no, porque se encargaba el más ecologista de mis amiguetes de hacer que la recogiéramos, no porque fuéramos especialmente cívicos) pero cuando veo a la chavalería haciendo botellones, no me permito ni tan siquiera un gesto de reproche. Antes fui yo y ahora son ellos. El botellón es la forma barata de poder salir los fines de semana cuando no tienes muchos cuartos en el bolsillo.
Pero me estoy saliendo del tema: yo quería hablar una vez más sobre lo nefasto y evidente del cambio climático y me he retotraído a mis tiempos de la plaza oscura.
Para terminar este artículo, y dada la proximidad de las navidades, voy a formular un deseo para cuando lleguen:
Hielo, mucho hielo en los charcos y mucho hielo en los cubatas.

jueves, noviembre 30, 2006


Esta mañana me han despertado las musas (disculpadme por la pinta, es que duermo sin pijama)y como tenía que prepararme para ir a trabajar, las he citado para ahora la tarde. Parece que no vienen. Me habían susurrado al oído una cosa para contaros en este blog. Pero como me lo han contado deprisa, a vuela pluma, mientras me vestía, no he retenido la información para escribir el más maravilloso artículo de todos los tiempos. Las cité para esta tarde, para ahora concretamente, que me he puesto a escribir. Pero parece ser que se han olvidado de la cita, como yo me he olvidado de esa idea estupenda que me habían regalado. No me acuerdo de nada de lo que me dieron para escribir en el blog. Maldita sea mi estampa.
Seguro que era un tema que me iba a salir del tirón, tecleando al mismo ritmo que una máquina de coser haciendo costuras, saliendo los argumentos en torrente, casi sin darme tiempo para escribirlos. Pero nada. Por mucho que me concentro no sale ese tema maravilloso del que iba a hablar hoy.
Iba en el tren hacia el trabajo y mientras me hablaba mi cuñado, pensaba en cuáles iban a ser las palabras iniciales del artículo. Cuando estaba trabajando, miles de argumentos ne acudían a la cabeza para ponerlos ahí. Pero claro, como no puedo apuntarlos en ningún sitio, se me olvidan. Me concentro en las tareas cotidianas y ya no me acuerdo de nada de lo pensado. Cero patatero.
Pensaba poneros a cambio un soneto, pero veo a mejores poetas que yo en la red (¿verdad, Sonofotlon?) ¿y para qué aburriros con un mal rimado soneto, si hay versos mejores que leer?
Si fuera escritor de un periódico, estaría en un problema, porque cuando te pagan, tienes que responder cada día, pero lo bueno de que no me paguen por escribir, es que puedo hablar de lo que me dé la gana y opinar de lo que quiera, dado que soy mi propio editor y publico lo que me viene en gana.
Es una lástima que la memoria me falle. El tema sobre el que os iba a hablar seguro que os interesaría mucho, además que lo iba a explicar muy bien, porque cuando escribo inspirado las ideas me salen solas y los recursos expresivos los hago más brillantemente.
Alguien llama a la puerta. Voy a abrir ¡Mira tú qué casualidad, precisamente estaba hablando ahora de vosotras! Pasad, que no es frecuente vuestras visitas, pues sois caras de ver. Escuchad, tengo un problema: que se me ha olvidado éso que me dijísteis. ¿Me lo podías decir otra vez!
¡Ay, que ya me han recordado de lo que os iba a hablar!
Era de...

miércoles, noviembre 29, 2006


LLevo ya casi dos meses escribiendo este blog y es la forma que tengo de cumplir con uno de los tres objetivos de un hombre: escribir un libro , tener un hijo y plantar un árbol. Como supondréis, estas líneas son parte de los objetivos. Muchos diréis que hago trampa, pero no se dice en ninguna parte que el libro esté en papel. Además, me parece más molón que mis letras naden por el ciberespacio.
Yo siempre he querido escribir un libro, y en un principio, se me ocurrió hacer un libro de cuentos. Llegué a escribir varios, pero no son suficientes para tener un libro en condiciones. Por cierto, mis cuentos han gustado mucho a quienes los han leído, sobre todo uno que presenté a un concurso. Le gustó muchísimo a todo el que lo leyó. Salvo a los miembros del jurado, dado que no me pusieron ni como finalista. Cabrones.
También he empezado algunas novelas. La novela en la que más tiempo he empleado ha sido una de la que llegué a escribir 60 folios. Una pena de relato. Es la historia de un chaval que había perdido el tabaco. Como podéis comprobar, la cosa no daba para mucho. Bastante es que con ese argumento tan pobre escribí sesenta folios de auténtica tensión nicotínica. Ni el propio Joyce, en caso de estar vivo, sacaría una novela decente con tan poca cosa. Seguro que sólo le daría para 1200 folios.
Como ya he dicho otra vez, también lo he intentado con la poesía ¡Qué poemas, Dios mío! Si Pablo Neruda hubiera tenido oportunidad de leerlos, en vez de hacer "veinte poemas de amor y una canción desesperada", hubiera hecho "veinte canciones desesperadas. Punto" Si los echara un vistazo Benedetti, enloquecería seguro. Creería tener otra identidad, ser otro Mario:
Mario Vargas Llosa.
En el colmo de su locura, seguro que hasta le daría por hablar bien de Margaret Thatcher.
En cualquier caso, como esto de escribir me es placentero y sólo necesitaba un formato que me fuera bien, pues... Qué mejor que un blog, donde aparte de cumplir mi sueño de hacer un libro, puede que, con el tiempo, lo lea mucha gente y se sientan tan a gusto leyéndolo como yo escribiéndolo.
Bueno, me quedan las otras dos misiones: la de plantar un árbol y tener un hijo. La primera es fácil, un día me voy a un parque de mi ciudad y planto un árbol. De paso, ayudo a los jardineros a recoger las hojas, a recortar los setos y podar las ramas. El problema, que me tomen por un desequilibrado y no me dejen coger las tijeras de podar.
En cuanto a la de tener un hijo, deseo con toda mi alma el poderos contar desde aquí la emoción del nacimiento de nuestro vástago, sus primeras aventurillas, y así hasta que sea él el que os hable desde un blog. Ya veremos, espero que no lo tengamos siendo muy mayores mi esposa y yo.
En fin. Deseadme suerte para completar las tres misiones,pero, como dicen que si cumples tu destino te mueres, para que eso no ocurra, pues quiero morirme tarde, después de cumplir con las tres misiones fundamentales, haré otras tres cosas:
Plantar un libro, tener un árbol y escribir un hijo.
¡Ah, y aprobar una oposición!

martes, noviembre 28, 2006


Ayer os hablé de unos cuantos sueños que tuve. Terminé hablando del que más me había impactado de todos, en ese en el que veía un yo más mayor atacándo a mi yo niño. Pues bien: os voy a hablar de otro sueño que me ha impactado y que he tenido desde los doce años hasta hoy; un sueño que siempre he tenido despierto.
El sueño del casco de sapiencia memorizador y generador de intelecto.
Con doce años, en diciembre me quedaron tres asignaturas: lengua, ciencias naturales y matemáticas. Me quedé sin reyes. Todo porque no tenía el casco memorizador de datos históricos y generador de ecuaciones. Ese casco en el que te quedas dormido y por la mañana te levantas haciendo raíces cuadradas mientras desayunas.
Sin duda ese casco es absolutamente necesario: dado que el plomo y la acetona han mermado el rendimiento de mis neuronas, tienen la obligación de suministrarme un casco de introducción de conceptos por ser un desgraciado miembro de la descerebrada generación que nació entre el sesenta y el ochenta. ¡¡YO QUIERO MI CASCO!!
Yo no podía con las conjugaciones verbales. Tampoco podía con la propiedad conmutativa y asociativa, que confundía con la desiderativa ( de lengua) y no podía saber si la Tenia era un parásito o el nombre de un grupo de rock urbano de los que estaban de moda en la época.
El casco me liberaría de tener que estar estudiando los odiosos libros de texto. Mejor aún: me libraría de los madrugones para ir al colegio. Se acabó el esfuerzo de aprender. Casco de aprender, y este mes, de regalo, dos tarros de extracto de baba de caracol que viene bien para el cutis.
Ya sabéis lo bien que me vendría el casco de aprender y de desarrollar el intelecto ahora que tengo que hacer oposiciones.
Inventores: dejad de inventar tonterías como los politonos e inventad de una vez el casco de sapiencia memorizador y generador de intelecto.
Ya verás qué risa cuando en el tribunal que me toque comprueben con horror que tienen que aprobar a todo el mundo.

lunes, noviembre 27, 2006

Este verano, concretamente en julio, tuve una pesadilla: soñé que las navidades habían llegado. Me levanté de mal humor, con taquicardias, porque era veiniticinco de diciembre fun, fun, fun y otro año se me iba entre los dedos. Maldita sea mi suerte, menos mal que desperté. O no. Sigo en ese maldito sueño y efectivamente: en un breve
instante he pasado de estar en bañador a llevar un jersey y pantalón de pana, del reggaeton a los villancicos.
Más sueños: vuelvo a ser estudiante. Me falta una asignatura para acabar la carrera, tengo que volver a las aulas. Aquí sí que me alegro de despertarme. Me voy al armario donde guardo todos los papeles y legajos que dan fe de mi paso por la vida y por las instituciones humanas y compruebo que mi título de licenciado está ahí y que nadie me lo puede quitar. Un antiguo compañero de universidad me saluda por la calle. Me recuerda que entramos a estudiar hace doce años.
Soñé con mi tío: un hombre menudo, moreno, con bigote. Confundible con honrados marroquíes. Todavía veo cómo asomaba de su espeso bigote la sonrisa más bondadosa que
he visto a nadie. Mi tío nos dejó hace ya nueve años.
Sigo con más sueños: en mi pueblo, donde veraneaba de chaval. Están los de siempre. Mis amigos hechos verano a verano. Me tomo un Dyc Cola. Suena la música. Nos vamos a bañar al río y de repente, echo a volar, como en la canción de Mecano. He estado volando unos ocho años, que es el tiempo que llevo sin aterrizar por el pueblo.
Otro más: estoy en una ciudad, con mi chica y con mi hermano, y las calles por donde deberían estar las aceras y la calzada están llenas de agua. ¡Ah, no, que este no es un sueño! Es que estuvimos en septiembre en Venecia. Parece que lo soñé la otra noche.
Otro: estoy trabajando todavía en la universidad, en mi despachito, con mi ordena, mis bolis, mis lapiceros. Pero no. Suena el despertador porque tengo que ir a trabajar al hospital. Creo que ya no formo parte ni de las conversaciones de cafetería de la gente con la que me relacionaba.
El peor sueño que tuve en mi vida lo tuve de niño, con cuatro años. Estaba acostado en mi camita, y un monstruo, más grande que yo y más mayor, me agarraba de los brazos y quería llevarme con él. Su cara me era familiar. Demasiado familiar. Dios mío, si el monstruo que me quiere llevar soy yo mismo, pero más viejo.

domingo, noviembre 26, 2006


Los nacidos entre las décadas 60 y 80 somos más tontos que las generaciones precedentes.
No lo digo yo, lo dice la prestigiosa revista médica The Lancet. Parece ser que la continua exposición a productos como el arsénico, el plomo, el metilmercurio, la acetona y la anilina, todos muy usados en la vida cotidiana, han hecho mella en el desarrollo de nuestro coco. Es más, dando datos concretos, según dicha revista, se ha reducido en más de la mitad los coeficientes de inteligencia superiores a 130, y habrían aumentado los coeficientes intelectuales menores de 70. Ahora se explica todo.
Ahora entiendo que tuvieran éxito la música bakalao, la cocaína, el jaco, el éxtasis, las top model, el que nos gastemos un euro para bajarnos una tía en pelotas al móvil, el tremendo éxito de los programas del corazón, las absurdas modas en ropa, que nos compremos zapatillas de 120 euros que no les cuestan ni cinco el hacerlas a los fabricantes , la baba de caracol buena para el cutis que anuncian por la tele, lo televangelistas, los predicadores reaccionarios, la anorexia, los Mac Donald´s.
Ahora entiendo por qué dejamos que irrumpieran en España las ETT, que nos hagan contratos basura, que nos guiemos por los dictados del neoliberalismo, que nos suban hasta los absurdo los pisos, que dejáramos que se matara a los pueblos de Irak, Chechenia, Somalia, Yugoslavia y más sitios que no me acuerdo, por qué dejamos que la prensa nos mienta y nos oculte información, el pésimo y caro cine norteamericano, el pésimo y subvencionado (¡qué remedio!) cine español, que nos privaticen la sanidad, que nos congelen los sueldos, que los sindicatos pacten en el gobierno moderación salarial, que se reabra el debate sobre la caza de ballenas, que se dude todavía sobre el calentamiento global .
Ahora entiendo que triunfara gente como Bruce Willys, Arnold Schwarzenegger (como político y "actor"), Britney Spears, Take that, New kids on the block, Jennifer lópez, Belén Esteban, Karmele Marchante,ésa otra ( de cuyo nombre ni quiero ni debo acordarme)que se inventó la resurrección de la Hija de Romina Power y Albano, Margaret thatcher,Ronald Reagan, Osama Ben laden, Boris Yeltsin, Vladimir Putin, George Bush (padre e hijo), Berlusconi, Blair y el que tú ahora mismo estás pensando.
Ahora entiendo por qué no nos vamos de casa hasta los treinta, porqué valoramos más el dinero que a quien amamos, por qué amamos la violencia, por qué ya nadie escribe poemas, por qué no se va al teatro, por qué no nos importa el calentamiento global, por qué no me importas tú y por qué no te importo yo.
Si hubiéramos sido más inteligentes que nuestros predecesores, nada de esto se hubiera producido. Ya es tarde para evitar el daño que la contaminación ha hecho en nuestro cerebro, pero no para parar el daño que causa nuestra estupidez.
Y creedme, desde que leí ese estudio, rezo porque no sea verdad.

viernes, noviembre 24, 2006

No os he dicho que mi chica y yo vamos todos los viernes a bailes de salón y aunque ahora mismo lo que me apetece, después de un día de curro, es quedarme tumbado a la bartola, lo cierto es que cuando entro en clase de baile se me pasa toda la pereza y a bailar.
Hemos dado el tango, el merengue, la cumbia, la bachata, el swing variación, el sin variar, algo de vals, chachachá, el chotis (éste es fácil) y el pasodoble. La verdad, nos lo pasamos muy bien bailando. Solemos ir dos parejas, pero como mi cuñada se ha puesto malita, pues no hemos quedado un poco solos como los de Tudela.
Tengo que conseguir todavía algo de garbo bailando, en ello estoy. Me encanta cuando le pillamos el truco a un paso y algunos bailes, sobre todos los latinos, se me dan muy bien.¡Nos teníais que ver bailando la bachata!
A mí siempre me ha faltado algo de coordinación, y las clases de baile me están viniendo muy bien para poder mover mejor mi cuerpo, más armónicamente. No es cosa que me diga la profesora, es algo que veo yo día a día.
Hablando de mi profesora, es una mujer curiosa. Por un lado, está entrada en Kilos, pero por otro, teníais que ver lo grácil que puede llegar a resultar bailando. Parece una pluma cuando ejecuta un paso especialmente difícil.
No deja de ser una persona peculiar: enviudó hace mucho tiempo,y según confesión suya, al poco de enviudar, se puso el mundo por montera y desde entonces se come las noches de Madrid. Dice que ha habido momentos en los cuales salía toda las noches de la semana, y eso que después tenía que trabajar al día siguiente. Yo he sido también un fiestas, pero a mí las resacas me dejaban fuera de combate la noche siguiente.
Por cierto: que después del baile nos vamos a una casa y hacemos unas merendolas espectaculares; mi cuñado ha conseguido un vino excelente y claro, entre el baile y el vino pasamos una tarde del viernes bien entretenida. Mareada también.
En fin. Que eso de bailar está muy bien y es cosa que recomiendo.

jueves, noviembre 23, 2006

Yo no soy psiquiatra, pero he oído decir a gente que sí lo es que la locura en algunos casos no es otra cosa que un exceso de lucidez. Vosotros juzgad, por lo que voy a contar, si ésto es verdad.
En una ciudad de la periferia madrileña había un matrimonio gallego. Tenían cuatro hijos pequeños. El marido, José, un hombre enjuto, de calva interminable, era funcionario. Traía un sueldo que apenas si daba para algunos caprichos, pero bueno, algo era. Aunque era amigo del jarro, nunca puso la mano a su mujer y nunca dejó que sus cuatro hijos pasaran necesidad de ningún tipo.
El hombre tenía esa costumbre de gallego antiguo de beber en silencio, hasta la hez. Por su hermético mutismo, los que le conocieron decían que era muy difícil saber cuándo estaba borracho y cuándo estaba sobrio.
Su mujer, Fátima, la heroína de esta historia, era una gallega también menudita, de apenas metro y medio de estatura, con nariz aguileña, . Sus ojos, un poco saltones, eran acuosos. Parecían siempre predispuestos al llanto. Su carácter, como buena gallega, era dulcísimo, impresión tal vez debida a ese acento tan cantarín que tienen las mujeres de Galicia.
Vivían los seis en el 4ºB y dicen los vecinos que les conocieron que jamás se les oyó una voz, un pataleo o simplemente el correr de una silla. Mientras unos cantaban al unísono la copla de Radiolé, otros vociferaban a los cuatro vientos sus conflictos intergeneracionales y otros siempre tenían que hacer una reforma que hiciera indispensable la taladradora, los gallegos, en cambio, vivían en el silencio más absoluto.
Tan poco ruido hacían que cuando el marido murió de cáncer todos los vecinos dijeron al enterarse de la noticia: "O sea,que tenía ya metástasis. ¿Desde cuándo? Nosotros no sabíamos nada, Es que de esta gente se oye tan poco..."
Mirando a la muerte cara a cara, quedó Fátima sola. Tan callando.
Calladamente esperó a la miseria: con 60000 pesetas de pensión de viudedad tenían que salir ella y sus cuatro hijos adelante. Imposible, aún no teniendo letras pendientes del piso. Empezó a haber necesidad en aquel hogar. Pidió ayuda a un tío cura, que le trajo ropa desde la parroquia. Los vecinos también ayudaron a vestir a los niños. Pero Fátima no podía hacer milagros. Obligada por cuatro pequeñas bocas, tuvo que salir a limpiar otras casas.
Se iba de su casa a las seis y media de la mañana y muchos días le daban las ocho de la tarde. Se le pusieron las manos rojas de la lejía y las ojeras amoratadas por la falta de sueño. Día tras día se iba encorvando más y más, pareciendo cada vez más insignificante. Siempre llevaba un pañuelo de encaje en la manga para su llanto callado de gallega. Hasta que un día, ese llanto de lluvia fina y constante se transformó en aullidos en torrente. Los primeros gritos que salían del 4ºB.
Los niños, gimoteando, muy asustados ,llamaron a la puerta de un vecino: "señor, señor, no sabemos qué le pasa a mamá ¿Podía usted ayudarnos?"
El vecino llamó para que trajeran una ambulancia -Espere un momento, por favor. Ahora le atenderá una operadora para que usted dé los datos- En el teléfono empezó a sonar una conocida melodía de Mocedades:
"..y los chicos del barrio le llamaban loca"
Sí, Fátima enloqueció. Desde entonces, ya no saludaba a nadie por la calle, pese a que siempre había sido una mujer amable, de modales exquisitos, casi remilgados. Iba con la mirada fija al infinito, perdida y la gente pasaba por su lado y no podía dejar de mirarla en una mezcla de reparo y compasión.
Con todo, a base de calmantes, antidepresivos y fuerza de voluntad sacada de la nada, siguió retorciendo bayetas. Siguió cogiendo el Cercanías para ir a servir a mil casas diferentes. Los niños crecieron, llevando siempre la ropa impecable. Alguno de ellos hasta pudo completar estudios universitarios mientras trabajaba. Fátima, la pequeña gallega, tuvo más cojones que nadie para sacar adelante a sus cuatro hijos.
Algunos expertos en salud mental dicen que la gente necesita de evasión y un poco de fantasía para seguir viviendo y estar sanos del coco: vernos más guapos de lo que somos, más inteligentes, con más dinero del que tenemos o que sé yo. La existencia se torna a insufrible si no hacemos de nuestra vida una película más llevadera. El problema es cuando, como Fátima, la película se transforma en un documental sobre la pobreza en los suburbios de las ciudades.
A Fátima se le cayó su propia fantasía de estabilidad y prosperidad y eso casi la mata. Tal vez el enorme sentido de responsabilidad y el amor a sus hijos hizo que
no cayera fulminada en la acera en uno de esos días en que salía de su casa para pasar catorce horas de esclavitud.
Pese a que estoy contando una historia de una pequeña heroína gallega, hubiera preferido contar algo insustancial. Hablar, por ejemplo, sobre la pelusa de mi ombligo. Pero Fátima merecía que contara su historia: avatares que jamás deberían haber sucedido, ni jamás deberían haber sido contados por mi.
Por cierto, que Fátima en realidad se llama Rosalía.