miércoles, septiembre 12, 2007

Querido hijo:
acabo de estar con un viajante griego del que me he hecho amigo llamado Heródoto y me ha sorprendido gratamente el encuentro. No pensaba que allende de nuestras costas hubiera gente tan preparada y que supiera de tantas cosas, pero para mi sorpresa la hay, y este hombre es la prueba de ello. Aunque he de decir que su sabiduría la da por cuentagotas, pues no es de las personas que hablen mucho; es más dado a la observación y escucha todo lo que digo con mucha atención. Noto, además, que me observa con interés. Es, como yo, escritor, y me cuenta que en su tierra como aquí está muy valorada esa habilidad, pues son pocos los que practican el arte de la escritura. Dicen que es un hombre con dinero, aunque él dice que son patrañas. No sé si creerle. Yo me figuro que nadie está tanto tiempo fuera de su casa si no cuenta con una pequeña fortuna. Heródoto me explicó que en su tierra no eran muchos más que los de aquí los que supieran el arte de la escritura. Él, como yo, se siente muy afortunado practicarla. Él ha visto mucho y sabe mucho, que es a lo más que puede aspirar un hombre en esta vida, y olvídate de todas las riquezas del faraón, que ése no sabe de casi nada.
¿Entiendes, hijo, por qué llevo toda la vida queriendo que aprendas a leer y a escribir correctamente? Con esto puedes tener un medio de vida que te haga tener un buen pasar en este mundo y te prepare mejor para el otro, si es que lo hay. Aunque ya sé, hijo mío, que estás en la edad en que todo hombre duda de todo. No te culpo que dudes de mí, aunque creéme que me duele. Daría mi posición y mis privilegios porque entendieras todo lo que yo te intento enseñar.
Sé que la escritura es un proceso de aprendizaje difícil,costoso y que requiere cierta habilidad, y crees, porque me lo dices muchas veces, que tú no eres bueno para ello. Pero hijo, ya te he explicado muchas veces que yo era un torpe escribiendo y que vencí esa torpeza a base de mucho esfuerzo. He llegado lejos en esto por mi trabajo, levantándome pronto cada mañana y dejándome la vista en los papiros.
No sé si Heródoto tendrá hijos y si tendrá los mismo pesares que tengo yo contigo y tus hermanos. Parece ser que ha estado en la guerra, pero yo digo que no hay campaña militar que se compare a la educación de los hijos. Todos me dicen que no hay padre que se preocupe más de sus hijos que yo, que para eso está tu madre, pero qué quieres que te diga, hijo, cada cual hace o deshace con sus hijos a voluntad, y la mía es que vosotros estéis lo mejor posible en este mundo.
Me cuesta mucho hablar contigo y por eso estoy escribiendo este papiro. Todavía no sé si te lo voy a entregar, porque a medida que voy redactando me avergüenzo de lo que escribo y temo que lo que te esté diciendo sea lo correcto. ¿Ves, hijo? Tú me acusas de verlo todo claro, pero ya ves que yo también tengo mis flaquezas. Me reprochas muchas veces mi fervor religioso, que cómo es posible que un hombre como yo que ha visto tantas cosas me entregue con tanto ardor a toda esa parafernalia hecha expresamente para impresionar el pueblo. Heródoto me comenta que de donde procede pasa igual: la gente se entrega a las festividades religiosas y él en esos días no tiene muy claro qué es lo que se está haciendo y a quién beneficia todo aquello. ¿A los dioses?
Hijo, si alguien lee esto, puedo perder todos mis privilegios y tal vez algo más, pero te lo tengo que decir: En una de nuestras charlas, Heródoto me comentaba de la cantidad de dioses con los que se ha encontrado a lo largo de sus viajes, y ha visto tantos dioses y tanta estupidez que ha llegado a la conclusión que en realidad los dioses para lo único que sirven es para mantener controlados y entretenidos a los pueblos. Yo le dije que en ésto no difería el pueblo egipcio a los demás y que no conocía a mayores estafadores que a nuestros propios sacerdotes. Ya ves, tu padre, hablando mal de la gente que le hace los encargos, la gente que, en definitiva, le da de comer. Pero tengo que serte sincero, hijo mío: al igual que yo, cuando escribo sobre dioses sólo pienso en técnica y calidad, cuando veo figuras y pinturas no veo nada más que el trabajo de los buenos artesanos, y los dioses que representan en realidad no existen, igual que no existen los dioses en mis papiros, sólo yo y el poco talento que pueda atesorar.
De acuerdo, hijo mío, me puedes reprochar que ore, cante y me arrodille como el más fiero de los devotos, decirme que soy el peor de ellos, que soy un hipócrita que se arrastra ante dioses inexistentes ¿Pero no ves, hijo, que todo lo hago por ti?
Me presto a esta farsa por vosotros, hijo. Aprendí a escribir con esfuerzo por vosotros y me esfuerzo en adorar a los dioses porque a vosotros no os falte de nada. La prudencia, hijo es una virtud que te hará eludir conflictos. Me dice el amigo extranjero que con la edad se pierden todas las certezas de antaño porque se pierde la inocencia, pero se ganan otras que más vale ocultar. Qué bien se expresa el griego. Hijo mío, te envidio por tu inocencia y por tus certezas y créeme si te digo que a mí me gustaría volver a ser como tú y así entendernos mejor. Cuánto me cuesta que me entiendas. Maldita sea, por qué recurrir al artificio de escribir si se puede hablar; porqué me entenderé mejor con un griego que con mi propio hijo.
A pesar de lo que pienses, te quiero, hijo mío.

Miró el papiro. Pensó que mostrando la verdad a su hijo lo estaba entregando a los cocodrilos. Era engañando a su hijo como le protegía. no quería para su hijo la desdicha, el desprecio en el peor de los casos, el sometimiento a la vergüenza pública. Quemó el papiro. Su hijo se había salvado.

martes, septiembre 11, 2007

Es una suerte tener buena memoria para el pasado. Te ayuda a entender mejor tu presente y a valorarlo en su justa medida. Recuerdo ahora, que empieza a quebrarse mi ánimo con la llegada del otoño, las hojas amarillas y todo eso, otros otoños más grises que los que se me presenta éste, cuando otras carencias mayores quebraban mi ánimo y yo veía que las noches se presentaban con una negrura mayor que nunca. Pero entonces, como ahora, había una pequeña luz que brillaba. Era, como ya sabéis, pues los suspenses que genero son de fáciles deducciones y desenlaces, la esperanza que todo iba a ir mejor.
Suelen, los que están a mi alrededor conseguir sus objetivos vitales antes que yo los míos. La razón, tal vez que me pierdo con facilidad en los vericuetos de la vida, y cuando me quiero dar cuenta, otros que tienen una edad parecida a la mía me han tomado la delantera.
Pero qué le vamos hacer: a mí me llegan las cosas tarde, pero suelen ser muy buenas cuando llegan. Decía Fernando Fernán Gómez que a él le llegaban las cosas diez años más tarde. A mí me ha pasado algo así: las cosas buenas me han llegado con una demora de diez años también. Esperemos que a partir de ahora se adelanten los plazos, pero más espero todavía que sigan llegando los sueños cumplidos.
La esperanza es el mejor antídoto contra la depresión. Yo creo que gracias a mis ilusiones, parafraseando a Khalil Gibran, siempre he visto brillar el sol entre las nubes después de una larga tormenta. La esperanza combate el miedo a los truenos y protege de los rayos. Tal vez sin ella no sobrevirías a una tormenta; el sueño del hombre despierto, decía Aristóteles que era.
He conseguido muchas de las cosas que eran causa de mi frustración y de mi pena, y no creáis que eran cosas materiales, que me importa una higa lo que vale cualquier objeto. Ahora son otras las causas de mi pesar y espero tener las fuerzas que tuve entonces para conseguirlas. Para ello cuento con mi mejor amuleto: mi mujer, que gracias a ella he logrado uno de uno de mis mayores éxitos vitales: conseguir el amor verdadero. Llegaste tarde, pero llegaste.
Tuve, tengo y tendré fracasos. Y dado que últimamente me está dando por citar, para terminar, escribiré una frase de Samuel Johnson:
"Es necesario esperar, aunque la esperanza haya de verse siempre frustada, pues la esperanza misma constituye una dicha, y sus fracasos, por frecuentes que sean, son menos horribles que su extinción".
Pues eso, que no os extingáis.

lunes, septiembre 10, 2007


Lo que más temo a la hora de escribir es el silencio de mi cerebro. Escribir es como preguntar a mis neuronas:
-Señoritas, tienen algo que contarme hoy?
Y las muy puñeteras la mayor parte de las veces se quedan calladas, en un silencio que conozco desde hace años. Como aquella vez que con ocho años intenté buscar el chiste definitivo y sólo me salió uno de un señor que iba a una gasolinera a pedir una lata de sardinas:
-¿Me da usted una lata de sardinas?
Y después, mutismo neuronal. Desde entonces no sé cómo termina el chiste. Empezó hace más de veinte años y todavía no he encontrado el final del chiste definitivo. Los Monty Python si que inventaron un chiste definitivo; gracias a ellos, Alemania perdió la Segunda Guerra Mundial porque sus soldados se murieron de risa.
Si a mí me cae una manzana de un árbol, mis neuronas se quedan como están; no dirían siquiera: "mmmmm, qué rica manzana" porque saben que las manzanas no me gustan. Si no se me puede ocurrir de buenas a primeras la ley de la gravedad, ¿Cómo voy a terminar el chiste de la lata de sardinas? Mi chiste quedó en un bucle infinito. A lo mejor me estoy aproximando a otra ley de la física que desconozco:
-¿Me da usted una lata de sardinas?
-Aquí sólo se venden gasolinas
-¿Me da usted una lata de sardinas?
-Aquí sólo se venden gasolinas
-¿Me da usted una lata de sardinas?
-Aquí sólo se venden gasolinas
-¿Me da usted una lata de sardinas?
-Aquí sólo se venden gasolinas
Y nada, que el chiste se queda como en un disco rayado. Todo porque no puedo idear ese final tan gracioso por cuya inexistencia llevo frustrado veinte años.
Decía el filósofo Leopold Witgenstein que de lo que no se puede hablar, mejor callar. Y claro, un chiste que se conduce mal tiene que acabar mal a la fuerza. Quizá debería haberme callado y no comenzar el chiste. Reto a cualquiera de mis lectores más rijosos a que finalicen un chiste con tal mal comienzo. Quizá debería haberme callado ese principio de chiste; desde pequeño siempre perdí todas las oportunidades de callarme.
Para crear, como todo en la vida, se necesita tener sobre todo un buen comienzo; y mezclar sardinas con gasolina no conduce a nada bueno.

domingo, septiembre 09, 2007

Salíamos del trabajo dos de mis compañeras y yo. Ellas estaban poniendo a caldo a otra compañera, que recientemente se había incorporado para hacer una sustitución. Yo quería que acabara pronto la conversación, porque me aburre y me incomoda profundamente la cizaña que tan bien crece en los centros de trabajo. No pagan nada por recoger cizaña, sin embargo, se cosechan toneladas en el mundo laboral, a todos los niveles. Al gobierno propongo que prepare una ley que subvencione la recogida de cizaña en otros entornos laborales distintos de los agrícolas.
El caso es que, habiendo despellejado a base de bien a la compañera, llegado un momento de la conversación, la que peor habló dijo: "Pero déjala. Todo el mundo opina igual de ella. En definitiva, somos como nos ven los demás."
¿Somos los que nos ven los demás? Me pregunté yo cuando me separé de ellas. Y entonces recordé la cantidad de veces que he estado en un entorno más o menos hostil donde la visión que los demás tenían de mí no era buena. A todos nos ha pasado eso. Habiendo hecho muy poco para merecerlo, para un grupo concreto de gente eres esa parte de la humanidad a la que odia. Qué mal se pasa cuando eres de la parte fea del mundo que nunca pensabas que ibas a ser: eres del culo del mundo siniestro de alguien, hablando en plata.
"Él puede parecer un idiota y actuar como un idiota. Pero no se deje engañar. Es realmente un idiota" Caray, Groucho, cómo te pasas. A cuánta gente en nuestra vida no habremos parecido idiotas. Cuánta mugre mental no se nos habrá impregnado en el cerebro por el hecho de percibir que para un grupo determinado de gente no somos más que idiotas.
Como decía Goethe: "Contra la estupidez, hasta los dioses luchan en vano" En fin, que no os duela que un grupo de gente os crean idiotas. Nada de lo que hagáis hará que os vean de mejor manera, y puede que incluso su inquina hacia vosotros provenga del hecho de que sois más virtuosos que ellos.
Lo único que os debe preocupar es que no os llenen el cerebro de inmundicia, la cizaña, el veneno que puede mataros lentamente. Yo ya no me dejo, me he inoculado, pues yo soy el único idiota con el que puedo contar. Que se jodan, que no van a conseguir matarle.

sábado, septiembre 08, 2007

Una mujer está sentada en la playa, dese donde ellá está, ve un velero y unas gaviotas; sólo unos metros más allá, sin que se percate la relajada bañista, justo detrás de un restaurante, a otra mujer a la que previamente han robado le están golpeando salvajemente. La vida se ve condicionada por el lugar en donde estés.
A mí no me están atracando y golpeando salvajemente, por ahora, pero yo veo la vida casi siempre desde el lado de atrás del restaurante.
En el restaurante puede entrar muy poca gente. De hecho, somos muy pocos en el mundo los que podemos entrar en él y comer.
A veces, lo reconozco, soy también la mujer relajada que mira el velero y las gaviotas; son pequeños instantes que valoro mucho porque son fugaces. También reconozco que en esos momentos de fugacidad pierdo el interés por las cosas mundanas, y no me percato de que a pocos metros de mí alguien está sufriendo. Fugacidad tiene la misma raíz que fuga, al igual que fugarnos. Y todos necesitamos escapar en algún momento.
Estos escritos no son de fuga. Antes al contrario, son escritos de encuentro con la realidad, que a veces se presenta ante nosotros tan desagradable que pueden producir cierta repulsión, que pueden llevar a pensar a un amigo: ¿Por qué siempre hablas de atracos y de peleas, y nunca de gaviotas y de veleros? Quizá amigo, sea una cuestión de carácter. En mi ánimo está denunciar el atraco. Me encanta ver a la gente mirando al mar, porque mirando al mar, soñé, tal y como dice el bolero. Pero no estoy tranquilo mientras haya atracos. Eso sí, te prometo que la próxima vez que vaya a la playa no me quedaré sin un momento de fugacidad, porque tengo derecho también a ser feliz y a reírme.
Y sabes que no miento, amigo mío. Puede que tenga que elevarme más para buscar la verdad, como creo que deseas, pero no te quepa duda que pongo los cinco sentidos en buscarla, aunque a ti te parezca que sólo hablo de los atracos que me interesan.
Y de acuerdo: la playa es la suma de un velero, unas gaviotas, dos mujeres, varios atracadores, un restaurante, un atraco y un instante de felicidad. Pero hay quien sólo hablará de gaviotas, otro que sólo hablará de restaurantes, otro que sólo hablará de mujeres, otro que sólo hablará de felicidad y otro que sólo hablará de atracos. Cada cual habla de lo que más sabe, amigo mío. Y yo tal vez sólo sepa hablar de atracos.
Soy un gran ignorante, amigo mío, y cada vez comprendo más el sentido de aquello tan manido de "yo sólo sé que no se nada". Pero qué quieres que te diga: nadie podrá decirme que no he intentado honestamente buscar la verdad, y bueno, no sé a qué esperas para acompañarme.
No sé a qué esperas para abrir tu blog.

viernes, septiembre 07, 2007


En las fiestas de los hombres poderosos se precisan muchos zapatos y muchos trajes. La inmortalidad exige ir bien vestido, independientemente de los vaivenes de las modas. Lo que más odian los hombres y mujeres en el poder o a la sombra de él es el concepto de finitud y siempre hay que acudir a lo clásico para ir bien vestido. Lo clásico es lo más infinito que en este mundo se conoce.
De entre los más clásicos, un Pinochet de esmoquin observaba a una radiante Imelda Marcos también clásica. Entre los invitados, estaba Ronald Reagan. Margaret Thatcher todavía no había venido. Los ochenta eran suyos, y no de la movida madrileña. Ellos sí que vivían en una fiesta. Pinochet lo obervaba todo desde una esquina, y dejó que su mente flotara:
"Reloj, no marques las horas, porque sí que voy a enloquecer si me tengo que retirar de esta fiesta continua que es mi vida. Mi gozo costó mucho trabajo y es fruto de la muerte de un pueblo; que no cometa la Parca el error de llevárseme consigo, pues soy muy valioso. La danza de la muerte no la bailo yo; yo y los que son como yo estamos por otras danzas sin fin y para eso necesitamos muchos trajes y muchos zapatos. Todos los que estamos aquí hemos costado muy caro; no permitas que nos marchemos."
De repente, todos los del baile se volvieron a él y cantando a coro le recordaron las palabras del poeta:

Recuerde el alma dormida,
abiue el seso e despierte
contemplando
cómo se passa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
quánd presto se va el plazer,
cómo después de acordado
da dolor,
cómo, a nuestro parescer,
qualquiere tiempo passado
fue mejor.

A los que les respondió Pinochet:
- Ya lo sé, ya los sé, cualquier tiempo pasado fue mejor. Por eso hice lo que hice. Soy el preservador del pasado en el futuro, pues es mi camino de la inmortalidad.

De repente, notó que un codo frío le tocaba. Giró la cabeza. Era la parca, también vestida de esmoquin:
-Yo también estoy invitada a esta fiesta. Me tenéis harta y me estoy aburriendo. Todos los que estáis aquí me dais mucho trabajo, creí que quedaríais agotados de asesinar después de la Segunda Guerra Mundial, pero los monos de culo rojo siempre queréis más sangre.
-¿Has venido a por mí?
-No. Te quedan veinte años.
-Eso es falso. Yo soy inmortal y tengo la gloria y mi esmoquin es mejor que el tuyo.
-Al menos los buitres no me despojarán de él.
-¿De qué me estás hablando?
-Nada. Cosas mías.

La parca se marchó y Pinochet miró fijamente los zapatos de Imelda. Todavía no eran las doce. No se quedaría sin sus zapatos por el momento. Se acercó a ella:
-Princesa ¿Estabas tú en el coro?
-No, me temo que yo también estaba escuchando.
-Entonces no alucinaba.
-Bueno, yo creo que alucinábamos los dos.

De repente, irrumpió en el salón Margaret Thatcher completamente borracha. Pasó al lado de Videla y vomitó encima suyo. Ronald Reagan murmuró: "Estos chiquillos". Margaret señaló con el dedo a Pinochet.
-Me das asco, pero te invito a tomar el té a las cinco.
-Acepto la invitación y le comunico que la amo. A mí a hipócrita no me gana ningún anglosajón.

Dieron las doce y todos desaparecieron. Desaparecieron también el esmoquin de Pinochet y los zapatos de Imelda. y dijo Pinochet:
-Qué vergüenza. Verme así desnudo. Sic transit gloria mundi, ya me lo decía mi madre.
- No te preocupes -le dijo Imelda- No eres casi nada. Sólo un puñado de letras y una mala idea que alguien tuvo. Encima no eres inmortal.
-Menos mal. No me hacía a la idea de pasar una eternidad vestido de esmoquin.

jueves, septiembre 06, 2007

La tertulia ha perdido le prestigio de antaño para la generalidad de los españoles; la charla amena de sobremesa ha perdido su sentido y la gente prefiere echarse a dormir la siesta; los jóvenes ya no aprenden escuchando a los mayores porque para eso está internet y las reuniones de café en las empresas cada vez son más cortas y tensas porque las empresas son el reino del "todo lo que digas podrás ser utilizado en contra tuya en cuanto te des la vuelta".
En eso de descubrir la verdadera cara de las tertulias los argentinos nos llevan la delantera: parece ser que en alguna parte del antiguo granero del mundo, según la Wikipedia, decir "estoy Tertuliado" o "estoy en tertulias" equivale a decir que estás cansadísimo o que estás metido en líos gordos.
Leo también que Tertuliano, al que le pidieron prestado el nombre para inventar las tertulias, era abogado, y no hay nada que produzca más sensación de pesadez y abulia que el oír a un abogado hablar de leyes. Los abogados hablan mucho. El propio Cicerón, que algo de leyes sabía, era un palizas de cuidado, capaz de hablar y hablar en el senado durante horas. No creo que muchos utilizáramos la maquina del tiempo, en caso de inventarse, para estar presentes en uno de sus discursos, por muy brillante que fuera el antiguo orador.
Acaso sean esos argentinos los que den con el verdadero sentido de la palabra tertulia en el contexto actual: algo pesado, denso e insoportable.
En España, en cambio, en algunos lugares tenemos idealizada la tertulia. El prestigio viene de que hubo un tiempo en que la televisión se llenó de tertulias, y verdaderamente eran muy buenos espacios para aprender. Recuerdo, por ejemplo, un programa llamado La Clave, donde intelectuales y políticos se ponían a hablar después de la proyección de una película; o las tertulias de sobremesa que organizaba Jesús Hermida, en donde eran habituales gente como Camilo José Cela y Francisco Umbral, donde hablaban de lo divino y de lo humano y mientras, te enseñaban.
Ser tertuliano tenía prestigio social, a veces muy merecido: había la costumbre antes incluso de la invención de la televisión de que las fuerzas vivas de un pueblo cualquiera de España se reunieran para charlar en la hora de la siesta. El cura, el guardia civil, el médico, el alcalde y el terrateniente se reunían entorno a una mesa camilla para hablar de lo divino y de lo humano. Famosas eran también las tertulias del Café Gijón, donde lo más granado de nuestra intelectualidad se reunía para aprender y ser visto.
Pero ahora las tertulias han cambiado. La culpa, de la televisión y de la radio: ahora tienen otra naturaleza: un hatajo de desalmados que sólo quieren lucrarse a costa de manipularnos a los que les escuchamos. Y esto vale tanto para las famosas tertulias televisivas de los programas-basura del corazón como para los programas de la radio que obedecen a oscuros intereses empresariales y políticos. Ya no se busca la luz sino las tinieblas; no se trata de enseñar deleitando; ya sólo se trata de sorprender engañando; las tertulias no arrojan verdad: sólo son comercio.
El dinero lo corrompe todo y las tertulias no iban a ser menos. Siempre tuve idealizadas las conversaciones de las cuatro de la tarde; pero ayer encendí la televisión a esa hora y había un programa donde ponían a caldo a un famoso cualquiera. Entonces pensé que tal vez debería dormir más la siesta.

miércoles, septiembre 05, 2007


Los cuentos son pequeñas historias de miedo que sirven para prevenir al niño de los peligros futuros. Hace tiempo escribí sobre Caperucita, dando mi interpretación sobre el trasfondo del cuento. Pero en mi infancia había otras historias que me producían todavía más pavor: las historias de las familias marcadas por la tragedia de la heroína; las historias de los zombies del extrarradio.
Cuando en los fines de semana, mis padres se juntaban con los amigos, era raro que en algún momento no se contara alguna de esas historias horrorosas. Principiaban los ochenta, y en una ciudad obrera de la periferia como la mía era frecuente que entre sus gentes se abordara el tema en convites y demás reuniones. No era para menos, pues era un tema de actualidad muy presente en la vida diaria. Yo recuerdo que en mis correrías infantiles no me era difícil ver, en algún rincón de los sitios más apartados de la ciudad, jeringuillas usadas y pedacitos de papel de aluminio renegridos, restos de alguna sórdida fiesta al aire libre de la noche anterior.Yo no tocaba las jeringuillas prevenido por mi madre, pero reconozco que las miraba con la fascinación infantil con que se mira lo desconocido. Estos recuerdos me vienen de la época en la que todavía no habían saltado las alarmas por la epidemia del SIDA. De haber sido así, el miedo de mi madre a que nosotros saliésemos a la calle hubiera sido mucho mayor.
Si yo tenía entonces ocho o diez años, los que empezaban a tomarle el gusto a la heroína tendrían entre dieciocho y veintipocos años. Es decir, de una generación anterior; la versión heavy del NO FUTURE punki, que les tomaron la delantera en eso de ser joven y pesimista; no obstante, nuestros heavies llegaron rápido al mismo sitio, a lomos del caballo apocalíptico de la periferia.
Mis padres y sus amigos contaban historias de otros progenitores un poco mayores que ellos cuyas familias estaban destrozadas porque uno o varios de los hijos cayeron en la droga fatal. Historias que hablaban de ruina psicológica y ruina económica. De casas desmanteladas poco a poco. De delgadeces extremas, de cuerpos llagados.
Ese universo tenebroso tan cercano a fuerza tenía que hacer mella en la mente de un niño impresionable. De todos los niños impresionables de la periferia. Y tal vez por eso, nosotros, la generación que sucedimos a los zombies del extrarradio descartamos la heroína como forma de pasar el rato. Nos dio por estudiar y aqui nos tenéis: los universitarios peor pagados de la historia.
Ahora ya se ven muy pocos zombies del extrarradio. Los pocos que quedan son fácilmente identificables: todos con cuarenta y tantos, sombras de si alguna vez fueron algo, dejadez en la higiene, ropas raídas, casi siempre un chándal que antaño era de vivos colores y que ahora aparecen apagados, sepultados en la grisura del polvo recogido por dormir en el suelo. Otros se han quedado en el camino: fotos de equipo de fútbol de colegas en las que del once titular, sólo quedan cuatro. Y los menos, héroes anónimos difícilmente identificables entre el maremágnum del centro comercial, que han librado una de las batallas más difíciles por las que puede pasar un hombre: la de desengancharse.
El consumo de heroína ha caído en picado en estos últimos veinte años. Es lógico, la publicidad negativa les ha hecho perder a los camellos gran parte de sus potenciales clientes: nosotros, unos tipos cualquiera de la periferia proletaria que se desesperan al asomarse al futuro. ¿A quién le importa nuestras vidas? ¿A quién le importó las vidas de los que nos precedieron, los del chándal, unos tipos cualquiera de la periferia proletaria?

martes, septiembre 04, 2007

Cómo se pasa el tiempo. Ya llevo 304 entradas. Disculpad que no haya hecho esto en una cifra más redonda, en la trescientos, pero es que me he despistado y sin querer darme cuenta, he rebasado el número redondo. Y avanzo al doce de octubre con rapidez, y entonces hará un año que escribo este blog.
Mi primera entrada era de queja por estar parado. La situación no se puede decir que haya mejorado, porque en octubre volveré otra vez a estar en el paro. Los contratos siguen siendo precarios y las únicas promesas que hace la oposición es bajada de impuestos y privatizaciones ¿Es que no tienen otra cosa mejor que ofrecer? ¿No hay en España ya suficientes subcontratas que pagan una miseria por trabajos precarios, como para que la oposición ofrezca más de lo mismo? Y mientras, los sindicatos, firmando otro acuerdo de moderación salarial para moderar más los ya muy moderados salarios, exiguos, empequeñecidos gracias a una inflación irreal, mucho menor que la real. A ver si se moderan ellos en concesiones.
Quedan diez meses para mi gran enfrentamiento con el estado, es decir, la oposición. En el lado izquierdo del cuadrilátero, un mindundi pidiendo un salvoconducto de supervivencia; en el lado derecho, un coloso gris que reparte unos mamporros fenomenales y que suele perder sólo una de cada cien peleas ¡Ufff! A ver si logro vencerle para completar uno de mis ansiados proyectos vitales: ser profesor.
O mejor dicho, ser aprendiz de los que están pidiendo paso, que no sé quién va a enseñar a quién.

lunes, septiembre 03, 2007


Me cuentan que hace poco sacaron a concurso las oposiciones para cubrir plazas de inspectores de trabajo, y por la enorme dificultad del examen, muchas quedaron desiertas. Bien por papá estado: si alguien sobra en España son los inspectores de trabajo.
Las historias que se oyen de inspectores de trabajo versan de que el único lugar que inspeccionan es el despacho del jefe o del encargado, y como estos sitios reúnen las condiciones óptimas de habitabilidad, pues dan el visto bueno a la empresa y a otra cosa, mariposa. Tampoco hace falta interpelar a un trabajador cualquiera de la empresa en los sitios donde la habitabilidad esté peor y sea más incómoda la entrevista. Un trabajador siempre dará una visión sesgada del quehacer diario de la empresa. El trabajador siempre será parcial y subjetivo, preso de sus emociones e ignorante de los números que hacen funcionar a la empresa. Sin embargo, el jefe o representante de la empresa podrá aportar al visión global y objetiva, en números e informes, que podrá dar al inspector de trabajo los datos que éste necesita. De ahí al apretón de manos sólo hay un paso. Si hay algo que le gusta al buen funcionario son los datos. Los inspectores de trabajo españoles son los mejores funcionarios del mundo, de ahí que sus oposiciones sean tan difíciles, tan llenas de datos como están.
Cuentan de un inspector de trabajo que tenía prisa por acabar la inspección porque tenía que irse al campo de golf; cuentan que avisan con quince días de antelación a las empresas de que van a realizar una inspección; cuentan que algunos se han llevado parte del dinero negro de las empresas para inspeccionarlo mejor en su casa; cuentan todas esas cosas que a lo mejor son mentira, porque si algo caracteriza al pueblo español es la envidia, y nada envidia más el español de clase baja que al funcionario de clase media, con su puesto vitalicio, sus pagas y sus trienios.
El patrón y empleado españoles odian con igual fuerza al inspector de trabajo. Aunque el primero le adule y le agasaje hasta la extenuación, le ve como un enemigo de la religión, como un hereje del dios mercado. Si pudiera, acabaría con ellos sin más contemplaciones. El dios mercado, para ser poderoso, exige no tener ningún tipo de cortapisas, ni legales ni de las otras. Si el dios mercado no pudiera hacer lo que quisiera, no sería un dios. Por eso , haciendo caso a las palabras que una vez pronunciara Michael Corleone "ten cerca a los amigos pero más cerca aún a tus enemigos" Ellos procuran tener muy cerca a los inspectores de trabajo. De su bolsillo.
Los empleados, sin embargo, no los ven por ninguna parte, ni en su bolsillo ni en ningún sitio. Los valientes que han comunicado las irregularidades de la empresa ven que con su acción no han conseguido nada. La vida sigue igual, que diría Julio Iglesias. Muchos piensan que en realidad no existen, que son un mito como los unicornios. Otros dicen que una vez vieron uno en el despacho del jefe. El caso es que para los empleados los inspectores de trabajo son criaturas con poderes sobrenaturales que un día vendrán a vencer a los ogros. Pero como las criaturas nunca se han decidido a hacerlo, les han cogido un poco de manía.
Yo creía que tenía un inspector de trabajo en mis bolsillos. He hurgado en ellos y compruebo que se me ha escapado ¡Con la ilusión que me hacía que desfaciera los entuertos de la España neoliberal! Bueno, tal vez esté matando ogros o jugando al golf. Será mitológico, el tío.

domingo, septiembre 02, 2007


la tarea que más me despierta sentimientos de culpa de mi trabajo es, sin lugar a dudas, cuando al nacer un bebé, le creo su representante en letras y números en el ordenador. Es decir, cuando le meto en la jaula que es la red del hospital que forma parte de esa gran cárcel cibernética del mundo entero. Qué mal me siento porque rompo su anonimato e imposibilito para siempre que sea invisible a la maldad de este mundo. Está en un laberinto de donde muchos Minotauros no le dejarán salir. Es, a partir de un momento determinado, un reo más de la burocracia, como usted, como sus padres y como yo. De verdad que yo no quería ocasionarle tanto mal. Si la burocracia es simplemente penosa como ahora, no hay problema. Pero ay, que no llegue el día en que la burocracia se convierta en una poderosa máquina de matar, devorando uno a uno a los hijos de los hombres que están detrás de los datos, cual Saturno demencial.
Si se piensa lo que hago es una verdadera faena para la criatura: desde que yo hago su equivalente numérico y alfabético, éste ya no se podrá escapar de la inmensa red de telaraña que es este estado concreto de las cosas. Le podrán poner multas a placer, embargarle por la hipoteca, meterle en juicios y en el peor de los casos, ir a la cárcel o imponerle la pena de muerte, que nunca se sabe cuánto se pueden torcer las cosas con esto de las hipotecas. Todo porque sus datos están en una ficha informática, porque yo le creé en datos para que el mundo le controlara al antojo de los gobernantes y la gente de malvivir por venir.
No sé si me podrán perdonar alguna vez esa multitud de bebés a los que yo he metido en el mundo casi infinito de los ceros y los unos. A veces sueño que soy un hombre sin identidad, intocable para los tentáculos del diabólico sistema, libre en definitiva, y de la euforia paso a sentirme culpable: menuda faena les hago a esos niños que sólo merecen felicidad. A veces maldigo a aquél que con caligrafía preciosa y elegante, de antigua enseñanza religiosa a palmetazos, me dejó perfectamente localizable para la rapiña de usureros y domesticadores que ha puesto esta sociedad para que me persigan y me tengan bien recogido y adocenado. Ahora, por ese pecado original de bella grafía, preso me hallo de la hipoteca, las facturas y las obligaciones que van a este fulanito de tal que vive en la calle cual que soy yo.
En fin, mis queridos niños, perdonad por ser yo el primero en dar vuestras señas de identidad al monstruo. No sabéis las cosas que tiene que hacer uno para ganarse la vida. Vosotros os veréis en tesitura parecida a la mía, hijos míos: alimentar al sistema para que él os alimente o llevado al extremo, por lo menos que no os devore.
Sin duda, las hormigas son más libres que nosotros los datos.

sábado, septiembre 01, 2007

Hola Diego:
Me pediste que te escribiera algo y como a mi me gusta complacer a los niños pues aquí me tienes, escribiéndote. No es que te lo prometiera, pero las peticiones de los niños son más importantes que las de los adultos, porque los niños soléis pedir cosas que merecen la pena, no como nosotros los adultos, que como tenemos las cabezas llenas de cosas sin importancia, lo que queremos no merece la pena.
Pero eso se debe a que los diez años de un niño nada tienen que ver con los de un adulto. Por ejemplo, tú en estos últimos diez años no has hecho más que cosas importantes: aprender a andar, aprender a hablar, a nadar, a montar en bicicleta, a leer y a jugar... Sin embargo, yo, en estos diez años no he aprendido nada de importancia. Bueno, sí, a volar una cometa, pero no me acuerdo de haber aprendido otra cosa importante. Ahora que me doy cuenta eres más listo que yo, porque a ti te ha dado más tiempo a aprender más cosas que a mí en estos últimos diez años.
Ahora mismo estás aprendiendo a tener amigos, y eso sí que es difícil para un adulto como yo. Cuando cumplas más años te darás cuenta de lo valiosos que son los amigos. Ahora, tú bajas a la calle y con un poquito de esfuerzo, en el parque, te podrás hacer amigo fácilmente de otro niño. Sin embargo, si yo bajo a la calle y le propongo de buenas a primeras que un tipo de mi edad sea amigo mío, lo más probable es que piense que estoy majareta y me eche de su lado o me pegue un puñetazo. Te sorprenderá, pero es que los adultos somos así de raros y así de tontos. Los niños, sois más listos y por eso os podéis hacer gran cantidad de amigos.
Pero claro, eso de que los adultos somos un poco estrambóticos no te pilla de sorpresa: cuando nos juntamos tu tía y yo con tus padres empezamos a hablar de cosas aburridísimas las cuales a ti te traen sin cuidado: quieres marcharte cuanto antes de donde estamos. Te voy a contar un secreto: a nosotros también nos aburren, pero como estamos preocupados, no nos queda más remedio que hablar de ellas. Los adultos, cuando no están preocupados, hablan de las mismas cosas que los niños: de jugar al fútbol, de ver lugares bonitos, de montar en bicicleta, de nadar...
Recuerdo que yo con tu edad tenía prisa por ser lo que soy ahora: un adulto. Se me concedió ese deseo, pero como contrapartida yo arrastro una maldición: que a medida que se pasa el tiempo, las tardes cada vez son más cortas. Me explico: antes, con tu edad, una tarde podía durarme una eternidad. Sí, yo me aburría como tú lo haces ahora. Sin embargo, me fui haciendo adulto y ahora las tardes se pasan en un suspiro y créeme, no mola, porque te sorprenderás si te digo que las tardes deben ser largas, para que dé tiempo a disfrutarlas. Que conste que yo me disgustaba tanto como tú, pero qué remedio, si las tardes cuando eres pequeño te parecen un muermazo.
Te queda mucho por aprender y quiero que seas feliz mientras aprendes. Con el tiempo te darás cuenta que saber muchas cosas es maravilloso, pero cada vez serán menos cosas importantes las que aprender, así que disfruta de los que te enseñan, de tus padres y profesores. Y juega con tus amigos, que las tardes son muy largas y te da tiempo de hacer muchas cosas. Ya tendrás tiempo de que se te hagan cortas.
¿Vale, cielo?

viernes, agosto 31, 2007

Yo aconsejaría que de los libros de autoayuda sólo se leyeran sus primeras partes, pues son las que te dicen -o las que te intentan convencer- de lo buena, única y maravillosa persona que eres; el ser más especial del universo; vamos, que sin ti no soy nada, una gota de lluvia y blablablá.
Cuando deseéis volver a los Cerros de Úbeda, lugar que como sabéis yo suelo visitar con frecuencia, nos olvidéis llevaros en la mochila los libros de autoayuda, que os guiarán en los caminos perdidos en uno de los sitios más despistados de Jaén. Eso sí, cuando os bajéis no os miréis al espejo, pues si todavía os duele el alma os pasará como a Dorian Grey, que os veréis feos, aunque a diferencia del personaje de Oscar Wilde, no lo sois. Hala, aquí tenéis mi pequeña aportación para sellar vuestras autoestimas resquebrajadas.
Deberíamos visitar los cerros de Úbeda con más frecuencia, pues seguro que es ahí donde está guardado los egos perdidos de los pueblos del mundo. Qué curiosa paradoja: al hombre le define su insolencia y su desprecio frente a la naturaleza "yo, yo y nada más que yo" Parece que es lo que más repetimos a nuestra indefensa, vieja y atormentada madre: Gaia. Y sin embargo, somos seres cansados de ser y cansados de preguntarse se si alguna vez serán, que es lo único que nos falta por controlar ¿Lo único?
Los libros de autoayuda son los principales enemigos de los cerros Úbeda: "afronta la situación. Ve directo a la raíz del problema" Quedan proscritos los verbos divagar, elucubrar y distraer(se); asímismo, quedarán proscritos todos los filósofos, sobre todo los de la escuela pesimista. En fin, que poco margen nos dejan los libros de autoayuda para perderse en los sinuosos conductos del cerebro. O dejamos la aventura de descubrir para después de la resolución de los conflictos (¿Acaso hay aventura sin conflictos?).
Para terminar esta entrada de autoayuda, os brindo el siguiente consejo:
-Id a la librería y comprad todos los libros de autoayuda que tengan en ese momento.
-Recortad las diez primeras páginas de cada uno de ellos.
-Leed todas esas primeras páginas hasta que tengáis el ego bien inflado.
-Id a los Cerros de Úbeda.
-Comprad unas chuletas.
-Comprad carbón de barbacoa.
-Haced una hoguera con el carbón y con las páginas sobrantes de los libros de autoayuda.
-Asad las chuletas.
-Tomad y Coged al modo argentino.
Si con esto, vuestro ego no está lo suficientemente inflado, probad a ser catedráticos de metafísica.
Mañana nos vemos, seres únicos (en serio).

jueves, agosto 30, 2007

El alcalde Alberto Ruiz Gallardón tiene un problema: no aguanta a la gente.
Circulan en los mentideros de Madrid dos anécdotas: cuando era presidente de la Comunidad, en el pasillo por donde él pasaba no podía haber nadie, ni señoras de la limpieza, ni otro tipo de personal subalterno. La otra anécdota que cuentan es que echaron a un empleado de un conocido teatro de Madrid por dirigirle la palabra. No es que le tuteara, ni que fuera soez o procaz; simplemente le dirigió la frase amable que tantas veces empleara con otros espectadores no tan ilustres, eso sí. Vaya cómo las gasta nuestro más fino estratega de la derecha.
Demuestra nuestro excelentísimo alcalde que, aparte de ser un buen gestor -un tanto derrochador y faraónico, todo hay que decirlo, pero buen gestor al fin de al cabo- debe ser uno de los más dúctiles actores con los que cuenta el panorama político. Porque no me digáis que no es un excelente ejercicio de saber amoldarse a las circunstancias el tener que besar a la chusma y a los que no son chusma odiándolos a todos con la misma intensidad. Actores en política los ha habido buenos, pero como él, pocos ¿O no me digáis que no es de Oscar el simular que te gusta la gente, cuando en realidad detestas a la humanidad entera, y no sólo a Federico Jiménez Losantos?
Seguramente, culto como es nuestro alcalde, habrá leído aquello del hombre masa que definiera Ortega. El filósofo era muy bueno, pero tan finolis y esnob como nuestro alcalde. El gran pensador detestaba ver los vagones de metro repletos de gente; el alcalde tiene la suerte de ir en metro sólo en las inauguraciones, cuando va sólo con sus subalternos y cuatro más ¿De dónde viene entonces la repugnancia del alcalde? Más justificación tenía el espanto del filósofo, pues a nadie le gusta el abarrotamiento de la hora punta del suburbano.
Les pasa a muchos hombres inteligentes y poderosos que a las primeras de cambio te saltan con sus manías de niño malcriado. Repite Gallardón "quiero ser presidente, quiero ser presidente", y desde su partido, con buen criterio, le bajan los humos diciéndole "ahora no, ahora no" Lo primero que debe aprender un niño es a saber esperar y a aceptar con resignación el no por respuesta. Por su bien, el partido le prohíbe vueltas a la infancia. Y mucho menos si esas vueltas pasan por la Moncloa.
Pero Gallardón erre que erre: "jooo, es que la señorita Espe me tiene manía""Algo le habrás hecho" Le responden sus mayores, que ya están hartos de ese niñato un tanto insolente y respondón que a las primeras de cambio se sube a las barbas (de Rajoy).
Como soy un poco ingenuo, espero que a este hombre no le den tanto asco las clases bajas como aparenta. Dice ser de centro, pero por sus obras le conoceréis. Y nos ha salido un tanto faraón, el jodío.

miércoles, agosto 29, 2007


Ay, qué pena. Yo no sé por qué no cierras el blog. No parece que tengas muchas visitas. Alégrate, que de vez en cuando te visito yo. Que ya tengo mi posición, oye, soy un visitante ilustre, que me he casado con una chica de buena familia, y tengo un chalé en Somosaguas. Qué asco, mis vecinos son casi todos progres de postín, vivo rodeado de mierda. Pero oye, quinientos metros entre las dos plantas. Con piscina. Lo que mola tomarse unas cañitas en el porche. Menos mal que ha vuelto el buen tiempo a Madrid, que maldita la falta que hace que tenga playa. Yo prefiero mi piscina.
Cómo va el Quimicefa que tengo instalado, la Virgen, cómo va. No he tardado ni seis meses en ponerlo a pleno rendimiento. Chico, que yo no pensaba que la cosa iba a funcionar tan bien. Que a este paso aseguro la vida a mis nietos. Y mi mujer, encantada. Ahora mismo está paseándose por la milla de oro de Serrano, gracias a los huevos de oro de su marido, como esa película del hijo puta progre de Bardem. Menuda mafia la de los Bardem, venga a trincar de las subvenciones. Hatajo de cabrones.
Porque tú quieres ser de su camarilla. Me refiero, claro está, a estar forrado vendiendo a la gente rollos igualitarios y demás diarrea progre. Porque eso no se lo dices a tus lectores: en el fondo, lo que quieres es vivir de ésto, y dejar los trabajos honrados para otros. No tienes ganas tú de perder de vista ese curro de auxiliar administrativo. Todo lo honrado que tú quieras, sí. Pero más precario y con sueldo más miserable, imposible ¿Cúanto te queda de contrato? ¿Un mes, tal vez dos? ¿Y después qué, capullo? Había un estudio de los pocos psiquiatras buenos que hubo en este país, el coronel Antonio Vallejo Nájera, en el cual demostraba que los rojos sois unos débiles mentales. Tú eres la prueba de ello. En el fondo, lo que estás deseando es tener una piscina como la mía, donde tomarte un malta del copón. No tienes cojones. Ni cerebro.
Es que no vales para mentir, eres demasiado honrado, es decir, eres demasiado gilipollas. La honradez es el camino más directo a la pobreza ¿Conoces a algún honrado que se haya hecho rico? "Nuestro adorado Michael Moore", me contestarás. Y una mierda. Michael Moore es el cabrón más mentiroso y manipulador que haya parido madre. Encima, vive de vosotros, los pobrecitos progres que gastan su dinero yendo al cine a ver la mierda ésa de SICKO. Mira que sois subnormales. Creer que en Cuba hay mejor medicina que en EEUU. Hace poco estuve en casa de unos amigos que viven en Orlando. Ni te imaginas los adelantos que hay allí. Es que ni te los imaginas. Inalcanzables para un mileurista piojoso como tú. Por cierto, mis amigos son cubanos. Ni les nombres al puto barbas moribundo. A ver si se pudre de una vez.
Ahora le da por decir al Michael Morro-gordo cara de cerdo que la televisión de los EEUU tiene la culpa de la guerra de IRAK. Pues sí, gilipollas. Así deben ser unos medios informativos. Al servicio de su país. No van a estar al servicio de los putos moros ¿Qué pretendía el cerdo de Moore? ¿Que en vez de servir a la patria, como Dios manda, la CNN y la FOX bailaran el agua al guarro de Saddam Hussein? El gordo es imbécil.
Por culpa de tontos como tú, en vez de estar tirado en una cuneta, que es el destino que realmente se merece el adiposo de los cojones, el tío tiene un apartamento de cagarse en Nueva York. Está hasta el culo de dinero. Saca más con sus documentales de mierda que yo con mis pastillas, pero mucho más. Vamos, que le cambiaba el puesto ahora mismo.
Debería pensar seriamente lo de hacerme rojo. Joder, que los hay que viven de puta madre. Teniendo tontos suficientes que los escuchen...
En fin, me voy a dar un chapuzón. A ver si viene mi mujer y nos vamos a tomar el aperitivo. No sé dónde comeremos hoy, creo que fuera. No me apetece sacar los gambones ni la sepia.

martes, agosto 28, 2007

Normalmente me refiero a esto que estoy haciendo como un blog, ¿pero esto qué es realmente cómo se llama, una bitácora, una sucesión de artículos, una columna de la nueva era de la telecomunicación? Pues creo que es lo de siempre: el deseo de alguien por comunicarse por escrito con otros.
Me han pasado cosas pero no me apetece hablar de ellas. Todavía me duelen (Dime qué se siente por ahí donde estás, abuela) y aunque las emociones son el mejor ingrediente para los que escriben artículos, parrafadas, galerías y otros poemas, hoy me escuece algo el alma y no encuentro el Betadine. Otro día os hablo de ello, con más reposo y con tirita.
Alguien que siempre tuvo un gran deseo de comunicarse fue el articulista Francisco Umbral, al que yo leí educándome como él leyó educándose a los miembros de la generación del 98.
Con los filtros que ahora tiene el mercado laboral no se puede ser periodista sino tienes másteres e idiomas y a ser posible otra carrera, si no has pasado antes por la condición de semiesclavitud y tomadura de pelo que es ser becario en España. Es decir, Umbral jamás hubiera sido Umbral. Hubiera seguido llamándose Francisco Pérez Martínez, un nombre tan bueno como otro cualquiera para estar olvidado en una residencia de ancianos. Afortunadamente, esos filtros de ahora no existían en el pasado, y un señor que no terminó los estudios primarios pudo ser una figura señera del periodismo: una referencia de los que tienen no sé cuantos másteres y dos carreras ¿Hace falta tanto para escribir bien?¿Y por qué tanta gente se muere sola en las residencias?
Reconozco que Umbral era una gran pluma aunque no se encontraba entre mis favoritos: ya os dije en alguna ocasión que es el que mejor prosa desarrollaba a la hora de decir casi nada; pero cuando en alguna ocasión decía algo con la prosa de la elegancia, había que rendirse a la evidencia de que le hicieron doctor en muchas universidades por algo; y sin ni siquiera ser licenciado previamente, que más mérito tiene todavía.
Me imagino que de empezar hoy, Umbral lo hubiera hecho como lo he hecho yo: escribiendo en ordenador un poco cada día, robando una hora de concentración al escaso tiempo que tiene un paria. Ahora los periódicos sólo quieren a gente con muchos másteres para que piensen como ellos, y Umbral estuvo en varios porque sólo pensaba como él mismo.
Y yo venía a hablar de mi blog, qué demonios.

miércoles, agosto 22, 2007


La serie de los Soprano tiene en sus guiones muchas cosas dignas del recuerdo de los telespectadores. Como todas las grandes obras de creación, de los Soprano se pueden sacar múltiples lecturas, acaso insospechadas para David Chase, el creador de la serie, que a buen seguro se habrá quedado perplejo ante algunas de las interpretaciones que la gente corriente ha sacado de los Soprano, y no sólo la gente corriente: también la crítica especializada.
De la serie yo, de la gente corriente, también he sacado mis lecturas, y bueno, no sé si todo el mundo que la ha visto coincidirá con lo que yo pienso:
1º Pienso que la serie muestra el modo más cruel e inhumano del parasitismo social: Tony Soprano y los que son como él son unos parásitos que no producen nada y se dedican a vivir (muy bien, por cierto) a costa de otros. Se podría aducir que es una obra de ficción, ¿pero acaso no es la representación más fiel de lo que es la idiosincrasia de nuestra sociedad en sí? En nuestra sociedad los que mejor viven son los intermediarios: Tony y sus hombres no dejan de ser siniestros intermediarios: entre las prostitutas y los clientes, entre los constructores y los ayuntamientos...En definitiva, son los mamporreros de Satanás. Tony y sus hombres compran barato y venden caro: esas la ley del capitalismo, por la que se rige también Nike, Mc Donalds y demás mafiosos.
2ºEl patrón por el que se mide al hombre es el dinero y no la honradez y el trabajo. Un ejemplo: Tony se pasa la vida en el club Bada-Bing bebiendo y viendo bailar a mujeres desnudas; sin embargo, como gana mucho dinero, se siente legitimado frente a los demás.
3ºEl dinero está por encima de la vida de los hombres. Tony perdonó en un momento dado la vida de Ralph, uno de los capitanes de su banda al cual detestaba, porque era de los que más ingresos generaba. Sin embargo, mató a su sobrino Chris al que decía querer, porque suponía que le iba a dar problemas en el futuro; mató también a su primo y casi hermano Tony, solo por agradar a un jefe de una familia rival al que, sin embargo, también mató posteriormente. Puestos a ser prácticos, ¿no hubiera sido mejor matarle desde un principio y así se hubiera ahorrado la muerte de un primo al que se suponía que quería?
4ºLo fundamental es seguir manteniendo el mismo tren de vida. Carmella es cómplice de Tony en todo el mal que éste ha hecho porque ella nunca hizo preguntas y ella muestra una indiferencia muy grande en cómo se gana su marido la vida. Lo importante es el Porsche Cayenne que su marido le dejó en el garaje.
5ºLo importante son los testículos. Sin más comentarios.
Y podría estar escribiendo interpretaciones mías de la serie como para hacer otra bitácora. Tal vez por eso, es la segunda vez que os recomiendo la serie. Y las que hagan falta, pardiez, que terminé la sexta temporada y ya tengo síndrome de abstinencia.
Maldito fundido en negro...

martes, agosto 21, 2007


Hace poco vi balbucear una vez más a Hugh Grant en la agradable comedia "el inglés que subió una colina y bajó una montaña" y de ella se puede sacar varias lecturas optimistas sobre la vida. Pero hubo una frase que es para mí la mejor lección sobre la vida de todas las que da la película, en un momento dado un personajes dice a Hugh Grant: "Sabes, todo aquél que pasa una noche en la montaña, o se vuelve loco o se vuelve sabio" Eso me recodó a la frase dicha por un teniente a mi bisabuelo: "señor, de haber vivido usted en la ciudad, o hubiera sido presidente de la república o se hubiera vuelto loco" En un pueblo de Castilla, el ascenso a los cielos pasaba por la gran urbe.
Hay un poeta español llamado Leopoldo María Panero que es un loco y un maldito. Ahora está internado en un psiquiátrico. Nadie ha intentado como los poetas la subida de la colina, el ascenso a los cielos, y muchos han perdido la cordura en ese viaje, de ahí que haya poetas malditos, pero seguro que ni vosotros ni yo hemos encontrado un maldito poeta. Del viaje de los poetas a la colina o han regresado sabios o han regresado locos. Pero no sólo ha pasado con los poetas.
Pasó también con los filósofos, con el enloquecido Nietzsche a la cabeza; y pasó con los matemáticos, hombres que se sintieron muy solos con sus teorías. Me viene a la memoria el matemático vienés Ludwig Boltzmann (1844-1906), el inventor de la mecánica estadística, con la cual se describía el comportamiento atómico basado en la probabilidad. No pudo superar el rechazo a su tesis, y se ahorcó. Más famoso es el caso del estadounidense John Forbes Nash Jr, al que dio vida en pantalla el actor Russell Crowe en la película "una mente maravillosa". El matemático biografiado pagó la genialidad con la esquizofrenia.
Por no hablar de esos locos maravillosos que son los actores.
En cuanto a una ciencia tan reciente como es la informática, yo no dudo en catalogar como locos maravillosos a gente como Linus Torvalds y Richard Stallman; homenaje que hago extensivo a todos esos programadores que han contribuido a hacernos a todos más libres a través de una cosa tan tonta como es un ordenador. Para mí es el mismo tipo de locura maravillosa con la que se condujo toda su vida el físico Albert Einstein.
Pues ya los sabemos todos: quien pretenda subir la colina, o vendrá loco, o vendrá sabio o las dos cosas a la vez. Pero hay que subirla. Forma parte del juego de la vida.
Decía Groucho Marx: "Partiendo de la nada alcancé las más altas cimas de la miseria. Pero fue otra montaña la que subió el genio del humor.

lunes, agosto 20, 2007

Me quedan tres días para irme a la playa, que para mí es el lugar donde uno no se siente culpable por no pensar en nada en especial y se puede entregar a la desprecupación sin que eso le preocupe, valga el juego de palabras.
Decía Carlos Castaneda en uno de sus libros que uno de los grandes logros que puede hacer alguien para conocerse a sí mismo es suprimir el diálogo interior que todos tenemos; yo confieso que muy pocas veces lo he logrado. De hecho, de haber cumplido a rajatabla con aquel precepto del libro, este blog no hubiera sido posible, pues es diálogo interior con un poco de organización y también algo de sintaxis, para que lo recoja alguien con similares inquietudes a las mías.
En estos cuatro días de playa que se avecinan me olvidaré del blog. Me dedicaré a una cosa que me gusta mucho: observar a la gente que en paz comparten la misma dejadez que yo. Es una lástima que no sean más los días que tenga para disfrutar de ello: todos me dicen que llegarán tiempos futuros en los que puedan disfrutar de períodos vacacionales más largos. Espero que no sea porque estoy en el paro, entonces sí que el concepto vacaciones habrá desaparecido para mí.
Volveré a ser el niño que fui, pues las vacaciones son el paraíso de todos los niños. Cuando echo la vista atrás, la mayoría de los aconteceres importantes que recuerdo transcurren en vacaciones. Tengo buena memoria para lo lúdico, a ver, qué le vamos a hacer si mi memoria es selectiva y me quedo sólo con lo que me hizo feliz.

domingo, agosto 19, 2007


Una de mis frases favoritas es aquella que escuché una vez por boca de un entrevistador de uno de esos siniestros procesos selectivos a los que me tengo que enfrentar por obligación. La frase en cuestión viene a decir: "el sentido común es el menos común de los sentidos" ¿Será verdad? Yo veo sentido común a raudales. Yo practico el sentido común; tú practicas el sentido común; él Practica el sentido común; nosotros practicamos el sentido común; el mundo entero es puro sentido común. Sabemos los mandamientos del sentido común actual, las leyes de un Moisés actual no escritas. Subí a la montaña y os las pongo en la piedra del ciberespacio:
El primer mandamiento que nos dicta el sentido común es "amarás el dinero sobre todas las cosas" Deberás atesorarlo, mimarlo, tratarlo con respeto, acrecentar el que tengas; deberás respetar la opinión del que más tiene, porque el dinero es la fuente de la sabiduría.
el segundo mandamiento del sentido común es "la naturaleza está a tu servicio. Despréciala, como desprecias a todos los que la sirven" Mira con recelo el campo, pese a ser de donde cogen tu alimento, como algo que el hombre ha superado. Mira con indiferencia a los hombres que viven en él, y compadécelos por no haber tenido el valor de irse a vivir a las ciudades.
El tercer mandamiento del sentido común es "sé individualista. Nadie hará nada por ti" Efectivamente, hoy nadie hace nada por los demás. Las ciudades son cementerios de zombies deprimidos, desvalidos, con el gran pesar de sentirnos sólos en el mundo, buscando en el diccionario qué significa "solidaridad" y de otros zombies que deambulan aunque se creen muy lúcidos.
El cuarto mandamiento del sentido común dicta "Cómprate un coche. Así podrás irte de vacaciones y no sufrirás las incomodidades del transporte público al ir a trabajar" y gracias a ello, en Madrid, puedes ver desde las afueras una cúpula siniestra que le cubre de un azul manchado de hollín.
El quinto mandamiento es "Consume. Vida sólo hay una y el comprar objetos es el camino más corto a la felicidad" Ese es le mandamiento más fácil de cumplir, el que todos más nos gusta. Y mientras, donde la vista no nos alcanza, donde no queremos ir, hay una montaña de basura cada vez es más grande, y está formada en sus capas superficiales por objetos cada vez menos usados.
El sexto mandamiento es "odia a aquél del que todo ignoras" Lo foráneo es peligroso por desconocido y los foráneos, que proceden de lo desconocido, son los seres más peligrosos y odiosos con los que te puedes encontrar. El miedo es uno de los indicadores más fiables del sentido común. Huye del extranjero, expúlsalo a la menor oportunidad. Tu miedo no puede equivocarse. Santifica las guerras, que matan a los foráneos.
El séptimo mandamiento, en relación con el anterior, es "odia todo lo que ignoras" Es decir, lo que te haga pensar, lo que necesite de tu reflexión, lo que te haga hacer el esfuerzo de mover a las neuronas. Deja a otros que piensen por ti. Lo que es difícil no merece la pena.
El octavo mandamiento es "Tanto tienes, tanto vales. La igualdad humana es una patraña. Por supuesto que unos somos mejores que otros y tenemos más derecho a la vida que otros" Siempre verás con estupor que la palabra del que más tiene será más escuchada dentro del poder que la que menos tiene. Nuestros democráticos políticos siempre cenarán con los grandes empresarios antes que contigo y conmigo, que siempre les pediremos lo mismo. Es la dictadura de los comensales.
El noveno mandamiento del sentido común es "si tú no protestas demasiado en una empresa te acabarán haciendo fijo, y podrás subir dentro del organigrama de la empresa y ganar más dinero" Gracias a eso, los españoles somos de los obreros más sumisos del mundo, y de resultas de ello nos premian con la mayor inestabilidad de Europa y con los salarios más bajos.
El décimo mandamiento nos dicta "Endéudate con los bancos, sobre todo para conseguir una vivienda. Cómprate una casa en lugar de alquilarla". Puede faltarte de todo, dicen las madres españolas, pero un sitio donde poder guarecerte nunca te ha de faltar. Siguiendo este sabio consejo, los españoles del baby-boom de los setenta nos hipotecamos hasta las cejas. De resultas de todo eso, tenemos las casas más caras del mundo a pagar en un tiempo casi infinito.
Seguid estos mandamientos al pie de la letra y no os harán felices, pero a lo mejor podréis sobrevivir. Ninguna religión ha hecho fácil el camino al hombre, y ésta, menos que ninguna. Debemos seguir así. Ya nos queda menos trecho de este absurdo camino.

sábado, agosto 18, 2007

Hace poco, leí que la industria del porno tradicional está contra las cuerdas por el porno gratis de internet, tal y como sucediera con las películas para el gran público, la música y demás. Pero una cosa buena que ha traído internet es que la información también se ha democratizado, y ya podemos enterarnos de cosas que antes nos estaban vedadas porque los medios tradicionales lo querían así. Aunque para esta nueva libertad hay una amenaza: un programa ideado por el joven Virgil Grifith, del Instituto Tecnológico de California, que sirve para descubrir las IP (direcciones electrónicas de los equipos informáticos) de las personas que han escrito una entrada para internet. De momento, el programa ha servido para cosas buenas: gracias a él han salido a la luz malas prácticas de la CIA y el Vaticano, que con todo el descaro del mundo han puesto a operarios suyos a poner manipulaciones y mentiras en artículos del Wikipedia, y parece ser que no han sido las únicas entidades poderosas las que han hecho algo así: también han encontrado entradas manipuladas desde un ordenador perteneciente a unas oficinas del Gobierno de Israel. En definitiva, que estamos ante otros de los intentos de control de la red por parte de instituciones poderosas. No puedo por menos que aplaudir que dicho programa haya puesto la cara roja a unos sinvergüenzas disfrazados de prestigio. No obstante, la parte mala es que esa herramienta también puede servir para tenernos controlados a todos nosotros, los que tenemos la libertad de hablar sin cortapisas porque nos escudamos en el anonimato. Ahora tienen una buena arma para perseguirnos. Bueno, en mi caso personal, como mis lectores no son muchos, tal vez no tenga que preocuparme de eso, pero sí me preocupa toda esa información que a mí me está llegando y de la que se me puede privar porque los gobiernos y las empresas tienen a su disposición una nueva herramienta eficaz para ejercer la censura, o que el miedo de aquél al que su sustento depende de lo que escribe le haga caer en la autocensura. Ya me estoy imaginando a algún oscuro ejecutivo corriendo con un cheque de abultadas cifras a nombre del tal Virgil Grifith para comprar el útil programa.
Soy optimista: espero que nunca logren revertir la situación y nosotros dispongamos esa libertad que nos ha dado Internet y que antes no teníamos. Sí, antes pensábamos que éramos libres, pero gracias a Internet nos hemos dado cuenta de que no. Antes de Internet éramos más vasallos que ciudadanos.
La lástima que en un futuro no muy lejano otras compañías, como las petrolíferas o las automovilísticas corran la misma suerte que la industria del porno y entonces sí que la humanidad habrá dado un gran paso hacia la libertad con mayúsculas.

viernes, agosto 17, 2007

No se suele hablar de las cosas que a uno no le hacen sufrir. Pese a que llevo escritos más de quinientos folios, hay temas que no he tocado. Tal es el ejemplo de la homosexualidad, que como no sufro el rechazo de los malnacidos que marginan por ese asunto, pues no es una circunstancia que me quita el sueño.
Los homosexuales deben ser optimistas: se ha avanzado mucho en pocos años y no me espero que haya una regresión futura que los haga volver a los sótanos de la marginalidad. Afortunadamente, y ese es el mayor logro, hasta los más retrógrados callan porque ya no es políticamente correcto arremeter contra las personas con dicha orientación sexual.
En el edificio donde viven mis padres vivieron hace un tiempo una pareja de lesbianas. Eso, no hace más de treinta años, hubiera significado una bronca monumental de los vecinos: las chicas se hubieran tenido que ir entre el vocerío generalizado llamando a la decencia y la dignidad. Hoy, sin embargo, se han ido sin que nadie se percatara o llamara la atención sobre ello porque acaso les interesara más vivir en otro sitio por razones de otra índole que en nada tienen que ver con lo que piensen sobre su orientación sexual los vecinos.
También se ha ganado en que muchos ya no tienen la necesidad de ocultar la homosexualidad formando un matrimonio convencional. Debe ser muy doloroso vivir una mentira día tras día, defraudando a tu pareja con la mentira de decir que te atrae, cuando en realidad estás pensando en darle esquinazo para correr en brazos de otro u otra y eso no es diferencia respecto a otros infieles.
En fin, la verdad es que poco puedo aportar en este tema, pues más tendrán que decir los que han sufrido las intolerancias de una sociedad estúpida. Yo sólo tengo que decir que me alegro profundamente de que este colectivo ya sólo tenga una etiqueta: la de ciudadanos. Y ya no se aceptan más preguntas

jueves, agosto 16, 2007

La gente sabe mucho de economía. Seguro que los ejecutivos de Countrywide Financial, el mayor prestamista hipotecario de los EEUU, que puede que caiga en bancarrota, saben mucho de economía. Seguro que muchos de ellos han estudiado en las universidades de Columbia, Harvard o Stanford; es más que probable que en esos centros del saber aprendieran todo lo que saben del maravilloso mundo del neoliberalismo y sus grandes capacidades de curación de los males de este mundo. Desgraciadamente, como no son dioses, tenían su talón de Aquiles, que fueron paradójicamente, la falta de talones; de talones bancarios, se entiende. Ante la falta de talón en nada se queda la sabiduría económica.
Y de eso se queja precisamente nuestro bienamado y sabio emperador, el excelentísimo George Bush segundo o segundón, que poniendo el dedo en la llaga señaló que la culpa era de los deudores que firmaron hipotecas: unos inconscientes. Ofreció como solución un programa de alfabetización financiera. Enhorabuena, oh, gran emperador. Resulta que lo que falta para pagar un crédito hipotecario es conocimientos en economía y lo de pagar el dinero al banco es secundario... ¿Para cuando le darán el Nóbel a este hombre? ¡Estamos ante otra de sus grandes frases! Voy a ir corriendo a mi banco y le voy a recitar al director de mi sucursal las obras completas de Milton Friedman, a ver si así me cancelan el resto de la hipoteca que nos queda a mi chica y a mí. Y para cuando tenga que pagar el seguro del coche, le voy a versificar el "la teoría de los sentimientos morales" de Adam Smith. Con eso, seguro que hasta me regalan la batería de cocina.
Dije que deberían darle el Nobel al emperador, pero creo que no debería ser en una especialidad solamente: el merecidísimo de economía, por sus revolucionarias teoría sobre "los tochos de economía para pagar hipotecas sin recurrir al dinero contante y sonante" y el de literatura, porque está haciendo una "nueva historia universal de la infamia" él solito ¡Y sin escribir una sóla línea! Eso sí que es mérito, y no el de Borges.
Pobre señor de Aquiles Smith, que, a falta de talón, se quedó sin su casa. Por desgracia, detrás vendrán los Aquiles Dupont, los Aquiles Santuchione, los Aquiles Zang, los Aquiles Pérez y demás Aquiles que pueblan este mundo. Al menos saben dónde tienen los pies, cosa que no podemos decir de nuestro bienamado emperador, que con la ilógica a la que nos tiene acostumbrados tiene el talón de Aquiles en la cabeza.

martes, agosto 14, 2007

-¿La sustitución total de los coches que funcionan con derivados del petróleo?
-Ahora no toca hablar de eso.
-¿De que las mujeres ganen por fin lo mismo que los hombres?
-Ahora no toca hablar de eso.
-¿De que dejen de abolirse las leyes que protegen a los trabajadores?
-Ahora no toca hablar de eso.
- ¿De haya un mayor control de las prácticas empresariales?
-Ahora no toca hablar de eso.
-¿Del fin del capitalismo?
-Ahora no toca hablar de eso.
-¿del fin de la impunidad del actual gobernante del Imperio?
-Ahora no toca hablar de eso.
-¿de que su segundo vaya a la cárcel?
-Ahora no toca hablar de eso.
-¿De que los líderes religiosos dejan de meterse en política?
-Ahora no toca hablar de eso.
-¿De que el papa no despotrique contra los anticonceptivos?
-Ahora no toca hablar de eso.
-¿De tener unos medios de comunicación que nos enseñan a desaprender cómo se deshacen las cosas?
-Ahora no toca hablar de eso.
-¿De abolir la tele que invita a ser borregos vociferantes?
-Ahora no toca hablar de eso.
-¿Del fin del comercio mundial de armas de fuego?
-Ahora no toca hablar de eso.
-¿del fin de las armas nucleares?
-Ahora no toca hablar de eso.
-¿del fin del mercado como juez de todas las relaciones humanas?
-Ahora no toca hablar de eso.
-¿Del plan global para frenar el calentamiento del planeta?
-Ahora no toca hablar de eso.
-¿Entonces de qué hablamos?
-No me hagas repetírtelo más veces

domingo, agosto 12, 2007

Tengo una compañera peruana que, como todos los inmigrantes, tiene una historia interesante que contar, que como todas las historias de la gente de afuera, tiene como moraleja eso que se nos olvida con tanta frecuencia, que viene a decir: "nadie se mueve de su pueblo por capricho" Es curioso cómo cuando la gente despotrica de los inmigrantes se olvida precisamente de eso, de que la gente viene por obligación y no por gusto, y que por muy pobre que sea el sitio de donde vienen, prefieren su país que la ahora próspera España, que a ver cuánto nos dura el rollo.
A todos nos gusta entrar a un país de turista y a nadie de inmigrante. Cuántas veces se nos olvida eso, pese a ser una obviedad: miramos a la gente venida de fuera como si estuvieran aquí de capricho.
En el turno en el que estábamos, el de noche, se presta mucho a que los que estamos nos contemos nuestras respectivas vidas. Yo acabé pronto, pues mi vida, salvo cuatro pelusas en el ombligo y cuatro llantinas propias de los que hemos tenido lo fundamental cubierto, no era para extenderse mucho ante una persona como ella. Sin embargo, ella sí que tenía cosas interesantes que contar.
Ella me dijo que eran cuatro hermanos, hijos de un próspero comerciante de un pueblecito del interior de Perú. Las cosas iban bien y la intención de ese buen hombre era darles educación a todos sus hijos, pero cuando ya terminaban los años ochenta, en el Perú las cosas se comenzaron a ir a peor; estaba gobernando Alan García, y con él vino la desgracia al pueblo peruano: crisis económica, terrorismo, corrupción... Vamos, los destinos impuestos a los pueblos sudamericanos. El entonces apuesto Alan García cumplió bien con sus amos, que no era la ciudadanía peruana. En cobro de sus servicios, le procuraron un exilio de oro.
Por culpa del terrorismo, la familia de mi compañera lo perdió todo: incendiaron sus negocios, tuvieron que malvender lo que les quedaba... su padre le dijo a ella y a sus hermanos que ya no podía costear las universidades, así que ella se puso a trabajar. El pobre hombre nunca se repuso de aquello.
Mi compañera trabajó duramente y pudo costearse los años que le quedaban para terminar económicas, pero con la licenciatura recién conseguida la cosa no mejoró. Perú estaba en una crisis rampante y una de sus hermanas se vino a España. Animada por ella, hizo lo mismo y el resto ya es historia.
Todo esto vino porque estábamos hablando del ahora gordo mórbido Alan García, que ha expiado sus fechorías perdiendo su elegancia de antaño con los kilos de más. "¿Cómo es posible, le pregunté yo, que el pueblo peruano votara a un corrupto como ése para que sea presidente por segunda vez?" "Yo, desde luego, no le voté" Me contestó ella. "Claro que aquí- el dije- en las últimas elecciones, en algunos pueblos salieron elegidos alcaldes corruptos y condenados por la justicia. Como dicen que traen prosperidad económica y blablablá..." "Sí, son buenos con la economía. Con la suya y la de sus amos" Me contestó ella. "¿Será la cosa cultural?" De acuerdo, soy un ingenuo por plantear esa pregunta.
En fin, me acuerdo de aquello que aparecía en el Poema del Mio Cid de: "que buen vasallo sería si hubiese gran señor" Está visto que no hemos tenido suerte con nuestros gobernantes. Acaso la culpa sea de todos y votamos pensando en alguien que proteja nuestra cartera, cuando la única cartera que les importa a quienes normalmente votamos es la suya propia.
En fin, a lo largo de la noche estuve pensando en ello. A todos los que detestan los inmigrantes, a todos que les atribuyen todo tipo de culpas les diría que enviaran una carta a un tal Alan García, y le preguntaran por qué vienen tantos peruanos.
A ver qué les responde.

viernes, agosto 10, 2007


Nuestra lavadora nos está lanzando mensajes y no sabemos qué es exactamente lo que nos quiere decir. Sea lo que sea, espero que se muestre comedida y no se meta demasiado en nuestros asuntos, pues pese a estar en nuestra casa debe recordar que está a nuestro servicio, que a los operarios les está prohibido pensar por decreto pequeño-burgués.
Dicen que el espíritu es energía y que la materia es energía muy condensada. Mi lavadora, a la que todos creíamos materia, resulta que va a ser espíritu reconcentrado, y con su recién descubierta conciencia, se dedica a enviarnos mensajes traviesos. El otro día, cuando mi chica estaba sacando la colada, se encontró todos sus sostenes enrollados en mi delantal de Miguel Ángel, igual al que veis en la foto ¿Por qué la lavadora dejó puestos los sostenes de aquella manera? ¿Sabéis vosotros la respuesta? Mi centrifugadora ladina me da de su propia medicina: ahora estoy dándole vueltas sobre el mensaje que nos quiere transmitir, y la verdad, no encuentro una explicación que me satisfaga.
Sostenes que rodean el cuerpo de un apolíneo David... La verdad, no sé qué interpretación darle...Mi hermano me trajo dicho delantal de Florencia, donde tienen la estatua, y fue un regalo que valoré mucho. Un año antes, cuando estuve yo en la ciudad de los Médici, no me decidí a comprarlo, pues ya nos habíamos gastado mucho dinero en el viaje. Recuerdo que cuando fui a ver la estatua, me gustaba contemplar cómo la gente se le ponían los ojos como platos ante la magnificencia del guapo de mármol. Recuerdo dos norteamericanas jóvenes con las que trabamos amistad en la cola del museo cómo miraban con arrebato la estatua. No era para menos: el italiano que le sirvió de modelo a Miguel Ángel debía de estar cañón.
¿Pero qué demonios quiso decir mi lavadora con esa travesura de los sostenes enrollados y liados en mi delantal? Pues ya sé yo que el David luce mejor cuerpo que yo, que tengo algunos michelines cerveceros; pero de ahí a insinuar que debería cuidarme por si a mi chica le da por irse a por un guaperas de gimnasio con una muscultatura similar a la de la estatua...
¿Quién te da permiso a mandarme consejitos, lavadora? ¿Cómo osas insinuar que mi esposa me abandonará por un tío bueno? De ti sólo espero el tener la ropa limpia y nada más, así que nada de consejitos, te los puedes meter por donde sale la porquería del filtro.
Pienso que trabajas poco: dos veces por semana, como mucho tres y eso te da tiempo para pensar en tonterías; quizá sea a que tu verdadera vocación es la de ser tragaperras, pues ya me he encontrado varias veces monedas en la goma de entrada al tambor. No lo sé, pero me tienes mosqueado y no lo vas a arreglar dándome dinero, pues estás poniendo en cuestión mi virilidad; lo que sí he de reconocerte es que los sostenes de mi amada son unos casquivanos, que si se han enrollado a un delantal con el torso de Miguel Ángel ¿Quién dice que mañana no lo harán con una toalla con la cara de Brad Pitt?
Tendré que dejar de darle vueltas al asunto, pues eso eso es justo lo que quiere que haga la muy perversa: que sepa lo que se siente haciendo circulitos. A partir de ahora, en vez de hacer tres coladas, harás cuatro, por lista. Dios mío, cuánto cuidado hay que tener con lo que metes en tu casa.

jueves, agosto 09, 2007


Es muy común escuchar o leer en los medios más clásicos, de las grandes empresas, que no de los estados, que de internet y de los blog es de donde vienen las mentiras, que son los que han cambiado todo para mal y que en el mundo de la información de hoy es difícil el creer algo, porque los blog no son fuentes de información contrastada y fiable. Por lo que a mí respecta, os puedo decir que os doy mi verdad, y que como decía Machado, lo yo que quiero es que si no veis verdad en lo que os escribo, juntos vayamos a buscarla. En mi blog digo mi verdad, así que tened por seguro que yo, desde que me levanto hasta que me acuesto, sólo tengo el objetivo el ser honrado con mis semejantes. Una forma idóena de serlo es contar lo que yo creo que es verdad: aquí no os está escribiendo un mentiroso. Además, no sé mentir, me lo dicen mucho mis familiares cuando hago alguna ridiculez.
Por eso, me indigna que los medios tradicionales desacrediten de aquella manera a la información que nos viene de Internet. Son los grandes mentirosos, porque a sabiendas de lo que es verdad, hay pruebas fehacientes de que intentan manipular y moldear nuestra opinión cada día en función de meros intereses económicos. Hace tiempo que perdieron mi respeto y hace tiempo que jamás recurro a ellos para formar mi opinión, porque carece de crédito aquella información que está hecha para defender determinados intereses empresariales. Me merece más crédito el blog de alguno de mis amigos, que ante nadie tienen que responder de sus opiniones, que el de ésos que escriben pensando en su cuenta corriente.
Jamás lamentaré la desaparición de los colosos de la información, porque han contribuído con sus malas prácticas a hacernos todos siervos de las multinacionales y no ciudadanos, porque incluso se les podría juzgar como instigadores de guerras, de matanzas y de torturas; porque son, en definitiva, parte del mal de este mundo.
Cuando tenemos miedo somos más crédulos con las mentiras. Yo creo que es eso lo que está pasando. Esta es, sin duda, la generación del miedo. Recordad lo que dijo San Juan: la verdad os hará libres. ¿Acaso ahora lo somos?

miércoles, agosto 08, 2007

Me dice una amiga mía que el amor hay que cuidarlo; pues bien, mañana hará diez años que llevamos cuidando el nuestro, y confieso que en lo que a mí respecta no me ha costado mucho, pues tú perdonas pronto las faltas, que algunas he tenido y no sería humilde el no reconocerlas. Perdona, cariño, por las zancadillas que te he puesto en la convivencia.
Y no puedo evitar sentir algo de pena por lo pronto que se han pasado estos diez años. Puedo ver perfectamente la falda larga y la blusa que llevabas; y también puedo recordar que llevabas lentillas, pues me sorprendió verte sin gafas; también me acuerdo de que fuimos a ver una película, clásicos como somos tú y yo; recuerdo hasta el atuendo que llevaba yo: una camisa azul de cuadros y un pantalón vaquero. Qué poco a cambiado mi vestuario desde entonces. Las pocas evoluciones que ha habido han sido gracias a ti. No obstante, ayer llevé para trabajar un pantalón vaquero y una camisa azul de cuadros (no los mismos, que no me dura tanto la ropa). La vida es cíclica.
Nuestro aspecto externo sigue siendo prácticamente el mismo: Tú sigues igual de guapa, con tu pelo rizado que el Mediterráneo ha visto pasar un montón de veces a lo largo de tres mil años, y yo, aún con el mismo pelo y con el mismo peso, aunque creo que el uno con el tiempo será inversamente proporcional al otro: cuando más disminuya el primero, tanto más habrá del segundo. Pero qué más da si tú me quieres.
Te sigo escribiendo. Recuerdo que no pasó mucho tiempo desde que empezamos a salir hasta que te hice el primer poema. Recuerdo que haciéndolo me acordé de un concurso en el cual había que escribir un texto amoroso sin poner te quiero, te amo o algo similar. Yo no pude hacerlo, y es que no soy tan buen escritor para decir lo que siento sin que alguien ya lo haya dicho antes de la misma manera.
¿Y cómo no voy a decir te quiero, si en realidad te quiero? Sé que debería hacer luminosas metáforas, como las que hacen los geniales poetas andaluces de tu tierra. Pero sabes que soy castellano, y los castellanos tenemos seco el manantial de las metáforas, aunque lo diga haciendo una paradoja (metafórica).
En fin cariño, creo que he escrito mucho y sé que a estas alturas estarás pensando "¿Por qué habrá publicado esto?" No te preocupes, están de vacaciones, no nos ve nadie.
El mundo está bien hecho porque estás tú. Te quiero.

martes, agosto 07, 2007

Según un estudio de los politólogos Mariano Torcal , Joan Font y José Ramón Montero , publicado en el libro Ciudadanos, asociaciones y participación en España, nuestro país es uno de los países europeos en que sus ciudadanos tienen un menor interés por la política y sufre de índices bajísimos de participación social.
Ahora se explica todo: los bajos salarios, las viviendas por las nubes, la televisión basura, la excesiva concentración de la riqueza, la corrupción retroactiva, la de toda la vida, el excesivo individualismo, los contratos por días, de los sindicatos que tragan con todo, de las depresiones, los nueve millones de españoles que viven por debajo del umbral de la pobreza, los jóvenes con un presente funesto y un futuro incierto, con las ciudades más ruidosas y con el aire más contaminado, con los mares más yermos y las costas más manchadas de hormigón, donde más avanza el desierto, donde se construyen campos de golf en medio de bosques si ése es el capricho de un idiota que sonríe ante una botella de vino de mil doscientos euros, donde no existe ni izquierdas ni derechas, donde es más importante la vida de un don nadie que es alguien porque estuvo en una cama con alguien que la de alguien que duerme entre cartones de nadie, la paulatina privatización de la Sanidad pública, la privatización sin más, la dictadura del dinero disfrazada de democracia, la crueldad, la irrupción de las mafias, el renio del todo vale y "no se sabe de dónde saca el dinero, pero es un tío cojonudo y tanto tienes, tanto vales", el país donde cada día muere la inteligencia, del que se van todos los investigadores porque no hay un duro para la ciencia, donde las mujeres ganan menos que los hombres,
del "come y calla" y del "ya está este tío dando la paliza con sus reivindicaciones"
Es mi país y lo amo pese a todo. Ya lo véis, me paso el día quejándome como buen español que soy. Pero soy inofensivo, como todos los españoles, y eso se sabe. Mi cultura es la de los cuarenta años de sumisión, que esta mentalidad nuestra no ha hecho más que perpetuar otros treinta años más.

lunes, agosto 06, 2007

Recientemente, se ha creado una plataforma para llevar de juicio a Don José María Aznar López, cuarto presidente de la democracia española, por su apoyo (un tanto inútil y bufonesco) a la injusta invasión de Irak. La idea no es mala: responde a ese viejo principio de que los hombres deben de responder por sus acciones, aunque desgraciadamente, la historia está llena de grandes criminales y genocidas que no han rendido cuentas por sus crímenes. Hitler es la excepción más grande, pero casi todos se han ido de rositas. Casi siempre los que han caído han sido las medianías, los hombres de paja, y en los casos más crueles y tristes, los chivos expiatorios, es decir, inocentes que se llevaron la pena que se merecían los verdaderamente malvados.
La calificación que más se ajusta a nuestro expresidente es la de medianía, lo cual quiere decir que hay una mínima posibilidad de que pague su complicidad en los crímenes acaecidos en Irak. Pero tiene amigos poderosos. Por lo pronto, ya le están pagando sus servicios prestados con un puesto en el consejo de administración de una de las empresas del gran imperio mediático del gran Murdoch-Darth Vader y también está pasando por la caja de una de esas oscuras sociedades especulativas situadas según se va a las islas Caimán a la derecha. O sea, corrupción retroactiva: sea usted nuestro sirviente como gobernante, que ya le pagaremos sus servicios cuando la gente no esté tan al tanto de sus actividades como cuando era un hombre público.
¿Quién dijo que los republicanos de los USA no eran generosos?
José María Aznar seguro que fue de ese tipo de niñatos que animaba al matón del colegio mientras éste propinaba una soberana paliza a algún niño inocente. Tiene la combinación exacta para que tuviera ese rol en el colegio: enclenque y ruin. Seguro que era de esos que estando sólo se orinaba en los pantalones frente a cualquiera, pero que estando junto a su protector, era el que más vociferaba insultos y provocaciones.
Tal vez esa forma de conducirse en la vida fue lo que le llevó a poner los pies encima de una mesa de la Casablanca, hablar español con acento tejano, todo para halagar a su último y más poderoso protector cuando éste decidió que era el turno de entrar en la historia provocando una guerra.
Sí; creo que hay posibilidades, aunque mínimas, de que Aznar vaya a un tribunal, pero también temo que el otro sinvergüenza se irá de rositas, y que uno de los más canallas presidentes norteamericanos que jamás haya existido no tendrá que pasar por "la vergüenza Nixon", que tanto merece. Qué asco de vida en que ganan los malos. O tal vez no. De nosotros depende. Pero qué digo. Vivimos en el silencio de los corderos.

viernes, agosto 03, 2007


viernes, 31 de julio de 2511
Efemérides: hace exactamente un año, George Wall-Mart de Blair, Marques de Mc Donald se casó con Jacqueline Sony-Halliburton, marquesa de L'oreal. Como recordarán, la boda se celebró por el rito de la cienciología, en la famosa catedral realizada por el célebre arquitecto Vladimir Bofill, en el cráter norte de la luna, perteneciente al patrimonio de la familia de la novia.
La boda fue oficiada en arameo, catalán y élfico por el Gran Amo de la Orden Gandulfo Ratzinger de Cruise, que a petición de los novios, hizo una ceremonia sencilla, como se pudo ver en la apoteosis final de la ceremonia consistente tan sólo en una lluvia de meteoritos y choque de mini planetas, organizada por el gran creador de efectos especiales Lucas Spielberg-Soppola.
Entre los asistentes, destacaban el gran excomendador de la China del Capital Don Mao King Jo il Ziao, señor de la Vía Lactea; el gran exmagnate propietario de Oceamérica y Marte, Don Corleone Cheney; en representación de su padre, el gran exseñor de Eurasia, Venus y Júpiter, Don Lenin Putin, la señorita Cairo Lenin Putin-Hilton, últimamente en las noticias por estar involucrada en el escándalo de los osos de peluche esnifables; también estuvieron allí los marqueses de Exxon-Chrysler, los que por cierto agasajaron a los novios con el mejor regalo de los invitados, una gran burbuja individual para cada uno con aire de los Alpes, más cientos de barriles de aire de recambio; también se dejaron ver, pese a las cercanas exequias por su padre, los hijos del tristemente desaparecido cantante de Sirenas, Federico Madonna-Spears, Fidel y Salvador Madonna-Spears Iglesias; otra personalidad que no faltó a la celebración fue la señora Fox Reagan-Murdoch, ahora imputada en el triste caso de las "realidades virtuales asesinas", que como recordarán, es el asunto de aquellos jóvenes a los que les explotó la cabeza por sobredosis de mentiras psicovisuales.
La novia fue vestida por el gran Giorgio Cacharel de Loewe, que hizo un conjunto para la novia deslumbrante, por el cual se podía ver el pubis afeitado y arreglado por el gran estilista Modesto Beckham Spice. El vestido se hiso en tul de alta transparencia, muy liviano, inodoro, incoloro e insípido. Se cree que el vestido costó ocho millones de centollers, suficiente para alimentar por seis años a la colonia de alfa centauro. Por su parte, el novio iba vestido con el traje clásico de estas ocasiones: traje de faralaes adornado con un disco volante en la cabeza.
El convite fue organizado en el cercano Ganímedes, a diez minutos-cuerda de la luna. En él no faltó aire de Manhattan cosecha del 98, musgo del Himalaya en su salsa y latas con hielo de la Antártida, con lo que los invitados pudieron darse un buen festín.
Despúes, los dos mil quinientos invitados, los descendientes de los últimos habitantes del planeta tierra, se fueron a la discoteca "Gélido" en Plutón, donde pudieron observar, desde potentes microscopios puestos al efecto , el elegante gris atmosférico del deshabitado planeta tierra.

jueves, agosto 02, 2007


Entre las cosas de mi familia perdidas en el reino de nunca jamás destaca una: el Quijote encuadernado en pergamino que pertenecía a uno de mis bisabuelos maternos que pese a que murió hace más de cuarenta años, todavía es recordado en mi pueblo como uno de los hombres más sabios que dio la comarca. Tanto es así, que durante la guerra, un teniente que pasaba por allí y con el que trabó amistad le dijo: "caballero, de haber nacido usted en la ciudad, o hubiera acabado loco o hubiera llegado a ser presidente de la República"
Mi bisabuelo era un hombre rural y culto, sí. De gran calidad humana, según los que le conocieron. Poseedor de una pequeña biblioteca, entre los que destacaba por su valor un Quijote encuadernado en pergamino.
No me puedo imaginar lo bonita que debería ser la tipografía, con letras capitales con hermosas filigranas, con grabados que costarían días el hacerlos...
Parece ser que mi bisabuelo solía ir a Segovia a buscar en alguna librería de viejo pequeños tesoros, y entre los anaqueles llenos de polvo de esa librería dormitaría, a la espera de que alguien le volviera a abrir, esa joya bibliográfica. Me lo puedo imaginar a mi bisabuelo, una vez en el hogar, devorando ese libro, quitándole horas al sueño hasta acabarlo. De acuerdo, tenéis razón, es una imagen idealizada de mi antepasado; pero estoy seguro que se ajusta bastante a la realidad de lo que pasó.
No sé los años que tuvo ese libro mi bisabuelo en sus estanterías. Lo que sí sé es que no debería lucir muy bien, porque el pergamino es un material que se afea con el paso del tiempo. Lo que sí que sé es que, acabada la guerra, ese libro todavía existía. Era esa parte de lo sublime que había sobrevivido a la guerra. Pero no sobreviría a la posguerra.
Dicen los más viejos que peor que las guerras son las posguerras, y acaso tengan razón. Yo no lo sé y espero no saberlo.
En la posguerra española faltó de todo: justicia, clemencia, comida... Salvo en algunas pequeñas zonas rurales. Sí, parece ser que mi pueblo, afortunadamente, se libró de las hambrunas. Pero había otras carestías: en mi pueblo faltaba papel para hacer los moldes para las magdalenas.
Mi bisabuela tenía un problema: y es que tenía de todo pero le faltaba algo donde poner las pequeñas masas que luego calentarían en el horno. Miró a su alrededor y no encontró nada "¿A quién pedir papeles que no les valgan?" Se preguntaba. Me figuro que en las casas que preguntó nadie tenía de eso. Muchos la mirarían con cara de ver a un extraterreste "¿Y ahora qué hago?" Se preguntaría "Pues yo tengo que hacer magdalenas y de algún sitio tengo que sacar el papel para los moldes" Miraría en las estanterías de esos libros que hace tiempo no ve coger a mi bisabuelo. Y le diría a su hija, la mujer que siempre soñó con vivir en la ciudad, la que sería mi abuela:
- Felisa, coge el libro ése que está tan viejo, con las tapas feas y arrugadas, que ya sé con qué vamos hacer los moldes.
Cuentan que mi abuelo, cuando vio al estropicio, se limitó a encogerse de hombros con resignación cristiana, como diciendo: "Bueno, menos mal que ya me lo había leído".
La pirámide de Maslow se divide en cinco necesidades básicas:
5.-Necesidades fisiológicas, comida, bebida, vestimenta y vivienda.
4.-Necesidades de seguridad, seguridad y protección.
3.-Necesidades de pertenencia, afecto, amor pertenencia y amistad.
2.-Necesidades de autoestima, autovalía éxito y prestigio.
1.-Necesidades de autorealización.
El Quijote de mi bisabuelo pasó de la primera categoría a la quinta entre lo que dura la cocción de unas magdalenas y una posguerra. He de decir que ese Quijote dio más magdalenas que lecturas, puesto ya que el daño estaba hecho, mi abuelo dejó que en los meses sucesivos mis abuelas acabaran con el Quijote a base de quemarlo poco a poco. Qué curiosa ironía ¿Qué pensaría Proust de las magdalenas al saber de todo esto?
Ni se sabe el valor bibliográfico que tendría actualmente el libro. Sin duda pertenecía a las primeras ediciones, pues la encuadernación en pergamino no se practica en España, salvo en ediciones muy especiales, desde hace por lo menos tres siglos.
En fin, qué le vamos hacer. Esperemos que vengan tiempos en los que no falten ni los Quijotes ni las magdalenas, y sobre todo hombres y mujeres tan buenos y tan sabios como mi bisabuelo... y tan prácticos como mi bisabuela.