jueves, julio 12, 2007

Cuántas veces habré escuchado esta frase dichosa: ya nada se puede hacer. Y es verdad; ya nada se puede hacer, sólo escribirlo, que es bien poca cosa y a veces pienso si esto tendrá sentido. Lo que ocurrió, ocurrió y nada puedo hacer por cambiarlo. Qué insignificantes que somos y lo fácil que es apartarnos del camino.
Si os digo la verdad, a partir de este punto de la historia, todo lo recuerdo como una de las peores pesadillas que jamás he tenido. Lo bueno que tienen mis pesadillas es que las olvido fácilemente, mientras que tengo una memoria muy buena para las fruslerías, tanto oníricas como reales, de la confitería del recuerdo. Poco sitio hay para los productos amargos como éste. Desgraciadamente lo hay. No lo quiero recordar, lo quiero tirar, pero sigo guardándolo en un estante perdido del almacén de la trastienda de mi dichosa tienda.
Amanecía en esa parte del campo llano de Castilla. Dos pequeños Clíos avanzaban, a buen ritmo. Yo iba en el primero, en el que conducía César. Detrás, siguiéndonos, iban en el otro auto Tomás, Roberto y los amigos de este último.
No recuerdo qué canciones sonaban en la radio. No recuerdo de qué íbamos hablando. Sólo recuerdo un inmenso mar de campos recién cosechados y el sol ardiendo. Recuerdo que tenía ganas de que los cuarenta kilómetros de malas carreteras los recorriéramos pronto y poder meterme en la cama. Y otra cosa: empezaba a hacer calor en el pequeño habitáculo del Clio. También recuerdo que César no corría, pues era momento de tener precaución. No era para menos: la vía no era buena. Un ojo puesto en la carretera y el otro puesto en el retrovisor para ver si el otro pequeño Renault, donde iba su hermano, nos seguía. La cosa iba bien, hasta que en un abrir y cerrar de ojos perdimos el coche. "Joder, ya no les veo: aminoraré la marcha""Asómate por la ventanilla, a ver si les ves""nada tío" "¿qué ha pasado?""¡Qué hacemos?""Pues yo qué sé...Creo que lo mejor que podemos hacer es darnos la vuelta"
César hizo un cambio de sentido y entonces, después de recorrer unos pocos cientos de metros, vimos que un pequeño Clío destrozado, humeante. Se notaba que había dado vueltas de campana, pues tenía todo el habitáculo deformado. Había un chico tumbado boca abajo, llorando en medio del secarral: el conductor. Otro estaba llorando sentado, tapándose la cara. Mientras, Tomás se desgañitaba para parar un coche que pasaba en ese momento. Se montó tan deprisa que no se dio cuenta de que nosotros llegábamos al lugar del accidente. Se fue a buscar ayuda. Faltaba alguien en el cuadro. ¿Dónde estaba Roberto? De repente, esa nebulosa fruto del alcohol y del sueño se me pasó de un plumazo: sobresaliendo entre los hierros retorcidos del coche, vi un cuerpo que colgaba de cintura para arriba de la ventanilla, que llevaba una camisa negra de raso con letras doradas que me era muy familiar. Dios mío...
Otros antes que yo se habían dado cuenta del cuerpo que colgaba por la cintura en la ventanilla trasera del coche. Se apresuraron a ponerlo sentado dentro del habitáculo. Nadie allí teníamos idea de cómo tratarle, de cómo aplicarle primeros auxilios... ¿Qué hacer, Dios mío, qué hacer con él?
Entonces no había móviles. Sólo contábamos con que Tomás, que había ido al pueblo más cercano, encontrara rápidamente un puesto de socorro que pidiera una ambulancia, y que ésta se encontrara cerca del lugar del accidente. Los segundos se hacían minutos y los minutos, horas. Dios mío, ¿es que nadie podía socorrer a mi amigo? César estaba fuera de sí. Recuerdo que le intenté abrazar, pero estaba lleno de ira y de impotencia, ¿Qué podía hacer él por su hermano? Roberto estaba sentado allí, en el habitáculo maltrecho, como dormido. Nadie de los que nos encontrábamos allí podíamos hacer nada por él. Pero había esperanza: estaba vivo, gemía un poco, tal vez, si llegara la ambulancia pronto... Pero sus heridas, tenían tan mal aspecto...la del brazo izquierdo era horrorosa. Después supe que fue el peor de los daños estaba en esos sitios de su cuerpo que nosotros no podíamos ver.
¿Por qué tardaban tanto? Hace tiempo que se fue Tomás a pedir ayuda. Dios mío, tenía que ocurrinos en esas carreteras de mala muerte...Alrededor todo es campo, campo y más campo. No corre una brizna de aire. Todo signo de civilización a la vista es un tractor que se veía a lo lejos. Noto que me asfixio, maldita sea...Tengo que calmarme...Esto no puede estar ocurriendo... ¿POR QUÉ NO VIENE LA PUTA AMBULANCIA?
Todos nos alternábamos para dar palabras de ánimo a Roberto. Tienes que vivir, tienes que vivir, maldita sea. Es un crimen que un muchacho de dieciocho años se deje la vida entre los hierros de esa lata de sardinas que era el Clío. Le susurraba a mi amigo. Por favor, lucha ¡LUCHA, ROBERTO, LUCHA, POR LO QUE MÁS QUIERAS!
Poco a poco, aquello se fue llenando de coches. Eran de la gente de mi pueblo que como nosotros, volvían tarde a casa. Veía a chavales que se hacían los tipos duros en circunstancias normales llorar como magdalenas. Veía cómo en el fondo hace una hora no éramos más que chiquillos que sólo pensábamos en divertirnos, y esto era el mundo real, el de mi pobre amigo yaciente entre un amasijo de hierros que apenas si había cruzado el umbral de la puerta de la madurez. Qué pequeño me sentía entonces, qué insignificante e idiota me sentía, que insignificantes me parecía mi vida de tan sólo unas pocas horas antes. Pero cuánto echaba de menos esa despreocupación, ahora que Roberto está sufriendo, en mala hora dijimos de venir a Campaspero
Eran las ocho y cuarto, y empezaba a odiar enormemente a ese maldito Clío de chapa endeble que apenas si pudo proteger a mi amigo. Éramos una veintena de personas medio zombies, deambulando, impotentes. El conductor no se había movido en ningún momento, sollozaba y sollozaba y no decía más que frases ininteligibles.
La petición de auxilio de Tomás tuvo su efecto y vino un coche policial de atestados y una furgoneta que tenía toda la pinta de ser una ambulancia. Por fin, Roberto, es posible que te salves ¡Gracias a Dios! Roberto, te van a llevar al hospital y te vas a poner bien...
¿La protección civil? ¿Por qué no había venido un médico con ellos?
Nos explicaron que ellos poco podían hacer ante esta situación. Se había llamado a una ambulancia que llegaría de Cuéllar, el pueblo más grande de la zona, y el único con un centro sanitario en condiciones. Yo le pregunté a uno de ellos si había lugar para la esperanza. Se encogió de hombros y me dijo "eso lo sabremos cuando le vea un médico" Maldita sea nuestra suerte
Mientras, los de atestados interrogaban a los testigos más inmediatos del accidente sobre lo que había pasado. Pasaban los minutos y esto cada vez tenía un cáriz más oscuro. Pero que muy oscuro. Y no por las consecuencias penales para el conductor que en aquellas circunstancias, ni a él mismo le importaba lo que pudiera pasar.
Eran las nueve de la mañana y ninguna furgoneta había venido a llevarse a nuestro Roberto.
Mierda de vida.

miércoles, julio 11, 2007

Yo no quería beber más, para mí ya era suficiente. Como ya dije estaba muy bebido y por rehusé a seguir tirando más al juego de los monos. Además estaba muy cansado, y no era el único. Observé al amigo de Roberto que trajo el coche. Bostezaba, se le veía tan cansado como lo estaba yo. Rechazaba la cerveza que le ofrecían. "No, que tengo que conducir" Desde luego, en ese punto se le veía juicioso, pensé. Según me contaron después, no hacía ni una semana que aprobó el carné de conducir. Sin embargo, no tuvo miedo de hacerse los ciento cuarenta kilómetros que separan el pueblo de Coslada, más los otros cuarenta que hay del pueblo a Campaspero. Recuerdo que, antes de venir a Campaspero, Roberto le interrogó "¿Qué hacemos? tú eres el que conduce" El chico hizo un ademán de duda; a mí me dio la impresión de que tal vez, si por él hubera sido, nos habríamos quedado en el pueblo pasando el rato.
Consulté mi reloj digital y eran las siete menos cuarto. las chicas de mi pandilla ya se habían ido, incluida Raquel, para decepción de Roberto. Ya éramos pocos los que quedábamos y tocaba irse. Yo ya soñaba con mi cama. Todo me daba vueltas. El que seguía con el mismo ritmo de siempre era Tomás. No he conocido otra persona con más vitalidad que él. Siempre hiperactivo, siempre con ganas de hacer cosas. Era de ese tipo de personas que no podían parar. Él seguro que hubiera aguantado hasta las doce de la mañana. Pero todos los demás estábamos todos muy cansados y tocaba irse. Además, estábamos justo los diez que habíamos venido. Era hora de volver a casa.
Nos esperaba una ruta de carreteras que en su primera parte sería de carreteras largas, pero estrechas; la segunda parte, sería de carreteras más sinuosas, atravesando pequeños cerros. Campaspero estaba situado en una típica llanura castellana, todo lo contrario que mi pueblo, que está en un pequeño valle que con paciencia había excavado el río Duratón. La primera parte del trayecto sería una sucesión de mares de trigo y girasoles; un poco después, llegando ya a mi pueblo, lo que veríamos serían campos de remolacha y de vides sarmentosas, que estaban pidiendo a gritos la llegada de septiembre para que les liberaran de la pesada carga de la uva y que a ver si al año siquiente les ponían en compañía de los girasoles, que viviendo en el llano, lucían mejor cara.

martes, julio 10, 2007

La cuatro de la mañana. Ya estaba con una borrachera bastante considerable. Los recuerdos me son borrosos a partir de este punto. Lo malo es que, sólo unas pocas horas después, recuperaría mi lucidez de la peor forma posible.
Bailé merengues, pasodobles y todo lo que se terciaba con mis amigas que habían venido a la fiesta. Con todas. Y aunque estaba borracho, no pegué un pisotón a ninguna, cosa que tiene mucho mérito para mis pies que calzan un cuarenta y cuatro y para mi cabeza, que a esas horas bailaba todavía más que el resto de mi cuerpo. Menos mal que al día siguente descansaría por lo menos hasta las cuatro. O eso creía yo. A esa hora, ya no estaba yo para iniciar otra maniobra de cortejo: la bengua ze me trababda, eeeh, no. La legua se me traba...traba...trababa y no estaba en condiciones de ser tomado en serio por ninguna mujer; si sobrio estoy en pocas condiciones de ser tomado en serio por ninguna mujer, imagináos borracho. En cambio, Tomás y Roberto, pese a haber ingerido la misma cantidad de alcohol que yo, estaban bastante más serenos. Roberto tenía que aguantar el tipo, no en vano estaba con Raquel, una de las muchachas más guapas del pueblo, a la que habían puesto los ojos incluso gente de las otras pandillas. Raquel era realmente muy guapa y esa noche, el premiado fue Roberto.
Se le veía pletórico: Había traído a sus colegas de Coslada y fueron testigos de cómo una tía de bandera le agarraba por la cadera. Se fue un momento Raquel a donde estaban las chicas, que habían ido a comprar pulseras en los puestos de ls feria. Roberto se quedó con nosotros.
- Tío, no me habías dicho que a ti te gustaba Raquel
- Hombre, estas cosas cuanto menos se sepan, mejor
- Joder, macho, qué callado te lo tenías
- La verdad es que es maja
- ¿y qué vas a hacer? ¿Vas a seguir con ella?
- ¡Y yo qué sé lo que vamos a hacer! Venga, vámonos a ver si nos sacamos unas cervezas a los monos.
Yo no tenía ganas de beber más, pero bueno: sólo se vive una vez, decía una canción de Gabinete Caligari, de un album que habían sacado hacía relativamente poco tiempo.

lunes, julio 09, 2007

La gente no está acostumbrada a la franqueza. Sobre todo el novio de la chica que te pretendes ligar ¿Pues no debería estarme agradecido de ser sincero con su chica, y hacerla ver que mis intenciones eran nobles? Yo quería ser novio formal de ella. Como él.
Yo le comprendo: ves a tu novia, que es un pedazo de mujer, a la que un tipo medio pedo la está agarrando de la cintura, hablándole muy cerca del oído, y con todas las malas intenciones del mundo, cual Calisto a ritmo de George Dann. No es un cuadro que guste mucho de ver, seas lo celoso que seas: tres son multitud.
- Joder, llevo esperándote ni se sabe el tiempo ¿No quedamos en vernos en la plaza? Menos mal que me han dicho que estabas aquí; ya podía estar esperándote. ¿Y este pollo quién es?
- Es un compañero de clase.
- Vale, muy bien. Hala, hasta luego, chaval. Nos vamos a la plaza.
Yo noté que Natalia dudaba. Al final, creo que decidió que no estaba bien montar una pelea en el pub, que quedaba machista y todo eso. Inteligente y prudente, Natalia. Otras, en su lugar, habrían alimentado el espectáculo, toda chulas viendo cómo dos gallos se dejan hasta las crestas en una pista por ellas, gallinas cluecas, mientras el bakalao zumba que te zumba. "Esta tía vale lo que pesa, qué suerte tiene su maromo" Pensé-
- Bueno, Opo, nos vemos.
- Vale, Natalia. No sabes la alegría que me ha dado el verte.
- Vale, que sí, que pírate.. Me dice el novio.
"No le contestes, no líes más las cosas, Opo" Pensé -"De todas maneras, tiene razón" En fin, vi alejarse la oportunidad de ser feliz que se me presentó aquella noche. Qué se le va a hacer. No sabía si pedirme otra copa allí lamentándome de mi mala suerte (hacía poco que había visto por primera vez Casablanca, y en mi mente visualizaba a Rick borracho lamentándose de que su amor estuviera en brazos de otro) o salir a buscar a los colegas. Ganó el sentido práctico. Salí a la calle en busca de ellos.
Es una pena que las cosas nunca salgan como tú quieres ¡Cuánto cuesta conseguir todo! A unos más que otros, puesto en el camino a la plaza, vi a muchas parejas besándose como si hubiera llegado la apocalipsis y quedaran pocos minutos de disfrutar la vida. No pude evitar mirarlos con tristeza: se me fue Natalia.
En fin. Después de un rato de búqueda, encontré a mis amigos en la plaza, haciendo el gañán, bailando el paquito el chocolatero, sin duda, la canción de todos los veranos de las fiestas de los pueblos de España. Como quien no quiere la cosa, me uní al baile en la parte en que se hacen histriónicas reverencias, presentando el respeto a Dios sabe quién.

domingo, julio 08, 2007

-¡Anda, pero si está allí una de mi clase! Voy un momento a saludarla.
Natalia era una chica morenita que fue compañera mía ese año de las clases de teatro. Para mí estaba muy buena, demonios, cómo me gustaba, pero nunca me atreví a pedirle nada. Siempre temes estropear una amistad por cosas así, ¿Pero qué es al amor, sino amistad elevada al cuadrado? Natalia era de esa clase de mujeres tímidas, un poco apocadas, pero tenía algo...qué demonios, que me molaba y punto. Me armé de valor, me terminé de un trago al whisky, y fui con paso decidido hasta donde estaba ella con sus amigas.
-Nataliaaa.
-Hola Opo. No sabía que eras de por aquí, ¡Qué sorpresa!
-Ya te digo. Jo, no sabes de lo que me alegro de verte. ¿Es éste tu pueblo?
-No. Uno más pequeñito. Está a seis kilómetros de aquí.
-El mío está más lejos. Hemos tardado cuarenta minutos en llegar. ¿Te tomas una cerveza conmigo?
-Bueno, pero poco tiempo, que me voy a tener que ir porque he quedado con mi novio luego en las casetas- Mi gozo en un pozo ¿Porqué todas las que me gustan han de tener noviooo? Pensé yo con la moral por los suelos.
No pude evitar poner una enorme cara de decepción y yo creo que ella se dio cuenta de ello.
-¿No sabías que yo tenía novio?
"Abrigaba enormes esperanzas de que no fuera así"-Pensé-
-Eeeeehhh, pues no. Nunca hablamos de ello en las clases de teatro, y eso que tuvimos tiempo. Pues no echamos horas haciendo las obras y las representaciones. ¡Si fue con diferencia la asignatura a la que dediqué más tiempo!
-Jolines, yo acabé de la obra que nos tocó harta. Además, creo que no lo hice muy bien
-Perdona, pero eso es mentira. Aparte de que lo hacías muy bien, estabas preciosa haciendo de señorita Julia. Ese vestido decimonónico que llevabas... Jo, parecías una dama victoriana, pero de las guapas de verdad.
-¡Qué tonto eres!- me dijo sonriendo.
- Que sí, que sí. Bueno, ahora estás muy bien con tu blusa y tus vaqueros, pero creo que los vestidos decimonónicos te quedan muy bien- "Ay, Opo, qué tonterías estás diciendo. Entre las paridas que sueltas y el novio, me parece que Natalia no es para ti"- Pensaba yo.
- Anda, Bobo. Tú tampoco estabas mal haciendo de Max Estrella. Tienes sensibilidad con la interpretación.
- A mí me gustó mucho cómo hiciste de Señorita Julia. Si lo sé me pido hacer de tu mayordomo. Por besar...Por hacer juntos la obra - Me estaba traicionando el subsconsciente. Maldita sea, lo que me gusta esta chica y todo está en mi contra. Tiene novio, estoy un poco pedo y creo que estoy picando muy alto. Que no, que no. Aparte, que a mí no me gustaría que me intentaran levantar a mi novia.
- ¿Cuánto tiempo llevas con tu afortunado novio?
- Le conozco desde siempre, pues venimos todos los veranos al pueblo. Pero empezamos a salir el verano pasado. Y bueno...
- Jo qué suerte tiene. Es que eres preciosa.
No lo podía evitar. A partir de ahí, la tiré los tejos todo lo que pude. Agarré su cintura, la hablaba al oído...El caso es que ella tampoco se oponía. No se zafaba de mí y yo, entre las copas que llevaba encima y que ya me daba igual todo, no paraba de decirle lindezas y alguna que otra barbaridad. Yo pensaba que muchas no las oiría por la música, quería pensar eso, estaba siendo demasiado franco con ella. Demasiado franco.
Y unos ojos como de toro en San Fermín nos estaba observando.

sábado, julio 07, 2007

La vida de un veraneante joven de pueblo consistía básicamente en pasar las noches de fiesta en fiesta, a ser posible besando alguien al alba. La cosa empezaba en los monos en los que se conseguía cerveza y acababa, con un poco de suerte, entre los brazos de alguien. Deseaba yo que esa noche no se saliera del guión.
En el bar donde entramos sonaba, a todo volumen, "The Rythm of the night" Era una canción de un techno que todavía era agradable de escuchar. El Bakalao espantoso estaba en pleno apogeo, pero todavía había melodías electrónicas que no estaban mal. Lo malo es que a mí, con lo que siempre me ha gustado rajar, me impedía desplegar las verbales artes amatorias que yo creía poseer. Pero en las discotecas y pub no servían de nada. De todas maneras, ingenuo de mí, yo veía que la gente se liaba sin apenas hablar ¿Cómo era posible? No concebía que don Juan se camelara a Doña Inés sin esas parrafadas que le soltó. Por ejemplo, Raquel una chica de mi pandilla, siempre fue muy parca en palabras. Sin embargo, en el rato que me había ido a pedir un Whisky con Cola, se enrolló con Roberto. ¿Cómo habrán hecho para ponerse de acuerdo para morrearse? Porque pese a que es muy guapa, es muy tímida, y cuesta sacarle las palabras. ¿Cómo demonios se las apañó el muy gañán para llegar a la lengua sin pasar por la lengua? Quizá su sonrisa a lo Josema Yuste valga más que mil palabras.
En fin, yo les veía dale que dale, y envalentonado como estaba con el cubata, puse en marcha mi radar para ver si encontraba a alguna dispuesta a compartir un bonito recuerdo de aquella noche conmigo como el de Roberto y Raquel. Yo tenía siempre más moral que el Alcoyano para estas cosas, pero lo cierto que la vida no es como esas comedias americanas en que todos acaban liados con todos. Por lo menos no era verdad para mí. Otros tenían más suerte o habilidad que yo: Óscar, Tomás, los dos Robertos... En fin qué le vamos hacer. Las chicas no están para prosodias: quieren que uses la lengua para otras cosas y que cuides tu aspecto, que no se lían con cualquiera.
Habían cambiado el techno vailable de Corona por "quiero tener tu presencia", de Seguridad Social. Ya me estaba yo poniendo nervioso, como Alfredo Landa en las pelis con suecas. Madre mía, qué chicas había en el local. Un momento... ¿Esa no es
Natalia, de mi clase?
-Chicos, ahora vengo.

viernes, julio 06, 2007

Los dos coches avanzaban por la carretera echando un pulso a la oscuridad con cuatro pequeños ojos. Era una batalla perdida. La oscuridad es omnipotente y se ríe de la insignificancia de diez muchachos, a los que hace desaparecer de un plumazo por mucho que avancen. La batalla está perdida, y somos muy frágiles.
- Jolines, qué noche más cerrada. No se ve nada. A ver si llegamos una vez a Campaspero- Comenta Marta, que va sentada en el asiento del copiloto, al lado de César.
- ¿Veis que vengan detrás el coche de los colegas de mi hermano?- Pregunta César.
- Sí, veo el Clío blanco. Y veo a tu hermano, que me está haciendo muecas ¡Será cabrón!
- Bueno, ya queda poco. Veo las luces de pueblo un pueblo grande a lo lejos. Creo que ya estamos llegando.
Efectivamente, a los pocos minutos, la música de la feria empezó a entrar en el habitáculo del coche "uhhh, baby I love your way" Empezamos a bailar dentro del coche. Qué ganas de marcha teníamos todos.
- César, aparca donde puedas por aquí, porque si avanzas más hacia adentro del pueblo, hay menos posibilidades de encontrar sitio- Dijo Marta.
- Joder, cómo está ésto de coches. Ha venido media provincia de Segovia. Madre mía, si es que no cabe uno más. Voy a ver si en este descampado queda algún hueco libre...Efectivamente. Para los dos Clíos. Comienza la fiesta ¡A quemar Campasperooooooo!
- Tíos, somos los putos amos-Decía Tomás.
Lo primero, había buscar a los miembros de la pandilla que habían venido antes, pues ya llevaban aquí un rato. Después, ir a los sitios que nosotros llamábamos los monos. Los monos eran los sitios donde nos aprobisionábamos de bebida, generalmente cerveza. Tenías que tirar a tres monigotes con tres pelotas. Si lo lograbas, te daban
una litrona. En mi pandilla había muy buenos tiradores, con lo que casi siempre había premio. y buenas borracheras, claro. Beber nos era relativamente poco costoso.
No toda la gente de la pandilla había venido. Se habían quedado, por ejemplo, mi hermano y Javi, el hermano de Tomás. Jorge había venido en el coche de su hermano, que era guardia civil, que casi siempre se libraba de los controles de alcoholemia enseñando la placa. Es más, a veces, el muy caradura se permitía el lujo de amonestar a sus compañeros de servicio, llevando encima media botella de J&B. Cosas de la benemérita. En fin, de nuestra pandilla estábamos en Campaspero, si la memoria no me falla, Zoila, Jorge, Mariluz, Raquel, César, Marta, Roberto, los amigos de Roberto, Tomás y yo.

jueves, julio 05, 2007

-¿Y si nos quedamos aquí en el pueblo? Dijo alguien
Yo no dije nada, pero esa noche no me hubiera importado quedarme.
-¿Tú cómo vas? Al fin de al cabo, eres el que tiene que conducir - Le dijo Roberto a su amigo que trajo desde Coslada en el coche, un Renault Clío blanco. Se había sacado el carné hace tan sólo una semana. Compartía el coche con su madre.
-Estamos en tu pueblo -Le contestó- Si tus colegas dicen que vayamos al pueblo ése, pues vamos.
La cosa no estaba clara. Nos pedimos unos botellines y estuvimos un rato charlando. A mí me encantaba esos momentos, en los cuales sacábamos anécdotas de lo que nos había pasado en veranos pasados y nos partíamos de risa. Además, me parecía increíble que justo a la hora en que en la ciudad empezamos a volvernos a casa, aquí es cuando comenzaba la fiesta: sobre la una. Los de la otra pandilla del pueblo, un poco mayores que nosotros, comenzaron a salir en sus coches. Poco a poco, el bar se fue vaciando de clientela. Como había solidaridad entre pandillas, los que tenían algún hueco libre nos preguntaban a alguno de nosotros que si nos íbamos con ellos. El interpelado siempre miraba al resto preguntando con el rostro algo así como "oye, que si me voy con éstos, es para que luego vengáis vosotros" Poco a poco, alguno de nuestra pandilla partía hacia Campaspero con ellos. Al final, sin que nadie lo verbalizara, todos habíamos decidido que había que ir allí. Sólo se vive una vez.
A todo esto, llegó César en compañía de Marta. Ya sólo éramos diez jóvenes los que quedaban en el bar.
-Bueno, chicos, que, nos vamos, ¿no? Dijo alguien. Virginia se está durmiendo- Virginia era la mujer que regentaba el bar.
-Yo creo que ya va siendo hora de irnos.
Y todos salimos rumbo a las fiestas de Campaspero.
Nos distribuímos en dos Clíos: el de César y el del amigo de Roberto. Yo iba en el coche de César. Era un coche pequeño, y los que íbamos detrás estábamos algo apretados. César arrancó con un fuerte rugido del motor, al que respondió el dueño del otro Clío, donde iban Roberto y Tomás con los amigos del primero. La noche estaba oscura. Nos esperaba cuarenta minutos de camino por carreteras estrechas, donde cuenta la leyenda que el Helloween, el camionero más loco de Segovia y campeón de pulso por Extremadura, puso su Opel Kadett de inyección a ciento ochenta. Qué peligro tenía el Helloween. Recuerdo que la primera vez que me fui de fiesta, con dieciséis años, me llevó él. Nunca olvidaré cómo adelanto a un R5 en una curva con su destartalado GS a ciento cuarenta. En el radiocassette sonaba "Big gun" de AC/DC a todo volumen. Cuando por fin paramos, besé el suelo, como el Papa. Dios, qué miedo pasé.
Afortunadamente, César era mucho más comedido al volante. No era para menos. Las carreteras no eran para llevar las velocidades que solía tomar Helloween y César no se las conocía del todo bien. Pese a que el Helloween se las conocía la dedillo, pocos de nosotros queríamos ir en su coche, salvo en casos de extrema necesidad. Como cuando a las ocho de la mañana te das cuenta que toda la gente de tu pueblo se ha ido y sólo queda él para que te lleve. Que Dios nos pille confesados.
En la carretera camino de Campaspero sólo había como iluminación las luces de los faros y la de las estrellas. Una cosa que me gustaba de mi pueblo es que podía ver mejor que en ningún sitio las luces del firmamento. En Madrid eso es imposible. Sin embargo, allí tenías un espectáculo para acordarte todo el año.
"he oído que la noche... es toda... magia" Sonaban los Héroes en el cassette del coche de César. Joder, pues es verdad.
- César, ¿queda mucho para Campaspero?

miércoles, julio 04, 2007

El pueblo de mi padre tiene, en invierno, apenas noventa y ocho habitantes. Pero es de los pueblos que en verano pueden llegar a quintuplicar la población. Los que emigraron trajeron a sus hijos los veranos, nosotros, que nos hicimos amigos a fuerza de venir.
Los dos Robertos, mis hermanos, César, Ricardo, Jorge, Tomás, Javi, Diego, Ruth, Diana, Raquel, Ricardo, Mari luz, Zoila, Elena, mi prima, Almudena, Óscar, Marta... y más que me olvido. Lo pasamos muy bien juntos, haciéndonos, como esos otros chicos de verano azul, adultos según pasaban los agostos.
¡Qué pueblo más pequeño! Mi chica, cuando lo conoció me dijo que no era especialmente bonito ni se significaba por nada. Es verdad que su pueblo de Córdoba, tan limpio, de casas tan blancas y grandes decía mucho más que este adusto pueblo castellano mío. A cada cual lo suyo. Pero yo, siempre que voy a mi pueblo, cuando poco a poco atravesamos los cerros pelados y tristes hasta llegar a él, no puedo evitar el sentir una emoción especial, un enorme nudo en la garganta. Cierta pena porque esos veranos hayan pasado tan rápido. Porque, parafraseando el poeta, ahora soy un fue. Y cómo me fastidia. Yo soy (fui) un chico que veraneó en uno de los pueblos más pequeños y con menos encanto de toda Castilla. Sin embargo, yo fui inmensamente feliz allí en esos veranos pretéritos.
Me cuenta mi abuela que ahora hay una cuadrilla de chicos importante allí "Como la que vosotros teníais, hijo" Ya. Me alegro mucho por lo que están viviendo, con cierta envidia sana. Pero no puedo evitar sentir pena porque no somos nosotros. "Al final, las cosas quedan, la gente se va. Otros que vienen las olvidarán. La vida sigue igual", que diría un conocido cantante.
En fin.
Retomemos la historia: aquella noche estábamos toda la juventud del pueblo reunidos en el bar de Cirilo pensando en qué hacíamos esa noche. Yo tenía un sueño espantoso y por eso tuve que tomarme un café para espabilarme. Logré sacar a mi padre dos mil pelas, con lo que podría tomarme a gusto esa noche una buena cantidad de cerveza y quién sabe si algún cubata. La noche pintaba bien, tanto si nos quedábamos aquella noche en el frontón como si íbamos a Campaspero.
¡Qué guapas venían las chicas! Su laca en el pelo, su maquillaje, sus vestidos estupendos... En cambio, los chicos llevábamos nuestros vaqueros zaparrastrosos y las camisetas descoloridas; nuestro vestuario no daba para más. Salvo Roberto, que aquella noche llevaba una camiseta bien molona, como de raso, negra, y de letras doradas. Un poco de macarra:
-¿Te gusta, Opo? Me lo ha hecho mi madre.
- No sabía que tu madre cosía.
- Si, de vez en cuando me hace cosas guapas.
- Cambiando de tema: ¿ha venido ya tu hermano?
- Si, ahora baja. Es que está con Marta. Se están... Saludando.
Ni a Roberto ni a su hermano César les iba mal con el otro sexo. Los dos eran bien parecidos, quizá más guapo Roberto, con ese lejano parecido a Josema Yuste, el de los
Martes y Trece. En más de una ocasión alguna chica de mi pueblo me confesó estar un poco pillada por Roberto, y no era para menos: era un tipo encantador, muy atractivo... y alto. Mi hermano y Roberto quizá fueran los dos tipos más altos de la
pandilla. Altura de galanes de Hollywood, diría yo. Eso no dejaba indiferente, sobre todo cuando mi hermano se juntaba con mi abuelo, que no destaca precisamente por su estatura.
¿Está usted seguro que es su nieto?
y mi abuelo se sonreía. Nadie le gana en sentido del humor.
Ya estábamos todos en el bar. Tocaba decidir qué hacer: si quedarnos en el pueblo o irnos a la fiesta de Campaspero. Esto último tenía todas las papeletas de ser lo que ocurriera.

martes, julio 03, 2007

En el verano del noventa y cuatro yo formaba parte de una pandilla en mi pueblo. Éramos una pandilla de chicos y chicas. Unos estaban en sus primeros años de carrera o terminando el instituto y otros empezaban su andadura laboral. En general, ninguno tenía la economía muy boyante, pero ganas de diversión, todas las del mundo. Esa tarde, Roberto llegó con sus colegas en coche desde Coslada. Tenían ganas de pasarlo bien y Roberto les comentó que en el pueblo, con el río y las fiestas de los pueblos cercanos se lo pasaba uno genial.
En el pueblo se sabe todo enseguida, y yo estaba dándome un chapuzón en el río cuando me enteré que Roberto venía. "Joder, qué bien. La última vez que estuve con él fue aquí en Semana Santa. Vaya tío de puta madre" Salí del agua, me sequé, y mientras los demás decidían quedarse para jugar el frontón, yo, que era (y soy) poco de deportes, decidí irme a saludar a Roberto.
-Bueno chicos, que yo me voy a ver al Rober.
Llegué a su casa. Se oía bullicio. "Roberto debe haberse traído a media Coslada" Pensé. LLamé la puerta, pero no me oían "coño, si está abierta"
-Robertoooooo
-Opooooooo
Nos fundimos en un abrazo. En aquella época yo era muy dado a abrazar a la gente, pero la moda del saludo que trinfaba aquel año en el pueblo era el saludo que Will Smith hacía en el "príncipe de Bel-Air" Roberto me presentó a todos sus colegas. Perecían gente maja. En verano y en el pueblo todo el mundo te cae bien.
-¿Y tu hermano César viene?
-Sale del cuartel a las siete. Yo creo que a las nueve ya estará aquí
Les conté que se estaba pensando el ir por la noche a las fiestas de un pueblo llamado Campaspero o quedarnos en el pueblo y tomar unas litronas y unos calomochos.
-¿Vosotros qué queréis hacer?
Nadie contestó. Parecían cansados del viaje.
- Bueno, hay tiempo para decidirse. Si os parece, nos vemos en el bar de Cirilo y allí decidimos lo que hacemos. Nos vemos.
- ¿A qué hora bajaréis a tomarla?
- a las once o así.
Me fui a mi casa. Estuve un rato charlando en la puerta con la familia, mis abuelos, mis tíos, mis primos...Cené y me duché. Yo también estaba cansado, llevaba encima muchas noches sin dormir de fiesta en fiesta, o simplemente, pasando la noche al raso en el frontón. Por el día tampoco paraba. Baños en el río, paseos en bicicleta... Me tendí en la cama. Cuando me desperté eran las once y media o así. Me puse uno vaqueros y un polo (los que tenía limpios) y me dispuse a salir:
-¿ya te vas, hijo?
-Sí, abuela
-¿Esta noche dónde os toca?
-No lo sé, abuela. Lo mismo nos quedamos en el pueblo. Depende de lo que quiera la gente.
Estaba hecho polvo. Me miré en el bolsillo haber si me quedaba algo de dinero. Trescientas pelas. No era suficiente para toda la noche, además, tenía que comprar tabaco. Pero había venido Rober, y sólo se vive una vez. Ya sacaría el dinero aunque fuera de debajo de las piedras.
LLegué al bar y de mi pandilla no había llegado nadie. Estaban mi padre y sus amigos, que después de una buena cena, jugaban a las cartas. "Esta es la mía" pensé yo. Me fui a la barra, pedí un café solo y un paquete de Fortuna. ciento noventa y cinco pelas. Me quedaban ciento cinco para pasar la noche. La cosa está muy malita... Pero tenía que jugar mi baza.
-Papá ¿Me das dinero para salir esta noche?
Mi padre ya me había dado la asignación semanal el fin de semana anterior, pero tal y como entró en mi bolsillo se fue. Sabía que mi padre no jugaba en terreno neutral. Dudó por un instante mientras simulaba no haberme oído. Entonces, se produjo la jugada que cambiaría el resultado del partido.
- Dále al chico para que salga joer, ¿no ves que si no no tiene para ir a Campaspero?
-¿pero vais a ir esta noche a Campaspero?-preguntó mi padre.
-Eeeh, sí.
-Joder, hijo- se echa mano al bolsillo- Anda, toma. A ver si pensamos un poco más en estudiar y menos en juergas.
¡Dos mil pelas! ¡Puta madre! Si es que hay que saber en qué momento pedir las cosas.
Satisfecho por no estar en números rojos, me fui a terminarme el café. Estaba muy ilusionado, pero también hecho polvo, demasiada juerga encima "¿Y si nos quedáramos en el frontón?" Pensé. Llegó mi hermano (siempre fue más dormilón que yo) Llegaron Tomás, Javi, Jorge, César, el hermano de Roberto y Diego. Las chicas, Ruth, Diana, Raquel, Mari luz, Elena... Aquel día no estábamos toda la pandilla. Faltaban mi hermana, mi prima, Almudena, el otro gran Roberto, su hermano Óscar, su hermana Marta...

lunes, julio 02, 2007

Si algo ha traído Internet al mundo, sin duda es, la verdadera libertad. Si algo nos ha enseñado Internet es quiénes son aquéllos que nos han estado coartando nuestra libertad, a veces sin darnos cuenta.
Coartar significa, según el diccionario, "estorbar o limitar por medios no físicos la acción, la potestad o la voluntad de alguien". Es, digamos, lo que hacen esas sociedades de autores que, cuando demandan a alguien que, haciendo uso o ejercicio de la tan traída y llevada libertad, se descarga archivos para su uso y disfrute personal; cuando ponen demandas contra gente por el hecho de opinar que aquello que hacen no está bien; o cuando actúan como lobbies ajenos a la voluntad popular para que sus lacayos los gobernantes, legislen a su voluntad, que no es la del pueblo.
Decía Ortega y Gasset -más o menos- que la fuente de todo derecho es lo que está basado en la voluntad de la gente, que el derecho se ajusta a las prácticas cotidianas. No puedes hacer que se legisle en contra de la voluntad del pueblo, que en este caso es otra cosa de tener el acceso total a las obras de creación para su uso y disfrute personal de cada uno. En definitiva, si nos atenemos al espíritu de las palabras de ese gran filósofo, no se puede penalizar que la gente se descargue cosas, porque eso va en contra del deseo generalizado de la sociedad, como no se puede atentar contra la libertad de expresión poniendo demandas a los que critican libremente ciertas prácticas que a mi modo de ver tienen algo de mafiosas.
En cierta manera, esto no es un síntoma más de lo que ya llevaba sospechando desde que tenía unos quince años, que era un idealista y tenía unas ganas enormes de cambiar este mundo sin derechos ni justicia: pensaba que vivimos una gran dictadura, la dictadura del dinero, donde las oligarquías hacen lo que quieren y hacen que gobernantes y legisladores actúen a su capricho; no es otra cosa que la dictadura del dinero.
El mercado actual es un gran buque de esclavos destinados a alimentar el gran monstruo romano. Internet supuso una vía de agua de ese gran buque y lo están tratando de tapar a base de papel judicial. Ojalá que ese papel, por muy voluminoso y pesado que sea, se deshaga con el agua entrante y no detenga jamás la vía que se está produciendo en el barco de esclavos actual.
Creo sinceramente que el dinero es la mayor cadena que tenemos los esclavos actuales. Lo único que me consuela es que la cadena de los que más dinero tienen es más pesada, más grande, más odiosa que la nuestra; ¡pero hasta dónde llega su lamento! Hasta llevar a los tribunales a una pobre gente que no deja de ser esclava.

domingo, julio 01, 2007

Cuando empecé a utilizar el Google, y ver la gran utilidad que tenía, pensé que era el fin del prestigio de la memoria -de la nuestra- que tanto ha servido para el progreso humano; Adiós al juego con el pasado para preparar el futuro. Pero no. Luego pensé que alguien se acordó de una manzana cayendo del árbol. Después, descubrió la ley de la gravedad. Alguien se acordó de esa chica que le dijo un no terrible para un adolescente. Después, escribió una novela en el que un personaje se suicida. Por amor, claro está. el juego con la memoria se llama creación. La memoria es el ingrediente indispensable de la inteligencia. Quizá Dios hizo el mundo a través de su memoria.
Hubo muchos que como yo en un principio contribuyeron a la pérdida de prestigio de la memoria por culpa de la llegada del Google, pero no fue sólo eso lo que casi mata la fama de la memoria: unos cuantos años antes, los pedagogos se pusieron en contra de los ejercicios memorísticos que se hacían en la escuela. "¿Para qué memorizar tanto dato, nombre, etc? Está en contra de lo que es el verdadero aprendizaje". Pero claro, se olvidaron (por no tener memoria) que para que se produzca el juego de la creación hay que tener previamente el almacenaje de los datos. Un puzzle no es nada sin piezas.
Y llegó Google: ¿Fecha de la ratificación de la declaración de independencia de los EEUU? 4 de julio de 1776 ¿En qué pueblo nació Confucio? En Qufu. ¿Una frase de Confucio defendiendo el uso de la memoria? "Estudia el pasado si quieres pronosticar el futuro" Con Google creíamos que llegaría la puntilla definitiva a la memoria, porque ya si que estaba todo masticado, no hacía falta recordar nada. Sin embargo, busco en Google: "marca de los zapatos que me hicieron daño en los pies durante toda mi comunión en la que mantuve el tipo como un campeón"- Nada. "Nombre de la primera niña de la que yo me enamoré a los ocho años" .Nada. Datos que guardo en mi memoria con cariño, perfectamente distinguibles entre la nebulosa del qué comí ayer y del qué cené el miércoles por la noche.
"el ser humano puede contemplar el pasado y planear el futuro" me dice la Wikipedia. Gracias a eso, nunca más me compré mocasines de polipiel y procuré enamorarme de una chica que me quisiera. Google no llega hasta donde llega la memoria humana, que se pone en el abismo de la nada, y nos anima a saltar. Y vaya que si saltamos.
No perdáis la memoria, amigos míos. Recurrid a Google, pero no está de más que esa información que recopiléis os la guardéis en el disco duro que tenéis debajo del cráneo, en ese dispositivo que sirve para encerrar la memoria en el presente que ya está siendo futuro. La memoria es divertimento y utilidad. Hagan juego, señores.

sábado, junio 30, 2007


España es el país del mundo donde más cocaína se consume. Será porque nos gusta demasiado la fiesta; será porque se ha pasado el tiempo del vino y una noche de cubatas en una discoteca resulta tan caro como pillarte una rayita.
No penséis que soy consumidor habitual de coca. Una vez, con dieciséis años, vi unos TAC del cerebro publicados en EL PAÍS en los cuales se mostraba los efectos de la coca y vaya que los había. Entonces decidí no probarla nunca, porque me quedó la sensación de que probándola, yo sería menos yo. Tal vez, si no hubiera visto aquellas fotos, la hubiera probado, reconozco que me gusta experimentar, y estaba al alcance de mi mano. A más de un conocido he visto en modo aspiradora en algún momento de la noche. Sólo con preguntarle dónde había conseguido la cosa... pero sin embargo, opté por pasar. Reconozco que el ver esas modificaciones en el cerebro me marcó bastante.
El tabaco también modifica los pulmones, y también he visto fotos de pulmones tuneados en negro antracita. Pese a que la importancia de los pulmones es incluso mayor (muchos hombres pueden vivir sin pensar, pero dudo mucho que puedan vivir sin respirar), reconozco que les he mostrado menos respeto que al cerebro, y me fumo con deleite y sin piedad los canutitos de papel rellenos de mierda. Pobres de mis pulmones, que alguna vez soñaron que eran aire.
Tampoco se puede decir que respete demasiado a mi hígado. Aunque no lo suelo castigar a diario, reconozco que a veces he abusado de su confianza y le he hecho trabajar más de la cuenta inútilmente. El hígado, aparte de vérselas con las grasas, hace dentro del cuerpo la función de limpieza, y limpiar es una cosa tan importante o más que pensar. Pero al igual que las señoras o señores de la limpieza no tienen de la sociedad el respeto y el sueldo que se merecen, el hígado de los borrachos es pobre de cuidados y objeto de chanzas y pitorreos de la cultura popular.
Ahora que lo pienso, los que menos han respetado el cuerpo desde siempre han sido los heroinómanos. La heroína es una sustancia que lo estropea todo muy bien, e incluso cuando se deja de tomarla, produce cagarrinas: no estás bien ni con ella ni sin ella, aunque los que la han probado dicen encontrarse muy a gusto en pleno viaje. Yo pertenezco a esa generación en la que muchos de sus hermanos mayores cayeron fulminados por el caballo mientras se iban de viaje. Le cogimos un miedo atroz a la heroína, no así a todo lo demás. No obstante, eso no quiere decir que el cerebro lo tengamos muy bien, porque luego están las pastis, la marihuana, el café o las compras: drogas muy malas para la cabeza, cada una en su estilo nos han modificado a capricho.
Empecé hablando de la droga ilegal favorita de los españoles y acabo hablando de casi todas. mucho vicio es lo que hay en este país.
En fin, niños no caigáis en la tentación de drogaros, y si lo hacéis, hacedlo en la única droga que da más gusto que ninguna y no produce adicción: el sexo.

jueves, junio 28, 2007

Cómo me tienen de harto las compañías telefónicas. Nos cobran el dinero que les da la gana, saltándose a la torera esa cosa tan bonita de la libre competencia. Pactan tarifas, calidades y lo que se les ponga por los mengues, y gracias a todo ello tenemos el internet y la telefonía más caros y de peor calidad de Europa. Son unas auténticas piratas. Pongo como ejemplos a mis compañías favoritas: Ya.com y Telefónica.
-Ya.com me llamaba todos los viernes para ver si les contrataba. Recibí de ellos ni se sabe llamadas. Le tuve que decir a la última operadora, (por cierto, con acento extranjero, sabe Dios en qué condiciones laborales estará trabajando) que por favor me borraran de sus bases de datos. Además, les puse una queja porque esto me parecía más un acoso que una campaña de captación de clientes. Desde entonces entendí lo que era el marketing agresivo.
-Telefónica me estaba cobrando un abono ciudad que yo jamás había usado, dado que tengo tarifa plana con orange, y llamé indignado por cobrarme por no hacer nada. Yo lo único que tengo contratado con telefónica es la línea, que cada año que pasa es más cara, y porque no me queda más remedio, dado que como Telefónica tiene un monopolio de las infraestructuras, no me queda otra que pasar por ella si quiero tener Internet y teléfono. Pero los muy caraduras encima me pasaban factura por llamadas, teniendo yo contratadas las mismas con la otra compañía. Es decir, pasaban por caja dos compañías por el mismo servicio.
Encima, no hace mucho, me llamó una teleoperadora de Telefónica que con teatral indignación me preguntaba que "Cómo es que tenía tan poco gasto con ellos". Imaginaos que los de Armani llamaran a vuestra puerta indignados diciéndoos que cómo es que no os gastáis el dinero en sus trajes. Le echaríais a patadas, ¿verdad? Es lo lógico. Pues yo, por contra, pensando que la teleoperadora no es más que una trabajadora mal pagada, no descargué sobre ella toda la ira por las cosas que le obligaban a decir. Ahora, si hubiera tenido delante de mí a alguno de los miembros del consejo de administración de Telefónica, me hubiera despachado a gusto.
Lo malo es que no puedo mandar a Telefónica al infierno porque como os dije antes, tienen toda las infraestructuras, por otra parte, pagadas por todos los españoles durante años hasta que la compañía fue privatizada y se convirtió en la gallina de los huevos de oros en manos de unos cuantos rufianes.
Mierda de Telefonía en España. y habla el Banco de España de privatizar las telecomunicaciones ¿Más todavía? ¿Para qué? ¿Para que la próxima vez que les llamemos
para poner una reclamación nos atienda un teleoperador que hable sólo chino?

miércoles, junio 27, 2007

Ayer felicité a una compañera, porque logró por fin la ansiada plaza fija. Quedó la primera de novecientas personas con lo que, se mire por donde se mire, se puede calificar los suyo como una gesta heroica. Anónima, pero heroica.
El proceso de selección se basó en tres cosas:
-Un concurso de méritos
-una prueba psicotécnica
-Y para los que pasaran los dos cortes anteriores, una entrevista personal.
Yo salí muy bien parado en la prueba psicotécnica. Por desgracia, los puntos que yo tenía de méritos profesionales eran muy exiguos, así que me quedé en un lejano puesto en la tabla, que significa que voy a seguir una buena temporada con la tortura psicológica que es la contratación temporal, que hace, entre otras cosas, que este verano me quede sin las merecidísimas (ahora más que nunca) vacaciones. Mi chica está que trina y yo veo pasar el verano silbando.
Me alegré muchísimo por mi compañera de trabajo. Llevaba tres años como interina en el hospital. Se trata de una mujer buena, entrada en la cuarentena, de espíritu joven, inteligente pero con la autoestima muy baja, muy buena persona y gran trabajadora. Creo que se ha hecho justicia con ella. Además, está entrando en esa edad peligrosa en la que muchas puertas se cierran. Si no, que se lo pregunten a ese director financiero del que os hablé en una entrada pasada, víctima de ese retorcido criterio que tienen las empresas, para las cuales un ejecutivo de más de cincuenta años queda feo y daña a la vista.
A ella le pasó lo que para mí hubiera deseado que me pasara no hace más de un año: yo también era interino, llevaba tres años en la universidad, pero un criterio de selección bastante menos benévolo con los interinos que el del hospital me puso de patitas en la calle. Bueno, han tenido algo de piedad: me han llamado para trabajar dos meses. Debería estarles muy agradecido a los muy...
Reitero: con ella se ha hecho justicia. Llevaba dos o tres contratos encadenados y me consta que no entró por ningún enchufe ni recomendación. Aunque este proceso selectivo se hizo para que gente como ella tuviera ventajas, creo que lo que ha pasado es lo que deben hacer las empresas con los trabajadores que funcionan: perpetuar su contrato en el tiempo.
"Ahora te toca a ti" Me dice mi buena compañera mientras nos tomamos un café que paga ella, por supuesto, faltaría más. Desea que me saque lo de profe del año que viene. Le deberé una cena si lo consigo. En mi oposición también se valoran los méritos de los que han trabajado antes de profesor. Lo tendré difícil, pues nunca he ejercido de tal dentro en la administración. Mi experiencia se reduce al voluntariado o a clases particulares, méritos que no cuentan para el baremo.
Me pregunto cuándo podré tener yo esos ojos luminosos y esa sonrisa perdida en el infinito que a ella le han quedado.

martes, junio 26, 2007

Hay veces que tengo la sensación de que lo que me importa no es lo que le interesa a la mayoría de la gente; el ejemplo más claro lo tuve con la biblioteca, que cuando la cerraron por las mañanas a unos pocos nos hicieron una buena faena, pero a la mayoría el asunto le trajo sin cuidado. Ahora mismo, como trabajo de tarde, necesito que esté abierta, por si tengo que consultar algunos libros que me serían muy útiles para mi oposición, pero nones: se me veda esta posibilidad, así como a otros tantos que están en mi misma situación.
En su momento nos pusimos levantiscos. Llegamos a reunir trescientas firmas, cifra despreciable al parecer para la jefa de Bibliotecas del Ayuntamiento. No nos hizo ni caso y la biblioteca permanece cerrada por las mañanas. Para que tengáis una idea de lo que sabe ella de lo que es una biblioteca, dice que la biblioteca "sólo es un sitio de préstamo de libros, no de estudio" Vaya un concepto sobre lo que es una biblioteca.
En fin, el asunto me dejó un poco triste porque gran parte de mi formación la conseguí yendo a esa biblioteca. Pero el que esté abierta por las mañanas es una cosa que sólo nos interesa a unos pocos locos, bien porque tenemos que preparar exámenes o bien por el placer de la lectura dentro de sus muros.
Ahora la gente se preocupa por los grandes temas, como el fútbol o la cirugía estética de famosos, asuntos de estupidez máxima, pero que no es óbice para dedicarles toda la atención en los medios y pasar como una apisonadora sobre cosas pequeñas como mi biblioteca, refugio de un club heterogéneo de unos pobres locos un tanto frikis, club del que soy socio honorario desde que era niño.
De todos modos, no puedo esperar que la ciudadanía madrileña se haga eco a mi pequeña reivindicación; si no pone el grito en el cielo por la paulatina privatización de la sanidad pública madrileña, ese gran tesoro que tenemos ¿Cómo les va a interesar mi pequeña biblioteca? Si fuera una manifestación en contra del matrimonio gay, otro gallo cantaría. La última que hubo en Madrid fue un verdadero éxito y un gran homenaje, por lo demás, a lo mejor de la estulticia humana. Bueno, tal vez podría convocar una manifestación en contra de los horarios homosexuales de apertura ... A lo mejor vendría mucha de esa gente que está tan interesada en lo que pasa en los dormitorios ajenos.
En fin, para consolarme, muchas veces pienso que formar parte de la masa no es ser parte de la verdad. Nadar contracorriente a veces es lo correcto pese a que sea peligroso y desmoralizante y tengas a cientos de miles de personas que desde la orilla te están diciendo idiota o cosas mucho peores.

lunes, junio 25, 2007

¿He dicho aquí en alguna ocasión que la amistad es como una planta? Sí, la amistad es una planta. En mi casa tenemos muchas ( de las verdes, que las del otro tipo viven en sus respectivas casas) y mi chica se encarga sobre todo del cuidado de las vegetales. Entre los dos cuidamos las que no funcionan con clorofila y fotosíntesis. Nos suelen durar bastante ambas porque tenemos mano con ellas. Pero hasta llegar a este punto, muchas se han quedado en el camino, de las de un tipo y de otro: de las que tienen raíces, unas han muerto por exceso de riego, otras por defecto, unas por mucha luz, otras porque no son de naturaleza longeva y otras que aún siéndolo, se han muerto sin más. Con las que tienen pies pasó igual: mientras con unos amigos cultivamos una amistad desde siempre, otros amigos nos ha durado un suspiro. Circunstancias de la vida.
Lo bueno que tienen los amigos y las plantas es que tú los eliges, y ellos te eligen a ti. Si tú no gustas a una planta, acaba muriéndose. Dado que no puede salir corriendo despavorida, opta por morirse. Un amigo, sin embargo, sí puede huir lejos de ti. En cierta manera, el divorcio lo inventaron dos amigos, ¿Pues qué es el matrimonio, sino el estado más sublime de amistad que puedes llevar con una persona del otro sexo, e incluso del mismo sexo, según las leyes españolas actuales? En mi caso particular, mi amiga más íntima es mi mujer, pues cumple los requisitos de un amigo:
-la he elegido yo y ella me ha elegido a mí.
-Nos contamos confidencias y secretos que no decimos a nadie más.
-"Un amigo es uno que lo sabe todo de ti y a pesar de ello te quiere" Elbert Hubbard
Cuando te enfadas conmigo siempre me acuerdo de esta frase, cariño. Menos mal que, a pesar de todo...
Clases de amigos hay muchas. Yo he tenido muchos amigos. Pero siempre he vuelto a los de siempre, a los niños y niñas que estuvieron en mi infancia y en mi adolescencia, cuya amistad está ya a toda prueba. Son mis otros amigos íntimos. El tiempo es el mejor evaluador de la amistad y hemos pasado la prueba, chicos. Posteriormente he hecho otras amistades, pero éstas han sido menos duraderas que vosotros, tal vez debido a que el hombre, cuanto más mayor, pierde la capacidad de tolerancia a las costumbres e idiosincrasias de los otros. Por eso, mientras hay una clase de amigos por los que te entregas totalmente, hay otros con los que la entrega no es total, porque el hombre pierde la capacidad de entrega en la amistad a medida que se hace mayor. No quiero pecar de pesimista, pero creo cuanto más mayores nos hacemos más inocencia se nos cae de la regadera.
Luego hay otra clase de amigos, muy importantes también, que por circunstancias de la vida se pierden en otros senderos que no son el tuyo. Son como esas plantas que has estado cuidando pero que regalas a alguien y ya no vuelves a saber más de ellas. Tú has estado a gusto con ellos y ellos contigo. Sin embargo, un día, desaparecen sin más. Son, por ejemplo, esos amigos del verano que se hicieron año tras año pero que un buen día dejaste de verles, sin que haya habido enfados de por medio. Sirvan estas palabras de homenaje a ellos.
En fin, la amistad. "Dime con quién andas y te diré quién eres" y vosotros, los que andáis conmigo y me leéis, creo que a lo largo de estos doscientos artículos ya sabéis un poco más quiénes sois por leer quién soy yo.

domingo, junio 24, 2007


Los hombres no somos perfectos. La naturaleza podría haber sido más generosa tanto en nuestro diseño como en nuestras capacidades, que con ser grandes, no están dando los resultados esperados, por eso estamos como estamos. Pero podría ser peor. Podríamos haber sido fabricados por una multinacional, con lo que la historia de la evolución humana podría haber sido muy distinta:
En un principio, para hacer un hombre, un dios podría haber tenido tan sólo unas latas, unas maderas, unos pocos cables, unas tuercas, unos cuantos clavos y un serrucho. Con esos mimbres, ese dios, un ingeniero avispado y bigotudo, hubiera hecho el primer prototipo de hombre, que le hubiera quedado parecido al hombre de hojalata del mago de hoz. Entre otras fallas de diseño que nos podríamos encontrar: el andar poco garboso, los pies planos, que se chocara constantemente con las paredes, que no tuviera tetillas...
Con el devenir del tiempo, se podrían sustituir la madera y el metal por el plástico rígido. Aparecerían las articulaciones y los diseños serían más agradables para la vista: por fin, los hombres tendrían tetillas.
Habría una edad dorada en la cual los hombres serían un signo de distinción: una casa que no tuviera al menos un planeta con hombres, no se tendría por una casa civilizada. Tener una colonia de hombres, para observarles en sus costumbres, sería un signo de distinción social y un entretenimiento para las visitas, que observarían los mundos civilizados a través de microscopios.
Las factorías de hombres vivirían su edad dorada: trabajando a pleno rendimiento, serían muchos los pedidos de hombres que les hicieran. Nuestro dios particular, ese ingeniero bigotudo y avispado que os digo, tendría su propio taller de investigación y desarrollo en un punto alejado y distante del universo, fuera de la mirada de curiosos: pongamos que se llamase "la tierra".
Llegaría una invención que marcaría una nueva época en la comercialización de los hombres: el látex. Con la llegada de ese látex, los hombres no tendrían problemas de roturas en su cobertura externa, con la consiguiente pérdida de líquidos del interior. En el apartado estético, las tetillas saldrían mucho mejor y además, dando estructura de bulbos al conjunto, con suavidad de líneas y redondeces, se alcanzaría una nueva era en el diseño de los hombres. En el apartado de cinética, se conseguiría que los hombres bailaran el tango y el foxtrot a la perfección y en el apartado de la fonética, se harían grandes hallazgos en gorgoritos que vendrían muy bien para ejecutar la canción melódica y la copla. Aparte de esas grandes innovaciones, se producirían otras menores que caben reseñar aquí: la mano de cinco dedos, muñecas también para los pies, sistema de inspiración-respiración para resaltar estados emocionales y dos ojos a los lados en lugar de uno en el centro, para ver en tres dimensiones y no en dos y así evitar los impactos contra las paredes, al tener sensación de profundidad y volumen.
Los obreros de la fábrica de hombres estarían contentos: habría muchos pedidos y los sueldos no serían malos. Pero puede que un día, nuestro dios bigotón supiera por que en otro punto de la galaxia hay obreros que trabajen como esclavos y por menos dinero. Entonces decidiría despedir a media plantilla, bajar el sueldo a la otra media que quedaba y comenzar a construir una factoría de hombres al otro lado de la galaxia.
Pasarían los años y la fabricación de hombres seguiría yendo bien: habría demanda, pero habría un problema con el consejo de administración de la empresa: seguirían considerando los costes de producción demasiado altos, así que decidirían implantar medidas que abaraten el producto final: se compraría un látex más barato que el que se usaba antes; se volvería a un sólo ojo por cara y se vendería como "estilo retro"; a las variantes masculinas se les quitaría del pecho las tetillas que adornaban el pecho y a las femeninas el ombligo. De resultas de aquello, los hombres de nueva fabricación volverían a golpearse en las paredes y se despellejarían enseguida. Como consecuencias positivas, las mujeres no volverían a criar pelusa en los ombligos.
Luego habría otro problema, que en el pasado pasaría desapercibido con los primeros hombres fabricados pero que preocuparía muchísimo porque había saturación en el mercado: las ventosidades de los hombres dejaríam el ambiente irrespirable en multitud de salones del universo. Como el Dios bigotón y su consejo de administración no querrán gastarse los duros en investigación y desarrollo, pronto el universo se convirtiría en pura flatulencia.
Conclusión: que menos mal que no fuimos creados por el director de una multinacional. Sin duda, las cosas podían estar mucho peor de lo que están. Yo, por ejemplo, no me imagino un porvenir sin tetillas. Menos mal que la madre naturaleza no repara en gastos ni es avara.

sábado, junio 23, 2007


Hablando de viajes que nos llevan al estrecho de Bering, se me queda corta esta vida para resolver el cubo mágico de Rubik. Sé que muchos lo habéis hecho: bien porque alguien os ha soplado la forma de hacerlo, porque os metisteis en el baño durante el recreo y con paciencia y cuidado fuisteis cambiando las pegatinas una a una, o bien a base de talento y obcecación disteis con la forma de que todos los colores estuvieran ordenados, cada uno en su lado. Yo, sin embargo, no conseguí más que acabar la tarde atolondrado y del puñetero cubo de Rubik sólo conseguí que un lado apareciera monocolor. Diablos, qué difícil era.
Veo en la wikipedia que tienen la forma de resolverlo. No lo voy a leer, me voy a comprar un cubo de Rubik (no sé dónde los voy a poder encontrar). El cubo de Rubik es uno de los enigmas de mi vida que no me he esforzado por resolver...bueno, un poco sí.
En mi vida hay muchos cubos de Rubik: por ejemplo, la arquitectura (¿Cómo diablos se las ingenian para hacer unas estructuras así), la ingeniería (los aviones son prodigiosos) o, como os dije un día, la programación informática. Por no hablar de la medicina y tantas otras disciplinas de las que no creo que tenga una inteligencia capaz de entenderlas y mucho menos desarrollarlas. Aunque dicen que el hombre es capaz de todo, quién sabe.
Dichoso cubo de Rubik. Mi enigma irresoluto. ¿Todavía los seguirán vendiendo?

viernes, junio 22, 2007

Hombre Occidental,
tu miedo al oriente, ¿es miedo
a dormir o a despertar?
(Antonio Machado)

En sólo tres versos ha dicho uno de los dilemas que se le presenta al hombre: ¿tenemos miedo de saber o queremos seguir en la ignorancia? Don Antonio nos dice: en la vida de cada uno es un viaje a Oriente, donde el sol se pone, donde está nuestro crepúsculo. El miedo a la muerte. Tal vez haya vida ultraterrena y tal vez no. Es un viaje que forzadamente hemos de hacer. Al final, sabremos cuál es la respuesta.
Pero yo prefiero darle otra interpretación: en realidad es el viaje que realiza el hombre al conocimiento. El hombre a lo largo de la vida, tiene dos caminos: o permanecer ignorante (dormido) o intentar la búsqueda de explicaciones a lo que le rodea (despierto). Si decide pasar su vida dormido, no tendrá más que miedos: a lo desconocido, a lo inexplorado, a lo extraño; si por contra, elige el estar despierto,
puede que haga descubrimientos insospechados que le hagan vivir en plenitud. Pero despertarse da miedo, nunca se sabe lo que deparará el nuevo día. Quedarse dormido da más miedo todavía: es una cárcel rodeada de fantasmas que están esperando a que salgas.
El viaje a Oriente es un viaje forzado, da igual en el estado de conciencia en que se haga. Todos estamos obligados a hacerlo. Las primeras rutas del hombre fueron hacia Oriente. Se partió de África, se llegó a Europa y a Asia y de ahí, utilizando un congelado estrecho de Bering, a América. ¿Qué les obligo a los primeros hombres a hacer tan fenomenal viaje? ¿Qué les movió a hacer un viaje tal de vientos gélidos? ¿Acaso la terrible duda de saber qué hay más allá?
A veces no tengo ganas de viajar, pero sé que mi naturaleza no es ser un árbol agarrado por sus raíces. Nuestro destino es saber; poco sentido tiene tener miedo a ello. Los ojos no ven, saben, que diría otro gran poeta, Jorge Guillén.
Decía el crítico inglés Samuel Johnson refiriéndose a la existencia humana lo siguiente: "la naturaleza humana declina enfrentarse a la muerte cara a cara". Eso vale para algunos hombres, pero no para otros. Si fuera consustancial de la naturaleza humana el arrodillarse ante la muerte, ningún hombre hubiera llegado al estrecho de Bering.
No nos queda otra que despertarnos y como dice la cultura popular: "ya dormiremos cuando estemos muertos"
O cuando hayamos cruzado el estrecho de Bering.

jueves, junio 21, 2007

En estos tiempos raros en que vivimos, cada vez se echa a la gente por motivos más pergrinos: parece ser que Capello se va del Madrid pese a haber conseguido ganar la liga; puede que con él fuera muy posible la consecución de la ansiada décima Copa de Europa, pero la junta directiva ya no cuenta con él.
No sé si os acordáis de Jupp Heynkes, un entrenador alemán que después de ganar la séptima Copa de Europa fue despedido malamente y sin ningún señorío. Vamos, sin eso de lo que presume el Madrid. Otra cosa igual pasó con Vicente del Bosque: después de ganarlo todo en Europa, también le despiden miserablemente.
¿Qué es lo que le pasa al Madrid? Yo creo que el Madrid siempre ha sido un club que se ha amoldado a las circunstancias, en el franquismo y ahora. En los tiempos que corren lo que manda es la sustitución rápida de las personas, funcionen o no funcionen dentro de las empresas.
Sustituir a los entrenadores ganadores… ¿cuándo se ha visto tamaña barbaridad en los tiempos pretéritos? Lo natural era que los entrenadores se marcharan cuando su trabajo no diera rendimientos. Pero ahora no es eso lo suficiente: tienen que, además, tener una imagen impecable. Veamos los casos de Jupp Heynkes, Vicente del Bosque y Fabio Capello.
Jupp Heynkes era un alemán discreto, de mano izquierda, según decía la prensa deportiva de la época. A la directiva de entonces le molestaba que pecara de benévolo con el equipo, lo que no impidió que con espíritu ambicioso, esos jugadores consiguieran la copa de Europa, después de que la institución estuviera 31 años sin ganarla.
Vicente del Bosque era un castellano de un sentido común aplastante. Quizás el entrenador madridista al que el periodismo menos ha criticado, tal vez porque Don Vicente tenía una gran virtud: sabía manejar muy bien a los medios de comunicación. Paradójicamente, parece ser que una de las causas por las que le echó el semidiós Florentino Pérez fue por la falta de imagen ¿Cómo se puede echar a alguien que tenía la rara virtud de llevarse bien con la prensa? Los periodistas pocas veces le criticaron y poco discreparon sobre las alineaciones, y eso que los periodistas deportivos son muy dados a hablar sin saber.
Ahora le llega la hora a Fabio Capello, por cierto, otro entrenador que se maneja muy bien en las ruedas de prensa. La primera vez que se fue del Madrid fue de motu propio: oyó los cantos de sirena del Milán y para allá que se fue. Sin embargo, vendió la historieta de que se iba por desavenencias con la directiva. Niente. Parole, parole, parole que dice la canción: la mayoría de la directiva quería que se quedara, presidente Lorenzo Sanz inclusive. Ahora, sin embargo, la mayoría de la directiva actual repudia el juego defensivo del italiano...¿Por qué le contrataron entonces? Con todo, este año Capello nos ha dado emociones fuertes. La temporada 96-97, cuando hizo campeón por primera vez al Madrid, sí que aburría a las ovejas.
¿Qué más le pueden pedir?
El caso es que las directivas de Lorenzo Sanz, Florentino Pérez y el tipo éste que manda ahora, Ramón Calderón, tienen en común una cosa: echan a los entrenadores cuando ganan. A lo mejor es que quieren eludir esa ley tan natural de las cosas de que todo tiene un ciclo. Pero los hechos cantan: despedir al entrenador de turno no les ha hecho sortear las épocas de crisis.
¿Por qué las toman con las personas? ¿Por qué este club de fútbol en particular, y las empresas en general, tienden a ser Saturnos devorando a sus hijos? ¿Qué vana ilusión es ésa, la de huir de la naturaleza cíclica de subidas y bajadas en el que estamos encerrados todos los mortales?
La prueba de que esas huídas no sirvieron de nada es que el Madrid ha estado cinco años sin comerse una miserable rosca. Esas huídas, basadas en la sustitución de los individuos, es otra de las modas horribles de este tiempo. Prima de la moda de la anorexia, hermana de la obsolescencia planificada de los objetos y máquinas.
En fin: a mí no me gusta Capello ni siento pena por él,pero creo que se ha ganado el derecho de quedarse. Qué hartazgo de cambios, qué poco respeto hacia las personas.

miércoles, junio 20, 2007

Bachibozuks, zopilotes, papanatas, adoquines, mamandurrias. Eso es lo que me parecen los encargados del informe del banco de España y que avala el propio gobernador del banco, Miguel Ángel Fernández Ordóñez. Por decoro no pongo epítetos peores y recurro a eufemismos que sin duda no los definen como yo quisiera.
"Desde el Banco de España creen que el alto coste de los despidos propicia los contratos temporales."
"Su gobernador cree que la mejora de la eficiencia de la economía pasa por "avanzar en las privatizaciones allá donde tengan sentido".
Casi me da un síncope leyendo el 20 minutos, de donde saqué la noticia, yendo de camino al trabajo. Abrazafarolas, zopencos, zotes, tiralevitas, mostrencos. Qué pena que por decoro no pueda poner lo que realmente me vino a la cabeza.
¿Abaratar el despido? ¿Acaso no se ha demostrado fehacientemente que eso lo único que ha propiciado en España es precisamente que seamos el país de Europa donde más y con mayor alegría se ha recurrido al contrato temporal? ¿Acaso no ha servido estas medidas, ya implantadísimas por cierto en mi país, para que la gente tenga unos sueldos de miseria y que pese a las enormes ganancias, las clases bajas vivamos como si estuviéramos en período de crisis? Mangarranes, perillanes, mentecatos, mercachifles, mamporreros de usureros... Perdón, esto último se me ha escapado: quería seguir siendo eufemístico.
"Antes de que sea tarde hay que ser conscientes de que la productividad es la principal fuente de bienestar en el largo plazo y de ahí que las políticas que las promueven son decisivas".
Desde luego, siempre con prisas. Hay que hacerlo ya, ahora. Venga, que ya tardamos. La codicia no espera; la avaricia es impaciente. Queremos el mundo y lo queremos ahora, que diría Jim Morrison. Se irán del país si no tenemos en España suficientes pobres a los que explotar. Venga, que nos lo están diciendo sus siervos, los dirigentes del Banco España.
"Se apuesta por privatizar“sectores clave” para la economía, como las industrias de red, el mercado de telecomunicaciones, el sector energético o el de transporte".
Un momento... ¿Acaso no es una entidad pública? ¿No debería servir a los intereses de nosotros los ciudadanos? ¿Qué hace una entidad pública lanzando loas a la gestión privada? ¿No están tirando cantos a su propio tejado, que es el nuestro? ¿No serán un poco badulaques o bodoques?
"Hay que adecuar la fuerza laboral a nuevas demandas"
Mis eufemismos no llegan tan lejos hasta donde llega esta frase. Me recuerda a las palabras de Rajoy, el pasmado, en el debate con los ciudadanos: "España debemos ser competitivos: los chinos hacen camisetas que venden por menos de un euro" Pues hala, tomad frase hipereufemística y mineralizada. Ya sabéis lo que os toca: poned a vuestros hijos a hacer camisetas. ciento dieciséis horas a la semana, de lunes a domingo. Ganando menos de veinte céntimos a la hora. El látigo es opcional. Perdón, quise decir el flagelo.
Y resulta que este "informe" es decir, "sin forma" o dicho de otro modo, "contrahecho y deforme" por cuanto tiene de amoral, eufemístico, canalla y vil, ya que lo han hecho gente que se supone está a nuestro servicio: los funcionarios, burócratas, empleados públicos. A lo mejor soy un bambarria por preguntarlo: ¿a quién favorecen realmente? ¿No deberían ser personas insobornables, honradas, justas e íntegras? Lo contrario de corruptos, vaya.
En fin. A lo mejor envío una carta al gobernador del Banco España con "mi informe" para que se lo lea también a los colaboradores suyos que perpetraron "el informe". No la escribiré a mano, la redactaré con el procesador de textos del ordenador. Lo que no sé es si imprimirla en mi máquina de poner letras o dibujos en papel HP laserjet o hacerla en la de mi hermano, la HP deskjet. Cualquiera de las dos puede valer, una u otra.

martes, junio 19, 2007

Hace poco vi un documental harto interesante: CÓDIGO LINUX. En él nos daba una visión romántica del mundo de estos programadores que luchan denodadamente con el dominio casi absolutista con tintes de tirano de viejos vuelos que Bill Gates tiene en el mundo del software. Ellos se veían a sí mismos como unos caballeros románticos que plantan cara a la tiranía.
Bueno, creo que he puesto demasiada literatura a la cosa, pero por ahí van los tiros: de literatura y de programación.
Me llamó la atención, pues no era la primera vez que lo oía, que un programador comparaba el lenguaje de la programación con la poesía, es decir, una cosa con metros y con rima. Pues vaya, es una lástima que no entienda ni papa de programación para poder captar la belleza de los códigos que se emplean para crear, por ejemplo, un programa de procesamiento de textos como el que solemos usar las personas que tenemos por afición la poesía. Por lo que dicen, programar es escribir y desde luego, nadie negará que la escritura es un proceso de creación como lo es la programación.
Al igual que antaño hubo gente que le pilló vieja el rock´n´roll, creo que a mi me pilla viejo en iniciarme en el aparentemente maravilloso mundo de la programación, donde te pagan barbaridades por hacer lo que te gusta, que es lo que gusta a la generalidad de los hombres inquietos: crear.
Aparte de con la poesía, la programación también tiene similitudes con la novela, sobre todo en su período decimonónico: con eso de que en esa época se redujo la tasa de analfabetos una barbaridad, la gente amiga de las letras demandó mucha literatura, sobre todo novela que es el género triunfante de la centuria. Eso posibilitó que muchos escritores ganaran mucho dinero y fueran respetados: el ejemplo más famoso es el de Alejandro Dumas. Pero hay muchos otros. Al igual que Alejandro Dumas con sus tres mosqueteros, Linus Torvalds se ha hecho famoso y respetado gracias a hacer un programa informático que suele ser el usado por los expertos en informática: el linux. Se puede decir que el Finlandés Linux es el Alejandro del Siglo XXI.
Tal vez por eso, los que nos gusta la literatura nos equivocamos si queríamos vivir de algo creativo: la novela del siglo XXI tal vez no sea otra cosa que la programación, que viene en un lenguaje extraño que tal vez deberíamos hacer el esfuerzo de aprender aunque seamos viejos roqueros.
En fin, si mis hijos manifiestan inclinación por la escritura, no pondré reparos en animarles. Pero intentaré que la escritura que practiquen sea... la de la programación.

lunes, junio 18, 2007

Venid, amigos. Pasad un rato conmigo. Charlemos. Contradecidme, si es preciso. Aconsejadme, si lo creéis oportuno. Sólo os pido media hora de vuestro tiempo. Leed mis escritos y opinad sobre ellos. Tener vuestra opinión sobre ellos me será muy grato, y si me criticáis y la crítica es constructiva, recogeré el guante e intentaré mejorar mis escritos, aunque creedme si os digo que siempre busco la mejora en cada línea que escribo.
Esto es una pequeña instancia con luz de velas, cojines y esterillas en el suelo para que podáis tumbaros cómodamente o beber un té. Así quiero que os sintáis estando aquí, cómodos y felices. No siempre lo que os diga os va a gustar, pero siempre me podréis dar vuestro parecer que sin duda me enriquecerá.
Se entiende que la mente tiene capacidades que se nos escapan, acaso infinitas. Pero también está aprisionada por las emociones y los sentidos, y precisa de otras mentes para ese camino de comprensión del mundo. Todos los escritos que aquí podéis ver son mis intentos de comprender, y me vendrán estupendamente vuestras visiones del mundo para completar lo que en ellos digo.
Es curioso. En realidad esta bitácora es uno de los intentos, de los muchos que he hecho en mi vida, de aproximación de los demás. Sin embargo, me ha producido la sensación contraria: este blog me ha hecho sentirme como un náufrago que manda botellas y más botellas pero que no recibe respuesta. Qué rara soledad del ciberespacio.
En fin amigos, media hora no es demasiado y creo que alguno de mis escritos os harán sentir bien. Ese es uno de mis objetivos. Espero que los disfrutéis tanto como yo escribiéndolos.

domingo, junio 17, 2007

¡Qué relativo es el valor de las cosas! Un tío mío se compró hace un poco un Porsche; ese Porsche le costó más o menos ciento veinte mil euros. Sin embargo, os puedo decir que ese coche es una bagatela para él. Tiene tanto dinero que el esfuerzo económico que le supone el comprarse una cosa así es a su bolsillo prácticamente mínimo. Hay personas así. Podéis creer que existen.
Yo soy pobre. Como mi madre, su hermana. Se suele dar que las familias son ricas o pobres en bloque. Eso no sucede con la dinastía de mi abuelo, pues mientras unos hijos están de lleno en la clase alta, otros comprueban lo difícil que es vivir en la clase baja, y los de la clase media critican con denuedo a unos y a otros, que es lo que mejor se le da a la clase media. Aunque ansían más ser de los primeros que de los segundos, todo hay que decirlo.
Mi tío y su familia representan el lado más extremo de opulencia... Y del despilfarro hortera, siento decir. En eso tienen razón cuando le critican mis primos de clase media. Aunque he de decir que en él es realidad el sueño del "self made man" americano pero a la española. Llegó él, hombre emprendedor, a la emprendedora ciudad de Barcelona. Llegó con una mano delante y la otra atrás, como se suele decir, y la combinación de tipo emprendedor con urbe tal posibilitó que ahora sea un potentado hombre de negocios con varias empresas. Poco tiempo tuvo para estudiar carreras o leer libros, pues todo lo gastó en ser un empresario de éxito.
Esta tarde me acordé de él. Estaba viendo con mi chica "el ladrón de bicicletas", donde un hombre, al perder su bicicleta, pierde su medio de sustento, su oportunidad, su ilusión y su luz en el túnel. Entonces me pregunté que cuántas bicicletas se pueden comprar con los ciento veinte mil euros que costó el Porsche de mi tío: muchísimas.
Pero con todo, lo cierto es que en esta vida, aunque no os lo creáis, puede valer menos un Porsche que una bicicleta. Costar, por supuesto, cuesta muchísimo más, pero puede que haya ahora múltiples rincones en India, China o quién sabe dónde, en los cuales las bicicletas valgan mucho más que los coches de gama alta.
Así como la obscenidad de la pornografía abarata los cuerpos de las de los hombres y de las mujeres, la obscenidad de la ostentación abarata el precio de las cosas. Creedme, un Porsche puede costar menos que una bicicleta o acaso una camisa.
Mi familia tiene una cosa buena: que nadie se gana el respeto a base de dinero; a mi tío no se le respeta más por tener un Porsche, y que su palabra no es más escuchada que la de los otros hermanos, los de clase media y los pobres. y esa es la verdadera igualdad de los hombres, pese a que algunos les cueste más caro tener una bicicleta que a otros un Porsche.

sábado, junio 16, 2007

Hay una frase que me decían mucho cuando era joven y que a medida que ido cumpliendo años me la dicen menos:
- AAAyyy, tú no sabes lo que es la vida.
Menos mal que ya no me lo dicen tanto. Ya me preocupo mucho de no decirla yo a gente que es más joven. Es una frase odiosa, porque todos nos acabamos enterando de lo que es la vida.
A veces, cuando estoy más bajo de moral, me da por pensar sino seré como ese personaje del Marqués de Sade, Justine, que cuantas más barbaridades le hacían, más virtuosa se sentía. El libro es un auténtico mazazo para los que quieren ser hombres de bien: viene a decir que el mundo está lleno de seres corruptos que no cejarán en su empeño de hacer el mal. En fin, no es muy halagüeño ser la representación varonil de Justine, pero es una cuestión de carácter, qué le voy a hacer si yo nací en el Mediterráneo.
Poco a poco voy haciéndome con artimañas para salir más o menos airoso de situaciones similares a otras que me han hecho sucumbir en el pasado, pero bueno, los hombres y mujeres malvados de enfrente, con esos caracteres imprevisibles que tienen, te pueden salir con su maldad por cualquier lado. En lenguaje taurino: muchas veces es inevitable que te pille el toro. De ser así, procura caer de la mejor manera posible y evitando la cornada mortal.
En fin, yo a lo mío. Se trata de disfrutar estos cuatro telediarios. Mejor voy a apagar la tele (que manipulen a otro) y me voy a tomar unas copas con mis amigos.

viernes, junio 15, 2007

¡Qué tarde me dio ayer un compañero de trabajo!
Cada vez que entraba un negro, un rumano, un marroquí, la misma historia:
-Vaya morro que tienen: no han cotizado nunca a la seguridad social y cada vez que les pasa algo, venga, a Urgencias. No tienen vergüenza.
Yo, cuando la gente enarbola ese tipo de banderas, opto por callarme. Por mucho que les
intentes convencer de lo errado de sus razonamientos, con argumentos y demás, nunca dan su brazo a torcer. Así que dejo que escupan bilis y a otra cosa mariposa.
- Tú te crees estos vagos, sinvergüenzas, que no han dado un palo al agua. Se tendrían que ir a sus países, a ver si ahí les curaban. Vaya cara más dura. En cuanto les duele algo, hala, al hospital.
Ahora es cuando viene la loa a los Estados Unidos.
- En Estados Unidos, tú tienes la sanidad en función de lo que puedes pagar. Si tú tienes un buen seguro médico, pues recibes una buena asistencia sanitaria, y el que no, que se muera en la calle. ¿Tú sabes la cantidad de inmigrantes que tienen en los Estados Unidos? ¡Cientos de miles! Más que ningún sitio ¿Te imaginas si ellos tuvieran cobertura sanitaria universal como aquí en España? ¡Sería el caos!
Sí, como el caos militar que tienen. Estuve a punto de decirle que con destinaran la cuarta parte del gasto militar que tienen en sanidad, tendrían más que suficiente cobertura sanitaria no sólo para todos los EEUU, sino para América entera. Pero yo mutis, esperando a que se terminara su testosterona tranquilamente.
- Nos están robando. Nos están quitando poco a poco la seguridad pagada durante años por todos los españoles.
-Sí, estos inmigrantes van a hacer igual que lo que otros hicieron con la Telefónica. Una cosa mantenida y pagada por todos los españoles durante años, para luego ser vendida por cuatro duros a los amiguetes del ínclito ex presidente del gobierno don José María Aznar López. Vaya estafa, vaya robo. Igualico que el expolio que está haciendo ese pobre bebé con fiebre que trae esa mujer guineana ¡Qué vergüenza!
Le grité. Es que ya me tenía un poco harto.

jueves, junio 14, 2007

Ayer estuve en urgencias con un compañero con el que nunca había coincidido. Un compañero de anillos caídos. Era un tipo menudo, delgado, atravesando el ecuador de la cincuentena. Traía cara de disgusto, pues la planilla horaria que le habían asignado en este mes no era de su agrado, ya que no le permitía hacer un viaje al extranjero de cuatro días para asistir a una boda, según me dijo él. Estaba dispuesto a hacer todo tipo de cambalaches con los compañeros, pero a casi nadie le venía bien su propuesta. En el tiempo que llevaba trabajando apenas trabó amistad con nadie y la gente se muestra renuente a hacer favores a desconocidos. Se pasó la primera hora del turno mirando su planilla a ver cómo arreglaba su asunto y yo agradecí a los cielos que en esa hora no viniera gente a la que atender. Trabajar yo sólo mientras el compi sólo piensa en sus vacaciones puede ser tremendamente penoso en el sitio donde estamos. Nuestro trabajo no es difícil, pero puede llegar a ser muy estresante, por la cantidad de cosas que se tienen que hacer a la vez. Menos mal que en esa primera hora no se dio tal circunstancia.
El hombre venía con cara de disgusto, pero no sólo era por esos días que no podía disfrutar. Era también por nuestro trabajo. A lo largo de la tarde supe porqué.
- Opositor, tú has estudiado, ¿verdad?.
- Sí estuve en la universidad ¿Y tú?
- Sí, claro. Hice económicas.
Había que empezar a conocerse, debía pensar el hombre. Normalmente no digo que soy licenciado. Según en el sitio donde estés puede ser hasta contraproducente. Me he encontrado con gente a la que he notado cierta satisfacción íntima y me ha mirado como diciendo: "ja, ja, tú con tu titulillo de mierda y mira dónde estás" porque compartimos las misma pésimas condiciones contractuales y el mismo pésimo sueldo, sólo que no han estudiado. Peculiaridades de la envidia hispana. Por envidiar, se envidia hasta al pobre.
Transcurrieron las horas y llegó el momento de la pausa. La cara de disgusto, de preguntarse constantemente qué pinto yo allí no se le iba al hombre. Yo ya me maliciaba algo. Y me atreví a preguntarle:
- ¿Dónde trabajabas tú antes?
- Yo era director financiero. Hasta que me echaron. A todo mi departamento, inclusive a las secretarias. Contrataron a gente más joven por un tercio de lo que ganábamos nosotros ¿Tú sabes cuánto ganaba mi secretaria? Cerca de los dos mil euros.
- Que me los dieran a mí.
- Y ahora estoy aquí y fíjate lo que ganamos. Una mierda. Estoy deseando que llegar a los sesenta y jubilarme.
Se pasó lo que quedaba de tarde mirando gráficos de la bolsa por Internet. Las ropas que traía tenían pinta de ser buena calidad. Creo que no mentía: este hombre, por su actitud, su forma de hablar y su aspecto, había vivido tiempos mejores.
- Mi mujer no ha trabajado nunca hasta hace poco. Hemos vivido de lo que yo he ganado toda la vida. He podido acumular un buen patrimonio. Tengo más de dos viviendas.
No me atreví a preguntárselo, pero lo pensé: "¿entonces, qué coño haces trabajando en esta mierda de trabajo temporal?" Pasaba la tarde y al hombre no se le iba el semblante de disgusto.
- Perdona, tú que sabes de economía ¿Cómo es posible que los periódicos no publiquen la bajada generalizada de los sueldos españoles?
- La venida de inmigrantes ha traído una cosa buena y otra mala. Por un lado, ha permitido cierta seguridad de cara al futuro de las pensiones. Por el otro, ha presionado a la baja el sueldo medio de los españoles.
- Sin embargo, eso no es la imagen que transmiten los medios de comunicación. Dicen las estadísticas que somos más ricos.
- Hombre, hay ciertos aspectos de la economía que se camuflan o se ocultan. Es verdad que en términos macroeconómicos estamos mejor. Pero también es cierto que la renta de los españoles es mucho más baja. Eso es irrebatible. Mira, yo he tenido de todo. Coches buenos, grandes viajes... Mi hija está completando la segunda carrera. Las dos las ha hecho en universidades privadas, pagadas a tocateja por su padre. En mi casa no ha faltado de nada. Pero ahora estoy como estoy.
La tarde transcurría tranquila. Yo le intentaba explicar algunos procedimientos del trabajo, dado que había estado más tiempo que él en el puesto, pero era obvio que a él no le interesaban lo más mínimo. Miraba el reloj con frecuencia, era evidente que el tiempo se le hacía eterno. Por fin llegó la hora de la salida. Vinieron nuestros relevos. Él se marchó. Yo me quedé explicando algunos asuntos del trabajo a los compañeros de la noche.
- ¿Qué tal con él? Sabes que es un poco problemático ¿O no, Opo?
- Hombre, la tarde ha estado tranquila. Yo no tengo ninguna queja de él. Pero se nota que no está a gusto aquí.
- Se da muchos aires. Vale que el sueldo es una mierda, que los contratos igual, pero se viene a trabajar y punto y no a hacer que los compañeros trabajen el doble porque tú te niegues a doblar el lomo.
- Ya es que ir de menos a más no cuesta a nadie. El problema es de ir de más a menos.
- Ya Opo, pero ése no es ni tu problema ni el mío.
Me despido y voy al metro. Veo a mi compañero, el economista de los anillos caídos,
al otro lado del andén. No puedo evitar que me venga a la mente otra pregunta maliciosa: "¿Dónde tendrá éste los cochazos de los que presume?" Le digo hasta mañana. Me sonríe. "En el fondo, no debe ser mal tío", pienso yo. Simplemente ha perdido algo el norte. Llego a mi casa. Me pongo Casablanca mientras ceno. Llego a una de sus múltiples secuencias memorables. Un cliente enojado por la actitud distante de Rick se está quejando con un camarero de éste:
- Sepa usted que yo era el director del segundo banco de Amsterdam.
A lo que el camarero le contesta:
- No creo que eso a Rick le interese. Sepa usted que el director del primero trabaja para nosotros de cocinero. Y su padre es el portero.
En fin. Cosas de la economía.

miércoles, junio 13, 2007

En el pueblo de mi madre llamaban milano a aquél que solía perderse, de carácter melancólico, despistado y distraído. Si habéis visto alguna vez un milano, os admiraréis de él, pues el milano tiene porte majestuoso y vuelo elegante; además cierta tendencia a perderse entre las montañas. Lo que tendré que preguntar a mi amigo veterinario es si los milanos son despistados, melancólicos y distraídos.
Lo bueno que tenía el pueblo es que dejaba a las personas tiempo para pensar. Nada que ver con las ciudades, en que ya nos ocupamos a conciencia en distraernos en nuestro tiempo libre con memeces. En el pueblo no daba lugar a banales distracciones. O se trabajaba o se pensaba. Y se tenía mucho cuidado en pasar más tiempo en lo primero que en lo segundo. Sin embargo, en ese tiempo cabían los milanopersonas, que eran esos hombres que solían tener cierta tendencia a perderse por entre las piedras. Ojo, digo hombres, porque para las mujeres no estaba bien visto perderse y dejar a un lado las labores domésticas. De ahí debe venir la peyorativa frase "eres una perdida"; una mujer jamás sería definida como Milana. Y mucho menos las dirigirían palabras como "milana bonita" como decía a su pájaro Azarías, el determinante personaje de la novela de Delibes "Los santos Inocentes". De ahí debe venir que las mujeres sean tan buenas en cualquier cosa que hacen: han tenido desde siempre terminantemente prohibidas las distracciones.
En la ciudad, no hay lugar ni para los milanos ni para las milanas. No podemos perder el compás de nuestra vida. Yo, en mi infancia, era despistado y milano, pero desgraciadamente el despiste se me fue cuando desaparecieron de mi vida las tardes eternas de verano. Ya no da lugar para pensar. A nosotros, los hombres de ciudad, se nos exige actuar, actuar, reciclarse y reciclarse. No da lugar a la meditación. Es pérdida de tiempo. Es cosa de milanos.
Si tengo una oportunidad, iré a mi pueblo a ver si quedan milanos. No humanos, pues sé que han desaparecido todos. Ire a buscar las aves, por ver si quedan seres que aún tengan el tiempo y la gran suerte de perderse sin que nada les perturbe.

martes, junio 12, 2007

Esta mañana recibo una llamada de una conocida administración madrileña. He echado en tantas bolsas de trabajo que ni me imaginaba que me fueran a llamar de allí:
-Buenos días. Quería hablar con el señor Opo.
-Soy yo, dígame.
-Verá. Le llamo del Hospital XX. Le ofrecemos un contrato para trabajar como celador. En verano.
-¿Pero hay posibilidades de que me contraten por más tiempo?
-En un principio, el contrato sería de sustituciones en el período vacacional. Señor Opo, no podemos garantizarle más tiempo, al menos, de momento.
- Mire usted, señor. Estoy trabajando en hospital tal, me han llamado de la Universidad cual ofreciendo lo mismo que ustedes. La propia Comunidad de Madrid ha requerido de mis servicios para este verano. Ninguna oferta me ha sido interesante y ahora mismo no tengo intención de dejar el trabajo en el que estoy actualmente, aunque reconozco que también es temporal. Dadas las circunstancias, ¿qué me pueden ofrecer ustedes?
-Hombre tenga en cuenta que usted está en el número 1400 de la lista...
-Ignoro cuál es la razón por la que me han puesto en número tan alto. Lo que sí es cierto es que ahora mismo sólo entraría a trabajar con ustedes si me hacen un contrato de interinidad o mejor aún: un contrato fijo.
-Bueno, ya le digo que eso no se lo podemos hacer. Normalmente ese tipo de contratos no se hacen a gente que está en bolsa de trabajo.
-Ya, sí, lo de siempre. Hay una especie de maldición hacia la gente que está en las bolsas. Lo que yo no entiendo es por qué las llaman "de trabajo", si la mayoría nos pasamos la vida en el paro. En fin, no le entretengo más: estoy dispuesto a escucharles si la oferta que me hacen es de contrato fijo o cuando menos, interino. Muy buenos días.
Y colgué. La ley de la oferta y la demanda. Ahora puedo negociar. No caerá la breva de que hagan lo que les pido. Ojalá desaparezcan, de una vez por todas, "las bolsas de trabajo".

lunes, junio 11, 2007

Una cosa que hecho de menos de los veranos de mi infancia es la cantidad de tiempo libre del que disponías: para bañarte, para leer tebeos, para jugar a la pelota, para ir con los amigos... El verano era eterno y yo creo que todos echamos de menos esa sensación de eternidad, que en la infancia no era otra cosa que aburrimiento. Fue en verano cuando, en una piscina pública de mi localidad, empecé a leer con afición los tebeos de Mortadelo y Filemón, sin duda, dos de los grandes iconos de la cultura popular.
Los personajes que ha estado dibujando toda la vida Francisco Ibáñez han tenido una importancia capital a la hora de aficionar a la lectura a miles de jóvenes. Ya he dicho en una entrada anterior que hacen muy mal en despreciar ciertos críticos la literatura menor, pues es la antesala de la literatura de más altos vuelos. Sin duda, Mortadelo y Filemón han sido los propiciadores de que muchos de mayores nos hayamos convertido en ávidos lectores. Por eso, mucho cuidado con arremeter con Harry Potter, porque la gran magia que puede hacer es que legión de adultos en el futuro valoren la cultura.
Ahora, para mí, no se pueden comparar los tebeos de Mortadelo con el Potter. No puedo ser objetivo en este punto. Comparando ambas obras, creo que los tebeos de Mortadelo les da varias vueltas a los libros de la anglosajona. Por capacidad inventiva, por talento, por todo. Es una lástima que los latinos siempre perdamos la batalla de la notoriedad frente a los anglosajones. Si Mortadelo hablase inglés, posiblemente Ibáñez coleccionaría Ferraris como lo hace Uderzo.
Por tener, tiene Ibáñez hasta el don de la profecía: en una viñeta muy anterior a los terribles atentados del 11-m , Francisco Ibáñez dibujó un avión incrustado en una de las torres Gemelas. No creo que se deba a que el dibujante sea un nuevo Nostradamus, más bien se debe a que nuestro genial creador a dibujado tanto y de tantas cosas, que no es extraño que sus tebeos hagan extraños guiños con la realidad.
Sirva este pequeño texto de homenaje a tan genial autor y por favor, sigue alegrando los veranos eternos de los niños.

domingo, junio 10, 2007

Has vuelto a suspender siete. Tus padres están que trinan. Y tú, que aunque estás disgustado, sólo piensas que hay un montón de muchachas esperándote ahí fuera. Mola el viernes, porque es el día en que comienza el fin de semana. En cambio, el domingo no mola. Te has levantado a las dos, tienes una resaca espantosa y tus padres preguntándote que cuándo te van a dar las notas. Lo peor de todo es cuando sepan que te han quedado siete y es muy probable que el año que viene vuelvas a repetir.
-Todavía no sé cuántas me han quedado.
Mientes como un bellaco y tus padres en el fondo saben que lo haces, pero siempre tienen la esperanza de que esta vez va a ser distinto, que van a recuperar a ese niño que en los primeros cursos de la ESO sacaba en algunas asignaturas sobresalientes y en otras notable. Pero tú, cuando cumpliste quince años, decidiste cambiar de prioridades. El instituto no importaba tanto como una chica de tu pandilla llamada Raquel. Importaba más el calimocho que las matemáticas; las tías valoran más unas buenas Ray-Ban que la clase de lengua. Total, con la música alta apenas se puede hablar nada con las tías. Yy lo interesante que te hacen las gafas aquéllas, ¿eh?
Lo único que te interesa de la biología es cómo perder tu virginidad. Desde que cumpliste quince años, los veranos son mucho más interesantes. y un día, vas en el metro, y ves a una lindísima moza, y sin que te dieras cuenta, el bulto de la entrepierna empezaba a ser mercancía sospechosa. Aunque la viste apenas quince segundos, pues ella se bajaba, estás días y días pensando en ella. Coges la misma línea sin necesidad con la esperanza de volverla a ver. y de tanto pensar y pensar, se ta ha olvidado hacer ese comentario para la clase de filosofía. Otra que cae.
En fin. No es culpa tuya que el cuerpo te esté jugando malas pasadas. No es culpa tuya que las chicas sean tan guapas, huelan tan bien y tengan esas vocecitas tan preciosas, además, tus colegas están igual y tú no ves que sus padres les estén dando tanto la brasa con los estudios.
Eres joven y sólo se vive una vez. Piensas que todo con el tiempo se arreglará. Tus padres insisten en que serás carne de cañón si no terminas el bachiller, pero tú crees que tendrás suerte. Eres inteligente, te dice tu madre. Basta con eso para poder triunfar en la vida, piensas. Para ser programador, por ejemplo. Les dices a tus padres que los mejores programadores no han hecho carrera.
Y siendo eso verdad, y dándote bien la cosa informática, sabes que malgastas tu tiempo delante del ordenador con los videojuegos y enganchado a Internet. Deberías saber que con esos mimbres no se aprende a programar, pero a ti te da igual. El Counter Strike mola mucho y estás pensando quedar con los colegas con los que juegas en red.
Si no lo sabes, te lo diré: perteneces a una de las generaciones españolas que más suerte ha tenido; has tenido una cantidad de tiempo de ocio tremenda y además oferta de actividades amplísima. Afortunadamente, nada te ha faltado y lo has conseguido con facilidad.
Sin embargo, a partir de ahora lo tienes difícil: vas a tener peores contratos y peores sueldos que los de tu padre y tus tíos. No vas a poder emanciparte porque la vivienda está muy cara. Y sabe Dios que otras cosas nos van a quitar a la gente que como tú y como yo somos de la clase baja.
Por de pronto, ya puedes pensar en sacarte esas siete que te han quedado. De acuerdo, las tías están muy buenas, pero todo a su tiempo. No vas a tener más posibilidades de estar con ella sólo por estar pensando ella, aunque sé que es difícil quitártela de la cabeza, como es difícil estudiar sabiendo que los colegas están en la plaza tomándola o al otro lado del ordenador esperándote para otra partidita de Counter Strike.
Por favor, sácate esas siete. Consigue tener una profesión que te permita vivir dignamente. Procura que sea un oficio en el que seas casi imprescindible. Y piensa desde ya en luchar por tus derechos, pues te han quitado mucho y puede que cuando seas mayor compruebes horrorizado que no le puedes los estudios a tus hijos porque esa es otra de las cosas que han arrancado a la clase baja como nosotros.
Ándate con ojo: está en juego tu felicidad.

sábado, junio 09, 2007

Toda persona que tenga por oficio algo creativo tiene la necesidad de darse publicidad. Una de las herramientas que para este fin se ha utilizado siempre es la vanidad, porque vanidad, aparte de una de las cosas que más matan la convivencia, es además una de los mejores recursos de venta de uno mismo y de sus obras. En este mundo de mercancías, el vive de una habilidad ha de ponerse por las nubes. Vivimos en el mundo de la imagen.
Entre los más vanidosos se encuentran los actores, pintores, escritores y políticos. Los escritores son actores que van o de hombres sabios o de bohemios; los actores dicen que construyen personajes como si fueran escritores de novelas; los pintores hacen política cada vez que exponen obras en las galerías; y los políticos son malos actores, pésimos escritores y a veces no sé si pintan algo. En cualquier caso, las cuatro profesiones tienen en común que suelen ser de gente vanidosa.
Venderse a uno mismo, ésa es la clave para triunfar en la vida. No obstante, la vanidad puede ser muy negativa en la esfera privada; los seres queridos nos conocen muy bien y nos miran con amor, pero también saben de nuestros defectos. No debemos abusar de quienes tan bien nos conocen. Aquí sí que debemos ser humildes.
Pero no debemos olvidar si no queremos perder el norte lo que decía Jacinto Benavente: " El amor propio y la vanidad nos hace creer que nuestros vicios son virtudes y nuestras virtudes, vicios" Se puede llegar a lo patético por ser vanidoso. El ejemplo más claro, el de esas bellezas viejas que a base de botox y bisturí se convierten en Barbies de geriátrico, que diría en una ocurrencia feliz Victoria Beckham. O lo que es peor: en monstruos del lago. Más que del lago, del Spa.
Pese a que hay gente que llega a hacer esa clase de burradas, sin llegar a sus extremos, no está de más nos queramos un poquito para defendernos de lo delirante cotidiano. A veces, cuando estoy muy caído anímicamente, me preocupa cómo mis circunstancias han ido destruyendo poco a poco mi ego; cuanto más necesito tener el ombligo bien brillante para mirarlo, más pelusas aparecen a mi vista. Quizá lo que me venga bien es una pequeña dosis de egocentrismo. Si consigo elevar mi moral, que no me falte mi familia que me diga las cuatro verdades, si es que mis pies se elevan del suelo demasiado o siento ganas de ponerme tetas. Bueno, de esto último, no creo que me entren ganas.

viernes, junio 08, 2007

La historia, la de siempre: un hombre de éxito que lo tenía todo. De repente, todo lo pierde por un arrebato de locura. Esta vez, de la forma más cruel e inhumana posible: matando al ser más inocente del mundo. Su hija. ¿Por qué me es tan familiar esta historia de tragedia? ¿Acaso sabía Alberto que su historia ya estaba escrita? ¿Por qué Alberto no cambió el guión en el último momento, y en vez de sacrificar la vida de su hija hubiera sacrificado ese infernal trabajo suyo en la empresa de seguros Swiss Re?
Las oficinas de la empresa estaban situadas en un moderno rascacielos londinense al que popularmente se conoce como "pepino". No hace mucho, otro alto ejecutivo que trabajaba allí se tiró desde lo alto y se mató. El rascacielos parece un falo. Tal vez sea lo que mejor simboliza la cultura falocéntrica empresarial, que mata y a la vez se devora a sus hijos, una especie de Saturno moderno del que asoma un gran pene de oro macizo. El dios de la pistola de oro.
Alberto Izaga era uno de sus hijos, y en sus años de ejecutivo maduró una insania que dio como resultado una aberración. Él no podía equivocarse en su trabajo, y eso, paradójicamente, hizo que tuviera la mayor equivocación de su vida: seguir trabajando en un sitio donde eso tan humano como el error está prohibido. El no poder errar le deshumanizó y le convirtió en esa bestia que tanto están publicitando las páginas de sucesos. El capitalismo castiga el error con el fracaso, pese a ser el sistema más erróneo de todos los posibles. El capitalismo puede que nos conduzca al error final, es decir, a la destrucción de nuestra civilización. Por de pronto, condujo a Alberto a su propia destrucción personal, haciéndole cometer en su casa el gran error que no podía cometer como ejecutivo. Por cierto, el apartamento está situado en el mismo bloque donde se rodó "Match Point", la película de Woody Allen que trata de un hombre que comete un crimen por continuar con su estatus, su tren de vida fabuloso.
En el fondo Alberto, has hecho lo mismo: has cometido un crimen por continuar con tu estatus, tu tren de vida fabuloso ¿Qué hubiera pasado si te hubieran echado? A mí me han echado más de veinte veces y aquí me tienes, esperando
el siguiente momento de felicidad que sin duda tendré. Y al trabajo, que le den. Tú sin embargo, aunque te describen como una persona risueña y sonriente, dudo que vuelvas a ser feliz. Es más, dudo que en algún momento lo fueras. Es imposible ser feliz pensando en que te puedes equivocar.
Yanira se llamó tu hija. Puede que la matara la esquizofrenia. Yo creo que la mató el dinero, con el que no te puedes equivocar.