martes, abril 10, 2007


Me he comprado un cacharro de última generación para grabarme los temarios de las oposiciones, y lo que más me sorprende de todo lo que trae es que me dice "I love you" cuando lo enciendo. Lo que nos cuesta a los hombres expresar sus sentimientos y lo poco que les cuesta a ciertas máquinas. Deberíamos aprender todos de mi reproductor mp4.
¿A que nadie ha visto un reproductor de mp4 como el mío con problemas de depresión? Es lógico: no tiene problemas para decir lo que siente por ti. No pasa día que no me lo diga, cuando lo enciendo para grabar mis lecciones de la oposición, para escuchar música...
Claro que mi cacharro peca un poco de promiscuidad: se lo dice a todo el que lo enciende; es mostrárselo a alguien y decirle "I love you"
Es más, mi mujer me lo coge a escondidas ¿No tienes suficiente, cariño, con el amor que yo te doy, que me tienes que coger el mp4 para que te ame también?
Mi cacharro es japonés, y debe obedecer a esa obsesión que tienen los japoneses por hacer máquinas que imiten a la perfección el comportamiento humano, de ahí su obsesión por los autómatas ¿Pero dónde han visto los japoneses seres humanos que cuando los enciendas digan I love you sin venir a cuento? Los japoneses deben mejorar el comportamiento de las máquinas porque humanos así no existen. Claro que, los japoneses son muy suyos según para qué cosas. Nunca comprenderé porqué en todas las series mangas que hacen, los personajes se pongan a correr cuando ven a un ser querido a lo lejos, y cuando llegan junto a él se paren en seco sin darle un abrazo y cubrirle de besos ¿Entonces, para qué corren? Así que, si en un futuro, vuestro televisor japonés eche a correr hacia vosotros, no os preocupéis; en cuanto llegue a vuestro lado se parará en seco y sólo tendréis que decirle "I love you".
Yo, en verdad, prefiero la tecnología alemana. Tengo una lavadora "made in Germany" y todavía no me ha dicho buenos días desde que estamos juntos, y eso que vive en mi casa y la protejo de la lluvia. El pueblo alemán tiene fama de no exteriorizar sus sentimientos y a tal fama se deben; será por eso que la tecnología que fabrican no es propensa ni al llanto ni a la efusividad en general. No tenéis más que escuchar el GPS instalado en un coche alemán, para oír la frialdad con que la señorita que hay metida (que por cierto, qué bien ha aprendido español) te dice: "gire a la derecha.""Gire a la izquierda.""En la siguiente rotonda, coja la segunda salida." Desde luego, la señorita es muy competente como guía, pero está claro que en el trabajo no va a hacer amigos.
En fin, me voy a escuchar unas lecciones grabadas amorosamente por mi mp4. Después del trabajo, le acostaré en la camita de terciopelo que le han puesto en su caja, le contaré un cuento, y le daré un besito de buenas noches.
Hasta luego, corazones.

lunes, abril 09, 2007

Leo en el blog Manhattarattanttan una frase que me inquieta:
"En NY te sientes comodo porque a todos les interesa saber qué haces pero no saber quién eres."
¿Y qué pasa con los que, por circunstancias de la vida, no hacemos nada? Me refiero, claro está, a nada profesional. Porque ahora SOY un buen esposo, un buen hijo, un buen hermano, un buen cuñado, un buen yerno; SOY un potencial buen profesor, un potencial buen auxiliar administrativo, un potencial buen vendedor de palomitas, un potencial buen basurero, entre muchas potenciales labores. Pero lo que se dice hacer laboralmente, no hago nada, salvo las penosas tareas de buscar trabajo y prepararme las oposiciones.
¿Qué haces? En estos tiempos que corren es más importante esa pregunta que qué eres. Gustándole esa pregunta frente a la otra, el tipo que escribe ese blog se acaba de cargar la gran pregunta de toda la filosofía existente, desde el siglo IV antes de Cristo cuando los griegos, inteligentes como eran, fueron los primeros en interesarse por el quiénes somos, por el quién soy yo. Así hasta hoy, cuando los neoyorquinos decicieron que eso no era lo relevante y un español lo apoyó.
Pero claro, este cambio de preferencia obedece a los nuevos patronos: qué haces y si me apuras, cuánto ganas. No importa quién eres, como estás y en qué piensas, esa pregunta que tanto el gusta hacer las mujeres a sus parejas y que suelen hacer justamente cuando el hombre no piensa en nada.
El hombre del blog se siente a gusto con los neoyorquinos porque sólo le preguntan qué haces. Normal. Si tú le preguntas a alguien quién eres, con un poco de mala suerte, empezará con un rollo existencial y terminará hablándote de sus miserias cotidianas tan insignificantes que sólo le interesarán a él y te aburrirán a ti.
La única tristeza que no te aburre es la tuya. La única circunstancia interesante es la tuya.
El problema subyaciente de esta pregunta es que, implícitamente, trae consigo un silogismo atroz: "Si no haces, para mí no eres nada" O sea, que el ejecutivo es más ser que el indigente, que por no hacer, no es nada; el otro, por hacer mucho, es alguien para todos.
Qué tiempos más malos para los que estamos y no podemos contestar qué hacemos, porque para los neoyorquinos y para este tipo no somos nada.
Ha cambiado todo. Más vale que encuentre enseguida la respuesta a la pregunta de lo que hago, porque si no hago, a pesar de que me levante todas las mañanas, de que tenga sueños, de que ame, y de todo lo demás que hago y que suele hacer un ser humano, no soy nada.
Espero no encontrarme nunca con el tipo en Nueva York, ni aquí en Madrid.

domingo, abril 08, 2007

Salimos de una película que nos habla de éxito, y nos olvidamos que es tan importante en esta vida los actores como la palomitera que nos ha vendido el refresco y las palomitas; ella ha contribuido como los que están en la pantalla a nuestra felicidad aquella tarde. Sin embargo, olvidamos su cara más fácilmente que la del actor o actriz protagonista.
Vivimos en la cultura del desprecio de lo necesario frente al culto a lo superfluo. La gente cree que no necesita gente que le haga las palomitas, los bocadillos, que le ponga el café, que le reponga las estanterías del supermercado, que les cosa, que les ponga los ladrillos de sus casas, que le limpie las oficinas, que le limpie a sus hijos y ancianos. Todas esas personas hacen algo fundamental. Sin embargo, están muy mal pagadas porque hay muchos para sustituirles, pese a hacer algo que es imprescindible.
Dicen que cuando más responsabilidad tienes más debes cobrar. No estoy de acuerdo. Ahora es el tiempo en que más se paga la responsabilidad. Quizá demasiado. Ahora el ejecutivo de cualquier compañía gana 600 veces más que el último currito. Es un absurdo: La importancia de un ejecutivo nunca es 600 veces superior a la de un currito, y a veces es incluso menos.
Pero ahora, el limpiar, el cuidar, el dar de comer vale muy poco. En España, te pagan 300 euros al mes, por veinte horas semanales, seiscientos si haces una jornada de 40 horas semanales por cualquier trabajo de reponedor o vendedor de comida rápida (los mc job que quiere quitar del diccionario de lengua inglesa la multinacional McDonald "porque hiere la sensibilidad de sus empleados"). Con seiscientos euros no se paga un alquiler ni se tiene para comer aquí. Joven palomitera, si no tuvieras a tu familia a tu lado, que te proporciona la casa y paga las facturas de la luz que tú no podrías pagar, te puedo asegurar que estarías abocada a la indigencia.
Lo malo es que según la ley del mercado, hay que pagar poco los que pueden dar de comer, poner ladrillos, limpiar y cuidar. Sin embargo, son las cuatro cosas fundamentales del hombre. Lo demás, es pura , es pura simulación de lo imprescindible.
Y bueno, termina por hoy mi exposición de lo evidente. Se ha dicho esto mismo tantas veces y de tantas formas distintas, que me daba reparo tocar el tema otra vez. Se debería haber hecho caso a los que dijeron esto mismo antes que yo, que eran voces mucho más autorizadas que la mía. Me aburro hasta yo de escribirlo.
Aburren los tópicos que desgraciadamente son reales.

sábado, abril 07, 2007


Lo recuerdo perfectamente. Yo tenía ocho años. Estaba recién levantado, y papá dijo unas palabras que determinarían el destino de mi familia:
-Ya nos han dado el coche nuevo. Lo tengo aparcado en frente de la calle.
Entonces lo vi: hermoso, limpio, reluciente. Era un Talbot Solara. Los cromados de las puertas brillaban en contraposición de la perfecta negrura de las ruedas y de los parachoques. Los intermitentes tenían un naranja impecable, al igual que la luz roja del freno. Los cristales no tenían ni máculas ni rayaduras que afeasen su aspecto. Era, sin duda para un niño de ocho años, el mejor coche que había en el mundo. Pero todavía me aguardaban más maravillas en su interior.
Bajé corriendo las escaleras. Casi me llevo por delante a una vecina torturada por los peldaños y la artrosis, en malvada connivencia. Me increpó, pero yo sólo tenía oídos para el claxon de mi estupendo y flamante coche.
Llegué hasta él; se me salía el corazón por la boca. Entonces, mi padre, metió la llave en la puerta del conductor y... ¡Fiiiiip! Para mi sorpresa, los seguros de las cuatro puertas se abrieron a la vez ¿Podía haber algo más prodigioso? Sí, sí lo había. Cuando mi padre giró la llave de contacto, una feria de luces rojas montaron un tiovivo en el cuadro de instrumentos. Pensé que mi padre iba a arrancar el motor para poder escuchar la poderosa mecánica de nuestro vehículo... pero no. Antes de eso, mi padre, nos sorprendió a mí y a mis dos hermanos con un prodigio del que seguro no estarían preparados para verlo ni los mejores alquimistas medievales.
Accionó un botón y...
¡Dzzzzzzzip!
No me lo podía creer. Con un simple botón se subían las lunas de las puertas delanteras.
¡Dzzzzzzzop!
¡No sólo eso, también se bajaban. ¿A qué mente privilegiada se le pudo ocurrir eso? ¿A Edison, ése que inventó la alfombra voladora? Seguro que no, los elevalunas eran inventos demasiado buenos para él. Seguro que los inventó algún genio de los de verdad. Como Maradona.
-Estos botones, hijos, cuando los aprietas ponen en marcha los elevalunas eléctricos, y tienen de bueno...eeeeh...que no tienes que dar vueltas con una manivela... y te cansas menos en los viajes.
-¡Pero qué guay, papá! Este si que es un coche bueno, y no el otro, que tenía las puertas llenas de manivelas y se estropeaba enseguida el motor. Seguro que era por no tener elevalunas eléctricos.
Aquella noche no dormí, porque supe que en mi casa había sucedido algo muy importante. Yo entonces no lo sabía, pero lo intuía:
Habíamos ascendido dentro de la pirámide social de mi calle.
En mi barrio entonces sólo había un coche con elevalunas eléctricos: el mío. Los niños se asomaban a mirarle. No era para menos: su avanzada tecnología en mecanismos para subida y bajada de cristales, su tapicería de terciopelo gris, la calidad del plástico del salpicadero, entre otras cosas, llamaban la atención de cualquier experto en materia automovilística, y en mi calle había un buen puñado de expertos entre la gente menuda. Mi calle se dividía entre los eruditos de los coches y los eruditos del balompié, que eran los más. Entre los primeros, destacaba mi vecino del cuarto izquierda, que acababa de completar el álbum de cromos dedicado a las marcas de coches, tenía un tambor de Colón lleno de miniaturas y además su padre estaba mirando el comprarse uno de los de verdad.
-Joder tío, pues sí es bueno el coche de tu padre
-Es porque trae elevalunas.
En el colegio, empecé a sentirme respetado. Todos los niños me miraban con admiración: ninguno de sus padres tenía un coche con elevalunas eléctricos y eso me hizo sentir importante. Cuando íbamos con el coche, la gente nos saludaba cuando mi padre tocaba el claxon, y a mí no me cabía duda de que estaban pensando: "Ahí va esa familia pudiente del coche con alzacristales eléctricos." No me podía sentir más feliz y más pavo.
Pero como suele pasar en esta vida perra, un día estás arriba y al siguiente estás abajo:
-¿Sabes una cosa, Opo? Mi padre se ha comprado un Renault 18.
Un sudor frío empezó a correrme por la espalda. El tono de voz de ese chico no me gustaba. Intenté aparentar calma ante sus palabras, pero apenas si pude balbucear las preguntas que me estaban quemando en el cerebro:
-¿Se abren todas las puertas a la vez cuando tu padre mete la llave?
- Sí, por supuesto.
-¿Y se bajan las ventanas apretando un botón?
-Hombre, claro.
-No me lo creo. A verlo
Casi de inmediato, llegamos al sitio donde estaba aparcado el coche. El padre del chaval estaba abrillantándolo.
-¿Qué pasa, chavales?
-Hola Papá. Vengo a enseñarle el coche al hijo de Puri y Alfonso.
-Ved todo lo que queráis pero no me lo manchéis
-Papá..
-¿Qué?
-Que no se cree Opo que nuestro coche tiene elevalunas eléctricos.
-¿Pues cómo no los va a tener? Ahora los traen todos. De esta categoría, claro está. Además, este coche es mejor que el de tu padre, es diésel y gasta mucho menos.
No pude más. Me fui corriendo a mi casa y me tumbé en mi cama. Estuve llorando buena parte de la tarde, y mi pesar era tan grande que ya no me acordaba que hace pocos días había perdido media escafandra de mi airgamboys astronauta.
Pasaron los años, y mi barrio se llenó de coches con elevalunas eléctricos, con servo dirección, con ABS, con airbag, con ESP, con ordenador de a bordo y después, con GPS. Eso sí, todos seguían siendo o gasolina o diésel y sus dueños seguían discutiendo cúal de las dos posibilidades era la mejor.
Y esta mañana, mientras conducía, estaba meditando acerca de lo que nos gusta a los seres humanos lo superfluo e inútil en general, de ahí que surjan cosas como las estatuas de dudoso gusto que ponen en las rotondas de mi ciudad, la colección primavera-verano de la pasarela de Milán o las peleas entre hinchas en los estadios de fútbol. Entonces, apreté el botón para subir la ventana y ésta se quedó donde estaba. He tenido que dejar el coche en un depósito porque no se podía dejar en la calle con la ventana abierta. Entonces, me acordé de las manivelas y de Maradona.
Diego, no te lo podremos perdonar nunca.
¡Vaya faena has hecho al mundo entero inventando los elevalunas eléctricos y el fútbol!

viernes, abril 06, 2007

El libro segundo dedicado a la comedia de Aristóteles debe ser el libro no leído más conocido del mundo, gracias sobre todo a la novela de Umberto Eco, el nombre de la Rosa. El libro es falta irremplazable en el acervo cultural de Occidente. Nada menos, lo que el tiempo nos ha quitado es la interpretación aristotélica de una de las dos caras más importantes de la vida: la comedia.
La influencia de Aristóteles en la cultura occidental es innegable, aunque muchos no saben que su primer traductor fue el filósofo y médico musulmán Averroes, así que ¡Oh, sorpresa! Uno de los pilares de la cultura occidental fue traducido por este eminente musulmán. Que tomen nota esos que alientan todo lo que pueden el choque de civilizaciones.
Pero el éxito de Aristóteles fue, sobre todo, porque la Iglesia Católica, en cierto modo, se apropió de él y lo interpretó como Dios le dio a entender, y nunca mejor dicho. También es verdad que escogió de todas sus enseñanzas lo que le interesaba. La Iglesia siempre fue una gran publicista de lo que le interesaba, y silenciaba o eliminaba lo que no.
No se me malinterprete: no voy a acusar sin pruebas de la desaparición del segundo libro de la poética: se perdió en la noche de los tiempos, y la desaparición intencionada es una hipótesis más; sería estupendo que estuviera en un anaquel perdido de la biblioteca Vaticana, pero creo que eso es un buen argumento para el Código da Vinci II que poco tiene que ver con la realidad.
Lamentablemente, quizás hubiera estado bien tener esas meditaciones de Aristóteles para que la comedia estuviera en el lugar que le corresponde: a la misma altura que la tragedia. Realmente nunca lo ha estado, pese a ser una de las dos caras de la misma moneda. los que cultivan la comedia no son tan respetados como los autores que nos han hecho llorar o se han puesto estupendos de puro serios. Es algo que me parece injusto. No sé si os acordaréis de la polémica que hubo por la concesión del premio Nóbel a Darío Fo ¡El Nóbel a un cómico!¿A quién se le ha ocurrido tamaño dislate?
Un libro puede cambiar la percepción de la realidad; con su desaparición, el segundo tratado sobre poética de Aristóteles cambió la forma de percibir la comedia. De haber podido leerlo, el pensamiento occidental hubiera ido por otros derroteros, seguro.
Es una pena que a la comedia nunca se la haya tomado en serio. Salvo Aristóteles, que le escribió un libro.

jueves, abril 05, 2007

El otro día, en una charla de bar, con reciente espuma de cerveza en los labios, empezamos, cómo no, a hablar de política. Si se hubiera tomado la decisión de tomar la Bastilla en los bares españoles, no les quepa duda a los borbones que seguirían reinando en Francia. En España, las únicas cabezas que ruedan son las de las aceitunas y los dictadores tienen costumbre de morirse en la cama. Eso sí, que no me den una pistola, que mato a mi hermano.
En esas charlas de bar de decibelios por las nubes, de fritanga en los techos, de cambiar el mundo a fuerza de soplidos, una amiga mía, que siempre que hablamos se confiesa apolítica, que le encantan los realities de televisión, que a pesar de haber sido una sesuda universitaria le encanta hablar de banalidades, dijo una cosa que en su boca no dejó de sorprenderme:
-Hugo Chávez es un loco y un fascista al que deberían derrocar ya antes de que mande a Venezuela a la ruina.
-Einnnn?
Se me atragantó la cerveza ¿De dónde saca mi amiga esas ideas, ella que se jacta de su desinterés en la política, que se queda en casa los domingos de votación? ¿Cómo es posible que le indigne tanto el presidente de un país al que nos separan miles de kilómetros, y sin embargo dejarle indiferente la presidenta de la Comunidad de Madrid? Mi sorpresa era mayúscula, porque nunca he oído de su boca nada al respecto de su presidenta de la Comunidad de Madrid o del oponente de ésta.
Hubiera olvidado esta anécdota, si después, en una celebración familiar, no hubiera oído a mi tío lo siguiente:
-Chávez, de seguir así, va a acabar con Venezuela. Yo no sé cómo no ha entrado todavía los marines en Caracas.
Pero Dios mío ¿Qué le ha hecho Chávez a mis allegados? Me fui corriendo a conectarme a Internet, a ver si encontraba páginas web en las que dijeran que Chávez come niños. Bueno, parece ser que todavía no se los come. Busqué más. Nada. Sólo que Chávez es un tal y es un cual...pero... ¿Cómo va la economía de Venezuela?¡No dice nada! Por cierto ¿Hizo pucherazo, como el segundón Bush la primera vez? Parece ser que no, había observadores internacionales que validaron la reelección del venezolano. ¿Entonces está el pueblo contento? Parece ser que sí, salvo cuatro multimillonarios que hacen lo que pueden para cargárselo.
¿Por qué se creen con derecho para derrocar a un presidente democráticamente elegido?
Si Chávez ha pasado todos los controles existentes que debe pasar un demócrata, entonces... ¿por qué no le respetan? ¿Por qué exportan al mundo toda esa mala uva, parte de la cual ha sido inoculada a mis allegados?¿Quién ayuda a propagar ese virus que tiene como fin último el matar la fama de Chávez?¿Tanto poder tienen esos multimillonarios bananeros?.
Leí en Internet un artículo en el que decía no se qué de una conspiración para derrocar a Chávez de las grandes corporaciones mediáticas europeas y estadounidenses, pero yo no me lo creo. ¡Pero si siempre han ido en pos de la verdad y de la democracia!
¿Por qué querrían derrocar a un presidente democráticamente elegido?

miércoles, abril 04, 2007

Según la época, existen lugares comunes a los que suelen acudir los escritores para citarse con las musas. A finales del siglo diecinueve y principios del veinte, a los escritores españoles les gustaba ir a los zaguanes. Los zaguanes, según mis recuerdos de la infancia, de veranos pasados en un pueblo de Castilla, son esos lugares fresquitos (a consecuencia de los anchos muros que se construían antes) de una casa que comunican directamente con la calle y eran donde se recibía a la gente. Los zaguanes eran lugares estupendos para colocar unas sillas de enea e invitar al visitante a un jarro de vino.
Con lo unido que ha estado el vino a la literatura, normal que a nuestros escritores les gustaran los zaguanes.
Lamentablemente, los zaguanes comenzaron a desaparecer con la generación de escritores de Camilo José Cela, que por cierto, a nada que metiera el campo en sus novelas y en sus libros de viajes, ya aparecían los zaguanes a tutiplén. En las ciudades no hay zaguanes, esos lugares tan literarios, tan placenteros y tan suprefluos. En las ciudades vivimos hacinados en pisos. Un zaguán es inconcebible, porque para que exista un zaguán debe haber ante todo, unas ganas de pasar el rato en paz. La vida en ciudad hay de todo, menos paz y espacio para un zaguán.
Casi todos los escritores que escribieron sobre zaguanes castellanos vivían en ciudades grandes en las que un zaguán era algo exótico:
"El zaguán parecía una fresca tiniebla(...)" (Ortega y Gasset)
"Sale la luz de una casa. Acerquémonos. La casa tiene un ancho zaguán: a un lado hay un viejo telar; al otro, delante de una mesa en que se ve un atril de música, hay un viejecito de pelo blaco y un niño." (Azorín)
""el zaguán donde te desnudé sin quitarte la ropa". (Joaquín Sabina)
Bueno, menos mal que el maestro Sabina nos recuerda que los zaguanes nunca terminaron por desaparecer del todo.
Ahora es Semana Santa y queda ya poco para volver a mi pueblo de Castilla, donde se pueden ver zaguanes y no conformarte conque sólo sean escenarios de tus sueños .
Beatus ille aquél que en un zaguán besó al vino o besó al amor.

martes, abril 03, 2007

Parece ser que estamos de cumpleaños. Los blog cumplen diez años. Debemos dar gracias a David Winer por inventarlos, porque verdaderamente han traído democracia a esta cosa tan dictatorial que era la sociedad de la información; creo que no soy el único que piensa que ésto era antes nada más que una merienda de negros. En cierta manera, lo sigue siendo, pero ahora se parece más a una vaca espantándose las moscas con el rabo. las moscas somos, por supuesto, los que hacemos y leemos bitácoras.
En lo personal, estoy muy agradecido al tipo. No encontraba yo la manera idónea de dar rienda suelta a mis inquietudes literarias. Como mis poemas no son para ganar premios, y dudo que algún editor se digne a publicarme mis novelas, tengo aquí la plataforma idónea para hacer volar mi creatividad, poner en negro sobre blanco mis ilusiones, esperanzas, reivindicaciones y demás.
Creo que esta posibilidad que nos ha abierto Internet nos ha hecho más libres. Siempre nos están alertando sobre la necesidad de control y en estos diez años hemos visto que el mundo es mejor sin necesidad de control. La gente sabe más ahora. Tenemos la posibilidad de que nos lean y que nuestras opiniones cuenten. Estoy seguro de que muchos desalmados serían a ojos del mundo menos desalmados si Internet no les hubiera quitado el velo que oculta su maldad. Internet es el espejo de Dorian Grey en el que no se quieren mirar muchos poderosos; es el niño que dice que el rey está desnudo.
Me río de aquéllos que anuncian los peligros de los blog ¿Peligros para quién? ¿Para ti, astuto lector, que ahora miras cualquier diario de información tradicional con recelo, consciente de que más de una vez te han engañado? ¿Para ti, creador y bloguero, que te ha posibilitado el dar rienda suelta a tu creatividad?
En los imperios que ha habido en el mundo, generalmente se ha dado lo peor y lo mejor. Los norteamericanos no son la excepción, y fue un norteamericano el que creó Internet y otro el que creó el concepto de blog, y ambas cosas sirvieron para que el mundo entero hablara mal del tercer norteamericano, el que tiene oval el despacho y la cabeza.
Es una lástima que yo no pueda contarme entre los pioneros que empezaron a escribir blog en castellano. Siempre tengo la sensación de que a todo llego tarde. Sin embargo, más vale tarde que nunca.

lunes, abril 02, 2007

Aparte de los blog de los amigos que he ido haciendo en internet, leo con interés el blog de Martín Varsavsky, un argentino que lleva ya montadas aquí en España tres empresas de telecomunicaciones. Recomiendo leer su blog a toda aquella persona que quiera iniciarse en el proceloso mundo de los negocios; de Varsavsky puede aprender bastantes lecciones. O no, porque casi nunca habla del "método Varsavsky" para ser emprendedor y rico en pocas semanas. Yo creo que es porque Martín es de esa clase de personas que sabe hacer las cosas pero no sabe cómo explicarlas; o necesitaría mucho tiempo y muchos blog para explicarlas.
Varsavsky fue, a mi juicio, muy amable por reflexionar sobre el por qué de los bajos sueldos que se pagaban en España; recordemos que mi país es una de las diez economías más fuertes del mundo; sin embargo, la gran masa de población recibe unos sueldos bastante penosos; os puedo decir que hay un gran descontento entre las capas más bajas de la sociedad. Sin duda, mi país ha escogido la peor cara del neoliberalismo vampírico y especulador.
Martín Varsavsky, aunque neoliberal, rechaza muchas de las cosas de este neoliberalismo a la española: critica los penosos sueldos que paga, por ejemplo, Telefónica (se debe referir a su empresa subsidiaria, Atento)y también habla, elevando el tono de la crítica, de los monopolios de las Telecomunicaciones que están pegándose la gran vida a costa de trabajadores y consumidores. Pienso que el denunciarlo es una actitud que le honra, aunque, todo hay que decirlo, habla mal de sus potenciales competidores con algo de interés; desprestigiarles forma parte de la batalla.
En cuanto a los licenciados mileuristas, también nos da estopa: dice que por problemas de mentalidad de la universidad española, se nos educa para ser curritos y no para ser emprendedores, se nos forma como si fuésemos discos duros a los que hay que llenar de información (la expresión es mía) y no almas creativas que con su inventiva generan puestos de trabajo. Claro, la gente como yo se puso de uñas y la tomaron con el pobre Martín, al que le llovieron palos a mansalva.
Intentando interpretar la idiosincrasia española, olvidó una parte muy importante del carácter español: nosotros podemos criticar nuestro país y nuestras costumbres todo lo que nos dé la real gana; que consulte el que quiera las hemerotecas y la literatura españolas, que las encontrará llenas de quejidos y llantos por nuestro país, sin embargo, que venga uno de fuera a enmendarnos la plana, que recibirá la del pulpo y la del otro. Eso es lo que le pasó al sorprendido Varsavsky. Esperemos que los españoles aprendamos de una vez por todas a aceptar las críticas foráneas.
Es que algo de razón sí que tiene: al español le tira más el ser funcionario que el ser emprendedor (yo soy la prueba de ello) y que de éso se han aprovechado las
empresas españolas. Pero también creo que no todos tenemos por qué ser emprendedores; se minusvalora la importancia del obrero en una empresa. Eso sí que es el error Varsavsky y en general, el error neoliberal.
Tal vez, el señor Martín, de tanto montar nuevas empresas, no concede el valor del día a día, la función de los obreros. Sin obreros, por mucho que quiera el constructor, no hay edificios. Sin la paga que se da a los obreros, no hay mercado. Afortunadamente, el señor Varsavsky esto último sí que lo tiene claro.
La sumisión española, que desdeña al emprendedor, tal vez se deba a que fuimos durante cuarenta años un país católico y dominado por un fascista. Ser sumiso es buen salvoconducto para sobrevivir en los totalitarismos, y cuando murió el dictador nos quedó a todos en la cabeza un "sistema operativo" a prueba de errores libertarios, creativos o emprendedores.
No eche la culpa a la universidad, señor Varsavsky. Métase en el bar de un barrio cualquiera. Escuche las voces de los españoles. En el suelo, entre huesos de aceituna y servilletas de papel arrugados, acaban todas nuestras reivindicaciones y nuestros deseos de ser emprendedor. Y los decibelios, parafraseando al poeta, juguetes de viento son.

domingo, abril 01, 2007

Hay frases en mi vida que han tenido una trascendencia tremenda. Son claves de mi vida:
-¿quedamos mañana para ir al cine?
-Se va abrir una bolsa de trabajo. Podrías apuntarte al examen que van a hacer
Estas frases, tan normales, son el origen de mi matrimonio y de uno de los mejores trabajos que he tenido. De la última, recuerdo que me apunté sin esperanzas, hice el examen sin convicción, pero en contra de lo que yo preveía posibilitó, al aprobarlo, el que yo consiguiera un buen trabajo, aunque temporal. De la primera, ya he hablado muchas veces de las consecuencias que ha tenido en mi vida.
-¿Por qué no escribes un blog?
Efectivamente, la idea no fue mía. Acción y reacción. El primer motor de este blog es una propuesta que un amigo me hizo. O sea, que estas líneas que escribo son producto de la idea que tuvo otro. Todo lo bueno que me pase por escribir este blog se lo deberé, en parte, al que me hizo esa sugerencia. Por de pronto, he conseguido una cosa que llevo ansiando muchos años: escribir algo parecido a un libro. Antes no me veía capaz.
Ahora, en la época del incongruente individualismo, donde la única influencia que se acepta es la de los medios de comunicación de masas y de la publicidad, no debemos desdeñar el consejo y la sugerencia de los que nos quieren. Pueden estar equivocados, pero sus fines son mucho más altruistas que los de un aparentemente simpático anuncio de refresco. El fin último de un anuncio de refresco no es lo bien que tú te sientas bebiendo el líquido, sino los dineros que dejas en la caja; las arrugas de tu cara le importan menos al anunciante de cremas que su cuenta corriente.
El consejo gratuito y desinteresado puede ser muy rentable para el que lo recibe. La sugerencia hecha a vuela pluma te puede cambiar la vida. Tal vez por eso, los bancos imitan en su publicidad al consejo del amigo. pero tanta hipocresía salta a la vista del cliente avisado. Hay un banco que se jacta de tratar a sus clientes de tú, así lo dice en su publicidad. Sin embargo, de sus tratos con él nada sacaremos de provecho. Encima, no nos guardan el respeto debido. Si queréis un consejo, coged sólo los consejos y las sugerencias de los próximos. Huid como de la peste de los que os vienen de la telvisión o la prensa. Quien da consejos para su propio beneficio está robando al prójimo. Ya sabéis vosotros que nos han robado mucho.

sábado, marzo 31, 2007

Por mis padres soy el que soy, pero también soy el que soy por mis hermanos.
Los hermanos son los segundos seres de tu vida con los que estableces un diálogo cotidiano, y el diálogo es intercambio de conocimiento. Si las vivencias son lo que tú eres (Recuerden: yo y mis circunstancias), por los hermanos tienes conciencia de ti mismo, porque son también parte de ti mismo. Aquél que odia a sus hermanos, en el fondo, está odiándose a sí mismo.
Mis primeros recuerdos de mi vida, aparte de un joven al que le principiaba la calvicie y una mujer de dulce mirada y pelo corto, son una niña viendo cómo se alejaba un barquito hecho con una tarrina de mantequilla en un riachuelo y un bebé enorme vestido con un pijama de múltiples colores en una cuna. Esos niños son de los primeros seres que yo he visto en mi vida y sé que son los responsables de ser el que soy y de no ser el que no soy.
Las primeras lecciones de compartir, tolerancia, solidaridad y conviencia las aprendí con ellos. Mis juguetes no eran mis juguetes, eran nuestros juguetes (para desgracia de mi hermana sobre todo, a la que más de una muñeca rompí); mi habitación no era mi habitación, era nuestra habitación (aunque al cabo de tiempo, con lo bibliófilo que siempre ha sido mi hermano, fue más su habitación que mía); su dolor era mi dolor y sus sufrimientos eran mis sufrimientos. Mi vida no se entendería si borraran de mis recuerdos las partes en las que están mis hermanos, que son casi todas.
El éxito que ellos consigan en la vida, como el éxito que consiga yo, serán en gran parte debido a lo que hemos vivido juntos y a lo que hemos aprendido en común. Hemos sido a la vez maestros y discípulos los unos de los otros. Si puedo mirar al pasado sonriendo es porque ellos están en él, porque ha sido ahora cuando me he dado cuenta de que en ninguna de las experiencias desagradables que he vivido estaban ellos, y sí en todas las que fui feliz.
Y recordar, por supuesto, a ese hermano tardío que tuve a los veintiún años pero que paradójicamente tenía la misma edad que yo: mi cuñado. Tú ya no viniste para enseñarme más cosas, pero viniste para hacerme disfrutar otra vez de la experienca de volver a conocer a un hermano. Ahora, tú y mi hermana sois padres y me hacéis a mí un poco padre también.
Decía Unamuno que entregarse a los demás es desvivirse. No estoy deacuerdo. Nosotros,
al desvivirnos por ser hermanos, hemos vivido a la enésima potencia. Papá y mamá no se desvivieron por nosotros. Papá y mamá, al dárnoslo todo, VIVIERON.
Y yo, estando con todos vosotros, mi famila, tampoco me desvivo...
...Yo, VIVO.
Y ahora, me voy a merendar una magdalena mojada en té.

viernes, marzo 30, 2007

Estamos entrando ya en la Semana Santa. Siempre he considerado la Semana Santa como un avance del verano. Cualquiera prescinde de estos cuatro días de asueto y relajo. La Semana Santa es una de las causas más poderosas por las que la gente no ha apostatado en masa de la Iglesia Católica. Gracias a la Semana Santa y demás puentes la vida se hace más llevadera y se generan días para recordar, mientras que los días trabajados se van olvidando con el devenir del tiempo, de tan parecidos que son unos a otros.
Supongo que a Jesucristo, ese jipi carismático e inteligente, no le gustaría que año tras año se celebrara su muerte. Como buena persona que era, no se opondría al descanso de los cuatro días, pero ¿quién en su sano juicio quiere que le recuerden su propio martirio? Es como si de pronto, los musulmanes decidieran que hacer una fiesta, en honor de los presos de Guantánamo, haciéndoles recordar año tras año lo mal que lo han pasado. Las religiones se asientan sobre los duros y anchos pilares de la incongruencia.
Estoy convencido de que una de las razones por las que la Iglesia Católica gestionó durante tanto tiempo el calendario laboral es por una razón muy simple: quien impone los días que no se trabaja queda bien ante el pueblo. Si lo hubiera hecho una de las actuales multinacionales modernas, muchos hubiéramos dicho que no se trata de otra cosa que de una oscura campaña de Márquetin para lavar la imagen de la compañía.
Pese a lo desacreditada que están actualmente las religiones, creo que no caerán porque aún les quedan las fiestas.
Por eso, yo propongo que los días de fiesta no se quiten pero que se transformen: el día de todos los Santos se denominará a partir de ahora el día de todos los cantos, y se celebrará con conciertos y campeonatos de tiros de piedra. La Navidad se llamará "la fiesta de las transamilasas y el colesterol" En honor de lo que se te dispara en tu organismo por comer y beber demasiado. Sustituiremos los Santos por estrellas pop, así en vez del día de San Miguel arcángel, tendremos el día de San George Michael porrero y por supuesto, en vez de tener Semana Santa, tendremos Bendita Semana (de descanso).
Seguro que el jipi de 33 años ve estupendas estas reformas.

jueves, marzo 29, 2007

Hoy, por fin, he terminado mi trabajo. Por primera vez me siento bien de que se me acabe un curro, laburo o como queráis llamarlo.
Habrá quien piense que es porque había mal ambiente de trabajo. Nada más lejos. Mis compañeras eran todas personas amables, colaboradoras y trabajadoras. En general, el concepto que tengo de las mujeres es que trabajando son muy competentes, más que los hombres. Debe ser por el cuidado que ponen por el detalle a la hora de ejecutar las cosas. Yo creo que, de todo el grupo era el que menos amor tenía por el detalle. Será porque soy hombre, yo qué sé. Siempre tengo la sensación de que se obsesionan más por hacer las cosas bien que nosotros los hombres. Tal vez por eso sus expedientes académicos sean tan brillantes y lo hagan tan bien todo. El ejemplo más claro es que aquí en España, las compañías de seguros suelen rebajar el seguro de las conductoras . Ya véis cómo están las cosas.
Sin embargo, este curro que nos ha tocado hacer no era ni para hacerlo bien ni para hacerlo mal. Era para no hacerlo. Os digo que jamás he estado yo en un trabajo más desagradecido, el de quitar y poner puntos basándome en una normativa de baremación que, entre nosotros, creo que era un poco caprichosa y mal hecha y me ha hecho vivir cosas especialmente desagradables.
No me gustó, por ejemplo, el tener que decirle a una pobre mujer guineana que no podía optar a un puesto de trabajo en almacén porque carecía del título de graduado escolar. Todavía veo sus ojos suplicantes, surcados de arrugas, diciendo "quiero un trabajo, necesito trabajar".
No me gustó el tener que decirle a muchas personas que sus largos años trabajando en el sector privado no le valían, porque la normativa exigía para esa categoría en concreto que los puntos se dieran sólo a los que trabajaron en el sector público, pese a que el trabajo era de la misma categoría.
No me gustó ver cómo abundan vidas laborales con contratos de días, semanas, meses. ver cómo somos mercancía de usar y tirar, ver cómo se están riendo de todos nosotros. Ver que el trabajo digno no existe más que para unos pocos privilegiados.
No me gustó la aflicción con las que se levantaban muchas personas después de que las evaluáramos, llegando algunas al llanto.
No me gustó el inmenso gasto de papel que se ha tenido que hacer para 60 plazas, distribuidas en varias categorías. No exagero si digo que entre todos habremos generado mil kilos de papel, por lo menos. Mientras, como dice la canción, la selva Amazonas estira la pata.
No me gustó nada que yo, temporal, tuviera que evaluar a otros compañeros temporales; no me quiero imaginar su reacción al ver que yo participo en el mismo examen en el que están ellos. Yo no sé a quién se le ocurrió tamaña perversidad.
Y por último, no me gustó nada que para 8 cochinos puestos de auxiliar administrativo se hayan apuntado 1800 personas; un trabajo que puede realizar cualquiera con un poco sentido común y algo de orden. Estoy más que seguro que cualquiera de esas 1800 personas pueden realizar competentemente ese trabajo ¿Qué absurdo mundo es éste, que nos lleva a realizar proezas como la de quedar entre los ocho primeros de 1800 para luego tener un sueldo tirando a miserable?
Cuentan que en el juicio de Nuremberg, los alemanes encargados de los campos de exterminio hablaban de su trabajo como gestores, nunca como militares. Daba la sensación de que en vez de hablar de un campo de exterminio, hablaban de una fábrica de botones. "El gobierno alemán me mandó hacer ésto y yo me limité a cumplir las órdenes" Decían muchos para evitar el pensar en su culpa. Mis compañeras y yo, a menor escala afortunadamente, hemos sido como esos alemanes, trabajando para una selección injusta y alimentando con nuestro sudor las calderas de esta monstruosa maquinaria que es el sistema en el que vivimos y del que es muy difícil, sino imposible, salir.
Vivan todos aquellos que luchan por cambiarlo, que cada vez son menos. Desde aquí les brindo un sentido homenaje.
A ver cuándo hacen un monumento a aquellos alemanes disidentes, que oponiéndose al sentir general de la Alemania gobernada por los nazis, tuvieron la valentía de nadar contracorriente. Yo, en esta época que me ha tocado vivir no lo he hecho. Me vendo y mi precio es muy bajo: cuatro cochinos duros por dos meses de trabajo, y lo que es peor:
no sé muy bien a qué demonios estoy jugando.

miércoles, marzo 28, 2007

Dicen que la poesía ha muerto. Larga vida a la poesía. Vengo del tren y la gente lee periódicos gratuitos. En uno de esos periódicos olvidados por alguien leo los comentarios al respecto de algunos de los más famosos intelectuales de la cultura celtibérica. Todos están preocupados.
En otro periódico gratuito leo que según un investigador llamado Eudald Carbonell, en el presente siglo desaparecerá el 50 % de la humanidad por el crecimiento demográfico y los desarreglos del ecosistema.
Cada vez se te quitan más las ganas de leer periódicos: los de pago te mienten o te intentan manipular, los gratuitos te desmoralizan.
Verde que te quiero verde. Desaparece el verde del poeta y el verde de las praderas.
El mundo no está bien hecho.
Sin embargo, he tenido la suerte de leer muchos blog de poetas, ¿quién dijo que estaba todo perdido?
A principios del siglo pasado, un estudio denunciaba que por culpa de los excrementos de caballo se colapsarían las vías de las ciudades, y llegaron los coches. ¿Qué sustituirá a los coches para que no se colapsen los cielos? Seguro que algo se descubrirá, no os quepa la menor duda.
No morirán los poetas y aprenderemos a cuidar el mundo, a cuidarnos a nosotros.

martes, marzo 27, 2007

Sabía que iba a pasar.
Hasta las doce y media con el limón y la sal del demonio
Hoy me he despertado más temprano que de costumbre, no sé si por culpa de Julieta Venegas.
"Tengo que confesar que a veces..."
Las cinco de la mañana. Hasta las siete y media no sonará el despertador.
"no me gusta tu forma de ser..."
A ver, lógico, todos tenemos defectos y hay días mejores que otros
"luego te me desapareces..."
¡Por Dios, qué horror de frase!
Y por fin, el estribillo que me acompañará toda la mañana
"Yo te quiero con limón y sal, yo te quiero tal y como estás"
y mi cerebro, en lugar de dormirme hasta que llegue la hora de levantarme empieza a repetir como un disco de vinilo rayado: "yo te quiero con limón y sal, yo te quiero tal y como estás.."
¡Basta, por favor!
"no hace falta cambiarte nada"
¡aaaayyy!
Empiezo a dar vueltas en la cama. Mi chica, que me quiere con limón y sal y a la que no hace falta cambiarme nada aunque a veces se pregunte si vengo o si voy, si subo o si bajo o si no estoy seguro de lo que siento, sigue dormida. Hasta las seis no se levanta. Espero estar dormido para que no me encuentre con un humor extraño.
"Yo te quiero con limón y sal, yo te quiero tal y como estás"
Esto de ser obsesivo-compulsivo a veces trae más problemas de la cuenta. Vaya mañana que voy a pasar con la cancioncita del demonio. Ya me estoy viendo, con mi cara de funcionario, delante de una persona temerosa de que le rechace sus impresos, cantándole a viva voz:
"Yo te quiero con limón y sal, yo te quiero tal y como estás"
¿Por qué habrá melodías tan pegajosas? Podría habérseme pegado algún adagio de Mozart, por ejemplo, que dicen que activan el cerebro y potencian la inteligencia, como ciertos productos milagrosos que anuncian en la tele. Pero lo cierto es que a Mozart se le escucha poco, y a Julieta Venegas, lo difícil es no escucharla.
"Tengo que confesarte ahora
nunca creí en la felicidad"
Hasta me he aprendido la canción y todo. Me imagino al novio de Julieta Venegas, ése que no sabe si viene o si va, como uno de esos mocetones con tabletas de chocolate rodeando el ombligo que salen en los culebrones mexicanos "¿Quién es ese hombreeee, que me mira y me confiesaaaaaa....?"
Estoy empezando a no creer yo tampoco en la felicidad.
¡Menuda mañana voy a pasar con la maldita canción de Venegas en la cabeza, repitiendo una y otra vez, si vienes o si vas y lo del limón y la sal! Que alguien le ponga un tequila a esta pobre chica.
"Sólo tenerte cerca
siento que vuelvo a empezar..."
Ése va a ser mi problema esta mañana, que presiento que vuelvo a empezar...con el limón y la sal.

lunes, marzo 26, 2007

Ya se sabe quién es la nueva Miss España: una chica del norte llamada Natalia Zabala. El jurado la eligió por su elegancia y su mirada. Yo opino que la eligieron por lo seca de carnes que está; en estos tiempos que corren, es el único patrón de belleza que cuenta. Sus medidas son de 90-62-90, que están muy bien para una mujer de metro sesenta
y cinco, pero para una chica de metro setenta y siete se quedan un poco escasas. Vamos, creo yo.
Pero no era mi intención el entrar en detalles sobre la selección de la miss España; lo que yo quería hacer era denunciar una vez más esos concursos odiosos que hace tiempo tenían que haber desaparecido como eventos importantes dignos de salir en los periódicos. Pero como tantas otras veces tengo la sensación de que es otro grito más en el vacío: no hay nada más extenuante que la lucha contra la inercia que mueve la sociedad. Los concursos de belleza son parte de esa inercia, como el seguir usando motores que funcionan con gasolina o el culto excesivo a la avaricia.
Cuántas veces habrán dicho que esos concursos son denigrantes y machistas, pero ahí seguimos, año tras año se sigue eligiendo a la mujer más guapa según el canon de belleza al uso, por estúpido que éste sea. Y el de esta época, es de los más estúpidos que se hayan visto nunca.
Luego pasa otra cosa: que los medios de comunicación le dan una importancia al acto que sin duda no tiene. En casi todos los sitios de los media puedes encontrar un rincón donde ponga el nombre de la miss. Es más, hasta hay un periodista-jefazo que ha sido un asiduo de esos eventos hasta hace poco. Se llama Luis María Ansón. Aquéllas que les preocupan las actitudes machistas harían bien en buscar restos de falocracia en las redacciones, pues sospecho todavía hay. Si no, ¿A qué viene esa sospechosa cobertura a esos festivales de la superficialidad?
Queridas amigas mías, os prometo que este relato no es para hacerme el guay con vosotras. Tenéis razón cuando decís que esto debería desaparecer, con toda la estulticia que trae consigo este tipo de certámenes.
'No descarto una operación estética si es necesario' dice la muchacha recién elegida. Las clínicas de estética harán su agosto. Y mientras, nos cobran un canon por sacar a Rousseau de la biblioteca.

domingo, marzo 25, 2007

¿Habéis escuchado alguna vez Oxygene 4? Me imagino que sí. Si alguna vez habéis visto programas de televisión de temas paranormales, si hablan de extraterrestres o de civilizaciones perdidas, es muy normal que te la pongan. Tanto es así, que yo me imagino que en los OVNIS que se usan los extraterrestres para los avistamientos aquí en la tierra, tienen puesto en el radiocd a todo volumen, con este tema de Jarre, para entrar en el ambiente. Nada de ese tonto pipopipopiii con el que se comunicaban con nosotros en la película de "Encuentros en la tercera fase" ¡Qué sabrá Spielberg de extraterrestres!
Si yo me presentara ante la raza de terrestres no demasiado inteligente que es la humana, pondría el Oxygene 4 para epatarles y para hacerles ver que respeto y valoro sus costumbres, su folclore y sobre todo su música electrónica audible y relajante. Ahora, si yo fuera un gobernante extraterrestre con ánimo de guerra y de exterminio del género humano en la tierra, pondría en los altavoces de todos los OVNIS de mi escuadrilla, Bakalao rompetímpanos a todo volumen y que se jodieran todos los humanos, ese cáncer que le ha salido a la naturaleza tan molesto y amenazante (A lo mejor, Gaia ha hecho que inventemos las bombas atómicas como una quimioterapia en caso de que sea imposible que nos volvamos razonables a tiempo).
Yo empecé a escuchar Jarre con dieciséis años, cuando leía Asimov y cuando creía que todo era posible, hasta que los extraterrestres existieran. Os lo confieso, era un tema que me interesaba. Unos, en su adolescencia, se obsesionan con las hadas, la edad Media, las novelas fantásticas... a otros, les encanta el espiritismo, los OVNI. Ser adolescente consiste en hacer y pensar cosas raras, es como si estuvieras dando clases prácticas de conducir tu propio yo. No sé si por afán de socializarme o por lo que fuere, yo tenía la necesidad de darme importancia ante las chicas con el tema OVNI. Y claro, intenta tú seducir a una chica hablándoles de avistamientos; con lo asentadas que tienen por lo general las mujeres la cabeza, incluso en la adolescencia; huían despavoridas. Tal vez conquisté a mi mujer gracias a que con ella jamás hablé del tema OVNI.
Ahora bien, he de reconocer que de todo aquello me quedó la afición de escuchar la magnífica música de Jarre. Yo he llegado a sentirme fenomenal escuchando su discografía. Me encanta la euforia que transmite su música electrónica, sólo comparable con la euforia que produce escuchar a Mozart.
Lo que más me gusta de Jarre, sobre todo en estos tiempos de calentamiento global y de amenazas a nuestra tonta especie, es que transmite una sensación de optimismo. De verdad creo que el compositor es de los que creen que el porvenir es bueno. Su música no la puede haber hecho un pesimista.
Hace 31 años que publicó su primer álbum, Oxygene, y como todas las cosas buenas, envejece bien. Tanto es así, que estoy seguro de que hay alguien que lo escucha por primera vez y piensa que está grabado anteayer.
Gracias, Jarre, por hacernos sentir el futuro con optimismo

viernes, marzo 23, 2007

Hace pocos días murió José Luis Coll. Era parte de uno de los mejores dúos cómicos que jamás ha dado España. La otra parte, era el que murió hace unos años, Luis Sánchez Pollack, Tip.
Eran enormes, geniales. Juntos hacían el mejor humor blanco que haya hecho nadie. Por desgracia, nadie ha seguido su estela. Si tenemos que buscar otra pareja que les haga sombra, los únicos que se les acercaron fueron Martes y Trece.
Curiosa pareja la de Tip y Coll. El uno alto, religioso, tradicional y de derechas; el otro, bajito, disoluto y de izquierdas. Ambos muy inteligentes. Tip, además, era una bellísima persona, con una bondad que desarmaba a los que tuvieron la suerte de conocerle. Os recomiendo que si podéis, os hagáis con los vídeos de sus trabajos. Cuentan que cuando murió, dejó a su compañero desorientado, huérfano. José Luis Coll reconoció alguna vez que jamás pudo reponerse de la muerte de su amigo del alma, pues Tip era de los que daba a los demás razones para vivir.
Recuerdo que ambos hicieron un programa en una cadena de Televisión privada que se llamaba "este país necesita un repaso" Yo no hacía más que esperar las intervenciones de Tip, y os puedo asegurar que jamás, jamás me defraudaba. Era un torrente de ingenio y espontaneidad. Me iba siempre a la cama con una sonrisa en la boca, con el diafragma roto de tanto reír. Mientras, Coll siempre aportaba un comentario inteligente, un juego de palabras lleno de ironía, que más parecía de un anglosajón que de un latino.
Hoy me he acordado de ellos porque vivimos días en que parece que las dos Españas que
ambos representaban son irreconciliables. Parece que es como si hubiéramos dejado de vernos los unos a los otros como lo que somos, hermanos, como lo eran ellos, y no nos vemos más que como monstruos deformados por nuestras respectivas ideologías. Me da lástima que nuestros gobernantes vuelvan a repetir el mismo error que cometieron los de nuestros abuelos, que mi país vuelva a ser escenario de la obra "Caín, Abel y una mancha de sangre caída en el suelo".
Ahora hay mucho enfrentamiento. Sólo hay que echar un vistazo a la prensa y a ciertos foros y no ves más que odio entre gentes de uno y otro lado del espectro ideológico: ¿Dónde está esa concordia de la que tanto se habla en los campanudos discursos?
Hay una imagen de Tip y Coll que no se me borra de la mente: están de espaldas, vestidos con chaqué, dándose la mano ("dame la manita Pepe Lui", decía una de sus divertidas canciones)
¿Se estarán avergonzando de nosotros y por eso nos dan la espalda?
Ahora leo cosas de la gente de uno y otro lado que escribe con las vísceras, con el colmillo retorcido, y me da mucha pena y miedo; yo no quiero ni pensar en otra lucha fratricida en mi país.
Me gustaría que todos reflexionásemos sobre el ejemplo que sin quererlo nos dieron esos maravillosos cómicos que tanto se quisieron, pese a ser de ideologías diametralmente opuestas. No nos merecemos, ni los de una parte ni los de la otra, una nueva fosa de sangre. Pensemos en todo lo que hemos conseguido juntos.
No soporto más enfrentamiento. Pido a los políticos que nos representan, de los dos partidos más importantes, más el poder mediático de los dos lados del abanico, que dejen de jugar con los instintos más bajos del pueblo.
Más que nada, porque ya no tenemos a esos dos sabios que con la risa nos ayudaban a ser más personas y menos bestias.
Si mis gustos y hábitos fueran seres vivos, diría que han mutado con el paso de los años. Lo digo porque llega el fin de semana y me doy cuenta de que lo que yo proyecto hacer hoy en día nada tiene que ver con lo que yo quería hacer cuando tenía veinte años. Me refiero, claro está, a que cuando tenía veinte años lo que yo quería hacer es irme a los bares a tomarme unos cuantos copazos y ligar con chicas; ahora mi ideal de buen fin de semana es ver con mi doña unas películas, y salir, como mucho, a tomar unas cervezas. Y, por supuesto, llegando a casa antes de la una.
Creo que me estoy haciendo viejuno. Aparte, que cuando me excedo con el alcohol tengo después unas resacas espantosas. Sin embargo, antes, podía tomarme las copas que quisiera, que a la mañana siguiente estaba como una rosa y sin resaca. Además, en perfecto estado de revista para irme de juerga otra vez.
No es porque yo lo diga, pero yo me he corrido unas buenas juergas. Lo bueno que tiene el vivir en un país como España es que nunca te va a faltar la diversión. En eso, las agencias de viaje no os engañan para convenceros de que os vengáis acá. Mi país es un sitio donde el que quiere pasárselo bien, se lo pasa bien.
Aquí gusta la tertulia, que no es otra cosa que una reunión de amigos en amena charla. La literatura española se ha hecho en bares, desde Quevedo, que fue un gran dipsómano. Famosas son las tertulias del Café Gijón. Hay muchos cuadros y fotografías que representan escritores españoles delante de un café, una copa y lo que se tercie. Yo soy muy amigo de los bares, y aunque ahora estoy con esa moda tan nórdica de quedarme en casa viendo películas, maldita sea, pienso que las charlas de un bar es el mejor pasatiempo que puede tener un hombre, mucho mejor desde luego que el amodorrarse al ordenador y a la videoconsola. Si me apuráis, puede llegar a ser más benéfico para el alma que una visita al psicólogo.
Ya lo dijo Bernardo Piuma: " El que al mundo vino y no toma vino, ¿a qué vino? " No reniego de ninguna de mis borracheras, ni de aquéllas en las que caí en lo patético, en lo ridículo o en las que, simplemente, caí. Son tan gratos mis recuerdos que no me importaría revivirlos. Acaso mejorarlos.
No deberíamos perder el fin de semana en los centros comerciales; no deberíamos perderlo, tampoco, con las consolas. Reunámonos todos en los bares a disfrutar de la amena charla, que ya llegó la primavera, y mal que me pese, tendré que agachar las orejas cuando mi chica me diga:
¿Otra vez te vas a quedar todo el finde en casa?

jueves, marzo 22, 2007

Qué desastre. Acabo de ver mis estadísticas del google analytics, que es un programa que te dice la gente que visita tu págima. Se me ha caído el alma a los pies. Qué pocos sois los que me visitáis. Gracias. Menos mal que no dependo económicamente de lo que escribo; y como mi mujer me tiene prohibido el autocompadecimiento, no os puedo deciros que se me lee poco.
Había un movimiento literario de principios del siglo pasado que recibía el nombre de novecentismo. Una de sus características era que ellos escribían para las minorías, de hecho, sus novelistas escribieron las páginas con más cultismos por línea que en ninguna otra época de la literatura española. Probad a leer a Gabriel Miró y a Pérez de Ayala sin diccionario, y se os quedará la misma cara que si leéis a Confucio en el original.
Yo, en cambio, quiero que me lea un gran número de gente, pero los que me leéis pertenecéis al club exclusivo del tristeopositor, un club en el que no entra cualquiera, más que nada porque cualquiera no quiere entrar.
Por ello, os agradezco profundamente que me leáis, que os hayáis parado a echar un rato en mi página y me habéis elogiado, unos a viva voz y otros mediante el negro sobre blanco.
Tengo la intención de seguir escribiendo este blog durante un año más, justo cuando me encuentre a las puertas de la Maldita Oposición.
Hasta entonces, visitad mi casa con frecuencia, donde siempre os estará esperan este triste opositor, pero alegre anfitrión.

miércoles, marzo 21, 2007

Estamos en el tiempo en que lo gratis está proscrito: la Unión Europea quiere abrir un expediente a España porque en nuestro país se exime a las bibliotecas públicas de pagar un canon por el préstamo de libros. O sea, que es más importante el pasar por caja que el que lea un número importante de ciudadanos. La salvaguarda del derecho de autor es más importante que la cultura de la ciudadanía. ¡Qué lástima no tener el papel donde está la sentencia del Tribunal de Justicia de la UE para pasármela por donde la espalda pierde su honroso nombre!
Pero qué se puede esperar de una institución cuyos miembros quieren meter con calzador una constitución donde la palabra "mercado" aparece en su capítulo inicial más de ochenta y nueve veces, frente a "solidaridad" e "igualdad", que yo creo que no aparece casi en ningún sitio o si está es de pasada. Os lo digo yo, que seré de los pocos que me he leído de punta a cabo el borrador de la Constitución. Gracias, holandeses y franceses, por parar semejante barbaridad.
Vivimos tiempos en que con total desvergüenza se defienden los intereses de las minorías poderosas frente al pueblo soberano. Otro ejemplo es lo que está pasando en mi país con esa ley que pretenden aplicar sobre el canon digital: la cosa consiste en que, como no ganan lo que quieren las editoriales, las productoras de cine y las discográficas con la venta de discos y libros, quieren grabar los discos duros, fotocopiadoras, reproductores de mp3y DVD y demás cacharros con un impuesto por las pérdidas generadas por la piratería. Resumiendo, que pagas dos veces por lo mismo: la primera vez cuando te compras un DVD; y la segunda, cuando te compras un reproductor para ver ese DVD ¿Habrá alguien con mayor caradura? Y claro, llegan sus amigos los políticos y aprueban la ley, pese al gran rechazo popular que suscita.
Gracias a un millón de firmas presentadas, entre las que está la mía, el gobierno ha parado momentáneamente la ley. Pero por desgracia, no será para siempre, sólo están discutiendo a cuánto nos cobran el precio del fraude.
¿Qué está pasando aquí? ¿Hasta cuándo va a durar la dictadura del dinero, que pisotea la naturaleza y los derechos de los hombres?
Un fantasma recorre Europa: el de la avaricia más sangrante. A ver quién para la hemorragia.

martes, marzo 20, 2007

Hay que ver lo que cambian los tiempos. ¿Cuánto hace que no habéis leído en un periódico que el profesor fulano, doctor en filosofía, da una conferencia en no se qué universidad? Yo diría que una noticia así no se ha publicado en un periódico nunca. Sin embargo, es frecuente ver en la televisión o leer en el periódico que el cocinero Mengano ha dejado anonadados a los japoneses con su gran acervo en cultura gastronómica. Por si fuera poco, parece ser que quieren hacer de la cocina una carrera universitaria. No será entonces raro ver entonces, el " departamento de huevofritología y ajoporro" o "el departamento de chuletón de buey". Los alumnos cursarán asignaturas del tipo "Historia de la salazón en la Roma Antigua I" ó "Técnicas Avanzadas en el Espolvoreado de azúcar Glacé" Habrá quien haga tesis del tipo: "Técnicas procedimentales para el guiso en olla de cobre, de barro y exprés"
Ya dije en alguna ocasión que me encanta comer y me gusta la gastronomía, pero considero que ahora a esta disciplina se le está concediendo una importancia desorbitada y me malicio que es porque ahora ha habido una invasión masiva en las cocinas por parte de los hombres que ha hecho posible que todos los que se dedican a la restauración se pongan estupendos. Sin embargo, las mujeres llevan desarrollando una labor callada al calor de los fogones y no he visto período de la humanidad en que los hombres se hayan puesto tan tontos con la cosa del morro. y Ojo, muchas merecían un Nobel de Química por sus creaciones y descubrimientos. Yo desde luego, se lo hubiera dado sin dudarlo a la que inventó la tortilla de patata.
Con todos mis respetos hacia los cocineros, me parece que su profesión está siendo sobrevalorada en el exceso. No digo que a un cocinero se le deba pagar mal, (que por cierto, afortunadamente, a cualquier cocinero se le paga bastante bien, digo que me parece absurdo que su labor esté más valorada que otras profesiones y que vayan los más famosos por ahí sentando cátedra.
Curioso mundo de contrastes: por un lado se adora a las raquíticas modelos y por el otro se alaba a los que nos engordan. No entiendo nada.
Y mientras, los filósofos, al igual que las modelos, no comiéndose una rosca.

lunes, marzo 19, 2007

Dicen que las pesadillas son un mecanismo del cerebro para que las personas se preparen para las situaciones adversas. No lo sé, pero yo me despierto de muy buen humor cuando ese sueño pesado y desasosegante no está enquistado en mi vida cotidiana.
Por ejemplo, alguna vez he soñado que causaba un dolor enorme a mi mujer, un dolor tan fuerte que era imposible la reconciliación. Menos mal que después, cuando la he visto a mi lado, dormida, envuelta en una calma serena, se me han pasado las taquicardias y la desazón.
El tema de hoy viene a cuento porque mi chica ha soñado que yo la dejaba por otra, y la despedía con palabras horribles. La descripción del sueño me ha acongojado hasta a mí, no porque tenga intención o motivos para hacerla tanto daño, sino porque no quiero pensar
en que puedo llegar a ser tan ruin.
¿Qué es lo que motiva al subconsciente de mi mujer a ponerme en el papel de villano? Yo sé que ella tiene confianza en mí, entonces, ¿por qué le prepara su subconsciente ?
Yo también he soñado con ella, y maldita sea, en uno u otro sentido, yo era en esos sueños el agresor y ella la víctima. En mis sueños, como en los de ella, yo también era el villano
¿Hay algo atávico y animal que vive en nuestro subsconciente?¿Por qué no hay un cambio en nuestros sueños, en la que ella sea el agresor y yo la víctima? Lo curioso es que yo en ningún momento he obrado con maldad con ella ¿Está la agresividad más asociada al varón que a la mujer? No lo sé.
Tendría que consultar a un psicoanalista, porque es verdad que hay una relación lógica entre los sueños de ella y míos que o bien no puedo entender o no quiero entender.
Pero claro, me da miedo a acudir a ese tipo de especialistas porque siempre tengo la sensación de que te pueden sacar un gato muerto del armario de la trastienda.

domingo, marzo 18, 2007


Hace mucho tiempo, cuando yo tenía tiempo (valga la redundancia), leí una Biografía de Orson Welles. Ayer, en amena charla con un amigo, me acordé de dicha biografía porque salió a la luz un tema que es muy importante para cada uno de nosotros, sobre todo para aquéllos que están a punto de coger los mandos de la nave que es su vida:
¿Llegamos lejos porque podemos o porque queremos?¿En qué grado influye nuestra cultura, nuestra inteligencia y nuestras creencias para tener éxito y cumplir nuestras metas?
Orson Welles creció con un supuesto problema: que todos le creían un genio y él lo tenía que demostrar. Desde siempre fue precoz, pero sus habilidades no le hacían trascender de su círculo más íntimo de familiares y amigos. El gran problema de Orson era demostrar que cumplía con las expectativas generadas en él. Después de una trayectoria brillante en teatro y en radio, en la cual demostró muchísimo talento pero sin llegar a cubrir las expectativas que el mismo se impuso, llegó a la marca que se había fijado: hizo la mejor película de la historia, Ciudadano Kane, tan buena, que su temática sigue vigente. Fue uno de los mejores cineastas de todos los tiempos con sólo veintiséis años.
Sin embargo, todo hay que decirlo, la película fue vista sólo por cuatro gatos, parte
por el boicot de William Randolph Hearst y parte porque la cinta es sesuda a más no poder, por lo tanto poco apta para el gran público hábido de distracción sin molestias intelectuales.
La charla con mi amigo era de las que se quedan en la memoria. Como es un lector habitual mío, cosa que le agradezco, salieron a colación las bitácoras que él suele visitar, en especial, una de Martín Varvasky, un muchimillonario que entre otras aficiones tiene la de escribir un blog. Mi amigo me comentó que en uno de sus artículos, Martín se preguntaba el por qué del éxito de los judíos en cualquier rama del saber, y la conclusión a la que él llegaba era a que, a diferencia de las personas de otras confesiones religiosas, los judíos procuraban educar a sus hijos como si fueran genios en potencia, con un gran respeto por las generaciones venideras por lo que van a traer. Vamos, que a diferencia de otras culturas, los judíos consideraban a sus hijos como las futuras fuentes del conocimiento y no estúpidas jarritas que había que llenar de tradición y supersticiones para que no se rompan demasiado pronto en le duro trasiego de su existencia.
Esto que me dijo mi amigo me hizo recordar a otra cosa que leí en Internet: un estudio revelaba que no había diferencias significativas entre el cociente intelectual de las clases pobres y las clases altas, y que de resultas de este estudio se sacaba la conclusión de que el éxito en la vida dependía de tus contactos, de tus estudios y, por supuesto, del grado de optimismo que tú tengas a la hora de afrontar un proyecto, bien sea aprobar una oposición, bien sea montar una empresa de
venta de productos informáticos. Y aún más: de no cejar en el empeño hasta conseguirlo.
Mal que nos pese, los españoles hemos sido jarros educados dentro de los dictados que marcan la educación católica, y nuestra formación se asenta en los principios de la iglesia de Roma. Compruebo con algo de tristeza que, frente a protestantes y judíos, los católicos tenemos una rémora, y es la idea de que ésto es un valle de lágrimas que tenemos que pasar. Aunque yo estoy cerca de apostatar, esos posos introducidos en mí por la tradición tardarán en desaparecer y tal vez desaparezcan sólo cuando acaben mis días en este mundo. Muchas veces pienso en lo curioso que es, que dos de los países más católicos de Europa, España e Irlanda, hayan empezado a despegar justo cuando sus respectivos pueblos se han echado en brazos del laicismo (y del amor sin sentimiento de culpa).
Sí amigos, somos católicos aunque no queramos. Nuestra tradición es la católica, con toda su parafernalia de culpa, castigo y redención. El único concepto de creación admitido, el de Adán y Eva. Ser renglones torcidos, mal visto y peor tratado.
A sufrir, que aquí no se viene a acabar mejor de lo que empiezas.
Con estos pensamientos así nos ha ido a españoles durante tantas centurias: el país empezó a decaer cuando los Reyes Católicos echaron a los judíos, tal vez para congraciarse con sus envidiosos súbditos católicos. Desde entonces, la cuesta abajo, el vía crucis, en el cual hemos estado cuatro siglos. Hasta que, primero en la república y después en este período de monarquía parlamentaria, hemos conseguido que los crucifijos desaparezcan de los despachos oficiales y de la mente de gran parte de la población. En España, las sombras de los campanarios son alargadas.
Decía el papa Benedicto XVI, leyendo su discurso con mirada de zorro, que había que luchar contra el relativismo imperante. Justo contra lo que nos ha salvado. Vosotros veréis.
Pensad que los que han hecho posible el concepto de relativismo son o judíos o protestantes: Freud, Einstein, Darwin y alguna celebridad más de la que me olvido.

sábado, marzo 17, 2007

Sé que soy muy reivindicativo, lo sé. Sé que a muchos de vosotros no os gusta el que os
hablen de eso tan indigesto de la política, que deja un poso amargo que nos puede fastidiar lo que queda del día. Creedme que en mi vida cotidiana procuro transmitir alegría, aunque a veces las líneas que escribo me salgan torcidas. Intento alegrar la existencia de mi chica sobre todo, la que más me tiene que soportar. Ya me cuido yo (en la medida que me es posible) de alejarla del Prozak y del sicólogo. Claro que, amor, el que tú estés lejos de esas cosas sólo está en tu mano y en tu cabeza. Yo lo único que puedo hacer es allanarte el camino hacia la felicidad. Sabes que me esfuerzo por hacerlo. Y porque te quiero.
Y bueno, recuerdo la última tontería de los ingleses: consiste en bajarle el sueldo a los funcionarios varones. Olé olé. Podría darse que en nuestra vida en común yo ganara más que tú. Pero creo que a ti no te gustaría que me bajaran el sueldo para igualarlo con el tuyo. Más que nada, porque nuestro hogar tendría menos recursos.
Claro que estamos en un nuevo caso en que se confunde machismo con... no sé qué.
Por cierto, que a mí me encantaría que tú ganaras más dinero que yo, sobre todo si mi salario es de miseria y pagado por una ETT. Es de los pocos casos en los que no querría estar igualado contigo, mi amor.
En fin, lo que pasa es que Tony Blair es muy apañado y que aprovecha cualquier excusa para hacer humor inglés. Es un hombre bromista y jacarandoso. Ha organizado una fiesta a su pequeña mentira que cumple cuatro años estos días, a la que él le ha a agasajado con una tarta de seiscientas mil velas.
En fin cielo, todo lo que sube tiene que bajar. Nos ha pillado juntos en la madurez una de las épocas más idiotas que en los siglos vieran, justo la época en la que están a los mandos la generación del 68, que nos ha demostrado que los adoquines no están en las calles sino en los despachos de gobiernos y corporaciones. Y la única arena que hay es la de los desiertos que rodean a ciertos oleoductos.

jueves, marzo 15, 2007

La verdad es que me encuentro cansado. El tipo de curro que llevo ahora es de los que cuando llegas a casa no tienes ganas más que de acostarte y no levantarte hasta mañana a las doce. Desgraciadamente, el despertador volverá a sonar a las siete y media.
Cada día ves a tres mil personas con la mirada suplicante por una plaza fija. Tienen razón y tienen motivos: ves las vidas laborales de la gente y te das cuenta que no estás sólo en el mundo; la gente salta de una empresa a otra con una cadencia alarmante. Yo, hace algunos años, imbuído todavía en la mentalidad de que "si haces bien tu trabajo te quedas fijo en la empresa" pensaba, cuando después de mil contratos me echaban, que era porque no era bueno en mi trabajo, que no valía. Luego me di cuenta que no. Que dependía de factores como "las circunstancias de la producción" o cómo le caía yo a mi jefa o jefe de turno. Nada más. Bueno sí, otra cosa más. Ya no podía ser fijo en una empresa porque los gobiernos, en este caso socialistas, posibilitaron un tipo de contratación buenísima para el empresario, y horrorosa para todos nosotros. De resultas de ello, la tasa de temporalidad ya está en el 34% y subiendo.
Y claro, las instituciones públicas como en la que estoy montan un puñetero proceso selectivo y acuden por miles para ocho cochinas plazas de auxiliar administrativo. Encima, viene la gente con los mismos ánimos que los primeros bárbaros que llegaron a las puertas de Roma ¡No te fastidia! ¿Y todo para qué? Para ser un puñetero estampasellos, trabajo que no se necesita demasiado para realizarlo y ganar un sueldo
más bien tirando a miserable. Es para tirar al río al ministro de administraciones públicas.
Claro que, se podía echar la culpa a los de siempre, pero para qué. Ves los comentarios que hace un fulano en un blog, diciendo que a pesar de ser fijo y funcionario ojalá lo privatizaran todo y echaran a todos los vagos. Vale. Pero en el fondo esos parásitos a los que ataca hacen una gran labor social. Permiten la creación de plazas para la gente que sí quiere trabajar. Vivan los vagos de mi curro, que son los que con su actitud me permiten a mí que encuentre curro. Fíjate, no me importa que con mi trabajo vivan dos personas, porque con mi trabajo sobre todo vivo yo.
Así que animo a que la gente se dedique a la vagancia para que se generen puestos de trabajo ¿qué es eso de ser mulas?
Yo reconozco que trabajo como un animal, pero no me importa si otros no lo hacen. Si en un departamento en vez de seis hay doce, mejor que mejor.
Por la optimización de los recursos hay siete millones de pobres en España. Lo mejor que se podía hacer es que otros siete que trabaja vaguearan un poquito y que hubiera hueco para todos.
Sé que estoy haciendo un poco de demagogia, pero estoy harto de ver cómo nos peleamos entre nosotros por una cosa que no debería ocasionar tanto esfuerzo.
Es verdad que nadie nunca ha regalado nada.
Pero hoy, menos que nunca.

miércoles, marzo 14, 2007

Parece ser que los europeos tenemos problemas con nuestro semen. Según un estudio, en los últimos cincuenta años, hemos perdido la mitad de los espermatozoides. De 116 millones por mililitro, ahora sólo tenemos 66. Y encima, parece que vienen vagos, incapaces de subir por el útero para procrear.
Hombre, no es que haga mucha falta con la gente que hay, que ya somos en el mundo más de seis mil millones, pero también es verdad que a la gente le gusta perpetuarse y que sus genes campeen por el mundo por siempre jamás.
Nuestros espermatozoides están tristes ¿Qué tendrán nuestros espermatozoides?
Pues parece ser que están cansados de que fumemos, de que bebamos y de que nos pongamos calzoncillos apretados. También están hartos de la contaminación, de los productos químicos pestilentes y de la música techno a todo volumen. Bueno, de esto último no estoy seguro, pero... ¿A que estaría bien escuchar la música en los bares más bajita?
No sé, a veces también pienso que a lo mejor todo se deba a que la naturaleza ha puesto en marcha su propios mecanismo de control de plagas y ha decidido que los humanos somos demasiados, y está en plena cruzada en pro de la esterilidad porque tenemos más peligro y somos más letales que las ratas. A lo mejor la naturaleza está haciendo un reajuste con nuestar especie. La naturaleza tiene virus, bacterias y demás bichos que nos pueden matar, pero como les toreamos, ha decidido cortar nuestro grifo. El grifo sexual, se entiende.
Yo no sé cómo tomármelo. A lo mejor cambio de tipo de calzoncillos, empiezo a ponerme unos más holgados. Tampoco estaría de más dejar de ponerme jeans. Tal vez debería dejar el tabaco, no sé. Mi abuelo fumaba el triple que yo, sin embargo, tuvo cuatro hijos. ¿No será que el tabaco de hoy viene peor? ¡Yo qué sé!
Bueno, ya no es tiempo de familias numerosas porque no hay numerosos espermatozoides.
En fin, Dios proveerá... ¿Pero qué?

martes, marzo 13, 2007



La gente suele ver programas del tipo Gran Hermano para distraerse con el comportamiento de exhibicionistas montaraces. Sin embargo, creo que es más interesante tener un acuario, porque los peces tienen vidas que merece la pena contar.
Yo trato mejor a mis peces que mi sociedad me trata a mí. Tienen la luz y los alimentos garantizados, no como yo, que con un revés que me dé el destino se puede ir mi vida al garete. Simplemente, conque me falte el trabajo el día de mañana. Con ésto podéis ver que nos tratan peor que a animales. Pero me voy a dejar de duelos y quebrantos, que, como dijo el Cervantes que yo me invento, mejor quedan en el plato.
Sin embargo, aunque mis peces eso del comer lo tienen garantizado mientras vivan, pasan por otras penas. Procedo a decíroslas.
Tengo un neón que es de una especie que les gusta vivir en compañía. Lo compré en una tienda de animales, junto con otros doce. Lamentablemente, con las subidas de temperatura del verano, se me fueron muriendo todos hasta quedar sólo el que os digo.
Es una fuerza de la naturaleza. Pese a su soledad en el acuario, el tío aguanta con carros y carretas. Sin duda es el más pequeño de mis peces, pero pese a su insignificancia es mi favorito. Los neones van uniformados en rojo y azul, y mi neón me recuerda a esos soldados que vienen de la guerra dejando atrás a muchos compañeros y amigos. Mi neón es un superviviente, y venga desde aquí un sentido homenaje.
Tengo, en cambio, un guppy que pasa por otros sufrimientos. Yo quería comprar un macho y una hembra, pero desgraciadamente el de la tienda me vendió dos machos por error. El otro macho que le acompañaba era un guppy fuerte, de cola ancha, panzudo y de vivos colores. Le hace la vida imposible por el dominio de las hembras. De resultas de ese acoso, mi pobre guppy se esconde en las algas y ya empieza a languidecer. De tan delgado que está, en vez de un pez parece un puro. Esa situación me recuerda a todos los acosos del mundo. La violencia de los peces es de la misma naturaleza que la humana. Por desgracia, no sé cuanto me durará mi guppy, yo creo que poco. Tampoco sé qué camino tomar para hacerle la vida más fácil. A veces me dan ganas de mandar al otro a la taza del váter, que no es otro el sitio que se merece. Por cierto, la taza del váter es el cementerio de los elefantes para peces, aunque yo desaconsejo meter un elefante en dicha taza.
Luego tengo dos apuesto Guramis que son como esos matrimonios ya maduros que pasean por el parque una hermosa tarde de primavera. Mis Guramis son majestuosos, pasean sus barbas... un momento, yo creía que eran macho y hembra...Ah, pues no. Son macho y macho. Bueno, entonces son como esa pareja de ancianos amantes que ocultaron su amor al mundo durante tantos años y ahora pueden sacar su plata majestuosa liberados de prejuicios inmorales.
Luego tengo una xifo hembra que es como esa viejecita sabia a la que todas piden consejo. Es la decana de la pecera. Su colita está torcida, como si sufriera esclerosis de huesos y es una gran superviviente: ella sufrió la terrible subida de temperatura que diezmó los habitantes de la pecera y vio cómo morían algunos de sus hijos y su marido. No puedo más que sentir respeto hacia la que ha tenido tantas tragedias en su familia.
Os podría decir más, pero no voy lo suficientemente borracho. Ya os he dicho que mirar una pecera con según qué sustancias os puede abrir todo un universo. Seguiremos informando.

lunes, marzo 12, 2007

En donde vivo hay unas autoescuelas que son muy chulas y se rigen totalmente por la principal ley no escrita del libre mercado: puedes elegir la autoescuela que quieras, pero pagando el precio que pacten entre todas. Igual que las zapatillas de marca: te puedes comprar el modelo que más te guste, pero pagando el mismo precio que otro similar al de la compañía "competidora". O si finalmente te sacas el carné de conducir: puedes elegir entre diversas marcas de coches, modelos que traen lo mismo, por idéntico precio. Y luego dicen que los comunistas lo daban todo muy uniformizado.
Eso sí, lo bueno que tiene el mundo de hoy en que vivimos en que todo viene con más colorines. Por ejemplo, las marquesinas de las autoescuelas de mi ciudad son de vivos colores: amarillos, rojos, azules... Pero eso sí, una vez dentro de una, tienes que leerte las mismas normas y pagar por las clases de coche lo mismo que en todas las demás; vista una, vistas todas.
Decía Henry Ford: "puede elegir el color de coche que usted quiera, siempre y cuando éste sea negro" Es lo que pasa hoy. El dinero lo vuelve todo de color negro. Puedes elegir lo que te dé la gana, que al final vas a pagar lo mismo que por lo de la competencia.
Que eso de que la competitividad favorece al consumidor es una patraña; cuando el pescado se reparte entre cuatro o cinco y no entre treinta y cinco, es muy difícil encontrar diferencias destacables. Haced la prueba: elegid un coche de determinadas características, comparadlos con otros similares de la competencia y veréis que la cosa no varía mucho entre marcas.
Parece ser que las autoescuelas de mi ciudad hacen la puñeta a aquélla que de motu propio decide bajar los precios sin tener en cuenta a las demás. Es más, chantajean y presionan para que no se lleve el gato al agua. El gato hidráulico, se entiende.
En la película "Good Bye Lenin", sobre la caída del muro de Berlín, al personaje principal le llamaba la atención que en las estanterías de los supermercados de la Alemania unificada hubiera una gran variedad de marcas de pepinillos, frente a la única marca que había para proveer a toda la Alemania del Este.
Eso me hizo pensar que qué mas daba: todos los pepinillos son iguales.
Y la diferencia, es una ilusión creada por el "libre mercado".

domingo, marzo 11, 2007

Deberíamos estar de enhorabuena. En España la gente se manifiesta. Pero no estoy contento. En España la gente se manifiesta, mayormente, por tonterías. Veamos cuatro ejemplos de manifestaciones recientes:
- Manifestación en defensa del derecho a la vivienda, junio de 2006: 900 personas
- Manifestación en pro de la sanidad pública en la Comunidad de Madrid, octubre 2006: unas 50000 personas, tirando por lo alto
- Manifestación en contra de las bodas de homosexuales, mayo de 2005: 166000 personas
- Manifestación contra la política antiterrorista del gobierno, idéntica a la que practicó el partido de la oposición cuando gobernaba, marzo 2007: 366000
Necesito acudir a los clásicos, porque los hombres modernos con su actitud no me están ayudando nada en lo de aclararme las ideas. Acudo al libro II de Aristóteles dedicado a la retórica. Define topoi como "las ideas generales, de la memoria colectiva". Viene a decir nuestro sabio Aristóteles que hay topoi comunes y generales, es decir, los puntos de vista de aceptación general. Ahondando en esa idea aristotélica, un tal Perelman en su "tratado de argumentación", clasifica ese topoi como "topoi de cantidad" (para el hombre contemporáneo como usted y como yo), es decir "una cosa vale más que otra por razones cuantitativas" Aún más: "ha de seguirse la opinión de la mayoría."
O sea, que si nos atenemos a los Topoi de Aristóteles y que Perelman redefinió, en este país, por cantidad de gente, es más importante que los homosexuales no se casen que todo el mundo lo tenga fácil para acceder una vivienda. O es más importante que el gobierno no haga una política antiterrorista idéntica a la de la oposición cuando gobernó, que eso de que la Comunidad de Madrid siga teniendo una sanidad pública de calidad.
No entiendo nada.
Pensando en estas cosas, patidifuso y consternado, decidí que debería dar un paseo para despejarme, pero al ver que llovía, opté por quedarme en casa. Entonces me acordé de esa vieja fábula en la que un monarca decidió, aconsejado por su sabio, quedarse en casa porque la lluvia de fuera volvía locos a la gente que empapaba. Se quedaron él y su sabio entre los muros de palacio, y la gente devenida en loca se reía de ellos porque les consideraban a ellos los locos.
¿Qué hago ahora? ¿Arremeto contra los homosexuales, que nada me han hecho? ¿O me meto contra la política antiterrorista del gobierno, aún sabiendo que es idéntica a la realizada por todos los gobiernos de la democracia de este país?
O tal vez, como le dijeran a Claudio en la novela de Robert Graves:
"Ser un tonto que se hace pasar por tonto"

sábado, marzo 10, 2007

Los humanos tenemos el instinto de que si todo nos va bien, atacar a aquellos que dicen que cambiemos. Cuando nos gusta nuestro estilo de vida, lo que nos aterra es el cambio. Podemos ir a mejor, sí, porque nos sabemos infelices, pero preferimos no enfrentarnos a la posibilidad de que vayamos a peor. O mejor dicho: nos aterra que ya no seamos los mismos de ahora, con nuestra infelicidad y todo.
Básicamente, es lo que les pasa a los que atacaron a Al Gore la semana pasada por tener una casa que consume mucha electricidad. A mi juicio, se quedaron cortos: podían haber atacado a Al Gore por pasarse en su documental más de media hora metido en un coche, por hacer frecuentes viajes en avión, cuando de todos es sabido lo contaminantes que son los aviones actuales o por ponerse camisas hechas en oscuros talleres clandestinos y vendidas en luminosas y lujosas tiendas que contaminan por la electricidad que gastan.
Sí, critican mucho a Al Gore. Con razón. Porque Al Gore es humano, y como todos los humanos actuales, tenemos la responsabilidad de los cambios a peor que se están dando en el mundo. Pero a diferencia de los que quieren seguir de la misma manera que antaño, Al Gore quiere cambiar. Asume su responsabilidad y hace lo que un hombre bueno debe hacer.
Es cierto: fue su gobierno el que no ratificó el tratado de Kyoto, pero eso lo que nos hace ver es que realmente hay fuerzas en la sombra mucho más poderosas que un vecipresidente o un presidente y que son las que realmente controlan el gobierno. Tal vez Al Gore, a título personal, hubiera firmado una y mil veces el protocolo de Kyoto, pero esto lo que pone en evidencia que un vicepresidente de los EEUU tiene ciertas servidumbres que en modo alguno tienen que ver con sus votantes ¿Estamos, entonces, ante una verdadera democracia?
Nosotros, los europeos, junto con los norteamericanos, tenemos la mayor parte de la responsabilidad de los desastres que puedan venir dentro de pocos años. Por su parte, los norteamericanos, corren el riesgo de ser el pueblo más odiado de la historia, seguido (y de lejos) por el pueblo de la Alemania nazi. Yo no quiero eso. Nadie quiere eso. Así que, dejemos de buscar contradicciones, porque todos las tenemos y no debemos sentirnos culpables por ser incoherentes, pero sí por no desviarnos del camino para seguir la senda correcta.
Lamento que en su día, Al Gore no ocupara la presidencia que en buena ley le pertenecía. También lamento que, al final de su documental, viera como un gran hito el que vencieran al comunismo. Le recuerdo que los que derribaron el comunismo fue los propios gobernantes rusos.
En mi pueblo, como en la gran finca de su padre, había un río. Mientras en su niñez él se bañaba sólo en el tramo que corría por la propiedad de su padre, yo en la mía me bañaba en el tramo que pasaba cerca de mi pueblo en compañía de otros niños. Desde entonces sé qué es lo mejor.

jueves, marzo 08, 2007

Me he enterado que ha Margaret Thatcher le han hecho una estatua en Londres.
Eso está muy bien: a las estatuas les mean los borrachos y les cagan las palomas.
Lo mejor que nos puede pasar es que un pesimista se equivoque siempre. Un antiguo amigo mío, al que hace tiempo dije adiós que te vaya bien, pronosticó que duraría tres meses con mi chica "es que Opo es un desastre" Le dijo a un amigo común que luego me lo contó en confidencia. Pues ya llevamos mi chica y yo diez años juntos. Chúpate ésa.
Un pesimista, si es buena persona, debe desear justo lo contrario que un científico: que sus teorías no se cumplan nunca. Yo soy pesimista, y como dice la canción que una vez cantara Banderas, "soy un hombre muy honrado que le gusta lo mejor" así que lanzaré los peores augurios para que, diciéndolos con letra negra, no se cumplan jamás.
Los libros de autoayuda dicen que nunca hay que pensar cosas negativas. Qué va: Pensadlas todas, para que no se cumplan. Hagamos una hoguera de San Juan con todos los pronósticos funestos que se nos ocurran, con todas las cosas que decimos y que tenemos el deber de hacer todo lo posible para que nunca ocurran.
Un pesimista deseoso de ser profeta merece ser condenado al ostracismo. Se convierte en mala persona aquél que para tener razón necesita que las cosas vayan mal. Os lo he confesado: soy pesimista y deseo más que nada en el mundo que mis pronósticos funestos jamás, jamás se hagan realidad. Ahora voy a empezar a tirar a la hoguera mis pensamientos negativos. Mi fuego también espera vuestros troncos.
En el plano personal, pienso que nunca lograré tener un buen trabajo, que llegaré a la pobreza, que no tendré hijos, que me dejará de amar mi esposa, que ya no me querrá mi familia, y que moriré en la calle y no en la cama.
A nivel general, que el egoísmo seguirá su escalada imparable, que dentro de unos años no habrá más lluvia en España ni por lo tanto árboles, que habrá hambrunas generalizadas, que habrá guerras, que mi familia pasará calamidades, que ya sólo seremos felices en la nostalgia y que llegado el momento, un meteorito vendrá y se cargará a la especie más estúpida que jamás haya habido en el planeta tierra, sólo seguida de cerca por los dinosaurios.
Cuánto deseo equivocarme. Qué pocas ganas tengo de tener razón. Malditos los que profetizan el final del la alegría, porque de ellos será el reino de la nada.

miércoles, marzo 07, 2007

Uno de los anhelos del inspector Santuchione era viajar a San Petersburgo: se imaginaba a sí mismo, en una época indeterminada, bajando de un tren procedente de Moscú, dispuesto a buscar la sombra alargada de Dostoievski:
"la sociedad se halla divida en dos tipos de seres humanos; aquellos superiores que tienen derecho a cometer crímenes en pro del bienestar general de la sociedad y aquellos inferiores que deben estar sometidos a las leyes, cuya única función es la reproducción de la raza humana"
Santuchione no era muy aficionado a la literatura, pero un viejo ladrón, enemigo íntimo suyo, se lo recomendó: "Si quieres entender realmente de qué va esto, debes leer Crimen y Castigo"
Se lo dijo detrás de los barrotes, y Santuchione le hizo caso.
No tardó mucho en leérselo. Sobre todo la primera parte. Lo que menos le gustó fue el propósito de redención final de Raskolnikov; lo encontró demasiado novelero. No hay nada más falso que los hombres arrepentidos. Santuchione ha conocido muy pocos. En cambio, todos lamentan que les cojan.
Él, desde luego, nunca se arrepintió.
Muchas veces repasaba la ficha policial de los delincuentes de su distrito, y se daba cuenta de que él mató a muchos más hombres que algunos que estaban cumpliendo condena. Pero era un ser superior que no tenía que respetar las leyes que le hacían ganarse la vida. Tenía que hacer preservar el bienestar general de la sociedad. Su único temor es que la edad, una mujer o lo que fuera le hicieran un débil. Si él hubiera sido el que hubiera apresado a Raskolnikov, no hubiera dudado en pegarle un puñetazo en el estómago por entregarse. Eso está fuera del pacto no escrito entre polis y ladrones.
"Tengo que ir a Rusia" Pensaba Santuchione. El viaje era caro y su sueldo de funcionario no daba para mucho. Pero él tenía que ir, sobre todo para ver la helada decadencia del San Petersburgo sin imperio, tan parecida a la suya propia. Donde el río Nieva, como decía un niño, compañero suyo del colegio en clase de geografía, en una anécdota que hace años tenía guardada en los archivos más oscuros de los sótanos de su cerebro. El río Nieva.
Miróse al espejo y le vino el último pensamiento extraño de antes de acostarse. Si su pelo aceitado y ensortijado importado del sur de Europa no iba a destacar demasiado entra tanta cabeza caucásica. Santuchione siempre hacía gala de su facilidad para pasar desapercibido. Su cabeza de tirano de Libia no dejaría indiferente a los rusos.
Qué demonios. Iría en cuanto pudiera.
Se preguntaba si conocería alguna rusa dispuesta a mezclar el trigo con el aceite.
Pero qué estaba diciendo, él no era un ser inferior para la reproducción.
En el mundo somos ya demasiados.

martes, marzo 06, 2007

Una prima mía, a la que quiero un montón, se sorprendió al ver mi gran acuario al hacerme una visita a casa. Pero, como perspicaz que es, dijo a continuación: "¿A que has sido tú el que ha tenido la idea de instalar el acuario?""Pues sí, prima, ¿Cómo lo has adivinado?""Pues porque en todas las casas que conozco con acuarios, la idea de tenerlos partió de un hombre""Vaya, nunca lo había pensado".
Y claro, tengo la duda desde entonces: ¿habrá más predisposición a tener acuarios por parte de los varones? Mi chica me lo regaló porque siempre me paraba en las tiendas de los animales, y lo único que buscaba eran los peces. No me interesa ningún otro animal, y menos a los gatos, que me dan alergia.
¿Será verdad que a los hombres atraen más que a las mujeres los acuarios? No sabría responder. No está demostrado que en Marte haya más agua que en Venus, tal vez sea otra creencia más de las muchas que hay, sin fundamento científico. Pero qué demonios: si mi prima trabaja de científica en la Universidad de San Diego, en un laboratorio con animales , algo de fundamento tendrá, entonces, su opinión. Digo yo.
A lo largo de mi vida, he tenido una pecera y dos acuarios, siendo el último el más grande, de ciento veinte litros. La primera pecera que tuve fue cuando era niño, con peces de agua fría y sólo con dos peces. Bueno, contuvo muchos más, pero se me iban muriendo.
Supe después que la razón de tanta defunción era porque las carpas japonesas, que son esos peces generalmente naranjas que a todos nos encantan, están hechas para vivir en grandes charcas. Vamos, que para que una de esas carpas estuviera cómoda, tendría que vivir en un estanque de mil litros y no en una pequeña bola de tres. En vista de la elevada tasa de mortalidad, cogimos la bola de cristal y le dimos el destino que suelen tener todas esas bolas: de maceta para cactus.
La segunda que tuve fue un acuario de veinte litros regalado a mis diecinueve años por mis amigos. Ese acuario era también de agua fría, con el consiguiente problema de las carpas japonesas, pero entonces tampoco existía internet y yo no sabía en aquella época lo de la inconveniencia de tener carpas japonesas en un acuario de agua
fría. La mortandad era todavía mayor, porque metía todavía más peces que en la primera. Tuve, además, problemas con exceso de algas que me pusieron la pecera toda verde.
Lo mejor de aquella segunda pecera es que, además, en aquella época yo solía llegar en demasiadas ocasiones beodo perdido y de verdad, es una bonita experiencia ver borracho el ir y venir a los peces. Es lo más cerca que estado del Nirvana. Hasta que las algas lo invadieron todo. No os fiéis de esas pequeñas criaturas verdes.
Bueno, y llegamos a mi último acuario, el que tengo ahora. Este sí que mola. Además, me he leído toda la bibliografía recomendada concerniente a la acuarofilia y me he leído todos los foros de internet, los de los piraos y los de las gentes de bien. Al final, con ayuda de mi chica, he podido sacar adelante un acuario bastante decente, esta vez con peces de agua caliente, que en el año que llevamos me han criado y todo...Como las jodidas plantas...Es que lo tengo que parece la selva...
¿Y si me dedicara a la jardinería?

lunes, marzo 05, 2007

Si me permites, me voy a apropiar lo de gran conocedor de nadas. Porque, efectivamente,
nada es lo que conozco. Aunque, si tomamos el universo como la nada, a lo mejor, conocemos bastante.
Pero la sensación es que cada vez sé menos de mí mismo y de mi entorno. Sólo sé mis circunstancias y mis mezquindades, pero a veces pienso que no son suficientes para llegar a conocerme en la totalidad.
No sé quién soy y no sé qué hago aquí. Sé que estas preguntas no son mías, que son de todos y de quien no son es porque todavía no se lo han preguntado.
Cuando bajo a coger el metro, veo a la gente correr. Según me voy metiendo en el tumulto, voy cogiendo la carrera que lleva la generalidad de la gente. Todos corremos porque dudamos, y ante la duda, aceleramos para ver cuál es la respuesta final. Todos corremos para contestarnos a nosotro mismos la misma pregunta. A lo mejor corremos para no tener una pregunta atroz que resuene una y otra vez en nuestras mentes. Porque cuanto más nos preguntamos a nosotros mismos, menos sabemos. Y si no nos preguntamos, es porque no sabemos que no sabemos.
Pensamos a corto plazo porque a largo, sólo encontramos la finitud y eso nos desagrada ¿y qué hay después de la finitud? La nada. La nada de nadie pero que es de todos.
Necesitamos metas inmediatas. Necesitamos retos finitos. Nadie se quiere embarcar en una odisea, porque siempre después de una odisea viene la calma, la felicidad y esas cosas ponen nerviosos a los hombres de hoy. Es curioso que lo que más deseamos, es lo que queremos que nunca se haga realidad.
¿A qué viene todo esto? A que no tenía nada que contaros y lo que quiero en esta vida es ser feliz.

domingo, marzo 04, 2007

Idi Amin era un ser caprichoso que mató a 300000 personas durante su mandato como dictador de Uganda. Ahora está muy de actualidad por la película "el último rey de Escocia". Recientemente, al actor Forest Whitaker, que encarna al dictador, le han dado el Oscar al mejor actor principal muy merecidamente. Más que, por ejemplo, el que obtuvo cara-cartón Crowe por su interpretación de Gladiador de Mérida. Los emeritenses estarán muy orgullosos de que pinten a un paisano tan varonil y cachas. Pero hasta Júpiter tronante está indignado por el galardón, y eso que le gustó la película.
En cambio, como ya he dicho, Forest Whitaker está justamente premiado, y eso que tiene la desventaja de ser negro, que para esto de los Oscar, tiene su importancia, como casi todo en la vida.
Yo diría más: incluso al personaje que interpreta, Idi Amín, el ser negro no le vino bien en su carrera de genocida. Es verdad que no acabó en el Tribunal Penal Internacional, como se merecía, sino viviendo rodeado de lujos en Arabia Saudí (¿qué anomalía tendrán en la cabeza los ricachones sauditas que tan bien se llevan con los genocidas?) pero también es cierto que murió en el 2003 en deshonor y con muchos buscando su tumba para escupirla.
Salvo en lo de genocida y mujeriego, porque ser ambas cosas es una tradición entre gobernantes que viene de antiguo, en otros aspectos Idi Amín fue bastante moderno: le gustaban las poderosas mecánicas de los automóviles de lujo y procuraba tener metida en cintura a la prensa, bien sea por el camino de la mordaza o por el camino de la seducción, porque parece ser que el tipo, en las distancias cortas, jugaba y ganaba. Era un gran comunicador con carisma. Resumiendo, como todos los grandes dictadores, era una mezcla brutal de tradición cavernaria y modernidad a los cuatro micrófonos.
Pero Idi Amín tenía un gran defecto: era negro. Ser negro y africano es garantía de pasar a la galería de genocidas en vez de al panteón de los estadistas. Si hubiera sido blanco, hubiera podido matar seiscientos mil en un oscuro país del tercer mundo y es más que probable que se hubiera ido de rositas, teniendo incluso a poderosas máquinas mediáticas defendiéndole, no haciendo películas sobre ti por lo malo que eres.
En resumidas cuentas, que hay racismo hasta en los tiranos. Y nosotros, pobres mortales, pensando que los ricos no lloraban, que eran felices y que no había distinciones entre razas. No las habrá hasta el día en que un blanco en el que estoy pensando ahora mismo salga de entre las blancas paredes esposado y llorando, porque los blancos amiguetes de los que siempre se ha rodeado y que tanto han ayudado a su blanca familia no pueden hacer nada por él, porque ya el pueblo se ha quitado las blancas vendas de los ojos y los eufemismos de la boca y ya le han puesto detrás de su apellido el apelativo que le corresponde:
Negro genocida, que no es lo mismo que genocida negro.